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MUERTOS SIN TUMBAS. ACÁ NADIE MUERE, COMPAÑERO.

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MUERTOS SIN TUMBAS. ACÁ NADIE MUERE, COMPAÑERO.

 

Adriana Goñi Godoy

Mayo 2018

 

 

Este artículo nació de la invitación a un Encuentro Interdisciplinario sobre la Muerte, en el que expuse, y luego lo edité para un reportaje que dos jóvenes estudiantes de periodismo realizaron con ocasión del Día de Todos los Santos, el 1° de noviembre de este año y me pidieron mi enfoque como antropóloga virtual acerca del tema. Ver  TRASCENDENCIA Y MUERTE DIGITAL *

Hoy lo publico, estremecida por el asesinato de Camilo.

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  • Me cito a mí misma
¿Qué busca el hombre con trascender?
– Aspira a la inmortalidad, dice Adriana Goñi.

Adriana Goñi (74) es antropóloga, académica de la Universidad de Chile y experta en antropología virtual y memoria colectiva. Ha dedicado los últimos años de su carrera a estudiar el comportamiento humano en Internet y ha establecido una fuerte conexión con la muerte digital y sus expresiones.

“El ser humano tiene la certeza de que puede estirar su vida y que la ciencia lo puede hacer inmortal. Esto te obliga a que sigas vivo digitalmente tras tu muerte”, expresa la antropóloga.

La vida tras la muerte es una decisión que toma popularidad en nuestra sociedad. Muchas personas han optado por mantener vivo el recuerdo de sus seres queridos a través de perfiles en memoria. Incluso, muchas madres intentan dar vida a sus pequeños que murieron prematuramente con cuentas de Instagram donde comparten imágenes de sus hijos. Son los perfiles reborn, usuarios que conmemoran a sus niños con muñecos de silicona con rasgos similares. De esta manera le conceden la vida que no pudieron disfrutar.

“En el fondo, creo que son expresiones de duelo no cerrados”, explica Adriana Goñi.

Adriana Goñi con Tea Tea.
Dentro del momento histórico que vivimos, ¿El deseo de inmortalizar la memoria es permitido por las plataformas de Internet?
– Absolutamente, claro, porque se plantea que tú no mueres mientras estás en la memoria de alguien. Y hoy la memoria es una memoria virtual, y te permite, realmente, inmortalizar a esa persona, dice Goñi analizando cada una de sus palabras.

La académica habla sobre muchas anécdotas cercanas con la muerte. La manera en que ella misma y sus familiares luchan por mantener la memoria que permite dar vida a los muertos. A esto se le suma el fuerte enfoque de su carrera profesional a los derechos humanos y a los detenidos desaparecidos en la dictadura chilena. La muerte es parte importante de su vida.

“No me ha tocado de personas que expresen que quieran trascender digitalmente, si los que sobreviven a la persona son los que lo hacen. Supongo yo que por algo evidente… por mantenerlo vivo en el fondo”, explica Goñi.

¿A usted le interesa hacer una trascendencia digital?
– Sí, a mi realmente me interesa. No yo como persona, sino que mi trabajo. Pienso que es un aporte en mi terreno. Y sí, lógico que quiero que trascienda.

¿A través de su trabajo solamente?
– Sí, de mi trabajo… Bueno, te confieso que me interesa mucho que los hijos de mis nietos sepan de mí. Y lo van a saber, por la foto de Instagram, por mi Facebook. Entonces, quiero que mis nietos y mis tataranietos me conozcan.

Entonces, ¿No cerraría sus redes sociales?
– No, yo de hecho ya tengo a uno de mis hijos como el encargado para que maneje (sus redes sociales) … Porque quiero que mis nietos me sigan contando sus cosas y todo.

¿Qué los hijos de sus nietos se hagan amigos de usted en Facebook?
– Por supuesto, claramente… claramente.
 Adriana Goñi se ríe de la situación.

 

 

Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir decía el poeta, y hoy podemos asegurar que nuestras vidas van a dar al inmenso océanos que es Internet, y las huellas que dejamos pueden ser rastreadas en tanto el derecho al olvido no las borre.

Me dijeron que en el inconsciente no existe la muerte…y lo creo, porque cargamos con nuestros muertos vivos y presentes cada día. Bueno, también dicen que el inconsciente no existe, que es un invento de Freud, pero cuando escucho a mi tía Marta, que cumplió los 99 decir “si me muero” …y no “cuando me muera”, creo que algo de eso hay.

El tema de la vida después de la muerte ha impregnado la cultura de todas las poblaciones en todos los tiempos, dando origen a las religiones, a los mitos, los ritos y rituales que rodean este paso inevitable que todos sabemos vamos a transitar, pero enfrentamos tarde mal o nunca.

Estando inmersos en el tiempo histórico que nos tocó vivir, en el país en que nacimos o vivimos, somos hijos de un siglo en que la muerte nos tocó muy de cerca. Vimos morir o desaparecer a nuestros compañeros de colegio, de universidad, a nuestros vecinos y a nuestros familiares, la mayoría de ellos jóvenes y sanos, rebozando vida. Este es un hecho que nos marcó como país, como generación, como continente, y desde allí construimos nuestra cultura de la muerte. Desde nuestra experiencia de vida, desde la vivencia colectiva que nos hace ser sobrevivientes, como lo fueron antes que nosotros quienes sobrevivieron a las guerras, a las epidemias, a las catástrofes naturales.

Vivimos en este siglo XXI una cultura distinta a todas las formas conocidas anteriormente; estamos viviendo un tiempo que no puede ser comparado con ninguna época anterior a nosotros, una revolución que se nos vino encima en la que convivimos generaciones tan diversas como mi tía de 99 años y mi nieto de 2 años, todos coexistiendo, comunicándonos e interactuando por medio de múltiples canales que unos y otros hemos aprendido a utilizar.

No solo están presentes y activos en nuestras vidas nuestros padres longevos, nuestros hijos, nietos, bisnietos y tataranietos; también aquellos que murieron , e incluso los que no alcanzaron a vivir, permanecen presentes, inmortalizados por los nuevos medios que así lo permiten. –

Como nunca en la historia, estamos expuestos a presenciar la muerte cotidianamente. La TV nos bombardea con muertes en cámara, ya sea en guerras lejanas, atentados en ciudades donde viven nuestros amigos o familiares, homicidios en nuestro barrio, suicidios en el colegio de nuestros niños, accidentes de autos y atropellamiento de peatones que son parte de nuestra cotidianidad.

Las muertes se hacen mediáticas; inundan nuestras pantallas, encienden los sentimientos y generan movimientos sociales. La muerte violenta se vive en directo, el rostro agónico de un comunero mapuche asesinado se transforma en gatillante de una serie de acciones, debates, controversias e impulsa a salir a las calles de distintas ciudades a denunciar y exigir justicia ; su rostro ocupa el espacio de nuestros perfiles en las redes, su funeral lo seguimos en vivo y su muerte- más que su vida- se hace nuestra.

Existe un programa de televisión argentino – Corta por Lozano-en el que a diario y durante horas desfilan los familiares, vecinos,amigos y testigos de las más horrendas muertes de niñas y niños son expuestos crudamente, con todos los más escabrosos detalles y  los corresponsales de las agencias de prensa internacionales nos muestran los cadáveres de niños palestinos o de quienes sucumben en catástrofes naturales o en actos de terrorismo.

Podemos ver en distintas plataformas digitales videos grabados por teléfonos celulares que viralizan distintas muertes y Youtube nos entrega múltiples actos de suicidios anunciados o registrados paso a paso y nos es posible ver a una niña clamando por la eutanasia.

En las redes sociales los fallecidos permanecen inmortales.

“En apenas 8 años de existencia Facebook acumuló oficialmente 30 millones de usuarios muertos, la población de Tokio. Hoy, solo 4 años más tarde (a los 12 de su creación) se estima que alberga en torno a 130 millones de fallecidos, cifra que aumentará exponencialmente con el envejecimiento de los nativos digitales, y que provocará que antes del año 2040 tenga más usuarios muertos que vivos, hecho que comprometería la viabilidad de la empresa.” nos informa un blog en el que se expone un proyecto de cementerio virtual que “ afronta el fenómeno de la muerte virtual para generar un lugar donde depositar la herencia, recordar y conocer a los seres queridos de  acorde con las nuevas características de la vida contemporánea, y que permita además explorar y estudiar la sociedad presente a generaciones futuras. acorde con las nuevas características de la vida contemporánea, y que permita además explorar y estudiar la sociedad presente a generaciones futuras.”

Navegando Internet para conocer acerca de la trascendencia virtual de quienes mueren, se encuentran estos cementerios virtuales en diferentes países.

El Adiós, un Cementerio Virtual para personas fallecidas y, simplemente, complementa a los cementerios reales. Está formado por residencias Virtuales públicas y privadas, para brindar un servicio a familiares y amigos de fallecidos sin distinción de credos y religiones. El objetivo es representar y mantener vivo el recuerdo de una persona fallecida mediante sus datos y, opcionalmente, fotografías, grabaciones de audio o de vídeo y una memoria escrita por sus allegados… La o las Inhumaciones pueden recibir ofrendas virtuales, condolencias, recordatorios y/o adhesiones del mismo solicitante o de parientes, amigos, compañeros, etc. del fallecido. 

 

Redes de personas fallecidas que se explican y justifican en el hecho de que un elemento muy importante en el proceso de duelo: un lugar de recuerdo que se puede visitar Visitar una tumba es tremendamente importante. Ya sea que se visite con frecuencia o no, ofrece a los deudos un lugar donde recordar, donde elaborar sentimientos, donde poder avanzar en un proceso de duelo. Aquellos que carecen de una tumba visitable saben lo perjudicial que esta privación puede ser para el proceso de duelo y de sanación.”

 

Pareciera que este negocio asociado a la muerte cumple un rol social acorde a necesidades latentes. Sin demanda no hay oferta en el mercado del morir.

Todo el mundo quiere permanecer para siempre, ahora con Internet es posible No siempre nos es posible ir a rendir homenaje o tributo a nuestros seres queridos. El trabajo, la distancia u otras muy diversas causas nos impiden acudir al cementerio para honrarlos. En esta web pretendemos facilitarles esta tarea ofreciéndole un espacio donde usted pueda crear fácilmente una web de (un) tributo, homenaje o memorial, donde incluir su historia, fotos y sus sentimientos, la cual puede visitar siempre que usted lo desee desde su casa, sin tener que desplazarse a unas horas determinadas al cementerio, evitando así los problemas de distancia y tiempo. Asimismo, podrá compartir este memorial con sus familiares y allegados, para que ellos también honren a su ser querido sin tener que desplazarse al cementerio. También para las personas que han sido incineradas y sus familiares desean disponer de un lugar donde ofrecer su tributo u homenaje. Cree fácilmente su memorial y mantenga viva su memoria por siempre.

 

Las redes sociales forman parte de nosotros en la vida… y también tras la muerte. Internet testimonia un legado, todo un patrimonio digital plagado de fotos, artículos y comentarios que en algún momento hemos publicado en las redes sociales.

La mayoría de las familias solicitan a Facebook, por ejemplo, que cierre la cuenta cuando una persona fallece. Si no se notifica, el perfil sigue activo. Hay familias que como parte del duelo mantienen abierta la cuenta para que el recuerdo no quede difuminado con el paso del tiempo.

“Cuando nos morimos, no lo hacemos digitalmente”,

Las grandes operadoras de servicios en Internet ya ofrecen dentro de sus protocolos y normas de uso la posibilidad de cerrar la cuenta de un fallecido, así como recuperar el contenido que deja. Google, Facebook y Twitter tienen a disposición de los usuarios unos formularios en los que se pide documentación que certifique la defunción y el grado de parentesco…Facebook y Google ofrecen opciones para acreditarse como heredero digital, en la misma línea que apunta la ley catalana, pero hasta ahora no resulta nada fácil acreditarse como tal. Google lo llama gestor de cuentas inactivas: esta persona podrá manejar el cierre de la cuenta y la recuperación de los archivos en caso de defunción.

Por su parte, Facebook ofrece lo que denomina contrato de legado, a través del cual el usuario designa a un responsable para que gestione su cuenta en caso de fallecer. Los familiares además tendrán acceso a Facebook con una “cuenta conmemorativa” que permitirá seguir recordando al fallecido, recuperar sus archivos, aunque con una serie de restricciones para evitar la suplantación de la identidad. No se podrán modificar las publicaciones que hizo, leer sus mensajes privados ni eliminar sus amistades.

Buscando material para esta ponencia, recorrí las redes sociales buscando a mis propios muertos, que no son pocos-y debo confesar que me encontré conociendo a mi joven sobrino fallecido hace cinco años mucho mejor que cuando él vivía. Una cuenta En Memoria de Alejandro me entregó fotos, relatos, cartas de sus amigos, familia y amores que mostraban muchos momentos felices de su vida que me consolaron.

Mi propia hija es un muerto sin tumba. Su cuerpo fue cremado y sus cenizas esparcidas en un lugar sin marcas ni huellas, y aunque busqué infructuosamente algún rincón virtual donde marcara presencia, solamente encontré aquello que cada tanto yo misma subo a las redes…

Pero otros muertos de mi vida, aquellos que un día se llevaron detenidos y desaparecieron hasta hoy, inundan el espacio virtual en los gritos de sus compañeros y familiares que a diario gritan DONDE ESTÁN, sin dar tregua al olvido, y sus rostros jóvenes y sonrientes, en blanco y negro son presencia constante que los hace inmortales.

Colectivos contra el Olvido, agrupaciones de familiares, memoriales virtuales, páginas de sitios de Memoria, páginas de denuncia, páginas con sus biografías, páginas de homenajes, fotografías y videos, audios y documentales mantienen vivos y contingentes a los miles de hombres y mujeres y también niños que confirman lo que decimos y cantamos: Acá nadie muere, ¡compañero!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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