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Foto-reportero de la realidad.

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2 comentarios

  1. , se puede establecer que la tensión entre el ethos moderno y la estética modernista no se resuelve en una síntesis de asimilación o influencias mutuas. Bajo esta propuesta constatamos que tanto la visión histórica como la artística, entendidas ambas como expresiones de la modernidad, convergen en el personaje de Louis efectuando una problematización de su subjetividad. Dicho conflicto se hace visible cuando los intentos por comunicarse con la naturaleza se debilitan con el canto de las sirenas, imagen asociada a fuerzas que impiden la subjetivación bajo espacios distintos a los impuestos por la idea burguesa de modernidad. La lectura del segundo momento de la novela y los posteriores también sugiere que Louis renuncia a las signaturas de la cultura y a la disolución que ofrece la naturaleza y entra, por el contrario, en una zona de indecidibilidad. Esto permite comprender un aspecto que se acentúa a medida que avanza la narración y que hemos introducido en el contexto de la subjetivación a la luz de las ideas de Deleuze: nos referimos a una instancia de subjetivación que Louis construye para y desde sí mismo, es decir, la instalación de un espacio-tiempo idiosincrásico que se distancia de los principios racionalizantes que definen al sujeto moderno y se acerca, más bien, a lo que Virginia Woolf establece como el momento en que las certezas desaparecen y emerge aquella dimensión semitransparente que nos rodea desde el inicio de la conciencia hasta el final. Es el sujeto enfrentado a su propia contingencia en el movimiento del devenir, duplicado en clave modernista en la imagen líquida y constantemente renovada de las olas.

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  2. Tal vez en la fluidez no haya actores sociales. En situaciones sólidas, los llamados normalmente sujetos sociales no eran sino actores, en el sentido de que tenían libreto que cumplir en el drama social. Se convertían en sujeto cuando lograban la autonomía, cuando lograban darse su propio libreto, en lugar de seguir el libreto preimpuesto; o sea, cuando lograban pensar qué hacer en vez de saber qué hacer. Ahora da la sensación de que el, llamémoslo así, sujeto social promedio no es ni sujeto sujetado (actor) ni sujeto propiamente dicho (subjetivación) sino que el sujeto social promedio se acomoda a una situación, opera en ella, no pensándola ni sabiéndola, sino haciendo lo que en esa situación da para hacer. Y se representa que hace, no algo que sabe que hace sino una serie de representaciones que las dice porque, en la fluidez, en la era de la información, en la era de la opinión compulsiva, se puede decir cualquier cosa. Tal vez solo hay una exigencia estética, o una exigencia puramente opinadora, o puramente imaginera que da el criterio en el cual una representación es adecuada a una práctica.

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