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17 luchadores por el Tikun Olam asesinados por la Dictadura Militar.

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Homenaje a judíos víctimas de la dictadura

 

 

Diana Arón,Raúl Pellegrin,Juan Carlos Perelman.

Emotivos homenajes a las 17 víctimas de origen judío asesinadas por la dictadura militar tuvieron lugar en diciembre. En el Cementerio Israelita de Conchalí se inauguró un memorial, y en el Parque por la Paz Villa Grimaldi se instaló una placa conmemorativa. Los actos fueron organizados por B’nai B’rith, Círculo Israelita de Santiago, Fundación Salvador Allende, Hashomer Hatzair y el Centro Progresista Judío-Meretz Chile.
En la inauguración del memorial habló Sara Stoulman Pessa, cuyos padres -Jacobo y Matilde- fueron secuestrados en el aeropuerto de Buenos Aires el 29 de mayo de 1977, y se encuentran desaparecidos. Dijo: “Han pasado 40 años, al igual que la travesía de nuestro pueblo por el desierto descrita en la Tora. Transitamos por un largo camino de dolor, desesperanza y sufrimientos, pensando una y otra vez a dónde llegaron nuestros llantos, las súplicas a Dios que no fueron atendidas, nuestras voces sin eco y sintiendo que todo esto chocaba con un muro: el de la indolencia de las personas, la falta de empatía, la deshumanización. No es casual que este número de 40 años se repita. Después de tanto tiempo transcurrido, ya se generó la conciencia necesaria en la sociedad para entender y aceptar reconocer este espantoso pasado y mirarlo desde el sufrimiento del prójimo”.

LAS VICTIMAS
Las 17 víctimas de origen judío asesinadas por la dictadura militar son: Abraham Muskatblit Eidelstein, comunista; Mario Bernardo Lejdermann Konujowska, sin militancia; Boris Weisfeiler Bernstein, sin militancia; Carlos Berger Guralnik, comunista; David Silberman Gurovich, comunista; Diana Frida Arón Svigilsky, mirista; Ernesto Traubmann Riegelhaupt, comunista; George Klein Pipper, comunista; Jacobo Stoulman Boertnik, sin militancia; Jorge Hernán Müller Silva, mirista; José Joaquín Valenzuela Levi, FPMR; Juan Carlos Perelman Ide, mirista; Luis Alberto Guendelman Wisniak, mirista; Manuel Elías Jana Santibáñez, socialista; Matilde Pessa Mois, esposa de Jacobo Stoulman, sin militancia; Raúl Alejandro Pellegrin Friedmann, FPMR y Recaredo Ignacio Valenzuela Pohorecky, FPMR. 
Sara Stoulman Pessa expresó en la inauguración del memorial: “Cuando se nos mostró el proyecto y nos expresaron el sentimiento de que veían la necesidad de saldar una deuda moral con los familiares de las víctimas, tal vez no vieron que -a la vez- se estaba saldando una deuda con las propias víctimas y, a su vez, con la comunidad entera. Esto era necesario para todos, porque significa reconocernos en todas nuestras etapas como sociedad. Reconocer el pasado permite estar de pie en un sólido presente y poder gestar un futuro promisorio, como comunidad”.
Entre los asistentes a la inauguración del memorial se encontraba la profesora universitaria Ana María Arón, hermana de Diana Arón, detenida desaparecida desde 1974. La memoria de Diana ha sido honrada en la Villa Grimaldi, donde fue torturada, y en el Instituto Hebreo, del que fue alumna. El año pasado la Universidad Católica le otorgó el título póstumo de periodista.
En entrevista con la periodista Michelle Hafemann, Ana María recordó la vida de su hermana desaparecida. Entre otras cosas en ese diálogo se dijo:
“Conversé con la historiadora Valeria Navarro-Rosenblatt que trabaja su tesis doctoral sobre los judíos de Izquierda, y ella planteaba que los que se incorporaban a los movimientos de Izquierda en las décadas de los 60 y 70 lo hacían muy motivados por su propios valores judaicos. En el fondo, que en su identidad judía se sentían llamados a participar de procesos como el de la Unidad Popular. ¿Sientes que en el caso de Diana influyeron este tipo de factores?
‘Yo creo que sí, porque mi familia no era una familia involucrada en el pensamiento de Izquierda, en términos de política partidista; mi abuelo, como muchos judíos que llegaron de Europa, llegó arrancando del comunismo. A mi abuelo le decías la palabra ‘comunista’ y escupía al suelo. Los valores que se transmitían en mi casa eran valores comunitarios, absolutamente. Todo el tema de ayudar a la comunidad, de justicia social, eran temas muy presentes todo el tiempo. Y yo pienso que mi hermana lo tuvo de la misma manera que lo tuve yo, desde otra trinchera. Nunca he sido militante de ningún partido, pero obviamente que lo que yo hago está bien para la Izquierda, y tiene que ver con defender a los pobres, a los abusados, a los oprimidos. Y eso yo lo aprendí en mi casa. No solamente es conmoverte con el sufrimiento de los otros, sino que ayudarles, porque una está en una posición más privilegiada. Creo que eso tiene que ver mucho con el judaísmo. En el caso de Diana: en mi casa la política no era tema; ella empezó a saber de política cuando entró a la Universidad Católica que, además, es como una paradoja, porque la Universidad era un bastión de lo más conservador y, después, fue el marco teórico de la dictadura. Y en Periodismo, precisamente, se empezaron a formar y a estudiar la ideología. Ahí empezaron a tener una formación política más disciplinada. Pero en mi casa, nunca’”.

UNA CRITICA CERTERA
Por su parte, Claudio Mandler, del Centro Progresista Judío-Meretz Chile, señaló: “Entre los 17 nombres que engrosan la lista, muchos eran jóvenes comprometidos con su entorno, que buscaban y luchaban por el Tikun Olam: por cambiar esta sociedad, por mejorarla, por convertirla en una sociedad ejemplar según sus ideales. Durante la época más oscura en la historia de nuestro país, hay que reconocerlo de una vez, el liderazgo comunitario no hizo lo suficiente para ayudar a los perseguidos ni a sus familiares, y no estuvo a la altura de las circunstancias. Muchas puertas, demasiadas, fueron cerradas en la cara de aquellos que las tocaron pidiendo asistencia. Podemos pensar, quizás, en varias razones por las cuales nuestros dirigentes, en ese difícil contexto, decidieron actuar de esa manera. Ninguna de ellas justifica esta falta de integridad y la nula responsabilidad por el prójimo -otro concepto tan ‘nuestro’- que tristemente demostraron”.
Más adelante, Mandler sostuvo: “No basta con el memorial, tenemos que exigir más. No basta hablar solamente de la memoria y de los ideales que guiaban a las víctimas. Hay que investigar la verdad, hay que perseguir la justicia y exigirla…Hoy en día la comunidad tiene suficiente influencia política para hacer cosas muy positivas que todos aplaudimos, fruto de un muy buen manejo de nuestro liderazgo en los últimos años: viajes educativos de políticos y personeros sociales y culturales a Israel, conmemoraciones y festejos comunitarios en instancias gubernamentales, ministros de Estado, un capellán en La Moneda, etc. Si realmente queremos demostrar respeto por esa tradición de la cual estamos tan orgullosos, tenemos que hacerlo no sólo mediante ceremonias simbólicas: hay que enfrentar nuestra memoria reciente con sinceridad, hay que perseguir la justicia a rajatabla, y hay que hacer ambas cosas activamente. Hay que usar esa influencia política, también, para exigir respuestas a las autoridades nacionales, hay que reclamar que se siga investigando las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, hay que exigir saber la verdad sobre lo que pasó con nuestros hermanos y los otros detenidos desaparecidos a nivel nacional, y hay que demandar que se juzgue hasta el último de los crímenes de lesa humanidad. Es, en pocas palabras, algo parecido a lo que hace, por ejemplo, el Instituto Wiesenthal hasta hoy: los crímenes de lesa humanidad no pueden prescribir”.

Pedro Fernández

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 797, 10 de enero, 2014)

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