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LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR

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Revista Divergencia ISSN: 0719-2398

N°2 / Año 1 / julio diciembre 2012 / pp 111-123

LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR

 

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Cristian Suazo Albornoz

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de Concepción, Chile. Correo electrónico: cristisuazo@udec.cl

RESUMEN:

El presente artículo tiene como principal objetivo justificar sistemáticamente la importancia que posee la “memoria histórica” –en tanto recurso historiográfico– para la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopolíticos populares durante el período de la Unidad Popular. Para el cumplimiento de tal propósito, serán considerados los aportes de diversos historiadores que han profundizado –y debatido– sobre la potencialidad de esta fuente histórica, articulando estas contribuciones a una sistematización que integra los siguientes criterios analíticos: significado, características, y función/funcionalidad. Con esta propuesta se pretende posicionar científicamente a la “memoria historia” en el necesario proceso contra hegemónico de reconstrucción del pasado de las clases subalternas en nuestro país, especialmente, sus experiencias de movilización social y política durante la “vía chilena de transición al socialismo”.

Palabras clave: Memoria histórica – movimientos sociopolíticos – sujetos históricos – clases subalternas – recurso historiográfico.

ABSTRACT:

The main purpose of this article is to justify systematically the importance that the ”historical memory” has – among historiographic resources– for the reconstruction of the history of popular socio-politic movements during the ”Unidad Popular” period. In order to achieve the purpose, it will be considered several historians’ contributions, who have gone further in –and discused– the potential of this historical source, articulating these contributions to a systematization which integrates the following analytic criteria: meaning, characteristics, and function/functionality. Through this proposal, it is expected to set scientifically the ”historical memory” in the necessary counter-hegemonic process of reconstruction of the past subaltern classes in our country, specifically their experiences in social and political movements during the ”Chilean way of transition to socialism”.

Keywords: Historical memory – sociopolitic movements – historical subjects – subaltern classes – historiographic resources.

Recibido: 17 de septiembre de 2012

Aprobado: 11 de diciembre de 2012

Cristian Suazo Albornoz

I. INTRODUCCIÓN

Si revisamos y analizamos profundamente la mayoría de los estudios sobre el pe­riodo de la Unidad Popular, nos daremos cuenta que a nivel general existe una ausencia considerable de conocimiento sobre la historia de los sectores populares, especialmente acerca de aquellos movimientos sociopolíticos que formaron signi­ficativamente parte de la compleja dinámica social del periodo. Si bien existe una extensa producción bibliográfica con respecto a la experiencia de la Unidad Popular, los intentos para tratar de reconstruir la experiencia de los sujetos histó­ricos subalternos que protagonizaron muchos de sus acontecimientos son escasos, y en consecuencia, la historia de los diversos movimientos sociales de la época a lo largo y ancho del país (movimiento obrero, movimiento de pobladores, movimiento campesino –chileno y Mapuche–, entre otros) ha sido estudiada débilmente –incluso omitida en muchos casos– por la ciencia histórica.

A la hora de reflexionar sobre las causas de esta situación y problematizar la carencia de conocimiento histórico, emerge inevitablemente la siguiente pregunta: ¿por qué existen omisiones con respecto a la historia de los movimientos sociales populares en la mayoría de los estudios sobre la Unidad Popular? Es curioso el hecho de que a pesar de la vasta producción bibliográfica sobre este periodo exista poca referencia a los movimientos sociopolíticos generados por los sectores populares, los cuales innegablemente fueron sujetos históricos protagonistas de la “vía chilena al socialismo”. En este sentido –siguiendo los planteamientos de Mario Garcés y Sebastián Leiva– afirmamos que las omisiones se deben principalmente a la perspectiva utilizada por gran parte de los autores (periodistas, sociólogos, políticos, historiadores, etc.) para observar y analizar el periodo en cuestión:

La tendencia de la mayoría de los estudios ha sido, hasta ahora, constituir en objeto de análisis casi exclusivamente a los actores políticos ‘formales’, es decir, los partidos políticos, las temáticas vinculadas a ellos (progra­mas, tácticas, alianzas) y los ámbitos donde estos concentraban su accio­nar (sobre todo los diversos espacios del aparato estatal). (2004, p. 3).

De acuerdo con lo expresado, se otorga poca importancia a los sectores populares y los movimientos sociales durante el periodo de la Unidad Popular, recibiendo un débil tratamiento en las investigaciones sobre la historia reciente y omitiendo el protagonismo político que asumieron en los acontecimientos. Es más, la gran mayoría de las investigaciones orientan su análisis hacia lo que ocurrió dentro del sistema político de partidos, priorizando únicamente la política institucionalizada en el Estado. Desde este enfoque reduccionista la historia de la UP se limita al sistema político, los partidos y el Estado, existiendo –por tanto– una invisibilización de los sectores populares y de los movimientos sociopolíticos en que éstos estuvieron invo­lucrados (2004, p. 3).

Existen algunos trabajos que forman parte de la excepción y escapan de cierta

manera a la regla general, pero no es nuestra intención ni tampoco el objetivo del presente artículo profundizar en cada una de ellos (Gaudichaud, 2004; Cancino, 1988; Garcés, 2000; Winn, 2004), sino más bien, reconocer la carencia de investi­gaciones referente a los movimientos sociales durante la Unidad Popular, y demos­trar cómo la memoria histórica representa un recurso historiográfico significativo e indispensable para superar esta situación. Porque tal como señala Hugo Cancino, “el rescate de esta memoria colectiva es parte fundamental de la reconstrucción de la historia del movimiento popular chileno”. (1988, p. 12)

II. MEMORIA HISTÓRICA E HISTORIOGRAFÍA

La “memoria histórica” representa un valioso recurso historiográfico para la recons­trucción de una experiencia histórica determinada, a través de la cual el historiador se relaciona con aquella parte del pasado colectivo que se propone redescubrir y dotar de sentido histórico para construir conocimiento. Teniendo en cuenta esta apreciación, consideramos necesario sistematizar el análisis con respecto a la “me­moria histórica”, con el propósito de profundizar tanto en los argumentos de su utili­dad historiográfica, como en su relación concreta con los grupos sociales populares. Por lo tanto, para justificar la importancia de la “memoria histórica” se realizará la estructuración del análisis en base a tres aspectos: significado, características y función/funcionalidad.

1. Significado

Profundizando en su contenido, la “memoria histórica” representa un conjunto de recuerdos y recreaciones del pasado que forman parte de los “hechos vividos” o experiencias significativas del sujeto histórico protagonista o testigo de los hechos que se pretenden reconstruir. Por consiguiente, la síntesis resultante de esta relación con el pasado se convierte en fuente de información significativa para el historia­dor, quien la procesa cognitivamente para incluirla de forma rigurosa en un relato histórico. “Se trata de una narración construida desde el presente, con fines de in­terpretación del pasado a partir de criterios normativos y valorativos, seleccionan­do por su significación los recuerdos de hechos vividos o recibidos por transmisión social” (Erice, 2008, p. 2).

Desde este punto de vista, la “memoria histórica” se convierte en un pilar fun­damental de cualquier intento por reconstruir la historia de las clases populares durante la UP, ya que, a juicio de Sergio Grez, “la memoria constituye una cantera valiosísima de donde podemos extraer material para el trabajo historiográfico, sobre todo para aproximarnos a las percepciones que tienen las personas y grupos sobre ciertos hechos y el significado que ellos mismos les atribuyen” (2010, pp. 31- 32). Por tal motivo es imprescindible considerar las percepciones de los sujetos his­tóricos populares sobre los hechos experimentados en dicho periodo, además del significado que ellos mismos le otorgan a su participación en los acontecimientos.

A partir de lo mencionado anteriormente, la “memoria histórica” representa una materia prima para la historiografía, es decir, una fuente que complementa y enri­quece la labor del historiador. En palabras de Mario Garcés:

(…) la memoria, crecientemente, está siendo reconocida por los historia­dores como una nueva ‘fuente’ para sus estudios y elaboraciones sobre el pasado, es decir, una vía que hace posible acceder al pasado de un modo nuevo –con sus propias aportaciones y límites– en especial para conocer del pasado de grupos sociales populares o subordinados que dejan pocos o no dejan testimonios escritos (documentos) de su experien­cia histórica. (2002, p. 12)

En este sentido la “memoria histórica” posibilita al investigador relacionarse con aspectos subjetivos como las visiones, los discursos y las expectativas de los pro­tagonistas, así como también con las percepciones acerca de su participación en la dinámica social del periodo, a las cuales difícilmente podría acceder de otra manera (Rosemberg y Rosende, 2009, pp. 42-44).

En su estudio sobre la importancia de la memoria colectiva para los historiado­res, Peter Burke plantea que aquella debe ser entendida desde dos perspectivas distintas, en primer lugar, como una fuente histórica sometida a su debido proceso de contrastación con las otras fuentes, y en segundo lugar, como un fenómeno pro­piamente histórico que debe ser rigurosamente analizado debido a la flexibilidad y selectividad del recuerdo. Ahora bien, en concordancia con la problemática his­toriográfica que estamos planteando, entendemos la “memoria histórica” desde el primer enfoque propuesto por el investigador británico, afirmando que los his­toriadores deben “estudiarla como fuente histórica para llegar a una crítica de la fiabilidad del recuerdo en la línea de la crítica tradicional de los documentos históricos” (2011, p. 69).

La “memoria histórica” al ser estudiada como fuente favorece el acceso –por medio de los sujetos históricos– a los acontecimientos que intentamos rescatar desde olvi­do, pero siempre teniendo en cuenta las limitaciones que se nos pueden presentar. Esto último es muy importante desde el punto de vista metodológico, ya que la “memoria histórica” –en cuanto fuente de información– debe cumplir requisitos al igual que todas las demás, cuyos requerimientos más importantes son los siguientes: “identificación como fuente idónea, contrastación, contextualización temporal, rela­tivización, objetivación y construcción de un discurso metodológicamente fundamen­tado” (Aróstegui, 2004, p. 165).

Finalmente para concluir con el significado que le estamos atribuyendo a la “me­moria histórica” como una fuente disponible para el historiador, es decir, como una herramienta de investigación (un medio, y no un fin), destacamos la necesidad de recurrir a todas las fuentes posibles para contribuir a la reconstrucción historiográfica de un determinado fenómeno histórico. Porque, como lo establecen Mario Garcés y Sebastián Leiva, “el mayor desafío del historiador es aprender de cada una de sus fuentes, reconociendo su naturaleza, su carácter, sus alcances y sus lími­tes” (2005, p. 6).

2. Características

La subjetividad es una de las principales características de la “memoria histórica”, ya que se encuentra inherentemente vinculada con la experiencia humana y el recuerdo. No obstante, este aspecto no le resta veracidad ni fiabilidad desde el punto de vista científico, ya que toda fuente histórica presenta elementos subjetivos impregnados por sus propios autores y/o instituciones, además, “nadie puede ase­gurar que los documentos escritos –a los cuales rinde culto la historia tradicional– no hayan sido manipulados, escritos ex profeso, o no den cuenta de la subjetividad de sus autores” (Garcés y Leiva, 2005, p. 6).

Como segundo atributo reconocemos el carácter político de la “memoria histórica”, cuya presencia en la problemática que estamos desarrollando es innegable, ya que se encuentra vinculada directamente con un proyecto político de transformación so­cial impulsado también “desde abajo” por medio de la movilización popular, y en la que se vieron involucrados además los partidos políticos. En este sentido, cobra mucha relevancia lo planteado por Mario Garcés al expresar que “la memoria en Chile es política, además, porque se relaciona con los proyectos históricos que organizaron la lucha social y política del siglo XX” (2002, p.8). Sin embargo, es necesario profundizar aún más en el carácter político de la “memoria histórica”, ya que no es tal por el simple hecho de estar vinculada con proyectos políticos de tendencia revolucionaria, sino que más específicamente aún, estas experiencias se encuentran “depositadas” en sujetos históricos que fueron a su vez protagonistas y militantes de una revolución y –consecuentemente– víctimas de una brutal represión militar. Así, la “memoria histórica” es política porque se materializa históricamente en los protagonistas de los cambios sociales y políticos acontecidos durante el pe­riodo de la Unidad Popular, que posteriormente fueron víctimas de los ataques de la dictadura militar pinochetista. Ahora bien, la victimización de los sujetos históricos por sí sola no permite dimensionar políticamente –y en su cabalidad– la militancia que desarrollaron en el periodo, contrariamente, “si junto a la víctima se reconoce al militante y se elabora el significado de sus militancias, en el contexto de luchas por el cambio social, probablemente se enriquezca la memoria y con ella las lectu­ras que hacemos del pasado” (Garcés y Leiva, 2005, p. 20).

Finalmente, y como tercera característica de la “memoria histórica”, destacamos su dinamismo en el proceso de recreación y reconstrucción de experiencias. Esta movi­lidad consiste en la circulación de recuerdos que forman parte activa en el proceso dinámico de recreación de experiencias por parte de los protagonistas. El carácter dinámico de la “memoria histórica” ha sido descrito y desarrollado por Gabriel Salazar, indicando que:

(…) no es una memoria estática o congelada, sino dinámica, que se re­vuelve en la subjetividad de los individuos y en la inter-subjetividad de los grupos afectados por el sistema fáctico, que busca su salida lateral, su reconstitución colectiva para, una vez consolidada en lo ancho, inicie un movimiento hacia lo alto, contra la memoria oficial, y para reconquistar no sólo la ‘memoria pública’, sino también –sobre todo– la legitimidad del sistema social (o sea, su reconstrucción histórica). (2002, p. 9)

Es importante señalar –y añadir– que el carácter dinámico de la “memoria históri­ca” tiene un origen empírico, es decir, este movimiento profundo de recreaciones se fundamenta concretamente en la experiencia misma, la cual se encuentra deposita­da, en forma de recuerdos, en las memorias de los militantes-protagonistas de los movimientos sociales del periodo.

3. Función/funcionalidad

La “memoria histórica” también es significativamente útil para la reconstrucción del movimiento popular durante la UP a partir de esta dualidad que estamos plan­teando: función/funcionalidad. Esta doble dimensión analítica, que pudiese ser una, se explica porque la “memoria histórica”, por un lado posee una función por sí sola de acuerdo a su propia naturaleza, y por el otro, responde a distintos requerimien­tos y propuestas, ya sea desde la misma disciplina histórica como también de la sociedad en general, es decir, es funcional a intereses sociopolíticos externos a su propia naturaleza.

Antes de comenzar a reflexionar sobre la función de la “memoria histórica”, quere­mos dar a conocer una idea expuesta por Peter Burke que consideramos fundamen­tal tener en cuenta para continuar con el análisis: “Una de las funciones más impor­tantes del historiador es la de recordador” (2011, p. 85). Esta frase que parece tan simple y lógica, es fundamental para nuestro análisis, debido a que precisamente en esta función del historiador propuesta por Burke –la de recordador– se inserta la función específica de la “memoria histórica” que consiste en recrear y reconstruir las experiencias de vida a partir de los recuerdos almacenados en los sujetos que fueron protagonistas de determinados fenómenos históricos. En suma, para cumplir la función de recordador, el historiador indispensablemente debe hacerlo recu­rriendo a la “memoria histórica” (por lo menos en investigaciones sobre historia reciente, como la que hemos propuesto).

Al profundizar aún más en esta función reconstructora del pasado, nos encontramos con un fenómeno asociado indiscutiblemente a este rol de la “memoria histórica”, el cual consiste específicamente en una “resignificación del pasado”, cuyas propie­dades y atribuciones la transforman en una función de esta fuente de información. Existe una relación directa entre memoria y resignificación, en el sentido de que esta última se desenvuelve como función de aquella, ya que:

cuando hablamos de memoria estamos refiriéndonos no a la evoca­ción objetiva de lo que aconteció, sino más bien a la reconstrucción que, desde el presente, se hace en un momento determinado de acuerdo a unos intereses concretos. Estaríamos, en consecuencia, ante un constructo social de significados, por tanto, cambiantes en el tiempo. La memoria, en este sentido, es siempre una memoria historizada, una resignificación del pasado. (Azkarate, 2007, p. 1)

Así, al contribuir en la reconstrucción histórica de los movimientos sociopolíticos populares durante “la vía chilena al socialismo”, a partir de las experiencias depo­sitadas en las memorias de sus militantes, simultáneamente estamos descubriendo el significado histórico de sus manifestaciones e injerencias en la estructura de clases del periodo, es decir, preservando en el tiempo y rescatando desde el olvido el sentido y valor histórico que aquellos idearios sociopolíticos –plasmados en proyec­tos histórico-revolucionarios– representaban.

Las funciones que presenta la “memoria histórica” –recreación y resignificación del pasado– aportan significativamente en la comprensión y reconstrucción histórica de la movilización social impulsada “desde abajo” por las clases populares durante el gobierno de Salvador Allende. Pero también es de gran importancia, para tales propósitos, el carácter funcional que presenta esta fuente historiográfica, es decir, su capacidad para responder a funciones externamente determinadas, ya sea des­de la disciplina historiográfica misma como desde el ámbito sociopolítico.

La “memoria histórica” es funcional a dos fenómenos de mucha importancia en la actualidad de la disciplina historiográfica, nos referimos a la “batalla de la memoria” y la “historización de la experiencia”. La primera ha sido desarrollada principalmente por María Angélica Illanes, quien plantea el surgimiento y desen­cadenamiento de esta “batalla de la memoria” desde una perspectiva historio­gráfica, pero que es consecuencia directa de la represión ejercida por la acción de las armas sobre los sujetos históricos que intentaron llevar adelante un proyecto histórico de profunda transformación social en el periodo de la Unidad Popular. Así, la “batalla de la memoria” consiste en una:

(…) batalla necesaria, cuya dialéctica confrontacional tiene el poder de romper la parálisis traumática provocada por la acción de las armas, posibilitando la restitución del habla de los ciudadanos, re-escribiendo su texto oprimido, especialmente cuando estas armas han violado brutal­mente su cuerpo. (2002, p. 12).

Cuando la historiadora menciona que esta “batalla de la memoria” hace posible la restitución del habla de los ciudadanos y la re-escritura de su texto oprimido, comprendemos la importancia de la función que cumple la “memoria histórica”, ya que precisamente es a través de la re-escritura crítica de ésta, que podemos con­tribuir en la reconstrucción del proyecto histórico que representaba el movimiento social del pueblo organizado a comienzos de la década de 1970 y que fue poste­118 Revista Divergencia / ISSN: 0719-2398 N°2 / Año 1 / julio diciembre 2012 / pp 111-124 Cristian Suazo Albornoz riormente aniquilado por represión militar pinochetista. Por tanto, la reconstrucción de estos hechos se circunscribe necesariamente en esta “batalla de la memoria”, que “al mismo tiempo que realiza el acto de la re-escritura de la memoria, debe dar a conocer las claves de su trama, abrir el debate acerca de su contenido, rea­brir el proceso de su historicidad” (2002, p. 12). De esta forma, la “batalla de la memoria” adquiere mucho valor para el propósito de estudiar los acontecimientos vinculados a la compleja dinámica de agitación social durante la UP, y reconstituir sistemáticamente su historia, ya que esta “lucha” supone una re-escritura del pro­yecto histórico que representaban esos “muertos”, superando el olvido y la “amne­sia historicista”,

(…) porque, si no se enseña ese proyecto, si no se le re-escribe, si no se debate crítica y abiertamente en torno al ideario social y político que esos textos y esos cuerpos mutilados representaban, la batalla cultural no tiene sentido ni significación futura. (2002, p. 16)

Por consiguiente, junto a esos nombres y cuerpos, es importante rescatar del olvi­do también el proyecto histórico político que encarnaban, adquiriendo así mucha relevancia la relación histórica entre este proyecto de transformación radical de la estructura de clases y el consiguiente genocidio que negó e impidió su completa realización.

En segundo lugar, la “memoria histórica” es funcional al fenómeno conocido como “historización de la experiencia”, propuesta historiográfica desarrollada princi­palmente por Julio Aróstegui y que se basa en una objetivación de la memoria, proceso que implica racionalizar la memoria previamente a su inclusión en una narrativa historiográfica y convertirla en historia. Por lo tanto la historización de la experiencia finalmente es una historización de la memoria, ya que según Aróstegui “para que la memoria trascienda sus limitaciones y sea el punto de partida de una historia, es preciso que se opere el fenómeno de su historización, o, lo que es lo mismo, de la historización de la experiencia” (2004, p. 165). Es de esta manera que podemos percatarnos de la importancia que adquiere la “memoria histórica” en este proceso, ya que el recuerdo es determinante para historizar la experiencia en el sentido de hacer presente lo pasado. Asimismo, “(…) la historización, a través de la memoria, «integra» al individuo particular en la experiencia social, colectiva, de la historia (…)” (2004, p. 184), por lo que el sujeto comprende que sus expe­riencias de vida forman sistémicamente parte de un contexto histórico más amplio.

Lo anterior permite advertir la existencia de una directa relación entre memoria e historicidad, sin la cual sería imposible desarrollar esta “historización de la ex­periencia”. Esta vinculación es fundamental porque la historicidad impregna de sentido a las experiencias depositadas en las memorias de los sujetos históricos, transformándose en una “(…) atribución humana que da sentido a la «vuelta sobre el pasado» para comprenderle como un presente, para comprender el pasado como un «presente que fue»” (2004, p. 171), configurando a dichas experiencias como aspectos históricamente reales. De esta forma, historizar la experiencia, y porlo tanto la memoria, implica someterla a un análisis histórico crítico, vinculándola simultáneamente a los acontecimientos que se pretenden reconstituir.

Si bien la “memoria histórica” es funcional a fenómenos pertenecientes a la discipli­na historiográfica, también lo es a aquellos de carácter socio-político, específica­mente a los procesos de transformación social y de disputa por el poder. El recono­cido historiador medievalista Jacques Le Goff aporta con importantes reflexiones sobre el carácter funcional de la “memoria histórica”, expresando lo siguiente:

La memoria colectiva ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Los olvidos, los silencios de la historia son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva.(1991, p. 134)

En este sentido la “memoria histórica” no es percibida ni compartida de la misma manera por todos los grupos sociales, es decir, no se configura homogéneamente en la sociedad, sino que responde a intereses tanto de los grupos dominantes como de los grupos dominados o en condición de subalternidad. Desde la perspectiva dominante, a través de diversos métodos y mecanismos se intenta manipular la memoria colectiva, específicamente aquellos recuerdos, experiencias y representa­ciones de fenómenos históricos que implicaron transformaciones sociales y políticas. Lo anterior mantiene un nexo con el carácter instrumental de la “memoria histórica”, debido fundamentalmente a que ésta representa un mecanismo e instrumento de poder funcional al dominio del recuerdo y de la tradición, es decir, a la manipula­ción de la memoria social en beneficio del conservadurismo. La preocupación por el dominio de la memoria, vinculada a la ya referida lucha por el poder, responde a la necesidad de mantener el status quo por parte de los sectores hegemónicos, quienes procuran proteger sus intereses históricos y su posición en la estructura social-clasista a partir de la manipulación de la “memoria histórica”, sobre todo de aquellos fenómenos que representaron una amenaza a dichos intereses. Ahora, el hecho de interesarse por la instrumentalización de la “memoria histórica”, ya sea manipulándola o manteniéndola en el olvido, es producto de la importancia que ésta representa en la lucha por la conservación del poder, porque como justamente sostiene Francisco Rodríguez: “La representación del pasado modeliza el presente y el futuro” (2001, p. 3), lo que permite a los grupos dominantes configurar el tipo de sociedad que sea correspondiente con sus respectivos intereses.

Por el contrario, para los sectores populares el hecho de preocuparse por sus “me­morias históricas” responde a la necesidad de rescatar del olvido las experiencias que contribuyeron en la configuración de sus propias identidades, las cuales se ven amenazadas y perturbadas por esta “ausencia de memoria colectiva”. Fenómeno conocido también como “amnesia historicista”, que según Patricio Quiroga constitu­ye “(…) una grave perturbación que en la medida que se extiende a la memoria colectiva perturbará la identidad colectiva” (1997, p. 140). Porque los recuerdos ylos conocimientos que los protagonistas poseen depositados en su “memoria histó­rica” en forma de experiencias, forman parte también de su constructo identitario, tanto a nivel individual como colectivo. En este sentido, y relacionada con el objeto de estudio que hemos propuesto, la “memoria histórica” de los grupos populares es funcional al esfuerzo por vencer y superar el olvido, el ocultamiento y la “amnesia historicista” de las experiencias de organización y lucha en Chile durante el perio­do señalado, los cuales –inherentemente– forman parte de la identidad colectiva de los mencionados sujetos históricos. De lo contrario, Sergio Grez advierte que “aquellos grupos carentes de una sólida memoria colectiva corren peligro de des-construirse, perder su fisonomía, diluir sus identidades en modelos propuestos por actores más fuertes y pujantes”(2008, p. 3), quienes mediante la política y el so­porte de la “historia oficial” procuran silenciar y olvidar las experiencias históricas de las luchas sociales y políticas de los sectores populares.

De este modo, reconstruir historiográficamente fenómenos históricos de esta índole, interrogando y recordando el pasado, involucra necesariamente un proceso de profundización y ruptura de hegemonías, es decir, una confrontación dialéctica por el recuerdo entre la memoria y la desmemoria.

Enfrentar el pasado es desnudar el poder que ya ha construido su relato narrándonos todo a todos. Por tanto es evidente que resistir es un impe­rativo, una forma válida de ejercer memoria contra-hegemónica, más aún cuando, como lúcidamente lo señala Benjamin, para los oprimidos su historia es un permanente estado de excepción. (Castro, 2009, p. 35).

Finalmente, para culminar con el análisis acerca de la utilidad que la “memoria histórica” representa en la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopo­líticos durante el periodo señalado –proceso innegablemente dialéctico y contra hegemónico–, dejamos expresada una excelente reflexión desarrollada por Jacques Le Goff:

La memoria, a la que atañe la historia, que a su vez la alimenta, apun­ta a salvar el pasado sólo para servir al presente y al futuro. Se debe actuar de modo que la memoria colectiva sirva a la liberación, y no a la servidumbre de los hombres. (1991, p. 183).

III.CONCLUSIONES

Mediante un análisis sistemático hemos dado a conocer la importancia que posee la “memoria histórica” en el –necesario– proceso de reconstrucción histórica de las clases y grupos populares durante la UP, particularmente, de las diversas expre­siones colectivas que dotaron de dinamismo social y político a la denominada “vía chilena de transición al socialismo”. La omisión de los movimientos sociopolíticos populares en los análisis e investigaciones sobre este proceso, estimula la invisibi­lización de los sujetos históricos que protagonizaron las transformaciones sociales del periodo, generando de esta manera una “historia sin sujetos”. Al respecto, el excelente historiador Sergio Grez plantea lo siguiente:

(…) no se puede olvidar la historia plurisecular de pobreza, marginación, opresión y explotación de las grandes mayorías, que no es posible ocul­tar el estado de permanente desgarramiento de la nación, la profunda escisión entre sus componentes sociales, étnicos y culturales; que no se puede evacuar del análisis la reiterada historia de frustraciones popu­lares, promesas no cumplidas y esperanzas siempre postergadas que llevaron a muchos a tratar de “tomarse el cielo por asalto” a fines de los 60 y comienzos de los 70. (2008, p. 3)

Para redescubrir este pasado colectivo mediante la disciplina historiográfica, es ne­cesaria la consideración de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

Aróstegui, J. (2004). La historia vivida. Sobre la historia del presente. Madrid: Alianza Editorial.

Azkarate, A. (2007). Memoria y Resignificación. Apuntes desde la gestión del patrimonio cultural. Consulta 18 de Agosto de 2012: http://www. fundacionfernandobuesa.com/pdf/20070718_ponencia_a_azkarate.pdf

Burke, P. (2011). Formas de historia cultural. Madrid: Alianza Editorial.

Cancino, H. (1988). Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo, 1970-1973. Dinamarca: Aarhus University Press.

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de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

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