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A 40 Años. Piñera, la Alianza y el pasado

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Piñera, la Alianza y el pasado

 
 

La conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado significó algo más que un trago amargo para la centroderecha. La intensidad de la cobertura mediática y de su tenor fue dejando al oficialismo en una posición cada vez más incómoda, hasta el punto en que ahogó cualquier intento por ‘explicar’ o siquiera ‘contextualizar’ el 11 de septiembre y la consecuente dictadura militar. Así, entre los sucesivos perdones y autocríticas transversales se fue gestando un ánimo de derrota moral e histórica sin apelaciones, que paradójicamente vino a ser coronado por la ofensiva comunicacional del Presidente Piñera y su dura referencia a la ‘complicidad’ de su sector.

Más allá de cualquier intencionalidad posible, lo cierto es que este desmarque crítico de La Moneda dejó a Evelyn Matthei como la principal perjudicada, prisionera de un estado de ánimo colectivo que la centroizquierda supo agudizar y aprovechar en la perspectiva del escenario electoral ad portas.

En los hechos, el costo en términos de imagen pública ha sido enorme para la Alianza y su opción presidencial; el desgarro simbólico y ético instalado en el país dejó las debilitadas perspectivas de la centroderecha nuevamente en ascuas, forzada a un guión incómodo y poco creíble, y con las posibilidades de recomposición identitaria cada vez más febles.

Santiago 12/09/13  El Presidente de la Repœblica

En rigor, esta conmemoración del Once puso al oficialismo en un punto muerto, sentado otra vez por la historia en el banquillo de los acusados, y sin un diseño político para responder ante el ambiente de querella. La constatación de su orfandad moral reforzó la línea divisoria entre aquellos que buscan permanecer fieles a un legado cada día más indefendible, y los que insisten en la necesidad de romper de una vez por todas las complicidades ideológicas y emocionales con la ‘obra’ del régimen militar. Una controversia largamente postergada, que irrumpió ahora de manera aguda en el peor de los momentos: a dos meses de una elección presidencial y parlamentaria donde todos los pronósticos muestran un escenario muy cuesta arriba.

La encrucijada reabierta en la Alianza ha dejado, definitivamente, al descubierto los costos de no haber asumido a tiempo este desafío. Era evidente que este proceso debería asumirse tarde o temprano y que, inevitablemente, generaría costos políticos y fracturas internas. Pero al final, la ilusoria esperanza de la postergación permanente llevó a la derecha a estrellarse contra el muro; un muro impuesto en esta oportunidad no sólo por la capacidad de la izquierda y de los medios de mantener viva la llama del pasado, sino que por un Presidente de la República que decidió que éste era precisamente el momento y la circunstancia para provocar un quiebre definitivo en su sector y comenzar a reconstruir en la perspectiva del mediano y el largo plazo.

Sebastián Piñera fue, al final del día, el gran ganador de la jornada. Fiel a sus convicciones de siempre y quizás con la certidumbre de que la elección igual está perdida, apostó todo su capital político a la tarea de realizar ahora aquello que su sector prefirió esquivar por 23 años. Se jugó su carta más audaz y significativa en el momento más difícil e instaló un escenario en el que, a partir de marzo, puede empezar a cosechar los beneficios. La Alianza por Chile se mira hoy a sí misma en el espejo de sus cuentas pendientes, pero tiene en el único liderazgo que seguramente sobrevivirá a lo que se avecina, a quien sin manchas ni ‘complicidades pasivas’ en los horrores pretéritos, decidió al fin que la espera ha terminado.

 
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