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Pinochet, el «saludable» y «sonriente» dictador que no fue juzgado. El «héroe vilipendiado»

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HEMEROTECA > 03/03/2010 > 

Pinochet, el «saludable» y «sonriente» dictador que no fue juzgado

«Aunque deseable, ya no es posible», aseguró Jack Straw. Pinochet, según el ministro del Interior inglés, había sufrido pérdida de memoria, desorientación e incapacidad de comprensión, por lo que ya

ISRAEL VIANA | MADRID

 

«Aunque deseable, ya no es posible», aseguró Jack Straw. Pinochet, según el ministro del Interior inglés, había sufrido pérdida de memoria, desorientación e incapacidad de comprensión, por lo que ya no podía ser juzgado por el asesinato, tortura y desaparición de miles de personas durante la dictadura de Chile entre 1973 y 1990. A sus 84 años, con diabetes y trastornos vasculares, el general no tenía aspecto de poder mejorar, «ni de forma espontánea ni tras un tratamiento», decía el informe.

El general «enfermo», impune, lleno de «limitaciones físicas», volvía a casa tal día como hoy hace diez años. En el aeropuerto militar de Santiago, 40 generales y 400 simpatizantes esperaban impacientes al «héroe vilipeniado»: «La columna que le traicionó a sus 84 años de edad -contaba ABC- debía resentirse y era de suponer que la artritis le estaba matando o, si no, debiera escocerle su incontinencia urinaria o cualquiera de sus males que le han traído de cabeza, pero han servido para dejarle libre como un pájaro».

Daba la sensación de que Pinochet tendría que ser trasladado «como un fardo», pero, en contra de lo esperado, el general bajo del avión con aspecto saludable, sonriendo y caminando por su propio pie.

La escena -que copó las portadas de los periódicos de medio mundo- fue descrita así por la enviada especial de ABC: «El pasajero, en silla de ruedas, enfermo y lleno de achaques, desciende del aparato en un montacargas. Una vez en suelo patrio, ni los males de la columna ni la artritis impidenque el senador se incorpore. Los jefes militares, exultantes le abrazan. Y ante las cámaras y el asombro de medio mundo, sonríe, camina, saluda y besa a sus familiares. No le falta la memoria y reconoce a todos. Lágrimas, vítores y aplausos. De fondo, marchas militares en honor del anciano general. Los periodistas, boquiabiertos, como Jack Straw».

Aquel recibimiento con honores a Pinochet fue calificado por mucho medios como «una burla a la memoria de las víctimas de la dictadura. Una burla a los militares, desaparecidos, torturados y exiliados». «¡Vergüenza!», le gritaron a Straw un sector del grupo de los laboristas en la Cámara de los Comunes, mientras los conservadores se deshacían en halagos hacia Pinochet, por su ayuda en la Guerra de las Malvinas.

«Nunca más», dijo el presidente chileno, Ricardo Lagos, en referencia al recibimiento heroico que le preparó el Ejército al ex dictador.

Su vuelta planteó complejas cuestiones morales, jurídicas y políticas. Se argumentó que España y Gran Bretaña no tenían derecho de interferir en los asuntos internos de otro país. Otros subrayaron que, a pesar del creciente activismo de la ONU en el terreno de los derechos humanos, no se hacía nada en otros países demasiado poderosos, como China o Rusia. Incluso algunos dijeron que las organizaciones humanitarias, como Amnistía Internacional, cometían actos de inhumanidad al pedir que se juzgara a un anciano enfermo.

No sirvió de nada los intentos del juez Garzón a última hora para que la Fiscalía británica tomara «medidas urgentes» pararecurrir la liberación de Pinochet y lograr la suspensión de su regreso a Chile. Tampoco el hecho de que Straw reconociera el dolor que iban a sentir los familiares y víctimas de los que «había sufrido las violaciones de los derechos humanos en el pasado», ni que, «probablemente», el dictador no fuera a ser juzgado jamás en ninguna parte.

La «solución geriátrica» prevaleció sobre las objeciones manifestadas por los jueces encargados de las demandas de extradición de España, Bélgica, Suiza y Francia. «Si la evidencia médica es correcta, el hombre procesado sería físicamente pero no moralmente el Pinochet que infligió el terror a Chile», aclaraba el historiador inglés Paul Preston en la Tercera de ABC.

La presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), Viviana Díaz, declaró: «Pinochet regresa condenado por el mundo y ya nada puede ocultar que aterriza en Chile como el criminal que es». Atrás quedaban 16 meses de batalla legal, de esfuerzos y argumentos para que el responsable de 3.000 muertos y desparecidos y de innumerables caso de torturas y detenciones ilegales respondiera de sus crímenes.

via Pinochet, el «saludable» y «sonriente» dictador que no fue juzgado | Históricas | Históricas – Abc.es.

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1 comentario

  1. Acostumbro cada dia buscar posts para pasar un buen rato leyendo y de esta forma he encontrado vuetro post. La verdad me ha gustado el articulo y pienso volver para seguir pasando buenos ratos

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