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Redes sociales: enredos y desenredos


Con los escándalos crecientes sobre la imbricación de las grandes plataformas de redes sociales digitales con el modelo de vigilancia imperante y la injerencia en procesos electorales, se fragiliza el mito de la neutralidad que estas empresas buscan fomentar.  ¿Qué implicaciones tiene para los derechos humanos y la democracia? ¿Se debe regularlas? ¿En qué sentido? ¿Podemos considerar alternativas?
Esta nueva edición de la revista América Latina en Movimiento de ALAI explora estas y otras preguntas sobre esta dimensión novedosa de la comunicación y la convivencia de nuestras sociedades.
Contenido:
Internet, derivaciones y paradojas
Osvaldo León

Redes sociales digitales: un gran negocio
Sally Burch

El firewall monopólico en las redes sociales digitales
Javier Tolcachier

De la euforia a la decepción: ¿regular las redes sociales?
Palmira Chavero

Las redes sociales libres, redes nuestras
Miguel Guardado Albarreal

El asesinato de la verdad y la manipulación del imaginario
Aram Aharonian

Las redes sociales digitales en la disputa política en Brasil
Clayton Nobre

Participación política y redes sociales digitales
Silvia Lago Martínez

Síntesis del Seminario Internacional: Desenredando las redes sociales digitales
ALAI

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#Yo_adicto_virtual


Por Axel Marazzi // Ilustración Vicente Reinamontes Marzo 22, 2018

 

Trabajo siete horas por día, duermo otras siete y una aplicación me dice que en promedio uso el teléfono cinco horas diarias. También que lo desbloqueo unas 150 veces por día: eso quiere decir que no puedo pasar siete minutos despierto sin volver a él. Lo primero que hago cuando suena la alarma por la mañana, antes de ir al baño, lavarme los dientes y la cara, es mirar si me llegó un mail importante, cuántos likes tuvo la última foto que subí a Instagram o si se viralizó alguno de los tuits que publiqué el día anterior.

Uso WhatsApp para hablar con mis jefes, con mi novia, con mis amigos. Juego en el smartphone, uso una app que me dice cuántos kilómetros corrí y cuántas calorías quemé, otra me informa cómo llegar a direcciones que desconozco, otra cómo estará el clima —he llegado a mirarla antes de abrir las cortinas de mi cuarto— y otra hace todas mis transferencias bancarias. El iPhone es la extensión perfecta de mi mano derecha.

Poland: Pokemon GO in PolandSiempre me gustó la tecnología. Tenía 12 años cuando mi padre trajo a casa el computador Pentium 486 que cambió mi vida. A fines de los 90, navegar por la red me abrió las puertas a un mundo infinito, repleto de información. Pero si en esa época ya disfrutaba internet, el quiebre fue el nacimiento de las redes sociales y el smartphone, la combinación perfecta para que no sólo yo esté pegado al teléfono, sino millones de personas en todo el mundo.

Como periodista que escribe de tecnología estoy todo el tiempo visitando páginas, chequeando redes sociales, buscando historias que sean relevantes y que pueda investigar. Así me topé con Moment, hace tres semanas, y decidí bajarla. Si bien la app era vieja —nació hace un par de años, una eternidad en el rubro—, nunca me había interesado la idea: una aplicación que te avisa si usas demasiado el celular. Pero esta vez quise hacer la prueba. En el último tiempo, varias personas me habían dicho que parecía un adicto, que miraba el celular cuando me estaban contando algo o que no parecía prestar atención ni siquiera en las reuniones de trabajo.

Tenía, digamos, curiosidad. Y el resultado no sólo me impresionó, sino que me asustó: cinco horas diarias es más tiempo del que veo a mi mamá a la semana. Es más tiempo del que paso al día con mi novia (y vivo con ella). Es más tiempo del que leo, corro, miro series o hago cualquier otra cosa. El 50% de mi tiempo libre lo estoy pasando delante de la pantalla del iPhone.

Me puse a buscar noticias sobre adicción al smartphone —mientras la app me enviaba mensajes de alerta para que dejara de usarlo—, y me topé con una noticia que, si bien ya tenía varios meses, terminó por preocuparme: una de las personas más importantes en la historia de Facebook había hablado en contra de la red social, admitiendo cómo jugaron con la “psicología humana”. Sean Parker, el hombre que hirió de muerte a las discográficas cuando creó Napster y que más tarde se convirtió en el polémico primer presidente de Facebook —retratado por Justin Timberlake en la película Red Social—, decía estar muy preocupado por cómo las redes sociales están afectando la cabeza de las personas que las usamos.

En el negocio de las redes sociales, el oro es nuestro tiempo. Las empresas deben luchar entre ellas para crear nuevas formas de mantenernos atentos, y no hay ninguna tan efectiva como explotar nuestro deseo de validación social.

En una entrevista al medio estadounidense Axios, Parker reconoció lo que pensaban a la hora de crear Facebook: “¿Cómo podemos consumir la mayor parte de tu tiempo consciente? Teníamos que darte un poquito de dopamina a cada rato. Porque alguien te había dado me gusta o porque había comentado tu foto. Y eso contribuye a la creación de más contenido para, de nuevo, crear más comentarios y más me gusta”.

Me pareció tan burdo que sentí que había entendido mal. ¿Estaba diciendo que nos hicieron adictos de forma consciente? Sí, lo estaba haciendo: “Es la clase de cosas que se le ocurriría a un hacker como yo, porque estás explotando las vulnerabilidades de la psiquis humana. Los creadores de redes sociales como yo, Mark [Zuckerberg] o Kevin Systrom [Instagram] entendimos muy bien que esto iba a suceder y aún así lo hicimos”.

Algo angustiado, recurrí a Google y empecé a investigar más sobre el tema. Parker no era el único ex Facebook que había salido a hacer su mea culpa. Chamath Palihapitiya, que estuvo en la empresa hasta 2011 y fue vicepresidente de crecimiento de usuarios, también tenía remordimientos. En un foro de la Escuela de Negocios de Stanford dijo: “Los ciclos de retroalimentación a corto plazo impulsados por la dopamina que hemos creado están destruyendo el funcionamiento de la sociedad”.

Todos hablaban de dopamina y yo necesitaba averiguar no sólo qué era, sino además qué generaba cada like en una recóndita zona de mi cerebro. Por eso contacté a la bioquímica Katia Gysling, profesora de la Universidad Católica y reconocida investigadora del sistema dopaminérgico, quien me lo explicó de manera simple: “Es un neurotransmisor que determina nuestra motivación para acceder a la comida, a la interacción social, incluso al apareamiento. Es esencial para poder motivarnos. Las drogas adictivas y los estímulos generados por factores como obtener recompensas económicas o sociales producen una gran liberación de dopamina”.

“¿Es cierto lo que dice Parker?”, le pregunté a la bioquímica. La respuesta fue un golpe a la mandíbula: hay individuos, me dijo, a los que sí les puede generar una gran liberación de dopamina cada like.

No le quise preguntar si yo era uno de esos individuos.

 

***

 

Mientras seguía con el celular en la mano, los días pasaban y las horas de uso no disminuían, no podía dejar de pensar en una frase de Parker: “Sólo Dios sabe lo que le está haciendo [Facebook] a la mente de nuestros hijos”.

Por esto decidí escribirle a Adam Alter, un psicólogo social estadounidense y profesor de la Universidad de Nueva York que estudió la adicción a la tecnología en su libro Irresistible. “Lo que dijo Parker es importante porque muestra que a las compañías como Facebook no les importa el bienestar de sus consumidores”, me dijo desde su departamento en Manhattan. “Su mayor preocupación es cuánto tiempo están en su plataforma”.

Alter me contó algo que me hizo volver a Google: que hay gobiernos que están legislando para evitar el desarrollo de aplicaciones que inciten a la adicción. Entre ellos, China, Estados Unidos y varios países europeos.  En el último año, muchos ex empleados de Facebook, Google y Twitter han empezado a dejar las compañías, alarmados por el alto nivel de adicción de sus usuarios y por el descontrolado boom de las noticias falsas. De la mano de estos arrepentidos, ya hay grupos y movimientos que intentan generar conciencia en relación a lo mal que nos está haciendo la conexión constante. El más influyente es el Center for Humane Technology (CHT), fundado por Tristan Harris, nada menos que el ex diseñador ético y filosófico de Google: el hombre que debía prever que las diferentes plataformas del buscador no fueran invasivas en la vida del usuario. Hoy, la voz de Harris es una de las más escuchadas del mundo en el debate de cómo las redes sociales se encargan de manipular nuestra psicología.

Explorando en el sitio de la organización, encontré entre sus miembros a Roger McNamee, uno de los primeros inversores de Facebook, a Justin Rosenstein, creador del botón me gusta, y a Lynn Fox, ex encargada de la comunicación de Twitter y Apple. Todo un dream team del remordimiento, unidos para hacer declaraciones como esta: “Facebook, Twitter, Instagram y Google han producido increíbles productos que mejoran el mundo enormemente. Pero estas compañías también están atrapadas en una carrera por nuestra atención, la cual necesitan para hacer dinero. Obligados constantemente a superar a sus competidores, deben usar técnicas increíblemente persuasivas para mantenernos pegados”.

Las redes sociales son gratuitas, pero de algún lado tiene que salir el dinero para mantenerlas. Pensando en eso, creí entender algo fundamental:que nosotros no pagamos por esos productos,  porque nosotros somos el producto.

¿Cómo hicieron todos esos tipos para lograr que pase cinco horas por día pegado a mi iPhone? La página del CHT lo explica así: Instagram es una vidriera mentirosa que exhibe sólo los momentos perfectos de la vida de sus usuarios, Facebook nos segrega en grupos de personas donde todos opinan lo mismo, haciéndonos sentir validados y fragmentando las comunidades,  y YouTube utiliza su autoplay por defecto para que pases de video en video sin poder desengancharte. Todo controlado por algoritmos que saben perfectamente lo que nos gusta. La explicación me pareció interesante, pero un poco obvia, así que me propuse contactar a Aza Raskin, uno de los fundadores del centro, para que me explicara mejor el porqué de tanto arrepentimiento.

Raskin, de 34 años, trabajó como diseñador líder de Firefox, fue jefe de experiencia de usuario de Mozilla y creó la compañía Massive Health. Después de perseguirlo durante varios días, logré contactarlo. Me dijo que una de las cosas que determinaron el rumbo de su carrera fue la promesa de que la tecnología democratizaría el mundo. Pero que ahora nos está subyugando. “Fundamos el centro para pelear, para volver a alinear los avances hacia los mejores intereses de la humanidad y disolver esta crisis de adicción”, me dijo el lunes por la noche en que lo llamé por WhatsApp.

Me explicó, también, que todos estos productos que usamos a diario no son, en absoluto, neutrales. “Son parte de un sistema diseñado para volvernos adictos. Llegamos hasta acá porque todas estas compañías produjeron cosas increíbles, que nos benefician, pero que al mismo tiempo tienen un modelo de negocio que se basa en engancharnos. Eso significa algo evidente: que detrás de cada una de las pantallas de las apps hay miles de ingenieros a quienes les pagan para que nosotros queramos volver”.

Después de entrevistar a Raskin me quedé pensando en algo evidente, pero que tal vez nunca me había cuestionado de verdad: que usar redes sociales puede ser gratuito, pero de algún lado tiene que salir el dinero para mantenerlas. De golpe, creí entender algo fundamental: que nosotros no pagamos por esos productos, porque nosotros somos el producto.

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***

Tratando de entender cómo las compañías de Silicon Valley hacen dinero con nosotros —sin que, en teoría, les demos nada—, empecé a encontrarme con un concepto que parecía estar en el corazón de todo: economía de la atención. Es simple: en el negocio de las apps el oro es nuestro tiempo. Este tipo de plataformas generan ingresos a medida que más tiempo las usamos. Si nuestra atención fuese infinita, no sería un problema, pero no sólo no lo es, sino que además está afectada por nuestra necesidad de trabajar, dormir y tener vida fuera de nuestras pantallas. Por eso las empresas deben luchar entre ellas para crear nuevas formas de mantenernos atentos, y no hay ninguna tan efectiva como explotar nuestro deseo de validación social.

El botón me gusta en Facebook, el retuit en Twitter, los pulgares para arriba y  abajo en YouTube o el corazón en Instagram están allí para eso, y las empresas miden cómo afectan nuestro cerebro. Tienen, incluso, un nombre: recompensas variables intermitentes. En el “ambiente” suelen explicarse con la idea de una máquina tragamonedas: hay que tirar de una palanca para recibir una recompensa variable (se puede ganar o perder). Lo mismo pasa con las apps de redes sociales: actualizamos para ver si ganamos likes o no. Y mientras más lo hacemos, más queremos hacerlo.

Incluso el tiempo que tarda cada aplicación en actualizar nuestro timeline está pensado. Mientras esperamos a que las redes nos muestren los likes y comentarios que recibieron nuestras publicaciones, el cerebro recibe la misma sensación que cuando está girando la ruleta del casino. No sabemos si vamos a ganar, pero la posibilidad nos mantiene enganchados. Según Tristan Harris, los smartphones son esencialmente eso: máquinas tragamonedas que están en los bolsillos de miles de millones de personas.

Por todos esos motivos —y seguro que por otros que no conocemos— nada menos que el CEO de Apple, Tim Cook, dijo en enero en una charla en el Harlow College de Essex, una prestigiosa universidad de Inglaterra, que no quiere que su sobrino tenga redes sociales: “No creo en el uso excesivo [de la tecnología]. No soy una persona que piense que seremos exitosos si la usamos todo el tiempo. No estoy de acuerdo con eso en absoluto”.

Incluso la investigación antropológica, en algunas de las principales universidades del mundo, ha comenzado a estudiar los cambios sociales generados por la influencia de la adicción a la tecnología. Michael Wesch, de la Universidad de Kansas, es uno de los investigadores de referencia de lo que llama ciberetnografía. “La mayor parte de la gente ni siquiera consideraría que podemos ser adictos a algo tan normalizado como Facebook o Netflix. Tendemos a reservar la palabra ‘adicción’ para las drogas o el alcohol, pero estudios científicos recientes demostraron que hay cambios profundos en el cerebro de quienes tienen adicciones conductuales, que son similares a aquellos con adicciones a las drogas”.

Pocos previeron todo esto antes que Tanya Schevitz. Hace ocho años, fue una de las creadoras del National Day of Unplugging, una campaña mundial para que las personas recuerden, al menos un día cada año, cómo era vivir sin smartphones. La iniciativa ya tiene millones de adeptos. Tanya tiene 47 años y vive en una pequeña ciudad de la costa oeste llamada Pacifica. Por teléfono, me dijo que le parecía increíble que grandes líderes tecnológicos como Parker, Harris o Raskin estuvieran desafiando la dirección hacia donde avanzan las redes sociales: “Sin conversación y cambios vamos en un camino peligroso”, me dijo. “La expectativa de que siempre alguien te puede contactar, de que responderás inmediatamente a ese pitido, a ese zumbido de mensajes, correos y llamadas creó una sociedad de personas que están desbordadas”.

Ante esta repentina ola de críticas, Jack Dorsey, creador y CEO de Twitter, reconoció a principios de marzo que no lograron predecir las consecuencias negativas que tendría su red social: “Sabemos eso ahora y estamos determinados a encontrar soluciones holísticas y justas. Fuimos testigos de abuso, acoso, armadas de trolls, manipulación con bots y coordinación humana, campañas de desinformación. No estamos orgullosos de cómo la gente se aprovechó de nuestro servicio o nuestra incapacidad para abordarlo lo suficientemente rápido”.

Eso lo dijo a través de una serie de tuits y, claro, muchos aplaudimos su honestidad. Entonces no sabíamos ni la mitad de lo que ahora sabemos.

 

***

 

Como si mi paranoia no estuviera ya por las nubes, mientras realizaba la investigación para este artículo —e intentaba entender hasta qué punto las redes sociales nos manipulan—, la publicación de la investigación conjunta de The GuardianThe Observer y The New York Times sobre cómo la campaña de Trump se apropió de los datos de 50 millones de usuarios de Facebook, me hizo replantearme tener una cuenta en la plataforma.

La historia, todo un thriller digital, es así: el canadiense Christopher Wylie, un muchacho vegano de 28 años y pelo rosado, experto en análisis de datos y cofundador de la consultora Cambridge Analytica, reconoció haber creado un arma psicológica para manipular la opinión pública tanto en la campaña presidencial de Donald Trump como en el referéndum del brexit.

Casos como el de Cambridge Analytica demuestran que hay hackers que saben cómo pensamos, qué ideas políticas tenemos, qué libros leemos, qué cosas parecen asustarnos. Y no tienen problema en venderle todo a quien quiera ganar una elección.

Según Wylie, todo comenzó cuando la compañía, que nació en 2013 en Reino Unido, contrató a Aleksandr Kogan, un psicólogo ruso de 31 años  de la Universidad de Cambridge, quien había diseñado una aplicación perversa: un test de personalidad en apariencia inofensivo —como tantos que hemos respondido—, diseñado para capturar toda la información personal de quienes lo respondieran y de sus amigos en la red social. Kogan, de hecho, ni siquiera había tenido que mentir tanto para poder usarlo: había obtenido permiso de Facebook para realizar un “análisis de personalidad” de sus usuarios, con la condición de que no vendiera esos datos. Unos 270 mil usuarios instalaron su app y todos sus contactos cayeron junto a ellos.

Analizando datos tan básicos como los me gusta —ay, dopamina—, fueron generando perfiles psicológicos en base a la orientación sexual, raza,  inteligencia, género y hasta posibles traumas. Con ellos, Cambridge Analytica —que tiene entre sus fundadores al ex consejero de Trump, Steve Bannon— generó algoritmos capaces de predecir el perfil de los usuarios de Facebook, y así poder mostrarles anuncios diseñados específicamente para manipularlos. Con todo listo, le vendieron su arma a la campaña de Trump por más de seis millones de dólares. Dicho de otra forma: estos tipos saben cómo pensamos, dónde vivimos, qué ideas políticas tenemos, qué libros leemos, qué cosas parecen asustarnos. Y no tienen problema en venderle todo a quien quiera ganar una elección. “La compañía ha creado perfiles psicológicos de 230 millones de estadounidenses”, dijo el culposo Wylie. “Es como un Nixon con esteroides”. Después de varios días de silencio, que dieron pie a todo tipo de especulaciones, el propio Mark Zuckerberg posteó en su muro unas largas disculpas a sus usuarios. “Tenemos la responsabilidad de proteger sus datos”, escribió el gran arquitecto del mundo de las redes sociales. “Y si no podemos no merecemos servirles”.

El debate de cómo las fake news nacen, se viralizan y llegan a millones de personas tiene larga data. Uno de los primeros en advertir este fenómeno fue el físico chileno Cristián Huepe, que investiga para la Universidad de Northwestern. En 2012, de hecho, fue capaz de prever la llegada de la pos verdad con años de anticipación, analizando matemáticamente la forma en que fluye la información a través de las redes. Hoy es un referente en el estudio de cómo éstas plataformas han influido en la comunicación humana.

Decidí escribirle un correo y su respuesta fue desoladora: “Al fragmentar nuestras redes sociales y generar burbujas extremas estamos llegando al punto en que no sólo no compartimos ni discutimos nuestras opiniones con grupos distintos, sino que ya ni siquiera compartimos la misma realidad”. Me citó un caso que está teniendo un auge espectacular en los últimos tiempos: el de las personas que vuelven a creer que la Tierra es plana. Hoy es muy fácil ir a YouTube o Facebook y encontrar una comunidad que apoye cualquier teoría falsa, retroalimentando la idea y validándola ante nuevos incautos.

Es difícil imaginar hasta dónde nos llevará todo esto. Si lograremos frenar la manipulación tecnológica de nuestra psiquis o ya es muy tarde. Cuando bajé la aplicación que me reveló que uso mucho más el celular de lo que hubiera imaginado, cuando empecé a hablar con especialistas sobre lo que eso genera en mi cerebro, cuando me di cuenta de que paso más tiempo frente a la pantalla de un dispositivo que con la persona con la que convivo, jamás había imaginado que existían ingenieros, hackers, analistas de datos  y hasta psicólogos detrás que así lo quisieron. Tipos que generan millones de dólares con mi tiempo y que hasta cambian mis opiniones mostrándome anuncios que fueron creados estudiando mi personalidad en profundidad.

Y, sin embargo, mis horas frente al iPhone no han dejado de ser cinco diarias. Si debo ser sincero, hace unos días desinstalé Moment, cansado de sus anuncios alarmistas. ¿Tendré que ir a una reunión al estilo Alcohólicos Anónimos y presentarme con el clásico “Hola, mi nombre es Axel y soy adicto al celular”? Empieza a sonar como una buena idea.

Internet y derechos económicos, sociales y culturales


Revista No. 521 – Febrero 2017

Internet y derechos económicos, sociales y culturales

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ALAI, Casilla 17-12-877, Quito, Ecuador.

Telf: (593 2) 2505074 Fax: (593 2) 2505073

E-mail: info@alainet.org

Internet puede contribuir al ejercicio de los DESC, pero también los puede afectar. Revista 521 de ALAI (coedición con APC).

Contenido/Conteúdo:

A la vez que internet puede ser un poderoso habilitador de derechos humanos, también puede afectar seriamente el ejercicio de derechos reconocidos. En los debates, sin embargo, poca atención se ha prestado a los derechos económicos, sociales y culturales y las políticas públicas correspondientes. La edición 521 (febrero 2017) de América Latina en Movimiento de ALAI aborda este tema a partir de un reciente estudio de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC). (Coedición con APC).

 

Contenido:

 

Internet y DDHH

Sally Burch

 

¿Por qué enfocarnos en los derechos económicos, sociales y culturales?

Anriette Esterhuysen

 

Internet, desarrollo y derechos

David Souter

 

Consideraciones clave acerca de los DESC e internet

Alan Finlay y Deborah Brown

 

Costa Rica: Polos tecnológicos rurales

Kemly Camacho

 

Colombia: El rol de las TIC en la paz como proceso

Olga Paz Martínez

 

Panamá: Teletrabajo

Krizia Matthew

 

Uruguay: La estrategia de desarrollo humano informacional

Ana Rivoir y Santiago Escuder

 

Chile: El programa “Salud+Desarrollo” y su impacto en los grupos excluidos

Valentina Hernández

 

Peru: Las TIC dan voz a las lenguas indígenas

Roberto Anguis y Juan Bossio

 

Argentina:

Derechos de las culturas indígenas e internet

Florencia Roveri

 

Venezuela:

Internet y redes sociales en tiempos de escasez

Sandra L. Benítez U.

Disponibles en nuestra web:

EL MITO DE LAS REDES SOCIALES. Carlos Romeo.


EL MITO DE LAS REDES SOCIALES

Carlos Romeo, Cuba

Por Carlos Romeo
Tengo 84 años y he escrito algunos libros y unos cuantos artículos. Pero toda mi producción intelectual está sesgada por mis concepciones y en particular por mis ideas en materia política. Vivo en Cuba desde hace muchos años a pesar de ser de origen chileno-francés, lo que significa que resido en este país porque me da la gana.

Aclaro estos antecedentes personales por que así y todo estoy literal e implacablemente sometido a un bombardeo diario e inevitable por Internet, por algo llamado Facebook que me propone día a día establecer contactos epistolares, fotográficos y hasta por videos, con personas que no conozco pero que según el mensaje recibido dicen querer ser amigos míos, o me sugiere que establezca comunicación con ellos a riesgo de” perderme muchas cosas que han pasado recientemente”.

Tengo una opinión, seguramente desmedida, de mi significación en la vida y por consiguiente de mi importancia como uno de los 7500 millones de seres que actualmente habitan en el mundo. No obstante, no es lo suficientemente delirante como para creer que tanta gente que no conozco insistan en establecer relaciones de amistad conmigo vía Facebook y beber de mis escritos que, como ya señalé, tienen un muy fuerte sesgo político izquierdista como corresponde a alguien que se considera de formación marxista.

Mis conocimientos de computación, solo culturales, me sugieren que hay una “inteligencia” oculta detrás de esa virtual agresión constante a mi intimidad. Desde luego que es la de quienes concibieron ese procedimiento moderno para que todo ser humano que acceda a Internet pueda vivir y experimentar la sensación de que no está solo, situación aborrecible y contra natura para todo homo sapiens, y para que pueda comunicarse con otros seres de su especie que tengan un idioma común.

Más aún, para instrumentar ese designio debe haber un gigantesco reservorio de archivos correspondientes a personas debidamente clasificadas según ciertos parámetros y un algoritmo que logra relacionar patrones personales aparentemente comunes para seguidamente enviarles la invitación correspondiente para que se ponga en contacto a través de la denominada WWW.

La cifra astronómica a la que se cotiza Facebook en la bolsa de valores de Nueva York da una idea del acierto con que, desgraciadamente, interpretó la necesidad de comunicación del homo sapiens con sus semejantes eliminando las distancias que los separan y dándoles la impresión de realizar acciones voluntarias e íntimas.

En honor a la verdad, cabe plantear la duda de si mi respuesta tan negativa a las insistentes ofertas de Facebook no se corresponde con las de un ser humano que se ha quedado detenido en el siglo XX ante el desarrollo de las comunicaciones que según dicen, está revolucionando el mundo, poniendo en crisis a los medios públicos de comunicación como son los periódicos, radios y televisoras, y permitiendo que las masas oprimidas por regímenes totalitarios, como obviamente se considera al cubano, accedan a la verdad que se les oculta mediante informaciones parciales, distorsionadas y tendenciosas. A mi juicio, esa es una de las grandes falacias inventadas por quienes no comprenden algo elemental y es que nada que incide en sus vidas se le puede ocultar a quienes conocen la realidad objetiva que les proporciona su modo de existencia en donde tiene lugar. Uno de los grandes mitos al respecto es el de que el pueblo alemán bajo el nazismo no sabía lo que le estaban haciendo a los judíos en su propio país, cuando no se puede ocultar que una de las piedras fundamentales de la ideología nazi que fue abrazada por la inmensa mayoría del pueblo alemán era el antisemitismo, por lo cual nunca reaccionaron ante la sistemática desaparición física de los judíos alemanes.

No fueron lo que se llama hoy en día las redes sociales las que precipitaron el derrumbe del socialismo en la URSS y en las denominadas Democracias Populares europeas toda vez que se produjo años antes de que aparecieran. Fueron sus errores de diseño y de implementación. Y en donde esos regímenes, catalogados de irracionales y contra natura, continúan existiendo es por que funcionan, con sus éxitos y fracasos como toda experiencia humana, particularmente si es innovadora.

Favor de no confundir una simple necesidad innata de comunicación de los hombres, con el artilugio que pondrá fin a al socialismo en donde sigue gozando de buena salud.

La Habana, junio del 2017

Tantas raíces tiene el árbol de la rabia (¿y qué hacemos?)


María Eugenia Dominguez

 *

Doctora en Comunicación, Académica ICEI, Universidad de Chile y Universidad de Valparaíso

En estos días la discusión pareciera establecerse en los límites de las redes sociales de los y las jóvenes militantes o ex militantes. En términos de contenidos, el testimonio, el comentario, la individualización de los agresores y sobre todo el imperativo a las pares para abandonar la militancia bajo el argumento del feminismo y combatir al machismo.

Foto: Agencia Uno

Pero yo que estoy limitada por mi espejo
además de por mi cama
veo causas en el color
además de en el sexo
y me siento aquí preguntándome

cuál de mis yo sobrevivirá
a todas estas liberaciones.

                                                          Audre Lorde[i]

Partir esta reflexión con un trozo del poema de Audre Lorde  (feminista, negra, lesbiana y militante) tiene – para mí- sentido en su vigencia y en los debates que se reabren hoy en torno a la brutalidad de la opresión patriarcal.

La “hermana marginada” y la “fugitiva” aparecen – especialmente en las redes sociales- interpelando el machismo en sus expresiones más directas en, y sobre todo, los colectivos políticos. En ese sentido se acusa, desde el desgarro, a la organización.

La pregunta que me hago, y que nos hacemos muchos, es si esta indignación que aún particular es transversal, podrá encontrarse y tejerse con otras. Me refiero a la indignación más allá de la denuncia y que puede ser traducida en estrategia y acción política frente a la homofobia, el racismo, pero también el capitalismo como el terreno más fértil para la perpetuación de todas estas formas de dominación y deshumanización.

Y es que en estos días la discusión pareciera establecerse en los límites de las redes sociales de los y las jóvenes militantes o ex militantes. En términos de contenidos, el testimonio, el comentario, la individualización de los agresores y sobre todo el imperativo a las pares para abandonar la militancia bajo el argumento del feminismo y combatir al machismo.

El problema es que allí se cierra toda oportunidad de conversación y debate, mientras la organización, el instrumento de liberación deviene la “casa del amo “y sus miembros, todo sexo confundido, cómplices; quienes acusan, reducidas al plano moral, en la apelación estetizante al tribunal público devienen sólo víctimas. Un escenario y una línea de fuga que termina eludiendo, apartando y desvinculando nuestras reivindicaciones del conjunto de las luchas sociales y revolucionarias. Audre escribió que las “herramientas del amo no destruyen la casa del amo”. En otros términos, la denuncia, por sí misma y por sí sola, sólo permite la sanción individual y en la estrategia – limitada al comentario- de las redes sociales, se termina ejerciendo un poder sobre otro. Es decir, un pronto límite para la transformación. Se reproducen así, en el mismo agente colectivo que busca transformar, las prácticas que se busca desterrar.

Reducida a los límites del universo virtual, concebida sólo como baluarte de unas y no de todxs, la lucha feminista, pierde sentido de existir.

Si los y las militantes de las organizaciones políticas –hayan sido interpeladas o no- asumen el camino de la reflexión y la autocrítica, por dura que sea, habrán ganado un trecho que las generaciones precedentes no pudimos avanzar. Si la organización revolucionaria no asume la reflexión, la autocrítica y la acción educadora, pierde – a la larga- sentido.

Es preciso hoy educarse para la emancipación, asumiendo que el sexismo, el racismo, la homofobia, el clasismo son parte de nuestra herencia individual y colectiva y se hacen presentes en nuestros discursos y en nuestras relaciones cotidianas. Necesitamos las luchas por un mejor ser, por relaciones políticas y también sexuales que sean ante todo humanas y respetuosas, es decir transformadoras.

Necesitamos que las luchas críticas y revolucionarias se enraícen en los territorios individuales y colectivos en donde se produce la explotación, la dominación, la discriminación, pero también necesitamos que esas luchas se encuentren, dialoguen entre sí, se retroalimenten y se desarrollen en el marco de una acción global y políticamente certera que se encarne en sujetos individuales y colectivos que serán resultado de ese aprendizaje de lucha social y personal. Para emanciparnos y no sólo sobrevivir a cada liberación por sí sola-

[i] Audre Lorde  fue una escritora afroamericana, feminista, lesbiana y militante por los derechos civiles. Su obra trató en gran medida los derechos civiles, el feminismo y la exploración de la identidad femenina negra. Fue, junto con Angela Davis y Bell Hooks, una de las voces fundamentales del feminismo afroamericano, precursora, desde los márgenes de la academia, desde la legitimidad que le da su propia historia, de la llamada crítica decolonial. Su obra más conocida es La hermana, la extranjera, un libro de ensayo que contiene varios de sus textos más influyentes de las luchas contra el racismo, el machismo y la opresión heteronormativa como son “No hay jerarquías en la opresión” y “Las herramientas del amo no destruirán la casa del amo”.

Post 500 - La hermana, la extranjera

*La profesora Domínguez enfatiza quela Universidad no puede reproducir en su interior la desigualdad que critica en la sociedad chilena. Desigualdad tanto en lo económico como en la valoración de sus saberes, de la diversidad de sus integrantes en razón de su género, origen étnico o sus capacidades diferentes”.http://www.icei.uchile.cl/noticias/112222/la-universidad-no-puede-reproducir-la-desigualdad-que-critica

 

Redes sociales en Internet. Un nuevo espacio antropológico


Las conocidas como redes sociales son asumidas, utilizadas y bendecidas por amplios sectores sociales a nivel planetario. Los gestores de este tipo de empresas se han integrado en el gremio de las personas más ricas del mundo. Han superado con creces las máximas capitalistas, obteniendo los más elevados beneficios en un plazo breve y con un coste mínimo en mano de obra. La rentabilidad de estos negocios supera con creces la de las grandes corporaciones del sector industrial. Las nuevas tecnologías de la información son bien vistas por las sociedades sin que nadie se pare a pensar la función que cumplen, el origen de su existencia, el auge que han tenido o el impacto que tienen sobre el desarrollo intelectual y emocional de las personas.
Por lo tanto, el papel de las redes, como una parte significativa de estas nuevas tecnologías, requiere un análisis en profundidad, aunque aquí, por las limitaciones de espacio, nos limitemos al estudio somero de este asunto. No nos adentraremos en el papel que juegan en la juventud, en las adicciones o en el mal uso (y el abuso) que de ellas se hace, porque esto conllevaría un extenso tratado. Tampoco haremos referencia a los artilugios físicos en los que “ruedan” las redes, ni a las emisiones que pueden afectar a la salud. En consecuencia, esto es sólo una señal de alarma, invitando a los lectores a la reflexión y a la toma en consideración.Las técnicas digitales y la integración progresiva de componentes electrónicos han dado lugar a la aparición de circuitos con una elevada capacidad de almacenar datos y de gestionarlos a una gran velocidad. En paralelo se han ido desarrollando lenguajes de programación que, en conjunción con esos potentes componentes, han originado complejas aplicaciones, entre las que se encuentran las redes sociales.

Su facilidad de manejo y la aparente gratuidad han permitido que se extienda como la pólvora a lo largo y ancho del planeta. A la misma velocidad los rectores del sistema se han ido dando cuenta de la eficacia de esas potentes armas de manipulación y control.

Las redes sociales se han convertido en las bases de datos más potentes del mundo que hayan existido a lo largo de toda la historia. Cuántos de los cientos de millones de usuarios se han preguntado alguna vez: ¿de dónde obtienen los millonarios beneficios los gestores de las redes?, ¿por qué es gratis su adscripción y uso?, ¿saben los usuarios que son ellos mismos el producto que venden las redes? Los datos proceden de los que el propio usuario aporta cuando se suscribe, cuando amplía su perfil, cada vez que la red te invita a hacerlo, y de los “amigos” con los que compartes tu amistad, de tus seguidores y de aquellos a los que tú sigues. Las redes venden tus datos a empresas, agencias de viajes, comercios, a otras redes, etc. Por otra parte, cada vez que te conectas, la red te ofrece aquello por lo alguna vez te has interesado, o lo que creen que se ajusta a tu perfil.

En otro sentido, las redes se han integrado perfectamente en la arquitectura social del actual sistema, ya que cumple a la perfección con esa función de enajenación. Las redes compiten con los medios de comunicación en algunos casos, aunque, en el fondo, son fieles aliadas para embelesar y distraer de la imperfecta convivencia social. Los que se escapan por unos son “rescatados” por los otros.

Es tal vez en el terreno intelectual y emocional en el que inciden más negativamente el mal uso de las redes. Las redes responden a la inmediatez para contactar con otros u otras aunque eso sea sencillamente para preguntar: ¿dónde estás?, ¿qué haces? Por lo general, los comentarios, las notificaciones o similares suelen ser insustanciales, mal expresados o, incluso, con faltas ortográficas. Por esto, ese incorrecto uso de las redes se enfrenta a la reflexión y a la capacidad de pensar, en suma, a la razón. Por otro lado, la ausencia de respuesta del destinatario o el propio mensaje recibido se pueden convertir en frustración, angustia, inseguridad, estrés, a veces, agresividad y otras tantas “lindezas” que van deteriorando la personalidad y conformando una forma de ser vulnerable a la mentira y a la manipulación. Además, potencia la cobardía y el oscurantismo al permitir que se puedan crear perfiles anónimos tras los que se esconden el insulto, la descalificación, incluso, la amenaza.

El objetivo del inscrito es conseguir el máximo de contactos, de amigos o de seguidores, aunque con la mayoría de ellos jamás se comuniquen. La red conocida como Twitter guarda algunas peculiaridades. Por un lado, limitan el texto a 140 caracteres, lo que obliga a que el comentario sea frugal y confuso, al punto de que a veces resulta incomprensible. Por otro, se ha convertido en la medida de la fama y la popularidad de políticos y gentes de la farándula, convirtiéndose en la principal plataforma para trasmitir algún dato, aunque por su brevedad y presencia en pantalla pierde valor comunicativo.

Por una parte, la multitud de mensajes y comentarios, como digo, son rápidamente sustituidos por otros, lo que les hace fungibles. Pero, por otra, los datos que se graban quedan allí toda una “eternidad”. Alguien de la realeza, por ejemplo, ha pedido que sus datos, referidos al proceso por el que ha sido condenada, desaparezcan de las redes, pero ha desistido porque resulta del todo imposible.

Este es el panorama con el que nos encontramos.

Unas prácticas socialmente asentadas y con una enorme implantación en jóvenes, cada vez a más temprana edad. Como en tantas ocasiones, la avaricia de algunos, recurriendo a todo tipo de artimañas e instrumentos de manipulación y engaño, nos arrastra hacia un futuro incierto. Puede ser que en ese futuro que desconocemos, unos sean extremadamente ricos y otros muchos demasiado pobres, pero ¿de qué les servirán sus riquezas y su poder a los primeros ante una sociedad dopada y deprimida?

Relacionado

Las Redes sociales: terminología en torno al fenómeno

Hace tiempo destacaba la diferencia entre las “redes sociales” como concepto sociológico que se refiere a las estructuras de relaciones que nos definen y nos construyen como sujetos, y las “redes sociales” como el nuevo fenómeno de las plataformas de comunicación en red, tipo Facebook o Twitter.

En base a esta diferencia, acuñaba el acrónimo RSI para hablar de las Redes Sociales de Internet y diferenciarlas de las redes sociales normales. Investigando la terminología en inglés, descubrí que los anglosajones hablan de Social Networking Services, algo que en español se traduciría por Servicos para crear redes sociales, o más sencillamente: Servicios de Red Social (SRS). Éste concepto es mucho más descriptivo y técnicamente más correcto para referirse a estas plataformas digitales que, después de todo, son herramientas que sólo cobran vida cuando las llenamos de contenido.

Sin embargo, en la práctica lo más común es hablar tan sólo de “Redes sociales” para referirse a este nuevo fenómeno, identificando la plataforma digital con los vínculos y las relaciones que se establecen en ellas. A propósito de esto, argumentaba que este mecanismo funciona como una forma de legitimación o naturalización de la función relacional de estas plataformas… es decir, que nos acostumbrábamos a pensar que nuestras redes de relaciones sólo existen y se materializan a través de estas herramientas digitales.

Esto, unido a la omnipresencia mediática del término “redes sociales” me hacia pensar en la necesidad de establecer una diferencia que definiera el lugar específico de este fenómeno: Internet. De ahí, el nombre Redes Sociales de Internet. Además, el recurso al acrónimo (necesario cuando hay que referirse a un concepto muchas veces en un mismo texto) de RSI remarca el carácter tecnológico y ‘sintético’ de este nuevo fenómeno.

A modo de esquema:

Las redes sociales son las estructuras básicas de relaciones por medio de las que se desarrolla nuestra subjetividad. (Para los que no son duchos en Ciencias Sociales: lo que somos como personas depende de con quién nos relacionamos, en primer lugar, nuestras relaciones familiares nos definen, también nuestros amigos, los vínculos laborales, los contacto esporádicos o habituales… en definitiva las personas con las que pasamos tiempo y con las que compartimos cosas son las que constituyen el marco de referencia para percibir la realidad social.)

Los Servicios de Red Social (SRS) son plataformas digitales que permiten reproducir esas estructuras de relaciones en un espacio digital que sigue un diseño determinado (esto es importante, porque es el modo en que el diseñador del SRS proyecta sus propios conceptos de lo que es una red social en el entorno virtual, obligando a los usuarios a adaptarse a ese modelo y jugar con esas normas).

Y las Redes Sociales de Internet (RSI) son el resultado de esta utilización de los SRS para reproducir las relaciones sociales y para establecer otras nuevas. Aquello que comentaba más arriba sobre que la plataforma digital sólo cobra vida a través del uso es lo que constituye el fenómeno de las RSI, que emerge como resultado de la hibridación entre un elemento social (redes sociales) y otro tecnológico (servicios de Internet)

Hoy en día ya no considero tan importante destacar esa característica “de Internet” para diferenciarla de las redes sociales en sentido básico, precisamente debido a que esta hibridación es un resultado del propio devenir de la social que avanza hacia una incorporación masiva de las herramientas y recursos tecnológicos en la práctica cotidiana.

No obstante, sí recomiendo tener en cuenta esta diferencia cuando se habla de este fenómeno desde un punto de vista más reflexivo y analítico, pues se hace necesario recordar (insisto) que las “redes sociales” representan la estructura básica de cualquier sociedad, y que las RSI son una forma hipermoderna de configuración de estas redes sociales.

—————–

Nota 1: Escribir Redes sociales con mayúscula también es una buena forma de establecer una diferencia, en el sentido de que se entiende que se trata de un fenómeno concreto y no del concepto general de redes sociales.

Nota 2: Técnicamente Twitter es un sistema de Microblogging. En la práctica se puede considerar como también como una RSI, pues permite establecer relaciones en red. Otro matiz que apareció hace unos meses a raíz de una conferencia 2.0 (lo siento, no recuerdo al ponente que lo dijo…) es la definición de Twitter como una Red de Información, un concepto que me parece aún más apropiado a la realidad de lo que sucede en esta plataforma: intercambios masivos de información dinámica y multidireccional.

Desarmando las Redes Sociales

Por Javier de Rivera

RE_small¿Qué son realmente las redes sociales? Para responder a esta pregunta Robert Gehl realiza lo que él llama una “ingeniería inversa del social media”. Al igual que si desarmáramos una máquina para ver cómo está hecha, Gehl recorre el camino inverso de producción y construcción de las nuevas plataformas socio-tecnológicas de moda. [Leer reseña completa en Teknokultura]

El título completo de su último libro nos da una mayor idea de los elementos que esto incluye: Reverse Engineering Social Media: Software, Culture and the New Media Capitalism. En primer lugar, tenemos el software, ya que después de todo las redes sociales son básicamente programas, o para ser más exactos, estructuras informacionales que utilizamos para relacionarnos socialmente. Tienen por lo tanto un componente más allá de lo técnico que incluye a las relaciones sociales, y a “la cultura”, el conjunto de normas, valores e ideas compartidas que hace que nos podamos entender unos a otros. Por último, nos da una buena pista de su enfoque de investigación: las redes sociales aparecen y tienen sentido en un entramado político-económico del capitalismo de los nuevos media.

Lo más interesante del libro es el modo en que articula la metodología marxista de análisis de las relaciones de producción para explicar el funcionamiento de las redes sociales. Desde este enfoque, los usuarios de redes sociales estamos trabajando para enriquecer la estructura tecnológica e informacional de las redes sociales. Éstas dejan de ser “solo un programa” cuando acudimos a ellas, y las llenamos de información sobre nuestros gustos, nuestras relaciones, nuestro último viaje, etc. Se convierten en algo más, las “enriquecemos”. Nuestro trabajo cognitivo-emocional en ellas genera una plusvalía (de información) que se queda almacenada a disposición de los gestores del sistema.

En este esquema, el capital económico -entendido comúnmente como la acumulación de dinero- se traduce por una acumulación de información que alimenta un gran “archivo” informático, que otorga a quien lo controla más poder del que podría dar el dinero. Primero, esta información permite a quien la tenga conocer mejor el mundo social. Segundo, y más importante: desde el momento en que millones de personas estamos enganchadas a intercambiar información online, esta actividad se convierte en algo central en nuestras vidas, y quien controla sus dinámicas puede controlar nuestra percepción y nuestros deseos.

Para entender mejor esta casi equivalencia entre dinero e información, tenemos que recurrir al concepto (marxista) de “abstracción real”: cuando todos tomamos por cierta una idea abstracta, ésta resulta real en sus consecuencia. El dinero es un buen ejemplo, ni abriga, ni sirve de alimento, pero se puede pagar con él siempre que todos sigamos aceptando que tiene valor. Por ello, el dinero regula nuestras relaciones de forma impersonal y abstracta, pero que en la práctica resulta muy eficaz y muy real.

Como decía Marx en Los Grundise: “[Hoy] los individuos están gobernados por la abstracción, cuando antes [en la antigüedad] dependían directamente unos de otros”. En la economía capitalista, es el dinero -la abstracción del valor- lo que gobierna y condiciona las relaciones entre las personas. En esta nueva etapa de capitalismo tecnológico, además del dinero, el software de las redes sociales, con toda su información y sus sistemas de regulación, representa otro tipo de “abstracción real” (más poderosa, si cabe, que el dinero) que media en nuestras relaciones, y de forma sutil condiciona lo que vemos y lo que podemos decir.

Reseña completa: Gehl, R. (2014). Reverse Engineering Social Media: Software, Culture and Political Economy en New Media Capitalism.

Identidad, representación y esencias en las comunicación on-off line

Las formas breves en Internet. Twitter y aforismos


  • “¿Gracias a Twitter, reviven los aforismos?” – Las formas breves en Internet
  • “Is Aphorism Reviving Thanks To Twitter?” – Short Forms on the Internet
DOI: 10.5354/0719-4862.2015.37442

Resumen

El presente trabajo trata sobre la influencia de Internet en el aforismo contemporáneo de habla hispana, preguntándose de qué manera las características de este suponen una adecuación con los medios digitales. Plantea la cuestión en términos de calidad artística y folclórica de las formas breves en la Red y de sus grados de interactividad e intermedialidad, refiriéndose tanto a microtextos de autores consagrados en el género como a creaciones breves de escritores o usuarios poco conocidos o, simplemente, desconocidos. Como se mostrará, las manifestaciones del aforismo en Internet dan un ejemplo de cómo la digitalización contribuye a deconstruir el concepto occidental moderno de literatura, no solo fragmentando, pluralizando y democratizando la autoría, sino también acercando lo culto a lo popular y la escritura a la tradición oral.

Palabras Claves

aforismo; medios sociales; interacción/interactividad; e-folklore; intermedialidad

Abstract

The article deals with the influence of the internet on contemporary aphorism in the Spanish language by asking how the characteristics of this genre show its adaptation to digital media. Based on micro texts created by both amateurs and known writers or users it answers this question in terms of the artistic and folk quality of short forms on the internet as well as their degree of interactivity and intermediality. As we will see, manifestations of aphorism on the web give an example of how digitalization contributes to deconstruct the modern Western concept of literature. This is not only done by fragmenting, pluralizing and democratizing authorship but also by connecting learned to popular culture and written to oral forms.

Keywords

aphorism; social media; interaction/interactivity; e-folklore; intermediality

1. ARTÍCULOS

“¿Gracias a Twitter, reviven

los aforismos?” – Las formas breves

en Internet

Miriam Lay Brander

Universität Konstanz, Alemania

miriam.lay-brander@uni-konstanz.de

Resumen: El presente trabajo trata sobre la influencia de Internet en el aforismo contemporáneo de habla hispana, preguntándose de qué manera las características de este suponen una adecuación con los medios digitales. Plantea la cuestión en términos de calidad artística y folclórica de las formas breves en la Red y de sus grados de interactividad e intermedialidad, refiriéndose tanto a microtextos de autores consagrados en el género como a creaciones breves de escritores o usuarios poco conocidos o, simplemente, desconocidos. Como se mostrará, las manifestaciones del aforismo en Internet dan un ejemplo de cómo la digitalización contribuye a deconstruir el concepto occidental moderno de literatura, no solo fragmentando, pluralizando y democratizando la autoría, sino también acercando lo culto a lo popular y la escritura a la tradición oral.

Palabras clave: aforismo, medios sociales, interacción/interactividad, e-folklore, intermedialidad.

“Is Aphorism Reviving Thanks To Twitter?” – Short Forms on the Internet

Abstract: The article deals with the influence of the internet on contemporary aphorism in the Spanish language by asking how the characteristics of this genre show its adaptation to digital media. Based on micro texts created by both amateurs and known writers or users it answers this question in terms of the artistic and folk quality of short forms on the internet as well as their degree of interactivity and intermediality. As we will see, manifestations of aphorism on the web give an example of how digitalization contributes to deconstruct the modern Western concept of literature. This is not only done by fragmenting, pluralizing and democratizing authorship but also by connecting learned to popular culture and written to oral forms.

Keywords: aphorism, social media, interaction/interactivity, e-folklore, intermediality.

De aparición antigua, el aforismo se ha convertido en las últimas dos décadas en un género de moda en diversas literaturas, y especialmente en el ámbito hispánico. El género también se propaga en Internet, canal alternativo para autores y editores al que el aforismo se adapta con mucha comodidad. Sobre todo, los así llamados medios sociales (social media) favorecen la difusión del aforismo, así como su transformación. Aparece en particular en los servicios de mensajería pública e instantánea consagrados a la brevedad y en los que Twitter sin duda es el líder destacado. Sin embargo, la tuiteratura (Moreno et al.) solo es uno de los medios digitales que favorece la difusión de aforismos conocidos o nuevos, de expertos y amateurs en el género. En las revistas y periódicos electrónicos, los blogs y páginas web personales, las redes sociales libres como Facebook o Diaspora* y hasta en Youtube se publican aforismos así como debates sobre el género, sin olvidar las ediciones electrónicas de libros de aforismos o de poesía visual de tipo aforístico. Además, en el ámbito hispanohablante, sitios como aforismos.net, proverbia.net o misfrases.com reúnen aforismos, proverbios, citas y frases célebres ordenadas por autores y temáticas. Algunos de esos sitios ofrecen una frase del día que se actualiza automáticamente y que el lector puede incluir en su propia web o blog. Si los servicios como el sitio portugués citador.pt reúnen categorías como citaciones, poemas y rimas, ensayos breves, proverbios, adivinanzas disponibles por temas, autores y palabras clave, otros sitios invitan a citar frases célebres (wikiquote) o a crear sus propios aforismos (elmalpensante.com/aforismos).

Finalmente, cabe precisar que la amplia difusión del aforismo en la Red viene acompañada por un creciente aparato teórico-crítico propagado a través de bitácoras, revistas digitales especializadas así como de suplementos culturales de las ediciones electrónicas de periódicos. Lo que Emilie Delafosse (72) constata con respecto al microrrelato, también puede aplicarse al aforismo: la creciente presencia y la divulgación por Internet de los aportes de los estudiosos sobre el aforismo contribuyen considerablemente a la popularidad del género.

Lo que todos esos textos tienen en común, a pesar de sus diferentes entornos y condiciones materiales-retóricas, es que su efimeralidad y su socialidad están mediadas por el lenguaje escrito. Teniendo en cuenta la fusión del texto e imagen en la Red, el presente artículo además extiende la perspectiva hacia los aforismos publicados en colecciones electrónicas de poesía visual contemporánea, lo cual permite trazar el desarrollo del aforismo hasta géneros que trascienden la escritura y muestran que el potencial transgenérico del aforismo se ve aumentado por la Red.

Aforismo y nanoblogueo

“Del aforismo al tuit” (Etxenike) o “Gracias a Twitter, reviven los aforismos” (Coronel): tanto los titulares en los suplementos culturales de los periódicos como los tuits mismos1 proclaman la continuidad entre el género cultivado por Marco Aurelio, La Rochefoucauld o Cioran y los textos breves de máximo 140 caracteres publicados en ese servicio de nanoblogueo. Sin embargo, no todos los 65 millones de textos que cada día se vuelcan en Twitter pueden considerarse aforismos. El hecho de que las noticias breves compartan una característica esencial –la brevedad– con este género no alcanza para vincular los tuits con la tradición de sentencias cultas, que dice remontarse a los teoremas medicinales de Hipócrates y lograr su plenitud en el ámbito de los moralistas franceses. Por ejemplo, con respecto a las protestas estudiantiles iniciadas el año 2012 en Chile, en Twitter se publicaron frases como las expuestas en las figuras 1-4.

 

Figuras 1-4. Tuits publicados en las etiquetas #Chile y #estudiantes

Las primeras dos frases difícilmente se pueden calificar de aforismos. Mientras que el primero relata un mero hecho, el segundo articula una opinión muy subjetiva sobre este. En cambio, las dos últimas frases sí se pueden reconocer como aforismos. Aunque se refieren indirectamente al hecho de las protestas estudiantiles, son observaciones que podrían aplicarse a una serie infinita de otras situaciones. He aquí nuestra definición del aforismo (género que, desde siempre, se ha mostrado esquivo a las definiciones): se trata de un enunciado conciso que resume una serie de experiencias y observaciones particulares2. Comprendido de esta manera, el aforismo es un género transversal que puede inserirse o participar en una serie de tipos discursivos y mediales. De ahí el eclecticismo del corpus que está en la base de este estudio, que va desde el proverbio popular hasta el aforismo elaborado, de la cita hasta la creación propia, de la publicación de aforismos en revistas literarias electrónicas hasta su aparición en los medios sociales como Twitter. Al mismo tiempo, esta definición permite constatar fácilmente que, en contra de muchas afirmaciones que equiparan el tuit con este género, los aforismos son bastante raros en relación con la totalidad de los mensajes que aparecen en los servicios de nanoblogueo. Pues, en general, los 140 caracteres no se utilizan para compartir verdades hasta cierto grado generalizadas, sino, en su mayor parte, para indicar hechos concretos y articular opiniones personales muchas veces superficiales y poco ingeniosas. Enunciar una opinión de manera breve no debe ser confundido con efectuar un acto de pensamiento. La estricta limitación de la expresión no es capaz, como quiere el blogger Antonio Moreno, de convertir “la habitual práctica del tuit en un ejercicio para agudizar el ingenio” (Moreno). Eso sí, cada tuit comparte un rasgo esencial con el aforismo: señala más allá de sí mismo. Mientras que el aforismo remite a la serie de experiencias u observaciones que él mismo resume, el tuit remite a contenidos más amplios dentro de un espacio tanto real como virtual. Luis Mora Vicente lo formula de la siguiente manera en un tuit colgado el día 30 de septiembre de 2010:

[Metatwitter, 3] No hablo de pensamientos de 140 caracteres, por cuanto sus enlaces remiten a otros contenidos más anchos (cit. en Mora 195).

Lo planteado anteriormente, también se aplica a las citas de aforismos ajenos muy comunes en los servicios de nanoblogueo. Usuarios que se llaman a sí mismos “Soy poesía” (https://twitter.com/soy_poesia) o “Aforismos” (https://twitter.com/aforysmos) coleccionan frases agudas de personajes célebres. El límite de caracteres que fija Twitter facilita las citas, las que a su vez permiten la apropiación legal de sabidurías articuladas por líderes políticos, religiosos o artistas. Quien cita un aforismo o una frase, en la mayoría de los casos no lleva a cabo un acto creador, sino que expresa su punto de vista con palabras ajenas. Estas las comparte no solo para comunicar su opinión, sino porque supone que también engloba los puntos de vista de sus seguidores y otros lectores potenciales. Así, la cita no solo comprende la propia experiencia u observación del usuario, sino que le sirve para formular una observación general capaz de incluir opiniones de otros usuarios.

Aunque, por consiguiente, haya que tener cuidado con la equiparación de los mensajes de nanoblogueo con el aforismo, lo que sí se puede decir es que los servicios como Twitter favorecen la creación y difusión de aforismos. Por ejemplo, gracias al afán de citar, Gabriel García Márquez, sobre todo conocido por sus novelas, parece convertirse en aforista el día de su muerte en Twitter. El 17 de abril de 2014, así como en los días que siguen a la fecha en que murió el escritor colombiano, son numerosos los tuits que citan sus frases célebres. Entre las más frecuentes destacan:

Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor.

No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió.

Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía.

No hay medicina que cure lo que cura la felicidad.

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.

Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse.

En la recontextualización de frases de las novelas de García Márquez, hay un alto grado de involucramiento y (re)creación por parte de los usuarios. La plataforma de nanoblogueo facilita una reescritura de los textos de autores conocidos por parte del lector, quien añade a la frase leída su propio sentido, refiriéndola en este caso a la muerte de García Márquez. Además, es la descontextualización y el reenmarcamiento de estas frases lo que las convierte en aforismos. Los usuarios de los servicios de nanoblogueo, al apropiarse de una frase leída en la obra de un novelista o de una cita de esta frase por otra persona (apropiación de una apropiación), la transforman en frase independiente que, siendo retuiteada una y otra vez, puede llegar a adquirir un carácter proverbial.

El deseo de rendir homenaje a García Márquez también inspira a algunos usuarios a escribir sus propios aforismos (Figuras 5-7).

Figuras 5-7. Aforismos tuiteros publicados en la etiqueta #GabrielGarciaMarquez en los días que siguen a la muerte del autor

Sin embargo, son escasos los ejemplos donde los usuarios se convierten en aforistas. La facilidad de publicar un tuit tiende a disminuir tanto la aplicabilidad general como la calidad estética de las frases. A pesar de ello, las condiciones genéricas del aforismo –concisión y abstracción generalizadora– se ven potenciadas por las especificaciones del nanoblogueo. Así, las normas de Twitter han contribuido a la creación de un nuevo género literario llamado aforismo tuitero: escritores como Francisco Hinojosa (twitter.com/panchohinojosah), Elena Poniatowska (twitter.com/Eponiatowska) y Juan Villoro (twitter.com/JuanVilloro56), traductor del aforista alemán Georg Lichtenberg, aprovechan Twitter como medio de difusión de sus aforismos3. Pero también se abren paso autores nuevos y se afirman como aforistas sin el soporte de intermediarios. Gracias a Internet, inmediatamente, los jóvenes aforistas alcanzan una gran cantidad de potenciales lectores. El argentino Lucas Worcel, por ejemplo, ganó 7.000 seguidores bajo el seudónimo Korochi (twitter.com/korochi) gracias a sus aforismos, los cuales han sido comparados por sus lectores con las greguerías de Ramón Gómez de la Serna (Fraguas). Tales ejemplos pueden considerarse pruebas de la idea acerca de que Twitter ha insuflado nueva vida al aforismo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que al mismo tiempo que el género florece en los medios sociales, se multiplican las ediciones de libros de aforismos. Por su parte, el editor José Luis Gallero confiere la presente popularidad del aforismo, más allá de Internet, a su estado híbrido entre “filosofía, poesía y pensamiento moral”, lo que permite al lector un acceso al texto desde varias dimensiones de su vida (Fraguas). Además, el aforismo tuitero rompe con la soberbia del género: “El autor de aforismos quiere ofrecer una verdad cerrada en forma de apotegma. Twitter nos permite evitar esa solemnidad y ensayar o ensayarnos” (Fraguas), afirma Villoro. También se puede argumentar que el género del aforismo responde al gusto por la brevedad, que en nuestros tiempos se debe a una creciente aceleración de la comunicación influenciada por los medios electrónicos. En este sentido, el aforismo reconcilia la creación literaria y el pensamiento filosófico y moral con los requerimientos de la velocidad del mundo actual en que cada vez menos personas se toman el tiempo para leer una obra extensa. Esta idea de la lectura como pérdida del tiempo resuena en uno de los aforismos que el poeta Don Paterson publicó en la revista electrónica Letras Libres:

El aforismo es una breve pérdida de tiempo. El poema es una completa pérdida de tiempo. La novela es una monumental pérdida de tiempo (Don Paterson).

En otras palabras, “los aforismos parecen la vía ideal para alcanzar honduras filosóficas sin quemarse las pestañas” (Fraguas).

El aforismo entre soledad y práctica social colectiva

Gracias a los espacios electrónicos donde se crean, citan y comentan aforismos, el género antaño cultivado en la soledad se ha transformado en práctica colectiva. Ese carácter comunitario del aforismo no es una novedad. En el entorno de los moralistas franceses del siglo XVII, considerado por algunos teóricos como la cuna del aforismo literario moderno (Helmich; Fricke), escribir, leer y discutir sobre aforismos formaba parte de un juego social que Norbert Elias describió como “arte cortesano de la observación de los hombres”.

Este arte cortesano de la observación de los hombres está tanto más próximo de la realidad, cuanto que nunca se orienta a considerar al individuo por sí solo, como una esencia que recibe primariamente desde su interior, sus leyes y rasgos esenciales. Se contempla más bien dentro del mundo cortesano al individuo siempre en su imbricación social, como hombres en su relación con otros. Aun en esto se muestra la total vinculación social de los cortesanos (142).

Tal integración social del cortesano siempre preocupado por su posición dentro de la jerarquía del prestigio de la corte, requería de formas de descripción de los hombres que entrenaran la capacidad de observación tanto de sí mismo como de los demás. Aparte de las memorias, las colecciones de cartas y ciertos tipos de poesía, el aforismo formaba parte de los géneros correspondientes a las necesidades de la sociedad cortesana, ya que se originaba directamente en la conversación social. Por lo tanto, el aforismo no nace del placer de la actividad intelectual a la que el aforista se dedica a solas, sino de una necesidad social.

Mientras que Elias considera el aforismo parte de la comunicación cortesana, Isabelle Chariatte lo sitúa en los salones literarios que permitían a la nobleza cultivar sus actividades intelectuales en la lejanía de las presiones sociales de la corte. Pero también, en ese contexto, el aforismo nace de la interacción entre autores y lectores: “Estamos lejos del mito romántico del escritor solitario, retirado del mundo, inspirado del más allá y meditando sobre la existencia” (67).

A lo largo del siglo XVIII, el aforismo empieza a desprenderse del contexto social de la corte y los salones literarios. Sébastien Roch Nicolas Chamfort escribe sus máximas sin vinculación con la sociedad de los salones. Desde un punto de vista epistemológico, separa al hombre de su entorno cortesano y lo entrega a sí mismo (Jeanson 106-107). Esta soledad se convertirá en el siglo XIX en condición sociológica del aforista. Caracterizando al aforismo como “tan sociable como una piedra”, el novelista y filósofo francés Maurice Blanchot lo identifica como género del aislamiento por excelencia. Probablemente fue el Romanticismo que, glorificando la soledad como condición para que el espíritu se despliegue independientemente, contribuyó decisivamente al aislamiento social del aforista. Maximiliano de Habsburgo, entonces futuro emperador de México, lo formula de la siguiente manera en algunos aforismos que forman parte de sus Memorias publicadas en 1869 en México:

En la soledad es donde el alma alcanza pensamientos sublimes (225).

En la soledad se tiene ocasión de conocerse a sí mismo; punto al que jamás se llega en medio de la agitación del mundo (227).

En la soledad desaparecen las pequeñas preocupaciones, el pensamiento toma una dirección más elevada, y se mueve en un círculo más vasto y más libre (227).

Maximiliano puede ser considerado el precursor de una tradición aforística mexicana que se produce alrededor del Ateneo de la Juventud, fundado en 19094. Mientras que para Maximiliano el aislamiento culto constituía la base para una actitud razonable, Julio Torri, en su colección de aforismos y reflexiones, lo condena al terreno de la insociabilidad y la misantropía:

El solitario se alimenta de sí mismo, a sí mismo destruye. Su paisaje es siempre él mismo, su universo lleno está de sí mismo. Cuando viaja o frecuenta otros hombres inteligentes, tendrá que hacer muchas rectificaciones a sus juicios, ideas y percepciones, errores que proceden del vicio mental que se llama soledad y que ha estorbado el sano y libre desarrollo de su entendimiento, anquilosándolo en un monólogo infecundo. El romanticismo preconiza y exalta la soledad, pero el siglo XVIII, más sabio, ensalzaba la sociabilidad, “flor de la civilización”. Del romanticismo data una desproporcionada estimación del yo respecto de los demás. El romántico es a veces un actor genial en un teatro vacío. Él solo llena y rebasa el grande escenario que es el mundo. A menudo antójesenos el romanticismo como una galería de grandes insociables, grandes huraños, grandes egoístas, grandes solitarios (86).

Aunque Torri condena la soledad del escritor, esta desempeña cierto papel en la vida de los ateneístas, no con respecto al ideal solitario romántico, sino como un aislamiento intelectual condicionado por circunstancias extrínsecas. Después de que Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña hubieran salido del país, a Torri y otros escritores que habían escrito su obra bajo la tutela de Reyes los rodeaba una soledad que los convirtió en “desterrados en su propio país” (Zaitzeff 752) y que contribuía al hecho de que sus obras ocuparan un lugar marginal dentro de la literatura mexicana.

La soledad, tanto en el sentido de marginalidad como en el de la producción solitaria, es sintomática para una gran parte del aforismo moderno latinoamericano. Así, aforistas como el colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) o el brasileño Murilo Mendes (1901-1975) consideran la soledad como precondición para el conocimiento. Mendes escribe en su colección de aforismos O discípulo de Emaús (1944) lo siguiente: “A saudade é uma lei espiritual – abstracão do espaço e do tempo” (826). De esta manera, relaciona la soledad erudita con una de las características formales más destacadas del aforismo. La soledad del aforista constituye la condición espiritual para el rasgo formal de aislamiento espacio-temporal que caracteriza al aforismo. Este tipo de soledad erudita encuentra su máxima encarnación en Gómez Dávila, cuyo libro de aforismos Escolios a un texto implícito, en alemán apareció bajo el título Einsamkeiten (soledades). La actitud solitaria de Gómez Dávila se expresa no solo en el hecho de que no entablara relaciones con otros escritores latinoamericanos, sino también en aforismos como el siguiente:

Canónigo obscurantista del viejo capítulo metropolitano de Santa Fe, agria beata bogotana, rudo hacendado sabanero, somos de la misma ralea. Con mis actuales compatriotas solo comparto pasaporte (385).

A lo cual Julieta Lomelí Balver responde en su blog: “Nicolás Gómez Dávila, si estuviera vivo seguro hubiese encontrado algún amigo interesante en las redes sociales, con quien compartir más allá que el pasaporte”.

El retiro de algunos aforistas se ve menos extremo en el caso de los escritores que, si bien es cierto, no participan en la empresa literaria de su tiempo, sí publican sus aforismos en revistas literarias y culturales. Aunque impidan así la recepción amplia de sus textos breves, por lo menos los hacen circular dentro de ciertas redes intelectuales. Una parte de los aforismos de Reyes, por ejemplo, se publicaron en periódicos y revistas (63), así como los Membretes de Oliverio Girondo, que en su gran parte aparecieron en la revista Martín Fierro. En las revistas vanguardistas el aforismo encuentra un nuevo entorno social, aunque restringido a un grupo determinado de escritores. De esta manera, se recupera en parte el carácter de práctica colectiva del aforismo, carácter que este género había perdido durante el Romanticismo. Sin embargo, los vanguardistas cultivan el aforismo no por necesidad social o por el placer de la observación de los hombres, sino más bien como campo de experimentación en busca de nuevas formas literarias. En la era digital, las revistas –ahora en parte electrónicas– siguen siendo un foro en el que los escritores todavía menos conocidos publican sus frases breves. Tal es el caso de la revista mexicana Letras Libres, heredera de la tradición y el espíritu de la revista Vuelta fundada por Octavio Paz, quien igualmente formaba parte de los aforistas del Ateneo5. Dado que en México hasta el día de hoy los círculos artísticos son bastante cerrados (Urrero 46), las revistas electrónicas facilitan el acceso de autores que todavía no forman parte de ellos. En otros países latinoamericanos también se van creando espacios virtuales que incluyen al amateur en la creación artística. Así, la versión electrónica de la revista colombiana El Malpensante reserva un espacio accesible por todos para la publicación de aforismos, creando así un marco artístico en el que se integran procesos sociales. En este sentido, no solo la recepción, sino también la producción del aforismo se abre hacia la colectividad.

Interacción e interactividad

La soledad en el sentido de la desconexión entre el autor y el lector no solo es una condición del aforismo literario moderno, sino del texto escrito en general. Desde el punto de vista científico del flujo de información, el texto escrito no permite ninguna respuesta directa de parte del lector. Así, la escritura tiene un efecto catalizador sobre la soledad, ya que, según el sociólogo alemán Niklas Luhmann, hace posible la comunicación sin interacción (Assmann 14). Desde una perspectiva tecnocrítica, la computadora no repara esta desconexión, ya que solo puede ofrecer un simulacro de interactividad sin un verdadero intercambio de información. Además, los tecnófilos olvidan lo que los tecnoescépticos enfatizan: que el texto impreso también funciona como vehículo comunicativo con cierto grado de interactividad. Sin embargo, esta comunicación en la mayoría de los casos queda implícita. Como nos ha enseñado la estética de la recepción (Robert Jauss y Wolfgang Iser, principalmente), el lector participa en la constitución de sentido del texto, pero solo una muy pequeña parte de los lectores toman la pluma para escribir una respuesta explícita en la forma de una reseña, crítica o una carta al director de un periódico o una revista. Así, lo nuevo del ciberespacio no consiste en la interacción entre el autor y el lector, sino en que esta interacción se vuelve mucho más rápida, frecuente y hasta simultánea. Asistimos en la Red a una aceleración de los procesos de intercambio de roles, mediante los que el lector se vuelve también escritor.

En los medios digitales, emisor y receptor se encuentran en un espacio virtual común: están conectados por las mismas máquinas y herramientas, escriben y leen al mismo tiempo una textura fragmentaria y dispersa por todo el mundo (Idensen 143). Texto, lector y escritor, mundo y sociedad constituyen en su conjunto una red rizomática, la que abre un nuevo espacio para procesos de intercambio textual, discursivo y conversacional (Idensen 155). La sensación de los usuarios de estar presentes en el lugar virtual que constituye esta red crece en la medida en que la experiencia en un contexto de comunicación mediado por el ordenador es interactiva (Lacabanne 147). En este lugar accesible desde todos los lugares, el origen temporal de un texto pierde su importancia. En Internet coexisten todos los textos, independientemente del momento cuando ingresaron en la memoria colectiva, como muestra el ejemplo de las citas de frases célebres de Gabriel García Márquez en Twitter.

En las ciencias de la comunicación se distinguen básicamente dos tipos de interactividad, por un lado, una que se refiere a las posibilidades de comunicación instantánea a distancia entre personas mediante los aparatos electrónicos y, por otra, la que concierne a los grados de control que el usuario puede ejercer en un proceso de comunicación dentro de posibilidades preestablecidas por el diseñador de un programa informático (Lacabanne). El primer tipo, también designado como interacción, tiene relevancia sobre todo para la comunicación entre personas, el segundo, para la conexión entre personas y aparatos.

En la base de esas dos vertientes podemos describir más detalladamente los grados y tipos de interacción o interactividad de las prácticas de buscar, leer, citar, escribir y comentar aforismos en Internet.

a. La interacción entre emisor(es) y receptor(es)

Un primer nivel de interacción consiste en las experiencias de lectura y categorías genéricas compartidas por el escritor y el lector. A través de la perspectiva abierta por la estética de la recepción se ha divulgado la idea de que cada autor también es un lector, en la medida en que escribe ante las expectativas formadas desde su experiencia lectora. Se trata de una interacción mínima que no excede el grado de interacción tradicional entre el autor de un texto impreso y su lector. Concierne, por ejemplo, a los libros electrónicos de aforismos sin opción de calificación o comentario por parte del lector. Estos tocan un segundo aspecto de igual manera característico de los medios masivos de comunicación tradicionales: la comunicación de una vía (one-way communication, Bretz).

Otras apariencias del aforismo en Internet trascienden en un primer paso el modelo de comunicación al que los géneros breves eran sometidos antes de la existencia de los nuevos medios: ofrecen la posibilidad de reaccionar a los aforismos publicados. Este tipo de “comunicación reactiva” (responsive communication, Bretz) se puede dividir en dos opciones: una implícita que permite al usuario compartir, por ejemplo, un enlace en su página de Facebook o en Twitter (elmalpensante.com), incluyendo un widget que se actualiza automáticamente cada día en su blog o página web (aforismos.net). La segunda opción reactiva consiste en la posibilidad de responder explícitamente a un aforismo y calificarlo escogiendo entre una señal de conformidad o disconformidad (elmalpensante.com), o crear un comentario en Facebook, Twitter, Google+, o también en un espacio que se abre bajo el aforismo tras haber hecho clic en el botón “comentar” (citador.pt, elmalpensante.com).

En un tercer nivel, la comunicación por aforismos en el espacio virtual se vuelve completamente interactiva (fully interactive communication, Bretz). En Twitter, los aforismos constituyen elementos de un discurso común multilateral, en el que A publica un aforismo, B (C, D…) responde a este, A tiene la posibilidad de responder a B (C, D…), etc. En el caso de este tipo de comunicación, se crea un entorno caracterizado por una sensación de lugar y que acerca el aforismo tuitero a los antiguos salones literarios. Así, el aforismo se beneficia del surgimiento de nuevas comunidades de carácter virtual, en una sociedad occidental en la que el sentido mismo de comunidad está en crisis (Cleger). Sin embargo, en los “salones virtuales” falta el componente de la oralidad inmediata. Aunque se constituya “un sentimiento de reunión pública” (Escandell Montiel 120), no todos los participantes están presentes al mismo tiempo y las conversaciones no están necesariamente vinculadas (Lessig 55, cit. por Escandell Montiel 120). En cambio, todas las informaciones son visibles para todos al mismo tiempo. Esta simultaneidad está estrechamente vinculada con la translocalidad de la Red que permite el acceso a informaciones de todos los tiempos desde todos los lugares. Por lo tanto, ya no es solamente decisión del autor lo que comparte en un cierto momento, sino que los usuarios pueden elegir los textos que quieren leer.

b. Interactividad entre usuario y programa electrónico

El danés Jens Jensen define la interactividad como “una medida de la capacidad potencial del medio para dejar al usuario ejercer una influencia en el contenido y/o en la forma de la comunicación mediatizada” (trad. por Lacabanne 144). En este sentido, los aforismos publicados en Internet se sitúan por lo menos en tres niveles de interactividad.

El primer nivel, el que Jensen llama interactividad de transición (transmissional interactivity), permite al usuario elegir “de un flujo de información en un medio unidireccional” (Lacabanne 145). Las páginas donde aparecen los aforismos contienen otros hiperenlaces, que llevan al usuario a otros textos. Un ejemplo serían las colecciones de aforismos y proverbios en Internet, donde el usuario puede escoger –además de enlaces publicitarios parpadeantes– entre diferentes categorías genéricas (citaciones, poemas y rimas, ensayos breves, proverbios, adivinanzas), así como entre temas, autores y palabras clave. En este caso, la actividad del usuario consiste en la exploración, es decir, en la selección de enlaces para determinar la próxima etapa de lectura, lo que le permite crear conexiones intertextuales y actualizar “el diálogo virtual entre los textos” (Delafosse 74).

Un segundo nivel, llamado por Jensen “interactividad de consulta” (consultational interactivity), entra en vigor cuando, en el tipo de páginas mencionado, el usuario puede plantear preguntas al sistema insertando palabras clave para obtener ciertos resultados de búsqueda.

El tercer nivel de interactividad consiste, finalmente, en que el usuario puede introducir contenidos propios citando (wikiquote.org, africultures.com) o creando (elmalpensante.com, Facebook, Twitter, blogs) aforismos él mismo y así codiseñar los contenidos del programa. Vemos que, desde el punto de vista de las ciencias comunicativas, la diferencia entre citar y crear aforismos no desempeña un papel primordial, ya que ambos se sitúan en el nivel más alto de la interactividad. Ambas opciones de interactividad tienden a convertir al lector de aforismos en línea en cocreador (Delafosse 75). De esta manera, las posiciones del autor y el lector se entremezclan más allá de lo que supone la estética de la recepción. En la Red, el lector no solo participa en la construcción de sentido de un texto, sino que está implicado en el proceso mismo de su producción. Los textos o corpus textuales se transforman mediante pequeños pasos, lo que deriva en un tipo de autoría que ya no puede ser atribuida de manera exclusiva a un individuo: se fragmenta y se colectiviza al mismo tiempo.

Figura 8. Encuadre de la página de aforismos de la revista electrónica

El Malpensante. (http://www.elmalpensante.com/aforismos, 19.03.2015)

La generalización de la autoría: formas breves y “e-folklore”

Los proyectos participativos, los que se localizan en el tercer nivel de interactividad, en principio están abiertos a todo usuario. No obstante, se mantiene la atribución de la autoría y la separación de los aportes individuales. Son iniciados por un individuo o un grupo de personas que determina el marco y controla los procesos, cuando por ejemplo la programación determina la estructura de las contribuciones.

Así, tales proyectos, en parte, siguen obedeciendo a los principios de la cultura libresca (Heibach 171). Sin embargo, las formas de colectividad creativa que encontramos en Twitter o en los espacios donde se pueden citar y crear aforismos libremente, burlan el modelo de autoría del libro. No entran en vigor los criterios artísticos que permiten a un autor la publicación de un libro mientras que a otro la niegan. El derecho a la autoría artística se convierte en bien común. Algunos jóvenes escritores aprovechan esta generalización de la autoría “como medio de experimentación literaria para hacer epigrama, poemínimo, microverso, poetuit, haikú, microcuento, aforismo, etcétera” (Moreno et al.). Otros, que carecen de creatividad propia, se transforman en aforistas citando a otros autores. Como comenta Margo Glantz:

Y no solo eso, tuitear constituye un gran desafío, permite caer de bruces en el narcisismo flagrante sin que los parámetros tradicionales de modestia nos ruboricen. Se puede publicitarse [sic] de manera desvergonzada y lícita; difundir, como si fueran aforismos, textos de nuestros escritores favoritos; lograr que el tuitero se convierta en un poeta japonés: ¿quién que es quién no intenta ser ingenioso, transgresor y pergeñar con 140 caracteres (con espacios) maravillosos haikus?

La generalización de la autoría de formas breves en la Red no solo concierne a las creaciones que se pueden calificar de artísticas. Aparte de la difusión de poesía propia o ajena, los medios sociales como Twitter permiten una reacción inmediata a nuevos fenómenos, problemas o acontecimientos, reacción que ya no queda reservada solo para los periodistas o críticos de cultura. Todo individuo que sepa escribir y que tenga acceso a Internet puede articular su opinión sobre asuntos políticos, sociales y culturales. Este tipo de intercambio de opiniones personales tiende a crear un nuevo género de folclore escrito, oral y visual que ha sido llamado “e-folklore” (Krawczyk-Wasilewska 248) o “netlore” (Frank)6.

Para los folcloristas tradicionales, el folclore refleja sistemas de valores, normas y estereotipos aceptados por un cierto grupo social, que se articulan en creencias, ritos, costumbres y géneros como los cantos y cuentos populares, proverbios, etc. Para los antropólogos culturales, el folclore, como parte de una cultura simbólica, revela las actitudes y cosmovisiones cotidianas de grupos sociales. En este segundo sentido, los medios sociales se revelan como una abundante fuente donde es posible observar un pensamiento cotidiano compartido por grupos de usuarios por medio de chistes, leyendas urbanas, fotografías modificadas, noticias falsas, declaraciones de prensa, parodias de canciones, poemas, publicidad política y comercial, caricaturas (animadas), películas breves efímeras (Frank 7) y citas o aforismos.

Ambas tendencias folclóricas, los sistemas de valores relativamente duraderos y las manifestaciones de un pensamiento cotidiano efímero, están presentes en la Red en forma de aforismos y proverbios. La primera tendencia sobre todo se manifiesta en las colecciones electrónicas de frases breves. Estas, sobre todo cuando están ordenadas por países, prolongan las colecciones de literatura oral (cuentos, fábulas, leyendas, proverbios, refranes, adivinanzas, preceptos, etc.) elaboradas por etnógrafos, administradores coloniales, maestros y misioneros a partir de finales del siglo XIX en las excolonias españolas, francesas y belgas (Lay Brander, “Transferts de ‘sagesse noire’” 81-92). Este afán de coleccionar proverbios de una comunidad nacional o social se ha mantenido hasta hoy, tanto en forma de libros como en forma digital. Lo que distingue las colecciones de frases breves en Internet de un Refranero Mexicano o de colecciones como Provérbios brasileiros y Contes, dictons, proverbes et devinettes du Cameroun et du Togo es la preponderancia del idioma sobre el origen nacional, étnico o genérico7. Así, una cita de Oscar Wilde traducida al español se encuentra al mismo nivel que un proverbio africano y por pocos clics se llega desde un aforismo del escritor español Wagenberg a una sabiduría confuciana. No es un secreto que además de borrar los límites entre naciones y grupos sociales creando un espacio virtual transnacional, la Red deconstruye las jerarquías establecidas por el canon. Mientras que el refrán formaba y sigue formando parte del habla popular –en http://www.aforismos.com los refranes son clasificados como “Máximas del acervo popular”–, el aforismo científico o literario se cultivaba exclusivamente en los círculos cultos: en los salones literarios, en las redes intelectuales o en los círculos de amigos más íntimos de algunos aforistas. En las colecciones electrónicas de microtextos coexisten en un mismo sitio las citas literarias con los refranes, las frases cultas con los dichos populares. Solo cuenta la capacidad de esos microtextos de adicionar experiencias y observaciones particulares más allá del tiempo y del espacio en que fueron creadas8. Así, las colecciones electrónicas de aforismos confirman el hecho de que Internet borra el límite entre oralidad y escritura establecido en el siglo XIX, cuando la literatura occidental se había formado como sistema social independiente. El hipertexto da sacudidas al concepto occidental tradicional de literatura no solo fragmentando, pluralizando y democratizando la autoría, sino también acercando lo culto a lo popular y la escritura a la tradición oral.

En cuanto al segundo fenómeno del folclore electrónico, sobre todo manifiesto en la circulación de citas y en la publicación y reenvío de microtextos en los medios sociales, da información acerca de las preocupaciones cotidianas de un gran público. Ninguna pieza de folclore se sigue transmitiendo si no expresa un punto de vista compartido. Así, la frase “Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía” de Gabriel García Márquez se ha tuiteado más de 500 veces entre el 19 de enero y el 19 de marzo de 2015. En cambio, la frase “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor trabajo que el periodismo”, igualmente de García Márquez, solo se encuentra en un solo mensaje dentro del mismo período. Mientras que la segunda frase solo articula el punto de vista de un cierto grupo profesional, dentro del que probablemente no todos estarían de acuerdo con esta afirmación, la primera parece expresar preocupaciones ampliamente compartidas: el miedo a la soledad y a la ausencia de amor o erotismo. El hecho de que este aforismo toca algunas de las necesidades humanas más básicas (comunidad e intimidad), asegura su alta presencia en el mundo virtual.

Citados de memoria, como ocurre en el caso de “Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía”, algunos fragmentos circulan y se transforman hasta perderse en el anonimato. En este sentido, también se acercan al material folclórico cuyo origen ya no es verificable (Zaid). Como medio de difusión ilimitada, Internet contribuye a borrar el origen escrito de una serie de frases, así como el hecho de que muchas veces formaban parte de una obra más amplia. Así, nace en la Red un nuevo género de folclore que ya no corre de boca en boca, sino de post en post.

Multimedialidad e intermedialidad del aforismo en la Red

Además de facilitar la difusión de los aforismos, la Red promueve las formas multimediales del aforismo, es decir, su presentación en combinación con otros medios (visuales, indexicales, auditivos)9. Los aforismos ilustrados en videos y publicados en Youtube proporcionan un ejemplo10. Refiriéndose a la mera coexistencia de diferentes medios, la multimedialidad no tiene efectos transformadores sobre el aforismo: los aforismos citados o ilustrados en Youtube mantienen el orden secuencial del lenguaje y así se pueden entender perfectamente sin los medios que los rodean. En cambio, la intermedialidad ha sido descrita en términos de “fusión conceptual”, que se lleva a cabo cuando los diferentes medios se entremezclan hasta que ya no se pueden distinguir (Higgins 52-53). Esta fusión de diferentes medios, a diferencia de la multimedialidad, provoca un efecto de transformación (Heibach 94-95): los medios digitales favorecen el entrelazamiento del lenguaje con otros signos y así promueven la creación de nuevos géneros que se desprenden de un marco meramente literario. Para algunos críticos, la literatura digital sigue refiriéndose principalmente al “hipertexto”, el que se considera como un nuevo género literario que se ha adaptado a los requerimientos del medio mostrando características como el uso de frases y acápites más cortos y construcciones fragmentarias o no-lineales En los últimos años, sin embargo, el concepto de literatura digital se ha convertido en un recipiente que contiene una gama amplia de géneros, tales como: la poesía concreta kinética, las instalaciones interactivas, las novelas blog, etc. (Goicoechea 187).

El aforismo, por su naturaleza corta y fragmentaria, se corresponde perfectamente con las imposiciones del medio digital. Si Fernando Clemot explica la correlación entre el microrrelato y la Red “por el hecho de que ‘brevedad e inmediatez son características definitorias’ en ambas formas de expresión” (Delafosse 72), esto también es correcto en cuanto al aforismo. Este, cabe precisarlo, no solo se asocia fácilmente con los espacios hipertextuales, sino también con los géneros no discursivos. Ejemplo de ello son algunas obras de poesía visual que se han publicado en Internet y que comparten los rasgos principales del aforismo, las cuales resumen una serie de experiencias u observaciones particulares en un fragmento no solo textual, sino texto-visual (figuras 9 y 10). En el primer fragmento (figura 9), se combinan palabras sueltas, que permiten varias versiones de un aforismo (“Arte es lo que tú digas” o “Es arte porque tú lo digas”), con improntas de unos labios en movimiento. En el segundo ejemplo (figura 10), es la frase “No hay nada más peligroso que una mente cerrada”, la que “cae” en un paraguas puesto al revés. Sin entrar en los detalles de una interpretación de estas piezas de poesía visual, salta a la vista que el orden lineal del aforismo se disuelve sin que este pierda su agudeza.

Figura 9. Poesía visual mexicana 2/23
(http://www.poesiavisualmexicana.com.mx/volumen2.html, 19.03.2015)

Figura 10. Poesía visual mexicana 5/48
(http://www.poesiavisualmexicana.com.mx/volumen5.html, 19.03.2015)

El aforismo y la poesía visual provienen de tradiciones artísticas distintas, cuyos puntos de intersección cada vez más frecuentes, desde mi perspectiva, aún no han sido tematizados por la crítica. Además, el “aforismo visual”, por así llamarlo, no tiene su origen en Internet. Muchas piezas de poesía visual fueron presentadas en libros y exposiciones antes de ser publicadas de nuevo en páginas de Internet11. Sin embargo, la Red les ha otorgado una nueva vida tanto a la poesía concreta (Goldsmith 61-62) como al aforismo. Por lo tanto, no es de extrañar que estos dos géneros se fusionen sin problemas en este nuevo entorno privilegiado para ambos. Además hay que reconocer que la Red, por sus capacidades multimediales, constituye un espacio predilecto para la representación de obras intermediales. Por tanto, el carácter transgenérico y texto-visual del aforismo se ve potenciado en Internet. La presencia en la web no solo facilita la intermedialidad dentro de una obra, sino también la vinculación de obras provenientes de diferentes tradiciones artísticas con la ayuda de enlaces. Por ejemplo, en enero de 2004 se publicó en la versión electrónica de Letras Libres un ensayo de Gabriel Zaid titulado “Citas y aforismos”, que hace referencia a la obra Citas y aforismos 2112 (Figura 11) publicada en 2003 por Manuel Monroy en la misma revista. Sin ser el texto de Zaid un comentario crítico de la obra de Monroy, el hecho de enlazar las dos páginas y retomar parte del título de la obra de Monroy junto con insertarla en el texto, es una manera de vincular los géneros del aforismo y la poesía visual.

Aunque la obra de Monroy en principio no fue creada para su publicación digital, su inserción en el ciberespacio permite un diálogo entre ella y otras formas de expresión digitales. Lo que distingue este intercambio entre autores y obras en las revistas electrónicas del diálogo que se sostiene entre varios autores en las revistas impresas, es su vínculo por enlaces, cuestión que crea una relación dinámica e inmediata entre diferentes obras discursivas y artísticas, situándolas en un mismo espacio abierto y virtual. El espacio cerrado de la página impresa se abre a un espacio infinito compuesto de una red de “relacionalidades” potencialmente ilimitadas.

Conclusión

Las posibilidades y requerimientos que conllevan los medios digitales reviven o potencian ciertas características que el aforismo tenía en el pasado, al mismo tiempo que tienden a deconstruir o transformar otras. Ofreciendo nuevas formas de interacción, los medios sociales reaniman el carácter de recepción comunitaria que el aforismo tenía en el entorno cortesano del siglo XVII y XVIII en Francia y el que había perdido durante el Romanticismo. Por su brevedad, el aforismo fomenta la comunicación rápida e inmediata al mismo tiempo que, por su grado de abstracción, es capaz de englobar las opiniones de varios e, incluso, de una cantidad ilimitada de usuarios. En el último caso, el aforismo se convierte en un género de folclore electrónico, que transmite tanto un saber tradicional como las preocupaciones cotidianas de un gran público. Este fenómeno de e-folklore va de la mano de una fragmentación, pluralización y democratización de la autoría, que ya no queda reservada solamente al aforista-poeta, también presente en la web. Además, las posibilidades multimediales e intermediales de la Red potencian la transgeneridad y transmedialidad del aforismo, es decir, su capacidad de conectarse o fusionarse con otros tipos discursivos, artísticos o mediales y así libera al aforismo de la relación firme que contrajo con la escritura durante el siglo XIX. En suma, las manifestaciones del aforismo en Internet dan un ejemplo de cómo la digitalización contribuye a derribar las fortalezas del sistema moderno en el que se enmarca la literatura occidental, abriendo paso a un sistema dinámico e intermedial del género, que engloba espacios transociales y transculturales.

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Zaitzeff, Serge I. “Hacia el concepto de una generación perdida mexicana”. Revista iberoamericana 55/148-149 (1989): 751-757. Impreso.

Recepción: 06.04.2015 Aceptación: 14.05.2015

1 Para citar solo algunos ejemplos muy recientes: “twitter es un gran centro de aforismos, 140 caracteres para expresar una idea me parece genial y desafiante…” (20.02.15); “En 1860 Muere Manuel Carpio, poeta, político y médico, escribió aforismos, estilo de escritura que ahora renace en Twitter” (11.02.15), (faltas de ortografía en el original); “Arthur Schnitzler y Robert Musil no parecían en su día muy partidarios de los tuits, antes denominados ‘aforismos’” (09.02.15). Para citar solo algunos ejemplos muy recientes: “twitter es un gran centro de aforismos, 140 caracteres para expresar una idea me parece genial y desafiante…” (https://twitter.com/ezequielgiova/status/568649665194930176); “En 1860 Muere Manuel Carpio, poeta, político y médico, escribió aforismos, estilo de escritura que ahora renace en Twitter” (https://twitter.com/PRDLegislatura/status/565582262868385792, faltas de ortografía en el original); “Arthur Schnitzler y Robert Musil no parecían en su día muy partidarios de los tuits, antes denominados ‘aforismos’”(https://twitter.com/quintanapaz/status/564911987512340480).

2 Optamos por una definición básica basada en la que André Jolles ofrece de la locución, la que incluye una pluralidad de variaciones (máxima, sentencia, refrán, proverbio, apotegma, entre otros) de un género que, desde siempre, se ha mostrado difícil de definir (Jolles).

3 Estos autores figuran en la lista de “15 escritores hispanoamericanos para seguir en twitter” publicada en la revista electrónica Arcadia.

4 Al grupo le unía su admiración por la literatura europea, que adaptó a un contexto genuinamente latinoamericano. Una de las características más importantes de las obras del grupo es su afinidad con la perfección estilística que se articulaba en las formas breves como el aforismo, el ensayo breve y el poema en prosa. “Estos géneros –a veces híbridos– les permitían captar el germen de una idea sin tener que desarrollarla o agotarla, lo cual corresponde exactamente a su exigente concepto del arte. La brevedad, la concisión, la sugerencia, apuntan hacia un lenguaje que se podría llamar generacional” (Zaitzeff 755).

5 Por ejemplo, en febrero de 2015, se publicaron en esta revista veintinueve aforismos del poeta y músico escocés Don Paterson.

6 Mientras que el e-folklore incluye también formas de expresión orales (aunque sean puestas por escrito), “netlore”, según Frank, carece de oralidad: “Netlore, then, is not oral, it is not communicated face-to-face, is not passed from generation to generation and does not exhibit much variation” (9).

7 No obstante, algunas colecciones de proverbios ya anticipan este aspecto transnacional, sobre todo cuando, como en el caso de África, las fronteras lingüísticas no coinciden con las fronteras nacionales. Además, existe una serie de antologías de aforismos que reúnen fragmentos en diferentes lenguas traducidos al español.

8 Tampoco importa si se trata de un fragmento que se desprendió de una obra más amplia o de una obra en sí misma.

9 No hay que olvidar que el aforismo digital, como cada texto electrónico, es intrínsecamente intermedial por su materialidad técnica, siendo al mismo tiempo interfaz y programación (Goicoechea 200).

10 Así, se han realizado en pantalla aforismos de Pablo Picasso (www.youtube.com/watch?v=MFZXcmOJFIg, 13.03.15) y del director Robert Bresson (www.youtube.com/watch?v=723UQ2W7yQU, 13.03.15).

11 Eso también ocurre, por ejemplo, con los artefactos de Nicanor Parra, publicados en el sitio de la Universidad de Chile dedicado al autor (http://www.nicanorparra.uchile.cl/index.html).

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