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Redes Sociales como herramientas de ciberactivismo: el caso de los grupos de Facebook en Chile y el Gran Concepción (2009)


Extraido de http://t.co/MTjxhzp3Pf

Resumen
El presente trabajo da a conocer los resultados de un estudio
que relacionó el uso de dos aplicaciones del Sitio de Redes
Sociales Facebook.com como vehículos de ciberactivismo.
Analizando Grupos y Causas de dicha plataforma se logró un primer
acercamiento a cómo las personas utilizan estas herramientas
en el país con fines de movilización.
Esta investigación, asimismo, quiso establecer variables que
permitan predecir –según las características de los temas encontrados
en Grupos y Causas– cuales de ellos son más susceptibles
de constituir ciberactivismo.
Entre sus principales resultados cuenta que se comprobó que
las Redes Sociales en Internet son principalmente una amplificación
de nuestro círculo social más inmediato, reforzando lazos ya
existentes, más que crear otros nuevos. Además, se caracterizan
por su naturaleza estructural anárquica y horizontal, y la falta de
control sobre los millones de nodos que forman esta red permite
su organización de forma distribuida y sin mayores controles ni
acaparamientos de información, lo que posibilita una gran robustez
del flujo de comunicaciones, un mayor acceso a la información
y una menor capacidad para limitar dicho acceso.
Abstract
This work presents the results of a study that compared the
use of two applications of the Social Networks Site (SNS)
Facebook.com as cyberactivism vehicles. Analyzing Groups and
* Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
UCSC.
** Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
profesor de la Escuela de
Periodismo de la Universidad
Católica de la
Santísima Concepción
(UCSC).
*** Doctor en Comunicación
Pública, académico
de la Universidad
Santo Tomás, Sede
Concepción.
Palabras clave:
Sitios de Redes Sociales,
Facebook, ciberactivismo.
Keywords:
Social Network Sites,
Facebook, cyberactivism.
Redes Sociales como herramientas
de ciberactivismo: el caso de los grupos
de Facebook en Chile y el Gran
Concepción (2009)
Sótero Suazo Vejares*
Javier Martínez Ortiz**
Álvaro Patricio Elgueta Ruiz***

08/06/11

Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
Causes of that plataform – along the Chile Network and the Gran
Concepción related topics – it reached a first approach to how the
people use this online tools with activism objectives.
In addition, this research wanted to stablish variables that
allow predict – by the type of the topics found in Groups and
Causes – which of them may constitute cyberactivism.
In it main results, it proves that the Internet’s Social Networks
are mainly an amplification of our nearest social circle, this is,
empowering existent friendship ties, more than create new ones.
Furthermore, it characterizes by its anarchic and horizontal structure,
and the lack of control over million of nodes that created the
network allows a distributed organization and without the control
structures nor information hoarding, enabling a strong communication
flow, issue that finally represents a bigger access into the
information and a smaller capacity to limit that access.
La penetración en Chile de nuevas herramientas de comunicación
computacionalmente mediadas, uno de cuyos mayores referente
son los llamados Sitios de Redes Sociales (SRS), está
teniendo gran impacto en el surgimiento de nuevas esferas de participación
ciudadana e intercambio social.
Este fenómeno hoy en auge se venía anunciando desde principios
de 2000 dada la explosiva aparición y expansión de la blogósfera nacional
(compuesta por los llamados blogs o bitácoras personales en Internet
y también por la gran masificación que experimentaron los fotolog o
páginas de fotografías personales); sitios de intercambio de contenidos
multimedia como You Tube (videos); Flickr (fotos); My Space, sitio
para reunirse con amigos y compartir contenidos multimedia (fotos y
videos); y sitios de difusión personal de audio, como Podcaster.
Las cifras mundiales reflejan un notable crecimiento con datos
sorprendentes. Para el caso nacional, el tercer informe Generación
2.0: Radiografía de los nuevos usuarios, informa que Chile es el
país con mayor número de fotologs del mundo, con 2 millones 896
mil 332 usuarios para fines de 2007. Otra estadística importante es
la gran participación porcentual de chilenos en Internet, contando
con 326 usuarios por cada mil, siendo esta la mayor de Sudamérica.
Facebook –una herramienta diseñada para encontrar amigos,
relacionarse con cercanos y familiares, y compartir contenidos
multimedia– no ha sido la excepción a estas tendencias. Desde
febrero de 2008, la presencia de Chile en Facebook ha tenido el
mayor crecimiento a nivel mundial, al experimentar un alza de
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.

126 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
mente mediados, dedicados principalmente a la creación y mantención
de redes interpersonales. Este es el caso de los SRS, que
Boyd y Ellison los definen como:
servicios basados en la web que permiten a los individuos construir
un perfil público o semipúblico, dentro de un sistema limitado, articular
una lista de otros usuarios con quienes comparten una conexión,
y ver y atravesar su lista de conexiones y aquellas hechas por
otros dentro del sistema. La naturaleza y nomenclatura de estas conexiones
puede variar de sitio a sitio (Boyd & Ellison, 2007: 211).
Ambas autoras hacen, además, la diferencia entre Sitios de
Redes Sociales (Social Network Sites) y Sitios de Creación de
Redes Sociales (Social Networking Sites). Aunque estos términos
son usados comúnmente como sinónimos por el público general,
el término Networking
enfatiza el inicio de relaciones, a menudo entre extraños… la creación
de Redes o Networking (aunque) es posible en estos sitios, no
es la práctica primaria en muchos de ellos, ni lo que los diferencia de
otras formas de comunicación mediada computacionalmente. (Boyd
& Ellison, 2007: 211).
En relación a lo anterior, es importante considerar que por
pertenecer a un área del conocimiento con grandes posibilidades
de desarrollo, el término Social Network(ing) Sites aún
genera discusión. En este sentido, las principales críticas apuntan
a su amplitud y falta de especificidad y a la ausencia de una
diferencia sustantiva entre sitios de naturalezas similares, pero
que contendrían notorias diferencias. Según Beer: “Aunque es
claro que hay en gran parte superposición entre categorías relacionadas
con cómo estos diversos tipos de sitios están organizados
y la información que contienen –aspectos comunes como
etiquetado, perfiles, y creación de amistades ilustran la complejidad
de las similitudes y diferencias entre este tipo de
sitios” (Beer, 2008).
A pesar de esta acusada amplitud, existen una serie de teorías
que sustentan la idea de Boyd y Ellison, en cuanto a que las redes
generadas van direccionadas desde el offline hacia el online y no
al revés. Ver por ejemplo Stefanone y Jang (2007) y Ellison,
Steinfeld y Lampe (2007), entre otros. Por esto la presente investigación
sustentó la primera teoría.

Ecos de la Comunicación > 127
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Molecularización social
La molecularización social de los individuos consiste en la
colectivización de los movimientos individuales, es decir, que las
personas se mueven según los movimientos de un grupo determinado
al que pertenecen.
En el caso de la molecularización social, esta ocurre principalmente
por el momentum social que mantiene unidos a los grupos.
Este momentum2 será más grande cuando existen más
personas que incitan a los demás al movimiento.
Así lo confirma el estudio de Humphreys (2007) acerca del
“Dodgeball”, un sistema móvil de localización de amistades que
permite la ubicación de los demás miembros de un grupo, en el
entorno urbano. Este sistema informa a los amigos dentro de una
red personal, acerca del lugar en que se encontrarán uno o más de
sus amigos de manera que las personas se mueven y experimentan
la ciudad de manera conjunta.
Mecanismo que permite una comunicación indirecta acerca
de lugares públicos por parte de los participantes, lo que significa
que la gente no tiene que comunicarse sobre los lugares de reunión
en donde estará el grupo, sino que solo hace falta que
indirectamente el sistema alerte a los miembros inscritos sobre un
nuevo lugar de reunión en que se encuentran uno o más miembros
de su grupo particular de amistades.
En cuanto al “momentum” social que hace que los individuos
se sientan llamados a este movimiento conjunto, los testimonios
recogidos por este estudio sugieren que la existencia de esta
característica, también llamada efecto red, aumentará de forma
directamente proporcional a la cantidad de miembros reunidos en
determinado lugar (De Ugarte, 2007). Muchos de estos informantes
manifestaban que mientras más eran las personas que se registraban
en un lugar, mayor era la necesidad que surgía de reunirse
con ellas, entendiendo que podían estarse perdiendo un gran
evento.
Cómo se forman y en qué consisten las Redes Sociales
Según De Ugarte las redes sociales siempre han existido.
Consisten en la creación de vínculos entre las personas para cumplir
distintos fines, esto sobre una arquitectura o forma de interconexión,
que determinará la forma de las interacciones y
2 Concepto tomado
de la Física, que significa
impulso que provoca
el movimiento de un
cuerpo.

128 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
posibilidades de la red en que estas se sustentan (De Ugarte,
2007).
Las redes sociales se forman conjuntamente con la socialización,
a partir del establecimiento de lazos entre las personas.
Estos lazos aumentarán como consecuencia del efecto red, junto
con los anteriormente sostenidos por quienes los establecen, permiten
un crecimiento exponencial del tamaño y alcance de las
redes de cada uno, generando así una lógica de la abundancia.
Para De Ugarte
el ejemplo típico de efecto red es el teléfono o el fax. Siempre se
cuenta que para el tercer usuario de la red telefónica, acceder a la red
suponía poder hablar con dos personas. Pero para el cuarto, poder
hacerlo con tres… y así sucesivamente. El efecto red hace que cuantos
más miembros tiene la red de usuarios más valor tiene para un no
miembro pertenecer a ella… (Ibid).
De la misma manera, cualquier persona que se integre a esta
red no generará un cambio sustancial en los beneficios de los
demás integrantes de la misma.
Topologías de red, arquitectura de la información
y distribución del poder en las redes sociales
Otro concepto fundamental para la comprensión del fenómeno
de las redes sociales es el de topologías de red, que corresponden
a las formas en que se interconectan los nodos de una red,
resultando así tres formas posibles. “Estas tres disposiciones describen
tres formas completamente distintas de organizar una red:
centralizada, descentralizada y distribuida” (De Ugarte, 2007).
Mientras el flujo de información depende de solamente un nodo
en la red centralizada, en la red descentralizada la información está
jerarquizada por varios nodos, es decir, pequeños centros múltiples
por los que pasa la información antes de llegar a destino.
Aun cuando la red descentralizada es más eficiente que la
centralizada, no permite la óptima comunicación entre los nodos
puesto que cualquier conexión entre dos nodos tiene que pasar
por un intermediario.
Según De Ugarte, las redes centralizadas y descentralizadas
son vestigio de antiguas estructuras de poder y control que al
menos en la red están quedando en el pasado.

Ecos de la Comunicación > 129
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
El eslogan Ciberpunk español de principios de los 90 que
reza:
Tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de
poder”, es uno de los primeros signos del cambio que ya está empezando
a materializarse. Este cambio surge primeramente como “una
reacción a la concentración del poder y la disminución de los derechos
personales a través de la monopolización y acaparamiento de
las nuevas tecnologías, sobre todo aquellas de carácter informático
(Ciberpunk.org, 2008).
El nacimiento de la anarquía informacional que representan
las Redes Distribuidas es la manifestación de este proceso social
en que se transforma la manera en que circula la información,
esto porque este tipo de red permite la comunicación entre cualquiera
de los nodos que la integran, sin intervenciones de terceros
ni jerarquías, generando mediante una estructura
verdaderamente horizontal el empoderamiento mayor de todos
sus participantes.
Una red que no posee filtros ni censura y en la cual las antiguas
estructuras del poder no pueden restringir el acceso, permite
el surgimiento de nuevas formas de distribución del poder, con
mayores posibilidades de participación y una serie de ventajas
derivadas de la estructura distribuida.
Entre estas se cuentan la generación abundante de contenidos,
una mayor estabilidad y eficiencia de las interacciones que ocurren
en el sistema, mejoras sustanciales en cuanto a seguridad y
capacidad de recuperación de los datos ante cualquier emergencia.
Esto se debe a que, si en las redes centralizada y descentralizada
la información se encuentra presente solo en uno o varios
centros, respectivamente; en la red distribuida se encuentra presente
en todas partes, haciendo –en consecuencia– que la pérdida
de información sea más difícil.
Cultura Ciberpunk v/s Descentralización de la red
Internet como génesis de las ciberculturas actuales
El surgimiento del movimiento Ciberpunk como reacción a la
concentración tecnológica se manifestó de diversas formas. Una
de las más destacables fue la creación en 1989 del documento
identidad de ciberpunk.org, que estableció una serie de principios 130 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
e ideas fuerza sobre las que crecerá el movimiento Ciberpunk
español.
El documento en sus sucesivas versiones –Berlín (1994),
Madrid (2002), Larnaca (2004) y Tamarán (2005)– defiende la
apertura de las nuevas tecnologías, mediante el uso de diversas
herramientas que permitieran la participación, interacción y el
flujo ininterrumpido de información sin trabas ni acaparamientos.
Actualmente, este movimiento defiende la autogestión de contenidos
como la principal forma de oponerse a la concentración tecnológica
y a la mediatización de Internet. La Blogósfera surge como
la realización de este paradigma, al pasar por alto la mediatización
y convertirse en el primer medio distribuido (Ciberpunk.org, 2008).
Otra manifestación de esta cultura fue el nacimiento de la
Fundación Frontera Electrónica, también conocida como EFF,
fundada en 1990 por Mitch Kapor, John Perry Barlow y John
Gilmore. Desde su nacimiento EFF ha interpuesto una serie de
acciones legales en contra del Estado y de privados que intentan
coartar la libertad de los individuos en el ciberespacio de manera
de sentar precedentes legales que impidan acciones de esta naturaleza
en el futuro (EFF, 2008).
La Declaración de Independencia del Ciberespacio, escrita en
1996 por John Perry Barlow, contiene los principios fundamentales
que defiende esta institución. El ex letrista del grupo Grateful
Dead, declara que este es un lugar de la mente humana, en donde
los Estados y las antiguas estructuras de poder son irrelevantes,
impotentes y no tienen legitimidad alguna (Barlow, 1996).
En contraste a esta cultura, el fuerte impulso hacia la estructuración
de Internet desde una lógica descentralizada3, se ha
manifestado en la comercialización y mediatización del llamado
ciberespacio, además del uso de redes sociales para usos corporativos
y de trabajo (Wellman, 1996; Haythornthwaite, 2005).
Mientras la comercialización ha convertido Internet en un
nuevo “mercado”, la mediatización ha audiovisualizado la red,
convirtiéndola en un medio tradicional.
El enfrentamiento de la visión descentralizadora y la visión
distribuidora es la base sobre la que han nacido las ciberculturas.
Esto se debe a que la presencia de ambas en el llamado
ciberespacio, ha permitido lograr una síntesis de maneras de
hacer y formas de interpretar que se instala entre la comercialización
y la lógica de la abundancia de las redes distribuidas,
y entre la audiovisualización de Internet y la autogestión hipertextual
de contenidos.
3 Ver Topologías de
red, arquitectura de la
información y distribución
del poder en las
redes sociales.

Ecos de la Comunicación > 131
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Mientras que para algunos autores las ciberculturas consisten
meramente en digitalizaciones de la producción cultural ya existente
(Contreras, 2003; Figueroa, 1997), para otros las ciberculturas
son metaculturas que incluyen a las culturas analógicas que
las originan y además las reorganizan (Galindo, 2003).
Para este trabajo, sin embargo, la definición más adecuada es
la de Ricard Faura que define las ciberculturas como “conjuntos
de técnicas, de maneras de hacer, de maneras de ser, de valores,
de representaciones que están relacionadas con la extensión del
Ciberespacio” (Faura, 2000).
En consecuencia, las ciberculturas presentan diversas características.
A saber: 1) Surgen como comunidades en las cuales
existe un nuevo concepto de libertad asociado a la posibilidad
de compartir con otros miembros de la comunidad los beneficios
obtenidos por este medio; 2) Se constituyen como espacios
virtuales de reunión, que permiten compartir sin necesidad de
contar con espacios físicos; 3) Tienen lenguajes especializados
que permiten el reconocimiento mutuo de los integrantes de una
comunidad y diferenciar a los más experimentados de los principiantes;
4) Presentan posibilidades diversas de comercialización;
5) Integran visiones comercializadoras, mediatizadoras y
distribuidoras de entender el ciberespacio; 6) Incluyen organizaciones
e individuos que sustentan las éticas hacker y protestante
del trabajo; y 7) Ayudan a la gestión de organizaciones
descentralizadas.
Tres ejemplos de ciberculturas, como síntesis de distintas
visiones del desarrollo de Internet, son las comunidades de software
libre, la blogósfera (como medio distribuido/institucional),
y los Sitios de Redes Sociales, entendidos como herramientas de
socialización y soportes comerciales e institucionales.
Rol de la ética hacker en el Ciberactivismo
Llegados a este punto se hace totalmente necesario entender 132 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
cuando hablamos de la ética del hacker? ¿por qué representa una
nueva visión?
Para responder estas interrogantes primero es necesario tomar
conciencia de la ética que ha perdurado hasta la época actual. En
particular nos referiremos a la ética protestante del trabajo, que
incluso en nuestros días sigue siendo un referente en la mayor
parte de las ocupaciones humanas, como un paradigma convenientemente
inamovible.
El concepto de ética protestante tuvo su origen en un ensayo
de Max Weber llamado La ética protestante y el espíritu del capitalismo
(1904-1905), que describe la forma en que la noción del
trabajo como deber se halla en el centro de la cultura capitalista
del siglo XVII (Himanen, 2002).
La ética hacker del trabajo plantea un enfrentamiento a esta
posición. El hacker no entiende el trabajo como una obligación
puesto que se dedica a hacer algo que le gusta y apasiona. Al no
ser una obligación, no está sujeto a horarios de trabajo, sino que
por el contrario trabaja cuando le parece sin dejar de lado el ocio.
Según Himanen, para el hacker el objetivo de todo su trabajo
es el reconocimiento de los pares. La idea principal que subyace
a esta ética es entonces que el fruto del trabajo debe ser un bien
de uso social: “La ética originaria del hacker programador de
ordenadores hacía hincapié en lo abierto, el libre acceso”
(Himanen, 2002).
Una vez asimilada la situación actual de quiebre y cambio
social, ¿Qué relación puede haber entre redes distribuidas, ética
hacker del trabajo y todos los temas anteriores? La respuesta es el
ciberactivismo. Este consiste en la convocatoria de múltiples
agentes que se coordinan de forma espontánea en la red, lo que
permite que los conflictos sean multicanal, es decir, que se desarrollen
en distintos frentes (De Ugarte, 2007).
En consecuencia, basados en la ética hacker y en las redes distribuidas,
se generaron y pusieron herramientas tecnológicas al
servicio de las personas.
Para De Ugarte, gracias a esto, se ha dado génesis a un cambio
que posiblemente reordenará el eje del poder.
Para los efectos de este estudio se utilizará la definición de De
Ugarte, según la cual el ciberactivismo presenta las siguientes
características:
i. Un discurso que plantea un empoderamiento de las personas
y que no impone jerarquías.

Ecos de la Comunicación > 133
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
ii. El establecimiento de rangos de conducta que producen
estilos de vida, que permite una mayor identificación entre
las personas. Esta generación de identidad será en definitiva
el aglutinante de una red, que al facilitar el intercambio
entre pares desconocidos sin mediación de un centro, presentará
características distribuidas y por tanto será más
robusta.
iii.La generación de herramientas que hagan posible la visibilización
de un cambio a partir de las personas. En otras
palabras, poner a disposición de las personas herramientas
que les permitan mostrar su disenso.
iv. La visibilidad de las herramientas tiene que ser de tal
forma, que permita que mediante pequeños gestos las
personas puedan identificarse en otros como ellos culminando
de esta manera la estrategia de empoderamiento
de las mismas.
Ciberactivismo en Chile
En Chile, dos han sido los hechos más notorios de ciberactivismo.
El primero de estos casos fue Mi primer PC… pero de verdad
(MPPCDV). Aun cuando esta campaña se generó de forma
espontánea en el ciberespacio, alcanzó niveles nunca antes vistos
de participación que sorprendieron incluso a sus involuntarios
precursores.
Esta iniciativa se originó para protestar en contra de las falencias
del plan del gobierno de Ricardo Lagos: “Mi primer PC”,
que buscaba disminuir la brecha tecnológica que afectaba a los
sectores más pobres de la población, al proveer computadores
personales a un menor costo.
Para los bloggeros chilenos el plan presentaba una serie de
problemas, entre los que se contaban (Sandoval, 2005):
1) La disponibilidad en el mercado de PC’s más económicos o de
igual costo que los de la campaña, a veces incluso con mayores prestaciones,
2) Licencias de software que encarecían innecesariamente
el precio de los equipos, existiendo la opción del software libre, 3)
Existían en el mercado opciones más económicas de hardware con el
mismo rendimiento (implementación del procesador más caro existiendo
la posibilidad de obtener el mismo resultado con otro más
barato), 4) El alto costo relativo de la conectividad de Internet en
Chile y la falta de medidas para solucionar este problema, y 5) La
cómo es que las redes distribuidas generan cambios en la mentalidad
de las personas, cómo la molecularización social desencadena
nuevas formas de asociación que derivan en movimientos
sociales. En definitiva, cómo es que una ética diferente, apasionada
y no forzada por el deber emerge para hacer cambios.
El hacker, personaje incomprendido en nuestra sociedad, es la
encarnación de esta nueva ética. Entonces ¿a qué nos referimos 134 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
delegación irresponsable del financiamiento a grandes tiendas de
departamentos, lo que encareció e infló ficticiamente los costos.
“Ante las debilidades del plan, surgieron voces disidentes que fueron
agitadas principalmente por tres personas: Christian Leal, periodista
de tecnologías; Alberto Contreras, diseñador y; Claudio Bustos, psicólogo.
Estos tres bloggeros articularon de forma impensada lo que
más tarde sería la exitosa campaña Mi primer PC… pero de verdad.
La campaña buscó, en principio, juntar 2500 firmas para luego
enviar una carta al entonces presidente Ricardo Lagos. Sin embargo,
la sorpresa de estos tres bloggeros fue grande cuando solo en 48
horas lograron reunir 3860 firmas. La carta que finalmente llegó a la
Moneda en formato CD, tenía más de 14.000 firmas. Ese día fue el
primero en que estos bloggeros se veían en persona” (Ibid).
El segundo caso ocurrió luego de una intervención del senador
chileno Alejandro Navarro, quién habría pedido explicaciones
acerca de un documento al que tuvo acceso (Leal, 2007).
Dicho documento era el acuerdo marco de cooperación entre el
Ministerio de Economía y Microsoft, celebrado sin conocimiento
de la opinión pública en mayo de 2007.
El acuerdo escrito en el confuso lenguaje típico de los contratos
de licencia de la compañía, incluía una serie de polémicos
puntos, de los cuales los más criticados fueron los referentes a
“Domicilio Digital” y “Municipio digital”.
En este sentido, las principales críticas apuntaron a la revelación
de información personal sin autorización de los involucrados, la
intromisión y posible intervención de la empresa en diversas áreas
del aparato público y el desmedro de las posibilidades de desarrollo
de una industria nacional del software (Prieto, 2007; Leal, 2007;
Liberación Digital, 2007; Hollman, 2007). A estas críticas se sumaron
las referentes a la falta de transparencia y la adolescencia de un
estudio o una licitación que avalara a Microsoft como la mejor
opción” (Leal, 2007), el compromiso de recursos del Estado justificados
de manera pobre y poco precisa (Leal, 2007; Liberación
Digital, 2007), y la promoción de la empresa por parte del Estado
(Prieto, 2007; Leal, 2007; Hollman, 2007).
Las reacciones ante el acuerdo no se hicieron esperar. “Lo que
con MPPCDV tardó 1 semana en gatillarse –reacción en cadena,
atención de los medios y declaraciones de los involucrados– esta
vez se generó en menos de 48 horas, con cada vez más personas
participando y expresando sus puntos de vista” (Leal, 2007).
Surgieron diversas formas de protesta en la blogósfera, algunas
más elaboradas y/o auspiciadas que otras. Distintos bloggeros Ecos de la Comunicación > 135
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
acusaron los puntos débiles del acuerdo y demostraron gran
indignación por el golpe que este acuerdo representaba para la
libertad de elegir de los chilenos/nas.
Se creó, además, una campaña para reunir firmas en contra del
acuerdo y surgió un movimiento llamado “liberacióndigital.org”
que además de juntar firmas intentó llevar esta campaña más allá
del ciberespacio.
El movimiento buscó desde sus comienzos defender la interoperatividad,
la libertad de elegir el software que cada uno quisiese
usar, el uso de software libre y la posibilidad de que se genere
una industria nacional de software (Liberación Digital, 2007).
Facebook: Características del sistema
Facebook es un sitio de redes sociales que permite a sus
usuarios
presentarse a si mismos en un perfil online, acumular “amigos” quienes
pueden publicar comentarios en las páginas de cada uno, y ver
los perfiles de otros. Los miembros también pueden unirse a grupos
virtuales basados en intereses comunes, ver qué clases tienen en
común, aprender los hobbies de cada uno, intereses, gustos musicales,
y el estatus de las relaciones románticas a través del perfil
(Ellison, Steinfeld & Lampe; 2007).
Esta herramienta incluye diversos servicios que articulan la
interacción social de los usuarios, que consisten en una serie de
aplicaciones que cumplen diversas funciones, entre las que se
cuentan los juegos, los test, las encuestas y las herramientas de
gestión de elementos multimedia (fotos y videos) (De Ugarte,
2007).
Para el presente estudio se consideraron dos aplicaciones en
particular, Grupos y Causas, que se caracterizan por reflejar en
algunos casos el uso de esta herramienta social como un medio
de generación de ciberactivismo.
Grupos
Los Grupos en Facebook constituyen unidades sociales que se
forman gracias a la existencia de gustos e intereses comunes tales 136 <Ecos de la Comunicación
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como música, hobbies, entretenimiento y otras. Estas agrupaciones
se organizan en diversas categorías y tipos temáticos, por
ejemplo:
• Grupo : “¡No más Femicidios en Chile!”
• Categoría : “Interés Común”
• Tipo : “Creencias y Causas”
Muchas veces existe también una tendencia a que estas asociaciones
canalicen inquietudes sociales, como pudo observarse.
Funcionamiento de los Grupos en Facebook
De acuerdo a lo observado, el funcionamiento de los Grupos
en este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que
permiten determinar si existirá una jerarquía más tajante o relativa.
Cuestión que derivará de los roles de los miembros, de las
reglas del grupo, de qué funcionalidades incluirá, quiénes podrán
gestionar los contenidos y quiénes podrán tener acceso.
Con respecto al primero de estos mecanismos es necesario
explicar que existen dos tipos básicos de personas en un Grupo de
Facebook: el Administrador y los Miembros Comunes. Los
Administradores poseen ámbitos de decisión y acción que los
demás integrantes no tienen o tienen de manera limitada.
Existen dos tipos de Administradores, uno de los cuales es la
persona que crea el grupo y que llamaremos Administrador
Creador y aquel que con autorización del primero se convierte en
Administrador y que llamaremos Administrador Designado. El
Administrador Creador es el que tiene un mayor ámbito de decisión.
Fundamentalmente por ser el creador, será quien en primer
lugar tomará las decisiones relativas a qué características tendrá
el grupo.
Ambos tipos de administradores podrán tomar decisiones
con respecto a qué miembros pueden y no pueden ser parte del
grupo (dependiendo de los mecanismos de acceso de que se
hablará más adelante), cuáles serán los reglamentos y también
expulsar a quienes no los sigan. Dependiendo de esto y de las
decisiones que haya tomado el Administrador Creador con respecto
a los mecanismos de participación pública y de gestión
de contenidos, la jerarquía del grupo será más relativa o más
tajante.

Ecos de la Comunicación > 137
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Las funcionalidades que tendrá el grupo dependerán de las
opciones “Habilitar el Muro”, “Habilitar el foro de debate”,
“Mostrar eventos relacionados” y “Mostrar grupos relacionados”.
De estas opciones las primeras dos aludirán a la participación
pública en el ámbito interno del grupo y las dos últimas a la participación
pública del grupo como entidad social en ámbitos
externos.
Respecto a los mecanismos de gestión de contenidos, es posible
establecer privilegios administrativos para la publicación de
“Fotos”, “Videos” y “Elementos Publicados (Artículos)”.
Finalmente, el mecanismo relacionado con la mayor o menor
libertad para asociarse al grupo dependerá de si se determinó que
este fuera 1.– abierto, es decir, que “cualquier persona puede
unirse e invitar a otras personas. Cualquiera puede ver la información
y el contenido del grupo”; 2.– privado: “para que un
nuevo miembro se una a un grupo, los administradores deberán
aprobar su solicitud. Cualquiera puede ver la descripción del
grupo, pero solo los miembros pueden ver el muro, el foro de
debate y las fotos”; ó 3.– secreto, de manera que “El grupo no
aparecerá como resultado de una búsqueda ni en los perfiles de
sus miembros. Solo se aceptan nuevos miembros por invitación,
y solo los miembros pueden ver la información y contenido del
grupo” (http://www.facebook.com/groups/create.php?customize&amp;
gid=61436607024).
Causas
De acuerdo a lo observado, las Causas en Facebook constituyen
acciones sociales en que varias personas se unen para conseguir
un objetivo común. Estas son por excelencia un instrumento
de canalización de inquietudes, necesidades y descontento social.
Acciones que se organizan en diversas categorías y tipos temáticos,
por ejemplo:
• Causa :“En Concepción el ferrocarril debe ser soterrado”
• Categoría :“Promociónes Públicas”
• Tipo :“Chile”
Las Causas son también coordinadoras de ayuda. Por esto,
permiten recolectar donaciones, lo que las diferencia, entre otras
características, de los Grupos.

138 <Ecos de la Comunicación
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Funcionamiento de las Causas en Facebook
Según pudo establecerse, el funcionamiento de las Causas en
este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que permiten
“reclutar” personas, determinar cuál será la misión de la
Causa, las posiciones o afirmaciones que la respaldan, cuál será
el alcance geográfico de la misma y qué institución será la
“Beneficiaria” de las Donaciones.
Con respecto al primero de estos mecanismos, existen cuatro
formas básicas de Reclutar a las personas para una causa. La primera
de estas deriva de la creación de la Causa y se denomina
“make a pledge”.
En esta modalidad el Administrador Creador de la Causa invita
a todos sus contactos de manera que poco a poco esta se expanda.
Cuando el administrador se vale del “make a pledge” para
reclutar personas, significa que se compromete a invitar a todos
sus contactos.
La segunda manera en que se puede reclutar personas es
mediante la invitación directa de un miembro de esta causa. La
tercera manera de reclutar miembros es a partir de los miembros
que llegan y adhieren a la causa por lo que buscarán que esta
resulte. Finalmente, la cuarta forma de reclutar personas para una
causa es invitar directamente a los usuarios de Causas y Grupos
afines.
De lo anterior deriva que en las Causas es posible diferenciar
entre reclutadores y reclutados. Aun cuando existe esta diferencia
no es tajante pues prácticamente todos los miembros de una
Causa podrán desempeñar ambos papeles. La única excepción
será el Administrador Creador de la causa. Este, a diferencia del
Administrador del Grupo, cumplirá un papel fundamentalmente
de reclutamiento.
El planteamiento de la misión es fundamental para conocer
los objetivos de la Causa, qué resultados busca su creador y a
quiénes busca favorecer. Las posiciones reflejarán la misión a la
vez que le otorgan mayor fuerza argumental. Estas consisten en
afirmaciones que buscan llamar la atención de más personas para
aumentar el número de reclutados. Ejemplos de posiciones son:
“los conductores deberían respetar al peatón”, “el pasaje de estudiante
debería ser gratis”, etc.
El alcance geográfico de la Causa dependerá de la opción “A
qué región afecta su Causa” en que es posible escoger entre 3
ámbitos básicos: “Global”, “Estados Unidos”, “Canadá” y un Ecos de la Comunicación > 139
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Ámbito múltiple que representa a los demás países del mundo
incluidos en la Red de Facebook.
El mecanismo relacionado con la Institución “Beneficiaria”,
permite determinar qué institución recibirá las donaciones que se
logren. Existen cuatro clases de instituciones, “Nonprofits listed
under Political Campaigns”, “Specific nonprofit”, “Support a 2008
presidential campaign” y “Canadian charity”. Finalmente, existe
una opción que permite no elegir alternativas y que en este caso se
denomina “Skip this Step” (http://apps.facebook.com/causes/causes/
new?m=4b3b2e26).
Métodos
Basado en una investigación descriptiva ex post facto de dos
meses de duración llevada a cabo a partir de mayo del año 2008,
usando observación participante y una pauta de cotejo para recolectar
los datos, este artículo analiza “Grupos” y “Causas” en
Facebook con un alcance nacional y local del Gran Concepción.
La investigación buscó describir por medio de este análisis el uso
de la red social Facebook como vehículo de apoyo a movilizaciones
y reivindicaciones sociales.
La población de interés fueron los grupos y causas de la red
social Facebook, remitidos a la Red Chile (incluyendo temas de
interés nacional) y del Gran Concepción.
Se realizó un muestreo sistemático no probabilístico, donde se
seleccionaron los 10 grupos y 10 causas con mayor número de
adherentes, tanto en la Red Chile como aquellos grupos y causas
relacionadas con la ciudad de Concepción y sus alrededores. A partir
de esta muestra se utilizó una pauta de cotejo secundaria para
relacionar grupos y causas menores, denominados “hermanos”, que
comparten temas en común con estas causas principales.
Para el análisis de los datos se realizó un resumen de las causas
principales de tal forma de extraer la información de descripción
de los datos básicos de cada grupo y posteriormente poder
agruparlos por tema de interés. En esta instancia se separaron los
grupos y causas de “interés social” de aquellas consideradas “triviales”,
por no representar necesariamente un interés mayor para
la ciudadanía.
De estos datos resumidos se realizarán búsquedas de grupos y
causas en Facebook, relacionadas con las detectadas como las
más populares. De esta forma, es posible detectar causas y gru140 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
pos asociados a aquellas definidas como más influyentes por la
cantidad de usuarios que poseen.
Resultados
La presente investigación permitió conocer las características
de las redes sociales en Internet, identificar y valorar las herramientas
y potencialidades de Facebook y, por último, analizar
con la utilización específica de dos herramientas de dicha plataforma,
en dos ámbitos geográficos del país. Permitió además
comprender el papel que la ética hacker del trabajo y la lógica de
la abundancia, producto de las redes distribuidas, han tenido en el
desarrollo del ciberactivismo en Chile y cómo se ha traducido en
instancias de protesta con características de ciberactivismo.
El estudio de los Grupos y Causas de Facebook permitió también
vislumbrar como existe una fuerte canalización del descontento
social en distintos temas que acompañan los resultados de
este proyecto. Llama la atención cómo las personas se agrupan en
torno a esta herramienta social para cambiar las situaciones que,
a su juicio, no están bien y que es necesario poner en la agenda
pública.
De los temas recogidos los más importantes, a nivel nacional,
fueron los relativos al transporte, violencia de género extrema,
ayuda social y medioambiente. Finalmente, para concluir es posible
decir que hay una importante presencia de temas contingentes
en los Grupos y Causas de Facebook. Aparentemente, las razones
que motivan esto dicen relación con la importante penetración
de los SRS en Chile.
Sobre los grupos
Los grupos se constituyen principalmente como espacios de
reunión social virtual de quienes son parte de alguna institución
y/o agrupación con raíces offline, espacios que permiten compartir
opiniones, gustos y hobbies. En general, presentan la horizontalidad
característica de las redes distribuidas, salvo algunos
casos en que el administrador maneja mayores prerrogativas (por
ejemplo, grupos privados o secretos).
Dentro de los tipos de grupos anteriormente mencionados se
encontraron algunos reunidos en torno a temas que se pueden Ecos de la Comunicación > 141
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
considerar relevantes o irrelevantes, destacando entre los primeros
las temáticas contingentes y aquellas de más largo plazo,
como por ejemplo, transporte, política y violencia de género
extrema, entre otros. Como contraparte, existen agrupaciones que
comparten su afinidad por tópicos irrelevantes, tales como: el
equipo de fútbol de la Universidad de Chile, la propuesta de la
elefanta Fresia como Miss Facebook, etc.
Aun cuando en un principio se pensó que los grupos más
populares se constituirían como meros espacios de reunión social
sustentados en asuntos triviales, prácticamente se equiparó el
número de grupos con temas relevantes (9) con aquellos relacionados
con temas triviales (11).
Entre los grupos relevantes se encontró un número importante
de temas con características de ciberactivismo: violencia de
género extrema (Ámbito Chile), política (Ámbito Chile), malas
prácticas sociales (Ámbito Chile), Delincuencia (Ámbito Chile),
aborto (Ámbito Chile) y transporte (Ámbito Gran Concepción).
Sobre las causas
Las causas se caracterizan por constituir acciones que la
mayor parte de las veces persiguen objetivos relevantes y de alto
impacto social. Por lo general, estas acciones buscan aglutinar
cada vez a mayor número de adherentes, de manera de ejercer
mayor presión social y constituir una fuerza de cambio. Para esto
las causas, en general, sugieren prácticas deseables para las personas
que las integran, herramientas necesarias para realizar gestos
que evidencien su adherencia y permitan presionar a quien
corresponda para lograr sus objetivos.
La fuerte presencia de temas relevantes y contingentes en las
causas da cuenta de la importancia de estas como espacios de participación
y opinión de las personas, y refleja una sociedad opinante
que busca cambiar las cosas para el beneficio de la
mayoría.
Estas características innatas las convierten no solo en los
espacios ideales para protestar, sino también en el soporte por
excelencia del ciberactivismo.
No obstante lo dicho, algunas causas no presentaron características
de ciberactivismo. Esto ocurrió por la ausencia de objetivos
claros de alto impacto social y falta de entrega de
herramientas de protesta, a la manera de la ética hacker.

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Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales


Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales
Emerging logic in collective action and collaborative research practices: notes for an Anthropology with and for social movements

RESUMEN
Este artículo es una reflexión sobre la relación entre la Antropología y el estudio de los movimientos sociales. En primer lugar, presento la aparición de lógicas y prácticas emergentes en el campo de la acción colectiva, nuevos protagonismos sociales cuyas características difieren de la imagen clásica de un actor político organizado. Después paso a explicar las razones por las que considero que la Antropología está mejor preparada para captar este tipo de procesos que los enfoques hoy dominantes en el estudio de los movimientos sociales, ya que la el trabajo de campo etnográfico permite aprehender estas dinámicas emergentes según se están construyendo y desplegando. Y finalmente planteo las discusiones epistemológicas y metodológicas que me llevan a defender la etnografía colaborativa -investigar junto y con los movimientos sociales y no sobre los movimientos sociales- como la aproximación que, a la vez que nos sirve para producir conocimiento en torno a estas experiencias emergentes, permite que nuestros proyectos resulten relevantes para los sujetos con quienes trabajamos.
ABSTRACT
This work analyses the relationship between Anthropology and the study of social movements. First I introduce the emergence of new types of logic and practices in the field of collective action, which sharply differ from our previous images of organized political actors. Then I explain why Anthropology is particularly suitable to grasp these types of processes, much more so that the dominant approaches in Social Movement Studies, since ethnographic fieldwork enables us to apprehend emerging dynamics as they are being built and deployed. I conclude the article by bringing collaborative anthropology into the discussion, emphasizing the epistemological and methodological features that make this proposal appropriate for implementing research projects simultaneously relevant for the academia as well as for the subjects and social movements that we are working with.
PALABRAS CLAVE
antropología colaborativa | movimientos sociales | compañeros epistémicos | reflexividad | acción colectiva emergente
KEYWORDS
collaborative Anthropology | social movements | epistemic partners | reflexivity | emerging collective action

Introducción

Estamos asistiendo en los últimos años a transformaciones profundas en las lógicas y prácticas de la acción colectiva. Emergen nuevos protagonismos sociales a partir de la diversificación y redefinición de los sujetos, espacios y demandas políticas (Norris 2002), así como de las formas organizativas, los discursos y los repertorios de acción que orientan y expresan la (re)invención de unos movimientos sociales que no se ajustan ya -si es que alguna vez lo hicieron- al modelo clásico de entidades unitarias y homogéneas claramente delimitadas. Hoy nos encontramos más bien ante estructuras reticulares complejas y áltamente heterogéneas, cuyos contornos se muestran imprecisos, desordenados y cambiantes; entramados y circuitos de solidaridad que difieren profundamente de la imagen de un actor político organizado (Diani 2003, Mendiola 2003). No hablaríamos, por lo tanto, de totalidades cerradas sino de una topología compleja de redes enredadas, constelaciones dinámicas de prácticas, afectos, herramientas y sentidos compartidos, cuyo carácter abierto -poroso, indefinido, discontinuo- no se entiende como un obstáculo para la acción colectiva, sino como uno de los elementos constitutivos de las formas de pensar, imaginar y hacer otra política hoy.

Este carácter difuso no remite únicamente a la forma o la estructura de estas experiencias novedosas, también sus criterios de pertenencia están poco codificados; su propuesta no pasa ya por (re)crear identidades colectivas fuertes ni por proponer posicionamientos ideológicos muy marcados, al considerase que en lugar de facilitar la construcción de movimiento estos acaban convirtiéndose en un obstáculo para la acción colectiva (1), sino que se busca (aprender a) intervenir políticamente -producir ideas y vínculo social, trabajar en conexión con otros y otras- sin que para ello haya que pensar igual: experimentar la cooperación entre diferentes sin negar las diferencias, hacer proliferar las prácticas organizativas sin centralizarlas, sentirse y saberse parte de procesos comunes sin construir para ello identificaciones rígidas. Estaríamos así ante lógicas de afinidad, “formas de coordinación de singularidades que constituyen sumas que no totalizan sus propios elementos” (Lazzarato 2006: 65). Y desde estas premisas se está abriendo paso un modelo de acción colectiva que podríamos denominar post-identitaria y post-ideológica, siempre que entendamos que estas categorías no remiten a una propuesta post-política o antipolítica, sino al deseo compartido de producir colectivamente otra política, donde la diversidad no es tomada como problema sino como punto de partida, horizonte y desafío. De este modo, en el marco de la sociedad red la gramática de las luchas (el conflicto social) se despliega cada vez más en términos de complejidad, afinidad, conexión y cooperación entre singularidades, una situación que nos lleva a tener que problematizar la idea de un ‘nosotros’ claramente diferenciado como precondición necesaria para la acción (Mcdonald 2002, Chesters y Welsh 2006, Flesher 2010).

Se trata de un panorama novedoso que aún estamos aprendiendo a nombrar; redes difusas que conforman una ecología de interrelaciones complejas y cambiantes (Holmes 2006: 92), y que se componen desde la construcción de vínculos -políticos y afectivos- que deben producirse y reproducirse, cuidarse y tejerse en la materialidad y en la inmanencia de las prácticas y luchas cotidianas. Estaríamos aquí ante un desplazamiento fundamental. No hablamos ya de una arquitectura de los grandes diseños o relatos políticos que se despliegan en planes ideales (ingeniería social, saberes expertos, teorías de vanguardia); sino que estamos, en su lugar, ante una concepción de la política como artesanía (Osterweil y Chesters 2007), una experimentación abierta y siempre en construcción donde el encuentro y las prácticas no derivan ya, como he dicho antes, de los corpus ideológicos o las identidades fuertes, sino de articularse en torno a problemas y malestares sociales compartidos y concretos que se expresan y se viven en ese ámbito cotidiano. Es importante insistir en esta idea: si lo cotidiano es el plano espacio/temporal central para la reproducción de las relaciones sociales capitalistas y para la vivencia de sus consecuencias más concretas -hoy, por ejemplo, la experiencia encarnada de la precariedad- parece lógico entonces que se convierta también en el campo privilegiado de las luchas, las resistencias y los proyectos colectivos de (re)invención de otras maneras de vivir y convivir. Estamos así ante una política de la vida cotidiana, un marco que debería ser también, por lo tanto, el plano en el que despleguemos nuestras investigaciones.

Un buen ejemplo de estas dinámicas emergentes que vengo señalando son las manifestaciones celebradas el 15 de mayo de 2011, y los sucesos de las semanas y meses posteriores (Castells 2012, Taibo 2011 y 2012, Cruells e Ibarra 2013, Calle 2013) (2), que denominaré como el acontecimiento/movimiento 15M. En esta línea, Fernández-Savater nos proponía pensar dicha experiencia en clave de “identidades no identitarias” (Fernández-Savater 2012: 678) y como “movimientos sociales que no son movimientos sociales” (Fernández-Savater 2012: 669). Reflexionando en clave de continuidades y discontinuidades, podríamos decir que estos elementos -estas formas novedosas de imaginar y reinventar la política desde abajo- ya estaban presentes, ya estaban siendo pensados y puestos a trabajar en diversos proyectos que venían experimentando en los últimos años en torno a las formas de hacer y a la redefinición de los dispositivos y las prácticas, pero se trataba de procesos aún muy minoritarios (3); y será en el contexto del acontecimiento/movimiento 15M cuando se expresen de manera multitudinaria. El 15M materializaba muchas de esas intuiciones políticas, pero lo hacía a una escala, un ritmo y una velocidad mucho más amplias; lo que había sido minoritario, devenía en las calles y plazas el sentido común compartido por muchos y muchas: la auto-organización, la producción de una política que no pase por la ideología o la identidad, la problematización de los malestares cotidianos, los espacios de encuentro entre diferentes, etcétera. De hecho estas ideas atravesaban el manifiesto de convocatoria de la movilización del 15 de mayo de 2011, que alejándose de los discursos militantes al uso, decía:

“Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos. Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros. Por la indefensión del ciudadano de a pie.

Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor” (Democracia Real Ya! 2011) (4).

Y fue este tipo de planteamiento el que produjo la interpelación masiva que posibilitó la apertura de un nuevo escenario en aquellas semanas, una interrupción inesperada de la normalidad que abría nuevas posibilidades para el pensamiento y la acción, y que situaba en el centro del debate preguntas y opciones que no estaban dadas de antemano. En ese sentido, es importante destacar que el acontecimiento/movimiento 15M sucedió por afuera de los movimientos sociales organizados y de los circuitos activistas tradicionales, pasó por otro(s) lado(s), hablándonos así de esas formas emergentes de la acción colectiva que se constituyen como un espacio de cualquiera (Fernández-Savater 2012: 678). Como hemos visto, desde su inicio la convocatoria para la movilización remitía con fuerza a un imaginario y un lenguaje muy inclusivos, y presuponía así la posibilidad de una comunidad abierta; los lemas que circulaban eran transversales, llamaban a muchos y muchas e invitaban a producir colectivamente esa otra política. Potencialmente cualquiera podía sentirse interpelado por una protesta contra el bajo perfil de la democracia española: una ley electoral discutible, altos niveles de corrupción, poca transparencia, ausencia de canales de participación, etc.; y también cualquiera podía sentir que había que dar alguna respuesta a la creciente precarización de nuestras vidas, y en ese sentido incidía en esa idea de dar prioridad a los problemas concretos y cotidianos, sentidos en primera persona, por encima de los planteamientos de corte más ideológico e identitario. Y esto es algo que hemos podido ver también en las diversas mareas contra los recortes presupuestarios y de derechos en educación, sanidad, etc., así como en la experiencia de la Plataforma de Afectados/as por la Hipoteca, que en la actualidad es tal vez el proyecto más sólido y con mayor capacidad de incidencia; son dinámicas de intervención más específicas que el acontecimiento/movimiento 15M pero que funcionaban desde esas mismas lógicas emergentes (la política como artesanía). Y nuestras investigaciones, nuestras preguntas y maneras de analizar no pueden permanecer ajenas a estos cambios.

¿Cómo mirar? Hacia una antropología de los movimientos sociales

En este marco de transformación de las lógicas y las prácticas de la acción colectiva es importante plantearnos algunos interrogantes. No es fácil pensar ni comprender estos procesos emergentes a partir de las categorías e imágenes que hasta ahora nos permitían reconocer a los movimientos sociales, ya que “la constitución actual de lo común no pasa por ninguna de las figuras de lo común que están instaladas en nuestro imaginario” (Pelbart 2009: 12). ¿Están sucediendo cosas que no vemos -no podemos ver- con los instrumentos, categorías y preguntas de que disponemos?, ¿nos sirven los mapas que tenemos para aproximarnos a fenómenos que implican una ruptura -una asimetría- con lo ya conocido? Si esa otra política de los movimientos sociales no está vinculada a una ideología o a una identidad compartidas a priori, entonces ¿cómo se construyen, cómo se tejen y se sostienen los vínculos que hacen posible la acción colectiva?, ¿cómo toman cuerpo esa otra política y esos otros protagonismos sociales que actúan desde y hacia la heterogeneidad? ¿Qué instrumentos, qué herramientas de análisis necesitamos para dar cuenta de procesos abiertos, de lógicas en movimiento, de configuraciones cambiantes?, y ¿cómo afecta esto al trabajo de campo y a las lógicas de representación?, ¿cómo organizar las imágenes, los discursos, las metáforas que expresan la complejidad de estos fenómenos?, ¿cómo aprehender -sin cosificarlas- sus características, sus innovaciones y continuidades?

Mi propuesta en este artículo es que los estudios hegemónicos sobre movimientos sociales presentan cierta rigidez a la hora de captar estos procesos que están en construcción. La aparición de lo que Melucci definía críticamente como un “mercado académico mundial en el campo de la investigación sobre movimientos sociales” (Melucci 1989: 195) (5) provocó que la producción de conocimiento en este área gire ahora, mayoritariamente, en torno a los problemas, discusiones y preguntas internas de la propia subdisciplina, imponiendo así las categorías analíticas del propio campo sobre los sujetos investigados, en una lógica autorreferencial que ha provocado que los estudiossobremovimientos sociales hayan perdido en gran medida su capacidad de diálogo con los movimientos sociales (Cox y Flesher 2009, Croteau et al. 2005).

Esto no siempre fue así. En su origen, el proceso de elaboración y acumulación teórica y empírica que posibilitó el surgimiento del estudio de los movimientos sociales como subdisciplina se produjo -en el ámbito norteamericano, que devendría eventualmente hegemónico- en el contexto marcado por las luchas sociales de las décadas de 1960 y 1970, el movimiento por los derechos civiles, feminista, estudiantil, o el movimiento anti-imperialista y contra la guerra de Vietnam, cuando académicos y académicas que tenían fuertes vínculos con estos procesos, o que eran directamente activistas, desafiaron las interpretaciones que en ese momento eran dominantes en el análisis de la acción colectiva. Ésta se entendía principalmente como la expresión de conductas irracionales y anómicas, lo que despolitizaba por completo su carácter y su sentido, y fue gracias a este gran impulso colectivo que pudo comenzar a analizarse desde una mirada que subrayaba el papel de los movimientos como agentes centrales en la transformación social y política de nuestras sociedades. Por ejemplo Doug McAdam, una de las figuras clave en el desarrollo de estos estudios, contaba así su propia experiencia:

“Mi primera exposición al estudio académico de los movimientos sociales tuvo lugar en 1971 cuando, para mi sorpresa, el profesor de la clase de Psicopatología dedicó varias semanas a la discusión de este tema. Digo ‘sorpresa’ porque, como participante activo en el movimiento anti-guerra, ciertamente fue una noticia saber que mi implicación en la lucha era debida a una mezcla de patología personal y desorganización social. Pero esos fueron, reflejando las teorías dominantes en aquel momento, los dos factores que se subrayaron en el curso.” (McAdam 2003: 281) (6).

El cambio que se produjo en ese contexto de efervescencia política y social fue extraordinario, e hizo posible abrir nuevos horizontes y programas de investigación. Sin embargo, mi sensación es que más allá de lo logrado -que es mucho- en este proceso de institucionalización y profesionalización los estudios sobre movimientos sociales han ido perdiendo progresivamente esa relación intensa entre academia y activismo que sí estaba presente en su origen, generándose así un distanciamiento creciente que ha bloqueado la posibilidad de elaborar preguntas compartidas (Bevington y Dixon 2005, Meyer 2005, Goodwin y Hetland 2009). Así por ejemplo, Richard Flacks afirmaba que

 ”Era posible imaginar, si estabas implicado en el campo de los estudios sobre movimientos sociales, que tus clases, tu asesoramiento y tu participación directa, así como tus esfuerzos de investigación, podían tener alguna relevancia para las prácticas y los puntos de vista de los activistas políticos. En algún punto a lo largo del camino, sin embargo, esa promesa de relevancia retrocedió (se esfumó) y una definición de objetivos mucho más ‘profesional’ y ‘disciplinaria’ pasó a primer plano” (Flacks 2004: 136) (7).

De este modo, dicha subdisciplina se fue transformando en una ciencia sedentaria, auto-referencial, que no se interesa ya por acompañar aquello que de movimiento tienen los movimientos, y que convierte en objetos a los sujetos con quienes trabaja, a los que trata como materia prima para su propia reproducción (8). Y en ese sentido, la inercia de su aparataje conceptual y teórico -que circula y se reproduce en las revistas y conferencias académicas especializadas- es en cierto modo un obstáculo para percibir y analizar dinámicas que están emergiendo.

¿Qué puede aportar en este contexto la antropología? Cartografiar lo emergente implica focalizar la mirada en los procesos según se producen y se despliegan, y para eso hay que situarse al interior de esas redes de relaciones, escuchar los discursos, conocer las prácticas, percibir la textura, el ritmo y las tonalidades de esas tramas de sentido que se construyen colectivamente. Y eso se logra a través de la inserción en el tiempo y el espacio de lo cotidiano que caracteriza al trabajo de campo etnográfico, donde como investigadores o investigadoras observamos qué sucede, escuchamos, preguntamos, sentimos, dialogamos y participamos en mayor o menor medida (9). La combinación metódica entre lo diacrónico y lo sincrónico, la atención privilegiada al proceso y a lo relacional, a lo micro-político, a esa (re)producción y transformación de los vínculos y los sentidos compartidos, es lo que va a hacer posible acercarnos a la multidimensionalidad inherente a estas experiencias reticulares y difusas; y ahí la etnografía es clave porque nos invita a mirar de manera diferente, prestando mayor atención a la contingencia, la diversidad, el dinamismo y la complejidad de los factores que se (re)combinan de maneras inesperadas. De este modo, por su carácter de disciplina indisciplinada (Comaroff 2010), y por el enorme potencial que tienen sus técnicas de producción de conocimiento para abrir nuevos horizontes de investigación y percibir lo que está por llegar, lo que está naciendo, la antropología puede jugar un papel fundamental a la hora de detectar y analizar este tipo de procesos emergentes (Hannerz 2010).

Por otro lado, he señalado cómo estas redes se conforman como entramados heterogéneos, abiertos, compuestos por una multiplicidad de niveles y cuya topología no viene dada de antemano. En este sentido, Latour afirmaba que ante este tipo de procesos donde los límites no están claramente definidos y donde las dimensiones a considerar fluctúan, la tarea del investigador o investigadora no sería imponer a priori algún tipo de orden, limitando la forma, el tamaño o el carácter de las conexiones, sino “seguir a los propios actores” (Latour 2005: 12), es decir, que sean los propios sujetos -los y las integrantes de los movimientos sociales en este caso- quienes tracen la particular geografía variable de su campo. Y aquí de nuevo la etnografía se nos muestra como una herramienta extremadamente útil, ya que no pretende sobre-codificar los discursos de los sujetos desde las categorías disciplinares, sino abrir el espacio necesario para que sean esos sujetos quienes definan el sentido (los sentidos) de sus prácticas, y propongan, desplieguen y ordenen sus propios conceptos, análisis y mapas de relaciones (Auyero y Joseph 2007, Hammersley y Atkinson 1994, Schatz 2009).

Además, y como último punto, la antropología aporta también su preocupación particular por los elementos culturales, y esto es especialmente importante si entendemos que uno de los planos fundamentales de acción de los movimientos sociales es (re)nombrar el mundo de maneras alternativas, creando y resignificando códigos e imaginarios -relatos, ideas, mitos, figuras- y ampliando así el campo de lo posible y lo pensable. Las redes subterráneas de movimientos sociales funcionan como espacios de experiencia y experimentación en los que, “se plantean nuevos problemas y preguntas, y en los que se inventan y ensayan nuevas respuestas” (Melucci 1989: 208) (10), y operan por lo tanto como “laboratorios de innovación cultural” (McAdam 1994: 55), activando un trabajo cotidiano en torno a las representaciones sociales, a la producción simbólica y a los procesos y dispositivos de subjetivación, que aparecen hoy como un ámbito clave de intervención para la acción colectiva (Escobar y Osterweil 2009).

Por todo esto, la antropología sería un enfoque privilegiado para aproximarnos a este tipo de dinámicas emergentes. Sin embargo, y a pesar de las características que acabo de mencionar, la Antropología -en comparación con la Sociología, la Historiografía o la Ciencia Política- ha tenido hasta ahora un papel bastante limitado en este campo de análisis. Hace más de dos décadas, Arturo Escobar lamentaba en un texto ya clásico la invisibilidad de los movimientos sociales en la antropología, afirmando que la investigación de algo tan heterogéneo y complejo como los movimientos sociales contemporáneos suponía de hecho un desafío que podía ayudar a profundizar la autocrítica de la disciplina, teniendo implicaciones importantes para el trabajo de campo y para la dimensión política de la escritura etnográfica, es decir, para quién escribimos y cómo; y planteando así cuestionamientos epistemológicos y metodológicos que podían ser muy fructíferos en términos de cruces innovadores entre teoría y práctica, conocimiento y acción (Escobar 1992: 419). Y más adelante, Javier Auyero (2005: 122) insistía en esta ausencia, destacando que hay mucha reconstrucción pos facto de la protesta pero que la producción de etnografía in situ sigue siendo escasa.

Esta invisibilidad, que por supuesto nunca fue completa, parecería no obstante estar cambiando a lo largo de la última década, y con mayor intensidad aún al calor de los movimientos sociales que han surgido en los últimos años. Así, por citar algunos ejemplos, puede destacarse la creación de una red de investigadores e investigadoras en antropología de los movimientos sociales dentro de la European Association of Social Anthropologists (11); la presencia creciente de esta temática en congresos de antropología, y la publicación de manuales específicos como el caso de Nash (2005), Grimberg, Macedo y Manzano (2011), o Juris y Khasnabish (2013); la edición del monográfico “Etnografías de la indignación” coordinado en 2013 por Fernández de Rota y Diz en la Revista de Antropología Experimental(12); los múltiples materiales de la carpeta “Occupy, Anthropology, and the 2011 Global Uprisings”, publicada por Cultural Anthropology en 2012 (13); los trabajos de Estalella y Corsín en torno al 15M en el proyecto Prototyping (14); así como algunos de los artículos editados por la revista Collaborative Anthropologies(15), o los presentados por el Berkeley Journal of Sociology en su foro “Understanding the Occupy Movement: Perspectives from the Social Sciences” (16). Creo que este breve recuento nos da una idea de cómo los investigadores e investigadoras parecen estar buscándose desde la necesidad y el deseo de debatir sobre intereses y problemáticas compartidas.

Un paso más allá. La dimensión colaborativa: de la relación sujeto/objeto de investigación a un diálogo de reflexividades

Sin embargo, y junto a estos elementos que vengo subrayando, creo que es importante dar un paso más allá en el análisis de las formas emergentes de la acción colectiva (17). Si no hay un trabajo epistemológico fuerte que oriente explícitamente nuestros diseños metodológicos en otra dirección, es probable que acabemos practicando por defecto etnografía sobre los movimientos sociales, y en ese caso estaremos dejando sin problematizar -y por lo tanto, reproduciremos- la asimetría y la subordinación que componen y atraviesan la relación sujeto/objeto de investigación (18). Para evitar que esto suceda es clave situar las preguntas ¿para qué? y ¿para quién? en el centro de nuestros proyectos; y en ese sentido Escobar (2008) enfatizaba la importancia de desarrollar nuestros trabajos pensando junto y con los movimientos sociales, tomando como punto de partida sus localizaciones epistémicas y políticas, y no únicamente los intereses académicos o disciplinarios. Es central además reconocer el papel de los movimientos sociales como productores de conocimiento, en un contexto en el que para muchas experiencias la producción y sistematización de saberes -situados, encarnados, creados colectivamente, surgidos en y desde las prácticas- no se piensan como un complemento o como un momento separado de la política, no son propuestas que tengan sentido aisladas: el pensamiento colectivo, la investigación militante, la experimentación política y la producción de movimiento son entendidos y vividos como hilos de un mismo tejido (Casas-Cortés, Osterweil y Powell 2008, Santucho 2012).

Ese gesto que nos propone Escobar permitiría articular investigaciones que, además de para la academia, fueran útiles para los sujetos con quienes trabajamos. Esta afirmación no esconde ningún proyecto normativo: la relevancia no puede definirse por fuera de cada situación específica, y debe ser negociada y definida colectivamente por los diferentes actores implicados; pero sería deseable que cada investigador o investigadora tuviera presente -sin dogmatismos, pero con honestidad- las cuestiones de para qué y para quién sirven los proyectos que desarrollamos. Y me estoy refiriendo aquí a la relevancia de la investigación como proceso, y no únicamente como resultado, que es como se piensa habitualmente: un texto-herramienta (o de un conjunto de ellos) que da a conocer una experiencia, que visibiliza prácticas, y genera o alimenta debates relevantes para los y las activistas. Y todo eso es necesario, pero lo que me interesa pensar -como pregunta fuerte- es cómo lograr que la investigación sea útil como proceso, y no únicamente como producto final, un gesto que nos obliga a discutir, negociar y articular intereses y definiciones que sean -al menos parcialmente- compartidos en relación al diseño y al desarrollo de la investigación. En mi opinión hacer posible este modelo de relevancia, darle cuerpo, pasa necesariamente por afirmar la reflexividad de los grupos con quienes trabajamos, e intentar que nuestras investigaciones se conecten y se recombinen de un modo creativo y productivo con sus propias conversaciones. No se trataría de “enseñar” nada al movimiento desde una posición de “experto”, sino que, como señalaba Juris, “el conocimiento etnográfico producido de manera colaborativa busca facilitar procesos de (auto)reflexión activista que ya están en marcha en relación a los objetivos, las tácticas, las estrategias o las formas organizativas de un movimiento” (Juris 2007: 165) (19); y en ese marco la tarea del investigador o la investigadora es acompañar -aprender acompañando y siendo acompañado/a-, abriendo un espacio de reflexividad dialógica y co-análisis.

Esto conlleva diversos desplazamientos. El primero es pasar de una relación de investigación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, donde se toma como punto de partida la condición de productores de conocimiento de los grupos con quienes trabajamos; como señalaban Holmes y Marcus.

“Dentro de las comunidades epistémicas que buscamos explorar, nuestros sujetos son perfectamente capaces de hacer magníficas etnografías en sus propios idiomas. En los términos de sus propios discursos situados, la función descriptiva básica de la etnografía es muy probable que ya se esté ejerciendo. A modo de artefactos, libros y memorias emergen cada día desde el interior de las mismas, por así decirlo, y explican con gran agudeza crítica cómo los procesos, instituciones y organizaciones contemporáneas más complejas y estratégicas operan y tienen sus propias culturas. No son necesarios los antropólogos para añadir ‘crítica’, orden moral o un significado superior a dichos relatos. (…) nosotros debemos, por lo tanto, reaprender nuestro método a partir de nuestros sujetos tomados como compañeros epistémicos, desde la evaluación cuidadosa de cómo ellos se involucran intelectualmente con nuestro mundo y nuestro tiempo.” (Holmes y Marcus 2008: 84) (20).

En este sentido, y como segundo desplazamiento, no estamos ya ante la categoría clásica del informante, el nativo o la nativa que proveen de información al experto, que será quien realice el análisis complejo que ellos y ellas supuestamente no podrían hacer; sino ante un escenario poblado por actores hiper-reflexivos, compañeros/as epistémicos/as, cuyas prácticas están atravesadas por el mismo ethos experimental que las del investigador, y que ponen en juego y despliegan lo que Holmes y Marcus han denominado como para-etnografía.

“Para nosotros, la figura del para-etnógrafo cambia fundamentalmente las reglas de juego de la colaboración, así como la mediación de ideas y sensibilidades englobadas por y en el intercambio etnográfico. No nos interesa la colaboración como una ‘división del trabajo’ entre los investigadores o investigadoras que controlan el diseño de un proyecto, ni como la base para combinar saberes expertos académicos o como un gesto hacia la interdisciplinariedad canónica. La idea es, de nuevo, integrar completamente la agudeza analítica y las percepciones de nuestros sujetos para definir las temáticas que se ponen en juego en nuestros proyectos, así como los medios a través de los cuales vamos a explorarlas” (Holmes y Marcus 2008: 86) (21).

No estaríamos por lo tanto ante el imaginario de la investigación etnográfica como caza o captura del que hablaba Malinowski, sino ante una lógica de cooperación, pensada en clave de un caminar compartido (22). Una idea que se ha venido planteando desde diferentes escenarios: la conexión entre diversos elementos de la Investigación Acción Participativa y la antropología (Greenwood 2000), las propuestas de la sociopraxis (Villasante 2006), la etnografía doblemente reflexiva (Gunther Dietz 2011), o los aportes de la antropología feminista y las metodologías decoloniales son algunos de los enfoques y herramientas que nos permiten acercarnos a ese horizonte colaborativo que vengo señalando, y cuyas principales características voy a detallar a continuación.

En primer lugar, las propuestas colaborativas implican repensar/resignificar la práctica de colaboración -que es por definición inherente a la etnografía- para situarla deliberada y explícitamente como la columna vertebral que oriente y dé sentido al diseño de todas y cada una de las fases de la investigación: desde la formulación del proyecto hasta el trabajo de campo, el análisis y la escritura, poniendo en discusión con los sujetos con quienes trabajamos las representaciones que serán elaboradas a partir de los datos producidos (Lassiter 2005: 132). La colaboración se entiende, por lo tanto, como producción conjunta e implica idealmente un proceso continuo de diálogo, ensayo y (re)negociación de una agenda compartida y de los objetivos -no siempre coincidentes- de los diferentes actores.

En este sentido, situar las prácticas colaborativas como eje del proceso de investigación modifica profundamente el carácter del trabajo de campo, que pasa de ser un espacio/tiempo de producción o recolección de datos, anterior y separado del momento del análisis, a ser un espacio/tiempo en el que se despliegan dinámicas colectivas (talleres, cartografías, etc.) de co-teorización y co-conceptualización (Vasco 2002, Rappaport 2007 y 2008) que serán los que den lugar a la producción de conocimiento. Por eso no tiene sentido hablar, como sí hacen otras propuestas, de una fase posterior de devolución del análisis elaborado por el investigador/experto, sino que nos estamos situando en otro plano, en una lógica de la investigación como artesanía, en la que lo importante es pensar juntos y juntas: abrir espirales de “acción-reflexión-acción” en las que la reflexión colectiva sobre la práctica vaya construyendo nuevas reflexividades y posibilidades de acción más creativas. Un escenario, por lo tanto, en el que es central el cuidado del proceso, y donde nuestra tarea como investigadores e investigadoras es situarnos en clave de transducción, entendiendo que el análisis es compartido y que ésa es justamente la mayor riqueza de estos proyectos.

Es fundamental señalar, además, que al abrir espacios y tiempos de codecisión en el diseño y análisis de la investigación, la etnografía colaborativa desestabiliza la asimetría de poder (la violencia simbólica) implícita en la relación sujeto investigador/objeto investigado, estableciendo una situación en la que “para que los sujetos de la investigación tengan un grado adicional de control real, el investigador o investigadora tendrán que delegar una parte significativa de su propio control” (Hale 2008: 15) (23).

Y creo que es importante entender esta pérdida de control más como una oportunidad que como un problema; se trata de una propuesta desde la complejidad, sin garantías, experimental y que no está -no puede estar- exenta de tensiones (Leyva y Speed 2008), pero que nos permite situar con fuerza la cuestión de la relevancia (la utilidad para las personas con quienes trabajamos) en el centro del proyecto, a la vez que producimos análisis académicos más ricos y profundos al acceder a planos de acción a los que resultaría difícil llegar desde otras aproximaciones. Cuanto más puedan apropiarse del proyecto los sujetos con quienes trabajamos, aunque sea parcialmente, más rico va a ser el análisis compartido, y mayores nuestras opciones de observar -en su producción material y concreta- los procesos de construcción y redefinición colectiva de las categorías, los sentidos y las nociones comunes sobre las que se asienta y se despliega la acción colectiva. Entiendo que esa pérdida de control deja al investigador o investigadora en una posición ambigua, en algún lugar indefinido -entremedias- de la academia y de los movimientos, y que habitar y sostener esa situación puede activar tensiones que son difíciles de gestionar. Realizar un trabajo que resulte creíble y sólido en los dos ámbitos, el académico y el de los movimientos sociales, es tal vez la más destacada y hay un riesgo evidente en intentar mantener esta doble lealtad: acabar por no hacer bien ninguna de las dos cosas, no cumplir con las expectativas, las demandas ni los criterios de aceptación y validación de estos dos ámbitos. Pero a la vez insisto en que esa incomodidad y esa ambigüedad pueden abrirnos posibilidades inesperadas si somos capaces -junto y con los sujetos con quienes trabajamos- de aprender a habitar creativamente esa tensión e intentamos declinarla de manera productiva (Hale 2008: 23).

En este sentido, Rappaport (2008: 23) planteaba una serie de condiciones ideales para la realización de una etnografía colaborativa: en primer lugar, el compromiso de sostener un diálogo a largo plazo, lo que no siempre es posible; en segundo lugar, un grado significativo de confianza entre las partes que generalmente nace de una relación construida durante años; y como tercer factor, la presencia de un grupo de interlocutores que puedan asumir y liderar el proceso de co-teorización. Fuera del cuerpo de su artículo, como una nota al final del texto, la autora presentaba una cuarta condición, afirmando que afrontará mejor el reto de la investigación colaborativa quien ya sepa cómo hacer una buena etnografía. No obstante, tiene que quedar bien claro que el trabajo colaborativo no debe entenderse como la “nueva manera correcta” de hacer etnografía (Field 2008: 42); simplemente es una lógica y una herramienta, o combinación de herramientas, que se adaptan mejor a cierto tipo de situaciones de investigación y que pueden responder mejor a determinadas preguntas, pero no es una receta. Ni siquiera hay una única forma de hacer etnografía colaborativa; hay etnografías colaborativas en plural, y en cada caso habrá que buscar las estrategias específicas que mejor se adapten al contexto particular. Lo fundamental es mantener en el centro de nuestras investigaciones el cuestionamiento sobre los modos de producción y validación del conocimiento: para qué y para quién se produce, cómo se produce, y cuáles son los criterios para considerar un determinado saber como legítimo (o como ilegítimo, no importante, desechable), y desplegar las estrategias metodológicas que nos permitan abrir otros horizontes para y desde nuestros proyectos.

Conclusiones

El objetivo de las propuestas colaborativas, apoyándose en ese desplazamiento central que supone pasar de una relación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, es romper con las asimetrías propias de las situaciones de investigación, desbordar las lógicas disciplinarias auto-referenciales y lograr que nuestros proyectos sean útiles y relevantes para las personas con las que trabajamos. Insisto en que estas propuestas no van a ser aplicables a todas las situaciones de investigación, pero considero que en el caso concreto del estudio de la acción colectiva son sin duda una herramienta de gran valor.

Frente a la inercia auto-referencial de los estudios sobre movimientos sociales, pensar y producir conocimiento junto y con los movimientos sociales demanda reconstruir espacios de diálogo y colaboración, y situar en el centro de la investigación los temas y las preguntas que emerjan de dicho diálogo. Es obvio que ambas dimensiones son distintas, academia y movimientos sociales no son lo mismo y no tienen porqué serlo, pero sin duda es posible articular procesos de escucha y conversaciones que permitan crear proyectos parcialmente compartidos. Estaríamos participando así en ese reto epistemológico y metodológico para la antropología que, como decía Escobar más arriba, remite a la dimensión política de la escritura etnográfica: para quién y cómo escribimos.

Por otro lado, quiero reiterar que situar la relevancia en el centro de nuestros proyectos, intentar que sean útiles para la gente con la que estamos trabajando, y hacer una etnografía de calidad, que pueda aportar respuestas y -sobre todo- preguntas inteligentes, no son incompatibles. No hay que elegir entre estas dos opciones. Todo lo contrario; pensar junto y con las personas que están dando cuerpo a esos nuevos protagonismos sociales es la mejor manera posible de alcanzar una comprensión más rica de estos fenómenos. Si nuestras propuestas están integradas dentro de las dinámicas internas de los movimientos, eso nos permitirá participar en situaciones de discusión y análisis colectivo que multiplicarán la riqueza y la complejidad de nuestras investigaciones. Tomarse en serio el carácter de compañeros epistémicos de las personas con las que trabajamos implica poner en el centro los momentos en los que ellos y ellas reflexionan colectivamente sobre sus propias categorías de sentido, y en los que las redefinen y resignifican. En unas redes y experiencias donde la reflexión conjunta sobre la práctica política es entendida en sí misma como una práctica política, estos encuentros son un contexto de máximo interés para comprender la reinvención de la acción colectiva, ya que es ahí donde se reactivan los procesos de experimentación en torno a las formas de hacer. Ése es el laboratorio donde se tejen las lógicas y los dispositivos emergentes: conversaciones, relaciones, conflictos y decisiones en las que se elaboran y se ponen en circulación categorías -formas de percibir y nombrar el mundo- que intentan catalizar la movilización y que son centrales para entender cómo ésta toma forma, se hace visible y va cambiando. Un proceso siempre en transformación mediante el que los movimientos construyen sentido. Ahí es donde tenemos que situarnos escuchando, acompañando y aprendiendo, en esa reflexividad creativa y compartida, en esa lógica de la artesanía de la política y de la investigación. Es ahí también donde seremos capaces de plantear preguntas con las que no solo la academia, sino también los y las protagonistas de estas experiencias, agentes reflexivos en permanente redefinición, quieran seguir caminando.

Hemos visto como el modelo dominante en el estudio de la acción colectiva ha ido perdiendo esta conexión, y al hacerlo ha profundizado las asimetrías que he tratado de problematizar en estas páginas: sujeto/objeto, teoría/práctica, saberes expertos/saberes cotidianos, etc. Hemos destacado también lo que la antropología puede aportar a este campo de análisis, y sabemos además que está empezando a hacerlo con mayor intensidad; como he mencionado proliferan los espacios de encuentro y la producción de textos en este sentido, y justamente por eso estamos en el mejor momento para replantear la discusión sobre las lógicas y prácticas colaborativas de investigación. Perder cierto grado de control sobre los proyectos en los que nos implicamos no solo no es un problema, sino que nos sitúa ante una oportunidad extraordinaria: imaginemos una etnografía sobre las formas emergentes de acción colectiva que resultara desbordada -llevada más allá de sus propios límites epistemológicos y metodológicos- por esas mismas prácticas emergentes de acción colectiva, ¿qué más podríamos pedir como investigadores e investigadoras?


Notas

1. Me refiero obviamente a estas formas emergentes de la acción colectiva; para otros actores y otro tipo de reivindicaciones las identidades fuertes siguen siendo fundamentales. Por poner un ejemplo cercano, tan solo hay que pensar en los diferentes proyectos de carácter nacionalista que están en disputa en el estado español, para los que la cuestión identitaria es absolutamente clave. Esto no invalida mis argumentos, sino que remite a la imposibilidad de explicar la heterogeneidad de los movimientos sociales desde una perspectiva o teoría unitaria (Santos 2001: 180).

2. Ver el trabajo de Fernández-Savater en http://blogs.publico.es/fueradelugar/tag/apuntes-de-acampadasol y http://www.eldiario.es/interferencias/ficcion-politica-15-M_6_71452864.html. Así como los materiales producidos por el programa Sociedad Civil y Comunicación de la UOC http://civilsc.net; y el grupo de investigación DatAnalysis15M http://datanalysis15m.wordpress.com.

3. Es el caso de V de Vivienda, o de la red de Oficinas de Derechos Sociales. Sin embargo, y por señalar antecedentes en un sentido más amplio, creo que es importante destacar el papel jugado por el despliegue del movimiento global, que marcó un punto de no retorno en relación a la primacía de las formas de organización en red, horizontales, flexibles, descentralizadas y sin una estructura ni un sujeto político (ni una ideología ni una identidad cerradas) que pudieran sobre-codificar los procesos de coordinación autónoma de las iniciativas que daban vida a ese heterogéneo movimiento de movimientos (Wainwright et al. 2007). Por otro lado, junto a las semejanzas hay también diferencias notables; el movimiento global tenía un carácter eminentemente nómada, los y las militantes se desplazaban de un lugar a otro del planeta señalando los centros políticos, económicos y militares de la gobernanza transnacional -las cumbres del G8, el Banco Mundial, el FMI, la OTAN, la OMC, la UE, etc.- o para asistir a los encuentros del propio movimiento: el Foro Social Mundial o los múltiples foros regionales. Por el contrario, en el ciclo actual las protestas están claramente territorializadas, y retoman además como objetivo prioritario de intervención las instituciones y los actores estatales y locales; esto no quiere decir que no haya referencias a otros niveles, como vemos en los países del sur de Europa en relación a las medidas adoptadas por el BCE, la Comisión Europea y el FMI, pero cada una de las luchas -la llamada Primavera Árabe, o las protestas de distinta intensidad en Islandia, Portugal, Grecia, México, Senegal, Turquía, Reino Unido, Israel, España, Estados Unidos o Brasil- respondían a la especificidad de sus propias coordenadas estatales (eso no impide, por otro lado, que se reconozcan a sí mismas como parte de una ola global más amplia, en cuyo interior las influencias son obvias y circulan -a través principalmente de las redes sociales- con gran rapidez de unas experiencias a otras).

4. Consultar el manifiesto completo de Democracia Real Ya! en http://www.democraciarealya.es/manifiesto-comun

5. En inglés en el original, traducción propia.

6. En inglés en el original, traducción propia.

7. En inglés en el original, traducción propia.

8. Las principales revistas en lengua inglesa en el campo de estudio de los movimientos sociales siguen esta pauta, en especial Mobilization, fundada en 1996, y considerada como la más importante en este ámbito. La excepción a la regla es la revista Interface: a journal for and about social movements, activa desde 2009 y que nace con el objetivo explícito de romper con esa auto-referencialidad disciplinaria; ver http://www.interfacejournal.net/who-we-are/

9. Esto no debería entenderse como una defensa de las fronteras disciplinares; considero que toda investigación en ciencias sociales debe ser transdisciplinar. Es únicamente un llamamiento a desestabilizar las posiciones hegemónicas en el estudio de la acción colectiva, y un intento de mostrar lo que la antropología podría aportar en ese proceso.

10. En inglés en el original, traducción propia.

11. Más recientemente, se constituyó el grupo temático Antropología y Movimientos Sociales, dentro del Instituto Madrileño de Antropología, que en marzo de 2013 organizó el seminario “Entre la participación y la reflexividad: antropología y movimientos sociales”, con contenidos similares a los que intento poner en discusión en este artículo. Ver http://antropologiaymovimientossociales.wordpress.com/2013/03/03/entre-la-participacion-y-la-reflexividad-antropologia-y-movimientos-sociales/

12. Ver http://www.ujaen.es/huesped/rae/

13. Ver http://culanth.org/fieldsights/63-occupy-anthropology-and-the-2011-global-uprisings

14. Ver http://www.prototyping.es/tag/15m.

15. Ver http://muse.jhu.edu/journals/collaborative_anthropologies/toc/cla.1.html

16. http://bjsonline.org/2011/12/understanding-the-occupy-movement-perspectives-from-the-social-sciences/

17. Estas reflexiones surgen a partir del trabajo de campo realizado durante mi tesis doctoral, actualmente en fase de escritura, y que ha consistido en una aproximación etnográfica a la red de Oficinas de Derechos Sociales (ODSs), creada en la segunda mitad de la década del 2000, pero que tenía su origen al interior de redes y comunidades de activismo que compartían una amplia trayectoria previa de proyectos comunes en torno a la precariedad, a la cuestión de las migraciones y el régimen de fronteras, y a la experimentación en torno a las formas de hacer política desde los movimientos sociales. A nivel metodológico, el trabajo de campo de la investigación se desarrolló en 10 nodos de la red situados en Málaga, Zaragoza, Terrassa, Sevilla, Pamplona/Iruña, Barcelona y Madrid; y se basó en: los materiales elaborados por los y las integrantes de la red (informes internos, correos electrónicos, textos de reflexión, etc.); episodios de observación participante en múltiples contextos; una primera fase de entrevistas en profundidad realizadas en los distintos nodos; y por último, y aquí es donde tomaba forma la dimensión colaborativa, en una segunda fase de talleres de discusión y análisis colectivo, diseñados y elaborados (tanto a nivel metodológico como de contenidos) junto y con los y las activistas de la red a partir de los materiales producidos en la primera fase de trabajo de campo. Sobre investigaciones desarrolladas desde la etnografía colaborativa, ver también los trabajos de Leyva y Speed (2008), Vasco (2002), y el proyecto InterSaberes coordinado por Gunther Dietz en la Universidad Veracruzana, Mexico, http://www.intersaberes.org/

18. De hecho, el giro producido en el estudio de la acción colectiva hacia propuestas más dinámicas y relacionales ha hecho que un número creciente de autores y autoras reconozca y enfatice la importancia de la etnografía en el estudio de los movimientos sociales, debido a su capacidad para brindar acceso a los procesos políticos según se despliegan (McAdam 2003, McAdam, Tarrow y Tilly 2008), pero incluso cuando se comparte la herramienta el uso que se hace de la misma y la lógica desde la que se emplea son muy diferentes. Ni los objetivos, ni las preguntas ni las preocupaciones son coincidentes, y ésa es la razón por la que me parece importante alejarse de las orientaciones dominantes en el estudio de los movimientos sociales.

19. En inglés en el original, traducción propia.

20. En inglés en el original, traducción propia.

21. En inglés en el original, traducción propia.

22. Fueron los grupos estudiados por la antropología quienes, cansados ya de ser pensados y tratados como objetos, y de ver negada su capacidad y su legitimidad para construir sus propios relatos sobre sí mismos, empezaron a cuestionar de manera insistente el derecho (¿tú quién eres y por qué vienes a investigarme?) y las intenciones (¿para qué, para quién y cómo vas a hacerlo?) de los investigadores e investigadoras, exigiendo un mayor control tanto del proceso de construcción como del contenido de las representaciones que la antropología elaboraba en torno a sus formas de vida. Esta ‘rebelión’ de los sujetos subalternos/subalternizados, en la que tuvieron un papel fundamental las luchas anticoloniales y feministas, ya desde la década de 1960, ejerció un impacto incuestionable sobre la disciplina, problematizando y desestabilizando la autoridad -los discursos de verdad- de la antropología, y exigiendo la articulación de relaciones y prácticas más igualitarias, recíprocas y negociadas, diálogos compartidos (no exentos de conflictos, como toda relación social) frente a una antropología tradicionalmente extractiva y colonial. Este conjunto de críticas y debates se fue desarrollando tanto fuera como dentro de la academia, debido por un lado al empuje de esos movimientos, que lograban crear o conquistar espacios contrahegemónicos al interior de la universidad, y por otro al compromiso de científicos y científicas sociales que rechazaban la hegemonía de un canon que consideraban eurocéntrico, colonial y patriarcal. La combinación de estos factores impulsó la reflexión y experimentación en torno a metodologías que pudieran desbordar o revertir la división entre teoría y práctica, sujeto y objeto de investigación, etc.

23. En inglés en el original, traducción propia.


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Mujeres del Siglo XX.Mamá pudo votar cuando ya era cinco veces madre. 1952


Historia de la mujer en Chile. La conquista de sus derechos políticos en el siglo XX (1900-1952).

por Adolfo Pardo
Artículo publicado el 01/05/2001

Durante los 50 primeros años del siglo XX, el aspecto más destacable de la historia de la mujer chilena corresponde a la llamada «emancipación femenina» entendida como el proceso —aún inconcluso— del progresivo ingreso de la mujer al mundo del trabajo, de la cultura y a una participación cada vez más activa en política. Y la superación de su rol tradicional en el hogar.

A principios del siglo XX la mujer estaba relegada a un discreto segundo plano. Cuando contraía matrimonio, quedaba bajo la potestad del marido y si trabajaba no tenía derecho a disponer de su salario.

SABER ES PODER
Con algunas excepciones en el siglo XIX, en 1913 aparecen en Chile los primeros movimientos femeninos organizados: clubes y asociaciones de mujeres que buscaron mejorar la situación de la mujer y democratizar la sociedad. Una de las principales razones que explican este «despertar» sería la toma de conciencia, por parte de un número creciente de mujeres, de las limitaciones impuestas a su educación, por lo menos entre los estratos medios. Aunque el 6 de febrero de 1877 se dictó el famoso Decreto Amunátegui (firmado por el entonces Ministro de Instrucción Pública, Miguel Luis Amunátegui, bajo la presidencia de Anibal Pinto), que otorgó a la mujer el derecho a ingresar a la Universidad, en la práctica la educación continuó, por una cuestión de hábitos y costumbres, reservada a los varones. Sólo entre las clases acomodadas la mujer podía tomar lecciones de música, leer a los poetas greco latinos y alguna novela francesa de carácter romántico y educativo. Para su formación normal debía aprender «labores de mano y los buenos modales de una dama», como preparación para el matrimonio. También, y como parte de la formación religiosa, debía conocer el Catecismo y las vidas ejemplares de los santos. La mujer de escasos recursos no tenía otro acceso a la cultura que la vía oral, ni más conocimientos que la sabiduría popular. Aunque Chile aparece como pionero en cuanto a la formación de mujeres profesionales —en 1887 se titularon de médicos Eloísa Díaz Insunza y Ernestina Pérez Barahona, las primeras de Chile e Hispanoamérica—, la verdad es que éstas no eran bien miradas y se ejercía una evidente presión psicológica sobre ellas. Escribir o traducir un libro en esos años era inadmisible para una mujer. En efecto se las sancionaba por el simple acto de leer o estudiar.

LA GRAN GUERRA DE 1914
Este conflicto de proporciones continentales y repercusiones mundiales provocó en Europa el ingreso masivo e involuntario de la mujer al mundo del trabajo. Durante e inmediatamente después de la guerra, con la mayoría de los hombres en el frente, prisioneros o lisiados y muchos de ellos muertos, las mujeres debieron hacerse cargo de la industria, incluso bélica, y de la administración pública, entre otras muchas tareas. Esta situación, inédita en la historia, modificó definitivamente el rol femenino. La mujer demostró su capacidad y se produjo un debate mundial respecto a la situación de ésta ante la ley. Y la obtención de un título profesional, así como la mujer trabajando fuera del hogar, comenzó a verse con mayor normalidad.

RECABARREN Y LOS CENTROS FEMENINOS
Las primeras organizaciones de mujeres en Chile fueron los Centros Femeninos. Se forman en 1913 en Iquique, Antofagasta y las principales oficinas salitreras. En la zona se habían concentrado muchas familias obreras y comenzaba a desarrollarse el sindicalismo chileno, con Luis Emilio Recabarren a la cabeza. Recabarren, fundador (Iquique, 1912) del Partido Obrero Socialista, siempre alentó la «emancipación femenina». Pensaba que a la mujer era necesario «educarla, librarla del fanatismo religioso y de la opresión masculina». En su periódico «El Despertar de los Trabajadores», dedicó numerosas páginas a las «nuevas ideas de la liberación femenina» y a las actividades de las sufragistas inglesas, quiénes consiguieron, en Inglaterra, el voto para las mujeres mayores de 30 años en 1918 y la completa igualdad electoral en 1928.

BELEN DE ZARRAGA
Pero quizás no hubieran prosperado estos Centros Femeninos en el Norte sin el aliento de la española Belén de Zárraga. Fogosa oradora feminista, anarquista, libre pensadora y anticlerical, quien visitó Chile en 1913, ofreciendo conferencias en Santiago, Valparaíso, Antofagasta e Iquique. Para graficar sus puntos de vista, en una de sus charlas Zárraga señaló que «en un concilio del siglo VI se sometió a discusión si la mujer tenía alma. Y sólo por dos votos a favor quedó resuelta esta duda». El primer directorio del «Centro Femenino Belén de Zárraga» de Iquique, lo conformaron: Teresa Flores, Juana A. de Guzmán, Nieves P. de Alcalde, Luisa de Zavala, María Castro, Pabla R. de Aceituno, Ilia Gaete, Adela de Lafferte, Margarita Zamora, Rosario B. de Barnes y Rebeca Barnes. La labor de estos Centros Femeninos se desarrolló entre los años 1913 y 1915, decayendo después, junto con la explotación salitrera. Hacia 1921 se fundaron en Iquique la «Federación Unión Obrera Femenina» y el «Consejo Federal Femenino», anarco sindicalista la primera y socialista el segundo. En lo sucesivo, surgen en Santiago las principales iniciativas en favor de la mujer.

LAS SEÑORAS Y LA LECTURA
En 1915 —para «charlar, leer, beber una taza de té, celebrar de vez en cuando una fiesta social y cambiar sanos y serenos propósitos domésticos»— las damas católicas de la aristocracia santiaguina forman el Club Social de Señoras, agrupación que se distingue de las numerosas instituciones benéficas del siglo XIX por sus fines culturales. Su fundadora fue Delia Matte de Izquierdo. El Club de Señoras expresaba la inquietud de las mujeres de los sectores más acomodados que veían con alarma aparecer —entre los estratos medios— mujeres profesionales, que en número creciente se incorporaban a la educación y a la cultura. Inés Echeverría, una de sus miembros —quien escribía en La Nación con el pseudónimo de Iris—, señala: «para nuestra sorpresa han aparecido mujeres perfectamente educadas, con títulos profesionales, mientras nosotras apenas conocemos los Misterios del Rosario… Tememos que si la ignorancia de nuestra clase se mantiene dos generaciones más, nuestros nietos caerán al pueblo y viceversa».

LA ESCLAVITUD DE LA MUJER
Participa del Club de Señoras Martina Barros —una de las primeras intelectuales chilenas— quién traduce, con el título de «La Esclavitud de la mujer», «The subjection of women», del filósofo inglés John Stuart Mill. En sus memoria M. Barros apunta:«Mis compañeras me miraban con frialdad… y las señoras con la desconfianza con que se mira a una niña peligrosa». No sólo los hombres rechazaban la «emancipación de la mujer». La mayoría de las mujeres pensaba de igual manera, de acuerdo con la mentalidad de la época. En principio el Club de Señoras buscaba exclusivamente progresos culturales para la aristocracia, sin embargo hacen suyos ideales democráticos y por su influencia, en 1917, la fracción más joven del Partido Conservador presenta al Congreso Nacional el primer proyecto de ley para dar derechos de ciudadanía a las mujeres.

CIRCULO DE LECTURA
Ese mismo año, pero entre las mujeres laicas de las capas medias, con inspiración en los «Readings Clubs» de Estados Unidos, se forma el Círculo de Lectura. En su fundación y directiva aparece Amanda Labarca, gran escritora y educadora. Militante Radical. Labarca, quién dirige el periódico del círculo, «Acción Femenina», fue la primera latinoamericana en ejercer una cátedra universitaria e impulsará, en 1932, la creación del Liceo Experimental Manuel de Salas. Se la considera una gran precursora del movimiento femenino en Chile.

CONSEJO NACIONAL DE MUJERES
Del Círculo de Lectura se desprende, en 1919, el Consejo Nacional de Mujeres. Participan Amanda Labarca y Celinda Reyes. Tres años después presentan un proyecto sobre derechos civiles, políticos y jurídicos e inician gestiones que culminarán el año 1925 con el Decreto Ley conocido como Ley Maza (por el senador José Maza), que restringe en el Código Civil las atribuciones de la patria potestad de los padres, en favor de las madres; se habilita a las mujeres para servir de testigos y se autoriza a las casadas para administrar los frutos de su trabajo. Fueron apoyadas por Pedro Aguirre Cerda y Arturo Alessandri, entonces Presidente de la República. En el ámbito obrero, en 1917 se crea el Consejo Federal Femenino (al interior de la Gran Federación Obrera de Chile). Su objetivo: «mejoramiento cultural y acción mancomunada de trabajadoras». Hacia 1920 reaparece con el nombre de Gran Federación Femenina de Chile.

PARTIDOS POLITICOS FEMENINOS
El año 1922 se crea el Partido Cívico Femenino (PCF). Participan Ester La Rivera de Sanhueza, fundadora y primera presidenta, Elvira de Vergara, Berta Recabarren, Graciela Mandujano y Graciela Lacoste. Radicales, laicas o de un catolicismo moderado. Editan la revista «Acción Femenina» durante 14 años, alcanzando a tirar 10.000 ejemplares. Se expresan con singular discreción: «el feminismo no desea violencias. La mujer moderna no pide nada injusto ni abusivo. Queremos que se conozca a la mujer como algo más que un objeto de lujo y placer…». El Partido Cívico Femenino plantea el voto femenino subordinado a la educación cívica. «Primero educar y luego decidir». Trabajan, entre otros objetivos, por el voto municipal, a modo de «ensayo – aprendizaje».

En rigor, la Constitución vigente desde 1833 no excluía el voto femenino, pero cuando en 1875 algunas mujeres en San Felipe y La Serena acudieron a votar en las elecciones presidenciales no pudieron hacerlo. Y en 1884 se dictó una nueva Ley de Elecciones que, en su artículo 40, prohibía expresamente el voto femenino.

Hacia 1924 aparece el Partido Demócrata Femenino. Participan Celinda Arregui, E. Brady, G. Barrios, Rebeca Varas y otras. El Partido presenta a la Junta Militar de Luis Altamirano un proyecto para modificar la Ley Electoral. La Convención de la Juventud Católica Femenina, realizada en Santiago en 1922 y el Congreso Panamericano de Mujeres, celebrado en esta misma capital el mismo año, también solicitaron los derechos políticos de la mujer. A principios de 1925, el Partido Demócrata Femenino, presentó otro proyecto de Ley Electoral a la Junta de Emilio Bello Codesido, «suprimiendo la palabra varones y dejando ciudadanos chilenos». Luego piden la participación de mujeres en la Comisión Consultiva de la Asamblea Constituyente que elaboraría la nueva constitución, conocida posteriormente como la Constitución del 25.

EL VOTO MUNICIPAL 1926-1946
Durante esta etapa se conjugan tres tipos de organizaciones femeninas. Siguen desarrollándose numerosas agrupaciones benéficas, culturales, religiosas, deportivas y laborales, como el Consejo Femenino de la Defensa Civil, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, para organizar la población ante un «inminente ataque al territorio nacional». El Comité de Ayuda a las Democracias, que hace colectas y campañas en favor de los países aliados. Y el Comité de Mujeres pro Ayuda y Defensa de los Ferroviarios, en el año 1936, con ocasión de una gran huelga de ese gremio. Un segundo tipo de organización buscaba la plenitud de los derechos civiles y políticos para la mujer. Por último, comienzan a formarse las ramas femeninas de los partidos políticos.

UNION FEMENINA DE CHILE
A fines de 1927, con ocasión de las celebraciones del cincuentenario del Decreto Amunátegui, se funda en Valparaíso la Unión Femenina de Chile. Trabajan hasta 1938 por reivindicaciones civiles y políticas, entre muchas otras tareas. Fue una organización de elite —constituida fundamentalmente por mujeres profesionales— que influyó en la opinión pública de ese puerto, sobre todo a través de su periódico homónimo y de su dirigente, Graciela Lacoste.

COMITE NACIONAL PRO DERECHOS DE LA MUJER
Este comité se forma en 1933 por iniciativa de Felisa Vergara, Amanda Labarca y Elena Doll, para participar en la discusión sobre la Ley de Sufragio Municipal. Luego de un período de silencio resurge en 1941, para «activar la aprobación por las Cámaras del proyecto de ley sobre el voto femenino».

ASOCIACION NACIONAL DE MUJERES UNIVERSITARIAS
En agosto de 1931 se fundó esta organización para extender las oportunidades culturales, económicas, cívicas y sociales de la mujer. Su presidenta fue una de las primeras médicos de Chile, Ernestina Pérez. Participan Amanda Labarca, Elena Caffarena, Irma Salas y Elena Hott.

EL DERECHO A VOTO MUNICIPAL
En 1934, durante el segundo gobierno de Arturo Alessandri, se dicta la Ley 5.357 que otorga a la mujer derecho a elegir y a ser elegida en los comicios municipales. Y el 7 de abril de 1935 participan por primera vez en una elección. Se presentan 98 candidatas, siendo elegidas 26. Sin embargo, condicionadas por su rol doméstico, proporcionalmente pocas mujeres se interesaron en participar.

EL MENCH
De gran trascendencia en la historia de la luchas femeninas en Chile, el 11 de mayo de 1935 se crea el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, MEMCH, con presencia a lo largo de todo el país. En 1940 contaba 42 comités locales de Arica a Valdivia. A través del periódico «La Mujer Nueva» y en múltiples reuniones públicas el MEMCH se pronuncia por la protección de la madre y defensa de la niñez; por que la mujer pueda ocupar cualquier cargo rentado e igualar los salarios con el hombre. La sociedad chilena todavía mantenía la opinión de que el trabajo remunerado en la mujer era accidental, semiclandestino y generalmente se aceptaba para que «ella pudiera ayudarse en sus gastos». El MEMCH aboga también por la defensa del régimen democrático y por la paz. Asimismo propiciaron la «emancipación biológica», es decir, contra la maternidad obligada, proponiendo la divulgación estatal de métodos anticonceptivos. Plantean los temas del aborto clandestino, de la prostitución, de la madre soltera, el divorcio legal, etc. La prensa tradicional llama a«no dejarse sorprender: se trata de comunistas que están contra la familia, la moral y la naturaleza y que persiguen objetivos disparatados y absurdos».
En 1938 llega a la presidencia de la República Pedro Aguirre Cerda, gran defensor de los derechos femeninos.

DISCUSION EN EL CONGRESO DEL VOTO FEMENINO
En 1941, en un mensaje dirigido a la cámara de diputados, el Presidente, electo con apoyo femenino, afirma: «La Constitución Política del Estado dispone que son ciudadanos con derecho a sufragio los chilenos que hayan cumplido 21 años de edad, sepan leer y escribir y estén inscritos en los registros electorales. (…) comprende, sin lugar a dudas, a los individuos de ambos sexos». Finalmente Aguirre Cerda presentó un proyecto de Ley Electoral, redactado por Elena Caffarena y Flor Heredia, que otorgaba el voto a la mujer. En 1944 se realiza en Santiago el Primer Congreso Nacional de Mujeres. Una de sus principales consecuencias fue la creación de laFederación Chilena de Instituciones Femeninas, FECHIF, la cual emprende una gran campaña por los derechos políticos. Preside Amanda Labarca. En abril de 1945 se realiza un foro con presencia de diversas organizaciones políticas, sociales y culturales, además de destacadas personalidades. Y en junio la FECHIF presenta al Senado un proyecto de ley sobre el voto femenino, con la firma de senadores de todas las tendencias. Desde las primeras incursiones femeninas en elecciones municipales, queda en evidencia que la mujer debía acceder a la totalidad de sus derechos políticos, pero aún tendrían que pasar otros cuatro años para que la cuestión fuera discutida a fondo. Entre tanto muere en ejercicio de sus funciones Pedro Aguirre Cerda.

El 15 de noviembre de 1945 Gabriela Mistral obtiene el premio Nobel de literatura.
El mismo año, Horacio Walker, senador conservador, expresa que «… el sufragio ha sido ejercido sólo por el 8,4 por ciento de la población del país, bases políticas estrechas que urge ampliar (…) es indispensable incorporar a la mujer a la ciudadanía política, que contribuye al 51 por ciento de la población chilena…» Por otra parte, desde 1924 (Conferencia Panamericana) Chile había aceptado recomendaciones internacionales sobre los derechos políticos de la mujer. En 1946 el senador liberal José Maza adhirió a esta causa, planteando, entre otros argumentos, la necesidad de poner al día nuestra legislación con respecto a las democracias del mundo. Salvador Allende, entonces senador socialista, manifestó que en su partido era normal considerar a la mujer con los mismos derechos que al hombre. Rudecindo Ortega, senador radical, también se pronunció favorablemente. El trabajo que las organizaciones femeninas habían emprendido en 1913 comenzaban a fructiferar.

LAS MUJERES ALCANZAN EL DERECHO A VOTO
En las elecciones municipales de 1947 Julieta Campusano es elegida Regidora por Santiago. En 1948 se suma a la acción el Partido Femenino Chileno, segundo partido femenino de la historia chilena, que llegó a contar 27 mil integrantes. Este año se dicta la Ley de Defensa de la Democracia, llamada «Ley Maldita», que pone fuera de la ley al Partido Comunista. Se constituye el Comité Unido Pro-Voto Femenino para iniciar una campaña nacional para apresurar el despacho del proyecto de ley sobre el voto femenino. Preside el Comité Aída Yávar y lo integran la FECHIF, Acción Católica Femenina, el MEMCH, el Partido Femenino, delegadas de todos los partidos políticos, mujeres independientes y comités de estudiantes universitarias. Cora Carreño, representante de las universitarias dice: «Queremos hacer sentir a los señores congresales que tras el movimiento hay un espíritu fuerte, una voluntad inquebrantable para conseguir, hoy, la plenitud de nuestro pensamiento y acción políticos…» La Cámara de Diputados demora dos años la discusión del proyecto, a pesar de que el Presidente González Videla urgía su despacho, tanto para cumplir con el compromiso adquirido con la mujeres durante su campaña, como el compromiso de la Estado chileno con Naciones Unidas, en el sentido de no discriminar por diferencias sexuales.

La FECHIF lanza la consigna QUEREMOS VOTAR EN LAS PROXIMAS ELECCIONES.
En Valparaíso se celebra el II Congreso Nacional de Mujeres, presidido por Amanda Labarca. Durante la sesión de clausura una mujer que había trabajado durante la campaña de González Videla, acusa al presidente de traicionar al pueblo. González Videla amenaza con «sacar a los soldados». La FECHIF expulsa de sus filas al Partido Comunista. Y el MEMCH se retira de la Federación.

Pese a la crisis al interior del movimiento, en 1948 se realiza una asamblea nacional de dirigentes de las diversas organizaciones femeninas, de la que surge el Comando Unido Nacional Pro-Voto Femenino, que realiza foros y propaganda. El 15 de diciembre de 1948 la Cámara de Diputados despacha el proyecto para su último trámite en el Senado. Las mujeres asistentes, en tribunas y galerías, aplauden y entonan de pie la Canción Nacional.

El 21 de diciembre el Senado acoge el proyecto con todas las modificaciones hechas por la Cámara. Por fin el 8 de enero de 1949 el Presidente Gabriel González Videla estampó su firma en el texto que concedía la plenitud de derechos políticos a la mujer. Con este motivo se realizó una gala en el Teatro Municipal, con la participación del Presidente González Videla, de su esposa Rosa Markmann, ministros, parlamentarios, dirigentes de la FECHIF y gran cantidad de público. Flor Heredia, Elena Caffarena y otras destacadas dirigentes son excluidas. Culminaban así 50 años de luchas femeninas.

En 1950 la radical Inés Enríquez es elegida diputada por Concepción, convirtiéndose así en la primera parlamentaria chilena. Y dos años después, en 1952, las mujeres participan por primera vez en la historia de Chile en una elección presidencial.
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ALGUNAS DE LAS MUJERES MAS DESTACADAS DURANTE ESTE PERIODO
ACUÑA, Justicia: Primera mujer chilena ingeniera (1919).
ARGOMEDO, Aurora: Educadora, llamó a las mujeres de Valparaíso a celebrar el cincuentenario del decreto Amunátegui (1927).
ARREGUI, Celinda: Integrante del Círculo de Lectura, Partido Demócrata Femenino y organizadora del Congreso Panamericano de Mujeres (1922).
ASTICA, María: Participó activamente en las charlas-foro realizadas en el Salón de Honor de la Universidad de Chile para presionar al parlamento por la aprobación del voto para la mujer (1946).
BAHAMONDE, Arsenia: Una de las fundadoras de la Unión Femenina de Chile de Valparaíso (1928).
BARROS DE ORREGO, Martina: Una de nuestras primeras intelectuales. Participa en el Club de Señoras.
BUDINIC, Margot: Secretaria de prensa y propaganda de la FECHIF.
CAFFARENA, Elena: Abogada, fundadora y vicepresidenta de la Asociación de mujeres universitarias (1931). Fundadora y primera secretaria general del MEMCH (1935-1941). Fundadora y vicepresidenta de FECHIF.
CAMPUSANO, Julieta: Dirigente comunista. Electa regidora por Santiago en 1947. Secretaria de publicaciones de la FECHIF.
CARR BRICEÑO, Julieta: Una de las fundadoras de la Unión femenina de Chile de Valparaíso (1928). CID, Cora: Presidenta de la Asamblea nacional de mujeres de Chile, se presentó como candidata en las elecciones municipales de 1941.
DE LA CRUZ, María: Candidata a las elecciones senatoriales de 1950. Máxima dirigente del Partido Femenino Chileno (1946-1953). Jugó un papel destacado en la campaña presidencial de Carlos Ibáñez del Campo (1952). Primera senadora de la República (1953).
DEL CANTO, María Teresa: Ministra de Educación en el gobierno de Carlos Iáñez del Campo (1952-1958).
DIAZ, Eloísa: Junto a Ernestina Pérez, se recibió de médico en 1887, siendo ambas las primeras en toda Iberoamérica.
DOLL, Elena: Una de las fundadoras del Comité nacional pro-derechos de la mujer (1935). Presentada y elegida en las elecciones municipales de 1935, 1938 y 1941.
EDWARDS, Adela: Miembra de la Acción Nacional de Mujeres de Chile, elegida regidora en las elecciones municipales de 1935.
ENRIQUEZ, Inés: Primera parlamentaria chilena. Elegida diputada por Concepción en 1950.
FIGUEROA, Ana: Profesora, Presidenta Nacional de la FECHIF en 1949.
HEREDIA, Flor: Junto a Elena Caffarena redactó un proyecto de ley sobre el voto femenino, presentado a Pedro Aguirre Cerda.
LABARCA, Amanda: Profesora, fundadora del Círculo de Lectura (1915). Integrante de la FECHIF (1944) y presidenta de la institución. Fundadora del Comité Nacional pro Derechos de la Mujer (1933). Vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias (*).
Embajadora de Chile ante la ONU durante el gobierno de Gabriel González Videla (1946).
LACOSTE, Graciela: Fundadora y presidenta de la Unión Femenina de Chile de Valparaíso (1928).
MANDUJANO, Graciela: Integrante del Partido Cívico Femenino. Secretaria General del MEMCH (1944-45). Secretaria de asuntos internacionales de la FECHIF.
MARKMANN, Rosa: Bajo su auspicio se fundó la Asociación de dueñas de casa (1947), institución gubernamental que presidió. «Primera dama» en el gobierno de González Videla.
MISTRAL, Gabriela: Premio Nobel de literatura.
OLGUIN, Adriana: Ministra de Justicia en el gobierno de González Videla.
PARRA, Violeta: Muy destacada folklorista.
PEREZ, Ernestina: Junto a Eloisa Díaz, primera médico de Chile y de Iberoamérica, recibida en 1887. Presidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias.
POBLETE, Olga: Profesora y Secretaria General del MEMCH.
RIEDEL, Dora: Primera arquitecta chilena (1930).
ROJAS, Elcira: Presidenta del Partido Cívico Femenino.
SCHNAKE, Graciela: Primera alcaldesa de Santiago, nombrada en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda.
TAGLE, Victoria: Primera agrónoma chilena (1922).
VERGARA, Felisa: Militante y dirigenta socialista. Fundadora del Comité Nacional pro Derechos de la Mujer (1933).
YAVAR, Aída: Presidió el Comité Unido Pro Voto Femenino (1947).
(*) Amanda Labarca decía que en el siglo XIX, en Chile se había afirmado que: «Es posible que la mujer, siendo una criatura de Dios, tenga igual que el hombre un cerebro inteligente».
© Adolfo Pardo, Santiago, Chile, 2001.

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VA Blogging and Engaging New Media. Antropología en el Sector Público


VA Blogging and Engaging New Media.


The rapid growth of new media – the Internet, social media tools, smart phones, apps, etc. – and the steady flow of emergent technologies continue to have an impact on how we access information, understand the world, and relate to each other. It is an exciting time for people who are into reading Wired and are heavily engaged with cyberspace and the blogosphere provided through smart phones and iPads. It is also a challenging (if not baffling) time for those who are trying to sort out Facebook from Feedly and figure out if either is a blog. In this installment ofAnthropology in the Public Sector I want to introduce a project I have been working on that evaluates the first official VA blog and the VA’s broader effort to engage new media.

With the support of the VA’s Office of Rural Health (ORH) in Washington D.C. and the Veterans Rural Health Resource Center-Central Region (VRHRC-CR) in Iowa City, my team and I systematically tracked the inaugural year of the first official VA blog: VAntage Point. A VA blog is not just a step in the new media direction, it is also a major deviation from all conventional channels of communication in a complex national system. The VA is a massive bureaucratic machine and it is not known for offering direct access to the people with answers or for providing fast response to questions. On the VAntage Point About page it starts with: “Engaging. Not a word which many Veterans typically use to describe their relationship with the Department of Veterans Affairs. A more common word associated with VA and its interaction with Vets? Adversarial.” New media may be one avenue to changing this perception.

VAntage Point established an access point to direct communication with blog contributors. In addition to the blog team, in the first year there were 145 guest posts from 101 people, many of whom are high-ranking individuals or key personnel who are otherwise hard to access. For example, Tammy Duckworth, VA’s Assistant Secretary for Public and Intergovernmental Affairs (at the time of posts) and now US Congresswoman from Illinois, responded directly to comments to her February 1, 2011 post about outreach to Tribal Governments.

The push for the VA’s engagement with new and decidedly social media can largely be attributed to Brandon Friedman, VA’s director of online communications until this year. In addition to launching blogs, a VA press release in December 2011 outlines the establishment of Facebook and Twitter accounts for all 152 of its medical centers nationally. Whereas the U.S. Department of Veterans Affairs Facebook page has over 275,000 likes, the use on a facility-level or at the VISN (Veterans Integrated Service Network)-level has considerable variation. As part of our analysis of VA new media data, we created Wordles (above) and explored interactive modes for presenting findings. These are examples of visual representations using tools from infogr.am for the number of Facebook sites by VISN, alongside the average number of Likes for those same territories. If you move your cursor across the colors, additional information is provided.

The impact and utility of new media in the VA context is still being explored and debated. VA is making efforts to change its pattern of fraught communication and the associated expectation by Veterans through the use of new media. I use the term new media because it seems to be the most all-inclusive option, an umbrella term for specific tools, including social media. Social media is a subset of new media because social media rely on the tools and technology that are new media, but not all new media is social media. Social media involves internet-based tools and is by most definitions inherently interactive. This relationship, and the participation involved, is different than that of a performer and an audience. With social media it is not enough to just watch, read, or follow – that is the mode of old media (newspapers, television, books, etc.) – there is an element of active engagement required. Some it feels like splitting hairs, so here is an example of the distinction: whereas VAntage Point had over 5,600 comments in the first year, the second VA blog launched garnered 2 comments in the same timeframe. Both are blogs, but the one without commenters and exchange is – arguably – not social media. The language around new media is complicated, if for no other reason than it is so abundant.

In the VA, people are still getting up to speed, or trying to keep up, with new media in both research and operations. It is not unlike in anthropology where the use of new media is impacting our practice as researchers and the circulation of our ideas. As much as I want to argue that we take the leap with both feet into this new terrain of possibility, I also run into barriers that undermine my own argument.  A colleague on my blog project made the figures linked to above in the course of developing a paper presentation, only to realize that they do not translate to a 2-D medium (a poster), or a manuscript in hardcopy. In trying to include the same interactive graphics in an online column (this one), I encountered problems when it came to interfacing infogr.am with WordPress , a blog-facilitator and the mode of submission for AN. Sure the emergent options for visually representing data and engaging social media are out there for all to use, but the grip of How-It-Is-Done and it’s sidekick, What-Is-Accepted, is a strong one. We are creatures of habit and often feel confined to accepted modes of communicating about our work. Then, there is the practical problem of getting the tools to work with each other.

While it can be discouraging I will still argue that new media provides exciting developments and holds amazing potential for public discourse, for VA communication, even for the practice of anthropology.

The views expressed in this article are those of the authors and do not necessarily reflect the position or policy of the Department of Veterans Affairs or the United States government.

Sarah Ono, Heather Schacht Reisinger, and Samantha L. Solimeo are contributing editors of Anthropology in the Public Sector.

TRADUCCIÓN DE GOOGLE.


El rápido crecimiento de los nuevos medios de comunicación- Internet, herramientas de medios sociales, los teléfonos inteligentes, aplicaciones, etc – y el flujo constante de las tecnologías emergentes siguen teniendo un impacto en la forma en que accedemos a la información, comprender el mundo, y nos relacionamos con los demás. Es un momento emocionante para la gente que está en la lectura con conexión de cable y están muy comprometidos con el ciberespacio y la blogosfera proporcionada a través de los teléfonos inteligentes y iPads. También es un momento difícil (por no decir incomprensible) para aquellos que están tratando de resolver esto de Feedly y averiguar si alguno es un blog. En esta entrega deAntropología en el Sector Público quiero presentar un proyecto que he estado trabajando en que se evalúa el primer blog oficial de VA y el esfuerzo más amplio de la VA de contar con nuevos medios de comunicación.

Con el apoyo de la Oficina del VA de Salud Rural (ORH), en Washington DC y de los Veteranos de Recursos de Salud Rural de la Región Centro-Central (VRHRC-CR) en Iowa City, mi equipo y yo seguí sistemáticamente el año inaugural del primer blog VA oficial : el punto de mira . Un blog VA no es sólo un paso en la nueva dirección de los medios de comunicación, sino que también es una desviación importante de todos los canales de comunicación convencionales en un sistema nacional complejo. El VA es una máquina burocrática enorme y no es conocido por ofrecer acceso directo a las personas con las respuestas o para proporcionar una respuesta rápida a las preguntas. En el punto de mira sobre la página que comienza con: “Participar. No es una palabra que muchos veteranos suelen utilizar para describir su relación con el Departamento de Asuntos de Veteranos. Una palabra más común asociada con VA y su interacción con los veterinarios? Acusatorio. “Los nuevos medios pueden ser una vía para cambiar esta percepción.

Vantage Point estableció un punto de acceso a la comunicación directa con los contribuyentes del blog. Además del equipo de blog, en el primer año había 145 posts invitados de 101 personas, muchos de los cuales son personas de alto rango o de personal clave, que de otro modo serían difíciles de acceder. Por ejemplo, Tammy Duckworth, Secretario de VA de Asuntos Públicos e Intergubernamentales (en el momento de mensajes) y ahora congresista de Illinois, EE.UU., respondió directamente a los comentarios a su 01 de febrero 2011 despuéssobre el alcance de los gobiernos tribales.

El impulso para el compromiso del VA con medios nuevos y decididamente sociales en gran parte puede atribuirse a Brandon Friedman, director de comunicaciones en línea hasta este año de VA. Además de los blogs de lanzamiento, un comunicado de prensa VA en diciembre de 2011 describe la creación de Facebook y Twitter de todos los 152 de sus centros médicos a nivel nacional. Mientras que el Departamento de Asuntos de Veteranos de la página Facebook de EE.UU. tiene más de 275 mil likes, el uso de un nivel de servicio o en el (los Veteranos Integrated Network Service) a nivel VISN tiene una variación considerable. Como parte de nuestro análisis de los nuevos datos de medios VA, creamos Wordles (arriba) y los modos interactivos explorados para la presentación de los resultados. Estos son ejemplos de representaciones visuales que utilizan herramientas de infogr.am parael número de páginas de Facebook VISN , junto con la media de Favoritos para esos mismos territorios . Si mueve el cursor a través de los colores, se proporciona información adicional.

Todavía se está estudiando el impacto y la utilidad de los nuevos medios en el contexto VA y debatidas. VA está haciendo esfuerzos para cambiar su patrón de comunicación lleno y la expectativa asociada por veteranos a través del uso de los nuevos medios. Yo uso el término nuevos medios de comunicación, ya que parece ser la opción de todo incluido más, un término genérico para herramientas específicas, incluyendo los medios sociales. Los medios sociales son un subconjunto de los nuevos medios ya las redes sociales se basan en las herramientas y la tecnología que son nuevos medios de comunicación, pero no todos los nuevos medios de comunicación son los medios sociales. Los medios sociales implica herramientas basadas en Internet y es por la mayoría de las definiciones intrínsecamente interactivos. Esta relación, así como la participación en cuestión, es diferente a la de un artista y el público. Con los medios sociales no es suficiente con sólo ver, leer, o seguir – que es el modo de los medios tradicionales (prensa, televisión, libros, etc) – hay un elemento de compromiso activo necesario. Algunos se siente como tres pies al gato, así que aquí es un ejemplo de la diferencia: mientras que el punto de mira tenía más de 5600 comentarios en el primer año, el segundo blog VA lanzado ganado 2 comentarios en el mismo periodo de tiempo. Ambos son los blogs, pero el que no tiene comentaristas y de cambio es – sin duda – no socialeslos medios de comunicación. El lenguaje en torno a los nuevos medios es complicado, si no por otra razón que es tan abundante.

En el VA, la gente sigue ponerse al día, o tratando de mantenerse al día con los nuevos medios, tanto en las operaciones de investigación y desarrollo. No es muy diferente de la antropología en el uso de los nuevos medios está afectando nuestra práctica como investigadores y la circulación de las ideas. Por mucho que me gustaría argumentar que damos el salto con los dos pies en este nuevo terreno de lo posible, también me encuentro con obstáculos que socavan mi propio argumento.Un colega en mi blog del proyecto hizo las figuras vinculadas anteriormente en el curso del desarrollo de una presentación del trabajo, sólo para darse cuenta de que no se traducen en un medio de 2-D (un cartel), o un manuscrito en papel. Al tratar de incluir los mismos gráficos interactivos en una columna en línea (este), me encontré con problemas a la hora de interactuar infogr.am con WordPress, un blog-facilitador y el modo de presentación para la AN . Seguro de que las opciones emergentes para la representación visual de los datos y la participación de los medios sociales están ahí para uso de todos, pero las garras de How-que-sea-Hecho y su compañero, que-es-aceptado, es muy fuerte. Somos criaturas de hábito y se sienten a menudo confinados en los modos aceptados de comunicación sobre nuestro trabajo. Luego, está el problema práctico de tener las herramientas para trabajar con los demás.

Si bien puede ser desalentador aún voy a argumentar que los nuevos medios ofrece novedades interesantes y tiene un potencial increíble para el discurso público, para la comunicación VA, incluso para la práctica de la antropología.

Las opiniones expresadas en este artículo son las de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones o políticas del Departamento de Asuntos de Veteranos o el gobierno de los Estados Unidos.

Sarah Ono, Heather Schacht Reisinger y Samantha L. Solimeo están contribuyendo editores de Antropología en el Sector Público.

Somos criaturas de hábito y se sienten a menudo confinados en los modos aceptados de comunicación sobre nuestro trabajo.

Cibercultura en la investigación. Intersubjetividad y producción de conocimiento.


 

Revista TEXTOS de la CiberSociedad
ISSN 1577-3760 · Número 3 · Temática Variada
Cibercultura en la investigación. Intersubjetividad y producción de conocimiento.

Por: Luis Jesús Galindo Cáceres

 

Para citar este artículo: Galindo Cáceres, Luis Jesús, 2003, Cibercultura en la investigación. Intersubjetividad y producción de conocimiento., Revista TEXTOS de la CiberSociedad, 3. Temática Variada. Disponible en http://www.cibersociedad.net

(…) Las relaciones humanas se complejizan, el tiempo y el espacio de la vida se amplifican, más cosas suceden con más gente involucrada. Muchos perciben y se perciben, muchos interactúan, la información circula, se modifica, se critica, se analiza, se sintetiza. La cibersociedad tiene mayor capacidad de autoorganización y creación, por la multitud de interacciones y acciones. La cibercultura de investigación es uno de los caminos hacia este escenario. Los investigadores de hoy son agentes promotores de estas situaciones. La nueva cultura de investigación modifica la cultura con mayúsculas, modifica la vida social, cambia al mundo, crea nuevas condiciones de lo posible, hace que lo posible venga a nosotros y que nosotros percibamos más posibilidades. 

 

INTRODUCCIÓN / RESUMEN

El texto se compone de tres partes. En la primera se desarrollan los conceptos de cultura y cibercultura de la investigación como dos cosmovisiones complementarias y opuestas para entender el oficio y la organización de la investigación contemporánea y hacia el futuro. En la segunda parte se proponen tres constructos metodológicos, el de sistema de información, sistema de comunicación y sistema de conocimiento, como bases constructivas para una nueva ecología de investigación donde la interacción y la dimensión colectiva del saber operan técnica y metodológicamente en la formación de las comunidades de investigación. Y en la tercera parte, se desarrolla con brevedad un apunte de las necesidades tecnológicas y metodológicas de la construcción de información y comunicación para la emergencia de nuevos y más complejos sistemas de conocimiento.

 

 

Abriendo

Las cosas cambian o nosotros las cambiamos. Es un poco de ambas situaciones. El movimiento en un sentido viene del exterior, algo nos afecta, nos estimula, nos ordena, nos programa, nos condiciona. Y en otro sentido viene del interior, un impulso hacia la creación, la rebeldía, el conflicto, la negación, la emergencia. En las últimas generaciones este ha sido el escenario de la investigación, unos repiten, copian, duplican, lo que otros hacen, son modificados por el exterior. Y algunos, no muchos, promueven la diferencia desde su comportamiento excéntrico, contestatario, innovador. Hoy las cosas están en cambio una vez más, pero no en el escenario anterior, algo ha pasado que el mundo está siendo conmovido por una vibración que habrá de revolucionarlo en cuanto el ritmo se sincronice, la palpitación aumente, y la onda que la manifiesta cubra un mayor espacio social. La intersubjetividad está reorganizándose. El movimiento viene de muchos puntos, de diversas configuraciones, y el resultado es el aumento de la conectividad entre todos, la intensificación de las interacciones y las conexiones, el enriquecimiento de los vínculos, la conformación de una cosmovisión comunicativa que integra, incluye, complejiza. Nada será igual después, los individuos-colectividad que se mueven dentro de está nueva forma de composición-organización se moverán más rápido, con mayor creatividad, transformarán todo lo que toquen. Ese mundo ya está aquí, todos formamos parte de el. 

 

I. Cibercultura y cultura de Investigación

Para un nuevo mundo nuevos conceptos, para un mundo por venir nuevos conceptos para percibirlo y construirlo, para nuevos conceptos un poco de novedad, de sorpresa, pero también un poco de tradición y sentido común, y para redondear una forma que exprese ambos componentes, lo nuevo y lo viejo en una unión que favorece el tránsito de los límites a las posibilidades. Así surge el concepto de cibercultura, construido por el ya tradicional y complejo de cultura, y la perspectiva innovadora del no menos complejo y más técnico de cibernética. Al unir cultura y cibernética surge el concepto de cibercultura, que ya naciente requiere de una primera definición, de una primera coloración de su fondo y su textura, para mostrar su aportación, su diferencia, su necesidad.

Cultura viene del latín, su primera significación es la de cultivo, agricultura, instrucción. Se compone de la raíz cultus, que significa cultivado, y +ura , que significa acción o resultado de. De ahí el sentido de acción o resultado de cultivar. Y cultivare, verbo latino, significa mejorar y preparar la tierra para que crezcan las plantas. También connota el cuidado en general de las plantas, y la idea de promover y refinar. El concepto viene entonces de un mundo agrario que construye sus sentido con la imagen del trabajo de la tierra, que requiere conocimiento y labor práctica eficiente, para la obtención de un resultado altamente deseado de alimento, herramienta y belleza.

Cibernética por su parte viene del griego y de algún otro fondo indoeuropeo no del todo claro, y asociado al mar, a la navegación, otro oficio básico de la civilización humana. Kibernetes significa piloto, gobernador, Kibernán, timonerar, gobernar, guiar. Cibernética, concepto del siglo veinte, significa estudio de los procesos de mando en sistemas electrónicos, mecánicos y biológicos. A los cuales se puede agregar el de los sistemas sociales y algunos otros. El centro de la noción es el orden comandado, la explicitación de las ordenes que gobiernan un sistema, de la estructura que dirige el movimiento de un aparato. Responde a la pregunta por el conocimiento de lo que compone y organiza, de lo que opera y ajusta, de lo que actúa y aprende.

Y de ahí una primera noción de cibercultura. Acción de mejorar, preparar, cuidar, promover, a los sistemas de conocimiento, instrucción, saber, a partir del estudio de los procesos de mando, gobierno, y guía de esos sistemas. Y en ese sentido una posible propuesta es, estudio de los procesos de mando en los sistemas que mejoran, preparan, cuidan, promueven, al conocimiento, la instrucción, el saber, la construcción, de la vida social, biológica, y mecánica.

La diferencia específica del sentido de la cultura y la cibercultura es la reflexividad, la cultura busca sistematizar conocimiento y competencia práctica en la acción para ciertos fines sociales. La cibercultura busca lo mismo, pero con el énfasis en la mirada en los componentes de orden y organización, no sólo busca conocimiento y competencia, sino la estructura y orden que los sustenta. La cibercultura es una metacultura que incluye a la cultura y la reorganiza. Este es el aspecto central que interesa enfatiza aquí.

Existe una cibernética de segundo orden que es estrictamente reflexiva, que busca mirar a la mirada, estructurar a la estructura, organizar a la organización, sistematizar al sistema, ordenar al orden, reordenar a la reordenación. Como tal siempre construye un segundo nivel de configuración sobre cualquiera otro para observarlo e intervenirlo en beneficio del sistema y en relación con su ecología. La cibercultura se funda en esta cibernética de segundo orden, propone como guía la reflexividad constructiva, creativa, configuradora. En ese sentido tiene una dimensión estética y epistemológica al tiempo que metodológica e instrumental.

La cultura de investigación refiere a todo aquello que puede ser incluido en una configuración de trabajo de indagación, en tanto lo ha construido y lo permite, condiciona, produce. Tiene una connotación de código. Todos los llamados o autonombrados investigadores poseen una cultura de investigación, la que tienen, la que les permite hacer y pensar lo que entienden y perciben como su oficio. La cibercultura de la investigación incluye esta situación y la configura en un espacio tiempo reflexivo, los investigadores miran su oficio, lo sistematizan y lo reorganizan, lo intervienen, lo mejoran, lo complejizan. ¿Cómo?, abriéndose como sistema de conocimiento y de acción práctica, nada les es ajeno, de todo aprenden para reordenar su oficio, todo conocimiento tiene un elemento constructivo que puede ser agregado o integrado al oficio de investigación. En todas sus acción siempre tienen por lo menos una doble dimensión en juego, la que dirige sus pasos hacia el conocimiento del un objeto, y la que reordena sus visiones sobre los pasos constructivos del objeto. Esto adquiere su completa organización de complejidad, cuando se mira desde la colectividad, la comunidad de investigación reorganizándose en grupo, en comunicación y sistematización de información en redes que construyen circuitos y flujos de conexión entre todo los integrantes comunitarios. En el ámbito de la cultura de investigación la soledad es posible y la comunicación es un lujo. En el ámbito de la cibercultura de la investigación la soledad es un anacronismo raro y la comunicación es la forma cotidiana de vida .

II. Sistema de información, sistema de comunicación y sistema de conocimiento

La cibercultura está construida por tres dimensiones sistémicas, la de la información, la de la comunicación y la del conocimiento. Cada una tiene aspectos específicos y particulares, y se incluyen e integran en un todo en la acción reflexivo-constructiva general. En esta nueva configuración la clave se encuentra en los principios constructivos de contacto, interacción, conexión, vínculo y comunicación, todos ellos construyen un nivel de relación social, de lo más simple a los más complejo, de la situación en que sólo hay la posibilidad potencial de que algo suceda por la presencia de condiciones que lo favorecen en lo mínimo, el contacto, hasta la interacción compleja entre entidades que se reconocen, asocian, y se comprometen en formas creativas, afectivas y enactivas de vida social. Para que estos principios constructivos operen, tengan lugar, las tres dimensiones sistémicas necesitan estar presentes, y de su complejidad y eficiencia depende en mucho el logro de la cibersociedad resultante.

La información es la primera dimensión del esquema cibercultural. En ella se realiza la figura cognitiva del la representación, de la configuración espacial del mundo en una imagen cifrada en símbolos, en lenguaje. El mundo como representación es la información como condición. Todo se puede representar, sólo se necesitan los elementos para hacerlo, con una base lógica, lingüística, y hoy también informática. Todo lo que vemos, todo lo que percibimos, todo lo que sabemos, todo lo que puede aparecer frente a nuestra percepción, memoria e imaginación, todo eso, puede ser representado en un sistema de información. El mundo es información para los seres humanos, no existe sino como información, de diversos materiales y sentidos, y todo ello es formalizable en sistemas tendientes a una síntesis matemática. Y entonces el pensamiento racional-analítico construye taxonomías, arma clasificaciones, ordenes, tipos, clases, campos, y con ello percibe el orden del cosmos y lo sintetiza en formas en el espacio, en esquemas, en modelos, en símbolos apreciables y comprensibles por medio de lenguaje natural y algunos componentes formales más. Acercarse al mundo es representarlo de alguna forma, y ahí los sistemas de información son el instrumento básico y elemental.

El conocimiento como información es fácil de entender, todo lo móvil se reduce a la inmovilidad de una categoría, de un dato, de un ítem, y la mente lo analiza o sólo lo percibe como algo que representa, que está fijo, estable, textualizado. La comunicación pone en movimiento a esa estructura cifrada, regresa al mundo vivo y presente la percepción, la vocación de pasado y de orden permanente de la información se trastoca por el sentido del flujo de lo que siempre está en cambio, en movimiento, en emergencia. Los seres humanos interactúan y con ello se pueden llegar modificar en un contacto, en un intercambio de turnos, en una serie de conversaciones, de charlas, de momentos de mutua estimulación. Y entre más grande es el ámbito de inclusión en el fenómeno de la mutua afectación mayor es la dinámica de la transformación, unos afectan a otros que afectan a otros que afectan a los unos que afectan a otros que afectan a otros. No es posible seguir el registro de todo los que sucede, va al ritmo del movimiento vital mismo, y en tanto las interacciones aumentan y las afectaciones se multiplican la comunicación es un fenómeno que coincide con la vibración misma de la vida social en actividad emergente y constructiva. Y de todo ello se pueden hacer representaciones parciales, momentáneas, que ayudan a sistematizar lo que va sucediendo, nunca al mismo tiempo que sucede, pero si cerca de su momento creativo. Ahí los sistemas de información se asocian al flujo cognitivo de la creación comunicativa. Y al tiempo es posible ir representando los sistemas que permiten esa interactividad, los sistemas de comunicación. Y al tiempo es posible proponer nuevos modelos de interactividad, sistemas de comunicación. Y de esta manera la comunicación se ayuda de la información para mejorarse y ajustarse, y la información se genera a partir de la actividad producida por formas interactuantes y constructivas.

Los sistemas de conocimiento están por encima de la información y la comunicación, las incluyen y al mismo tiempo parten de ellas, no existen sin ellas. El conocimiento es un orden de información y comunicación de segundo orden, es síntesis al tiempo que flujo sintetizador. Es la forma sistema que ordena a la vida social desde eso que se llama mentalidades, epistemes, formas culturales mayores, continentes de lo macro, lugar y tiempo donde se sedimenta todo el fluir humano, donde se concentra, donde se organiza es sus formas más claras y contundentes. Los sistemas de conocimiento son el orden subjetivo de los sistemas sociales, son la perspectiva de representación (información)-creación (comunicación) de todo lo que aparece en el mundo social, de todo lo que ha aparecido, y de todo lo que puede aparecer. Son el corazón de la mirada que percibe y entiende gracias a la síntesis que le dona vivir en un momento de la historia. Son la mirada del mundo mirándose desde las miradas particulares de los actores miembros de una época. De ahí que la cibercultura se mueve también en dirección de los sistemas de conocimiento, y trata de hacerlos visibles, para mejorarlos, para intervenirlos, gracias a las competencias de la información y de la comunicación. Y ahí las redes humanas interactuando se miran mirando y construyen los sistemas de información que necesitan para ver mejor, y los sistemas de comunicación que necesitan para fluir mejor sus visiones y poder construir entre todos los sistemas de conocimiento que permiten más y mejor visión del cosmos, vivir en una complejidad en aumento gracias al enriquecimiento del poder de la inteligencia y la percepción.

La cibercultura de la investigación promueve todo este movimiento reflexivo-constructivo, la formación de mejores sistemas de comunicación que mejoren la configuración de mejores sistemas de información, que en juego promuevan mejores sistemas de conocimiento. Todo en un movimiento hacia una mayor complejidad del sistema social que se mira mirando creando, cada vez con mayores talentos de percepción y organización, inteligencia que abre posibilidades y construye opciones que derivan en más posibilidades y opciones. Una sociedad-red de alta percepción y constructividad reelaborándose en cada momento rumbo a un horizonte indeterminado de mayor complejidad.

III. Metodologías y tecnologías de información y comunicación en la construcción social del conocimiento

En todas las épocas y regiones han existido sistemas de conocimiento, formas sintéticas de guía de la acción cifradas en formas discursivas religiosas, pedagógicas, artísticas, y otras. Ellos muestran la organización simbólica explícita o más o menos explícita de un mundo social general. En ocasiones cubren la casi totalidad del espacio simbólico de una formación social concreta, a veces sólo lo hacen en forma parcial pero determinante.su alcance.  Hay sistemas de conocimiento que han tenido una continuidad por siglos, por generaciones, cubriendo grandes extensiones de territorio, geografías casi continentales. Otros han durado menos y han impactado un espacio menor. Todos han sido sintetizados a partir de sistemas de información ya existentes, todos han tomado su lugar gracias a los sistemas de comunicación a su alcance.

Los sistemas de conocimiento han sido sintetizados en forma técnica, y han sido difundidos en forma técnica, su mayor o menor importancia ha dependido de la relación entre su configuración y el uso social a partir de esa configuración. Esto marca hoy una enseñanza que aquí se asume y se trata de explicitar. Por una parte es necesario un marco metodológico-tecnológico para promover la capacidad de síntesis de conocimiento sistemático, y por otra parte hace falta lo mismo, más aparatos y mediaciones que permitan su difusión y aplicación en un ámbito colectivo. Estas dos condiciones elementales son las que pueden ser desarrolladas por un programa Infometodológico y Comunicometodológico.

La mediología ha desarrollado un programa para indagar cómo fueron difundidas las mentalidades, las imágenes y las textualidades a lo largo de la historia humana. Las estructuras sociales especializadas fueron determinantes para ello, su tipo de organización y su capacidad de gestión y administración. Pero también fueron claves los instrumentos que utilizaron, las formas técnicas de registro, conservación, y distribución de la información, de las formas discursivas e ideológicas seleccionadas para ser orden elemental de la subjetividad social. Estos avances pueden ser complementados por la infometodología y la comunicometodología.

La infometodología y la infotecnología nos permiten concebir los programas actuales para construir los sistemas de información que las diversas prácticas sociales requieren, y con ello configurar la matriz sobre la cual es posible sintetizar los sistemas de conocimiento que necesitamos. La dimensión info implica el vector constructivo de la información, todo lo que hemos aprendido en colectivo sobre ella lo podemos aplicar en ordenes sintéticos y programáticos, la informática nos guía y nos impulsa, pero no sólo la actual sino la posible en una integración mayor de componentes no sólo racionales y analíticos, sino también emocionales, sensoriales e intuitivos. La estética también participa en este programa de manera central.

La comunicometodología y la comunicotecnología complementan la visión del proyecto. Se trata no sólo de representar al mundo, a los mundos, a las parcelas percibibles de ellos, sino de poner en contacto todos esos esfuerzos de construcción objetivadora en una matriz de interacciones y vínculos asociativos, sistemas de comunicación. En esto existe menos experiencia y propuesta, pero las guías pueden ser elaboradas a partir de un gran número de casos asilados en forma relativa y que juntos pueden aportar visiones mayores sobre lo que se puede hacer con la comunicación. Y de ahí organizar un programa de síntesis de sistemas de conocimiento a partir de la relación de lo diverso, lo plural, lo múltiple, lo heterogéneo, pero también lo comparable, lo asociable, lo relacionable, lo interaccionable . Existen pasos en esa dirección, la comunicación como punto de vista, como perspectiva tiene varias décadas entre nosotros, la cibernética ha sido su madre, la memética su ayudante. Las terapias, los programas de comunidad, de vecindario, de gremio, están ahí para enseñar mucho sobre como dialogar, escuchar, compartir. La iglesia, las organizaciones políticas, los grupos culturales, todos ellos también tienen mucho que mostrar y aprender.

Todo este cosmos metodológico y tecnológico en un sentido blando también tiene un referente duro que lo potencia y le da cauce, el de las tecnologías de información y comunicación en aparato y sistema mecánico-eléctrico. La informática y la telemática están montadas en ingenierías de diverso tipo que construyen aparatos de distintos formatos, desde computadoras, hasta satélites. Toda la infraestructura actual y por venir de las supercarreteras de información y la internet, son puntas de una configuración social que podrá ser más participativa, interactiva, constructiva, tendrá mejores condiciones para ello. Así entre la dimensión blanda del conocimiento y la dura, parece ser que nunca hubo más oportunidades que las actuales para ponerse en contacto, interactuar, crear, construir, en colectivo. Los sistemas de conocimiento por venir serán más horizontales, más heterárquicos, complejos, inteligentes, móviles, inestables. Y en todo ello el vector de la cibercultura es fundamental, y la dimensión cibercultural del conocimiento central. Nos movemos hacia otra cultura de investigación, hacia otra forma de entender y hacer la investigación, la construcción social-colectiva del conocimiento a partir de nuevas culturas de información y comunicación.

Cerrando

Tenemos la cultura de información que nos lleva a construir sistemas de información. Vivimos en un mundo donde pagar impuestos, pagar servicios, votar, hacer empresa, ordenar papeles, organizar recetarios, nos tiene ya dentro de hábitos y costumbres de sistematizar. Por otra parte tenemos práctica en ordenar bibliografía, clasificar datos, construir tipologías, para el desarrollo de nuestros proyectos de investigación. La información como constructo y guía de acción ya es parte de nuestra vida diaria de investigación. Y la comunicación tampoco nos es ajena. Tenemos sobremesas, conversaciones en un café o un bar, reuniones familiares, juntas de negocios, sesiones de grupo de trabajo, asambleas del sindicato, asistencias a congresos, listas de correo electrónico, grupos de discusión o de estudio en salas con sillas y mesas o en internet. Ya estamos en sistemas de comunicación. Lo que agrega la cibercultura de investigación es la dimensión enfática reflexivo-constructiva. Hacer los mismo que hacemos todos los días pero mirándonos y decidiendo si queremos seguir así o modificar nuestras prácticas y ecologías. Y el movimiento inicia y la evolución se enactiva. Nuestras necesidades de información se incrementan, para ello nuestras competencias y habilidades requieren un desarrollo técnico mayor. Nuestras necesidades de contacto y diálogo se intensifican, buscamos a otros para expresar nuestro punto de vista y requerimos respuestas, buscamos a otros para escuchar sus visiones y versiones de las cosas para incrementar nuestra percepción, para concertar propuestas comunes, programas colectivos y grupales de acción. Entonces las posibilidades constructivas de sistemas de conocimiento se multiplican. La información y la comunicación se hacen más necesarias. El uso de instrumentos y herramientas aumenta. El espacio social se articula con más y mejores vínculos y conexiones. Las relaciones humanas se complejizan, el tiempo y el espacio de la vida se amplifican, más cosas suceden con más gente involucrada. Muchos perciben y se perciben, muchos interactúan, la información circula, se modifica, se critica, se analiza, se sintetiza. La cibersociedad tiene mayor capacidad de autoorganización y creación, por la multitud de interacciones y acciones. La cibercultura de investigación es uno de los caminos hacia este escenario. Los investigadores de hoy son agentes promotores de estas situaciones. La nueva cultura de investigación modifica la cultura con mayúsculas, modifica la vida social, cambia al mundo, crea nuevas condiciones de lo posible, hace que lo posible venga a nosotros y que nosotros percibamos más posibilidades.

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Poesía, memoria y comunidad nacional Chile y Argentina en postdictadura. Alicia Salomone


  • Poesía, memoria y comunidad nacional Chile y Argentina en postdictadura
DOI: 10.5354/0718-9990.2011.10605

1 Universidad de Chile

Resumen

Este trabajo analiza, a través de un conjunto de textos poéticos de mujeres de Chile y Argentina, cómo se piensa la nación en el escenario demarcado por el tránsito que va desde los regímenes dictatoriales a las sociedades de las postdictaduras. Ello supone, por una parte, observar cómo se hace presente esa idea nacional entre aquellos miembros de la colectividad que, por motivos de género, clase y/o etnia, han padecido distintas exclusiones dentro de la comunidad imaginada o se han situado a distancia de las narrativas oficiales. Por otra parte, implica indagar en la relación que liga a la poesía con la reflexión sobre la identidad nacional, evidenciando que la poesía de mujeres, a la vez que genera nuevos lenguajes y estéticas, asume posiciones diversas frente a los distintos contextos de los cuales emerge. Para realizar este trabajo se consideraron textos de las poetas argentinas Diana Bellessi y Roberta Iannamico, y de las poetas chilenas Elvira Hernández y Alejandra del Río.

Palabras Claves

Memoria; Identidad Nacional; Poesía de Mujeres; Género; Postdictadura en el Cono Sur.

Abstract

This paper aims to analyze, through a series of poetic texts by women in Chile and Argentina, how nation was defined in texts produced during the military regimes as well as during democratic transitions. It means, first, to observe how the idea of nation is presented in the writing of persons who suffered exclusions within the imagined community or have located away from official narratives. On the other hand, it means to explore the relationship that links women’s poetry with reflections on national identity in a critical period. In this frame, we would like to demonstrate that, while generating new languages and aesthetics, women’s writing also assumes different positions regarding the context in which it emerges. For this study, were considered texts by poets Diana Bellessi and Roberta Iannamico, from Argentina, and by Elvira Hernández and Alejandra del Rio, from Chile.

Keywords

Memory; National Identity; Poetry of Women; Gender; South Cone during Postdictatorship

 

La comunidad nacional, el género-sexual y la poesía

 

¿Cómo podemos pensar la nación en el marco del doble desafío que suponen, por lado, el despliegue de la globalización neoliberal contemporánea y, por otro, la difusión de perspectivas postmodernas que cuestionan el valor de ese nexo simbólico que liga a quienes se congregan en países o regiones; y que, en el caso de los países del Cono Sur, vincula a un universo humano, ciertamente heterogéneo, que ha permanecido junto, al menos, por dos centurias de vida en común? Por otra parte, ¿cómo se hace presente esa idea nacional o regional en la escritura de aquellos miembros de la colectividad que, por motivos de clase, etnia o género-sexual, han padecido distintas exclusiones dentro de la comunidad imaginada o se han posicionado a distancia de las narrativas construidas desde los núcleos que detentan el poder social y simbólico? También, ¿cuáles son las herramientas que pone en juego la poesía y cuáles sus tretas en los albores del nuevo milenio; cuál es el papel que quiere ocupar este género que la crítica hegemónica y el mercado, en buena medida, dejan al margen? Y finalmente, ¿cómo podemos pensar la relación entre poesía y comunidad nacional desde una producción, como lo es la poesía escrita por mujeres, que suele transitar por los bordes del canon cultural y literario?

 

Desde estas preguntas, me interesa indagar cómo ciertas escrituras de mujeres de Chile y Argentina crean lenguajes, que, a la vez que dan cuenta de configuraciones estéticas particulares, suponen tomas de posición frente al contexto de producción del cual emergen, y que, en el caso que estamos considerando, anclan en el período postdictatorial. Debo decir, por otra parte, que con este concepto aludo a ese largo ciclo histórico que se inicia con las dictaduras de los años 70 y que se prolonga hasta la actualidad. Período al que me parece pertinente observar de conjunto, no por disminuir el papel que tuvieron las transiciones democráticas tanto en lo que concierne a la recuperación de las libertades públicas y derechos políticos como a los intentos por hacer justicia respecto de las violaciones de derechos humanos, sino porque cada vez queda más claro que la vuelta a los regímenes constitucionales, incluso considerando las diferencias que se advierten en cada país, no representó un quiebre radical frente al proyecto de sociedad impuesto por los militares, cuyas líneas estructurantes, sobre todo en lo económico y social, en buena medida, fueron mantenidas por los nuevos gobiernos.

 

Observando el mismo escenario desde el campo de la literatura, el crítico brasileño Idelber Avelar (2000) ha propuesto una hipótesis productiva en la que sostiene que ciertas textualidades producidas en la postdictadura, a contrapelo de las incitaciones estatales y las demandas del mercado globalizado, no pueden ocultar su huella postraumática. Una condición que se deja ver mediante la incorporación reflexiva, en el sistema de determinaciones de los textos, de la derrota inflingida por las dictaduras a los proyectos de transformación radical que se impulsaron en la región entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta. Desde esta condición intempestiva, entonces, ciertos textos resultan inasimilables a la lógica dominante en la medida que se resisten a circular como productos de una memoria sin restos ni fisuras, “memoria de mercado” la llama él, que genera lo nuevo desde un descarte de lo viejo, apuntando, en cambio, hacia un pasado que exige una reposición. De este modo, retomando las propuestas benjamineanas relativas al impacto que una historia traumatizada genera sobre la capacidad y las modalidades de la narración, afirma: “la mercancía anacrónica, desechada, reciclada o museizada, encuentra su sobrevida en cuanto ruina” (Avelar, 2000: 14).

 

Por su parte, la poeta y crítica argentina Alicia Genovese (2010), refiriéndose a la inscripción literaria de este tipo de memorias, contrasta las posibilidades que entregan los llamados géneros referenciales, como los testimonios, los diarios íntimos o las cartas, con las que ofrece la producción poética. Al respecto, sostiene que si aquellos géneros han resultado fundamentales para instalar las demandas de justicia en el Cono Sur y, asimismo, para apoyar los argumentos que a estos mismos fines se levantaron desde las ciencias sociales o la historia, sin embargo, tampoco puede dejar de advertirse que los discursos testimoniales siempre traslucen aporías o lagunas, evidenciando que hay algo que no puede ser dicho y que, por ende, necesita ser recuperado desde sus silencios. Por su parte, la poesía, al eludir la literalidad o referencialidad directa, en la medida en que la imagen se articula desde lo oblicuo y lo sesgado, permite vincular las percepciones inmediatas con otro cúmulo de estratificaciones de sentido, y, por esa misma vía, abre el deseo hacia una deriva de la subjetividad, hacia su reflexión o cambio de dirección, dando espacio a todo un potencial de proyección y afirmación de futuro. Como si mirar de costado la muerte o la sordidez de la prisión, dice Genovese, hiciera posible, al mismo tiempo, conectarse con el enorme reservorio vital que subyace en la existencia humana y que, sin embargo, es pocas veces percibido (Genovese, 2010: 70).

 

Como mencioné antes, mi interés se concentra en la labor poética de una serie de escritoras de Chile y Argentina, particularmente, en cómo se pone de manifiesto en sus textos aquella resistencia o residuo indigerible a que se refería Idelber Avelar; el que, desde Alicia Genovese, también deberíamos pensar como una posibilidad de resilencia, entendida ésta como la capacidad humana que hace posible sobrevivir a las más difíciles circunstancias de la vida e incluso salir fortalecidos y transformados por ellas1.Esto supone, a su vez, dar cuenta de la confluencia de dos dimensiones que se entrecruzan en las escrituras. Por un lado, desde su conexión con la memoria política, los textos que analizaré pueden ser leídos como representaciones acerca de los avatares de la comunidad nacional en un período crítico, donde se pone en tela de juicio la capacidad inclusiva del concepto de nación, pero donde, a la vez, pueden emerger configuraciones alternativas. Por otro lado, desde su clivaje sexogénerico, los textos del corpus permiten observar una tensión frente a los códigos androcéntricos que desde el lenguaje penetran en la cultura, entendida desde Raymond Williams como “totalidad de la vida” (Williams, 2001: 10), condicionando la constitución de las identidades y subjetividades. Ahora bien, desde mi perspectiva, ambas dimensiones están relacionadas en estas escrituras y, por eso mismo, operan conjuntamente, modelando las respectivas revisiones críticas de la memoria y los discursos identitarios.

 

 La comunidad en disolución: Bandera de Chile (1981) y Tributo del mudo (1982)

 

Elvira Hernández, en Chile, y Diana Bellessi, en Argentina, producen dos textos poéticos, en 1981 y 1982 respectivamente, que son expresivos de eso que, en palabras de Raymond Williams (1980: 150-158), podríamos definir como una “estructura de sentimiento” común. La que se plasma no sólo en estéticas que guardan estrecha afinidad sino en visiones de mundo coincidentes, que dan cuenta de la experiencia límite vivenciada por las hablantes durante los años duros de las dictaduras militares de nuestros países, cuya ferocidad represiva, más temprano o más tarde, según el caso, abrió paso a la imposición del neocapitalismo contemporáneo.

 

Esa política siniestra, sin embargo, no logró desactivar en ciertas personas la necesidad de ofrecer respuestas ante esas crisis nacionales, y ello se hace particularmente visible en el caso de Bellessi y Hernández, quienes toman en sus manos una tarea casi imposible: la de instalar un lugar enunciativo que, apelando a complejas estrategias, no sólo logra eludir la voracidad mortífera del terrorismo de Estado sino que hace posible la rehabilitación de un habla (rebelde, crítica, popular) que había sido violentamente confiscada. Ello les permite, por una parte, enunciar una palabra poética que, a la vez que deja asentado un cierto testimonio político, se interna en la búsqueda de un nuevo lenguaje representacional. Y, en ese mismo gesto, visibiliza a un sujeto femenino que se pronuncia contra los múltiples autoritarismos acoplados a los que se ha visto sometido, sean éstos de índole política, social y/o sexo-genérica. Así, tomando la proposición de Germán Cossio (2008) en un estudio reciente sobre las autoras, se puede afirmar que los textos de Bellessi y Hernández van dando forma a una auténtica “poética de la crisis”, que logra poner en escena las torsiones que sufre el lenguaje cuando es sometido a constreñimientos brutales, a la vez que deja a la vista las posibilidades expresivas de las “hablas políticas” que ambas poetas instalan2.

 

Como afirma Jorge Monteleone (2002), leyendo la poesía argentina de los años ochenta desde un argumento que también es válido para Chile, no hay duda de que la dictadura trastornó la discursividad social y el régimen de la mirada, impactando hondamente en el lenguaje de la comunidad, el que de algún modo se vio comprometido con la lógica imperante de persecución y de silencio. La poesía escrita en esos años, dice Monteleone, debió trabajar con esa lengua culpable y desde allí opuso una resistencia que se afincó en la reconfiguración de la mirada y de su capacidad enunciativa, dando forma a una estética crítica; la que traspone a la escritura un ojo concentrado hasta tal punto en la observación de los objetos que llega a producir la ilusión de transformar a la poesía en su propio objeto.

 

No es casual, entonces, que la dimensión visual de la palabra cobre tanta importancia en los textos de Hernández y Bellessi, lo que se evidencia, en el primer caso, en el particular despliegue estratégico que asumen los grafemas dinámicamente instalados sobre el soporte textual, y que se manifiesta de modo inverso en Tributo del mudo, aunque con el mismo énfasis desestabilizador, mediante un juego de aquietamiento y fijación observante en los objetos cotidianos, que reduce al mínimo el movimiento y la intensidad sonora de la palabra, a la vez que tonaliza en rojo sangre la mirada que se posa sobre el entorno. Estas dos perspectivas, por otra parte, no pueden sino remitir a unas hablantes que perciben los peligros que se ciernen sobre ellas y también sobre las comunidades en las que se referencian. Al respecto, dice Bellessi:

 

 

En el profundo silencio de la noche

cae una rama pequeña;

 

reposan los pensamientos

y el sonido se hace audible

en avalancha

 

Me uno al coro.

 

Una polilla

crepita en la llama de la lámpara (Bellessi, 2009: 176)

 

(…)

 

Navegábamos por un mar de arena.

El sol, espectralmente rojo teñía la aureola

De polvo que seguía a la nave. Un cielo de oro

Sin una nube, sin un pájaro dándole vida (Bellessi, 2009: 185)

 

Como ha explicado Monteleone (2002), Tributo del Mudo asume un proyecto discursivo que desplaza el uso de un lenguaje degradado para materializar el vacío en que había caído la significación. Desde allí, desfamiliariza el mundo perverso en el que surge la escritura, operando desde un movimiento de ida y vuelta entre el ojo y el objeto que termina por producir una resignificación del entorno cotidiano. Se trata de una praxis que concentra su ejercicio en la captura del detalle, y que posibilita reapropiar el espacio textual, redefiniéndolo como el lugar donde aun cabría esperar cierta misteriosa epifanía, como sugiere en una entrevista la propia Bellessi3.

 

Ahora bien, junto con esa estrategia de extrañamiento frente a una lengua común que se ha tornado extraña, el texto también pone en acto otro tipo de modalidades enunciativas, particularmente el desplazamiento del discurso desde el cronotopos en el que se encuentra instalada la hablante a otro muy distante en términos del tiempo y del espacio, como es la sociedad de la antigua China4. Mediante este artificio, la hablante puede acoplar una discursividad crítica, tanto en términos políticos como de género-sexual, refractándola sobre un escenario aparentemente muy alejado de la realidad propia. De este modo, ella logra iluminar indirectamente su contexto en un movimiento que entrelaza su voz con otras voces que traslapan su protesta desde aquel escenario distante hasta el lugar en que está instalada la hablante, instalando alianza que se textualiza, de manera alegórica, en las figuras duplicadas de la hablante y la fugitiva, y en la del río. Esta última, una imagen que condensa una multiplicidad de significaciones, donde se unen, por un lado, una semántica femenina que deriva de la condición acuática del río, y por otro, una simbólica que lo define como un espacio liminar, de tránsito y frontera. Un lugar móvil en el que se pueden vincular, como en un presente continuo, las dos mujeres mencionadas en el texto: la fugitiva, escapando a través del río Amarillo, y la hablante, también perseguida, ocultándose en algún rincón ignoto del Delta del Paraná, en la Argentina.

 

 

El río,

el río avanza

sin volver a remontar sus aguas,

como vos,

señora fugitiva,

los hombros apoyados

en el respaldar de madera,

y un libro de pinturas

sobre el regazo (Bellessi, 2009: 159)

 

La Bandera de Chile, por su parte, construido desde una dicción abiertamente polémica, en la que la ironía cobra un papel central como estrategia de enunciación, procede desde una puesta en escena diversa de la del texto anterior, haciendo eje en lo que Germán Cossio ha llamado un ejercicio de violencia simbólica sobre el lenguaje oficial (Cossio, 2008). Un procedimiento a través del cual la hablante se toma la palabra para llevar a cabo una impugnación explícita de los pilares ideológicos del discurso militar-patriarcal chileno, mediante el cuestionamiento de su nacionalismo conservador y excluyente, tanto en términos políticos como clase social y de género-sexual. De este modo, operando sobre el soporte textual como sobre un espacio a ser disputado palmo a palmo al enemigo, el poema de Elvira Hernández da curso a su particular apropiación del pabellón patrio: a su “toma de la bandera”, tal como nos dice el poema en una dedicatoria probable a los pobladores de la barriada homónima que se insinúa en el texto. Un signo que la crítica chilena Karem Pinto (2008) lee como la materialización de la alianza simbólica que el poema establece entre una sujeto-mujer que se apropia de su voz y de su cuerpo, y un sujeto social emergente, el movimiento poblacional, que en 1980 irrumpe en el espacio público en abierto desafío al autoritarismo militar5:

 

 

                No se dedica a uno

                                               la bandera de Chile

                se la entrega a cualquiera

                                               que la sepa tomar.

 

                                                               LA TOMA DE LA BANDERA (Hernández, 1991, s/n)

 

Así, instalada en esta política insurreccional frente a los signos, que se textualiza de múltiples formas en el espacio de la página: con hoyos y silencios, con indicaciones de movimiento, con reiteraciones léxicas de sentido irónico, con duros sarcasmos y hasta figuras grotescas, la hablante se hace cargo de esa imagen-sinécdoque de la patria, la bandera, con el objeto de arrebatarla a las manos militares y de resignificarla como el símbolo más representativo de la marginación social, política y sexo-genérica de las grandes mayorías, a la vez que como el emblema por excelencia de una resistencia que de ahí en más ya no sería acallada. En este escenario y apelando a esta voz poética enrarecida, ella hablará para (re)presentar a una otrabandera de Chile, la de los perseguidos y humillados, quienes suelen semantizarse en femenino, al igual que el sujeto-mujer. Bandera que la hablante exhibe como la contracara siniestra de esa tela prolija que es forzada a acompañar los actos oficiales, y que, en el final del poema, termina optando por el silencio, asumiendo a éste como el modo más radical de resistir ante un lenguaje culpable que, sólo en su negatividad resistente, en sus huecos (como se trasluce en la disposición gráfica del texto), deja fluir todo su potencial contestatario:

 

La Bandera de Chile no se vende

                   le corten la luz la dejen sin agua

                   le machuquen los costados a patadas

La Bandera tiene algo de señuelo que resiste

                   no valen las sentencias de los jueces

                   no valen las drizas de hilo curado

 

 

La Bandera de Chile al tope                                          

(Hernández, 1991: 30)

 

(…)

 

La Bandera de Chile es usada de mordaza

                   y por eso seguramente por eso

                   nadie dice nada

 

 

La Bandera de Chile declara                dos puntos

                                           su silencio                 

(Hernández, 1991: 33-34)

 

La comunidad en recomposición: Santiago Waria (1992) y El jardín(1993)

 

¿Qué ha ocurrido con estas poetas que han logrado sobrevivir a la hecatombe?, ¿cómo reconfiguran la comunidad tras la derrota y el derrumbe de los proyectos colectivos?, ¿cómo la nombran, y se nombran, en un escenario en que el neoliberalismo y sus secuelas teóricas parecen poner dificultades insalvables al rearmado del tejido social, negando cualquier posibilidad de un proyecto futuro que ancle en la herencia de un pasado que se quisiera clausurado para siempre?

 

 Santiago Waria, el libro que Elvira Hernández entrega al inicio de la transición chilena, en 1992, ofrece ciertas claves para pensar esas interrogantes desde la experiencia de una sujeto que, al igual que la que había emergido en La Bandera de Chile, no duda en situarse a distancia de las incitaciones amenazantes que recibe desde  el poder. Un poder que, más allá del recambio de personal político operado con la vuelta a la democracia, y de los arreglos cosméticos con los que intenta camuflar su cara añeja, no puede ocultar su deuda con la dictadura que le dio origen, y que, en buena medida, permitió su consolidación. Frente a este nuevo emprendimiento transformista, sin embargo, la hablante se niega a bajar la guardia y, una vez más, asumirá una postura resistente y a cara descubierta. La que, en este caso, se visibiliza en el ejercicio impugnador de una voz proferida desde una trinchera poético-política que vuelve a posicionar a la ironía y al sarcasmo como las estrategias privilegiadas de su enunciación:

 

Recientemente ha llegado un comunicado a mi posición. [...] Se me ordena levantar la Retaguardia y abandonar el armamento. [...] Se me recomienda no ir a la zaga y visitar a la familia; conocer y reconocer un mundo que progresa día a día. Me aseguran que si me integro y firmo la tranquilidad no tendré problemas a la Derecha de Dios.

 

Mis armas son mi vida,

Elvira Hernández (poema “Zaga y final”, s/n)

 

Armada con su dignidad y con apenas unas ropas pobretonas enfundándole el cuerpo, la hablante del poemario (a veces, Elvira; a veces Teresa, la sola, la vieja, la sabia: contracara del seudónimo que utiliza la autora y que funciona como otra figura que multiplica su voz)6 se lanzará a deambular por Santiago, la capital de un país que pareciera anhelar mirarse en una imagen próspera y moderna, que no registrara rastro alguno de un pasado conflictivo7. Esta imagen latente, sin embargo, nunca será convalidada en el discurso de la hablante, pues, por el contrario, lo que ella observará en su recorrido es una urbe que está entrando en una etapa nueva, y no menos tortuosa, de una historia centenaria. Una historia que es aludida en el mismo título del libro: Santiago Waria, 1541-1991; el que, tanto desde su doble registro lingüístico, el castellano y el mapuche, como desde su alusión al peso que el legado de la Conquista endosa sobre la actualidad, configura el referente trágico desde el cual el presente de la ciudad debiera ser pensado.

 

Por esas calles andará la hablante, delineando su trayecto, por lo general solitario y siempre auto-reflexivo, a través del cual descubrirá a la urbe y se reconocerá en ella, espejeándose en los múltiples fragmentos que le ofrece esta ciudad caída, poblada de seres vacíos y asediados:

 

 

[Santiago:]            

 

Alto contraste /

Estilo Callampero y Bursátil (“Xerografía santiaguina”),

 

Robótica y Mendicante (“Letras & Letrinas”),

 

Una ciudad que ha perdido toda señal de identidad, donde conviven sin contradicción el lujo del penthouse y la sordidez de la pelea callejera (“Karate Kafkiano”), la Cityfinanciera el cité donde no se esconde la miseria (“Poema Santiago Waria”). Un espacio en el que, sin embargo, la hablante aun escucha el murmullo de la presencia/ausencia de los que ya no están: sean éstos los mudos rostros mapuches que observan a Santiago waria desde el fondo de la historia o los espectros más recientes de los desaparecidos que también la rondan.

 

Así, auscultando la ciudad a contrapelo, desde una mirada sospechosa que persigue huellas y signos por entre los pliegues ruinosos de las formas llamativas y las frases altisonantes, la hablante irá poniendo una palabra cáustica en las llagas que aquéllas quisieran ocultar. Una praxis que ella profundiza con el registro recuperador de ciertos restos materiales, que han quedado adheridos a sus muros y veredas, y en los que todavía se dejan ver, como en un palimpsesto, las huellas fantasmales de aquellas figuras que, como las de los héroes muertos, se niegan a desaparecer de la superficie urbana. Rostros que, por el contrario, distinguiéndose entre los desechos que se acumulan cotidianamente, logran experimentar una sobrevida a través de la palabra de la hablante, como ocurre con la figura de Jécar Necme, el último asesinado de la dictadura:

 

 

El barrio “turco” vive de su última liquidación

Viven los caras duras viven los cara’e palo

                              ¡Jécar vive! (Poema “Santiago Waria”, p. 39)

 

Como sugiere el análisis de Raquel Olea (Olea: 1996, s/n), lo que nos ofrece Santiago Waria es un texto-memoria de la individuación ciudadana. Desde mi perspectiva, no obstante, debiéramos radicalizar esta interpretación para pensar aquella experiencia como el proceso de construcción de ese sujeto crecientemente despojado de su poder ciudadano. Un sujeto que se constituye en el marco de una democracia flaca y de una sensación de vacío postmoderno que tiene poco de espontánea: “no es el vacío es el vaciado”, dice la poeta en “Letras & Letrinas”. Y es precisamente en este marco que el poemario indaga en la estructuración de un lenguaje, que, metonimizado en las letras del alfabeto que dan inicio a cada uno de los poemas (de la A a la Z), intenta dar algún sentido a los fragmentos de una historia que se resiste a ser narrada acríticamente, es decir, desde el aplanamiento de sus nudos trágicos.

 

Ahora bien, desde ese mismo lugar irreductible que nos entrega el texto de Elvira Hernández, quiero retomar el diálogo con la producción de Diana Bellessi, poniendo en relación Santiago waria con el poemario Jardín, que la poeta argentina publica en 1993. Se trata de un libro que, con sus propias características y énfasis, también da cuenta de los movimientos de un sujeto femenino contemporáneo, inserto en una colectividad que aun no se recupera de la devastación producida por la última dictadura. Un texto que se inserta en un espacio cultural donde se hace evidente el desencanto ante una democracia trunca, que, hacia el final del milenio, evolucionaría hacia una crisis que erosionaría hasta los huesos la idea de una comunidad integrada. Leído a la luz de esta trama, el poemario de Bellessi se recorta como una reflexión profunda en torno a los poderes reconstituyentes de una poesía que, anclada hondamente en su tiempo, no sólo no elude su condición postraumática sino que la asume como el punto de partida para contribuir, desde una estética y una ética, en la tarea colectiva de restituir voces y proyectos arbitrariamente suprimidos.

 

El texto procede desde el despliegue de una imagen, la de un jardín que exige arduas preocupaciones a su autora. Imagen que alegoriza, a través de esos cuidados, el proceso de recreación de un yo que tiene por sustento el rescate de una memoria individual, pero que es también social (Williams, 1980: 150-158), a través de un tránsito cuyos hitos están señalados en los títulos de las secciones del texto: Golpe de Estado, Estado de Derecho, Leyenda y “Un día antes de la revolución”. Estas denominaciones, que sobreponen una nota referencial en un texto que, como unhortus conclusus, parece encerrado en sus propios límites, no sólo permiten refractar en él los condicionantes de la época en que es producido, sino que también permiten iluminar el modo en que se gesta y afirma una subjetividad-mujer que arrastra un lastre histórico de ilegitimidad intelectual, como bien ha sugerido Jorge Monteleone (2000). A través de esos hitos, sostiene Monteleone, el texto logra metaforizar el trayecto que va desde la “negación de garantías” impuesta sobre esa voz poética, a la búsqueda de modos expresivos propios, que oscilan entre el deseo de decirse y la amenaza permanente del vacío, hasta comprender que la prohibición de su palabra obedece a una circunstancia histórica y no a una condición esencial. Este proceso, por lo tanto, no deriva en la mudez de la hablante sino, por el contrario, en su expectativa de un advenimiento utópico – amoroso y revolucionario, a la vez -, que es significado en la escritura como el momento de la posesión del tiempo y la palabra.

 

Ese deseo de transformación y empoderamiento subjetivo es el que toma forma en el texto, materializándose en una figura matrística que emerge desde la voz de la hablante, y que es a la vez acogedora y deseante, y por eso mismo, filosóficamente anterior a la Ley del Padre. Esta figura, que se desentiende de la voluntad vacía de un poder que sólo se quiere igual a sí mismo y que, por ende, resulta anulatorio de lo otro, nos introduce, por lo tanto, en otro mundo de significados. Los que remiten, por una parte, a un anhelo de continuidad de la vida que se metaforiza en la proyección o disolución de la madre en sus hijos. Y por otro, a una praxis que procura la religazón de los vínculos humanos, lo que sólo sería pensable (y posible) a través del libre juego de las subjetividades y del reconocimiento mutuo, igualitario y amoroso de las diferencias.

 

Qué quiere el poder. Ni siquiera

al sujeto que lo tiene

Quiere

ser el instante completo

que abolió la duración

y la diferencia. Igual a sí

autónomo, eterno. La madre en cambio

desea

caminar por la pradera entre sus hijos

Aceptar la muerte y poner

su heredad en la diferencia. Sueña

y está hecho del detalle

Lo que hicimos juntos, lo no hecho

Se disuelve entre sus hijos

(Bellessi, 2009: 505-506)

Memorias de nueva generación: Roberta Iannamico y Alejandra del Río

 

En esta última parte del trabajo quisiera agregar algunas referencias a las voces que advienen al escenario poético del Cono Sur entre el finales del siglo XX y el inicio del presente, pues me parece central detenerse a observar cómo las generaciones más jóvenes se hacen cargo de la pesada herencia recibida, y cómo procesan estéticamente la relación entre la historia personal y la colectiva. Al respecto, y atendiendo a la situación argentina, Alicia Genovese (2003) señala que en la poesía producida a partir de los noventa, es frecuente encontrar remisiones a la violencia política de los años de la dictadura, desde una óptica que pone en juego una mirada muy poco complaciente, hasta impiadosa, sobre el mundo público, y también (y fundamentalmente) sobre el ámbito privado. Este último, un espacio que, lejos de aparecer como un lugar de resguardo, suele representarse como la caja de resonancia desde la cual la generación de los hijos de los militantes de los años setenta experimentó el horror que se desataba en el afuera. En este contexto, no puede extrañar la centralidad que en las nuevas generaciones poéticas cobra la recuperación de la memoria de la infancia, lo que debe comprenderse a la luz de ese proceso social mayor de búsquedas en torno a una reconfiguración identitaria en una época postraumática. Estas memorias emergentes, en opinión de Genovese, se trabajan desde múltiples lenguajes y modalidades expresivas; pero, sin embargo, suele predominar en ellas un ejercicio de hibridización entre el lenguaje poético y otros tipos de discurso que lo interfieren, particularmente los que provienen de los mass media, como el cine, el comic o la TV, lo que termina por cuestionar la condición cerrada o pura de la poesía.

 

Roberta Iannamico (1972), por ejemplo, se instala desde ese registro íntimo-doméstico al que hemos hecho referencia, conformando un mundo de escenas y juegos propios de la infancia (de rondas, películas y fiestas de cumpleaños) para resignificarlo como un espacio desde el cual es posible volver la mirada a una historia personal que inevitablemente aparece tocada por el contexto social. En el poema “Caracoles”, incluido en la antología Niña bonita (2001), por ejemplo, la hablante recupera la figura de unas cebras aparecidas en un programa de televisión en blanco y negro (una ineludible marca epocal). Y, desde allí, ironiza sobre un mundo degradado e incomprensible en el que los tiempos aparecen confundidos pues, en el ayer como en el ahora (un presente que prolonga la impunidad de los crímenes cometidos hace más de treinta años), los malvados imponen su ley y conviven siniestramente con los inocentes.

 

 

todos sabemos

que una cebra tras las rejas

es una redundancia

así que hacen lo que se les canta

Hacen el mal sin mirar a cuál

atacan con fiereza

después brindan.

 

(Citado por Genovese, 2003)

 

En uno de los poemas de El collar de fideos (2001), por su parte, la voz poética se interioriza para dar espacio a una reflexión que aparece claramente marcada por la experiencia de género-sexual, a través de la cual se explora en los condicionamientos que afectan la conformación de la identidad femenina, desde una perspectiva que parece haber hecho propios los postulados de las pensadoras y poetas feministas argentinas de las décadas anteriores, desde Alfonsina Storni a las actuales. Instalada en esta vía, la palabra de la hablante transita desde lo individual a lo múltiple, desde un nosotras colectivo a un yo personal, moviéndose a través de un registro memorioso en el que emerge una visión descarnada del eje genealógico familiar que la ha constituido como sujeto. Así, adoptando una palabra irónica que se transforma en dura autoironía, la hablante denunciará aquellos gestos y acto que, encarnados en los cuerpos femeninos, como cuerpos sexuados e históricamente determinados, van operando el modelado de las distintas subjetividades a partir de la interiorización de una violencia simbólica, cotidiana y naturalizada, que estrecha o directamente anula la libertad y las opciones de las mujeres:

 

Todas nos empezamos a parecer a nuestras mamás

cuando pasa el tiempo

nos ponemos grandotas

percheronas

la mirada

más hermosa

como de alguien que puede

defenderse de todo

como de alguien que está enamorada de sí misma

 

[...]

 

Todas las madres

guardan la memoria de la primera

mi bisabuela se suicidó

cuando mi abuela tenía

siete años

-una traición de amor-

tomó el veneno y estrelló

la jarra contra la pared

delante de su hija

dicen que primero

se preparó

se pintó

se puso las alhajas

se peinó el pelo rubio

frente al espejo

sin dejar de mirarse

con ese gesto que repite

todos los días mi mamá

y que yo

estoy empezando

a repetir                 

(Poema incluido en Nachón, 2007: 145)

 

 

Volviendo la mirada al escenario chileno, es posible descubrir que varias de las ideas que sugería el trabajo de Genovese para la escena poética argentina, también se hacen presentes en este otro espacio nacional, el que, con sus particularidades históricas, también enfrenta los conflictos socio-simbólicos derivados de la búsqueda de una recomposición identitaria en tiempos postdictatoriales. En este contexto, no puede extrañar que en muchas escrituras de estas nuevas generaciones también resuenen los ecos de un pasado familiar que siempre aparece vinculado a una historia mayor: la del país y su carga de tragedia, dando lugar a la configuración de ciertas narrativas poéticas del yo que resultan procesadas desde una clave íntimo-privada. Por otra parte, y en conexión con la poesía de mujeres de los años ochenta, también es frecuente encontrar en muchos de estos textos, tanto de mujeres como de varones, una visión crítica acerca de los patrones culturales androcéntricos, los que fueron tan ampliamente explotados por el nacionalismo militar chileno. Al respecto, como señala el crítico Javier Bello (2010), ya en el marco de la transición, la articulación de esa mirada cuestionadora del androcentrismo también suele ser concomitante con la visibilización de distintos discursos acerca del cuerpo y la sexualidad, los que ponen de manifiesto el devenir de un deseo múltiple que no necesariamente discurre por los cauces demarcados por el patriarcado y la heteronormatividad.

 

Varios de los poemas que integran el libro material mente diario 1998-2008 (2009), de Alejandra del Río, son afines a las perspectivas que acabo de reseñar, tanto en lo que hace a la revisión de la propia infancia en clave política como a la inflexión de género-sexual que inevitablemente está imbricada con aquélla. En este marco, vale la pena retomar el comentario de la crítica Lorena Amaro, quien, refiriéndose al poemario, destaca el trayecto de retorno que marca la dinámica del texto. Al respecto, sostiene que, tras los extensos recorridos que despliega la hablante, desplazándose por un sinnúmero de tradiciones poéticas y ciudades lejanas, desde Berlín o Praga al Rangoon nerudiano y la mítica Sión, el gesto fundamental que deja asentado en el libro es el del regreso: “y regresa a sus lugares como animal herido para enunciar un poema agónico en el cuarto de la infancia”, dice Amaro, para desde allí volver a salir y retornar herida (Amaro, 2009).

 

De este modo, la hablante insiste una y otra vez en la afirmación del retorno a un país cruel e irremediablemente perdido; un territorio al que, sin embargo, ella convoca con dejo amoroso desde la fidelidad a un cierto espacio originario donde parece haber radicado, precaria y dolorosamente, el inicio de un proceso creativo. Es ésa la invocación que queda explicitada en el poema “Simultánea y remota (Santiago de Chile, año 1980)”, un texto donde ella produce esa vuelta simbólica, a la vez momentánea y eterna, al cronotopos de la infancia; una escena que la hablante reconstruye desde la mirada y la voz de una niña lúcida, y en absoluto inocente frente al entorno feroz que la rodea y al que percibe a punto de estallar. Es la voz de esa pequeña, entonces, la que nos interpela, haciéndonos saber que habita una casa cercada, no por monstruos imaginarios, sino por amenazas latentes y reales; una casa en la que este ser desamparado, que insiste obsesivamente en recordarnos que sólo tiene ocho años, no encuentra el anclaje vital que requiere su supervivencia. Inmersa en este ambiente persecutorio y emocionalmente frágil, sólo la escritura despuntará salvadora para ella, como también lo fue para su doble: la joven Ana Frank; escritura que toma forma en una poesía inicial que ella rememora desde la recuperación de una de esas preguntas nerudianas que impactaron su imaginación de niña triste: ¿por qué se suicidan las hojas cuando se sienten amarillas?

 

 

Tengo ocho años

vivo en una ciudad sitiada por el ojo carnicero

mi vida transcurre tras los armarios de Ana Frank

y cuando salgo a la escuela

noto miradas esquivas

 

[...]

 

Tengo ocho años

mis ocho años no tienen inocencia

en casa pregunto

 

Nada se me oculta

 

[...]

 

Tengo ocho años y un cisne

durmiendo el sueño mortal en mi hombro

insisto en hacerme una pregunta

¿por qué se suicidan las hojas

cuando se sienten amarillas?

(Del Río, 2009: 64-65; destacado en el texto)

 

Como decíamos al comienzo, la poesía producida en el Cono Sur en los años postdictatoriales, particularmente en lo que hace al territorio escritural de mujeres, no sólo opera como la plasmación estética de heridas y resistencias que, con tesón, regresan a la página para volver a ser nombradas. Por otra parte, esa poesía también debe ser pensada como un espacio textual donde es posible detectar una sostenida capacidad de resilencia, apuntando al intento por lograr una supervivencia personal y colectiva que merezca la pena ser vivida. Al respecto, es útil revisar otro poema de Alejandra del Río, que traduce cabalmente esta idea, y cuyo título echa mano de aquel concepto: “Resiliencia” (en material mente diario), para aludir precisamente a esa voluntad de sobrevida. La que, en este caso, es registrada desde la experiencia de una hablante, ya no niña sino adulta, que ha logrado sobreponerse a un riesgo extremo y que hoy puede recordar aquellos juegos con sus amiguitas del barrio, que se desarrollaban en medio de un escenario de muerte. En dichos juegos, las niñas solían encarnar proyectivamente a sus madres y mayores en unas historias de terror inventadas, donde pululaban huérfanos y se enterraban niños muertos. Sin embargo, en esas escenificaciones ellas también lograban implantar un cierto “reino de justicia”, instalando una lógica distinta a la imperante, a partir de la cual era posible exorcizar aquellos demonios que las acosaban como consecuencia de vivir en contacto cotidiano con realidades inasimilables para esas subjetividades en formación. Y quizás sea la propia supervivencia de la hablante-adulta la prueba más fehaciente de la efectividad de aquellas estrategias de la [in]conciencia infantil.

 

 

Nunca jugábamos a ser madres

sólo en historias de terror

 

Abandonaban niños en la puerta de la casa

vivos y muertos

debíamos enterrarlos

formar un sindicato de huérfanos

implantar su reino de justicia

 

[...]

 

La muerte era nuestra niñera de día y de noche

bebía en el salón junto a los conspiradores

 

La muerte se sentaba a la cabecera

vigilaba compadecida su guadaña

se quedaba quieta

alcanzaba a rozar algunos rizos

algunos miembros prescindibles.

(Del Río, 2009: 62-63)

 

Breve coda

 

Historias como las que acabo de referir inevitablemente nos llevan a pensar, como alguna vez sugirió el crítico brasileño Antonio Cándido, que la poesía no sólo porta un alto valor estético sino que ella posee además un importante valor humanizador que es preciso destacar, en tanto brinda cauces para efectuar ejercicios sanadores a los cuales todas las personas debieran tener acceso. Como afirma Cándido, si parece imposible que alguien pueda mantener el equilibrio psíquico sin soñar, es probable que no pueda existir equilibrio social sin literatura, pues ella confirma al hombre en su humanidad, incluso en gran medida porque actúa de forma inconsciente. De este modo, junto con otras formas concientes de inculcación intencional, históricamente cada sociedad ha creado sus manifestaciones ficcionales, poéticas y dramáticas, las que siempre tienen relación con sus impulsos, creencias, normas y deseos. Pues la literatura no sólo confirma o niega, propone y denuncia, sino que provee a las personas de las herramientas y la posibilidad de experimentar dialécticamente los problemas (243).

 

De este modo, y como dejan en evidencia los relatos de las poetas que acabo de comentar, el juego libre con la imaginación y con los recuerdos, así como la autorreflexión que está involucrada en el ejercicio poético, quizás sea un modo posible e idóneo para lidiar con experiencias y emociones que suelen sobrepasar nuestros recursos de comprensión racional. Por esta vía también, es posible que la poesía, y más ampliamente toda literatura, pueda contribuir a estimular un proceso de resiliencia que nos devuelva, en tanto seres humanos, la capacidad de apertura hacia la complejidad del mundo y de los seres, haciéndonos más comprensivos frente a nosotros mismos, frente a nuestras propias trayectorias, y también frente a las de otros y otras.

 

Notas

(1) A partir de la proposición de H. Combariza, definimos resiliencia humana como la capacidad de u individuo o de un sistema social para vivir bien y desarrollarse positivamente, a pesar de las difíciles condiciones de vida y más aún, de salir fortalecidos y ser transformados por ellas. Al respecto, ver: Helena Combariza, “La resilencia. El oculto potencial del ser humano”, enhttp://aiur.us.es/~kobukan/la_resilencia.htm [Consulta 1.03.2009].

 

(2) Jorge Monteleone, “La utopía del habla”, en Cyberhumanitatis 24, primavera de 2002, enhttp://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_sub_simple2/0,1257,PRID%253D3621%2526SCID%253D3793%2526ISID%253D260,00.html[Consulta 12.11.2007]. 

 

(3) Al respecto, ver el reportaje realizado a Diana Bellesi por las poetas Alicia Genovese y María del Carmen Colombo (2002): “Del viaje sin limites a la profundidad del detalle (entrevista a Diana Bellessi)”. http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_sub_simple2/0,1257,PRID%253D3621%2526SCID%253D3792%2526ISID%253D260,00.html[Consulta 12.11.2007] 

 

(4) Para Mijaíl Bajtín (1996), el cronotopos o unidad cronotópica define la relación que vincula la representación estética con la realidad, apuntando a algo que va más allá de la simple fusión de espacio y  tiempo dentro del universo ficcional. Para Bajtín, el cronotopos es un verdadero núcleo de sentido que organiza los acontecimientos narrados, otorgándoles densidad semántica; ello, en tanto las definiciones del tiempo y el espacio en el arte y la literatura inevitablemente aparecen atravesadas por dimensiones valóricas y emocionales.

 

(5) Cfr.: Karem Pinto Carvacho, “Identidad nacional en Poema de Chile de Gabriela Mistral y La Bandera de Chile de Elvira Hernández”, 2008. Tesis de Magíster en Literatura, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile [www.cybertesis.cl].

 

(6) Raquel Olea sostiene que si los libros de Elvira Hernández han fabricado a su autora, una escritora que ha preferido este nombre casi anónimo, incluso frente al más sonoro de Teresa Adriasola, en este texto Elvira parece dibujar a esa otra autora que emerge en el primer poema (“Anda Sola Teresa vieja…”). Cfr.: Olea (1996, s/n).  

 

(7) Como afirma Magda Sepúlveda, el gesto de Elvira Hernández guarda relación con las caminantes que instalan otras poetas en la ciudad de la transición, entre ellas, Eugenia Brito, Malú Urriola, Carmen Berenguer y Marina Arrate. Agradezco a la autora por permitirme consultar su excelente estudio: “No hay calle que por bien no venga: mujeres y ciudad en la poesía chilena (1989-2006)” (manuscrito).   

 

 

Referencias Bibliograficas

 

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