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Elementos para una etnografía virtual de las prácticas científicas en la era digital.Extracto.

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CMC (Comunicación Mediada por Computador)

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Elementos para una etnografía virtual de las prácticas científicas en la era digital

Autor/-a: Alvaro Cuadra

INEDITO

Este artículo se propone una aproximación de inspiración etnográfica virtual a la llamada e-Ciencia. Tal empresa no es posible sin atender antes a las condiciones de posibilidad que configuran este momento histórico, a saber la convergencia tecnocientífica de la logística, las telecomunicaciones y los lenguajes multimediales que se materializan en la CMC (Comunicación Mediada por Computador). Las mutaciones en curso reconfiguran tanto la dimensión epistemológica como política del quehacer científico en el siglo XXI.

n el mundo contemporáneo. Pensemos, por ejemplo, en los verosímiles hipermediáticos que construyen héroes y villanos alrededor del mundo, justificando o condenando guerras por doquier. Pareciera que habitamos, ineluctablemente, realidades transcontextuales, sin poder inteligir jamás contextos. Esta desrealización de lo real opera a diferentes niveles y escalas, desde la intimidad de la vida cotidiana, programada por la publicidad, hasta nuestros comportamientos y concepciones frente a fenómenos planetarios, programado por una hiperindustria cultural. Esta suerte de neocolonialismo mediático representa una regresión política y moral de la humanidad, cuyo amenazante horizonte no podría ser sino la desestabilización de lo que hemos llamado cultura, acaso la antesala a la barbarie.

1.4.- Complejidad, convergencia e interdisciplinariedad

Al considerar el protagonismo de las comunicaciones, tanto en el campo teórico de las ciencias sociales como en el decurso histórico de la llamada “sociedad de la información”, tanto mayor parece el desafío por revisar algunos modelos y conceptos cristalizados por la tradición académica hasta hoy.

Los modelos vigentes hoy en los estudios comunicacionales muestran sus deficiencias al ser contrastados con una serie de fenómenos inéditos que irrumpen gracias a un acelerado sistema mnemotecnológico de base tecnocientífica inherente al tardocapitalismo mundializado.

En la era de una hiperindustrialización de la cultura, en que la hiperreproducibilidad digital se ha tornado en una práctica social generalizada, los fenómenos comunicacionales adquieren un nivel de complejidad y alcance inimaginable hace algunas décadas, las nociones básicas como “usuario” o “hipermedia”, son apenas los primeros términos de un léxico que se incorpora día a día al uso cotidiano. La cuestión central es, pues, hacer de dicha terminología un reticulado categorial que nos permita pensar el fenómeno de la e-comunicación en el presente siglo.

Cualquier consideración sobre la noción de “ciberespacio” debe considerar dos aspectos fundamentales, su materialidad en cuanto conjunto de datos almacenados en discos y su objetivación perceptual, es decir, como intuición de un espacio tridimensional, abstracto o figurativo. Dicho en otros términos, la CMC y el ciberespacio cristalizan un nuevo “régimen de significación”, en cuanto disponen datos transferibles que determinan la producción, la distribución y el eventual consumo simbólico, es decir, reconfigura la economía cultural de nuestro tiempo. Al mismo tiempo, sin embargo, el ciberespacio modifica los modos de significación, transformando el “sensorium” y la experiencia perceptual de sus usuarios. Este carácter peculiar del espacio virtual lo instala como un “espacio atópico”, lo que se traduce en una de sus características más evidentes: la “desterritorialización” y el “Jetzeit” de la experiencia..

Los nuevos horizontes de comprensión de lo comunicacional no sólo se abren a la multiplicidad de culturas sino a las inteligencias no humanas. Estos horizontes plantean nuevas exigencias a la imaginación teórica, acaso una nueva episteme. Las teorías y modelos comunicacionales en la era digital no podrían ser sino teorías y modelos convergentes e interdisciplinarios, otra manera de nombrar la complejidad. Las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la información (NTIC) no hacen sino exteriorizar la convergencia tecnocientífica de los aspectos logísticos, telecomunicacionales y de lenguaje que se advierten hoy. El desplazamiento hacia la videósfera, el aumento en la capacidad de memoria y la expansión del ancho de banda en las transmisiones marcan un momento histórico que pone en jaque treinta siglos de comunicación alfabética, constituyendo la mayor mutación civilizacional de la actualidad, cuyo alcance político apenas comenzamos a barruntar.

2.-
Las nuevas tecnologías no constituyen, ciertamente, una herramienta más en la historia humana. Ellas nos obligan a repensar la tekhné en toda su radicalidad que sólo la incuria de los filósofos ha desplazado a un segundo lugar. La tekhné, insistamos, no puede ser pensada ya como “un elemento reificante y desnaturalizador sino como sustrato constitutivo de la conciencia” 

La e-Ciencia ha sido definida por la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) como: “…las actividades científicas a muy gran escala que deberán desarrollarse cada vez más mediante colaboraciones globales distribuidas y accesibles a través de Internet. Este tipo de actividad científica cooperativa requerirá acceso a bancos de datos muy voluminosos y a recursos de computación de muy gran escala, además de prestaciones de visualización de alta calidad y otro tipo de herramientas” 

La e-Ciencia resulta ser una forma inédita de crear, gestionar, evaluar y difundir el conocimiento nuevo, es decir, se trata de un conjunto de prácticas científicas asentadas en una infraestructura digital. Esta nueva realidad lleva a algunos teóricos a celebrar el momento actual como nuevas formas de trabajo cooperativo: “Las tecnologías de la información y computación están modificando el modo de producir conocimiento, al mismo tiempo que ofrecen nuevas formas de trabajo cooperativo (trabajo en red a distancia, instrumentos virtuales, computación distribuida, middleware…). En suma: están desarrollando un papel fundamental en los procesos actuales de dinámica científica, en los que la sociedad civil quiere y desea participar cada vez con más intensidad. Gracias al cambio en el paradigma informacional y los modelos comunicativos, esto es ya posible”. 

Si bien resulta del todo evidente que la tecno – lógica ha transformado las prácticas científicas en todos sus aspectos, este fenómeno nos lleva a una cuestión histórica de fondo, la convergencia tecnocientífica que se ha verificado a lo largo del siglo XX. Podríamos sintetizar la situación señalando que el desarrollo de las fuerzas productivas en el tardocapitalismo ha abolido toda noción de ciencia, a favor de un vector inédito: la tecnociencia.

Esto significa que la nueva condición del saber en las sociedades hipermodernas ya no le atribuye a éste una finalidad emancipadora, sino más bien reclama una legitimación por la performatividad, forma de legitimación estatuido por el capital y por el poder. Ya no se trata de la normatividad de ciertas leyes sino el control de los contextos, la eficiencia, la consecución del efecto buscado, la performatividad de las actuaciones. Dicho en términos concretos: “El Estado y/o la empresa abandona el relato de legitimación idealista o humanista para justificar el nuevo objetivo: en la discusión de los socios capitalistas de hoy en día, el único objetivo creíble es el poder.

2.2.- Imagen: Mediación y Modelo

La irrupción de la imagen anóptica, mediación y modelo al mismo tiempo, constituye una nueva relación perceptual con el conocimiento, un saber virtual. El saber virtual, a nuestro entender, se funda precisamente sobre un modo de significación tal en que lo sensible y lo inteligible se funden, (…)susceptible de legibilidad, la imagen digital conjuga no sólo la espacialidad sino la temporalidad, superando el orden lógico sintagmático del discurso. Si esta nueva condición se agrega la conjunción de lenguajes diversos (audiovisuales) y la posibilidad cierta de trabajar interactivamente en arborizaciones hipertextuales, se inaugura un universo en que los significantes, las superficies perceptuales, reconfiguran la intelección misma.

“Al trabajar interactivamente con sonidos, imágenes y textos escritos, el hipertexto híbrida la densidad simbólica con la abstracción numérica haciendo reencontrarse las dos, hasta ahora “opuestas”, partes del cerebro. De ahí que de mediador universal del saber, el número esté pasando a ser mediación técnica del hacer estético, lo que a su vez revela el paso de la primacía sensorio-motriz a la sensorio simbólica” 

La e-Ciencia, en tanto práctica científica en la era de la Comunicación Mediada por Computador (CMC), estatuye una “comunidad científica” extensa o global, capaz, al mismo tiempo, de poner a disposición de millones de usuarios algunos de sus hallazgos y teorías. Las revistas científicas electrónicas logran de este modo diseminar, parcialmente, el conocimiento. 

Cabe introducir algunos matices y consideraciones a lo que sostiene este autor, pues, si bien es indudable que el caudal de información se ha acrecentado a límites inimaginables hace pocos años, no es menos cierto que una cosa es la información disponible y otra muy distinta es el conocimiento posible de alcanzar con ella. Entre información y conocimiento se establece un hiato determinado por las prácticas sociales asociadas a las políticas educacionales y, ciertamente, a las políticas de investigación científica y tecnológica de los diversos Estados. La creación de nuevo conocimiento responde en última instancia a decisiones políticas concretas en contextos históricos determinados. Sólo de este modo se puede establecer una correlación dialéctica entre las nociones de información, conocimiento y acción. Esta tríada resume muy bien la encrucijada actual en que se encuentran los países latinoamericanos, esto es, cómo articular decisiones políticas en este momento histórico para transformar el cúmulo de información disponible en un nuevo conocimiento científico y tecnológico para nuestros pueblos, un conocimiento para la acción en el seno de nuestras sociedades. Esto es de particular relevancia en el ámbito educacional, pues las nuevas tecnologías están transformando muy profundamente el proceso enseñanza –aprendizaje.

2.3.- América Latina: Educación Ciencia y Tecnología 

De manera silenciosa, casi inadvertida, la enseñanza tradicional va cediendo su lugar ante la irrupción de las TICE: Tecnologías de la Información para la Enseñanza. Las nuevas generaciones de estudiantes, verdaderos digital natives, según la feliz expresión de M. Prensky, están familiarizados con las tecnologías numéricas desde la primera infancia. La cuestión es cómo enseñar geografía después de Google Earth.

Es claro que las paredes que encerraban el aula y la escuela se han tornado transparentes. Las redes digitales llevan el mundo a la pantalla de un computador. Resulta evidente, también, que la Información, otrora patrimonio y fuente de autoridad del profesor, hoy está disponible en forma de D-Base en la red, lo que pone en jaque el estatuto mismo de los maestros. Ya no se puede concebir la figura de un profesor de aula como el portador exclusivo de una cantidad de información sino más bien, debemos pensarlo como alguien que guía la búsqueda de fuentes confiables y desarrolla el espíritu crítico frente al cúmulo de datos de que se dispone. Al profesor le corresponde, precisamente, la delicada alquimia que transforma la información en conocimiento y éste en acción.

La figura del profesor ha mutado esta última década, ello significa que es imprescindible revisar una serie de conceptos asentados durante dos siglos de práctica pedagógica. El problema puede ser planteado en toda su radicalidad al tratar de conceptualizar lo que se entiende en la actualidad por “hacer una clase”, y más todavía al tratar de explicarnos qué es la “escuela” y la “enseñanza” cuando el aula se extiende al mundo entero gracias a los Entornos Numéricos de Trabajo (ENT).

El desarrollo científico y tecnológico en América Latina ha debido enfrentar la era de la e-Ciencia de modos diversos. Sea que se privilegie el Estado o el Mercado, lo cierto es que nuestra situación está signada por una creciente brecha respecto de los países más avanzados. En su aspecto positivo, la e-Ciencia abre la posibilidad de un contacto más próximo y rápido con la comunidad científica virtualizada, las revistas científicas digitales y el periodismo científico facilitan el acceso a información relevante. Sin embargo, bien lo sabemos, disponer de una gran cantidad de información no implica, de buenas a primeras, acceder al conocimiento. 

La e- Ciencia plantea a todos los países de la región una serie de inquietantes cuestiones. Por de pronto, cabe plantear la interrogante acerca del tipo de ciencia que se requiere para nuestros pueblos, sumidos en la pobreza con toda su secuela de problemas médicos, nutricionales, energéticos y medioambientales sólo por mencionar los más urgentes. El nuevo estadio histórico caracterizado por la e-Comunicación y la e-Ciencia bien puede acrecentar la distancia respecto de los desarrollos en los países ricos, transformando el concepto de “subdesarrollo” en una “dependencia en red”. 

La actual coyuntura histórica y política latinoamericana es particularmente compleja en un escenario de crisis global del capitalismo. La e-Ciencia responde a tecnologías desarrolladas en otras latitudes, cuya racionalidad inmanente nos resulta muchas veces ajena. Como se ha señalado tantas veces: “Los sistemas racionales de conocimiento tecnocientífico fueron legitimados desde el punto de vista moral y político porque su finalidad era contribuir con el desarrollo humano. Al discurso del progreso y los valores de la civilización que estimularon los adelantos de la ciencia, se adhirió el signo de una catástrofe universal representada por la degradación a gran escala de la biósfera, incremento de la desigualdad social, empobrecimiento masivo y militarización global de los conflictos derivados de estrategias económicas de expansión. Por cierto, esta militarización está basada no sólo en el desarrollo y uso de un arsenal tecnológico convencional, sino también bioquímico y nuclear desplegado por la ciencia, y que superó las capacidades reales de control de quienes los administran” .

Hasta la fecha, América Latina no ha sido capaz de generar una red científica regional significativa con una infraestructura propia que propenda a la generación de nuevos conocimientos para nuestro desarrollo. Fenómenos como la creciente privatización y la baja calidad de nuestros centros de educación superior y de postgrados, la escasa inversión de los gobiernos regionales en investigación, la falta de expertos de alto nivel y de una tradición en diversas disciplinas empobrece las prácticas científicas latinoamericanas, generalmente asociadas a programas de investigación en Europa o los Estados Unidos.

Esta realidad no es nueva, pero se ve agravada por una crisis económica y por el advenimiento de las redes digitalizadas como nueva modalidad de las prácticas científicas. Las sociedades latinoamericanas acceden de manera muy parcial a las nuevas tecnologías, con un promedio regional no superior al 22%, mientras en los países desarrollados las cifras de penetración bordean o superan el 50%.

Se ha detectado, recientemente, una brecha digital aún más sutil, en torno al ancho de banda que determina la calidad de las conexiones. A todo esto se agrega un uso muy discreto de las nuevas tecnologías, cuyo impacto en el PIB de los países latinoamericanos es todavía muy marginal. La e-Ciencia en América Latina se practica todavía en centros de elite asociados a programas internacionales de investigación financiados, en muchos casos, con fondos internacionales provenientes de países desarrollados. América Latina está muy lejos todavía de aproximarse a un nivel de desarrollo científico y tecnológico a la altura de sus necesidades.

Esta realidad histórica inédita no sólo exige una revisión epistemológica como marco conceptual para la legitimación y validación de las prácticas científicas sino, y muy especialmente, una revisión de los supuestos políticos en que tales prácticas se inscriben y se tornan legítimas en nuestro continente. De este modo, nociones tan asentadas en el pensamiento europeo como “universalismo”, “progreso” y, en particular, el concepto de “civilización” reclaman, por lo menos, una discusión en nuestras sociedades. Pues, como ha escrito Immanuel Wallerstein: “Civilización hace referencia a una serie de características sociales que son contrastadas con el primitivismo y la barbarie. Europa Moderna se consideró más que una simple “civilización” entre diversas; se consideró —excepcionalmente o al menos especialmente— “civilizada”. Lo que caracterizó este estado de “civilización” no es algo sobre lo que haya un consenso obvio, incluso entre los europeos. Para algunos, la civilización estaba englobada en la “modernidad”, es decir, en el avance de la tecnología y el aumento de la productividad, además de la creencia cultural en la existencia del desarrollo histórico y del progreso. Para otros, significó la autonomía creciente de lo “individual” con respecto a todos los otros actores sociales —la familia, la comunidad, el Estado, las instituciones religiosas… Cuando los colonizadores franceses en el siglo diecinueve hablaron de la “mission civilisatrice”, quisieron decir que, por medio de la conquista colonial, Francia —o para ser más general Europa— impondría sobre los pueblos no-europeos los valores y normas que fueron abarcadas por estas definiciones de civilización. En nombre de tales valores, varios grupos en los países occidentales hablaron, en los ‘90, del “derecho a intervenir” en situaciones políticas en diversas partes del mundo, y casi siempre en las partes no-occidentales” 

La e-Ciencia constituye una reconfiguración de las prácticas científicas en un nuevo régimen de significación que entraña no sólo una nueva economía científico – cultural (formas de producción, gestión, distribución y consumo de saberes) sino además, una mutación mayor en el ámbito de los modos de significación. Se trata de la mayor mutación científico técnica en la historia de la humanidad que ha creado las condiciones para la e-Comunicación, inaugurando con ello un nuevo momento histórico para las prácticas científicas de los próximos siglos. La e-Ciencia plantea, empero, a los latinoamericanos una tarea mayúscula, la de construir los fundamentos epistemológicos y políticos que definan la validez y legitimidad de su quehacer científico y tecnológico en los años venideros como uno de los pilares de su propio sentido histórico en un mundo cada día más interdependiente y complejo. 

Si el presente establece una relación temporal respecto de nuestro pasado y nuestro futuro, no podemos olvidar que el ahora establece relaciones históricas respecto del otrora y del porvenir. Cuanto más nos acercamos al concepto de e-Ciencia, surge de inmediato la imagen fantasma de la brecha digital, término tan nuevo como equívoco para designar siglos de pobreza y de desigualdad. Lo epistemológico y lo político se dan cita en el ahora de América Latina frente a la irrupción de un nuevo régimen de significación que nos convoca, por cierto, a una profunda reflexión, pero sobre todo a la acción. Si es cierto que la propia verdad científica es histórica, quizás ha llegado el tiempo de volver nuestra mirada a nuestra propia historia.

Los artículos publicados en la sección Divulgación OCS son una contribución colaborativa voluntaria al Observatorio para la CiberSociedad. La responsabilidad de las afirmaciones, opiniones y contenidos expuestos en esta sección, así como todo su mérito, recae, en este caso, en Alvaro Cuadra. El Observatorio para la CiberSociedad permite la reproducción de estos contenidos siempre y cuando se cite correctamente la fuente de procedencia y el autor/-a haya sido informado de ello y lo haya aceptado previamente y de modo expreso.

(c) Alvaro Cuadra, 30/03/2010

 

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2 comentarios

  1. Pablo G. Rodriguez dice:

    Parece que al autor le gusta usar un lenguaje complicado, pero lo encuentro carente de toda substancia. Vacío. Meras “buzzwords” como dirían los angloparlantes. Palabras huecas, palabras-fetiche para impresionar, pero ninguna idea. Me recuerda al artículo de Sokal en Social Text.

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    • Pablo, de acuerdo. Es la razón que tuve para extractar lo que puede ser útil para estudiantes de antropología que se inician en la etnografia virtual. Doy en Baires una charla el 28 agosto 2012 acerca TIC s y Antropología y preparo material adecuado. Help!

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