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EL MITO DE LAS REDES SOCIALES. Carlos Romeo.

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EL MITO DE LAS REDES SOCIALES

Carlos Romeo, Cuba

Por Carlos Romeo
Tengo 84 años y he escrito algunos libros y unos cuantos artículos. Pero toda mi producción intelectual está sesgada por mis concepciones y en particular por mis ideas en materia política. Vivo en Cuba desde hace muchos años a pesar de ser de origen chileno-francés, lo que significa que resido en este país porque me da la gana.

Aclaro estos antecedentes personales por que así y todo estoy literal e implacablemente sometido a un bombardeo diario e inevitable por Internet, por algo llamado Facebook que me propone día a día establecer contactos epistolares, fotográficos y hasta por videos, con personas que no conozco pero que según el mensaje recibido dicen querer ser amigos míos, o me sugiere que establezca comunicación con ellos a riesgo de” perderme muchas cosas que han pasado recientemente”.

Tengo una opinión, seguramente desmedida, de mi significación en la vida y por consiguiente de mi importancia como uno de los 7500 millones de seres que actualmente habitan en el mundo. No obstante, no es lo suficientemente delirante como para creer que tanta gente que no conozco insistan en establecer relaciones de amistad conmigo vía Facebook y beber de mis escritos que, como ya señalé, tienen un muy fuerte sesgo político izquierdista como corresponde a alguien que se considera de formación marxista.

Mis conocimientos de computación, solo culturales, me sugieren que hay una “inteligencia” oculta detrás de esa virtual agresión constante a mi intimidad. Desde luego que es la de quienes concibieron ese procedimiento moderno para que todo ser humano que acceda a Internet pueda vivir y experimentar la sensación de que no está solo, situación aborrecible y contra natura para todo homo sapiens, y para que pueda comunicarse con otros seres de su especie que tengan un idioma común.

Más aún, para instrumentar ese designio debe haber un gigantesco reservorio de archivos correspondientes a personas debidamente clasificadas según ciertos parámetros y un algoritmo que logra relacionar patrones personales aparentemente comunes para seguidamente enviarles la invitación correspondiente para que se ponga en contacto a través de la denominada WWW.

La cifra astronómica a la que se cotiza Facebook en la bolsa de valores de Nueva York da una idea del acierto con que, desgraciadamente, interpretó la necesidad de comunicación del homo sapiens con sus semejantes eliminando las distancias que los separan y dándoles la impresión de realizar acciones voluntarias e íntimas.

En honor a la verdad, cabe plantear la duda de si mi respuesta tan negativa a las insistentes ofertas de Facebook no se corresponde con las de un ser humano que se ha quedado detenido en el siglo XX ante el desarrollo de las comunicaciones que según dicen, está revolucionando el mundo, poniendo en crisis a los medios públicos de comunicación como son los periódicos, radios y televisoras, y permitiendo que las masas oprimidas por regímenes totalitarios, como obviamente se considera al cubano, accedan a la verdad que se les oculta mediante informaciones parciales, distorsionadas y tendenciosas. A mi juicio, esa es una de las grandes falacias inventadas por quienes no comprenden algo elemental y es que nada que incide en sus vidas se le puede ocultar a quienes conocen la realidad objetiva que les proporciona su modo de existencia en donde tiene lugar. Uno de los grandes mitos al respecto es el de que el pueblo alemán bajo el nazismo no sabía lo que le estaban haciendo a los judíos en su propio país, cuando no se puede ocultar que una de las piedras fundamentales de la ideología nazi que fue abrazada por la inmensa mayoría del pueblo alemán era el antisemitismo, por lo cual nunca reaccionaron ante la sistemática desaparición física de los judíos alemanes.

No fueron lo que se llama hoy en día las redes sociales las que precipitaron el derrumbe del socialismo en la URSS y en las denominadas Democracias Populares europeas toda vez que se produjo años antes de que aparecieran. Fueron sus errores de diseño y de implementación. Y en donde esos regímenes, catalogados de irracionales y contra natura, continúan existiendo es por que funcionan, con sus éxitos y fracasos como toda experiencia humana, particularmente si es innovadora.

Favor de no confundir una simple necesidad innata de comunicación de los hombres, con el artilugio que pondrá fin a al socialismo en donde sigue gozando de buena salud.

La Habana, junio del 2017

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4 comentarios

  1. meatovmearov dice:

    Algunas personas se sienten perseguidas en Facebook, algo que ya tiene nombre de síndrome. En realidad FB hace algunas cosas desagradables como la aplicaciòn de test y todo eso destinado al marketing. Tambièn hay personas que hacen cosas desagradables, como robarse las fotos y usarlas con otros fines… el que tiene malos hàbito en la vida de carne, tiene malos habitos virtuales. Pero en algo coincido Fabio, algunas personas tenemos interés en conocer a otras personas y aunque sea poco a poco vamos establecimiento un contacto que considero real, considerando que tenemos intereses comunes. Recuerdo que en mi paìs, a travès de la juventud recibimos listas de nuestros compañeros nicaragüenses que estudiaban en Rusia, querìan que una joven nica, no importa quien fuera les escribiera, necesitaban comunicarse en nuestro idioma y con nosotras. Elegí uno, con el cual intercambiamos correspondencia cada mes, hasta que regresó y no se que destino tuvo, No fue una correspondencia romántica, Roger lo único que quería era no olvidar que debìa regresar a la patria. Fue mi primera experiencia, conservo postales y fotos de un joven que caminaba solitario por Moscù. Creo Fabio que a vos y a mi se nos hace màs fàcil conocer a las personas y hacer empatía, finalmente es eso, la capacidad de hacer empatía. Saludes y gracias por detenerte a leer.

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  2. Este artículo me merece un interesante contrapunto. Allá por 1983, cuando ni soñaba con tener una computadora en mi propia casa y todo eso de las redes sociales era impensable, yo me moría de ganas por tener vínculos con gente de todo el mundo. Por casualidad conseguí direcciones de personas que buscaban “pen pals” y comencé una intensa época de mi vida con un promedio de 30 intercambios mensuales con amistades de puntos para mí tan insólitos como Singapur, Brunei, Ghana (más Francia, Bélgica, EE.UU., etc.). Maravillosa experiencia de la que todavía no me arrepiento. El correo, lento como caracol, con plazos largos como esperanza de pobre, se convertía así en mi única “red social” posible. Todavía hoy guardo recuerdos como tesoros de esa época de la red social de baja frecuencia pero muy fuerte intensidad comunicativa.

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