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LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR


Revista Divergencia ISSN: 0719-2398

N°2 / Año 1 / julio - diciembre 2012 / pp 111-123

LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR

 

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Cristian Suazo Albornoz

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de Concepción, Chile. Correo electrónico: cristisuazo@udec.cl

RESUMEN:

El presente artículo tiene como principal objetivo justificar sistemáticamente la importancia que posee la “memoria histórica” –en tanto recurso historiográfico– para la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopolíticos populares durante el período de la Unidad Popular. Para el cumplimiento de tal propósito, serán considerados los aportes de diversos historiadores que han profundizado –y debatido– sobre la potencialidad de esta fuente histórica, articulando estas contribuciones a una sistematización que integra los siguientes criterios analíticos: significado, características, y función/funcionalidad. Con esta propuesta se pretende posicionar científicamente a la “memoria historia” en el necesario proceso contra hegemónico de reconstrucción del pasado de las clases subalternas en nuestro país, especialmente, sus experiencias de movilización social y política durante la “vía chilena de transición al socialismo”.

Palabras clave: Memoria histórica – movimientos sociopolíticos – sujetos históricos – clases subalternas – recurso historiográfico.

ABSTRACT:

The main purpose of this article is to justify systematically the importance that the ”historical memory” has – among historiographic resources– for the reconstruction of the history of popular socio-politic movements during the ”Unidad Popular” period. In order to achieve the purpose, it will be considered several historians’ contributions, who have gone further in –and discused– the potential of this historical source, articulating these contributions to a systematization which integrates the following analytic criteria: meaning, characteristics, and function/functionality. Through this proposal, it is expected to set scientifically the ”historical memory” in the necessary counter-hegemonic process of reconstruction of the past subaltern classes in our country, specifically their experiences in social and political movements during the ”Chilean way of transition to socialism”.

Keywords: Historical memory – sociopolitic movements – historical subjects – subaltern classes – historiographic resources.

Recibido: 17 de septiembre de 2012

Aprobado: 11 de diciembre de 2012

Cristian Suazo Albornoz

I. INTRODUCCIÓN

Si revisamos y analizamos profundamente la mayoría de los estudios sobre el pe­riodo de la Unidad Popular, nos daremos cuenta que a nivel general existe una ausencia considerable de conocimiento sobre la historia de los sectores populares, especialmente acerca de aquellos movimientos sociopolíticos que formaron signi­ficativamente parte de la compleja dinámica social del periodo. Si bien existe una extensa producción bibliográfica con respecto a la experiencia de la Unidad Popular, los intentos para tratar de reconstruir la experiencia de los sujetos histó­ricos subalternos que protagonizaron muchos de sus acontecimientos son escasos, y en consecuencia, la historia de los diversos movimientos sociales de la época a lo largo y ancho del país (movimiento obrero, movimiento de pobladores, movimiento campesino –chileno y Mapuche–, entre otros) ha sido estudiada débilmente –incluso omitida en muchos casos– por la ciencia histórica.

A la hora de reflexionar sobre las causas de esta situación y problematizar la carencia de conocimiento histórico, emerge inevitablemente la siguiente pregunta: ¿por qué existen omisiones con respecto a la historia de los movimientos sociales populares en la mayoría de los estudios sobre la Unidad Popular? Es curioso el hecho de que a pesar de la vasta producción bibliográfica sobre este periodo exista poca referencia a los movimientos sociopolíticos generados por los sectores populares, los cuales innegablemente fueron sujetos históricos protagonistas de la “vía chilena al socialismo”. En este sentido –siguiendo los planteamientos de Mario Garcés y Sebastián Leiva– afirmamos que las omisiones se deben principalmente a la perspectiva utilizada por gran parte de los autores (periodistas, sociólogos, políticos, historiadores, etc.) para observar y analizar el periodo en cuestión:

La tendencia de la mayoría de los estudios ha sido, hasta ahora, constituir en objeto de análisis casi exclusivamente a los actores políticos ‘formales’, es decir, los partidos políticos, las temáticas vinculadas a ellos (progra­mas, tácticas, alianzas) y los ámbitos donde estos concentraban su accio­nar (sobre todo los diversos espacios del aparato estatal). (2004, p. 3).

De acuerdo con lo expresado, se otorga poca importancia a los sectores populares y los movimientos sociales durante el periodo de la Unidad Popular, recibiendo un débil tratamiento en las investigaciones sobre la historia reciente y omitiendo el protagonismo político que asumieron en los acontecimientos. Es más, la gran mayoría de las investigaciones orientan su análisis hacia lo que ocurrió dentro del sistema político de partidos, priorizando únicamente la política institucionalizada en el Estado. Desde este enfoque reduccionista la historia de la UP se limita al sistema político, los partidos y el Estado, existiendo –por tanto– una invisibilización de los sectores populares y de los movimientos sociopolíticos en que éstos estuvieron invo­lucrados (2004, p. 3).

Existen algunos trabajos que forman parte de la excepción y escapan de cierta

manera a la regla general, pero no es nuestra intención ni tampoco el objetivo del presente artículo profundizar en cada una de ellos (Gaudichaud, 2004; Cancino, 1988; Garcés, 2000; Winn, 2004), sino más bien, reconocer la carencia de investi­gaciones referente a los movimientos sociales durante la Unidad Popular, y demos­trar cómo la memoria histórica representa un recurso historiográfico significativo e indispensable para superar esta situación. Porque tal como señala Hugo Cancino, “el rescate de esta memoria colectiva es parte fundamental de la reconstrucción de la historia del movimiento popular chileno”. (1988, p. 12)

II. MEMORIA HISTÓRICA E HISTORIOGRAFÍA

La “memoria histórica” representa un valioso recurso historiográfico para la recons­trucción de una experiencia histórica determinada, a través de la cual el historiador se relaciona con aquella parte del pasado colectivo que se propone redescubrir y dotar de sentido histórico para construir conocimiento. Teniendo en cuenta esta apreciación, consideramos necesario sistematizar el análisis con respecto a la “me­moria histórica”, con el propósito de profundizar tanto en los argumentos de su utili­dad historiográfica, como en su relación concreta con los grupos sociales populares. Por lo tanto, para justificar la importancia de la “memoria histórica” se realizará la estructuración del análisis en base a tres aspectos: significado, características y función/funcionalidad.

1. Significado

Profundizando en su contenido, la “memoria histórica” representa un conjunto de recuerdos y recreaciones del pasado que forman parte de los “hechos vividos” o experiencias significativas del sujeto histórico protagonista o testigo de los hechos que se pretenden reconstruir. Por consiguiente, la síntesis resultante de esta relación con el pasado se convierte en fuente de información significativa para el historia­dor, quien la procesa cognitivamente para incluirla de forma rigurosa en un relato histórico. “Se trata de una narración construida desde el presente, con fines de in­terpretación del pasado a partir de criterios normativos y valorativos, seleccionan­do por su significación los recuerdos de hechos vividos o recibidos por transmisión social” (Erice, 2008, p. 2).

Desde este punto de vista, la “memoria histórica” se convierte en un pilar fun­damental de cualquier intento por reconstruir la historia de las clases populares durante la UP, ya que, a juicio de Sergio Grez, “la memoria constituye una cantera valiosísima de donde podemos extraer material para el trabajo historiográfico, sobre todo para aproximarnos a las percepciones que tienen las personas y grupos sobre ciertos hechos y el significado que ellos mismos les atribuyen” (2010, pp. 31- 32). Por tal motivo es imprescindible considerar las percepciones de los sujetos his­tóricos populares sobre los hechos experimentados en dicho periodo, además del significado que ellos mismos le otorgan a su participación en los acontecimientos.

A partir de lo mencionado anteriormente, la “memoria histórica” representa una materia prima para la historiografía, es decir, una fuente que complementa y enri­quece la labor del historiador. En palabras de Mario Garcés:

(…) la memoria, crecientemente, está siendo reconocida por los historia­dores como una nueva ‘fuente’ para sus estudios y elaboraciones sobre el pasado, es decir, una vía que hace posible acceder al pasado de un modo nuevo –con sus propias aportaciones y límites– en especial para conocer del pasado de grupos sociales populares o subordinados que dejan pocos o no dejan testimonios escritos (documentos) de su experien­cia histórica. (2002, p. 12)

En este sentido la “memoria histórica” posibilita al investigador relacionarse con aspectos subjetivos como las visiones, los discursos y las expectativas de los pro­tagonistas, así como también con las percepciones acerca de su participación en la dinámica social del periodo, a las cuales difícilmente podría acceder de otra manera (Rosemberg y Rosende, 2009, pp. 42-44).

En su estudio sobre la importancia de la memoria colectiva para los historiado­res, Peter Burke plantea que aquella debe ser entendida desde dos perspectivas distintas, en primer lugar, como una fuente histórica sometida a su debido proceso de contrastación con las otras fuentes, y en segundo lugar, como un fenómeno pro­piamente histórico que debe ser rigurosamente analizado debido a la flexibilidad y selectividad del recuerdo. Ahora bien, en concordancia con la problemática his­toriográfica que estamos planteando, entendemos la “memoria histórica” desde el primer enfoque propuesto por el investigador británico, afirmando que los his­toriadores deben “estudiarla como fuente histórica para llegar a una crítica de la fiabilidad del recuerdo en la línea de la crítica tradicional de los documentos históricos” (2011, p. 69).

La “memoria histórica” al ser estudiada como fuente favorece el acceso –por medio de los sujetos históricos– a los acontecimientos que intentamos rescatar desde olvi­do, pero siempre teniendo en cuenta las limitaciones que se nos pueden presentar. Esto último es muy importante desde el punto de vista metodológico, ya que la “memoria histórica” –en cuanto fuente de información– debe cumplir requisitos al igual que todas las demás, cuyos requerimientos más importantes son los siguientes: “identificación como fuente idónea, contrastación, contextualización temporal, rela­tivización, objetivación y construcción de un discurso metodológicamente fundamen­tado” (Aróstegui, 2004, p. 165).

Finalmente para concluir con el significado que le estamos atribuyendo a la “me­moria histórica” como una fuente disponible para el historiador, es decir, como una herramienta de investigación (un medio, y no un fin), destacamos la necesidad de recurrir a todas las fuentes posibles para contribuir a la reconstrucción historiográfica de un determinado fenómeno histórico. Porque, como lo establecen Mario Garcés y Sebastián Leiva, “el mayor desafío del historiador es aprender de cada una de sus fuentes, reconociendo su naturaleza, su carácter, sus alcances y sus lími­tes” (2005, p. 6).

2. Características

La subjetividad es una de las principales características de la “memoria histórica”, ya que se encuentra inherentemente vinculada con la experiencia humana y el recuerdo. No obstante, este aspecto no le resta veracidad ni fiabilidad desde el punto de vista científico, ya que toda fuente histórica presenta elementos subjetivos impregnados por sus propios autores y/o instituciones, además, “nadie puede ase­gurar que los documentos escritos –a los cuales rinde culto la historia tradicional– no hayan sido manipulados, escritos ex profeso, o no den cuenta de la subjetividad de sus autores” (Garcés y Leiva, 2005, p. 6).

Como segundo atributo reconocemos el carácter político de la “memoria histórica”, cuya presencia en la problemática que estamos desarrollando es innegable, ya que se encuentra vinculada directamente con un proyecto político de transformación so­cial impulsado también “desde abajo” por medio de la movilización popular, y en la que se vieron involucrados además los partidos políticos. En este sentido, cobra mucha relevancia lo planteado por Mario Garcés al expresar que “la memoria en Chile es política, además, porque se relaciona con los proyectos históricos que organizaron la lucha social y política del siglo XX” (2002, p.8). Sin embargo, es necesario profundizar aún más en el carácter político de la “memoria histórica”, ya que no es tal por el simple hecho de estar vinculada con proyectos políticos de tendencia revolucionaria, sino que más específicamente aún, estas experiencias se encuentran “depositadas” en sujetos históricos que fueron a su vez protagonistas y militantes de una revolución y –consecuentemente– víctimas de una brutal represión militar. Así, la “memoria histórica” es política porque se materializa históricamente en los protagonistas de los cambios sociales y políticos acontecidos durante el pe­riodo de la Unidad Popular, que posteriormente fueron víctimas de los ataques de la dictadura militar pinochetista. Ahora bien, la victimización de los sujetos históricos por sí sola no permite dimensionar políticamente –y en su cabalidad– la militancia que desarrollaron en el periodo, contrariamente, “si junto a la víctima se reconoce al militante y se elabora el significado de sus militancias, en el contexto de luchas por el cambio social, probablemente se enriquezca la memoria y con ella las lectu­ras que hacemos del pasado” (Garcés y Leiva, 2005, p. 20).

Finalmente, y como tercera característica de la “memoria histórica”, destacamos su dinamismo en el proceso de recreación y reconstrucción de experiencias. Esta movi­lidad consiste en la circulación de recuerdos que forman parte activa en el proceso dinámico de recreación de experiencias por parte de los protagonistas. El carácter dinámico de la “memoria histórica” ha sido descrito y desarrollado por Gabriel Salazar, indicando que:

(…) no es una memoria estática o congelada, sino dinámica, que se re­vuelve en la subjetividad de los individuos y en la inter-subjetividad de los grupos afectados por el sistema fáctico, que busca su salida lateral, su reconstitución colectiva para, una vez consolidada en lo ancho, inicie un movimiento hacia lo alto, contra la memoria oficial, y para reconquistar no sólo la ‘memoria pública’, sino también –sobre todo– la legitimidad del sistema social (o sea, su reconstrucción histórica). (2002, p. 9)

Es importante señalar –y añadir– que el carácter dinámico de la “memoria históri­ca” tiene un origen empírico, es decir, este movimiento profundo de recreaciones se fundamenta concretamente en la experiencia misma, la cual se encuentra deposita­da, en forma de recuerdos, en las memorias de los militantes-protagonistas de los movimientos sociales del periodo.

3. Función/funcionalidad

La “memoria histórica” también es significativamente útil para la reconstrucción del movimiento popular durante la UP a partir de esta dualidad que estamos plan­teando: función/funcionalidad. Esta doble dimensión analítica, que pudiese ser una, se explica porque la “memoria histórica”, por un lado posee una función por sí sola de acuerdo a su propia naturaleza, y por el otro, responde a distintos requerimien­tos y propuestas, ya sea desde la misma disciplina histórica como también de la sociedad en general, es decir, es funcional a intereses sociopolíticos externos a su propia naturaleza.

Antes de comenzar a reflexionar sobre la función de la “memoria histórica”, quere­mos dar a conocer una idea expuesta por Peter Burke que consideramos fundamen­tal tener en cuenta para continuar con el análisis: “Una de las funciones más impor­tantes del historiador es la de recordador” (2011, p. 85). Esta frase que parece tan simple y lógica, es fundamental para nuestro análisis, debido a que precisamente en esta función del historiador propuesta por Burke –la de recordador– se inserta la función específica de la “memoria histórica” que consiste en recrear y reconstruir las experiencias de vida a partir de los recuerdos almacenados en los sujetos que fueron protagonistas de determinados fenómenos históricos. En suma, para cumplir la función de recordador, el historiador indispensablemente debe hacerlo recu­rriendo a la “memoria histórica” (por lo menos en investigaciones sobre historia reciente, como la que hemos propuesto).

Al profundizar aún más en esta función reconstructora del pasado, nos encontramos con un fenómeno asociado indiscutiblemente a este rol de la “memoria histórica”, el cual consiste específicamente en una “resignificación del pasado”, cuyas propie­dades y atribuciones la transforman en una función de esta fuente de información. Existe una relación directa entre memoria y resignificación, en el sentido de que esta última se desenvuelve como función de aquella, ya que:

cuando hablamos de memoria estamos refiriéndonos no a la evoca­ción objetiva de lo que aconteció, sino más bien a la reconstrucción que, desde el presente, se hace en un momento determinado de acuerdo a unos intereses concretos. Estaríamos, en consecuencia, ante un constructo social de significados, por tanto, cambiantes en el tiempo. La memoria, en este sentido, es siempre una memoria historizada, una resignificación del pasado. (Azkarate, 2007, p. 1)

Así, al contribuir en la reconstrucción histórica de los movimientos sociopolíticos populares durante “la vía chilena al socialismo”, a partir de las experiencias depo­sitadas en las memorias de sus militantes, simultáneamente estamos descubriendo el significado histórico de sus manifestaciones e injerencias en la estructura de clases del periodo, es decir, preservando en el tiempo y rescatando desde el olvido el sentido y valor histórico que aquellos idearios sociopolíticos –plasmados en proyec­tos histórico-revolucionarios– representaban.

Las funciones que presenta la “memoria histórica” –recreación y resignificación del pasado– aportan significativamente en la comprensión y reconstrucción histórica de la movilización social impulsada “desde abajo” por las clases populares durante el gobierno de Salvador Allende. Pero también es de gran importancia, para tales propósitos, el carácter funcional que presenta esta fuente historiográfica, es decir, su capacidad para responder a funciones externamente determinadas, ya sea des­de la disciplina historiográfica misma como desde el ámbito sociopolítico.

La “memoria histórica” es funcional a dos fenómenos de mucha importancia en la actualidad de la disciplina historiográfica, nos referimos a la “batalla de la memoria” y la “historización de la experiencia”. La primera ha sido desarrollada principalmente por María Angélica Illanes, quien plantea el surgimiento y desen­cadenamiento de esta “batalla de la memoria” desde una perspectiva historio­gráfica, pero que es consecuencia directa de la represión ejercida por la acción de las armas sobre los sujetos históricos que intentaron llevar adelante un proyecto histórico de profunda transformación social en el periodo de la Unidad Popular. Así, la “batalla de la memoria” consiste en una:

(…) batalla necesaria, cuya dialéctica confrontacional tiene el poder de romper la parálisis traumática provocada por la acción de las armas, posibilitando la restitución del habla de los ciudadanos, re-escribiendo su texto oprimido, especialmente cuando estas armas han violado brutal­mente su cuerpo. (2002, p. 12).

Cuando la historiadora menciona que esta “batalla de la memoria” hace posible la restitución del habla de los ciudadanos y la re-escritura de su texto oprimido, comprendemos la importancia de la función que cumple la “memoria histórica”, ya que precisamente es a través de la re-escritura crítica de ésta, que podemos con­tribuir en la reconstrucción del proyecto histórico que representaba el movimiento social del pueblo organizado a comienzos de la década de 1970 y que fue poste­118 Revista Divergencia / ISSN: 0719-2398 N°2 / Año 1 / julio - diciembre 2012 / pp 111-124 Cristian Suazo Albornoz riormente aniquilado por represión militar pinochetista. Por tanto, la reconstrucción de estos hechos se circunscribe necesariamente en esta “batalla de la memoria”, que “al mismo tiempo que realiza el acto de la re-escritura de la memoria, debe dar a conocer las claves de su trama, abrir el debate acerca de su contenido, rea­brir el proceso de su historicidad” (2002, p. 12). De esta forma, la “batalla de la memoria” adquiere mucho valor para el propósito de estudiar los acontecimientos vinculados a la compleja dinámica de agitación social durante la UP, y reconstituir sistemáticamente su historia, ya que esta “lucha” supone una re-escritura del pro­yecto histórico que representaban esos “muertos”, superando el olvido y la “amne­sia historicista”,

(…) porque, si no se enseña ese proyecto, si no se le re-escribe, si no se debate crítica y abiertamente en torno al ideario social y político que esos textos y esos cuerpos mutilados representaban, la batalla cultural no tiene sentido ni significación futura. (2002, p. 16)

Por consiguiente, junto a esos nombres y cuerpos, es importante rescatar del olvi­do también el proyecto histórico político que encarnaban, adquiriendo así mucha relevancia la relación histórica entre este proyecto de transformación radical de la estructura de clases y el consiguiente genocidio que negó e impidió su completa realización.

En segundo lugar, la “memoria histórica” es funcional al fenómeno conocido como “historización de la experiencia”, propuesta historiográfica desarrollada princi­palmente por Julio Aróstegui y que se basa en una objetivación de la memoria, proceso que implica racionalizar la memoria previamente a su inclusión en una narrativa historiográfica y convertirla en historia. Por lo tanto la historización de la experiencia finalmente es una historización de la memoria, ya que según Aróstegui “para que la memoria trascienda sus limitaciones y sea el punto de partida de una historia, es preciso que se opere el fenómeno de su historización, o, lo que es lo mismo, de la historización de la experiencia” (2004, p. 165). Es de esta manera que podemos percatarnos de la importancia que adquiere la “memoria histórica” en este proceso, ya que el recuerdo es determinante para historizar la experiencia en el sentido de hacer presente lo pasado. Asimismo, “(…) la historización, a través de la memoria, «integra» al individuo particular en la experiencia social, colectiva, de la historia (…)” (2004, p. 184), por lo que el sujeto comprende que sus expe­riencias de vida forman sistémicamente parte de un contexto histórico más amplio.

Lo anterior permite advertir la existencia de una directa relación entre memoria e historicidad, sin la cual sería imposible desarrollar esta “historización de la ex­periencia”. Esta vinculación es fundamental porque la historicidad impregna de sentido a las experiencias depositadas en las memorias de los sujetos históricos, transformándose en una “(…) atribución humana que da sentido a la «vuelta sobre el pasado» para comprenderle como un presente, para comprender el pasado como un «presente que fue»” (2004, p. 171), configurando a dichas experiencias como aspectos históricamente reales. De esta forma, historizar la experiencia, y porlo tanto la memoria, implica someterla a un análisis histórico crítico, vinculándola simultáneamente a los acontecimientos que se pretenden reconstituir.

Si bien la “memoria histórica” es funcional a fenómenos pertenecientes a la discipli­na historiográfica, también lo es a aquellos de carácter socio-político, específica­mente a los procesos de transformación social y de disputa por el poder. El recono­cido historiador medievalista Jacques Le Goff aporta con importantes reflexiones sobre el carácter funcional de la “memoria histórica”, expresando lo siguiente:

La memoria colectiva ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Los olvidos, los silencios de la historia son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva.(1991, p. 134)

En este sentido la “memoria histórica” no es percibida ni compartida de la misma manera por todos los grupos sociales, es decir, no se configura homogéneamente en la sociedad, sino que responde a intereses tanto de los grupos dominantes como de los grupos dominados o en condición de subalternidad. Desde la perspectiva dominante, a través de diversos métodos y mecanismos se intenta manipular la memoria colectiva, específicamente aquellos recuerdos, experiencias y representa­ciones de fenómenos históricos que implicaron transformaciones sociales y políticas. Lo anterior mantiene un nexo con el carácter instrumental de la “memoria histórica”, debido fundamentalmente a que ésta representa un mecanismo e instrumento de poder funcional al dominio del recuerdo y de la tradición, es decir, a la manipula­ción de la memoria social en beneficio del conservadurismo. La preocupación por el dominio de la memoria, vinculada a la ya referida lucha por el poder, responde a la necesidad de mantener el status quo por parte de los sectores hegemónicos, quienes procuran proteger sus intereses históricos y su posición en la estructura social-clasista a partir de la manipulación de la “memoria histórica”, sobre todo de aquellos fenómenos que representaron una amenaza a dichos intereses. Ahora, el hecho de interesarse por la instrumentalización de la “memoria histórica”, ya sea manipulándola o manteniéndola en el olvido, es producto de la importancia que ésta representa en la lucha por la conservación del poder, porque como justamente sostiene Francisco Rodríguez: “La representación del pasado modeliza el presente y el futuro” (2001, p. 3), lo que permite a los grupos dominantes configurar el tipo de sociedad que sea correspondiente con sus respectivos intereses.

Por el contrario, para los sectores populares el hecho de preocuparse por sus “me­morias históricas” responde a la necesidad de rescatar del olvido las experiencias que contribuyeron en la configuración de sus propias identidades, las cuales se ven amenazadas y perturbadas por esta “ausencia de memoria colectiva”. Fenómeno conocido también como “amnesia historicista”, que según Patricio Quiroga constitu­ye “(…) una grave perturbación que en la medida que se extiende a la memoria colectiva perturbará la identidad colectiva” (1997, p. 140). Porque los recuerdos ylos conocimientos que los protagonistas poseen depositados en su “memoria histó­rica” en forma de experiencias, forman parte también de su constructo identitario, tanto a nivel individual como colectivo. En este sentido, y relacionada con el objeto de estudio que hemos propuesto, la “memoria histórica” de los grupos populares es funcional al esfuerzo por vencer y superar el olvido, el ocultamiento y la “amnesia historicista” de las experiencias de organización y lucha en Chile durante el perio­do señalado, los cuales –inherentemente– forman parte de la identidad colectiva de los mencionados sujetos históricos. De lo contrario, Sergio Grez advierte que “aquellos grupos carentes de una sólida memoria colectiva corren peligro de des-construirse, perder su fisonomía, diluir sus identidades en modelos propuestos por actores más fuertes y pujantes”(2008, p. 3), quienes mediante la política y el so­porte de la “historia oficial” procuran silenciar y olvidar las experiencias históricas de las luchas sociales y políticas de los sectores populares.

De este modo, reconstruir historiográficamente fenómenos históricos de esta índole, interrogando y recordando el pasado, involucra necesariamente un proceso de profundización y ruptura de hegemonías, es decir, una confrontación dialéctica por el recuerdo entre la memoria y la desmemoria.

Enfrentar el pasado es desnudar el poder que ya ha construido su relato narrándonos todo a todos. Por tanto es evidente que resistir es un impe­rativo, una forma válida de ejercer memoria contra-hegemónica, más aún cuando, como lúcidamente lo señala Benjamin, para los oprimidos su historia es un permanente estado de excepción. (Castro, 2009, p. 35).

Finalmente, para culminar con el análisis acerca de la utilidad que la “memoria histórica” representa en la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopo­líticos durante el periodo señalado –proceso innegablemente dialéctico y contra hegemónico–, dejamos expresada una excelente reflexión desarrollada por Jacques Le Goff:

La memoria, a la que atañe la historia, que a su vez la alimenta, apun­ta a salvar el pasado sólo para servir al presente y al futuro. Se debe actuar de modo que la memoria colectiva sirva a la liberación, y no a la servidumbre de los hombres. (1991, p. 183).

III.CONCLUSIONES

Mediante un análisis sistemático hemos dado a conocer la importancia que posee la “memoria histórica” en el –necesario– proceso de reconstrucción histórica de las clases y grupos populares durante la UP, particularmente, de las diversas expre­siones colectivas que dotaron de dinamismo social y político a la denominada “vía chilena de transición al socialismo”. La omisión de los movimientos sociopolíticos populares en los análisis e investigaciones sobre este proceso, estimula la invisibi­lización de los sujetos históricos que protagonizaron las transformaciones sociales del periodo, generando de esta manera una “historia sin sujetos”. Al respecto, el excelente historiador Sergio Grez plantea lo siguiente:

(…) no se puede olvidar la historia plurisecular de pobreza, marginación, opresión y explotación de las grandes mayorías, que no es posible ocul­tar el estado de permanente desgarramiento de la nación, la profunda escisión entre sus componentes sociales, étnicos y culturales; que no se puede evacuar del análisis la reiterada historia de frustraciones popu­lares, promesas no cumplidas y esperanzas siempre postergadas que llevaron a muchos a tratar de “tomarse el cielo por asalto” a fines de los 60 y comienzos de los 70. (2008, p. 3)

Para redescubrir este pasado colectivo mediante la disciplina historiográfica, es ne­cesaria la consideración de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

Aróstegui, J. (2004). La historia vivida. Sobre la historia del presente. Madrid: Alianza Editorial.

Azkarate, A. (2007). Memoria y Resignificación. Apuntes desde la gestión del patrimonio cultural. Consulta 18 de Agosto de 2012: http://www. fundacionfernandobuesa.com/pdf/20070718_ponencia_a_azkarate.pdf

Burke, P. (2011). Formas de historia cultural. Madrid: Alianza Editorial.

Cancino, H. (1988). Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo, 1970-1973. Dinamarca: Aarhus University Press.

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de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

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Cancino, H. (1988). Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo, 1970-1973. Dinamarca: Aarhus University Press.

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Redes Sociales como herramientas de ciberactivismo: el caso de los grupos de Facebook en Chile y el Gran Concepción (2009)


Extraido de http://t.co/MTjxhzp3Pf

Resumen
El presente trabajo da a conocer los resultados de un estudio
que relacionó el uso de dos aplicaciones del Sitio de Redes
Sociales Facebook.com como vehículos de ciberactivismo.
Analizando Grupos y Causas de dicha plataforma se logró un primer
acercamiento a cómo las personas utilizan estas herramientas
en el país con fines de movilización.
Esta investigación, asimismo, quiso establecer variables que
permitan predecir –según las características de los temas encontrados
en Grupos y Causas– cuales de ellos son más susceptibles
de constituir ciberactivismo.
Entre sus principales resultados cuenta que se comprobó que
las Redes Sociales en Internet son principalmente una amplificación
de nuestro círculo social más inmediato, reforzando lazos ya
existentes, más que crear otros nuevos. Además, se caracterizan
por su naturaleza estructural anárquica y horizontal, y la falta de
control sobre los millones de nodos que forman esta red permite
su organización de forma distribuida y sin mayores controles ni
acaparamientos de información, lo que posibilita una gran robustez
del flujo de comunicaciones, un mayor acceso a la información
y una menor capacidad para limitar dicho acceso.
Abstract
This work presents the results of a study that compared the
use of two applications of the Social Networks Site (SNS)
Facebook.com as cyberactivism vehicles. Analyzing Groups and
* Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
UCSC.
** Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
profesor de la Escuela de
Periodismo de la Universidad
Católica de la
Santísima Concepción
(UCSC).
*** Doctor en Comunicación
Pública, académico
de la Universidad
Santo Tomás, Sede
Concepción.
Palabras clave:
Sitios de Redes Sociales,
Facebook, ciberactivismo.
Keywords:
Social Network Sites,
Facebook, cyberactivism.
Redes Sociales como herramientas
de ciberactivismo: el caso de los grupos
de Facebook en Chile y el Gran
Concepción (2009)
Sótero Suazo Vejares*
Javier Martínez Ortiz**
Álvaro Patricio Elgueta Ruiz***

08/06/11

Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
Causes of that plataform – along the Chile Network and the Gran
Concepción related topics – it reached a first approach to how the
people use this online tools with activism objectives.
In addition, this research wanted to stablish variables that
allow predict – by the type of the topics found in Groups and
Causes – which of them may constitute cyberactivism.
In it main results, it proves that the Internet’s Social Networks
are mainly an amplification of our nearest social circle, this is,
empowering existent friendship ties, more than create new ones.
Furthermore, it characterizes by its anarchic and horizontal structure,
and the lack of control over million of nodes that created the
network allows a distributed organization and without the control
structures nor information hoarding, enabling a strong communication
flow, issue that finally represents a bigger access into the
information and a smaller capacity to limit that access.
La penetración en Chile de nuevas herramientas de comunicación
computacionalmente mediadas, uno de cuyos mayores referente
son los llamados Sitios de Redes Sociales (SRS), está
teniendo gran impacto en el surgimiento de nuevas esferas de participación
ciudadana e intercambio social.
Este fenómeno hoy en auge se venía anunciando desde principios
de 2000 dada la explosiva aparición y expansión de la blogósfera nacional
(compuesta por los llamados blogs o bitácoras personales en Internet
y también por la gran masificación que experimentaron los fotolog o
páginas de fotografías personales); sitios de intercambio de contenidos
multimedia como You Tube (videos); Flickr (fotos); My Space, sitio
para reunirse con amigos y compartir contenidos multimedia (fotos y
videos); y sitios de difusión personal de audio, como Podcaster.
Las cifras mundiales reflejan un notable crecimiento con datos
sorprendentes. Para el caso nacional, el tercer informe Generación
2.0: Radiografía de los nuevos usuarios, informa que Chile es el
país con mayor número de fotologs del mundo, con 2 millones 896
mil 332 usuarios para fines de 2007. Otra estadística importante es
la gran participación porcentual de chilenos en Internet, contando
con 326 usuarios por cada mil, siendo esta la mayor de Sudamérica.
Facebook –una herramienta diseñada para encontrar amigos,
relacionarse con cercanos y familiares, y compartir contenidos
multimedia– no ha sido la excepción a estas tendencias. Desde
febrero de 2008, la presencia de Chile en Facebook ha tenido el
mayor crecimiento a nivel mundial, al experimentar un alza de
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.

126 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
mente mediados, dedicados principalmente a la creación y mantención
de redes interpersonales. Este es el caso de los SRS, que
Boyd y Ellison los definen como:
servicios basados en la web que permiten a los individuos construir
un perfil público o semipúblico, dentro de un sistema limitado, articular
una lista de otros usuarios con quienes comparten una conexión,
y ver y atravesar su lista de conexiones y aquellas hechas por
otros dentro del sistema. La naturaleza y nomenclatura de estas conexiones
puede variar de sitio a sitio (Boyd & Ellison, 2007: 211).
Ambas autoras hacen, además, la diferencia entre Sitios de
Redes Sociales (Social Network Sites) y Sitios de Creación de
Redes Sociales (Social Networking Sites). Aunque estos términos
son usados comúnmente como sinónimos por el público general,
el término Networking
enfatiza el inicio de relaciones, a menudo entre extraños… la creación
de Redes o Networking (aunque) es posible en estos sitios, no
es la práctica primaria en muchos de ellos, ni lo que los diferencia de
otras formas de comunicación mediada computacionalmente. (Boyd
& Ellison, 2007: 211).
En relación a lo anterior, es importante considerar que por
pertenecer a un área del conocimiento con grandes posibilidades
de desarrollo, el término Social Network(ing) Sites aún
genera discusión. En este sentido, las principales críticas apuntan
a su amplitud y falta de especificidad y a la ausencia de una
diferencia sustantiva entre sitios de naturalezas similares, pero
que contendrían notorias diferencias. Según Beer: “Aunque es
claro que hay en gran parte superposición entre categorías relacionadas
con cómo estos diversos tipos de sitios están organizados
y la información que contienen –aspectos comunes como
etiquetado, perfiles, y creación de amistades ilustran la complejidad
de las similitudes y diferencias entre este tipo de
sitios” (Beer, 2008).
A pesar de esta acusada amplitud, existen una serie de teorías
que sustentan la idea de Boyd y Ellison, en cuanto a que las redes
generadas van direccionadas desde el offline hacia el online y no
al revés. Ver por ejemplo Stefanone y Jang (2007) y Ellison,
Steinfeld y Lampe (2007), entre otros. Por esto la presente investigación
sustentó la primera teoría.

Ecos de la Comunicación > 127
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Molecularización social
La molecularización social de los individuos consiste en la
colectivización de los movimientos individuales, es decir, que las
personas se mueven según los movimientos de un grupo determinado
al que pertenecen.
En el caso de la molecularización social, esta ocurre principalmente
por el momentum social que mantiene unidos a los grupos.
Este momentum2 será más grande cuando existen más
personas que incitan a los demás al movimiento.
Así lo confirma el estudio de Humphreys (2007) acerca del
“Dodgeball”, un sistema móvil de localización de amistades que
permite la ubicación de los demás miembros de un grupo, en el
entorno urbano. Este sistema informa a los amigos dentro de una
red personal, acerca del lugar en que se encontrarán uno o más de
sus amigos de manera que las personas se mueven y experimentan
la ciudad de manera conjunta.
Mecanismo que permite una comunicación indirecta acerca
de lugares públicos por parte de los participantes, lo que significa
que la gente no tiene que comunicarse sobre los lugares de reunión
en donde estará el grupo, sino que solo hace falta que
indirectamente el sistema alerte a los miembros inscritos sobre un
nuevo lugar de reunión en que se encuentran uno o más miembros
de su grupo particular de amistades.
En cuanto al “momentum” social que hace que los individuos
se sientan llamados a este movimiento conjunto, los testimonios
recogidos por este estudio sugieren que la existencia de esta
característica, también llamada efecto red, aumentará de forma
directamente proporcional a la cantidad de miembros reunidos en
determinado lugar (De Ugarte, 2007). Muchos de estos informantes
manifestaban que mientras más eran las personas que se registraban
en un lugar, mayor era la necesidad que surgía de reunirse
con ellas, entendiendo que podían estarse perdiendo un gran
evento.
Cómo se forman y en qué consisten las Redes Sociales
Según De Ugarte las redes sociales siempre han existido.
Consisten en la creación de vínculos entre las personas para cumplir
distintos fines, esto sobre una arquitectura o forma de interconexión,
que determinará la forma de las interacciones y
2 Concepto tomado
de la Física, que significa
impulso que provoca
el movimiento de un
cuerpo.

128 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
posibilidades de la red en que estas se sustentan (De Ugarte,
2007).
Las redes sociales se forman conjuntamente con la socialización,
a partir del establecimiento de lazos entre las personas.
Estos lazos aumentarán como consecuencia del efecto red, junto
con los anteriormente sostenidos por quienes los establecen, permiten
un crecimiento exponencial del tamaño y alcance de las
redes de cada uno, generando así una lógica de la abundancia.
Para De Ugarte
el ejemplo típico de efecto red es el teléfono o el fax. Siempre se
cuenta que para el tercer usuario de la red telefónica, acceder a la red
suponía poder hablar con dos personas. Pero para el cuarto, poder
hacerlo con tres… y así sucesivamente. El efecto red hace que cuantos
más miembros tiene la red de usuarios más valor tiene para un no
miembro pertenecer a ella… (Ibid).
De la misma manera, cualquier persona que se integre a esta
red no generará un cambio sustancial en los beneficios de los
demás integrantes de la misma.
Topologías de red, arquitectura de la información
y distribución del poder en las redes sociales
Otro concepto fundamental para la comprensión del fenómeno
de las redes sociales es el de topologías de red, que corresponden
a las formas en que se interconectan los nodos de una red,
resultando así tres formas posibles. “Estas tres disposiciones describen
tres formas completamente distintas de organizar una red:
centralizada, descentralizada y distribuida” (De Ugarte, 2007).
Mientras el flujo de información depende de solamente un nodo
en la red centralizada, en la red descentralizada la información está
jerarquizada por varios nodos, es decir, pequeños centros múltiples
por los que pasa la información antes de llegar a destino.
Aun cuando la red descentralizada es más eficiente que la
centralizada, no permite la óptima comunicación entre los nodos
puesto que cualquier conexión entre dos nodos tiene que pasar
por un intermediario.
Según De Ugarte, las redes centralizadas y descentralizadas
son vestigio de antiguas estructuras de poder y control que al
menos en la red están quedando en el pasado.

Ecos de la Comunicación > 129
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
El eslogan Ciberpunk español de principios de los 90 que
reza:
Tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de
poder”, es uno de los primeros signos del cambio que ya está empezando
a materializarse. Este cambio surge primeramente como “una
reacción a la concentración del poder y la disminución de los derechos
personales a través de la monopolización y acaparamiento de
las nuevas tecnologías, sobre todo aquellas de carácter informático
(Ciberpunk.org, 2008).
El nacimiento de la anarquía informacional que representan
las Redes Distribuidas es la manifestación de este proceso social
en que se transforma la manera en que circula la información,
esto porque este tipo de red permite la comunicación entre cualquiera
de los nodos que la integran, sin intervenciones de terceros
ni jerarquías, generando mediante una estructura
verdaderamente horizontal el empoderamiento mayor de todos
sus participantes.
Una red que no posee filtros ni censura y en la cual las antiguas
estructuras del poder no pueden restringir el acceso, permite
el surgimiento de nuevas formas de distribución del poder, con
mayores posibilidades de participación y una serie de ventajas
derivadas de la estructura distribuida.
Entre estas se cuentan la generación abundante de contenidos,
una mayor estabilidad y eficiencia de las interacciones que ocurren
en el sistema, mejoras sustanciales en cuanto a seguridad y
capacidad de recuperación de los datos ante cualquier emergencia.
Esto se debe a que, si en las redes centralizada y descentralizada
la información se encuentra presente solo en uno o varios
centros, respectivamente; en la red distribuida se encuentra presente
en todas partes, haciendo –en consecuencia– que la pérdida
de información sea más difícil.
Cultura Ciberpunk v/s Descentralización de la red
Internet como génesis de las ciberculturas actuales
El surgimiento del movimiento Ciberpunk como reacción a la
concentración tecnológica se manifestó de diversas formas. Una
de las más destacables fue la creación en 1989 del documento
identidad de ciberpunk.org, que estableció una serie de principios 130 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
e ideas fuerza sobre las que crecerá el movimiento Ciberpunk
español.
El documento en sus sucesivas versiones –Berlín (1994),
Madrid (2002), Larnaca (2004) y Tamarán (2005)– defiende la
apertura de las nuevas tecnologías, mediante el uso de diversas
herramientas que permitieran la participación, interacción y el
flujo ininterrumpido de información sin trabas ni acaparamientos.
Actualmente, este movimiento defiende la autogestión de contenidos
como la principal forma de oponerse a la concentración tecnológica
y a la mediatización de Internet. La Blogósfera surge como
la realización de este paradigma, al pasar por alto la mediatización
y convertirse en el primer medio distribuido (Ciberpunk.org, 2008).
Otra manifestación de esta cultura fue el nacimiento de la
Fundación Frontera Electrónica, también conocida como EFF,
fundada en 1990 por Mitch Kapor, John Perry Barlow y John
Gilmore. Desde su nacimiento EFF ha interpuesto una serie de
acciones legales en contra del Estado y de privados que intentan
coartar la libertad de los individuos en el ciberespacio de manera
de sentar precedentes legales que impidan acciones de esta naturaleza
en el futuro (EFF, 2008).
La Declaración de Independencia del Ciberespacio, escrita en
1996 por John Perry Barlow, contiene los principios fundamentales
que defiende esta institución. El ex letrista del grupo Grateful
Dead, declara que este es un lugar de la mente humana, en donde
los Estados y las antiguas estructuras de poder son irrelevantes,
impotentes y no tienen legitimidad alguna (Barlow, 1996).
En contraste a esta cultura, el fuerte impulso hacia la estructuración
de Internet desde una lógica descentralizada3, se ha
manifestado en la comercialización y mediatización del llamado
ciberespacio, además del uso de redes sociales para usos corporativos
y de trabajo (Wellman, 1996; Haythornthwaite, 2005).
Mientras la comercialización ha convertido Internet en un
nuevo “mercado”, la mediatización ha audiovisualizado la red,
convirtiéndola en un medio tradicional.
El enfrentamiento de la visión descentralizadora y la visión
distribuidora es la base sobre la que han nacido las ciberculturas.
Esto se debe a que la presencia de ambas en el llamado
ciberespacio, ha permitido lograr una síntesis de maneras de
hacer y formas de interpretar que se instala entre la comercialización
y la lógica de la abundancia de las redes distribuidas,
y entre la audiovisualización de Internet y la autogestión hipertextual
de contenidos.
3 Ver Topologías de
red, arquitectura de la
información y distribución
del poder en las
redes sociales.

Ecos de la Comunicación > 131
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Mientras que para algunos autores las ciberculturas consisten
meramente en digitalizaciones de la producción cultural ya existente
(Contreras, 2003; Figueroa, 1997), para otros las ciberculturas
son metaculturas que incluyen a las culturas analógicas que
las originan y además las reorganizan (Galindo, 2003).
Para este trabajo, sin embargo, la definición más adecuada es
la de Ricard Faura que define las ciberculturas como “conjuntos
de técnicas, de maneras de hacer, de maneras de ser, de valores,
de representaciones que están relacionadas con la extensión del
Ciberespacio” (Faura, 2000).
En consecuencia, las ciberculturas presentan diversas características.
A saber: 1) Surgen como comunidades en las cuales
existe un nuevo concepto de libertad asociado a la posibilidad
de compartir con otros miembros de la comunidad los beneficios
obtenidos por este medio; 2) Se constituyen como espacios
virtuales de reunión, que permiten compartir sin necesidad de
contar con espacios físicos; 3) Tienen lenguajes especializados
que permiten el reconocimiento mutuo de los integrantes de una
comunidad y diferenciar a los más experimentados de los principiantes;
4) Presentan posibilidades diversas de comercialización;
5) Integran visiones comercializadoras, mediatizadoras y
distribuidoras de entender el ciberespacio; 6) Incluyen organizaciones
e individuos que sustentan las éticas hacker y protestante
del trabajo; y 7) Ayudan a la gestión de organizaciones
descentralizadas.
Tres ejemplos de ciberculturas, como síntesis de distintas
visiones del desarrollo de Internet, son las comunidades de software
libre, la blogósfera (como medio distribuido/institucional),
y los Sitios de Redes Sociales, entendidos como herramientas de
socialización y soportes comerciales e institucionales.
Rol de la ética hacker en el Ciberactivismo
Llegados a este punto se hace totalmente necesario entender 132 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
cuando hablamos de la ética del hacker? ¿por qué representa una
nueva visión?
Para responder estas interrogantes primero es necesario tomar
conciencia de la ética que ha perdurado hasta la época actual. En
particular nos referiremos a la ética protestante del trabajo, que
incluso en nuestros días sigue siendo un referente en la mayor
parte de las ocupaciones humanas, como un paradigma convenientemente
inamovible.
El concepto de ética protestante tuvo su origen en un ensayo
de Max Weber llamado La ética protestante y el espíritu del capitalismo
(1904-1905), que describe la forma en que la noción del
trabajo como deber se halla en el centro de la cultura capitalista
del siglo XVII (Himanen, 2002).
La ética hacker del trabajo plantea un enfrentamiento a esta
posición. El hacker no entiende el trabajo como una obligación
puesto que se dedica a hacer algo que le gusta y apasiona. Al no
ser una obligación, no está sujeto a horarios de trabajo, sino que
por el contrario trabaja cuando le parece sin dejar de lado el ocio.
Según Himanen, para el hacker el objetivo de todo su trabajo
es el reconocimiento de los pares. La idea principal que subyace
a esta ética es entonces que el fruto del trabajo debe ser un bien
de uso social: “La ética originaria del hacker programador de
ordenadores hacía hincapié en lo abierto, el libre acceso”
(Himanen, 2002).
Una vez asimilada la situación actual de quiebre y cambio
social, ¿Qué relación puede haber entre redes distribuidas, ética
hacker del trabajo y todos los temas anteriores? La respuesta es el
ciberactivismo. Este consiste en la convocatoria de múltiples
agentes que se coordinan de forma espontánea en la red, lo que
permite que los conflictos sean multicanal, es decir, que se desarrollen
en distintos frentes (De Ugarte, 2007).
En consecuencia, basados en la ética hacker y en las redes distribuidas,
se generaron y pusieron herramientas tecnológicas al
servicio de las personas.
Para De Ugarte, gracias a esto, se ha dado génesis a un cambio
que posiblemente reordenará el eje del poder.
Para los efectos de este estudio se utilizará la definición de De
Ugarte, según la cual el ciberactivismo presenta las siguientes
características:
i. Un discurso que plantea un empoderamiento de las personas
y que no impone jerarquías.

Ecos de la Comunicación > 133
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
ii. El establecimiento de rangos de conducta que producen
estilos de vida, que permite una mayor identificación entre
las personas. Esta generación de identidad será en definitiva
el aglutinante de una red, que al facilitar el intercambio
entre pares desconocidos sin mediación de un centro, presentará
características distribuidas y por tanto será más
robusta.
iii.La generación de herramientas que hagan posible la visibilización
de un cambio a partir de las personas. En otras
palabras, poner a disposición de las personas herramientas
que les permitan mostrar su disenso.
iv. La visibilidad de las herramientas tiene que ser de tal
forma, que permita que mediante pequeños gestos las
personas puedan identificarse en otros como ellos culminando
de esta manera la estrategia de empoderamiento
de las mismas.
Ciberactivismo en Chile
En Chile, dos han sido los hechos más notorios de ciberactivismo.
El primero de estos casos fue Mi primer PC… pero de verdad
(MPPCDV). Aun cuando esta campaña se generó de forma
espontánea en el ciberespacio, alcanzó niveles nunca antes vistos
de participación que sorprendieron incluso a sus involuntarios
precursores.
Esta iniciativa se originó para protestar en contra de las falencias
del plan del gobierno de Ricardo Lagos: “Mi primer PC”,
que buscaba disminuir la brecha tecnológica que afectaba a los
sectores más pobres de la población, al proveer computadores
personales a un menor costo.
Para los bloggeros chilenos el plan presentaba una serie de
problemas, entre los que se contaban (Sandoval, 2005):
1) La disponibilidad en el mercado de PC’s más económicos o de
igual costo que los de la campaña, a veces incluso con mayores prestaciones,
2) Licencias de software que encarecían innecesariamente
el precio de los equipos, existiendo la opción del software libre, 3)
Existían en el mercado opciones más económicas de hardware con el
mismo rendimiento (implementación del procesador más caro existiendo
la posibilidad de obtener el mismo resultado con otro más
barato), 4) El alto costo relativo de la conectividad de Internet en
Chile y la falta de medidas para solucionar este problema, y 5) La
cómo es que las redes distribuidas generan cambios en la mentalidad
de las personas, cómo la molecularización social desencadena
nuevas formas de asociación que derivan en movimientos
sociales. En definitiva, cómo es que una ética diferente, apasionada
y no forzada por el deber emerge para hacer cambios.
El hacker, personaje incomprendido en nuestra sociedad, es la
encarnación de esta nueva ética. Entonces ¿a qué nos referimos 134 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
delegación irresponsable del financiamiento a grandes tiendas de
departamentos, lo que encareció e infló ficticiamente los costos.
“Ante las debilidades del plan, surgieron voces disidentes que fueron
agitadas principalmente por tres personas: Christian Leal, periodista
de tecnologías; Alberto Contreras, diseñador y; Claudio Bustos, psicólogo.
Estos tres bloggeros articularon de forma impensada lo que
más tarde sería la exitosa campaña Mi primer PC… pero de verdad.
La campaña buscó, en principio, juntar 2500 firmas para luego
enviar una carta al entonces presidente Ricardo Lagos. Sin embargo,
la sorpresa de estos tres bloggeros fue grande cuando solo en 48
horas lograron reunir 3860 firmas. La carta que finalmente llegó a la
Moneda en formato CD, tenía más de 14.000 firmas. Ese día fue el
primero en que estos bloggeros se veían en persona” (Ibid).
El segundo caso ocurrió luego de una intervención del senador
chileno Alejandro Navarro, quién habría pedido explicaciones
acerca de un documento al que tuvo acceso (Leal, 2007).
Dicho documento era el acuerdo marco de cooperación entre el
Ministerio de Economía y Microsoft, celebrado sin conocimiento
de la opinión pública en mayo de 2007.
El acuerdo escrito en el confuso lenguaje típico de los contratos
de licencia de la compañía, incluía una serie de polémicos
puntos, de los cuales los más criticados fueron los referentes a
“Domicilio Digital” y “Municipio digital”.
En este sentido, las principales críticas apuntaron a la revelación
de información personal sin autorización de los involucrados, la
intromisión y posible intervención de la empresa en diversas áreas
del aparato público y el desmedro de las posibilidades de desarrollo
de una industria nacional del software (Prieto, 2007; Leal, 2007;
Liberación Digital, 2007; Hollman, 2007). A estas críticas se sumaron
las referentes a la falta de transparencia y la adolescencia de un
estudio o una licitación que avalara a Microsoft como la mejor
opción” (Leal, 2007), el compromiso de recursos del Estado justificados
de manera pobre y poco precisa (Leal, 2007; Liberación
Digital, 2007), y la promoción de la empresa por parte del Estado
(Prieto, 2007; Leal, 2007; Hollman, 2007).
Las reacciones ante el acuerdo no se hicieron esperar. “Lo que
con MPPCDV tardó 1 semana en gatillarse –reacción en cadena,
atención de los medios y declaraciones de los involucrados– esta
vez se generó en menos de 48 horas, con cada vez más personas
participando y expresando sus puntos de vista” (Leal, 2007).
Surgieron diversas formas de protesta en la blogósfera, algunas
más elaboradas y/o auspiciadas que otras. Distintos bloggeros Ecos de la Comunicación > 135
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
acusaron los puntos débiles del acuerdo y demostraron gran
indignación por el golpe que este acuerdo representaba para la
libertad de elegir de los chilenos/nas.
Se creó, además, una campaña para reunir firmas en contra del
acuerdo y surgió un movimiento llamado “liberacióndigital.org”
que además de juntar firmas intentó llevar esta campaña más allá
del ciberespacio.
El movimiento buscó desde sus comienzos defender la interoperatividad,
la libertad de elegir el software que cada uno quisiese
usar, el uso de software libre y la posibilidad de que se genere
una industria nacional de software (Liberación Digital, 2007).
Facebook: Características del sistema
Facebook es un sitio de redes sociales que permite a sus
usuarios
presentarse a si mismos en un perfil online, acumular “amigos” quienes
pueden publicar comentarios en las páginas de cada uno, y ver
los perfiles de otros. Los miembros también pueden unirse a grupos
virtuales basados en intereses comunes, ver qué clases tienen en
común, aprender los hobbies de cada uno, intereses, gustos musicales,
y el estatus de las relaciones románticas a través del perfil
(Ellison, Steinfeld & Lampe; 2007).
Esta herramienta incluye diversos servicios que articulan la
interacción social de los usuarios, que consisten en una serie de
aplicaciones que cumplen diversas funciones, entre las que se
cuentan los juegos, los test, las encuestas y las herramientas de
gestión de elementos multimedia (fotos y videos) (De Ugarte,
2007).
Para el presente estudio se consideraron dos aplicaciones en
particular, Grupos y Causas, que se caracterizan por reflejar en
algunos casos el uso de esta herramienta social como un medio
de generación de ciberactivismo.
Grupos
Los Grupos en Facebook constituyen unidades sociales que se
forman gracias a la existencia de gustos e intereses comunes tales 136 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
como música, hobbies, entretenimiento y otras. Estas agrupaciones
se organizan en diversas categorías y tipos temáticos, por
ejemplo:
• Grupo : “¡No más Femicidios en Chile!”
• Categoría : “Interés Común”
• Tipo : “Creencias y Causas”
Muchas veces existe también una tendencia a que estas asociaciones
canalicen inquietudes sociales, como pudo observarse.
Funcionamiento de los Grupos en Facebook
De acuerdo a lo observado, el funcionamiento de los Grupos
en este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que
permiten determinar si existirá una jerarquía más tajante o relativa.
Cuestión que derivará de los roles de los miembros, de las
reglas del grupo, de qué funcionalidades incluirá, quiénes podrán
gestionar los contenidos y quiénes podrán tener acceso.
Con respecto al primero de estos mecanismos es necesario
explicar que existen dos tipos básicos de personas en un Grupo de
Facebook: el Administrador y los Miembros Comunes. Los
Administradores poseen ámbitos de decisión y acción que los
demás integrantes no tienen o tienen de manera limitada.
Existen dos tipos de Administradores, uno de los cuales es la
persona que crea el grupo y que llamaremos Administrador
Creador y aquel que con autorización del primero se convierte en
Administrador y que llamaremos Administrador Designado. El
Administrador Creador es el que tiene un mayor ámbito de decisión.
Fundamentalmente por ser el creador, será quien en primer
lugar tomará las decisiones relativas a qué características tendrá
el grupo.
Ambos tipos de administradores podrán tomar decisiones
con respecto a qué miembros pueden y no pueden ser parte del
grupo (dependiendo de los mecanismos de acceso de que se
hablará más adelante), cuáles serán los reglamentos y también
expulsar a quienes no los sigan. Dependiendo de esto y de las
decisiones que haya tomado el Administrador Creador con respecto
a los mecanismos de participación pública y de gestión
de contenidos, la jerarquía del grupo será más relativa o más
tajante.

Ecos de la Comunicación > 137
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Las funcionalidades que tendrá el grupo dependerán de las
opciones “Habilitar el Muro”, “Habilitar el foro de debate”,
“Mostrar eventos relacionados” y “Mostrar grupos relacionados”.
De estas opciones las primeras dos aludirán a la participación
pública en el ámbito interno del grupo y las dos últimas a la participación
pública del grupo como entidad social en ámbitos
externos.
Respecto a los mecanismos de gestión de contenidos, es posible
establecer privilegios administrativos para la publicación de
“Fotos”, “Videos” y “Elementos Publicados (Artículos)”.
Finalmente, el mecanismo relacionado con la mayor o menor
libertad para asociarse al grupo dependerá de si se determinó que
este fuera 1.– abierto, es decir, que “cualquier persona puede
unirse e invitar a otras personas. Cualquiera puede ver la información
y el contenido del grupo”; 2.– privado: “para que un
nuevo miembro se una a un grupo, los administradores deberán
aprobar su solicitud. Cualquiera puede ver la descripción del
grupo, pero solo los miembros pueden ver el muro, el foro de
debate y las fotos”; ó 3.– secreto, de manera que “El grupo no
aparecerá como resultado de una búsqueda ni en los perfiles de
sus miembros. Solo se aceptan nuevos miembros por invitación,
y solo los miembros pueden ver la información y contenido del
grupo” (http://www.facebook.com/groups/create.php?customize&amp;
gid=61436607024).
Causas
De acuerdo a lo observado, las Causas en Facebook constituyen
acciones sociales en que varias personas se unen para conseguir
un objetivo común. Estas son por excelencia un instrumento
de canalización de inquietudes, necesidades y descontento social.
Acciones que se organizan en diversas categorías y tipos temáticos,
por ejemplo:
• Causa :“En Concepción el ferrocarril debe ser soterrado”
• Categoría :“Promociónes Públicas”
• Tipo :“Chile”
Las Causas son también coordinadoras de ayuda. Por esto,
permiten recolectar donaciones, lo que las diferencia, entre otras
características, de los Grupos.

138 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
Funcionamiento de las Causas en Facebook
Según pudo establecerse, el funcionamiento de las Causas en
este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que permiten
“reclutar” personas, determinar cuál será la misión de la
Causa, las posiciones o afirmaciones que la respaldan, cuál será
el alcance geográfico de la misma y qué institución será la
“Beneficiaria” de las Donaciones.
Con respecto al primero de estos mecanismos, existen cuatro
formas básicas de Reclutar a las personas para una causa. La primera
de estas deriva de la creación de la Causa y se denomina
“make a pledge”.
En esta modalidad el Administrador Creador de la Causa invita
a todos sus contactos de manera que poco a poco esta se expanda.
Cuando el administrador se vale del “make a pledge” para
reclutar personas, significa que se compromete a invitar a todos
sus contactos.
La segunda manera en que se puede reclutar personas es
mediante la invitación directa de un miembro de esta causa. La
tercera manera de reclutar miembros es a partir de los miembros
que llegan y adhieren a la causa por lo que buscarán que esta
resulte. Finalmente, la cuarta forma de reclutar personas para una
causa es invitar directamente a los usuarios de Causas y Grupos
afines.
De lo anterior deriva que en las Causas es posible diferenciar
entre reclutadores y reclutados. Aun cuando existe esta diferencia
no es tajante pues prácticamente todos los miembros de una
Causa podrán desempeñar ambos papeles. La única excepción
será el Administrador Creador de la causa. Este, a diferencia del
Administrador del Grupo, cumplirá un papel fundamentalmente
de reclutamiento.
El planteamiento de la misión es fundamental para conocer
los objetivos de la Causa, qué resultados busca su creador y a
quiénes busca favorecer. Las posiciones reflejarán la misión a la
vez que le otorgan mayor fuerza argumental. Estas consisten en
afirmaciones que buscan llamar la atención de más personas para
aumentar el número de reclutados. Ejemplos de posiciones son:
“los conductores deberían respetar al peatón”, “el pasaje de estudiante
debería ser gratis”, etc.
El alcance geográfico de la Causa dependerá de la opción “A
qué región afecta su Causa” en que es posible escoger entre 3
ámbitos básicos: “Global”, “Estados Unidos”, “Canadá” y un Ecos de la Comunicación > 139
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Ámbito múltiple que representa a los demás países del mundo
incluidos en la Red de Facebook.
El mecanismo relacionado con la Institución “Beneficiaria”,
permite determinar qué institución recibirá las donaciones que se
logren. Existen cuatro clases de instituciones, “Nonprofits listed
under Political Campaigns”, “Specific nonprofit”, “Support a 2008
presidential campaign” y “Canadian charity”. Finalmente, existe
una opción que permite no elegir alternativas y que en este caso se
denomina “Skip this Step” (http://apps.facebook.com/causes/causes/
new?m=4b3b2e26).
Métodos
Basado en una investigación descriptiva ex post facto de dos
meses de duración llevada a cabo a partir de mayo del año 2008,
usando observación participante y una pauta de cotejo para recolectar
los datos, este artículo analiza “Grupos” y “Causas” en
Facebook con un alcance nacional y local del Gran Concepción.
La investigación buscó describir por medio de este análisis el uso
de la red social Facebook como vehículo de apoyo a movilizaciones
y reivindicaciones sociales.
La población de interés fueron los grupos y causas de la red
social Facebook, remitidos a la Red Chile (incluyendo temas de
interés nacional) y del Gran Concepción.
Se realizó un muestreo sistemático no probabilístico, donde se
seleccionaron los 10 grupos y 10 causas con mayor número de
adherentes, tanto en la Red Chile como aquellos grupos y causas
relacionadas con la ciudad de Concepción y sus alrededores. A partir
de esta muestra se utilizó una pauta de cotejo secundaria para
relacionar grupos y causas menores, denominados “hermanos”, que
comparten temas en común con estas causas principales.
Para el análisis de los datos se realizó un resumen de las causas
principales de tal forma de extraer la información de descripción
de los datos básicos de cada grupo y posteriormente poder
agruparlos por tema de interés. En esta instancia se separaron los
grupos y causas de “interés social” de aquellas consideradas “triviales”,
por no representar necesariamente un interés mayor para
la ciudadanía.
De estos datos resumidos se realizarán búsquedas de grupos y
causas en Facebook, relacionadas con las detectadas como las
más populares. De esta forma, es posible detectar causas y gru140 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
pos asociados a aquellas definidas como más influyentes por la
cantidad de usuarios que poseen.
Resultados
La presente investigación permitió conocer las características
de las redes sociales en Internet, identificar y valorar las herramientas
y potencialidades de Facebook y, por último, analizar
con la utilización específica de dos herramientas de dicha plataforma,
en dos ámbitos geográficos del país. Permitió además
comprender el papel que la ética hacker del trabajo y la lógica de
la abundancia, producto de las redes distribuidas, han tenido en el
desarrollo del ciberactivismo en Chile y cómo se ha traducido en
instancias de protesta con características de ciberactivismo.
El estudio de los Grupos y Causas de Facebook permitió también
vislumbrar como existe una fuerte canalización del descontento
social en distintos temas que acompañan los resultados de
este proyecto. Llama la atención cómo las personas se agrupan en
torno a esta herramienta social para cambiar las situaciones que,
a su juicio, no están bien y que es necesario poner en la agenda
pública.
De los temas recogidos los más importantes, a nivel nacional,
fueron los relativos al transporte, violencia de género extrema,
ayuda social y medioambiente. Finalmente, para concluir es posible
decir que hay una importante presencia de temas contingentes
en los Grupos y Causas de Facebook. Aparentemente, las razones
que motivan esto dicen relación con la importante penetración
de los SRS en Chile.
Sobre los grupos
Los grupos se constituyen principalmente como espacios de
reunión social virtual de quienes son parte de alguna institución
y/o agrupación con raíces offline, espacios que permiten compartir
opiniones, gustos y hobbies. En general, presentan la horizontalidad
característica de las redes distribuidas, salvo algunos
casos en que el administrador maneja mayores prerrogativas (por
ejemplo, grupos privados o secretos).
Dentro de los tipos de grupos anteriormente mencionados se
encontraron algunos reunidos en torno a temas que se pueden Ecos de la Comunicación > 141
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
considerar relevantes o irrelevantes, destacando entre los primeros
las temáticas contingentes y aquellas de más largo plazo,
como por ejemplo, transporte, política y violencia de género
extrema, entre otros. Como contraparte, existen agrupaciones que
comparten su afinidad por tópicos irrelevantes, tales como: el
equipo de fútbol de la Universidad de Chile, la propuesta de la
elefanta Fresia como Miss Facebook, etc.
Aun cuando en un principio se pensó que los grupos más
populares se constituirían como meros espacios de reunión social
sustentados en asuntos triviales, prácticamente se equiparó el
número de grupos con temas relevantes (9) con aquellos relacionados
con temas triviales (11).
Entre los grupos relevantes se encontró un número importante
de temas con características de ciberactivismo: violencia de
género extrema (Ámbito Chile), política (Ámbito Chile), malas
prácticas sociales (Ámbito Chile), Delincuencia (Ámbito Chile),
aborto (Ámbito Chile) y transporte (Ámbito Gran Concepción).
Sobre las causas
Las causas se caracterizan por constituir acciones que la
mayor parte de las veces persiguen objetivos relevantes y de alto
impacto social. Por lo general, estas acciones buscan aglutinar
cada vez a mayor número de adherentes, de manera de ejercer
mayor presión social y constituir una fuerza de cambio. Para esto
las causas, en general, sugieren prácticas deseables para las personas
que las integran, herramientas necesarias para realizar gestos
que evidencien su adherencia y permitan presionar a quien
corresponda para lograr sus objetivos.
La fuerte presencia de temas relevantes y contingentes en las
causas da cuenta de la importancia de estas como espacios de participación
y opinión de las personas, y refleja una sociedad opinante
que busca cambiar las cosas para el beneficio de la
mayoría.
Estas características innatas las convierten no solo en los
espacios ideales para protestar, sino también en el soporte por
excelencia del ciberactivismo.
No obstante lo dicho, algunas causas no presentaron características
de ciberactivismo. Esto ocurrió por la ausencia de objetivos
claros de alto impacto social y falta de entrega de
herramientas de protesta, a la manera de la ética hacker.

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Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales


Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales
Emerging logic in collective action and collaborative research practices: notes for an Anthropology with and for social movements

RESUMEN
Este artículo es una reflexión sobre la relación entre la Antropología y el estudio de los movimientos sociales. En primer lugar, presento la aparición de lógicas y prácticas emergentes en el campo de la acción colectiva, nuevos protagonismos sociales cuyas características difieren de la imagen clásica de un actor político organizado. Después paso a explicar las razones por las que considero que la Antropología está mejor preparada para captar este tipo de procesos que los enfoques hoy dominantes en el estudio de los movimientos sociales, ya que la el trabajo de campo etnográfico permite aprehender estas dinámicas emergentes según se están construyendo y desplegando. Y finalmente planteo las discusiones epistemológicas y metodológicas que me llevan a defender la etnografía colaborativa -investigar junto y con los movimientos sociales y no sobre los movimientos sociales- como la aproximación que, a la vez que nos sirve para producir conocimiento en torno a estas experiencias emergentes, permite que nuestros proyectos resulten relevantes para los sujetos con quienes trabajamos.
ABSTRACT
This work analyses the relationship between Anthropology and the study of social movements. First I introduce the emergence of new types of logic and practices in the field of collective action, which sharply differ from our previous images of organized political actors. Then I explain why Anthropology is particularly suitable to grasp these types of processes, much more so that the dominant approaches in Social Movement Studies, since ethnographic fieldwork enables us to apprehend emerging dynamics as they are being built and deployed. I conclude the article by bringing collaborative anthropology into the discussion, emphasizing the epistemological and methodological features that make this proposal appropriate for implementing research projects simultaneously relevant for the academia as well as for the subjects and social movements that we are working with.
PALABRAS CLAVE
antropología colaborativa | movimientos sociales | compañeros epistémicos | reflexividad | acción colectiva emergente
KEYWORDS
collaborative Anthropology | social movements | epistemic partners | reflexivity | emerging collective action

Introducción

Estamos asistiendo en los últimos años a transformaciones profundas en las lógicas y prácticas de la acción colectiva. Emergen nuevos protagonismos sociales a partir de la diversificación y redefinición de los sujetos, espacios y demandas políticas (Norris 2002), así como de las formas organizativas, los discursos y los repertorios de acción que orientan y expresan la (re)invención de unos movimientos sociales que no se ajustan ya -si es que alguna vez lo hicieron- al modelo clásico de entidades unitarias y homogéneas claramente delimitadas. Hoy nos encontramos más bien ante estructuras reticulares complejas y áltamente heterogéneas, cuyos contornos se muestran imprecisos, desordenados y cambiantes; entramados y circuitos de solidaridad que difieren profundamente de la imagen de un actor político organizado (Diani 2003, Mendiola 2003). No hablaríamos, por lo tanto, de totalidades cerradas sino de una topología compleja de redes enredadas, constelaciones dinámicas de prácticas, afectos, herramientas y sentidos compartidos, cuyo carácter abierto -poroso, indefinido, discontinuo- no se entiende como un obstáculo para la acción colectiva, sino como uno de los elementos constitutivos de las formas de pensar, imaginar y hacer otra política hoy.

Este carácter difuso no remite únicamente a la forma o la estructura de estas experiencias novedosas, también sus criterios de pertenencia están poco codificados; su propuesta no pasa ya por (re)crear identidades colectivas fuertes ni por proponer posicionamientos ideológicos muy marcados, al considerase que en lugar de facilitar la construcción de movimiento estos acaban convirtiéndose en un obstáculo para la acción colectiva (1), sino que se busca (aprender a) intervenir políticamente -producir ideas y vínculo social, trabajar en conexión con otros y otras- sin que para ello haya que pensar igual: experimentar la cooperación entre diferentes sin negar las diferencias, hacer proliferar las prácticas organizativas sin centralizarlas, sentirse y saberse parte de procesos comunes sin construir para ello identificaciones rígidas. Estaríamos así ante lógicas de afinidad, “formas de coordinación de singularidades que constituyen sumas que no totalizan sus propios elementos” (Lazzarato 2006: 65). Y desde estas premisas se está abriendo paso un modelo de acción colectiva que podríamos denominar post-identitaria y post-ideológica, siempre que entendamos que estas categorías no remiten a una propuesta post-política o antipolítica, sino al deseo compartido de producir colectivamente otra política, donde la diversidad no es tomada como problema sino como punto de partida, horizonte y desafío. De este modo, en el marco de la sociedad red la gramática de las luchas (el conflicto social) se despliega cada vez más en términos de complejidad, afinidad, conexión y cooperación entre singularidades, una situación que nos lleva a tener que problematizar la idea de un ‘nosotros’ claramente diferenciado como precondición necesaria para la acción (Mcdonald 2002, Chesters y Welsh 2006, Flesher 2010).

Se trata de un panorama novedoso que aún estamos aprendiendo a nombrar; redes difusas que conforman una ecología de interrelaciones complejas y cambiantes (Holmes 2006: 92), y que se componen desde la construcción de vínculos -políticos y afectivos- que deben producirse y reproducirse, cuidarse y tejerse en la materialidad y en la inmanencia de las prácticas y luchas cotidianas. Estaríamos aquí ante un desplazamiento fundamental. No hablamos ya de una arquitectura de los grandes diseños o relatos políticos que se despliegan en planes ideales (ingeniería social, saberes expertos, teorías de vanguardia); sino que estamos, en su lugar, ante una concepción de la política como artesanía (Osterweil y Chesters 2007), una experimentación abierta y siempre en construcción donde el encuentro y las prácticas no derivan ya, como he dicho antes, de los corpus ideológicos o las identidades fuertes, sino de articularse en torno a problemas y malestares sociales compartidos y concretos que se expresan y se viven en ese ámbito cotidiano. Es importante insistir en esta idea: si lo cotidiano es el plano espacio/temporal central para la reproducción de las relaciones sociales capitalistas y para la vivencia de sus consecuencias más concretas -hoy, por ejemplo, la experiencia encarnada de la precariedad- parece lógico entonces que se convierta también en el campo privilegiado de las luchas, las resistencias y los proyectos colectivos de (re)invención de otras maneras de vivir y convivir. Estamos así ante una política de la vida cotidiana, un marco que debería ser también, por lo tanto, el plano en el que despleguemos nuestras investigaciones.

Un buen ejemplo de estas dinámicas emergentes que vengo señalando son las manifestaciones celebradas el 15 de mayo de 2011, y los sucesos de las semanas y meses posteriores (Castells 2012, Taibo 2011 y 2012, Cruells e Ibarra 2013, Calle 2013) (2), que denominaré como el acontecimiento/movimiento 15M. En esta línea, Fernández-Savater nos proponía pensar dicha experiencia en clave de “identidades no identitarias” (Fernández-Savater 2012: 678) y como “movimientos sociales que no son movimientos sociales” (Fernández-Savater 2012: 669). Reflexionando en clave de continuidades y discontinuidades, podríamos decir que estos elementos -estas formas novedosas de imaginar y reinventar la política desde abajo- ya estaban presentes, ya estaban siendo pensados y puestos a trabajar en diversos proyectos que venían experimentando en los últimos años en torno a las formas de hacer y a la redefinición de los dispositivos y las prácticas, pero se trataba de procesos aún muy minoritarios (3); y será en el contexto del acontecimiento/movimiento 15M cuando se expresen de manera multitudinaria. El 15M materializaba muchas de esas intuiciones políticas, pero lo hacía a una escala, un ritmo y una velocidad mucho más amplias; lo que había sido minoritario, devenía en las calles y plazas el sentido común compartido por muchos y muchas: la auto-organización, la producción de una política que no pase por la ideología o la identidad, la problematización de los malestares cotidianos, los espacios de encuentro entre diferentes, etcétera. De hecho estas ideas atravesaban el manifiesto de convocatoria de la movilización del 15 de mayo de 2011, que alejándose de los discursos militantes al uso, decía:

“Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos. Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros. Por la indefensión del ciudadano de a pie.

Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor” (Democracia Real Ya! 2011) (4).

Y fue este tipo de planteamiento el que produjo la interpelación masiva que posibilitó la apertura de un nuevo escenario en aquellas semanas, una interrupción inesperada de la normalidad que abría nuevas posibilidades para el pensamiento y la acción, y que situaba en el centro del debate preguntas y opciones que no estaban dadas de antemano. En ese sentido, es importante destacar que el acontecimiento/movimiento 15M sucedió por afuera de los movimientos sociales organizados y de los circuitos activistas tradicionales, pasó por otro(s) lado(s), hablándonos así de esas formas emergentes de la acción colectiva que se constituyen como un espacio de cualquiera (Fernández-Savater 2012: 678). Como hemos visto, desde su inicio la convocatoria para la movilización remitía con fuerza a un imaginario y un lenguaje muy inclusivos, y presuponía así la posibilidad de una comunidad abierta; los lemas que circulaban eran transversales, llamaban a muchos y muchas e invitaban a producir colectivamente esa otra política. Potencialmente cualquiera podía sentirse interpelado por una protesta contra el bajo perfil de la democracia española: una ley electoral discutible, altos niveles de corrupción, poca transparencia, ausencia de canales de participación, etc.; y también cualquiera podía sentir que había que dar alguna respuesta a la creciente precarización de nuestras vidas, y en ese sentido incidía en esa idea de dar prioridad a los problemas concretos y cotidianos, sentidos en primera persona, por encima de los planteamientos de corte más ideológico e identitario. Y esto es algo que hemos podido ver también en las diversas mareas contra los recortes presupuestarios y de derechos en educación, sanidad, etc., así como en la experiencia de la Plataforma de Afectados/as por la Hipoteca, que en la actualidad es tal vez el proyecto más sólido y con mayor capacidad de incidencia; son dinámicas de intervención más específicas que el acontecimiento/movimiento 15M pero que funcionaban desde esas mismas lógicas emergentes (la política como artesanía). Y nuestras investigaciones, nuestras preguntas y maneras de analizar no pueden permanecer ajenas a estos cambios.

¿Cómo mirar? Hacia una antropología de los movimientos sociales

En este marco de transformación de las lógicas y las prácticas de la acción colectiva es importante plantearnos algunos interrogantes. No es fácil pensar ni comprender estos procesos emergentes a partir de las categorías e imágenes que hasta ahora nos permitían reconocer a los movimientos sociales, ya que “la constitución actual de lo común no pasa por ninguna de las figuras de lo común que están instaladas en nuestro imaginario” (Pelbart 2009: 12). ¿Están sucediendo cosas que no vemos -no podemos ver- con los instrumentos, categorías y preguntas de que disponemos?, ¿nos sirven los mapas que tenemos para aproximarnos a fenómenos que implican una ruptura -una asimetría- con lo ya conocido? Si esa otra política de los movimientos sociales no está vinculada a una ideología o a una identidad compartidas a priori, entonces ¿cómo se construyen, cómo se tejen y se sostienen los vínculos que hacen posible la acción colectiva?, ¿cómo toman cuerpo esa otra política y esos otros protagonismos sociales que actúan desde y hacia la heterogeneidad? ¿Qué instrumentos, qué herramientas de análisis necesitamos para dar cuenta de procesos abiertos, de lógicas en movimiento, de configuraciones cambiantes?, y ¿cómo afecta esto al trabajo de campo y a las lógicas de representación?, ¿cómo organizar las imágenes, los discursos, las metáforas que expresan la complejidad de estos fenómenos?, ¿cómo aprehender -sin cosificarlas- sus características, sus innovaciones y continuidades?

Mi propuesta en este artículo es que los estudios hegemónicos sobre movimientos sociales presentan cierta rigidez a la hora de captar estos procesos que están en construcción. La aparición de lo que Melucci definía críticamente como un “mercado académico mundial en el campo de la investigación sobre movimientos sociales” (Melucci 1989: 195) (5) provocó que la producción de conocimiento en este área gire ahora, mayoritariamente, en torno a los problemas, discusiones y preguntas internas de la propia subdisciplina, imponiendo así las categorías analíticas del propio campo sobre los sujetos investigados, en una lógica autorreferencial que ha provocado que los estudiossobremovimientos sociales hayan perdido en gran medida su capacidad de diálogo con los movimientos sociales (Cox y Flesher 2009, Croteau et al. 2005).

Esto no siempre fue así. En su origen, el proceso de elaboración y acumulación teórica y empírica que posibilitó el surgimiento del estudio de los movimientos sociales como subdisciplina se produjo -en el ámbito norteamericano, que devendría eventualmente hegemónico- en el contexto marcado por las luchas sociales de las décadas de 1960 y 1970, el movimiento por los derechos civiles, feminista, estudiantil, o el movimiento anti-imperialista y contra la guerra de Vietnam, cuando académicos y académicas que tenían fuertes vínculos con estos procesos, o que eran directamente activistas, desafiaron las interpretaciones que en ese momento eran dominantes en el análisis de la acción colectiva. Ésta se entendía principalmente como la expresión de conductas irracionales y anómicas, lo que despolitizaba por completo su carácter y su sentido, y fue gracias a este gran impulso colectivo que pudo comenzar a analizarse desde una mirada que subrayaba el papel de los movimientos como agentes centrales en la transformación social y política de nuestras sociedades. Por ejemplo Doug McAdam, una de las figuras clave en el desarrollo de estos estudios, contaba así su propia experiencia:

“Mi primera exposición al estudio académico de los movimientos sociales tuvo lugar en 1971 cuando, para mi sorpresa, el profesor de la clase de Psicopatología dedicó varias semanas a la discusión de este tema. Digo ‘sorpresa’ porque, como participante activo en el movimiento anti-guerra, ciertamente fue una noticia saber que mi implicación en la lucha era debida a una mezcla de patología personal y desorganización social. Pero esos fueron, reflejando las teorías dominantes en aquel momento, los dos factores que se subrayaron en el curso.” (McAdam 2003: 281) (6).

El cambio que se produjo en ese contexto de efervescencia política y social fue extraordinario, e hizo posible abrir nuevos horizontes y programas de investigación. Sin embargo, mi sensación es que más allá de lo logrado -que es mucho- en este proceso de institucionalización y profesionalización los estudios sobre movimientos sociales han ido perdiendo progresivamente esa relación intensa entre academia y activismo que sí estaba presente en su origen, generándose así un distanciamiento creciente que ha bloqueado la posibilidad de elaborar preguntas compartidas (Bevington y Dixon 2005, Meyer 2005, Goodwin y Hetland 2009). Así por ejemplo, Richard Flacks afirmaba que

 ”Era posible imaginar, si estabas implicado en el campo de los estudios sobre movimientos sociales, que tus clases, tu asesoramiento y tu participación directa, así como tus esfuerzos de investigación, podían tener alguna relevancia para las prácticas y los puntos de vista de los activistas políticos. En algún punto a lo largo del camino, sin embargo, esa promesa de relevancia retrocedió (se esfumó) y una definición de objetivos mucho más ‘profesional’ y ‘disciplinaria’ pasó a primer plano” (Flacks 2004: 136) (7).

De este modo, dicha subdisciplina se fue transformando en una ciencia sedentaria, auto-referencial, que no se interesa ya por acompañar aquello que de movimiento tienen los movimientos, y que convierte en objetos a los sujetos con quienes trabaja, a los que trata como materia prima para su propia reproducción (8). Y en ese sentido, la inercia de su aparataje conceptual y teórico -que circula y se reproduce en las revistas y conferencias académicas especializadas- es en cierto modo un obstáculo para percibir y analizar dinámicas que están emergiendo.

¿Qué puede aportar en este contexto la antropología? Cartografiar lo emergente implica focalizar la mirada en los procesos según se producen y se despliegan, y para eso hay que situarse al interior de esas redes de relaciones, escuchar los discursos, conocer las prácticas, percibir la textura, el ritmo y las tonalidades de esas tramas de sentido que se construyen colectivamente. Y eso se logra a través de la inserción en el tiempo y el espacio de lo cotidiano que caracteriza al trabajo de campo etnográfico, donde como investigadores o investigadoras observamos qué sucede, escuchamos, preguntamos, sentimos, dialogamos y participamos en mayor o menor medida (9). La combinación metódica entre lo diacrónico y lo sincrónico, la atención privilegiada al proceso y a lo relacional, a lo micro-político, a esa (re)producción y transformación de los vínculos y los sentidos compartidos, es lo que va a hacer posible acercarnos a la multidimensionalidad inherente a estas experiencias reticulares y difusas; y ahí la etnografía es clave porque nos invita a mirar de manera diferente, prestando mayor atención a la contingencia, la diversidad, el dinamismo y la complejidad de los factores que se (re)combinan de maneras inesperadas. De este modo, por su carácter de disciplina indisciplinada (Comaroff 2010), y por el enorme potencial que tienen sus técnicas de producción de conocimiento para abrir nuevos horizontes de investigación y percibir lo que está por llegar, lo que está naciendo, la antropología puede jugar un papel fundamental a la hora de detectar y analizar este tipo de procesos emergentes (Hannerz 2010).

Por otro lado, he señalado cómo estas redes se conforman como entramados heterogéneos, abiertos, compuestos por una multiplicidad de niveles y cuya topología no viene dada de antemano. En este sentido, Latour afirmaba que ante este tipo de procesos donde los límites no están claramente definidos y donde las dimensiones a considerar fluctúan, la tarea del investigador o investigadora no sería imponer a priori algún tipo de orden, limitando la forma, el tamaño o el carácter de las conexiones, sino “seguir a los propios actores” (Latour 2005: 12), es decir, que sean los propios sujetos -los y las integrantes de los movimientos sociales en este caso- quienes tracen la particular geografía variable de su campo. Y aquí de nuevo la etnografía se nos muestra como una herramienta extremadamente útil, ya que no pretende sobre-codificar los discursos de los sujetos desde las categorías disciplinares, sino abrir el espacio necesario para que sean esos sujetos quienes definan el sentido (los sentidos) de sus prácticas, y propongan, desplieguen y ordenen sus propios conceptos, análisis y mapas de relaciones (Auyero y Joseph 2007, Hammersley y Atkinson 1994, Schatz 2009).

Además, y como último punto, la antropología aporta también su preocupación particular por los elementos culturales, y esto es especialmente importante si entendemos que uno de los planos fundamentales de acción de los movimientos sociales es (re)nombrar el mundo de maneras alternativas, creando y resignificando códigos e imaginarios -relatos, ideas, mitos, figuras- y ampliando así el campo de lo posible y lo pensable. Las redes subterráneas de movimientos sociales funcionan como espacios de experiencia y experimentación en los que, “se plantean nuevos problemas y preguntas, y en los que se inventan y ensayan nuevas respuestas” (Melucci 1989: 208) (10), y operan por lo tanto como “laboratorios de innovación cultural” (McAdam 1994: 55), activando un trabajo cotidiano en torno a las representaciones sociales, a la producción simbólica y a los procesos y dispositivos de subjetivación, que aparecen hoy como un ámbito clave de intervención para la acción colectiva (Escobar y Osterweil 2009).

Por todo esto, la antropología sería un enfoque privilegiado para aproximarnos a este tipo de dinámicas emergentes. Sin embargo, y a pesar de las características que acabo de mencionar, la Antropología -en comparación con la Sociología, la Historiografía o la Ciencia Política- ha tenido hasta ahora un papel bastante limitado en este campo de análisis. Hace más de dos décadas, Arturo Escobar lamentaba en un texto ya clásico la invisibilidad de los movimientos sociales en la antropología, afirmando que la investigación de algo tan heterogéneo y complejo como los movimientos sociales contemporáneos suponía de hecho un desafío que podía ayudar a profundizar la autocrítica de la disciplina, teniendo implicaciones importantes para el trabajo de campo y para la dimensión política de la escritura etnográfica, es decir, para quién escribimos y cómo; y planteando así cuestionamientos epistemológicos y metodológicos que podían ser muy fructíferos en términos de cruces innovadores entre teoría y práctica, conocimiento y acción (Escobar 1992: 419). Y más adelante, Javier Auyero (2005: 122) insistía en esta ausencia, destacando que hay mucha reconstrucción pos facto de la protesta pero que la producción de etnografía in situ sigue siendo escasa.

Esta invisibilidad, que por supuesto nunca fue completa, parecería no obstante estar cambiando a lo largo de la última década, y con mayor intensidad aún al calor de los movimientos sociales que han surgido en los últimos años. Así, por citar algunos ejemplos, puede destacarse la creación de una red de investigadores e investigadoras en antropología de los movimientos sociales dentro de la European Association of Social Anthropologists (11); la presencia creciente de esta temática en congresos de antropología, y la publicación de manuales específicos como el caso de Nash (2005), Grimberg, Macedo y Manzano (2011), o Juris y Khasnabish (2013); la edición del monográfico “Etnografías de la indignación” coordinado en 2013 por Fernández de Rota y Diz en la Revista de Antropología Experimental(12); los múltiples materiales de la carpeta “Occupy, Anthropology, and the 2011 Global Uprisings”, publicada por Cultural Anthropology en 2012 (13); los trabajos de Estalella y Corsín en torno al 15M en el proyecto Prototyping (14); así como algunos de los artículos editados por la revista Collaborative Anthropologies(15), o los presentados por el Berkeley Journal of Sociology en su foro “Understanding the Occupy Movement: Perspectives from the Social Sciences” (16). Creo que este breve recuento nos da una idea de cómo los investigadores e investigadoras parecen estar buscándose desde la necesidad y el deseo de debatir sobre intereses y problemáticas compartidas.

Un paso más allá. La dimensión colaborativa: de la relación sujeto/objeto de investigación a un diálogo de reflexividades

Sin embargo, y junto a estos elementos que vengo subrayando, creo que es importante dar un paso más allá en el análisis de las formas emergentes de la acción colectiva (17). Si no hay un trabajo epistemológico fuerte que oriente explícitamente nuestros diseños metodológicos en otra dirección, es probable que acabemos practicando por defecto etnografía sobre los movimientos sociales, y en ese caso estaremos dejando sin problematizar -y por lo tanto, reproduciremos- la asimetría y la subordinación que componen y atraviesan la relación sujeto/objeto de investigación (18). Para evitar que esto suceda es clave situar las preguntas ¿para qué? y ¿para quién? en el centro de nuestros proyectos; y en ese sentido Escobar (2008) enfatizaba la importancia de desarrollar nuestros trabajos pensando junto y con los movimientos sociales, tomando como punto de partida sus localizaciones epistémicas y políticas, y no únicamente los intereses académicos o disciplinarios. Es central además reconocer el papel de los movimientos sociales como productores de conocimiento, en un contexto en el que para muchas experiencias la producción y sistematización de saberes -situados, encarnados, creados colectivamente, surgidos en y desde las prácticas- no se piensan como un complemento o como un momento separado de la política, no son propuestas que tengan sentido aisladas: el pensamiento colectivo, la investigación militante, la experimentación política y la producción de movimiento son entendidos y vividos como hilos de un mismo tejido (Casas-Cortés, Osterweil y Powell 2008, Santucho 2012).

Ese gesto que nos propone Escobar permitiría articular investigaciones que, además de para la academia, fueran útiles para los sujetos con quienes trabajamos. Esta afirmación no esconde ningún proyecto normativo: la relevancia no puede definirse por fuera de cada situación específica, y debe ser negociada y definida colectivamente por los diferentes actores implicados; pero sería deseable que cada investigador o investigadora tuviera presente -sin dogmatismos, pero con honestidad- las cuestiones de para qué y para quién sirven los proyectos que desarrollamos. Y me estoy refiriendo aquí a la relevancia de la investigación como proceso, y no únicamente como resultado, que es como se piensa habitualmente: un texto-herramienta (o de un conjunto de ellos) que da a conocer una experiencia, que visibiliza prácticas, y genera o alimenta debates relevantes para los y las activistas. Y todo eso es necesario, pero lo que me interesa pensar -como pregunta fuerte- es cómo lograr que la investigación sea útil como proceso, y no únicamente como producto final, un gesto que nos obliga a discutir, negociar y articular intereses y definiciones que sean -al menos parcialmente- compartidos en relación al diseño y al desarrollo de la investigación. En mi opinión hacer posible este modelo de relevancia, darle cuerpo, pasa necesariamente por afirmar la reflexividad de los grupos con quienes trabajamos, e intentar que nuestras investigaciones se conecten y se recombinen de un modo creativo y productivo con sus propias conversaciones. No se trataría de “enseñar” nada al movimiento desde una posición de “experto”, sino que, como señalaba Juris, “el conocimiento etnográfico producido de manera colaborativa busca facilitar procesos de (auto)reflexión activista que ya están en marcha en relación a los objetivos, las tácticas, las estrategias o las formas organizativas de un movimiento” (Juris 2007: 165) (19); y en ese marco la tarea del investigador o la investigadora es acompañar -aprender acompañando y siendo acompañado/a-, abriendo un espacio de reflexividad dialógica y co-análisis.

Esto conlleva diversos desplazamientos. El primero es pasar de una relación de investigación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, donde se toma como punto de partida la condición de productores de conocimiento de los grupos con quienes trabajamos; como señalaban Holmes y Marcus.

“Dentro de las comunidades epistémicas que buscamos explorar, nuestros sujetos son perfectamente capaces de hacer magníficas etnografías en sus propios idiomas. En los términos de sus propios discursos situados, la función descriptiva básica de la etnografía es muy probable que ya se esté ejerciendo. A modo de artefactos, libros y memorias emergen cada día desde el interior de las mismas, por así decirlo, y explican con gran agudeza crítica cómo los procesos, instituciones y organizaciones contemporáneas más complejas y estratégicas operan y tienen sus propias culturas. No son necesarios los antropólogos para añadir ‘crítica’, orden moral o un significado superior a dichos relatos. (…) nosotros debemos, por lo tanto, reaprender nuestro método a partir de nuestros sujetos tomados como compañeros epistémicos, desde la evaluación cuidadosa de cómo ellos se involucran intelectualmente con nuestro mundo y nuestro tiempo.” (Holmes y Marcus 2008: 84) (20).

En este sentido, y como segundo desplazamiento, no estamos ya ante la categoría clásica del informante, el nativo o la nativa que proveen de información al experto, que será quien realice el análisis complejo que ellos y ellas supuestamente no podrían hacer; sino ante un escenario poblado por actores hiper-reflexivos, compañeros/as epistémicos/as, cuyas prácticas están atravesadas por el mismo ethos experimental que las del investigador, y que ponen en juego y despliegan lo que Holmes y Marcus han denominado como para-etnografía.

“Para nosotros, la figura del para-etnógrafo cambia fundamentalmente las reglas de juego de la colaboración, así como la mediación de ideas y sensibilidades englobadas por y en el intercambio etnográfico. No nos interesa la colaboración como una ‘división del trabajo’ entre los investigadores o investigadoras que controlan el diseño de un proyecto, ni como la base para combinar saberes expertos académicos o como un gesto hacia la interdisciplinariedad canónica. La idea es, de nuevo, integrar completamente la agudeza analítica y las percepciones de nuestros sujetos para definir las temáticas que se ponen en juego en nuestros proyectos, así como los medios a través de los cuales vamos a explorarlas” (Holmes y Marcus 2008: 86) (21).

No estaríamos por lo tanto ante el imaginario de la investigación etnográfica como caza o captura del que hablaba Malinowski, sino ante una lógica de cooperación, pensada en clave de un caminar compartido (22). Una idea que se ha venido planteando desde diferentes escenarios: la conexión entre diversos elementos de la Investigación Acción Participativa y la antropología (Greenwood 2000), las propuestas de la sociopraxis (Villasante 2006), la etnografía doblemente reflexiva (Gunther Dietz 2011), o los aportes de la antropología feminista y las metodologías decoloniales son algunos de los enfoques y herramientas que nos permiten acercarnos a ese horizonte colaborativo que vengo señalando, y cuyas principales características voy a detallar a continuación.

En primer lugar, las propuestas colaborativas implican repensar/resignificar la práctica de colaboración -que es por definición inherente a la etnografía- para situarla deliberada y explícitamente como la columna vertebral que oriente y dé sentido al diseño de todas y cada una de las fases de la investigación: desde la formulación del proyecto hasta el trabajo de campo, el análisis y la escritura, poniendo en discusión con los sujetos con quienes trabajamos las representaciones que serán elaboradas a partir de los datos producidos (Lassiter 2005: 132). La colaboración se entiende, por lo tanto, como producción conjunta e implica idealmente un proceso continuo de diálogo, ensayo y (re)negociación de una agenda compartida y de los objetivos -no siempre coincidentes- de los diferentes actores.

En este sentido, situar las prácticas colaborativas como eje del proceso de investigación modifica profundamente el carácter del trabajo de campo, que pasa de ser un espacio/tiempo de producción o recolección de datos, anterior y separado del momento del análisis, a ser un espacio/tiempo en el que se despliegan dinámicas colectivas (talleres, cartografías, etc.) de co-teorización y co-conceptualización (Vasco 2002, Rappaport 2007 y 2008) que serán los que den lugar a la producción de conocimiento. Por eso no tiene sentido hablar, como sí hacen otras propuestas, de una fase posterior de devolución del análisis elaborado por el investigador/experto, sino que nos estamos situando en otro plano, en una lógica de la investigación como artesanía, en la que lo importante es pensar juntos y juntas: abrir espirales de “acción-reflexión-acción” en las que la reflexión colectiva sobre la práctica vaya construyendo nuevas reflexividades y posibilidades de acción más creativas. Un escenario, por lo tanto, en el que es central el cuidado del proceso, y donde nuestra tarea como investigadores e investigadoras es situarnos en clave de transducción, entendiendo que el análisis es compartido y que ésa es justamente la mayor riqueza de estos proyectos.

Es fundamental señalar, además, que al abrir espacios y tiempos de codecisión en el diseño y análisis de la investigación, la etnografía colaborativa desestabiliza la asimetría de poder (la violencia simbólica) implícita en la relación sujeto investigador/objeto investigado, estableciendo una situación en la que “para que los sujetos de la investigación tengan un grado adicional de control real, el investigador o investigadora tendrán que delegar una parte significativa de su propio control” (Hale 2008: 15) (23).

Y creo que es importante entender esta pérdida de control más como una oportunidad que como un problema; se trata de una propuesta desde la complejidad, sin garantías, experimental y que no está -no puede estar- exenta de tensiones (Leyva y Speed 2008), pero que nos permite situar con fuerza la cuestión de la relevancia (la utilidad para las personas con quienes trabajamos) en el centro del proyecto, a la vez que producimos análisis académicos más ricos y profundos al acceder a planos de acción a los que resultaría difícil llegar desde otras aproximaciones. Cuanto más puedan apropiarse del proyecto los sujetos con quienes trabajamos, aunque sea parcialmente, más rico va a ser el análisis compartido, y mayores nuestras opciones de observar -en su producción material y concreta- los procesos de construcción y redefinición colectiva de las categorías, los sentidos y las nociones comunes sobre las que se asienta y se despliega la acción colectiva. Entiendo que esa pérdida de control deja al investigador o investigadora en una posición ambigua, en algún lugar indefinido -entremedias- de la academia y de los movimientos, y que habitar y sostener esa situación puede activar tensiones que son difíciles de gestionar. Realizar un trabajo que resulte creíble y sólido en los dos ámbitos, el académico y el de los movimientos sociales, es tal vez la más destacada y hay un riesgo evidente en intentar mantener esta doble lealtad: acabar por no hacer bien ninguna de las dos cosas, no cumplir con las expectativas, las demandas ni los criterios de aceptación y validación de estos dos ámbitos. Pero a la vez insisto en que esa incomodidad y esa ambigüedad pueden abrirnos posibilidades inesperadas si somos capaces -junto y con los sujetos con quienes trabajamos- de aprender a habitar creativamente esa tensión e intentamos declinarla de manera productiva (Hale 2008: 23).

En este sentido, Rappaport (2008: 23) planteaba una serie de condiciones ideales para la realización de una etnografía colaborativa: en primer lugar, el compromiso de sostener un diálogo a largo plazo, lo que no siempre es posible; en segundo lugar, un grado significativo de confianza entre las partes que generalmente nace de una relación construida durante años; y como tercer factor, la presencia de un grupo de interlocutores que puedan asumir y liderar el proceso de co-teorización. Fuera del cuerpo de su artículo, como una nota al final del texto, la autora presentaba una cuarta condición, afirmando que afrontará mejor el reto de la investigación colaborativa quien ya sepa cómo hacer una buena etnografía. No obstante, tiene que quedar bien claro que el trabajo colaborativo no debe entenderse como la “nueva manera correcta” de hacer etnografía (Field 2008: 42); simplemente es una lógica y una herramienta, o combinación de herramientas, que se adaptan mejor a cierto tipo de situaciones de investigación y que pueden responder mejor a determinadas preguntas, pero no es una receta. Ni siquiera hay una única forma de hacer etnografía colaborativa; hay etnografías colaborativas en plural, y en cada caso habrá que buscar las estrategias específicas que mejor se adapten al contexto particular. Lo fundamental es mantener en el centro de nuestras investigaciones el cuestionamiento sobre los modos de producción y validación del conocimiento: para qué y para quién se produce, cómo se produce, y cuáles son los criterios para considerar un determinado saber como legítimo (o como ilegítimo, no importante, desechable), y desplegar las estrategias metodológicas que nos permitan abrir otros horizontes para y desde nuestros proyectos.

Conclusiones

El objetivo de las propuestas colaborativas, apoyándose en ese desplazamiento central que supone pasar de una relación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, es romper con las asimetrías propias de las situaciones de investigación, desbordar las lógicas disciplinarias auto-referenciales y lograr que nuestros proyectos sean útiles y relevantes para las personas con las que trabajamos. Insisto en que estas propuestas no van a ser aplicables a todas las situaciones de investigación, pero considero que en el caso concreto del estudio de la acción colectiva son sin duda una herramienta de gran valor.

Frente a la inercia auto-referencial de los estudios sobre movimientos sociales, pensar y producir conocimiento junto y con los movimientos sociales demanda reconstruir espacios de diálogo y colaboración, y situar en el centro de la investigación los temas y las preguntas que emerjan de dicho diálogo. Es obvio que ambas dimensiones son distintas, academia y movimientos sociales no son lo mismo y no tienen porqué serlo, pero sin duda es posible articular procesos de escucha y conversaciones que permitan crear proyectos parcialmente compartidos. Estaríamos participando así en ese reto epistemológico y metodológico para la antropología que, como decía Escobar más arriba, remite a la dimensión política de la escritura etnográfica: para quién y cómo escribimos.

Por otro lado, quiero reiterar que situar la relevancia en el centro de nuestros proyectos, intentar que sean útiles para la gente con la que estamos trabajando, y hacer una etnografía de calidad, que pueda aportar respuestas y -sobre todo- preguntas inteligentes, no son incompatibles. No hay que elegir entre estas dos opciones. Todo lo contrario; pensar junto y con las personas que están dando cuerpo a esos nuevos protagonismos sociales es la mejor manera posible de alcanzar una comprensión más rica de estos fenómenos. Si nuestras propuestas están integradas dentro de las dinámicas internas de los movimientos, eso nos permitirá participar en situaciones de discusión y análisis colectivo que multiplicarán la riqueza y la complejidad de nuestras investigaciones. Tomarse en serio el carácter de compañeros epistémicos de las personas con las que trabajamos implica poner en el centro los momentos en los que ellos y ellas reflexionan colectivamente sobre sus propias categorías de sentido, y en los que las redefinen y resignifican. En unas redes y experiencias donde la reflexión conjunta sobre la práctica política es entendida en sí misma como una práctica política, estos encuentros son un contexto de máximo interés para comprender la reinvención de la acción colectiva, ya que es ahí donde se reactivan los procesos de experimentación en torno a las formas de hacer. Ése es el laboratorio donde se tejen las lógicas y los dispositivos emergentes: conversaciones, relaciones, conflictos y decisiones en las que se elaboran y se ponen en circulación categorías -formas de percibir y nombrar el mundo- que intentan catalizar la movilización y que son centrales para entender cómo ésta toma forma, se hace visible y va cambiando. Un proceso siempre en transformación mediante el que los movimientos construyen sentido. Ahí es donde tenemos que situarnos escuchando, acompañando y aprendiendo, en esa reflexividad creativa y compartida, en esa lógica de la artesanía de la política y de la investigación. Es ahí también donde seremos capaces de plantear preguntas con las que no solo la academia, sino también los y las protagonistas de estas experiencias, agentes reflexivos en permanente redefinición, quieran seguir caminando.

Hemos visto como el modelo dominante en el estudio de la acción colectiva ha ido perdiendo esta conexión, y al hacerlo ha profundizado las asimetrías que he tratado de problematizar en estas páginas: sujeto/objeto, teoría/práctica, saberes expertos/saberes cotidianos, etc. Hemos destacado también lo que la antropología puede aportar a este campo de análisis, y sabemos además que está empezando a hacerlo con mayor intensidad; como he mencionado proliferan los espacios de encuentro y la producción de textos en este sentido, y justamente por eso estamos en el mejor momento para replantear la discusión sobre las lógicas y prácticas colaborativas de investigación. Perder cierto grado de control sobre los proyectos en los que nos implicamos no solo no es un problema, sino que nos sitúa ante una oportunidad extraordinaria: imaginemos una etnografía sobre las formas emergentes de acción colectiva que resultara desbordada -llevada más allá de sus propios límites epistemológicos y metodológicos- por esas mismas prácticas emergentes de acción colectiva, ¿qué más podríamos pedir como investigadores e investigadoras?


Notas

1. Me refiero obviamente a estas formas emergentes de la acción colectiva; para otros actores y otro tipo de reivindicaciones las identidades fuertes siguen siendo fundamentales. Por poner un ejemplo cercano, tan solo hay que pensar en los diferentes proyectos de carácter nacionalista que están en disputa en el estado español, para los que la cuestión identitaria es absolutamente clave. Esto no invalida mis argumentos, sino que remite a la imposibilidad de explicar la heterogeneidad de los movimientos sociales desde una perspectiva o teoría unitaria (Santos 2001: 180).

2. Ver el trabajo de Fernández-Savater en http://blogs.publico.es/fueradelugar/tag/apuntes-de-acampadasol y http://www.eldiario.es/interferencias/ficcion-politica-15-M_6_71452864.html. Así como los materiales producidos por el programa Sociedad Civil y Comunicación de la UOC http://civilsc.net; y el grupo de investigación DatAnalysis15M http://datanalysis15m.wordpress.com.

3. Es el caso de V de Vivienda, o de la red de Oficinas de Derechos Sociales. Sin embargo, y por señalar antecedentes en un sentido más amplio, creo que es importante destacar el papel jugado por el despliegue del movimiento global, que marcó un punto de no retorno en relación a la primacía de las formas de organización en red, horizontales, flexibles, descentralizadas y sin una estructura ni un sujeto político (ni una ideología ni una identidad cerradas) que pudieran sobre-codificar los procesos de coordinación autónoma de las iniciativas que daban vida a ese heterogéneo movimiento de movimientos (Wainwright et al. 2007). Por otro lado, junto a las semejanzas hay también diferencias notables; el movimiento global tenía un carácter eminentemente nómada, los y las militantes se desplazaban de un lugar a otro del planeta señalando los centros políticos, económicos y militares de la gobernanza transnacional -las cumbres del G8, el Banco Mundial, el FMI, la OTAN, la OMC, la UE, etc.- o para asistir a los encuentros del propio movimiento: el Foro Social Mundial o los múltiples foros regionales. Por el contrario, en el ciclo actual las protestas están claramente territorializadas, y retoman además como objetivo prioritario de intervención las instituciones y los actores estatales y locales; esto no quiere decir que no haya referencias a otros niveles, como vemos en los países del sur de Europa en relación a las medidas adoptadas por el BCE, la Comisión Europea y el FMI, pero cada una de las luchas -la llamada Primavera Árabe, o las protestas de distinta intensidad en Islandia, Portugal, Grecia, México, Senegal, Turquía, Reino Unido, Israel, España, Estados Unidos o Brasil- respondían a la especificidad de sus propias coordenadas estatales (eso no impide, por otro lado, que se reconozcan a sí mismas como parte de una ola global más amplia, en cuyo interior las influencias son obvias y circulan -a través principalmente de las redes sociales- con gran rapidez de unas experiencias a otras).

4. Consultar el manifiesto completo de Democracia Real Ya! en http://www.democraciarealya.es/manifiesto-comun

5. En inglés en el original, traducción propia.

6. En inglés en el original, traducción propia.

7. En inglés en el original, traducción propia.

8. Las principales revistas en lengua inglesa en el campo de estudio de los movimientos sociales siguen esta pauta, en especial Mobilization, fundada en 1996, y considerada como la más importante en este ámbito. La excepción a la regla es la revista Interface: a journal for and about social movements, activa desde 2009 y que nace con el objetivo explícito de romper con esa auto-referencialidad disciplinaria; ver http://www.interfacejournal.net/who-we-are/

9. Esto no debería entenderse como una defensa de las fronteras disciplinares; considero que toda investigación en ciencias sociales debe ser transdisciplinar. Es únicamente un llamamiento a desestabilizar las posiciones hegemónicas en el estudio de la acción colectiva, y un intento de mostrar lo que la antropología podría aportar en ese proceso.

10. En inglés en el original, traducción propia.

11. Más recientemente, se constituyó el grupo temático Antropología y Movimientos Sociales, dentro del Instituto Madrileño de Antropología, que en marzo de 2013 organizó el seminario “Entre la participación y la reflexividad: antropología y movimientos sociales”, con contenidos similares a los que intento poner en discusión en este artículo. Ver http://antropologiaymovimientossociales.wordpress.com/2013/03/03/entre-la-participacion-y-la-reflexividad-antropologia-y-movimientos-sociales/

12. Ver http://www.ujaen.es/huesped/rae/

13. Ver http://culanth.org/fieldsights/63-occupy-anthropology-and-the-2011-global-uprisings

14. Ver http://www.prototyping.es/tag/15m.

15. Ver http://muse.jhu.edu/journals/collaborative_anthropologies/toc/cla.1.html

16. http://bjsonline.org/2011/12/understanding-the-occupy-movement-perspectives-from-the-social-sciences/

17. Estas reflexiones surgen a partir del trabajo de campo realizado durante mi tesis doctoral, actualmente en fase de escritura, y que ha consistido en una aproximación etnográfica a la red de Oficinas de Derechos Sociales (ODSs), creada en la segunda mitad de la década del 2000, pero que tenía su origen al interior de redes y comunidades de activismo que compartían una amplia trayectoria previa de proyectos comunes en torno a la precariedad, a la cuestión de las migraciones y el régimen de fronteras, y a la experimentación en torno a las formas de hacer política desde los movimientos sociales. A nivel metodológico, el trabajo de campo de la investigación se desarrolló en 10 nodos de la red situados en Málaga, Zaragoza, Terrassa, Sevilla, Pamplona/Iruña, Barcelona y Madrid; y se basó en: los materiales elaborados por los y las integrantes de la red (informes internos, correos electrónicos, textos de reflexión, etc.); episodios de observación participante en múltiples contextos; una primera fase de entrevistas en profundidad realizadas en los distintos nodos; y por último, y aquí es donde tomaba forma la dimensión colaborativa, en una segunda fase de talleres de discusión y análisis colectivo, diseñados y elaborados (tanto a nivel metodológico como de contenidos) junto y con los y las activistas de la red a partir de los materiales producidos en la primera fase de trabajo de campo. Sobre investigaciones desarrolladas desde la etnografía colaborativa, ver también los trabajos de Leyva y Speed (2008), Vasco (2002), y el proyecto InterSaberes coordinado por Gunther Dietz en la Universidad Veracruzana, Mexico, http://www.intersaberes.org/

18. De hecho, el giro producido en el estudio de la acción colectiva hacia propuestas más dinámicas y relacionales ha hecho que un número creciente de autores y autoras reconozca y enfatice la importancia de la etnografía en el estudio de los movimientos sociales, debido a su capacidad para brindar acceso a los procesos políticos según se despliegan (McAdam 2003, McAdam, Tarrow y Tilly 2008), pero incluso cuando se comparte la herramienta el uso que se hace de la misma y la lógica desde la que se emplea son muy diferentes. Ni los objetivos, ni las preguntas ni las preocupaciones son coincidentes, y ésa es la razón por la que me parece importante alejarse de las orientaciones dominantes en el estudio de los movimientos sociales.

19. En inglés en el original, traducción propia.

20. En inglés en el original, traducción propia.

21. En inglés en el original, traducción propia.

22. Fueron los grupos estudiados por la antropología quienes, cansados ya de ser pensados y tratados como objetos, y de ver negada su capacidad y su legitimidad para construir sus propios relatos sobre sí mismos, empezaron a cuestionar de manera insistente el derecho (¿tú quién eres y por qué vienes a investigarme?) y las intenciones (¿para qué, para quién y cómo vas a hacerlo?) de los investigadores e investigadoras, exigiendo un mayor control tanto del proceso de construcción como del contenido de las representaciones que la antropología elaboraba en torno a sus formas de vida. Esta ‘rebelión’ de los sujetos subalternos/subalternizados, en la que tuvieron un papel fundamental las luchas anticoloniales y feministas, ya desde la década de 1960, ejerció un impacto incuestionable sobre la disciplina, problematizando y desestabilizando la autoridad -los discursos de verdad- de la antropología, y exigiendo la articulación de relaciones y prácticas más igualitarias, recíprocas y negociadas, diálogos compartidos (no exentos de conflictos, como toda relación social) frente a una antropología tradicionalmente extractiva y colonial. Este conjunto de críticas y debates se fue desarrollando tanto fuera como dentro de la academia, debido por un lado al empuje de esos movimientos, que lograban crear o conquistar espacios contrahegemónicos al interior de la universidad, y por otro al compromiso de científicos y científicas sociales que rechazaban la hegemonía de un canon que consideraban eurocéntrico, colonial y patriarcal. La combinación de estos factores impulsó la reflexión y experimentación en torno a metodologías que pudieran desbordar o revertir la división entre teoría y práctica, sujeto y objeto de investigación, etc.

23. En inglés en el original, traducción propia.


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NÚCLEO DE SOCIOLOGÍA DEL ARTE Y DE LAS PRÁCTICAS CULTURALES DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA, FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE


NÚCLEO DE SOCIOLOGÍA DEL ARTE Y DE LAS PRÁCTICAS CULTURALES DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA, FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

 

QUIÉNES SOMOS

 Objetivo:

 Creación de una comunidad de investigadores que permita producir y mutualizar conocimientos en torno a las artes y a las prácticas culturales en nuestro país

.Descripción

:El Núcleo de Artes y Prácticas Culturales del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, se constituye como un espacio de intercambio para investigadores e investigadoras, que busca abrir nuevas vías a la producción y a la difusión del conocimiento en torno a las relaciones entre arte y sociedad.

La iniciativa parte de la convicción de que las obras de arte, sus procesos de producción e interpretación, pueden devenir en objeto de una aproximación interdisciplinaria que convoque diversos horizontes teóricos y metodológicos (historia del arte, estética, literatura, estudios teatrales, musicología, etc.) cuyo análisis puede constituir nuevos conocimientos sobre la vida social.Las ciencias humanas, y de manera particular la sociología del arte y de la cultura, pueden contribuir a la articulación de estos campos de estudios, rompiendo con la relativa fragmentación de los grupos de investigación a través de la creación de una red interdisciplinaria.

Esta articulación puede adquirir su relevancia en distintas dimensiones:- teórica: a través del cruce entre perspectivas de investigación y autores(as) de distintos horizontes epistemológicos y disciplinarios que han dedicado una parte de su producción a problematizar cuestiones relativas a las artes y la sociedad

.- institucional: a través de la creación de grupos de estudios interdisciplinarios en torno a las artes y la cultura que incorporen disciplinas de ciencias sociales, humanidades y creación artística en distintas facultades de la Universidad de Chile (Cs. Sociales, Filosofía y Humanidades, Artes….Arquitectura)

- docencia: promoviendo la articulación entre artes y ciencias sociales a través de la incorporación de nuevas perspectivas en sociología de la cultura actualmente ausentes en el contexto chileno (por ejemplo: sociología del público, del cine, del teatro, de la música). Recíprocamente, esta línea de trabajo llevará a proponer a otras carreras de la facultad de pre-grado y post-grado de la Universidad (Facultad de Artes, Musicología, Teatro, etc.) asignaturas que impliquen analizar las relaciones entre arte y sociedad, incorporando en análisis sociológico a estas realidades, que vendrá a complementar las perspectivas de investigación específicas de cada disciplina.-

investigación: contribuir al desarrollo de proyectos de investigación sobre las relaciones entre arte y sociedad desde una perspectiva interdisciplinaria que incorporen a investigadores nacionales y extranjeros. Entre estos se cuenta el vínculo con el Grupo de Investigaciones Internacional CNRS OPuS (Obras-Públicos-Sociedades) y el proyecto de creación de una Red Latinoamericana de estudios sobre artes y prácticas culturales.-

extensión: la existencia de un grupo permanente de investigación dedicado a investigar las artes y las prácticas culturales permitirá la organización de actividades de extensión (Seminarios, Jornadas de estudio, Coloquios) en colaboración con universidades chilenas y extranjeras y con otros actores del mundo artístico e institucional (p.ej. el Consejo Nacional de la cultura y las artes, el Consejo de la música, el Consejo del libro, Centro Cultural Palacio La Moneda, Centro Cultural Matucana 100, Fundación Violeta Parra, etc.)

Modo de funcionamiento:El grupo funciona a través de reuniones mensuales realizadas en el Departamento de Sociología de la Universidad de Chile en las que se presentan resultados de investigaciones de sus miembros o de invitados que traten temáticas relacionadas con el arte y la cultura. Las presentaciones también pueden ser de carácter teórico, optando para ello por el tratamiento de temáticas y conceptos presentes de manera transversal en los intereses del grupo. En él participan académicos y estudiantes de post-grado y pre-grado.A fin de ir desarrollando líneas de investigación específicas, se han creado líneas temáticas de trabajo entre las cuales destacan: culturas populares, literatura, estudios culturales, teatro y teatralidades, perspectivas teóricas de la sociología del arte, música y sociedad, artes visuales, entre otras que puedan ir surgiendo durante el funcionamiento del Núcleo.

vía Quiénes somos.

Marxismo, feminismo y liberación de la mujer


Marxismo, feminismo y liberación de la mujer.

 

Marxismo, feminismo y liberación de la mujer
Sharon Smith · · · · ·
10/03/13

 

Inessa Armand, la primera dirigente del Departamento de la Mujer en la Revolución Rusa de 1917, hizo la siguiente observación: “Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer”. Esta afirmación es un perfecto resumen de la relación entre la lucha por el socialismo y la lucha por la liberación de la mujer: no es posible una sin la otra.

La tradición marxista asume, desde sus orígenes, con los escritos de Karl Marx y Friedrich Engels, la lucha por la liberación de la mujer. Ya desde el “Manifiesto Comunista”, Marx y Engels argumentaron como la clase dominante oprime a las mujeres, relegándolas a “ciudadanas de segunda clase” en la sociedad y dentro de la familia: “el burgués ve en su mujer un mero instrumento de producción…, no sospecha siquiera que el verdadero objetivo que perseguimos [los comunistas] es el de acabar con esa situación de las mujeres como mero instrumento de producción”.

Marx no dedicó mucho espacio en El Capital a describir el papel que cumple el trabajo domestico de las mujeres bajo el capitalismo. Tampoco examinó el origen de la opresión de la mujer en la sociedad de clases, a pesar de que tomó extensas notas etnológicas sobre este tema hacia el final de su vida.

Después de la muerte de Marx, Engels utilizó algunas de aquellas notas para su libro: “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado”, donde analizaba el surgimiento de la opresión de las mujeres como el producto de la aparición de la sociedad de clases y de la familia nuclear. A pesar de que han sido necesarias varias revisiones para actualizar las tesis del libro de Engels, fueron pioneras, en su momento, como contribución a la comprensión de la opresión de las mujeres; en particular, porque Engels escribía en la Inglaterra victoriana, que no era, desde luego, una era ilustrada en lo que se refiere a la situación de las mujeres.

De hecho, en “El origen…” es más que notable la cuidadosa atención que Engels dedica a los aspectos personales de la opresión de las mujeres dentro del marco familiar, incluyendo la extrema degradación sufrida por las mujeres a manos de sus maridos, con un grado de desigualdad desconocida en las sociedades anteriores. Engels califica el surgimiento de la familia nuclear como “la derrota histórica del sexo femenino a nivel mundial”. Aunque las notas de Marx sugieren que esta derrota histórica mundial se inicia y desarrolla durante un periodo de tiempo mas extenso, precediendo y conduciendo a la aparición de la sociedad de clases, con el resultado final de un enorme retroceso en la igualdad de las mujeres respecto de los hombres.

Además, Engels sostiene explícitamente que la violación y la violencia contra las mujeres se iniciaron dentro de la familia, en sus mismos orígenes:

El hombre tomó el mando también en el hogar; la mujer fue degradada y reducida a la servidumbre; se convirtió en la esclava de su lujuria y en un mero instrumento para la producción de hijos…Para asegurar la fidelidad de su mujer y por tanto, la paternidad de sus hijos, es entregada sin condiciones al poder del marido; si él la mata, solo está ejerciendo sus derechos”.

Engels también explicó cómo el ideal de la familia monógama en la sociedad de clases se basa en una hipocresía fundamental. Desde sus inicios, la familia ha estado marcada por el “carácter específico de la monogamia solo para la mujer, pero no para el hombre”. Mientras que los actos de infidelidad de las mujeres, son duramente condenados, sin embargo, se consideran “honorables en el hombre o, en el peor de los casos, un leve pecadillo contra la moral que se puede asumir alegremente”.

Esclavitud doméstica

Si algo se puede destacar, desde el inicio de la tradición marxista en cuanto a la emancipación de la mujer, es que el problema no ha sido nunca contemplado teóricamente como un asunto que concierne solo a las mujeres, sino como un tema en el que se debe implicar el conjunto de los lideres revolucionarios, tanto hombres como mujeres.  El revolucionario ruso León Trotsky escribió: “Para cambiar nuestras condiciones de vida, debemos aprender a mirar a través de los ojos de las mujeres”. Del mismo modo, V.I. Lenin, solía referirse a la opresión de las mujeres dentro de la familia como “esclavitud doméstica”.

La esclavitud doméstica, a la que Lenin hace referencia, es un elemento central en la teoría marxista sobre la opresión de las mujeres: la fuente de la opresión de las mujeres radica en el papel de la familia como reproductora de la fuerza de trabajo para el capitalismo, y en el papel desigual de la mujer en su seno. Mientras que la familia de las clases dominantes ha funcionado históricamente como una institución a través de la que transmitir la herencia entre generaciones, con el surgimiento del capitalismo, la familia de la clase obrera asumió la función de proporcionar al sistema una oferta abundante de mano de obra.

Es una forma muy barata para los capitalistas, pero no para los trabajadores, de reproducir la fuerza de trabajo, tanto en términos de reposición diaria de la fuerza de trabajo actual, como para su incremento numérico con generaciones futuras de trabajadores. Esta configuración sitúa casi toda la carga financiera para la crianza de los hijos y el mantenimiento del hogar sobre los hombros de las unidades familiares obreras, dependiendo básicamente de los salarios de uno o de los dos padres para la supervivencia, en lugar del gasto social del gobierno o de la clase capitalista.

El surgimiento de la familia de la clase obrera también comenzó a diferenciar claramente el carácter de la opresión que sufren las mujeres de distintas clases: el papel de las mujeres de clase alta es producir descendencia para heredar la riqueza de la familia, mientras que la función de las mujeres de la clase obrera es mantener las generaciones de trabajadores para hoy y mañana dentro de su propia familia; esto es, la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema. Engels sostenía que el papel de la “mujer proletaria” significa que “la esposa se convertía en la sirvienta principal (…) y que si lleva a cabo sus tareas al servicio privado de su familia, permanece excluida de la producción pública y sin salario; y si quiere tomar parte en la producción pública y obtener un salario independiente, no puede atender sus deberes familiares”.

Actualmente, las exigencias del trabajo y de la familia compiten entre sí y son una fuente importante de estrés para las madres trabajadoras. Sobre todo en las familias obreras que no pueden permitirse el lujo de pagar servicios externos de lavandería, limpieza, cocina y ayuda en las tareas domésticas.

Para fortalecer la institución familiar, la ideología de la clase dominante obliga a mujeres y hombres a asumir roles de genero rígidamente diferenciados, incluyendo el ideal de criadora-ama de casa para las mujeres, sometidas al varón cabeza de familia y responsable de su sustento económico, sin que importe lo poco que tienen que ver realmente esos ideales con las vidas reales de la clase trabajadora. Desde la década de los 70, la gran mayoría de las mujeres forman parte de la fuerza de trabajo y, sin embargo, perviven tanto esos ideales familiares como la idea de que la mujer esta mejor dotada para asumir las tareas domésticas dentro de la familia. El papel de la mujer como cuidadora en el seno familiar reduce su status al de ciudadanas de segunda clase dentro del conjunto social, dado que se presupone que su principal responsabilidad, y su mayor contribución, es la de estar al servicio de las necesidades individuales de su familia.

Así, comprendiendo que el papel de la familia es la clave para entender la posición de ciudadanas de segunda que padecen las mujeres en la sociedad, responderemos a las preguntas básicas: ¿porqué aún no se ha conseguido aprobar la enmienda a la constitución sobre la igualdad de derechos que garantice la igualdad básica ante la ley para las mujeres norteamericanas?; ¿porqué las mujeres son relegadas al papel de objetos sexuales, sujetas a la aprobación o desaprobación de los hombres?; ¿porqué las mujeres seguimos, aún hoy, luchando por el derecho a controlar y decidir sobre nuestro propio cuerpo y nuestra vida reproductiva? Todo comenzó con la familia, pero sus repercusiones se extienden mucho mas allá de la vida dentro de la familia.

Los líderes de la Revolución Rusa de 1917 comprendieron no solo el papel central de la familia en la raíz de la opresión de las mujeres, sino también que las dificultades para lograr la igualdad de género dentro de la familia condicionaban la liberación de la mujer en el conjunto de la sociedad. Trotsky escribió en 1920: “Lograr la igualdad real entre el hombre y la mujer dentro de la familia es un problema arduo. Todos nuestros hábitos domésticos deberán ser revolucionados antes de que pueda suceder. Y, sin embargo, es obvio que si no hay verdadera igualdad entre marido y mujer en la familia, tanto en lo cotidiano como en sus condiciones de vida, no podremos hablar seriamente de su igualdad en el trabajo, en la sociedad o incluso en la política.”

Luchar contra la opresión

También la Revolución Rusa comenzó a abordar, tanto a nivel teórico como práctico, la lucha contra la opresión como parte integral de la lucha por el socialismo, argumentando que el partido revolucionario debe de ser la “tribuna de los oprimidos”. Lenin realizó la siguiente y sucinta explicación sobre como el objetivo de la toma de conciencia revolucionaria requiere de la voluntad de los trabajadores para defender los intereses de todos los oprimidos en la sociedad, como parte de la lucha por el socialismo:

“La conciencia de clase de los trabajadores no puede ser verdadera conciencia política si los obreros no están capacitados para responder a todo tipo de tiranía, opresión, violencia o abuso, no importa la clase que se vea afectada sí, además, se forman para responder desde un punto de vista Social-Demócrata y no de otro”.

Esta formulación es extremadamente importante para entender el papel del movimiento socialista, no solo en la lucha de clases, sino también en la lucha contra toda forma de opresión. Y estaba esperando llegar aquí, para aplicar esta formula al tratamiento específico de la opresión de la mujer y lo que significa tanto en la teoría como en la práctica.

Lo que Lenin está destacando en esta cita es que aunque el sistema capitalista se basa, esencialmente, en la explotación de la clase obrera (y la clase es la clave de la división en la sociedad, entre explotadores y explotados), al mismo tiempo, el sistema capitalista también utiliza otras formas específicas de opresión para mantener el sistema. Y estas formas de opresión afectan a individuos de todas las clases, no solo a los obreros.

Un par de ejemplos, hoy bien conocidos, pueden ayudar a ilustrar este punto algo más fácilmente. Primero, el prejuicio racial: conducir cuando se es negro o mulato no es un problema que afecte solo a la clase trabajadora, los negros u otro grupo oprimido racialmente. Lo cierto es que conducir un Mercedes de alta gama, vestido con un traje caro, no te libra de ser prejuzgado racialmente y de acabar detenido por la policía.

Tomemos otro ejemplo, esta vez específico de mujeres: “el techo de cristal”. Existe una simple razón por la que las altas esferas del mundo empresarial y político siguen siendo abrumadoramente blancas y masculinas y es la del racismo y el sexismo puro y duro. Tenemos un circulo interno, blanco y masculino, rigiendo la sociedad, donde ni los negros ni las mujeres están invitados a entrar.

Sería un error decir: “¿por qué preocuparse de unos ricos? La opresión que sufren no es comparable con la que sufren la clase obrera y los pobres. Puede que sea en parte cierto, pero lo que Lenin argumentaba aquí es que la defensa de los derechos de todos los oprimidos es indispensable, no solo  para luchar eficazmente contra la opresión, sino que también es necesaria en la preparación de la clase obrera para dirigir la sociedad en interés de toda la humanidad.

¿Cómo podemos hoy día conciliar estos dos aspectos del marxismo: el papel de los revolucionarios en la auto-emancipación de la clase obrera y como adalides de todos los oprimidos, sin que importe la clase social afectada?.

Para nosotras resulta fácil abrazar la causa de las mujeres trabajadoras, formar sindicatos y organizar huelgas para reclamar el derecho a la igualdad salarial. Es una lucha obvia a la que damos nuestro apoyo incondicional. Pero lo cierto es que el mundo es mucho más complicado y algunos de los movimientos más importantes contra la opresión han surgido como movimientos no basados en la pertenencia de clase, incluyendo el feminista y la lucha por la igualdad de las mujeres.

Creo que la evidencia muestra, en particular, que los movimientos de los años 60 y principios de los 70, incluyendo los de la liberación de la mujer, el movimiento de liberación homosexual, en defensa de los derechos civiles y el nacionalismo negro, fueron poderosas luchas sociales que tuvieron un efecto transformador, tanto en la conciencia de masas en general como en la conciencia de las clases trabajadoras en particular.

Feminismo

Los avances del movimiento de liberación de las mujeres en la década de 1960 han tenido un efecto duradero en la sociedad y esa es la razón por la que la derecha se ha pasado los últimos 40 años atacando todas esas conquistas de los movimientos de mujeres. También por ello, el feminismo en sí ha sido objeto de ataques, que intentaban caricaturizar a las feministas como un grupo de mujeres amargadas, egoístas y sin sentido del humor, a las que no les gustan los hombres, ni resultan atractivas para ellos y por todo ello se pasan la vida inmersas en una mentalidad victimista, imaginando ver ataques sexistas por todos lados.

Así, en este punto de la historia, cuando el feminismo ha sufrido los últimos 40 años un ataque sostenido y sin que se vislumbre cuando acabará, lo último a lo que nos debemos sentir empujados es a atacar al feminismo. Al contrario, tenemos que defender el feminismo por principio, como defensa de la liberación de la mujer y en oposición al sexismo. ¿Cuál es la definición de feminismo?: la defensa de los derechos de la mujer en el terreno de su igualdad política, social y económica respecto de los hombres.

Lamentablemente, no todos los marxistas, ni en todo momento, comprendieron la necesidad de defender el feminismo y de valorar los enormes logros del movimiento de mujeres, ni siquiera después de que la era de los 60 dejara paso a la reacción. Esto incluye a algunos que pertenecen a nuestra propia tradición, la Tendencia Socialista Internacional que, a mi juicio, incurrió en un enfoque reduccionista de la liberación de la mujer hace algunas décadas. Y también podría añadir que nuestra propia organización, la ISO de EE UU, ha sobrellevado la marca de esa tradición en un par de puntos teóricos clave, que quiero aquí resumir brevemente.

En primer lugar, ¿qué es el reduccionismo? En su forma más pura, el reduccionismo supone que la lucha de clases resolverá el problema del sexismo por si misma, al revelar los verdaderos intereses de clase en oposición a la falsa conciencia. Este enfoque “reduce” los problemas de opresión a una cuestión de clase. También se acompaña, generalmente, de una reiteración del carácter objetivo de clase del interés de los hombres en acabar con la opresión de la mujer, sin asumir la pregunta más difícil: ¿cómo enfrentar el sexismo dentro de la clase obrera?

Obviamente, ésta somera aproximación no describe la tradición de la Tendencia Socialista Internacional que, después de los movimientos de liberación de la mujer de los años 60, se toma muy en serio la liberación de la mujer, como un elemento central de la lucha por el socialismo.

No obstante, yo diría que fue una adaptación en sentido reduccionista y una tendencia a minimizar la opresión que sufren las trabajadoras como mujeres lo que condujo a una errónea prueba de fuego teórica sobre la cuestión de como los hombres de la clase obrera se “benefician” de la opresión de las mujeres. También quiero dejar aquí claro que no estoy simplemente “señalando con el dedo”, ya que, aunque en menor medida, nosotros en la ISO de EE UU adoptamos un enfoque similar.

Hubo un conjunto de artículos y un debate a mediados de los años 80, publicados en el “International Socialism Journal”, en el que participaron algunos de los principales dirigentes del “Socialist Workers Party” (SWP) británico, que comenzaron a abordar las cuestiones que acabo de describir. No es posible aquí resumir todo aquel debate, pero si presentar algunos de sus puntos más significativos.

Empezaremos con un articulo de 1984 titulado: “Liberación de la Mujer y Socialismo Revolucionario” de Chris Harman, un destacado miembro del SWP.(Quiero aclarar que Harman fue uno de los grandes marxistas de su época, que jugó un papel clave en la formación de muchos de nosotros en la ISO. Así pues, el asunto que describo representa una pequeña, aunque significante, detracción en su, por otra parte, enorme contribución al marxismo). En su artículo Harman sostiene:

De hecho, sin embargo, los beneficios que los hombres de la clase obrera reciben de la opresión de las mujeres son en realidad marginales…Los beneficios reales se reducen a la cuestión del trabajo doméstico. La pregunta es hasta que punto los hombres de la clase obrera se benefician del trabajo no remunerado de las mujeres.

Lo que los hombres de la clase obrera ganan, directamente, en términos del trabajo de su mujer, puede ser, más o menos, estimado. Es la cantidad de trabajo que tendría que realizar él si tuviera que limpiar y cocinar para sí mismo. No podría suponer más de una hora o dos al día. Una carga pesada para una mujer que tiene que realizar ese trabajo para dos personas después de una jornada laboral remunerada, pero no una enorme ganancia para el hombre trabajador”.

No parece necesario señalar que en los comentarios de Harman se describen solo los beneficios “marginales” que reciben los hombres, sin hijos que añadir a la carga de las mujeres dentro del hogar.

Otro socialista británico, John Molyneux, contestó a los argumentos de Harman, diciendo que los beneficios de los hombres son algo más que marginales: “Harman nos dice que ello ‘supone una carga pesada para una mujer que tiene que realizar ese trabajo para dos personas después de una jornada laboral remunerada’, así pues ¿si no supone un beneficio importante para el hombre trabajador, no es necesario hacerlo?”.

Los planteamientos de Molyneux provocaron una airada respuesta de Lindsey German y Sheila McGregor, miembros del Comité Central del SWP,  a los que Molyneux contestó de la misma manera. El debate no concluyó hasta 1986. Lindsey German opinó: “Las diferencias y ventajas que los hombres tienen no son, de ninguna forma, enormes; tampoco hay  beneficios tan sustanciales como John plantea. Por consiguiente, no existe base material que permita que los hombres sean ’comprados’ a cambio de esas ventajas”.

Sheila McGregor argumentó en contra como si Molyneux estuviera en vías de abandonar el marxismo por completo: “Si debemos tener una teoría adecuada sobre la opresión de las mujeres y como luchar contra ella, necesitamos basarnos en la tradición marxista. La posición de John, de que los hombres de la clase obrera se benefician de la opresión de las mujeres, es un primer paso hacía el abandono de esa tradición”.

A lo largo de ese debate, la posición evolucionó desde la sostenida por Harman, (el carácter marginal de los beneficios obtenidos por los hombres), a la afirmación de que los hombres de la clase obrera no se beneficiaban, en absoluto, de la opresión de las mujeres, junto a la de que, incluso aquellas ventajas que tienen los hombres sobre las mujeres dentro de la familia, no son “sustanciales”.

Beneficios

Si bien es cierto que el Capital es el primer beneficiario, tanto de la opresión de las mujeres en la familia, como de toda la basura sexista que se utiliza para reforzar el papel de la mujer como ciudadana de segunda clase (y también que los hombres de la clase obrera tienen un interés de clase objetivo en la liberación de la mujer), además, yo diría que plantear todo ello, simplemente así, da lugar a la tendencia a minimizar la gravedad de la opresión que sufren las mujeres y a no tomar en serio la necesidad de combatirla dentro de la clase obrera.

Como ejemplo de esto, baste comparar los argumentos del SWP británico de la época con los comentarios del propio Lenin en 1920, en las conversaciones mantenidas con la revolucionaria alemana Clara Zetkin algunos años después de la Revolución Rusa, cuando Lenin trató, en detalle, acerca de los obstáculos para alcanzar la liberación de las mujeres.

“¿Podría haber una prueba más palpable (de la continua opresión de las mujeres) que la de la visión corriente de un hombre observando, tranquilamente, como una mujer se agota con un trabajo trivial y monótono, trabajo que consume mucha fuerza y mucho tiempo, como es el doméstico y viendo, en ella, como su espíritu se encoje, su mente ensordece, su corazón se debilita y su voluntad languidece?…muy pocos maridos, ni siquiera los proletarios, piensan en lo mucho que podrían aliviar las cargas y preocupaciones de sus mujeres o, incluso, eliminarlas por completo, si les “echaran una mano” en ese ‘trabajo de mujeres’. Pero no, eso iría contra el ‘privilegio y la dignidad del hombre’. Él exige su comodidad y su descanso…”

Debemos erradicar el viejo punto de vista de amo del esclavo, tanto en el partido como en las masas. Es una de nuestras tareas políticas, una tarea tan urgente y necesaria como es la formación de un núcleo de camaradas, hombres y mujeres, con una sólida preparación, teórica y práctica, para el trabajo del Partido entre las mujeres trabajadoras.”

El Partido Bolchevique, tanto antes como después de la Revolución, dedicó considerables recursos a la divulgación y la educación de las mujeres trabajadoras y campesinas, a través de su Departamento de la Mujer, mientras que, al mismo tiempo, argumentaba en contra de las actitudes sexistas de los hombres de la clase obrera.

Alexandra Kollontai, que fue un miembro destacado del Partido Bolchevique y una de sus principales teóricas en torno a la opresión de la mujer, asistió, en 1917, al primer Congreso Pan-Ruso de los Sindicatos, en el que hizo un llamamiento a los hombres de la clase obrera para que apoyaran la igualdad salarial de las trabajadoras. Esto es lo que dijo:

“Los trabajadores con conciencia de clase deben entender que el valor del trabajo masculino depende del valor del trabajo femenino y que, con la amenaza de sustituir la mano de obra masculina por mano de obra femenina más barata, el capitalista puede presionar sobre el nivel salarial de los hombres. Sola la falta de comprensión puede llevar a ver este tema como una mera ‘cuestión de la mujer’”.

Así que yo añadiría que, hoy en día, nuestro énfasis debería estar más en consonancia con la teoría y la práctica de los bolcheviques, no solo en cuanto a no minimizar el grado de opresión al que se enfrentan las mujeres, o cualquier grupo oprimido, dentro de la clase obrera, sino además, en realizar un serio esfuerzo, en todos los frentes, para combatirlo.

Además, la verdad es que el feminismo es un movimiento amplio y multifacético, con tendencias muy diferentes y con bases teóricas también muy diversas. Construir un “modelo de paja” con el feminismo, basándolo en sus formas más burguesas, para luego tumbarlo y finalmente pensar que ya hemos hecho nuestro trabajo intelectual, hace un flaco servicio a la lucha contra la opresión de las mujeres. Hay importantes debates entre las feministas a los que hemos permanecido ignorantes en gran parte y que pueden jugar un gran papel para avanzar en nuestra comprensión tanto de la opresión de las mujeres como del marxismo mismo.

Feminismo burgués

No estoy planteando aquí que debamos abrazar, por igual y sin posición crítica, todas las tendencias del feminismo. De hecho hay un ala específica a la que debemos tratar con hostilidad abierta: el feminismo burgués o de clase media. Las mujeres de la clase dominante y de la clase media se enfrentan a la opresión, pero eso no significa que podamos confiar en que puedan seguir una estrategia que las lleve a abordar el sufrimiento de la vasta mayoría de las mujeres que están en la clase obrera.

Por el contrario, el incremento del número de mujeres en la cúpula empresarial y en las listas electorales en los últimos 45 años institucionalizaron el feminismo de clase media bajo la forma de organizaciones como la “US National Organization for Women” y la “Feminist Majority Foundation”, que no ven un problema en dedicar su atención exclusivamente a las necesidades de las mujeres de clases profesionales y directivas.

Esto ha dado paso, desde la década de 1990, a lo que se ha dado en llamar “Power Feminism” (poder feminista). La autora feminista Naomi Wolf resume mejor este nuevo enfoque, en su libro de 1994 “Fire with Fire”. En esa obra, Wolf acuñó el término “Power Feminism” como alternativo al que llama: “Victim Feminism” (victimismo feminista) que, según la autora, incluye los “viejos hábitos” heredados por la izquierda revolucionaria de la década de los años 60, tales como el reflejo anti-capitalista, la mentalidad sectaria y la aversión al ‘sistema’”.

Wolf admite que el capitalismo es “la opresión de muchos por unos pocos”, pero añade que “suficiente dinero rescata a la mujer de mucha opresión sexual”. Este, en pocas palabras, es el mensaje de Wolf: las mujeres deben abrazar el capitalismo y conseguir todo el dinero y el poder que puedan para sí mismas. Pervirtiendo el marxismo, sostiene que ”mientras esperan la ‘revolución’, las mujeres están mejor con los medios de producción en sus propias manos…las empresas de mujeres pueden ser las células del Poder del siglo XXI.”

De hecho, Wolf asume las diferencias de clase entre las mujeres, argumentando que:“Va a haber épocas en las que las agresiones de una mujer contra otra sea saludable, incluso un energizante corolario del hecho de haber alcanzado la plena participación social…Hay mujeres que dirigen, critican y despiden a otras mujeres, y sus empleados, a veces, comprensiblemente, odiarán su coraje”.

Ninguna socialista ni feminista debe sentirse obligada a aliarse con el “Power Feminism” o con cualquier otra rama del feminismo de clase media. El feminismo burgués no es nada nuevo y el punto de vista sobre él de los bolcheviques es muy instructivo para nosotros, hoy en día. Una vez más, Alexandra Kollontai nos presenta un enfoque aplicable a la situación actual. En un panfleto de 1909, titulado: “Los fundamentos socialistas de la Cuestión de la Mujer”, explicaba por qué no puede darse una alianza entre la clase obrera y las mujeres de la clase dominante, a pesar de algunos aspectos de su opresión compartida:

“El mundo de las mujeres se divide, como el mundo de los hombres, en dos bandos: los intereses y las aspiraciones de una parte la acercan hacia la clase burguesa, mientras que la otra esta en estrecha relación con el proletariado y su propuesta libertadora incluye una solución completa de la cuestión de la mujer. Así pues, aunque ambas partes persigan en general la “liberación de la mujer”, sus objetivos e intereses son distintos. Cada uno de las partes, inconscientemente, establece sus propuestas iniciales a partir de los intereses y aspiraciones de su propia clase, lo que dota de un color específico de clase a los objetivos y tareas que establecen para si mismas…

A pesar de la aparente radicalidad de las demandas de las feministas, no hay que perder de vista el hecho de que las feministas no pueden, en razón de su posición de clase, luchar por la transformación fundamental de la sociedad, sin la que la liberación de la mujer no podrá ser completa.”

Segregacionismo

Hay una segunda corriente del feminismo que los marxistas y las feministas socialistas deben rechazar de plano, aunque desde los años 70 no se haya destacado: el segregacionismo, que insiste en que todos los hombres de la clase obrera comparten con todos los hombres de la clase dominante el sistema de patriarcado que oprime a las mujeres.

En contraste con el uso actual del término patriarcado, que se limita a describir un sistema sexista, el segregacionismo priorizó la opresión de las mujeres sobre todas las demás formas de opresión, incluido el racismo.

Como ejemplo, en el análisis que sobre la violación realiza Susan Brownmiller, en su libro publicado en 1975 “Agains our Will: Men, Women and Rape” (“Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violación”), llegó a conclusiones abiertamente racistas en su relato del linchamiento, en 1955, de Emmett Till. Till, un joven de color, tenia 14 años cuando, durante una visita veraniega a su familia de Jin Crow, en Missisipi, cometió el “crimen” de silbar al paso de una mujer blanca casada, llamada Carolyn Bryat. Una mera travesura adolescente, por la que Till fue torturado y tiroteado antes de que su joven cuerpo fuera arrojado al río Tallahatchie.

A pesar del cruel linchamiento de Till, Brownmiller describe al joven negro y a su asesino como si compartieran el mismo poder, usando un planteamiento abiertamente racista: “Rara vez un solo caso, como el de Till, sirve para exponer, con tanta claridad, los antagonismos subyacentes en el grupo social masculino por el acceso a las mujeres…En términos concretos, la accesibilidad a todas las mujeres blancas estaba en discusión”.

Otras corrientes del feminismo tienen un historial ambiguo. La teoría del sistema dual, adoptada por algunas feministas socialistas, intentaba combinar el análisis del capitalismo y del patriarcado,  pero fue ampliamente incapaz de superar la contradicción inherente al tratar de combatir estas dos estructuras paralelas. La primera requiere la unidad de hombres y mujeres trabajadores en una lucha contra el enemigo común en el capitalismo, mientras que la segunda exige la unidad de las mujeres de todas las clases contra el enemigo común en el patriarcado, del que forman parte, a su vez, los hombres de todas las clases sociales.

Una tercera corriente del feminismo, en los años 90, despojó a la teoría del patriarcado de su primacía, en un esfuerzo consciente por dar la misma prioridad a la lucha contra el racismo y por los derechos LGTB, lo que supuso un enorme paso adelante. Pero, al mismo tiempo, los seguidores de esta corriente, cayeron en la trampa postmodernista del individualismo y se retiraron de la lucha colectiva, priorizando los cambios en el estilo de vida y el lenguaje a la construcción de un movimiento que podría desafiar el sistema.

Las feministas marxistas

La corriente feminista a la que se le ha prestado menor atención es la de las feministas socialistas y las feministas marxistas, que, sin embargo, son las que han hecho la mayor contribución para avanzar en la teoría sobre la opresión de la mujer a lo largo de las últimas décadas.

Estas feministas han recibido poca atención en todos los frentes. Durante el reinado del postmodernismo, la mayoría de los postmodernistas, incluyendo a las feministas postmodernas, rechazaron su contribución por el hecho de haber adoptado una teoría unificadora (el marxismo). Al mismo tiempo, fueron también ignoradas por muchos marxistas (incluyéndonos a nosotros, la Tendencia Socialista Internacional), simplemente porque eran feministas. Solo ahora están recibiendo la atención que merecen.

Este grupo de feministas ha ido desarrollando y ampliando la comprensión marxista del papel que las mujeres juegan en la reproducción de la clase obrera como un servicio prestado al sistema capitalista. Tomando los conceptos básicos que Marx plantea en El Capital sobre el papel de la reproducción social, (es decir, el proceso por el que el sistema capitalista se mantiene y reproduce a través de generaciones), feministas como Lise Vogel, (cuyo libro Marxism and the Oppression of Womenpronto será reeditado por Haymarket Books), los retomaron donde Marx los dejó y por primera vez, desarrollaron una comprensión sofisticada del papel del trabajo domestico, usando el concepto de Marx de “trabajo necesario”.

Me gustaría también mencionar la contribución de Martha Giménez, cuya aplicación del marxismo a la opresión de las mujeres es ya larga. Al igual que Vogel, Giménez ha jugado un papel en los debates de otras feministas sobre muchos temas esenciales, como el que plantea el marxismo como un reduccionismo, al referirse a la reproducción de la fuerza de trabajo como un servicio prestado al Capital y no para los hombres. Giménez decía en 2005:

“La noción de que bajo el capitalismo, el modo de producción determina el modo de reproducción y, consecuentemente, relaciones desiguales observables entre hombres y mujeres, no es una forma de “economicismo” o un “reduccionismo de clase”, sino el reconocimiento de la compleja red de efectos de nivel macro que actúa sobre las relaciones hombre-mujer, de un modo de producción impulsado por la acumulación de capital en lugar de por el objetivo de satisfacer las necesidades de la gente. Sostener lo contrario, postulando la “mutua interacción” entre la organización de la producción y la organización de la reproducción, o dando primacía causal a esta última, es pasar por alto la importancia teórica de la abrumadora evidencia que documenta la subordinación capitalista de la reproducción a la producción”.

Estas feministas no solo han jugado un papel clave en el avance de la teoría marxista sobre la opresión de las mujeres, sino que además nos recuerdan que el marxismo es una teoría viva y de plena actualidad que está aún en proceso de desarrollo. Y que profundizar en la teoría  marxista y feminista significa también, profundizar y ampliar el potencial de futuro de nuestra práctica, en la lucha contra la opresión de la mujer.

Finalmente, creo que merece la pena enfatizar que necesitamos, no solo una teoría marxista y feminista, sino también una práctica marxista y feminista en la lucha por la liberación de la mujer. Esa práctica debe incluir  la construcción de un partido revolucionario, ya que sin un partido socialista revolucionario no puede triunfar una revolución socialista.

Aunque el éxito de la revolución socialista no garantiza automáticamente la liberación de las mujeres, si que crea las condiciones materiales para ello. Y es a través del proceso revolucionario, en todas sus etapas, desde la primera a la última, cuando los revolucionarios, en la tradición del Partido Bolchevique, tienen un papel crucial que desempeñar combatiendo toda forma de opresión, no solo desde arriba, sino también desde el interior de la clase obrera. No hay sustituto posible en ese proceso. Marx lo dejo bien claro cuando sostuvo: “La revolución es necesaria, por tanto, no solo porque la clase dominante no pueda ser derrocada de otra manera, sino porque la clase que la derroca solo puede alcanzar el éxito en la revolución si se desembaraza, ella misma, de toda esa vieja basura y se muestra capaz de construir una nueva sociedad”.

Si el papel de los revolucionarios es indispensable, seremos más eficaces si no minimizamos los desafíos a los que nos enfrentamos en la lucha contra el sexismo, dentro de la clase obrera, si los reconocemos y, sobre estas bases, somos capaces de desarrollar una estrategia que tenga como objetivo movilizar al conjunto de la clase obrera para conseguir la liberación de la mujer.

 

Sharon Smith, feminista marxista estadounidense, es autora de Mujeres y Socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lola Rivera

 

Fallece Eric Hobsbawm – Manifiesto para la renovación de la historia. Por Eric Hobsbawm


Fallece Eric Hobsbawm- Manifiesto para la renovación de la historia. Por Eric Hobsbawm

El historiador británico Eric Hobsbawm falleció en Londres, a los 95 años, este 1 de octubre de 2012.

Nacido en 1917 en Alejandría (Egipto), fue un gran defensor e investigador de la obra de Karl Marx, utilizando sus conceptos para entender los hechos que ocurren en la actualidad. Publicó más de 20 libros y numerosos artículos, varios de ellos en Le Monde Diplomatique.

A continuación reproducimos el texto completo “Manifiesto para la renovación de la historia” de Eric Hobsbawm publicado en al edición chilena de Le Monde Diplomatique, enero-febrero 2005.

En el curso de las últimas décadas el relativismo en la Historia ha armonizado con el consenso político. Es hora de “reconstruir un frente de la razón” para promover una nueva concepción de la Historia. A ello invita Eric Hobsbawm, en el discurso de cierre del coloquio de la Academia británica sobre historiografía marxista (13-11-2004).

“Hasta ahora, los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo; se trata de cambiarlo”. Los dos enunciados de la célebre “Tesis Feuerbach” de Karl Marx inspiraron a los historiadores marxistas. La mayoría de los intelectuales que adhirieron al marxismo a partir de la década de 1880 -entre ellos los historiadores marxistas- lo hicieron porque querían cambiar el mundo, junto con los movimientos obreros y socialistas; movimientos que se convertirían, en gran parte bajo la influencia del marxismo, en fuerzas políticas de masas. Esa cooperación orientó naturalmente a los historiadores que querían cambiar el mundo hacia ciertos campos de estudio -fundamentalmente, la historia del pueblo o de la población obrera- los que, si bien atraían naturalmente a las personas de izquierda, no tenían originalmente ninguna relación particular con una interpretación marxista. A la inversa, cuando a partir de la década de 1890 esos intelectuales dejaron de ser revolucionarios sociales, a menudo también dejaron de ser marxistas.

La revolución soviética de octubre de 1917, reavivó ese compromiso. Recordemos que los principales partidos socialdemócratas de Europa continental abandonaron por completo el marxismo sólo en la década de 1950, y a veces más tarde. Aquella revolución engendró además lo que podríamos llamar una historiografía marxista obligatoria en la URSS y en los Estados que adoptaron luego regímenes comunistas. La motivación militante se vio reforzada durante el período del antifascismo.

A partir de la década de 1950 se debilitó en los países desarrollados -pero no en el Tercer Mundo- aunque el considerable desarrollo de la enseñanza universitaria y la agitación estudiantil generaron en la década de 1960 dentro de la universidad un nuevo e importante contingente de personas decididas a cambiar el mundo. Sin embargo, a pesar de desear un cambio radical, muchas de ellas ya no eran abiertamente marxistas, y algunas ya no lo eran en absoluto.

Ese rebrote culminó en la década de 1970, poco antes de que se iniciara una reacción masiva contra el marxismo, una vez más por razones esencialmente políticas. Esa reacción tuvo como principal efecto -salvo para los liberales que aún creen en ello- la aniquilación de la idea según la cual es posible predecir, apoyándose en el análisis histórico, el éxito de una forma particular de organizar la sociedad humana. La historia se había disociado de la teleología 1.

Teniendo en cuenta las inciertas perspectivas que se presentan a los movimientos socialdemócratas y socialrevolucionarios, no es probable que asistamos a una nueva ola de adhesión al marxismo políticamente motivada. Pero evitemos caer en un occidentalo-centrismo excesivo. A juzgar por la demanda de que son objeto mis propios libros de historia, compruebo que se desarrolla en Corea del Sur y en Taiwán desde la década de 1980, en Turquía desde la década de 1990, y hay señales de que avanza actualmente en el mundo de habla árabe. El vuelco social

¿Qué ocurrió con la dimensión “interpretación del mundo” del marxismo? La historia es un poco diferente, aunque paralela. Concierne al crecimiento de lo que se puede llamar la reacción anti-Ranke 2, de la cual el marxismo constituyó un elemento importante, aunque no siempre se lo reconoció acabadamente. Se trató de un movimiento doble.

Por una parte, ese movimiento cuestionaba la idea positivista según la cual la estructura objetiva de la realidad era por así decirlo evidente: bastaba con aplicar la metodología de la ciencia, explicar por qué las cosas habían ocurrido de tal o cual manera, y descubrir “wie es eigentlich gewesen” [cómo sucedió en realidad]… Para todos los historiadores, la historiografía se mantuvo y se mantiene enraizada en una realidad objetiva, es decir, la realidad de lo que ocurrió en el pasado; sin embargo, no parte de hechos sino de problemas, y exige que se investigue para comprender cómo y por qué esos problemas -paradigmas y conceptos- son formulados de la manera en que lo son en tradiciones históricas y en medios socio-culturales diferentes.

Por otra, ese movimiento intentaba acercar las ciencias sociales a la historia, y en consecuencia, englobarla en una disciplina general, capaz de explicar las transformaciones de la sociedad humana. Según la expresión de Lawrence Stone 3 el objeto de la historia debería ser “plantear las grandes preguntas del ’por qué’”. Ese “vuelco social” no vino de la historiografía sino de las ciencias sociales -algunas de ellas incipientes en tanto tales- que por entonces se afirmaban como disciplinas evolucionistas, es decir históricas.

En la medida en que puede considerarse a Marx como el padre de la sociología del conocimiento, el marxismo, a pesar de haber sido denunciado erróneamente en nombre de un presunto objetivismo ciego, contribuyó al primer aspecto de ese movimiento. Además, el impacto más conocido de las ideas marxistas -la importancia otorgada a los factores económicos y sociales- no era específicamente marxista, aunque el análisis marxista pesó en esa orientación. Esta se inscribía en un movimiento historiográfico general, visible a partir de la década de 1890, y que culminó en las décadas de 1950 y 1960, en beneficio de la generación de historiadores a la que pertenezco, que tuvo la posibilidad de transformar la disciplina.

Esa corriente socio-económica superaba al marxismo. La creación de revistas y de instituciones de historia económico-social fue a veces obra -como en Alemania- de socialdemócratas marxistas, como ocurrió con la revista “Vierteljahrschrift” en 1893. No ocurrió así en Gran Bretaña, ni en Francia, ni en Estados Unidos. E incluso en Alemania, la escuela de economía marcadamente histórica no tenía nada de marxismo. Solamente en el Tercer Mundo del siglo XIX (Rusia y los Balcanes) y en el del siglo XX, la historia económica adoptó una orientación sobre todo socialrevolucionaria, como toda “ciencia social”. En consecuencia, se vio muy atraída por Marx. En todos los casos, el interés histórico de los historiadores marxistas no se centró tanto en la “base” (la infraestructura económica) como en las relaciones entre la base y la superestructura. Los historiadores explícitamente marxistas siempre fueron relativamente poco numerosos.

Marx ejerció influencia en la historia principalmente a través de los historiadores y los investigadores en ciencias sociales que retomaron los interrogantes que él se planteaba, hayan aportado o no otras respuestas. A su vez, la historiografía marxista avanzó mucho en relación a lo que era en la época de Karl Kautsky y de Georgi Plekhanov 4, en buena medida gracias a su fertilización por otras disciplinas (fundamentalmente la antropología social) y por pensadores influidos por Marx y que completaban su pensamiento, como Max Weber 5.

Si subrayo el carácter general de esa corriente historiográfica, no es por voluntad de subestimar las divergencias que contiene, o que existían en el seno de sus componentes. Los modernizadores de la historia se plantearon las mismas cuestiones y se consideraron comprometidos en los mismos combates intelectuales, ya sea que se inspiraran en la geografía humana, en la sociología durkheimiana6 y en las estadísticas, como en Francia (a la vez, la escuela de los Anales y Labrousse), o en la sociología weberiana, como la Historische Sozialwissenschaft en Alemania federal, o aun en el marxismo de los historiadores del Partido Comunista, que fueron los vectores de la modernización de la historia en Gran Bretaña, o que al menos fundaron su principal revista.

Unos y otros se consideraban aliados contra el conservadurismo en historia, aun cuando sus posiciones políticas o ideológicas eran antagónicas, como Michael Postan 7 y sus alumnos marxistas británicos. Esa coalición progresista halló una expresión ejemplar en la revista “Past & Present”, fundada en 1952, muy respetada en el ambiente de los historiadores. El éxito de esa publicación se debió a que los jóvenes marxistas que la fundaron se opusieron deliberadamente a la exclusividad ideológica, y que los jóvenes modernizadores provenientes de otros horizontes ideológicos estaban dispuestos a unirse a ellos, pues sabían que las diferencias ideológicas y políticas no eran un obstáculo para trabajar juntos. Ese frente progresista avanzó de manera espectacular entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la década de 1970, en lo que Lawrence Stone llama “el amplio conjunto de transformaciones en la naturaleza del discurso histórico”. Eso hasta la crisis de 1985, cuando se produjo la transición de los estudios cuantitativos a los estudios cualitativos, de la macro a la microhistoria, de los análisis estructurales a los relatos, de lo social a los temas culturales…

Desde entonces, la coalición modernizadora está a la defensiva, al igual que sus componentes no marxistas, como la historia económica y social.

En la década de 1970, la corriente dominante en historia había sufrido una transformación tan grande, en particular bajo la influencia de las “grandes cuestiones” planteadas a la manera de Marx, que escribí estas líneas: “A menudo es imposible decir si un libro fue escrito por un marxista o por un no marxista, a menos que el autor anuncie su posición ideológica… Espero con impaciencia el día en que nadie se pregunte si los autores son marxistas o no”. Pero como también lo señalaba, estábamos lejos de semejante utopía. Desde entonces, al contrario, fue necesario subrayar con mayor energía lo que el marxismo puede aportar a la historiografía. Cosa que no ocurría desde hace mucho tiempo. A la vez, porque es preciso defender a la historia contra quienes niegan su capacidad para ayudarnos a comprender el mundo, y porque nuevos desarrollos científicos transformaron completamente el calendario historiográfico.

En el plano metodológico, el fenómeno negativo más importante fue la edificación de una serie de barreras entre lo que ocurrió o lo que ocurre en historia, y nuestra capacidad para observar esos hechos y entenderlos. Esos bloqueos obedecen a la negativa a admitir que existe una realidad objetiva, y no construida por el observador con fines diversos y cambiantes, o al hecho de sostener que somos incapaces de superar los límites del lenguaje, es decir, de los conceptos, que son el único medio que tenemos para poder hablar del mundo, incluyendo el pasado.

Esa visión elimina la cuestión de saber si existen en el pasado esquemas y regularidades a partir de los cuales el historiador puede formular propuestas significativas. Sin embargo, hay también razones menos teóricas que llevan a esa negativa: se argumenta que el curso del pasado es demasiado contingente, es decir, que hay que excluir las generalizaciones, pues prácticamente todo podría ocurrir o hubiera podido ocurrir. De manera implícita, esos argumentos apuntan a todas las ciencias. Pasemos por alto intentos más fútiles de volver a viejas concepciones: atribuir el curso de la historia a altos responsables políticos o militares, o a la omnipotencia de las ideas o de los “valores”; reducir la erudición histórica a la búsqueda -importante pero insuficiente en sí- de una empatía con el pasado.

El gran peligro político inmediato que amenaza a la historiografía actual es el “anti-universalismo”: “mi verdad es tan válida como la tuya, independientemente de los hechos”. Ese anti-universalismo seduce naturalmente a la historia de los grupos identitarios en sus diferentes formas, para la cual, el objeto esencial de la historia no es lo que ocurrió, sino en qué afecta eso que ocurrió a los miembros de un grupo particular. De manera general, lo que cuenta para ese tipo de historia no es la explicación racional sino la “significación”; no lo que ocurrió, sino cómo experimentan lo ocurrido los miembros de una colectividad que se define por oposición a las demás, en términos de religión, de etnia, de nación, de sexo, de modo de vida, o de otras características.

El relativismo ejerce atracción sobre la historia de los grupos identitarios. Por diferentes razones, la invención masiva de contraverdades históricas y de mitos, otras tantas tergiversaciones dictadas por la emoción, alcanzó una verdadera época de oro en los últimos treinta años. Algunos de esos mitos representan un peligro público -en países como India durante el gobierno hinduista 8, en Estados Unidos y en la Italia de Silvio Berlusconi, por no mencionar muchos otros nuevos nacionalismos, se acompañen o no de un acceso de integrismo religioso-.

De todos modos, si por un lado ese fenómeno dio lugar a mucho palabrerío y tonterías en los márgenes más lejanos de la historia de grupos particulares -nacionalistas, feministas, gays, negros y otros- por otro generó desarrollos históricos inéditos y sumamente interesantes en el campo de los estudios culturales, como el “boom de la memoria en los estudios históricos contemporáneos”, como lo llama Jay Winter 9. “Los Lugares de memoria” 10 obra coordinada por Pierre Nora, es un buen ejemplo. Reconstruir el frente de la razón

Ante todos esos desvíos, es tiempo de restablecer la coalición de quienes desean ver en la historia una investigación racional sobre el curso de las transformaciones humanas, contra aquellos que la deforman sistemáticamente con fines políticos, y a la vez, de manera más general, contra los relativistas y los posmodernistas que se niegan a admitir que la historia ofrezca esa posibilidad. Dado que entre esos relativistas y posmodernos hay quienes se consideran de izquierda, podrían producirse inesperadas divergencias políticas capaces de dividir a los historiadores. Por lo tanto, el punto de vista marxista resulta un elemento necesario para la reconstrucción del frente de la razón, como lo fue en las décadas de 1950 y 1960. De hecho, la contribución marxista probablemente sea aun más pertinente ahora, dado que los otros componentes de la coalición de entonces renunciaron, como la escuela de los Anales de Fernand Braudel, y la “antropología social estructural-funcional”, cuya influencia entre los historiadores fuera tan importante. Esta disciplina se vio particularmente perturbada por la avalancha hacia la subjetividad posmoderna.

Entre tanto, mientras que los posmodernistas negaban la posibilidad de una comprensión histórica, los avances en las ciencias naturales devolvían a la historia evolucionista de la humanidad toda su actualidad, sin que los historiadores se dieran cabalmente cuenta. Y esto de dos maneras.

En primer lugar, el análisis del ADN estableció una cronología más sólida del desarrollo desde la aparición del homo sapiens en tanto especie. En particular, la cronología de la expansión de esa especie originaria de África hacia el resto del mundo, y de los desarrollos posteriores, antes de la aparición de fuentes escritas. Al mismo tiempo, eso puso de manifiesto la sorprendente brevedad de la historia humana -según criterios geológicos y paleontológicos- y eliminó la solución reduccionista de la sociobiología darwiniana 11.

Las transformaciones de la vida humana, colectiva e individual, durante los últimos diez mil años, y particularmente durante las diez últimas generaciones, son demasiado considerables para ser explicadas por un mecanismo de evolución enteramente darwiniano, por los genes. Esas transformaciones corresponden a una aceleración en la transmisión de las características adquiridas, por mecanismos culturales y no genéticos; podría decirse que se trata de la revancha de Lamarck 12 contra Darwin, a través de la historia humana. Y no sirve de mucho disfrazar el fenómeno bajo metáforas biológicas, hablando de “memes” 13 en lugar de “genes”. El patrimonio cultural y el biológico no funcionan de la misma manera.

En síntesis, la revolución del ADN requiere un método particular, histórico, de estudio de la evolución de la especie humana. Además -dicho sea de paso- brinda un marco racional para la elaboración de una historia del mundo. Una historia que considere al planeta en toda su complejidad como unidad de los estudios históricos, y no un entorno particular o una región determinada. En otras palabras: la historia es la continuación de la evolución biológica del homo sapiens por otros medios.

En segundo lugar, la nueva biología evolucionista elimina la estricta diferenciación entre historia y ciencias naturales, ya eliminada en gran medida por la “historización” sistemática de estas ciencias en las últimas décadas. Luigi Luca Cavalli-Sforza, uno de los pioneros pluridisciplinarios de la revolución ADN, habla del “placer intelectual de hallar tantas similitudes entre campos de estudio tan diferentes, algunos de los cuales pertenecen tradicionalmente a los polos opuestos de la cultura: la ciencia y las humanidades”. En síntesis, esa nueva biología nos libera del falso debate sobre el problema de saber si la historia es una ciencia o no.

En tercer lugar, nos remite inevitablemente a la visión de base de la evolución humana adoptada por los arqueólogos y los prehistoriadores, que consiste en estudiar los modos de interacción entre nuestra especie y su medio ambiente, y el creciente control que ella ejerce sobre el mismo. Lo cual equivale esencialmente a plantear las preguntas que ya planteaba Karl Marx. Los “modos de producción” (sea cual fuere el nombre que se les dé) basados en grandes innovaciones de la tecnología productiva, de las comunicaciones y de la organización social -y también del poder militar- son el núcleo de la evolución humana. Esas innovaciones, y Marx era consciente de eso, no ocurrieron y no ocurren por sí mismas. Las fuerzas materiales y culturales y las relaciones de producción son inseparables; son las actividades de hombres y mujeres que construyen su propia historia, pero no en el “vacío”, no afuera de la vida material, ni afuera de su pasado histórico. Del neolítico a la era nuclear

En consecuencia, las nuevas perspectivas para la historia también deben llevarnos a esa meta esencial de quienes estudian el pasado, aunque nunca sea cabalmente realizable: “la historia total”. No “la historia de todo”, sino la historia como una tela indivisible donde se interconectan todas las actividades humanas. Los marxistas no son los únicos en haberse propuesto ese objetivo -Fernand Braudel también lo hizo- pero fueron quienes lo persiguieron con más tenacidad, como decía uno de ellos, Pierre Vilar 14.

Entre las cuestiones importantes que suscitan estas nuevas perspectivas, la que nos lleva a la evolución histórica del hombre resulta esencial. Se trata del conflicto entre las fuerzas responsables de la transformación del homo sapiens, desde la humanidad del neolítico hasta la humanidad nuclear, por una parte, y por otra, las fuerzas que mantienen inmutables la reproducción y la estabilidad de las colectividades humanas o de los medios sociales, y que durante la mayor parte de la historia las han contrarrestado eficazmente. Esa cuestión teórica es central. El equilibrio de fuerzas se inclina de manera decisiva en una dirección. Y ese desequilibrio, que quizás supera la capacidad de comprensión de los seres humanos, supera por cierto la capacidad de control de las instituciones sociales y políticas humanas. Los historiadores marxistas, que no entendieron las consecuencias involuntarias y no deseadas de los proyectos colectivos humanos del siglo XX, quizás puedan esta vez, enriquecidos por su experiencia práctica, ayudar a comprender cómo hemos llegado a la situación actual.

1. Teleología, doctrina que se ocupa de las causas finales.

2. Reacción contra Leopold von Ranke (1795-1886), considerado el padre de la escuela dominante de la historiografía universitaria antes de 1914. Autor, entre otros títulos, de “Historia de los pueblos romano y germano de 1494 a 1535″ (1824) y de Historia del mundo” (Weltgeschichte), (1881-1888 – inconclusa).

3. Lawrence Stone (1920-1999), una de las personalidades más eminentes e influyentes de la historia social. Autor, entre otros títulos, de “The Causes of the English Revolution, 1529-1642″ (1972), “The Family, Sex and Marriage in England 1500-1800″ (1977).

4. Respectivamente dirigente de la socialdemocracia alemana y de la socialdemocracia rusa, a comienzos del siglo XIX.

5. Max Weber (1864-1920), sociólogo alemán.

6. Por Emile Durkheim (1858-1917), que fundó “Las reglas del método sociológico” (1895) y que por ello es considerado uno de los padres de la sociología moderna. Autor, entre otros títulos, de “La división del trabajo social” (1893) , “El suicidio” (1897).

7. Michael Postan ocupa la cátedra de historia económica en la universidad de Cambridge desde 1937. Co-inspirador, junto a Fernand Braudel, de la Asociación Internacional de Historia Económica.

8. El partido Bharatiya Janata (BJP) dirigió el gobierno indio desde 1999 hasta mayo de 2004.

9. Profesor de la universidad de Columbia (Nueva York). Uno de los grandes especialistas de la historia de las guerras del siglo XX, y sobre todo de los lugares de memoria.

10. “Les lieux de mémoire”, Gallimard, París, 3 tomos.

11. Por Charles Darwin (1809-1882), naturalista inglés autor de la teoría sobre la selección natural de las especies.

12. Jean-Baptiste Lamark (1744-1829), naturalista francés, el primero en romper con la idea de permanencia de la especie.

13. Según Richard Dawkins, uno de los más destacados neodarwinistas, los “memes”, son unidades de base de memoria, supuestos vectores de la transmisión y de la supervivencia culturales, así como los genes son los vectores de la subsistencia de las características genéticas de los individuos.

14. Ver fundamentalmente “Une histoire en construction: approche marxiste et problématique conjoncturelle”, Gallimard-Seuil, París, 1982.

Publicado en al edición chilena de Le Monde Diplomatique, enero-febrero 2005.

http://www.lemondediplomatique.cl/

Una teoria postmoderna de conflictos sociales. Nora Femenia, Ph.D


Una teoria postmoderna de conflictos sociales

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by Nora Femenia, Ph.D 

Nora Femenia, Ph.D

“Cada acto de violencia viene de una herida sin curar”
Gene Knudsen Hoffman

CONCEPTOS BÁSICOS DEL NUEVO PARADIGMA

Se define conflicto aquí, para los propósitos de este trabajo, como: 

Una situación de corto o largo plazo generada entre personas que son interdependientes para el trabajo o la coexistencia, donde una o ambos sienten frustración de sus necesidades, experimentan enojo, se culpan recíprocamente y desarrollan conductas que causan danos físicos, psíquicos o ambientales recíprocos.

Las causas de los conflictos tienen múltiples raíces, son complejas y pueden ser generadas por muchas diferentes causas de hostilidad. Pero, por lo general se pueden encontrar en necesidades básicas sin satisfacer, competencia por recursos limitados y conflictos de valores. Todos resultan en un amplio sufrimiento a nivel personal y social.
Provienen, de parte de los protagonistas, de una serie de factores:

  • en una falta de capacidad de pensar de modo positivo acerca del tema en disputa y acerca de los otros en la disputa;
  • en buscar siempre culpables externos, antes de aceptar la responsabilidad propia en generar el conflicto;
  • en tener visión distorsionada de tipo túnel, lo que lleva a considerar sólo opciones restringidas por prejuicios;
  • evaluar erróneamente las motivaciones atribuidas para la acción de los otros, siempre negativas

Necesitamos otro marco de pensamiento para desestabilizar estos procesos que todo lo arrasan a su paso. Cuáles son los procesos sociales que fundamentan la violencia? Posiblemente, la escalada de pensamientos progresivamente cada vez más negativos y paranoides, usados cuando evaluamos la capacidad de ataque de los otros hacia nosotros.
Es especialmente importante que observemos la calidad de la relación entre individuos y grupos, regiones y naciones. Las alternativas a los regímenes políticos basados en el sólo uso del poder, y el desarrollo intencional de relaciones pacíficas entre personas y grupos se fundan en una profunda comprensión de los procesos claves psicológicos, sociales y políticos que generan relaciones de confianza y solidaridad entre en las comunidades, donde entonces las personas desarrollan un fuerte sentido de sí mismas.

Dentro de este encuadre, el énfasis en los marcos teóricos que observan procesos psicológicos, y socio-psicológicos en el desarrollo y escalada de los conflictos, nos permite mirar a estos procesos desde perspectivas nuevas.
En este trabajo nos fundamentaremos en varias corrientes:

  1. La teoría de las necesidades humanas, propuesta por Abraham Maslow hace tiempo, y desarrollada profusamente dentro del campo económico, por el Premio Nobel Amartya Sen y sus seguidores;
  2. La teoría de la construcción social de la realidad , que establece los procesos consensuales por los cuales los seres humanos establecen marcos de entendimiento dentro de los cuales hacer sentido de sus vidas e interacciones, y que después tomarán por hechos objetivos “verdaderos” y “eternos,” cuando sólo son producto de procesos sociales generados por circunstancias históricas específicas.
  3. La teoría de la construcción narrativa de la realidad establece que del modo como construimos verbalmente las descripciones de lo que elegimos ver, surge una realidad consensual donde nos instalamos. El uso del lenguaje como modo de construir realidad, evidencia, amistad o enemistad, necesita ser estudiado por el inmenso poder que tiene. De la manera como usemos el lenguaje para construir realidades, surgirá la narrativa de un daño, una humillación, o una herida que necesita venganza o compensación.Asociando teorías narrativas con el Diálogo Apreciativo , podemos decir que las narrativas que describen al otro de un modo positivo, tienen la capacidad de restaurar relaciones y mitigar los daños que el discurso crítico o negativo genera y promueve. Desde este punto de vista, las narrativas negativas serían las generadoras de conflicto, al negarle al Otro la satisfacción de la necesidad humana de reconocimiento que es tan vital como la de alimento. Sabemos que esta satisfacción es socialmente dependiente, es decir, tiene que venir del contexto social y ser provisto por los miembros de ese contexto social. La falta de reconocimiento afecta la identidad profunda de los grupos y las personas, y se transforma en el motor de las búsquedas de reivindicación o venganza.
  4. Y por último, la teoría de la pregunta apreciativa enfoca el poder de usar el lenguaje para construcciones de la realidad de tipo positivo. De aquí que podamos explicar cómo una comunidad que comparte el mismo significado epistémico de poder, pujanza, optimismo o capacidad, produce efectos sociales positivos mensurables que, por la profecía auto-cumplidora, se presentarán como realidades sociales más tarde.

REVISION DE LAS TEORIAS QUE COMPONEN ESTE PARADIGMA:

I. TEORIA DE LAS NECESIDADES HUMANAS

Las necesidades insatisfechas generan desperdicio e ineficiencia, cuando no crimen y violencia. Nadie está seguro sabiendo que alguna otra persona tiene que robar, asaltar o delinquir para poder comer.
La mejor garantía para tener seguridad en las calles, más que un cuerpo de policía experto, es una población bien alimentada. Garantizar las capacidades de las otras personas constituye un bien público, que entra en la función del gasto común.

Cuáles son estas necesidades? De acuerdo a la tradicional jerarquía de necesidades de Abraham Maslow, las necesidades se escalonan en una pirámide ascendente:

Necesidades fisiológicas:
Impuestas por las necesidades de la biología humana: qué se necesita para sobrevivir como organismo? Se necesita una cierta cantidad de oxígeno, agua, comida y temperatura constante del cuerpo. Son las más urgentes, con urgencias de vida o muerte y sus indicadores son asfixia, sed, hambre y reacciones corporales al frío o calor extremo.

Necesidades de seguridad: 
Cuando todas las necesidades fisiológicas están satisfechas y no pueden ya controlar los pensamientos y las conductas, entonces se activa la necesidad de seguridad. Los adultos no tienen mucha conciencia de esta necesidad, excepto cuando aparecen tiempos de emergencia o períodos en que se desorganiza el contexto social. Los niños están mas alertas a las variables que amenazan la seguridad de su mundo, pues dependen completamente del cuidado de los otros para sobrevivir.

Necesidad de Amor, Cariño y Pertenencia
Cuando las anteriores necesidades de seguridad y bienestar fisiológico están cumplidas, la clase de necesidad de cariño y pertenencia pueden aparecer. Esto incluye tanto el dar y el recibir.

Necesidad de auto-estima
Cuando las tres primeras clases están satisfechas, la demanda por estima puede dominar, incluyendo la auto-estima como la estima de las demás personas. Los seres humanos tienen una fuerte necesidad de auto-estima y respeto de los demás. Si se satisfacen bien, las personas desarrollan un sentido de ser valioso en el mundo, y la auto-confianza se despliega. Sin esta satisfacción, la persona se siente inferior, débil, incapaz y desvalorizada.

Necesidad de desarrollo personal:
Cuando todas las necesidades anteriores se han satisfecho, entonces y sólo entonces las necesidades de desarrollo personal, lo que Maslow llamo “actualización” aparecen. Es la necesidad de ser y hacer aquello para lo cual se ha nacido, ya sea su vocación o algún llamado especial. Si no se hace esto, la persona se siente inquieta y desubicada.
Este nivel de satisfacción es más vago: si la persona está hambrienta sabemos que necesita comida, pero a este nivel, no está claro qué satisfaría la necesidad de desarrollarse del modo en que su destino se lo pide.

Veamos esta estructura piramidal de las necesidades humanas en el siguiente gráfico:

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En la pirámide de Maslow,*(1) una vez que se han satisfecho las necesidades más básicas para asegurar la supervivencia, entonces las personas pueden desear metas espirituales.

Este bien claro que estas necesidades son secuenciales, y que la falta de satisfacción a cada nivel impacta el desempeño en el nivel subsiguiente: no se puede pensar sin estar alimentado, y no se puede ser socialmente responsable si no hubo dependencia y protección y garantías de supervivencia antes.

Cada necesidad crea una capacidad: es la habilidad necesaria para responder a esa necesidad básica. Expresado de esta manera, todos los seres humanos estamos invitados a desarrollar las siguientes capacidades:

  • Mantenerse vivo y gozar de una vida prolongada
  • La capacidad de asegurar la reproducción (biológica)
  • Capacidad de tener una vida saludable, sin enfermedades previsibles
  • La capacidad de interacción social (sobre el requisito de la reciprocidad social)
  • Capacidad de tener conocimientos, libertad de pensamiento y de expresión.

II. TEORÍA DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD

La teoría de la construcción social de la realidad, (2) establece que los procesos consensuales por los cuales los seres humanos establecen marcos de entendimiento dentro de los cuales hacer sentido de sus vidas e interacciones, y que después tomaran por hechos objetivos “verdaderos” y “eternos,” sólo son producto de procesos sociales generados por circunstancias históricas específicas.

Sucesivas generaciones se ven así invitadas a hacerse cargo del mantenimiento de realidades heredadas, que poco tienen que ver con sus condiciones actuales, pero son el marco de realidad donde crecieron. Así los traumas históricos heredados de generación en generación que prescriben qué tipos de enemigos tradicionales una comunidad va a tener necesariamente, pueden ser vistos como la re-creación de enemistades a través de la perpetuación de los relatos. Estas son realidades co-creadas y mantenidas.

Desde este punto de vista, no existe nada inherentemente real o verdadero concerniente a cualquier organización social, pues todas son construcciones sociales arbitrarias. Solamente nuestra falta de imaginación nos detiene de formar organizaciones nuevas más adaptadas a nuestras reales necesidades actuales.

III TEORÍAS NARRATIVAS DE CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD Y DE LA IDENTIDAD

Los grupos forman vínculos y asociaciones por medio de la comunicación, usando palabras y sentidos compartidos. El lenguaje y las palabras son los elementos básicos de la construcción de realidad, elementos activos en la creación del sentido. Cuando conversamos, estamos construyendo el mundo que vemos, que reconocemos, y de un modo inverso, cuando cambiamos el modo de hablar sobre ciertos aspectos del mundo, los estamos transformando.

Las ideas comunes acerca de cómo vemos el mundo, del tipo de la expresión: “hay que verlo para creerlo” y otras propuestas similares, nos dicen que compartimos un modo de creación del mundo basado en las imágenes que compartimos. Vemos lo que ya conocemos, y vemos lo que esperamos ver.

De aquí que hablar de lo que deseamos, pero no tenemos todavía, es riesgoso; las personas no desean sufrir comparando su situación actual con el sueno. Pero de esta manera cerramos el camino de los sueños que sí se realizan…
Mientras hablamos entre nosotros, estamos construyendo el mundo que vemos y que experimentamos, y si cambiáramos el tipo de conversación, este mundo también cambiaría. Nuestras teorías compartidas, expresadas en términos simples de todos los días, es una poderosa fuerza porque vemos aquello que creemos.

Una manera poderosa de cambiar nuestras organizaciones es crear nuevas y mejores teorías/ideas/imágenes. Usando el diálogo apreciativo, lo que hacemos es buscar a propósito esas imágenes nuevas que están dentro de las aspiraciones mas fuertes de las personas, e intentamos una visión colectiva de lo que podría ser una buena interacción.

Hay muchos obstáculos a hacer estos procesos en público, pues las personas temen avergonzarse delante de otros, y perder respeto, especialmente cuando las organizaciones para las cuales trabajamos ofrecen respeto sólo si uno se conforma con ambientes rutinarios y proyectos sin vuelo.

Sin embargo, si no nos ponemos a diseñar el mundo posible que llevamos adentro, nunca va a existir, y seguiremos reproduciendo los modelos de interacción que heredamos, cargados con crítica, control a través de identificar errores y represión de la creatividad a favor de las pautas ya establecidas.

Aceptar que el yo de las personas es una creación social simbólica, como lo dicen George Herbert Mead, John Dewey, George Simmel, Lev Vygotsky, y Martin Buber, es aceptar también que somos esencialmente modificables a través de la imaginación humana. Cada uno de nosotros está hecho e imaginado por los ojos y las proyecciones negativas o positivas de otros, de allí que sea tan importante en algunas culturas el concepto de respeto social, (o “face” en Japón) por el cual las personas aceptan los criterios sociales para conseguir ser respetadas y así respetarse a sí mismas.

Del contexto social y la historia de los procesos de proyección, no podemos separar el auto-concepto de las personas. El individuo surge de la mezcla de interacciones entre el contexto social y la historia individual forjada por las proyecciones de los otros sobre el individuo recién nacido.

Que esas proyecciones interpersonales sean positivas o críticas es el contexto del cual dependerá una auto-imagen positiva o negativa. La imagen positiva genera una postura que dirige la mente del que percibe a pensar y ver al mundo con ojos afirmativos, de reconocimiento positivo.

En definitiva, el concepto fundamental de la teoría es que el yo humano es básicamente muy modificable en relación y se desarrolla y consolida dependiendo de las proyecciones mentales de otros. De aquí sigue que el poder de ciertas intervenciones tales como la mediación, se basa en la capacidad de estructurar realidades nuevas mas positivas que apoyen el crecimiento sano del psiquismo individual y grupal.

IV. DIALOGO APRECIATIVO

“Lo que pedimos determina lo que encontramos. Lo que encontramos determina cómo hablamos. La forma en que hablamos determina cómo nos imaginamos cosas. La forma en que nos imaginamos cosas determina nuestros logros”.

El diálogo apreciativo (“Appreciative Inquiry” o AI, en ingles) involucra el descubrimiento sistemático de lo que le da vida y organización a un sistema viviente, los elementos que determinan su efectividad y creatividad en momentos pico.

El núcleo de los Diálogos Apreciativos es el arte y la práctica de formular preguntas que fortalecen la capacidad de un sistema para aprehender, anticipar y usar sus componentes positivos.

Usada como herramienta de diálogo entre individuos, desarrolla una reconstitución de las personas con la totalidad de sus capacidades pasadas, presentes y futuras: sus logros, virtudes, innovaciones, fortaleza y resistencias, sus momentos culminantes, donde los valores demostrados, las competencias estratégicas, y los momentos de integridad y sabiduría revelan la integridad del yo.

Estos aspectos personales, re-descubiertos e integrados en un marco mas amplio, forman el “núcleo de cambio positivo.” Toda persona tiene historias de este tipo dentro suyo, que están sumergidas por razones de inhibición generadas en lo social.
Este núcleo positivo tiene toda la energía de la suma de las potencialidades de la persona, y cuando se lo pone de relieve, se puede usar esta energía para cambios antes imposibles.

La investigación apreciativa debe comenzar con la apreciación de lo que el sistema es y posee. La primera tarea del investigador es descubrir, describir y explicar qué es lo que funciona, cuáles son los factores que lo hacen posible, y motivar y comprometer al individuo o a los miembros de la organización en su percepción del valor de este núcleo positivo.

Pero quizás la característica más revolucionaria de la teoría apreciativa es su visión de las personas y de las organizaciones como algo que no se puede conocer a través de la niebla de las percepciones o proyecciones negativas.

Si pre-juzgamos al Otro, le atribuiremos nuestras propias imágenes críticas y encontraremos siempre alguna negatividad, pues estos son los lentes comunes que la sociedad nos ha acostumbrado a usar.

Esta característica central afecta nuestra conciencia perceptiva. Para liberar nuestra percepción de este peso, tenemos que renunciar a priori a ver al otro a través de nuestras proyecciones y experiencias y darle así la libertad de re-crear narrativamente la persona que él o ella quiera ser, con su propia historia.

Entonces, para conocer al otro, tenemos que usar un método cooperativo por naturaleza, ya que la fuente del conocimiento es la otra persona, que debe expresar quien es, desde sus núcleos positivos. Así también cambia la manera de relacionarnos con el otro, con el mundo, y nuestra manera de investigar y de conocer.

La visión de la vida como un misterio a descubrir y no como un problema que tenemos que resolver cambia radicalmente nuestra relación con el mundo. Desaparece una de las fuerzas en conflicto, que es la necesidad de percibir y moldear el mundo que nos rodea usando las variables que están al servicio de nuestras necesidades.

La actitud apreciativa despierta el deseo de crear y descubrir nuevas posibilidades sociales que pueden enriquecer nuestra existencia y darle sentido. Al mismo tiempo que nos lleva a hacernos nuevas preguntas, y puesto que las preguntas que nos hacemos determinan en gran parte lo que encontramos, es importante descubrir qué es lo que informa nuestra curiosidad y pensamiento.

Las preguntas metafísicas de qué es lo que hace posible la existencia social, qué tipo de sistema social es el mejor, el más digno, el más justo, nunca desaparecerán así como la pregunta de cómo acercarse al ideal. DIALOGO APRECIATIVO (3) es una manera de suscitar los elementos de ese ideal y ponerlos dentro del contexto del diseño de un sistema mejor.

DIFERENCIAS ENTRE RESOLVER Y APRECIAR: 
¿QUE ES LA “INDAGACIÓN APRECIATIVA” (IA)?

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FASES DE LA INTERVENCIÓN APRECIATIVA

  1. DESCUBRIMIENTO: Lo mejor que hay: las mejores experiencias, sueños y prioridades para el futuro. Lo que hace a un sistema efectivo, cuando funciona al tope.Aquí la idea es entender que cada persona percibe la historia de forma diferente. Preguntándoles a las personas acerca de sus recuerdos positivos de la institución o grupo en cuestión, podemos visualizar y construir la historia de una cultura institucional, la cual se esconde en el subconsciente de las personas. Esto permite que se exprese un sentimiento positivo ya existente, pero suprimido, y fomenta una sensación de orgullo con relación al grupo.

    O sea, no hay una realidad, sino muchas, y podemos aprender mucho escuchando las percepciones de otras personas sobre el mismo evento pasado. De esta manera se puede identificar los factores únicos, tales como liderazgo, tecnologías, valores, procesos de aprendizaje, relaciones externas o procesos de planeación de la organización actual.

    Los aspectos negativos no son ignorados, pero son puestos en una perspectiva diferente. Por ejemplo, en lugar de decir “ Los políticos no se preocupan por los agricultores”, lo podemos reformular en “modo apreciativo”, y decir, “Los buenos políticos se preocupan por los agricultores”.

  2. EL SUEÑO: Se invita a imaginar lo que podría ser y se diseña una propuesta provocativa: el mejor futuro positivo o ideal para el grupo.

    Soñando una organización o comunidad ideal

    En este paso, se usan logros pasados para visualizar un futuro deseado, basado en la experiencia de la historia y recuerdos descubiertos en la Fase 1. El sueño es una extensión del pasado, y describe esta visión del futuro deseado en forma de palabras, dibujos, música u otros métodos creativos que utilizan el lado derecho del cerebro.

    3.- DISEÑO: 

    Diseñando nuevas estructuras y procesos

    Hacer un proceso conjunto de armar la visión de lo que querríamos ser. Bajo qué premisas se hace?

    Esta etapa pretende ser provocativa, para desarrollar metas a corto y largo plazo para implementar el sueño. Por ejemplo, una proposición provocativa de una comunidad de agricultores, los cuales ya no pueden sostener a sus familias, debido a la caída de los precios internacionales del café, podría ser: “Construiremos nuestra propia planta de procesamiento de café y venderemos nuestro café a una organización de Fair Trade (Comercio Justo).”

    Pero esta propuesta debería ser una decisión del grupo, no impuesta y alcanzable con los recursos del grupo basados en sus experiencias pasadas.

  3. IMPLEMENTANDO EL SUEÑO:Un fase continuada de dialogo y aprendizaje sobre lo que implica participar de una organización que hace uso de las imágenes positivas de su gente. Se incluye un proceso por el cual se establece la efectividad de las acciones estratégicas de los clientes.

    Aquí los miembros del grupo actúan en forma dinámica, sobre las proposiciones anteriores, estableciendo roles y responsabilidades, desarrollando las estrategias pautadas y redefiniéndolas a la luz de las experiencias nuevas, con la ayuda de un facilitador.

UN INSTRUMENTO PARA EL CAMBIO: 

Para aprender a implementar procesos de Dialogo Apreciativo, se puede utilizar el siguiente esquema comparativo:

PRUEBA Y ÉXITO VS PRUEBA Y FRACASO

Aplicando Diálogo Apreciativo, se llega a establecer un esquema para repetir los éxitos del pasado. Cuáles fueron los elementos del éxito en el trabajo? Y cómo se pueden repetir ahora?

Por comparación, se ofrece una alternativa de aplicar un esquema analítico de los errores, para descubrir cómo se generan las insatisfacciones en el trabajo, antes de que se transformen en situaciones conflictivas, por la necesidad humana de compensar auto-estima disminuida. (3)

EXPERIENCIAS DESDE EL ÉXITO

ANALISIS DEL ERROR

(Modelo: “Trial and success”)
“Prueba y éxito”
Permite conocer las causas del éxito;
Comprendemos qué conductas funcionan bien para nosotros y nos dan satisfacción
(Modelo: Trial and error)
“Prueba y fracaso”
Permite conocer las causas de los errores
Y comprender qué situaciones son contraproducentes y no funcionan
Indica las estrategias para repetir en el futuro
Crea un banco de practicas exitosas para usar en el futuro
Indica, para el futuro:
Las situaciones a evitar
O las cosas que no hay que hacer
O los riesgos inaceptables
Y produce, en nosotros y los otros:
Sentimientos de satisfacción; confianza, basados en la experiencia propia.
Disposición para enfrentar riesgos;
Tendencia a la cooperación
Esperanza y entusiasmo
Independencia
Saber que nivel de riesgo es aceptable
Tendencia a seguir creciendo
Y puede producir en nosotros y en los demás, sentimientos de:
Insatisfacción; duda, tensión
Falta de confianza,
Resistencia a afrontar riesgos.
Enojo, resentimiento, humillación,
Deseos de venganza
Miedo al rechazo; inferioridad
Aumento de las defensas,
Ansiedad, depresión y aislamiento,
Dependencia y tendencia a quedarse atrás
Sin un balance con el aprendizaje desde los errores, se podría tener:
Complacencia
Arrogancia, visión en túnel
Incapacidad para mejorar; poner al otro en peor posición que uno.
Pero, con un balance, podría alentar:
Percepción del yo mas balanceada,
Humildad, y reconocimiento de los propios limites
Determinación a mejorarse.

Estos dos enfoques balanceados permiten transformar experiencias comunes en actos de creación intencional de una situación vital positiva.

REFERENCIAS

(1) Maslow, Abraham: http://www.businessballs.com/maslowhierarchyofneeds7.pdf
(2) Berger, P. L. and T. Luckmann (1966), The Social Construction of Reality: A Treatise in the Sociology of Knowledge, Garden City, NY: Anchor Books.
(3) Cooperrider, D., Whitney, D. (2005). Appreciative Inquiry : A Positive Revolution in Change. Berrett-Koehler Publishers

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*(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Pir%C3%A1mide_de_Maslow

Email Author
Website: www.inter-mediacion.com

Additional articles by Nora Femenia, Ph.D

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