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La prostitución de la antropología.


Origen: La prostitución de la antropología.

La prostitución de la antropología.

¿Has oído hablar de los conceptos como “etnobuiler” “etnoshopper”o “etnozoom”? Desde luego que si no lo has oído no estás a la última en antropología.

Hay un debate inmenso sobre  la antropología, si esta  tiene que realizar su labor como ciencia al servicio de la empresa pública o privada o seguir siendo una ciencia que observa y trabaja desde la academia.

La académica, continúa con la labor de formar a los nuevos antropólogos que salen de la universidad buscando un lugar donde aplicar el conocimiento adquirido, la otra me parece maquiavélica y desconcertante en donde el debate ético está asegurado.

Ya hemos podido observar como antropólogas patriotas y amantes de su nación han aplicado la antropología al servicio de su Estado comoMargaret Mead, o como los antropólogos han asistido a la guerra para recabar información sobre las comunidades en donde, su propio Estado, estaba atacando y destruyendo con la fuerza armamentística  a pueblos desprotegidos que sin comérselo ni bebérselo han observado como sus vidas eran destruidas. Mientras tanto, el antropólogo estaba a pie de cañón con su uniforme miliciano recabando información para el Estado, como en el famoso Human Terrain System.

La antropología tiene que buscar nuevos escenarios en donde poder aplicar la etnografía y cualquier escenario en donde se den relaciones sociales el antropólogo puede indagar y concluir que puede ser un campo de observación y de aplicación antropológica. Pero, ¿donde queda la ética de las antropólogas que están al servicio de su Estado? ¿Acaso se preguntan para qué va a ser usada la información recabada a través de la etnografía? ¿Hacia dónde va a ir su investigación etnográfica?

Cuando estudiaba ética y trabajo de campo, la profesora nos daba unas pautas para andar con ojo sobre cuál iba a ser la fuente de financiación del proyecto de investigación y de que hay que ser claros ante los agentes que requieren nuestra labor como antropólogos.  Si en cualquier momento del proceso de investigación pudiera ser perjudicial para las personas implicadas,  habría que aplicar el principio de no maleficencia hacia las personas que estudiamos.

Ahora me quedo estupefacto al conocer que la Antropología Industrialnace como subdisciplina al servicio del mercado y de la empresa. Antropólogos especialistas en márquetin, publicidad y consumo, entre otras especialidades, observan cual es el comportamiento del consumidor y la relación que tiene con el objeto de consumo.

Nacen nuevos conceptos como el “etnozoom” que como la propia palabra indica, se trata de aumentar la mirada, darle al objetivo y acercar el zoom hacia sectores de la sociedad, como los jóvenes, las madres o los ancianos para indagar el consumo, usos y costumbres de un determinado sector de la sociedad.

El “etnosetter” en donde se indagan tendencias mundiales de consumo en ámbitos locales, modas y tendencias.  Los posmodernistas estarán contentos con este tipo de etnografía.

El “etnobuiler”  evalúa el uso de los productos en contextos de uso real y busca mejorar el diseño.

Y si ya quieres hacer un combo completo al servicio de la empresa pública o privada con el “etnopack” puedes observar  e identificar dificultades en el uso en un contexto real y así proponer posibles innovaciones en el producto.

Si lo deseas puedes hacer una “etnoshopper” y analizar el comportamiento del consumidor cuando realiza la compra antes y después de comprar el producto. Algo así como un asesor de consumo. Esto me resulta bastante extraño. Tendría que  observar el comportamiento de una persona relacionada con el objeto que ha comprado. Esto es un poco maquiavélico.  Se trata de observar personas que se relacionan con otras personas, si una persona compra una olla eléctrica…¿tengo que observar cual es la relación de esa persona con la olla eléctrica?

Y ya si hablamos del márquetin antropológico, apaga y vámonos.¿Estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para ganarnos el pan con la antropología? Está claro que conseguir un puesto de trabajo en la academia está complicado y funciona a base de un padrino, vamos del enchufe, en una gran mayoría de casos y algunos pensamos que la antropología no tiene que ser sólo académica. 

Por lo tanto trabajar en la academia casi que descartado, no tengo la suerte que tuvo la cenicienta cuando le apareció su hada madrina. Por cierto, asco de cuento. Trabajar como antropólogo industrial puede ser interesante, pero, con la salvedad de que  se conozca cual es el propósito de esa empresa que necesita a un antropólogo, de qué forma trabaja esa empresa y dejarle bien claro que en cualquier momento se puede anular la investigación ante cualquier atisbo maleficente hacia las personas que estudiamos.

Pero claro, en tiempos de crisis y con tantos antropólogos parados que no encuentran su nicho en el mercado, es muy probable que la antropología se prostituya al servicio del capitalismo el cual sigue haciendo tanto daño a este mundo loco que observamos con tantas injusticias y en donde los imperios empresariales manejan como monigotes a los políticos que no hacen más que dar beneficios a las empresas explotando a sus ciudadanos a base de un cacho de pan mientras se frotan las manos y se ríen del mundo teniendo el poder en sus manos.

Por lo tanto los antropólogos que no aludan al compromiso ético ofreciendo el conocimiento antropológico al  servicio de la empresa se prostituirán para ganar una hogaza de pan mientras sus jefes, los empresarios, se beneficiarán de sus “etnoshoper”, “etnobuiler” o “etnosetter” cuando esto en realidad tiene un nombre y es “etnomaleficencia”.

“Etnomaleficencia”: Hacer etnografía al servicio del empresario  que busca recabar información sobre las relaciones, usos y costumbres de cualquier persona relacionada con el objeto, el producto o el servicio que es fabricado y consumido por las personas que investiga el antropólogo, siendo estas engañadas a través de estrategias comerciales e inducidas para y por el consumo.

Y por fin ya puedo pasar al diccionario de antropología como la primera persona que describió que es la etnomaleficencia.

Por suerte no tengo ninguna asignatura en el programa universitario que trate sobre la Antropología Industrial como subdisciplina, pero, supongo, que en un futuro la implantarán porque realmente pienso queun antropólogo puede hacer muy bien este tipo de etnografías, pero, me preocupa que un antropólogo sirva a un gran multinacional a cambio de un sueldo y de vender e intentar que consuma más una persona usando la etnografía a favor del que tiene el poder, el empresario adinerado.

Por poner un ejemplo, supongamos que una empresa maderera fabrica muebles y el antropólogo está haciendo márquetin antropológico para que las personas compren esos muebles, tal vez esa empresa consiga la madera a base de talar hábitats en donde hay otras personas que necesitan de ese hábitat pero que la empresa maderera ha destruido, al servicio del mercado con un objetivo final hacia el consumo de las personas en las que el antropólogo ha participado  con su conocimiento en márqueting antropológico y sin sopesar que tras vender esos productos otras personas están pasándolo mal y luchando por sus derechos. Ya se sabe que pocas empresas miran por los derechos de sus trabajadores sino no existiría eso que llaman sindicalismo.

Si ya en los inicios de esta ciencia nos pusimos del bando de la metrópoli estudiando a los pueblos “primitivos” y colaborando con el sistema capital para que siguiese expandiéndose, años más tarde, hubo una brecha  y un cambio teórico en la que estos antropólogos fueron criticados por su participación en el colonialismo y en la cual la antropología se volvía crítica hacia el trabajo de  campo creando un código ético para que este tipo de sucesos no volviesen a ocurrir, ahora, parece que la antropología, viendo que el camino crítico no ha ayudado mucho y que la encapsulación en la academia queda bastante reducida en la que el saber parece que lo tienen cuatro, nuestra querida ciencia comienza a mirar y a apostar por el que tiene el poder, el mercado. Una conciliación en la que los posmodernistas trataron de que no volviera a ocurrir, pero, el money es el money, la plata llama a la plata y todos queremos sacar tajo con nuestros conocimientos adquiridos.

¿Estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por conseguir dedicarnos a la antropología?

Yo desde luego que no. Y estoy deseando terminar el grado para poder decir, ahora soy antropólogo, pero, cuanto más estudio y escribo, tal vez, cuando termine y consiga el maldito título, ya no me hará tanta ilusión decir que soy antropólogo al observar las costumbres y usos que van y vienen en esta disciplina de la cual formamos parte.

Copio comentarios de antropolog@s en Colegio de Antropologos de Chile:

Eliana Barrios Fuentes Que la etnografía debe ser independiente eso si, no al servicio del estado ni de la empresa privada, ya lo dijo Bronislaw y que puede y a veces no debe estar en la academia también.

Eugenia Ruiz Bry
Eugenia Ruiz Bry Estimadxs colegx, INCOGNITO colega…??? No acuerdo con este título,ofensivo!! HAGA SU DESCARGO, ES UNA AFRENTA GRAVE!!! caracterización tan propia y adecuada a terminologías que brillaron por los ´90, en una vacía idea de pos-modernidad,( y que cuales sucesos la constituyen..?) que se dedicó a vaciar de sentido,el lenguaje -que guarda las coordenadas de la cultura- en sus claras nociones señeras,representativas y descriptivas de la vida cotidiana. Por otro lado le comento, que estas prácticas “cipayas”, y le adjunto RAE. def. ((deviene del SXVIII….justamente, tal esta categoría guarda en su significado/s ( 1-Soldado indio de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña. 2-Secuaz a sueldo)) no son nuevas…….en nuestra profesión ( y en todas las profesiones y el mundo tampoco…) Y que tenemos un ejemplo, – en nuestro contiente americano- ¿¿¿No sabía que EE.UU que contrató antropólogos en la guerra de Vietnan, donde hicieron Trabajo de Campo, para justamente conocer, las formas y maneras de esa cultura, en para el “Imperio”, No sabía???. Pues nada, que prensa amarilla, y falta de conocimiento, es lo que abunda!!

“Netnography”


“Netnography”.

 

“Netnography”

Originalmente publicado en Blog SPMI:

Relativamente recientemente se ha popularizado el término “netnography” para denominar la investigación etnográfica online. Uno de los asuntos que se han planteado es que no existen grandes diferencias entre la vida online y la vida offline por lo que pueden ser aplicadas las técnicas de la etnografía para investigar la dinámica de los grupos online, el desarrollo de comunidades virtuales, construcción de identidad online, etc. Kozinets es conocido en el área de mercadeo por reclamar esta línea de investigación (ver http://www.etnografiavirtual.com/2011/12/26/la-netnograf%C3%ADa-de-kozinets-la-revoluci%C3%B3n-en-los-estudios-de-mercado/ ).

¿Cuál es tu posición al respecto de la diferenciación online/offline y la posibilidad de aplicar métodos etnográficos al estudio de lo social en los espacios que provee el Internet?

LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR


Revista Divergencia ISSN: 0719-2398

N°2 / Año 1 / julio diciembre 2012 / pp 111-123

LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR

 

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Cristian Suazo Albornoz

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de Concepción, Chile. Correo electrónico: cristisuazo@udec.cl

RESUMEN:

El presente artículo tiene como principal objetivo justificar sistemáticamente la importancia que posee la “memoria histórica” –en tanto recurso historiográfico– para la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopolíticos populares durante el período de la Unidad Popular. Para el cumplimiento de tal propósito, serán considerados los aportes de diversos historiadores que han profundizado –y debatido– sobre la potencialidad de esta fuente histórica, articulando estas contribuciones a una sistematización que integra los siguientes criterios analíticos: significado, características, y función/funcionalidad. Con esta propuesta se pretende posicionar científicamente a la “memoria historia” en el necesario proceso contra hegemónico de reconstrucción del pasado de las clases subalternas en nuestro país, especialmente, sus experiencias de movilización social y política durante la “vía chilena de transición al socialismo”.

Palabras clave: Memoria histórica – movimientos sociopolíticos – sujetos históricos – clases subalternas – recurso historiográfico.

ABSTRACT:

The main purpose of this article is to justify systematically the importance that the ”historical memory” has – among historiographic resources– for the reconstruction of the history of popular socio-politic movements during the ”Unidad Popular” period. In order to achieve the purpose, it will be considered several historians’ contributions, who have gone further in –and discused– the potential of this historical source, articulating these contributions to a systematization which integrates the following analytic criteria: meaning, characteristics, and function/functionality. Through this proposal, it is expected to set scientifically the ”historical memory” in the necessary counter-hegemonic process of reconstruction of the past subaltern classes in our country, specifically their experiences in social and political movements during the ”Chilean way of transition to socialism”.

Keywords: Historical memory – sociopolitic movements – historical subjects – subaltern classes – historiographic resources.

Recibido: 17 de septiembre de 2012

Aprobado: 11 de diciembre de 2012

Cristian Suazo Albornoz

I. INTRODUCCIÓN

Si revisamos y analizamos profundamente la mayoría de los estudios sobre el pe­riodo de la Unidad Popular, nos daremos cuenta que a nivel general existe una ausencia considerable de conocimiento sobre la historia de los sectores populares, especialmente acerca de aquellos movimientos sociopolíticos que formaron signi­ficativamente parte de la compleja dinámica social del periodo. Si bien existe una extensa producción bibliográfica con respecto a la experiencia de la Unidad Popular, los intentos para tratar de reconstruir la experiencia de los sujetos histó­ricos subalternos que protagonizaron muchos de sus acontecimientos son escasos, y en consecuencia, la historia de los diversos movimientos sociales de la época a lo largo y ancho del país (movimiento obrero, movimiento de pobladores, movimiento campesino –chileno y Mapuche–, entre otros) ha sido estudiada débilmente –incluso omitida en muchos casos– por la ciencia histórica.

A la hora de reflexionar sobre las causas de esta situación y problematizar la carencia de conocimiento histórico, emerge inevitablemente la siguiente pregunta: ¿por qué existen omisiones con respecto a la historia de los movimientos sociales populares en la mayoría de los estudios sobre la Unidad Popular? Es curioso el hecho de que a pesar de la vasta producción bibliográfica sobre este periodo exista poca referencia a los movimientos sociopolíticos generados por los sectores populares, los cuales innegablemente fueron sujetos históricos protagonistas de la “vía chilena al socialismo”. En este sentido –siguiendo los planteamientos de Mario Garcés y Sebastián Leiva– afirmamos que las omisiones se deben principalmente a la perspectiva utilizada por gran parte de los autores (periodistas, sociólogos, políticos, historiadores, etc.) para observar y analizar el periodo en cuestión:

La tendencia de la mayoría de los estudios ha sido, hasta ahora, constituir en objeto de análisis casi exclusivamente a los actores políticos ‘formales’, es decir, los partidos políticos, las temáticas vinculadas a ellos (progra­mas, tácticas, alianzas) y los ámbitos donde estos concentraban su accio­nar (sobre todo los diversos espacios del aparato estatal). (2004, p. 3).

De acuerdo con lo expresado, se otorga poca importancia a los sectores populares y los movimientos sociales durante el periodo de la Unidad Popular, recibiendo un débil tratamiento en las investigaciones sobre la historia reciente y omitiendo el protagonismo político que asumieron en los acontecimientos. Es más, la gran mayoría de las investigaciones orientan su análisis hacia lo que ocurrió dentro del sistema político de partidos, priorizando únicamente la política institucionalizada en el Estado. Desde este enfoque reduccionista la historia de la UP se limita al sistema político, los partidos y el Estado, existiendo –por tanto– una invisibilización de los sectores populares y de los movimientos sociopolíticos en que éstos estuvieron invo­lucrados (2004, p. 3).

Existen algunos trabajos que forman parte de la excepción y escapan de cierta

manera a la regla general, pero no es nuestra intención ni tampoco el objetivo del presente artículo profundizar en cada una de ellos (Gaudichaud, 2004; Cancino, 1988; Garcés, 2000; Winn, 2004), sino más bien, reconocer la carencia de investi­gaciones referente a los movimientos sociales durante la Unidad Popular, y demos­trar cómo la memoria histórica representa un recurso historiográfico significativo e indispensable para superar esta situación. Porque tal como señala Hugo Cancino, “el rescate de esta memoria colectiva es parte fundamental de la reconstrucción de la historia del movimiento popular chileno”. (1988, p. 12)

II. MEMORIA HISTÓRICA E HISTORIOGRAFÍA

La “memoria histórica” representa un valioso recurso historiográfico para la recons­trucción de una experiencia histórica determinada, a través de la cual el historiador se relaciona con aquella parte del pasado colectivo que se propone redescubrir y dotar de sentido histórico para construir conocimiento. Teniendo en cuenta esta apreciación, consideramos necesario sistematizar el análisis con respecto a la “me­moria histórica”, con el propósito de profundizar tanto en los argumentos de su utili­dad historiográfica, como en su relación concreta con los grupos sociales populares. Por lo tanto, para justificar la importancia de la “memoria histórica” se realizará la estructuración del análisis en base a tres aspectos: significado, características y función/funcionalidad.

1. Significado

Profundizando en su contenido, la “memoria histórica” representa un conjunto de recuerdos y recreaciones del pasado que forman parte de los “hechos vividos” o experiencias significativas del sujeto histórico protagonista o testigo de los hechos que se pretenden reconstruir. Por consiguiente, la síntesis resultante de esta relación con el pasado se convierte en fuente de información significativa para el historia­dor, quien la procesa cognitivamente para incluirla de forma rigurosa en un relato histórico. “Se trata de una narración construida desde el presente, con fines de in­terpretación del pasado a partir de criterios normativos y valorativos, seleccionan­do por su significación los recuerdos de hechos vividos o recibidos por transmisión social” (Erice, 2008, p. 2).

Desde este punto de vista, la “memoria histórica” se convierte en un pilar fun­damental de cualquier intento por reconstruir la historia de las clases populares durante la UP, ya que, a juicio de Sergio Grez, “la memoria constituye una cantera valiosísima de donde podemos extraer material para el trabajo historiográfico, sobre todo para aproximarnos a las percepciones que tienen las personas y grupos sobre ciertos hechos y el significado que ellos mismos les atribuyen” (2010, pp. 31- 32). Por tal motivo es imprescindible considerar las percepciones de los sujetos his­tóricos populares sobre los hechos experimentados en dicho periodo, además del significado que ellos mismos le otorgan a su participación en los acontecimientos.

A partir de lo mencionado anteriormente, la “memoria histórica” representa una materia prima para la historiografía, es decir, una fuente que complementa y enri­quece la labor del historiador. En palabras de Mario Garcés:

(…) la memoria, crecientemente, está siendo reconocida por los historia­dores como una nueva ‘fuente’ para sus estudios y elaboraciones sobre el pasado, es decir, una vía que hace posible acceder al pasado de un modo nuevo –con sus propias aportaciones y límites– en especial para conocer del pasado de grupos sociales populares o subordinados que dejan pocos o no dejan testimonios escritos (documentos) de su experien­cia histórica. (2002, p. 12)

En este sentido la “memoria histórica” posibilita al investigador relacionarse con aspectos subjetivos como las visiones, los discursos y las expectativas de los pro­tagonistas, así como también con las percepciones acerca de su participación en la dinámica social del periodo, a las cuales difícilmente podría acceder de otra manera (Rosemberg y Rosende, 2009, pp. 42-44).

En su estudio sobre la importancia de la memoria colectiva para los historiado­res, Peter Burke plantea que aquella debe ser entendida desde dos perspectivas distintas, en primer lugar, como una fuente histórica sometida a su debido proceso de contrastación con las otras fuentes, y en segundo lugar, como un fenómeno pro­piamente histórico que debe ser rigurosamente analizado debido a la flexibilidad y selectividad del recuerdo. Ahora bien, en concordancia con la problemática his­toriográfica que estamos planteando, entendemos la “memoria histórica” desde el primer enfoque propuesto por el investigador británico, afirmando que los his­toriadores deben “estudiarla como fuente histórica para llegar a una crítica de la fiabilidad del recuerdo en la línea de la crítica tradicional de los documentos históricos” (2011, p. 69).

La “memoria histórica” al ser estudiada como fuente favorece el acceso –por medio de los sujetos históricos– a los acontecimientos que intentamos rescatar desde olvi­do, pero siempre teniendo en cuenta las limitaciones que se nos pueden presentar. Esto último es muy importante desde el punto de vista metodológico, ya que la “memoria histórica” –en cuanto fuente de información– debe cumplir requisitos al igual que todas las demás, cuyos requerimientos más importantes son los siguientes: “identificación como fuente idónea, contrastación, contextualización temporal, rela­tivización, objetivación y construcción de un discurso metodológicamente fundamen­tado” (Aróstegui, 2004, p. 165).

Finalmente para concluir con el significado que le estamos atribuyendo a la “me­moria histórica” como una fuente disponible para el historiador, es decir, como una herramienta de investigación (un medio, y no un fin), destacamos la necesidad de recurrir a todas las fuentes posibles para contribuir a la reconstrucción historiográfica de un determinado fenómeno histórico. Porque, como lo establecen Mario Garcés y Sebastián Leiva, “el mayor desafío del historiador es aprender de cada una de sus fuentes, reconociendo su naturaleza, su carácter, sus alcances y sus lími­tes” (2005, p. 6).

2. Características

La subjetividad es una de las principales características de la “memoria histórica”, ya que se encuentra inherentemente vinculada con la experiencia humana y el recuerdo. No obstante, este aspecto no le resta veracidad ni fiabilidad desde el punto de vista científico, ya que toda fuente histórica presenta elementos subjetivos impregnados por sus propios autores y/o instituciones, además, “nadie puede ase­gurar que los documentos escritos –a los cuales rinde culto la historia tradicional– no hayan sido manipulados, escritos ex profeso, o no den cuenta de la subjetividad de sus autores” (Garcés y Leiva, 2005, p. 6).

Como segundo atributo reconocemos el carácter político de la “memoria histórica”, cuya presencia en la problemática que estamos desarrollando es innegable, ya que se encuentra vinculada directamente con un proyecto político de transformación so­cial impulsado también “desde abajo” por medio de la movilización popular, y en la que se vieron involucrados además los partidos políticos. En este sentido, cobra mucha relevancia lo planteado por Mario Garcés al expresar que “la memoria en Chile es política, además, porque se relaciona con los proyectos históricos que organizaron la lucha social y política del siglo XX” (2002, p.8). Sin embargo, es necesario profundizar aún más en el carácter político de la “memoria histórica”, ya que no es tal por el simple hecho de estar vinculada con proyectos políticos de tendencia revolucionaria, sino que más específicamente aún, estas experiencias se encuentran “depositadas” en sujetos históricos que fueron a su vez protagonistas y militantes de una revolución y –consecuentemente– víctimas de una brutal represión militar. Así, la “memoria histórica” es política porque se materializa históricamente en los protagonistas de los cambios sociales y políticos acontecidos durante el pe­riodo de la Unidad Popular, que posteriormente fueron víctimas de los ataques de la dictadura militar pinochetista. Ahora bien, la victimización de los sujetos históricos por sí sola no permite dimensionar políticamente –y en su cabalidad– la militancia que desarrollaron en el periodo, contrariamente, “si junto a la víctima se reconoce al militante y se elabora el significado de sus militancias, en el contexto de luchas por el cambio social, probablemente se enriquezca la memoria y con ella las lectu­ras que hacemos del pasado” (Garcés y Leiva, 2005, p. 20).

Finalmente, y como tercera característica de la “memoria histórica”, destacamos su dinamismo en el proceso de recreación y reconstrucción de experiencias. Esta movi­lidad consiste en la circulación de recuerdos que forman parte activa en el proceso dinámico de recreación de experiencias por parte de los protagonistas. El carácter dinámico de la “memoria histórica” ha sido descrito y desarrollado por Gabriel Salazar, indicando que:

(…) no es una memoria estática o congelada, sino dinámica, que se re­vuelve en la subjetividad de los individuos y en la inter-subjetividad de los grupos afectados por el sistema fáctico, que busca su salida lateral, su reconstitución colectiva para, una vez consolidada en lo ancho, inicie un movimiento hacia lo alto, contra la memoria oficial, y para reconquistar no sólo la ‘memoria pública’, sino también –sobre todo– la legitimidad del sistema social (o sea, su reconstrucción histórica). (2002, p. 9)

Es importante señalar –y añadir– que el carácter dinámico de la “memoria históri­ca” tiene un origen empírico, es decir, este movimiento profundo de recreaciones se fundamenta concretamente en la experiencia misma, la cual se encuentra deposita­da, en forma de recuerdos, en las memorias de los militantes-protagonistas de los movimientos sociales del periodo.

3. Función/funcionalidad

La “memoria histórica” también es significativamente útil para la reconstrucción del movimiento popular durante la UP a partir de esta dualidad que estamos plan­teando: función/funcionalidad. Esta doble dimensión analítica, que pudiese ser una, se explica porque la “memoria histórica”, por un lado posee una función por sí sola de acuerdo a su propia naturaleza, y por el otro, responde a distintos requerimien­tos y propuestas, ya sea desde la misma disciplina histórica como también de la sociedad en general, es decir, es funcional a intereses sociopolíticos externos a su propia naturaleza.

Antes de comenzar a reflexionar sobre la función de la “memoria histórica”, quere­mos dar a conocer una idea expuesta por Peter Burke que consideramos fundamen­tal tener en cuenta para continuar con el análisis: “Una de las funciones más impor­tantes del historiador es la de recordador” (2011, p. 85). Esta frase que parece tan simple y lógica, es fundamental para nuestro análisis, debido a que precisamente en esta función del historiador propuesta por Burke –la de recordador– se inserta la función específica de la “memoria histórica” que consiste en recrear y reconstruir las experiencias de vida a partir de los recuerdos almacenados en los sujetos que fueron protagonistas de determinados fenómenos históricos. En suma, para cumplir la función de recordador, el historiador indispensablemente debe hacerlo recu­rriendo a la “memoria histórica” (por lo menos en investigaciones sobre historia reciente, como la que hemos propuesto).

Al profundizar aún más en esta función reconstructora del pasado, nos encontramos con un fenómeno asociado indiscutiblemente a este rol de la “memoria histórica”, el cual consiste específicamente en una “resignificación del pasado”, cuyas propie­dades y atribuciones la transforman en una función de esta fuente de información. Existe una relación directa entre memoria y resignificación, en el sentido de que esta última se desenvuelve como función de aquella, ya que:

cuando hablamos de memoria estamos refiriéndonos no a la evoca­ción objetiva de lo que aconteció, sino más bien a la reconstrucción que, desde el presente, se hace en un momento determinado de acuerdo a unos intereses concretos. Estaríamos, en consecuencia, ante un constructo social de significados, por tanto, cambiantes en el tiempo. La memoria, en este sentido, es siempre una memoria historizada, una resignificación del pasado. (Azkarate, 2007, p. 1)

Así, al contribuir en la reconstrucción histórica de los movimientos sociopolíticos populares durante “la vía chilena al socialismo”, a partir de las experiencias depo­sitadas en las memorias de sus militantes, simultáneamente estamos descubriendo el significado histórico de sus manifestaciones e injerencias en la estructura de clases del periodo, es decir, preservando en el tiempo y rescatando desde el olvido el sentido y valor histórico que aquellos idearios sociopolíticos –plasmados en proyec­tos histórico-revolucionarios– representaban.

Las funciones que presenta la “memoria histórica” –recreación y resignificación del pasado– aportan significativamente en la comprensión y reconstrucción histórica de la movilización social impulsada “desde abajo” por las clases populares durante el gobierno de Salvador Allende. Pero también es de gran importancia, para tales propósitos, el carácter funcional que presenta esta fuente historiográfica, es decir, su capacidad para responder a funciones externamente determinadas, ya sea des­de la disciplina historiográfica misma como desde el ámbito sociopolítico.

La “memoria histórica” es funcional a dos fenómenos de mucha importancia en la actualidad de la disciplina historiográfica, nos referimos a la “batalla de la memoria” y la “historización de la experiencia”. La primera ha sido desarrollada principalmente por María Angélica Illanes, quien plantea el surgimiento y desen­cadenamiento de esta “batalla de la memoria” desde una perspectiva historio­gráfica, pero que es consecuencia directa de la represión ejercida por la acción de las armas sobre los sujetos históricos que intentaron llevar adelante un proyecto histórico de profunda transformación social en el periodo de la Unidad Popular. Así, la “batalla de la memoria” consiste en una:

(…) batalla necesaria, cuya dialéctica confrontacional tiene el poder de romper la parálisis traumática provocada por la acción de las armas, posibilitando la restitución del habla de los ciudadanos, re-escribiendo su texto oprimido, especialmente cuando estas armas han violado brutal­mente su cuerpo. (2002, p. 12).

Cuando la historiadora menciona que esta “batalla de la memoria” hace posible la restitución del habla de los ciudadanos y la re-escritura de su texto oprimido, comprendemos la importancia de la función que cumple la “memoria histórica”, ya que precisamente es a través de la re-escritura crítica de ésta, que podemos con­tribuir en la reconstrucción del proyecto histórico que representaba el movimiento social del pueblo organizado a comienzos de la década de 1970 y que fue poste­118 Revista Divergencia / ISSN: 0719-2398 N°2 / Año 1 / julio diciembre 2012 / pp 111-124 Cristian Suazo Albornoz riormente aniquilado por represión militar pinochetista. Por tanto, la reconstrucción de estos hechos se circunscribe necesariamente en esta “batalla de la memoria”, que “al mismo tiempo que realiza el acto de la re-escritura de la memoria, debe dar a conocer las claves de su trama, abrir el debate acerca de su contenido, rea­brir el proceso de su historicidad” (2002, p. 12). De esta forma, la “batalla de la memoria” adquiere mucho valor para el propósito de estudiar los acontecimientos vinculados a la compleja dinámica de agitación social durante la UP, y reconstituir sistemáticamente su historia, ya que esta “lucha” supone una re-escritura del pro­yecto histórico que representaban esos “muertos”, superando el olvido y la “amne­sia historicista”,

(…) porque, si no se enseña ese proyecto, si no se le re-escribe, si no se debate crítica y abiertamente en torno al ideario social y político que esos textos y esos cuerpos mutilados representaban, la batalla cultural no tiene sentido ni significación futura. (2002, p. 16)

Por consiguiente, junto a esos nombres y cuerpos, es importante rescatar del olvi­do también el proyecto histórico político que encarnaban, adquiriendo así mucha relevancia la relación histórica entre este proyecto de transformación radical de la estructura de clases y el consiguiente genocidio que negó e impidió su completa realización.

En segundo lugar, la “memoria histórica” es funcional al fenómeno conocido como “historización de la experiencia”, propuesta historiográfica desarrollada princi­palmente por Julio Aróstegui y que se basa en una objetivación de la memoria, proceso que implica racionalizar la memoria previamente a su inclusión en una narrativa historiográfica y convertirla en historia. Por lo tanto la historización de la experiencia finalmente es una historización de la memoria, ya que según Aróstegui “para que la memoria trascienda sus limitaciones y sea el punto de partida de una historia, es preciso que se opere el fenómeno de su historización, o, lo que es lo mismo, de la historización de la experiencia” (2004, p. 165). Es de esta manera que podemos percatarnos de la importancia que adquiere la “memoria histórica” en este proceso, ya que el recuerdo es determinante para historizar la experiencia en el sentido de hacer presente lo pasado. Asimismo, “(…) la historización, a través de la memoria, «integra» al individuo particular en la experiencia social, colectiva, de la historia (…)” (2004, p. 184), por lo que el sujeto comprende que sus expe­riencias de vida forman sistémicamente parte de un contexto histórico más amplio.

Lo anterior permite advertir la existencia de una directa relación entre memoria e historicidad, sin la cual sería imposible desarrollar esta “historización de la ex­periencia”. Esta vinculación es fundamental porque la historicidad impregna de sentido a las experiencias depositadas en las memorias de los sujetos históricos, transformándose en una “(…) atribución humana que da sentido a la «vuelta sobre el pasado» para comprenderle como un presente, para comprender el pasado como un «presente que fue»” (2004, p. 171), configurando a dichas experiencias como aspectos históricamente reales. De esta forma, historizar la experiencia, y porlo tanto la memoria, implica someterla a un análisis histórico crítico, vinculándola simultáneamente a los acontecimientos que se pretenden reconstituir.

Si bien la “memoria histórica” es funcional a fenómenos pertenecientes a la discipli­na historiográfica, también lo es a aquellos de carácter socio-político, específica­mente a los procesos de transformación social y de disputa por el poder. El recono­cido historiador medievalista Jacques Le Goff aporta con importantes reflexiones sobre el carácter funcional de la “memoria histórica”, expresando lo siguiente:

La memoria colectiva ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Los olvidos, los silencios de la historia son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva.(1991, p. 134)

En este sentido la “memoria histórica” no es percibida ni compartida de la misma manera por todos los grupos sociales, es decir, no se configura homogéneamente en la sociedad, sino que responde a intereses tanto de los grupos dominantes como de los grupos dominados o en condición de subalternidad. Desde la perspectiva dominante, a través de diversos métodos y mecanismos se intenta manipular la memoria colectiva, específicamente aquellos recuerdos, experiencias y representa­ciones de fenómenos históricos que implicaron transformaciones sociales y políticas. Lo anterior mantiene un nexo con el carácter instrumental de la “memoria histórica”, debido fundamentalmente a que ésta representa un mecanismo e instrumento de poder funcional al dominio del recuerdo y de la tradición, es decir, a la manipula­ción de la memoria social en beneficio del conservadurismo. La preocupación por el dominio de la memoria, vinculada a la ya referida lucha por el poder, responde a la necesidad de mantener el status quo por parte de los sectores hegemónicos, quienes procuran proteger sus intereses históricos y su posición en la estructura social-clasista a partir de la manipulación de la “memoria histórica”, sobre todo de aquellos fenómenos que representaron una amenaza a dichos intereses. Ahora, el hecho de interesarse por la instrumentalización de la “memoria histórica”, ya sea manipulándola o manteniéndola en el olvido, es producto de la importancia que ésta representa en la lucha por la conservación del poder, porque como justamente sostiene Francisco Rodríguez: “La representación del pasado modeliza el presente y el futuro” (2001, p. 3), lo que permite a los grupos dominantes configurar el tipo de sociedad que sea correspondiente con sus respectivos intereses.

Por el contrario, para los sectores populares el hecho de preocuparse por sus “me­morias históricas” responde a la necesidad de rescatar del olvido las experiencias que contribuyeron en la configuración de sus propias identidades, las cuales se ven amenazadas y perturbadas por esta “ausencia de memoria colectiva”. Fenómeno conocido también como “amnesia historicista”, que según Patricio Quiroga constitu­ye “(…) una grave perturbación que en la medida que se extiende a la memoria colectiva perturbará la identidad colectiva” (1997, p. 140). Porque los recuerdos ylos conocimientos que los protagonistas poseen depositados en su “memoria histó­rica” en forma de experiencias, forman parte también de su constructo identitario, tanto a nivel individual como colectivo. En este sentido, y relacionada con el objeto de estudio que hemos propuesto, la “memoria histórica” de los grupos populares es funcional al esfuerzo por vencer y superar el olvido, el ocultamiento y la “amnesia historicista” de las experiencias de organización y lucha en Chile durante el perio­do señalado, los cuales –inherentemente– forman parte de la identidad colectiva de los mencionados sujetos históricos. De lo contrario, Sergio Grez advierte que “aquellos grupos carentes de una sólida memoria colectiva corren peligro de des-construirse, perder su fisonomía, diluir sus identidades en modelos propuestos por actores más fuertes y pujantes”(2008, p. 3), quienes mediante la política y el so­porte de la “historia oficial” procuran silenciar y olvidar las experiencias históricas de las luchas sociales y políticas de los sectores populares.

De este modo, reconstruir historiográficamente fenómenos históricos de esta índole, interrogando y recordando el pasado, involucra necesariamente un proceso de profundización y ruptura de hegemonías, es decir, una confrontación dialéctica por el recuerdo entre la memoria y la desmemoria.

Enfrentar el pasado es desnudar el poder que ya ha construido su relato narrándonos todo a todos. Por tanto es evidente que resistir es un impe­rativo, una forma válida de ejercer memoria contra-hegemónica, más aún cuando, como lúcidamente lo señala Benjamin, para los oprimidos su historia es un permanente estado de excepción. (Castro, 2009, p. 35).

Finalmente, para culminar con el análisis acerca de la utilidad que la “memoria histórica” representa en la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopo­líticos durante el periodo señalado –proceso innegablemente dialéctico y contra hegemónico–, dejamos expresada una excelente reflexión desarrollada por Jacques Le Goff:

La memoria, a la que atañe la historia, que a su vez la alimenta, apun­ta a salvar el pasado sólo para servir al presente y al futuro. Se debe actuar de modo que la memoria colectiva sirva a la liberación, y no a la servidumbre de los hombres. (1991, p. 183).

III.CONCLUSIONES

Mediante un análisis sistemático hemos dado a conocer la importancia que posee la “memoria histórica” en el –necesario– proceso de reconstrucción histórica de las clases y grupos populares durante la UP, particularmente, de las diversas expre­siones colectivas que dotaron de dinamismo social y político a la denominada “vía chilena de transición al socialismo”. La omisión de los movimientos sociopolíticos populares en los análisis e investigaciones sobre este proceso, estimula la invisibi­lización de los sujetos históricos que protagonizaron las transformaciones sociales del periodo, generando de esta manera una “historia sin sujetos”. Al respecto, el excelente historiador Sergio Grez plantea lo siguiente:

(…) no se puede olvidar la historia plurisecular de pobreza, marginación, opresión y explotación de las grandes mayorías, que no es posible ocul­tar el estado de permanente desgarramiento de la nación, la profunda escisión entre sus componentes sociales, étnicos y culturales; que no se puede evacuar del análisis la reiterada historia de frustraciones popu­lares, promesas no cumplidas y esperanzas siempre postergadas que llevaron a muchos a tratar de “tomarse el cielo por asalto” a fines de los 60 y comienzos de los 70. (2008, p. 3)

Para redescubrir este pasado colectivo mediante la disciplina historiográfica, es ne­cesaria la consideración de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

Aróstegui, J. (2004). La historia vivida. Sobre la historia del presente. Madrid: Alianza Editorial.

Azkarate, A. (2007). Memoria y Resignificación. Apuntes desde la gestión del patrimonio cultural. Consulta 18 de Agosto de 2012: http://www. fundacionfernandobuesa.com/pdf/20070718_ponencia_a_azkarate.pdf

Burke, P. (2011). Formas de historia cultural. Madrid: Alianza Editorial.

Cancino, H. (1988). Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo, 1970-1973. Dinamarca: Aarhus University Press.

*

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

Aróstegui, J. (2004). La historia vivida. Sobre la historia del presente. Madrid: Alianza Editorial.

Azkarate, A. (2007). Memoria y Resignificación. Apuntes desde la gestión del patrimonio cultural. Consulta 18 de Agosto de 2012: http://www. fundacionfernandobuesa.com/pdf/20070718_ponencia_a_azkarate.pdf

Burke, P. (2011). Formas de historia cultural. Madrid: Alianza Editorial.

Cancino, H. (1988). Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo, 1970-1973. Dinamarca: Aarhus University Press.

*

Redes Sociales como herramientas de ciberactivismo: el caso de los grupos de Facebook en Chile y el Gran Concepción (2009)


Extraido de http://t.co/MTjxhzp3Pf

Resumen
El presente trabajo da a conocer los resultados de un estudio
que relacionó el uso de dos aplicaciones del Sitio de Redes
Sociales Facebook.com como vehículos de ciberactivismo.
Analizando Grupos y Causas de dicha plataforma se logró un primer
acercamiento a cómo las personas utilizan estas herramientas
en el país con fines de movilización.
Esta investigación, asimismo, quiso establecer variables que
permitan predecir –según las características de los temas encontrados
en Grupos y Causas– cuales de ellos son más susceptibles
de constituir ciberactivismo.
Entre sus principales resultados cuenta que se comprobó que
las Redes Sociales en Internet son principalmente una amplificación
de nuestro círculo social más inmediato, reforzando lazos ya
existentes, más que crear otros nuevos. Además, se caracterizan
por su naturaleza estructural anárquica y horizontal, y la falta de
control sobre los millones de nodos que forman esta red permite
su organización de forma distribuida y sin mayores controles ni
acaparamientos de información, lo que posibilita una gran robustez
del flujo de comunicaciones, un mayor acceso a la información
y una menor capacidad para limitar dicho acceso.
Abstract
This work presents the results of a study that compared the
use of two applications of the Social Networks Site (SNS)
Facebook.com as cyberactivism vehicles. Analyzing Groups and
* Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
UCSC.
** Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
profesor de la Escuela de
Periodismo de la Universidad
Católica de la
Santísima Concepción
(UCSC).
*** Doctor en Comunicación
Pública, académico
de la Universidad
Santo Tomás, Sede
Concepción.
Palabras clave:
Sitios de Redes Sociales,
Facebook, ciberactivismo.
Keywords:
Social Network Sites,
Facebook, cyberactivism.
Redes Sociales como herramientas
de ciberactivismo: el caso de los grupos
de Facebook en Chile y el Gran
Concepción (2009)
Sótero Suazo Vejares*
Javier Martínez Ortiz**
Álvaro Patricio Elgueta Ruiz***

08/06/11

Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
Causes of that plataform – along the Chile Network and the Gran
Concepción related topics – it reached a first approach to how the
people use this online tools with activism objectives.
In addition, this research wanted to stablish variables that
allow predict – by the type of the topics found in Groups and
Causes – which of them may constitute cyberactivism.
In it main results, it proves that the Internet’s Social Networks
are mainly an amplification of our nearest social circle, this is,
empowering existent friendship ties, more than create new ones.
Furthermore, it characterizes by its anarchic and horizontal structure,
and the lack of control over million of nodes that created the
network allows a distributed organization and without the control
structures nor information hoarding, enabling a strong communication
flow, issue that finally represents a bigger access into the
information and a smaller capacity to limit that access.
La penetración en Chile de nuevas herramientas de comunicación
computacionalmente mediadas, uno de cuyos mayores referente
son los llamados Sitios de Redes Sociales (SRS), está
teniendo gran impacto en el surgimiento de nuevas esferas de participación
ciudadana e intercambio social.
Este fenómeno hoy en auge se venía anunciando desde principios
de 2000 dada la explosiva aparición y expansión de la blogósfera nacional
(compuesta por los llamados blogs o bitácoras personales en Internet
y también por la gran masificación que experimentaron los fotolog o
páginas de fotografías personales); sitios de intercambio de contenidos
multimedia como You Tube (videos); Flickr (fotos); My Space, sitio
para reunirse con amigos y compartir contenidos multimedia (fotos y
videos); y sitios de difusión personal de audio, como Podcaster.
Las cifras mundiales reflejan un notable crecimiento con datos
sorprendentes. Para el caso nacional, el tercer informe Generación
2.0: Radiografía de los nuevos usuarios, informa que Chile es el
país con mayor número de fotologs del mundo, con 2 millones 896
mil 332 usuarios para fines de 2007. Otra estadística importante es
la gran participación porcentual de chilenos en Internet, contando
con 326 usuarios por cada mil, siendo esta la mayor de Sudamérica.
Facebook –una herramienta diseñada para encontrar amigos,
relacionarse con cercanos y familiares, y compartir contenidos
multimedia– no ha sido la excepción a estas tendencias. Desde
febrero de 2008, la presencia de Chile en Facebook ha tenido el
mayor crecimiento a nivel mundial, al experimentar un alza de
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.

126 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
mente mediados, dedicados principalmente a la creación y mantención
de redes interpersonales. Este es el caso de los SRS, que
Boyd y Ellison los definen como:
servicios basados en la web que permiten a los individuos construir
un perfil público o semipúblico, dentro de un sistema limitado, articular
una lista de otros usuarios con quienes comparten una conexión,
y ver y atravesar su lista de conexiones y aquellas hechas por
otros dentro del sistema. La naturaleza y nomenclatura de estas conexiones
puede variar de sitio a sitio (Boyd & Ellison, 2007: 211).
Ambas autoras hacen, además, la diferencia entre Sitios de
Redes Sociales (Social Network Sites) y Sitios de Creación de
Redes Sociales (Social Networking Sites). Aunque estos términos
son usados comúnmente como sinónimos por el público general,
el término Networking
enfatiza el inicio de relaciones, a menudo entre extraños… la creación
de Redes o Networking (aunque) es posible en estos sitios, no
es la práctica primaria en muchos de ellos, ni lo que los diferencia de
otras formas de comunicación mediada computacionalmente. (Boyd
& Ellison, 2007: 211).
En relación a lo anterior, es importante considerar que por
pertenecer a un área del conocimiento con grandes posibilidades
de desarrollo, el término Social Network(ing) Sites aún
genera discusión. En este sentido, las principales críticas apuntan
a su amplitud y falta de especificidad y a la ausencia de una
diferencia sustantiva entre sitios de naturalezas similares, pero
que contendrían notorias diferencias. Según Beer: “Aunque es
claro que hay en gran parte superposición entre categorías relacionadas
con cómo estos diversos tipos de sitios están organizados
y la información que contienen –aspectos comunes como
etiquetado, perfiles, y creación de amistades ilustran la complejidad
de las similitudes y diferencias entre este tipo de
sitios” (Beer, 2008).
A pesar de esta acusada amplitud, existen una serie de teorías
que sustentan la idea de Boyd y Ellison, en cuanto a que las redes
generadas van direccionadas desde el offline hacia el online y no
al revés. Ver por ejemplo Stefanone y Jang (2007) y Ellison,
Steinfeld y Lampe (2007), entre otros. Por esto la presente investigación
sustentó la primera teoría.

Ecos de la Comunicación > 127
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Molecularización social
La molecularización social de los individuos consiste en la
colectivización de los movimientos individuales, es decir, que las
personas se mueven según los movimientos de un grupo determinado
al que pertenecen.
En el caso de la molecularización social, esta ocurre principalmente
por el momentum social que mantiene unidos a los grupos.
Este momentum2 será más grande cuando existen más
personas que incitan a los demás al movimiento.
Así lo confirma el estudio de Humphreys (2007) acerca del
“Dodgeball”, un sistema móvil de localización de amistades que
permite la ubicación de los demás miembros de un grupo, en el
entorno urbano. Este sistema informa a los amigos dentro de una
red personal, acerca del lugar en que se encontrarán uno o más de
sus amigos de manera que las personas se mueven y experimentan
la ciudad de manera conjunta.
Mecanismo que permite una comunicación indirecta acerca
de lugares públicos por parte de los participantes, lo que significa
que la gente no tiene que comunicarse sobre los lugares de reunión
en donde estará el grupo, sino que solo hace falta que
indirectamente el sistema alerte a los miembros inscritos sobre un
nuevo lugar de reunión en que se encuentran uno o más miembros
de su grupo particular de amistades.
En cuanto al “momentum” social que hace que los individuos
se sientan llamados a este movimiento conjunto, los testimonios
recogidos por este estudio sugieren que la existencia de esta
característica, también llamada efecto red, aumentará de forma
directamente proporcional a la cantidad de miembros reunidos en
determinado lugar (De Ugarte, 2007). Muchos de estos informantes
manifestaban que mientras más eran las personas que se registraban
en un lugar, mayor era la necesidad que surgía de reunirse
con ellas, entendiendo que podían estarse perdiendo un gran
evento.
Cómo se forman y en qué consisten las Redes Sociales
Según De Ugarte las redes sociales siempre han existido.
Consisten en la creación de vínculos entre las personas para cumplir
distintos fines, esto sobre una arquitectura o forma de interconexión,
que determinará la forma de las interacciones y
2 Concepto tomado
de la Física, que significa
impulso que provoca
el movimiento de un
cuerpo.

128 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
posibilidades de la red en que estas se sustentan (De Ugarte,
2007).
Las redes sociales se forman conjuntamente con la socialización,
a partir del establecimiento de lazos entre las personas.
Estos lazos aumentarán como consecuencia del efecto red, junto
con los anteriormente sostenidos por quienes los establecen, permiten
un crecimiento exponencial del tamaño y alcance de las
redes de cada uno, generando así una lógica de la abundancia.
Para De Ugarte
el ejemplo típico de efecto red es el teléfono o el fax. Siempre se
cuenta que para el tercer usuario de la red telefónica, acceder a la red
suponía poder hablar con dos personas. Pero para el cuarto, poder
hacerlo con tres… y así sucesivamente. El efecto red hace que cuantos
más miembros tiene la red de usuarios más valor tiene para un no
miembro pertenecer a ella… (Ibid).
De la misma manera, cualquier persona que se integre a esta
red no generará un cambio sustancial en los beneficios de los
demás integrantes de la misma.
Topologías de red, arquitectura de la información
y distribución del poder en las redes sociales
Otro concepto fundamental para la comprensión del fenómeno
de las redes sociales es el de topologías de red, que corresponden
a las formas en que se interconectan los nodos de una red,
resultando así tres formas posibles. “Estas tres disposiciones describen
tres formas completamente distintas de organizar una red:
centralizada, descentralizada y distribuida” (De Ugarte, 2007).
Mientras el flujo de información depende de solamente un nodo
en la red centralizada, en la red descentralizada la información está
jerarquizada por varios nodos, es decir, pequeños centros múltiples
por los que pasa la información antes de llegar a destino.
Aun cuando la red descentralizada es más eficiente que la
centralizada, no permite la óptima comunicación entre los nodos
puesto que cualquier conexión entre dos nodos tiene que pasar
por un intermediario.
Según De Ugarte, las redes centralizadas y descentralizadas
son vestigio de antiguas estructuras de poder y control que al
menos en la red están quedando en el pasado.

Ecos de la Comunicación > 129
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
El eslogan Ciberpunk español de principios de los 90 que
reza:
Tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de
poder”, es uno de los primeros signos del cambio que ya está empezando
a materializarse. Este cambio surge primeramente como “una
reacción a la concentración del poder y la disminución de los derechos
personales a través de la monopolización y acaparamiento de
las nuevas tecnologías, sobre todo aquellas de carácter informático
(Ciberpunk.org, 2008).
El nacimiento de la anarquía informacional que representan
las Redes Distribuidas es la manifestación de este proceso social
en que se transforma la manera en que circula la información,
esto porque este tipo de red permite la comunicación entre cualquiera
de los nodos que la integran, sin intervenciones de terceros
ni jerarquías, generando mediante una estructura
verdaderamente horizontal el empoderamiento mayor de todos
sus participantes.
Una red que no posee filtros ni censura y en la cual las antiguas
estructuras del poder no pueden restringir el acceso, permite
el surgimiento de nuevas formas de distribución del poder, con
mayores posibilidades de participación y una serie de ventajas
derivadas de la estructura distribuida.
Entre estas se cuentan la generación abundante de contenidos,
una mayor estabilidad y eficiencia de las interacciones que ocurren
en el sistema, mejoras sustanciales en cuanto a seguridad y
capacidad de recuperación de los datos ante cualquier emergencia.
Esto se debe a que, si en las redes centralizada y descentralizada
la información se encuentra presente solo en uno o varios
centros, respectivamente; en la red distribuida se encuentra presente
en todas partes, haciendo –en consecuencia– que la pérdida
de información sea más difícil.
Cultura Ciberpunk v/s Descentralización de la red
Internet como génesis de las ciberculturas actuales
El surgimiento del movimiento Ciberpunk como reacción a la
concentración tecnológica se manifestó de diversas formas. Una
de las más destacables fue la creación en 1989 del documento
identidad de ciberpunk.org, que estableció una serie de principios 130 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
e ideas fuerza sobre las que crecerá el movimiento Ciberpunk
español.
El documento en sus sucesivas versiones –Berlín (1994),
Madrid (2002), Larnaca (2004) y Tamarán (2005)– defiende la
apertura de las nuevas tecnologías, mediante el uso de diversas
herramientas que permitieran la participación, interacción y el
flujo ininterrumpido de información sin trabas ni acaparamientos.
Actualmente, este movimiento defiende la autogestión de contenidos
como la principal forma de oponerse a la concentración tecnológica
y a la mediatización de Internet. La Blogósfera surge como
la realización de este paradigma, al pasar por alto la mediatización
y convertirse en el primer medio distribuido (Ciberpunk.org, 2008).
Otra manifestación de esta cultura fue el nacimiento de la
Fundación Frontera Electrónica, también conocida como EFF,
fundada en 1990 por Mitch Kapor, John Perry Barlow y John
Gilmore. Desde su nacimiento EFF ha interpuesto una serie de
acciones legales en contra del Estado y de privados que intentan
coartar la libertad de los individuos en el ciberespacio de manera
de sentar precedentes legales que impidan acciones de esta naturaleza
en el futuro (EFF, 2008).
La Declaración de Independencia del Ciberespacio, escrita en
1996 por John Perry Barlow, contiene los principios fundamentales
que defiende esta institución. El ex letrista del grupo Grateful
Dead, declara que este es un lugar de la mente humana, en donde
los Estados y las antiguas estructuras de poder son irrelevantes,
impotentes y no tienen legitimidad alguna (Barlow, 1996).
En contraste a esta cultura, el fuerte impulso hacia la estructuración
de Internet desde una lógica descentralizada3, se ha
manifestado en la comercialización y mediatización del llamado
ciberespacio, además del uso de redes sociales para usos corporativos
y de trabajo (Wellman, 1996; Haythornthwaite, 2005).
Mientras la comercialización ha convertido Internet en un
nuevo “mercado”, la mediatización ha audiovisualizado la red,
convirtiéndola en un medio tradicional.
El enfrentamiento de la visión descentralizadora y la visión
distribuidora es la base sobre la que han nacido las ciberculturas.
Esto se debe a que la presencia de ambas en el llamado
ciberespacio, ha permitido lograr una síntesis de maneras de
hacer y formas de interpretar que se instala entre la comercialización
y la lógica de la abundancia de las redes distribuidas,
y entre la audiovisualización de Internet y la autogestión hipertextual
de contenidos.
3 Ver Topologías de
red, arquitectura de la
información y distribución
del poder en las
redes sociales.

Ecos de la Comunicación > 131
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Mientras que para algunos autores las ciberculturas consisten
meramente en digitalizaciones de la producción cultural ya existente
(Contreras, 2003; Figueroa, 1997), para otros las ciberculturas
son metaculturas que incluyen a las culturas analógicas que
las originan y además las reorganizan (Galindo, 2003).
Para este trabajo, sin embargo, la definición más adecuada es
la de Ricard Faura que define las ciberculturas como “conjuntos
de técnicas, de maneras de hacer, de maneras de ser, de valores,
de representaciones que están relacionadas con la extensión del
Ciberespacio” (Faura, 2000).
En consecuencia, las ciberculturas presentan diversas características.
A saber: 1) Surgen como comunidades en las cuales
existe un nuevo concepto de libertad asociado a la posibilidad
de compartir con otros miembros de la comunidad los beneficios
obtenidos por este medio; 2) Se constituyen como espacios
virtuales de reunión, que permiten compartir sin necesidad de
contar con espacios físicos; 3) Tienen lenguajes especializados
que permiten el reconocimiento mutuo de los integrantes de una
comunidad y diferenciar a los más experimentados de los principiantes;
4) Presentan posibilidades diversas de comercialización;
5) Integran visiones comercializadoras, mediatizadoras y
distribuidoras de entender el ciberespacio; 6) Incluyen organizaciones
e individuos que sustentan las éticas hacker y protestante
del trabajo; y 7) Ayudan a la gestión de organizaciones
descentralizadas.
Tres ejemplos de ciberculturas, como síntesis de distintas
visiones del desarrollo de Internet, son las comunidades de software
libre, la blogósfera (como medio distribuido/institucional),
y los Sitios de Redes Sociales, entendidos como herramientas de
socialización y soportes comerciales e institucionales.
Rol de la ética hacker en el Ciberactivismo
Llegados a este punto se hace totalmente necesario entender 132 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
cuando hablamos de la ética del hacker? ¿por qué representa una
nueva visión?
Para responder estas interrogantes primero es necesario tomar
conciencia de la ética que ha perdurado hasta la época actual. En
particular nos referiremos a la ética protestante del trabajo, que
incluso en nuestros días sigue siendo un referente en la mayor
parte de las ocupaciones humanas, como un paradigma convenientemente
inamovible.
El concepto de ética protestante tuvo su origen en un ensayo
de Max Weber llamado La ética protestante y el espíritu del capitalismo
(1904-1905), que describe la forma en que la noción del
trabajo como deber se halla en el centro de la cultura capitalista
del siglo XVII (Himanen, 2002).
La ética hacker del trabajo plantea un enfrentamiento a esta
posición. El hacker no entiende el trabajo como una obligación
puesto que se dedica a hacer algo que le gusta y apasiona. Al no
ser una obligación, no está sujeto a horarios de trabajo, sino que
por el contrario trabaja cuando le parece sin dejar de lado el ocio.
Según Himanen, para el hacker el objetivo de todo su trabajo
es el reconocimiento de los pares. La idea principal que subyace
a esta ética es entonces que el fruto del trabajo debe ser un bien
de uso social: “La ética originaria del hacker programador de
ordenadores hacía hincapié en lo abierto, el libre acceso”
(Himanen, 2002).
Una vez asimilada la situación actual de quiebre y cambio
social, ¿Qué relación puede haber entre redes distribuidas, ética
hacker del trabajo y todos los temas anteriores? La respuesta es el
ciberactivismo. Este consiste en la convocatoria de múltiples
agentes que se coordinan de forma espontánea en la red, lo que
permite que los conflictos sean multicanal, es decir, que se desarrollen
en distintos frentes (De Ugarte, 2007).
En consecuencia, basados en la ética hacker y en las redes distribuidas,
se generaron y pusieron herramientas tecnológicas al
servicio de las personas.
Para De Ugarte, gracias a esto, se ha dado génesis a un cambio
que posiblemente reordenará el eje del poder.
Para los efectos de este estudio se utilizará la definición de De
Ugarte, según la cual el ciberactivismo presenta las siguientes
características:
i. Un discurso que plantea un empoderamiento de las personas
y que no impone jerarquías.

Ecos de la Comunicación > 133
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
ii. El establecimiento de rangos de conducta que producen
estilos de vida, que permite una mayor identificación entre
las personas. Esta generación de identidad será en definitiva
el aglutinante de una red, que al facilitar el intercambio
entre pares desconocidos sin mediación de un centro, presentará
características distribuidas y por tanto será más
robusta.
iii.La generación de herramientas que hagan posible la visibilización
de un cambio a partir de las personas. En otras
palabras, poner a disposición de las personas herramientas
que les permitan mostrar su disenso.
iv. La visibilidad de las herramientas tiene que ser de tal
forma, que permita que mediante pequeños gestos las
personas puedan identificarse en otros como ellos culminando
de esta manera la estrategia de empoderamiento
de las mismas.
Ciberactivismo en Chile
En Chile, dos han sido los hechos más notorios de ciberactivismo.
El primero de estos casos fue Mi primer PC… pero de verdad
(MPPCDV). Aun cuando esta campaña se generó de forma
espontánea en el ciberespacio, alcanzó niveles nunca antes vistos
de participación que sorprendieron incluso a sus involuntarios
precursores.
Esta iniciativa se originó para protestar en contra de las falencias
del plan del gobierno de Ricardo Lagos: “Mi primer PC”,
que buscaba disminuir la brecha tecnológica que afectaba a los
sectores más pobres de la población, al proveer computadores
personales a un menor costo.
Para los bloggeros chilenos el plan presentaba una serie de
problemas, entre los que se contaban (Sandoval, 2005):
1) La disponibilidad en el mercado de PC’s más económicos o de
igual costo que los de la campaña, a veces incluso con mayores prestaciones,
2) Licencias de software que encarecían innecesariamente
el precio de los equipos, existiendo la opción del software libre, 3)
Existían en el mercado opciones más económicas de hardware con el
mismo rendimiento (implementación del procesador más caro existiendo
la posibilidad de obtener el mismo resultado con otro más
barato), 4) El alto costo relativo de la conectividad de Internet en
Chile y la falta de medidas para solucionar este problema, y 5) La
cómo es que las redes distribuidas generan cambios en la mentalidad
de las personas, cómo la molecularización social desencadena
nuevas formas de asociación que derivan en movimientos
sociales. En definitiva, cómo es que una ética diferente, apasionada
y no forzada por el deber emerge para hacer cambios.
El hacker, personaje incomprendido en nuestra sociedad, es la
encarnación de esta nueva ética. Entonces ¿a qué nos referimos 134 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
delegación irresponsable del financiamiento a grandes tiendas de
departamentos, lo que encareció e infló ficticiamente los costos.
“Ante las debilidades del plan, surgieron voces disidentes que fueron
agitadas principalmente por tres personas: Christian Leal, periodista
de tecnologías; Alberto Contreras, diseñador y; Claudio Bustos, psicólogo.
Estos tres bloggeros articularon de forma impensada lo que
más tarde sería la exitosa campaña Mi primer PC… pero de verdad.
La campaña buscó, en principio, juntar 2500 firmas para luego
enviar una carta al entonces presidente Ricardo Lagos. Sin embargo,
la sorpresa de estos tres bloggeros fue grande cuando solo en 48
horas lograron reunir 3860 firmas. La carta que finalmente llegó a la
Moneda en formato CD, tenía más de 14.000 firmas. Ese día fue el
primero en que estos bloggeros se veían en persona” (Ibid).
El segundo caso ocurrió luego de una intervención del senador
chileno Alejandro Navarro, quién habría pedido explicaciones
acerca de un documento al que tuvo acceso (Leal, 2007).
Dicho documento era el acuerdo marco de cooperación entre el
Ministerio de Economía y Microsoft, celebrado sin conocimiento
de la opinión pública en mayo de 2007.
El acuerdo escrito en el confuso lenguaje típico de los contratos
de licencia de la compañía, incluía una serie de polémicos
puntos, de los cuales los más criticados fueron los referentes a
“Domicilio Digital” y “Municipio digital”.
En este sentido, las principales críticas apuntaron a la revelación
de información personal sin autorización de los involucrados, la
intromisión y posible intervención de la empresa en diversas áreas
del aparato público y el desmedro de las posibilidades de desarrollo
de una industria nacional del software (Prieto, 2007; Leal, 2007;
Liberación Digital, 2007; Hollman, 2007). A estas críticas se sumaron
las referentes a la falta de transparencia y la adolescencia de un
estudio o una licitación que avalara a Microsoft como la mejor
opción” (Leal, 2007), el compromiso de recursos del Estado justificados
de manera pobre y poco precisa (Leal, 2007; Liberación
Digital, 2007), y la promoción de la empresa por parte del Estado
(Prieto, 2007; Leal, 2007; Hollman, 2007).
Las reacciones ante el acuerdo no se hicieron esperar. “Lo que
con MPPCDV tardó 1 semana en gatillarse –reacción en cadena,
atención de los medios y declaraciones de los involucrados– esta
vez se generó en menos de 48 horas, con cada vez más personas
participando y expresando sus puntos de vista” (Leal, 2007).
Surgieron diversas formas de protesta en la blogósfera, algunas
más elaboradas y/o auspiciadas que otras. Distintos bloggeros Ecos de la Comunicación > 135
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
acusaron los puntos débiles del acuerdo y demostraron gran
indignación por el golpe que este acuerdo representaba para la
libertad de elegir de los chilenos/nas.
Se creó, además, una campaña para reunir firmas en contra del
acuerdo y surgió un movimiento llamado “liberacióndigital.org”
que además de juntar firmas intentó llevar esta campaña más allá
del ciberespacio.
El movimiento buscó desde sus comienzos defender la interoperatividad,
la libertad de elegir el software que cada uno quisiese
usar, el uso de software libre y la posibilidad de que se genere
una industria nacional de software (Liberación Digital, 2007).
Facebook: Características del sistema
Facebook es un sitio de redes sociales que permite a sus
usuarios
presentarse a si mismos en un perfil online, acumular “amigos” quienes
pueden publicar comentarios en las páginas de cada uno, y ver
los perfiles de otros. Los miembros también pueden unirse a grupos
virtuales basados en intereses comunes, ver qué clases tienen en
común, aprender los hobbies de cada uno, intereses, gustos musicales,
y el estatus de las relaciones románticas a través del perfil
(Ellison, Steinfeld & Lampe; 2007).
Esta herramienta incluye diversos servicios que articulan la
interacción social de los usuarios, que consisten en una serie de
aplicaciones que cumplen diversas funciones, entre las que se
cuentan los juegos, los test, las encuestas y las herramientas de
gestión de elementos multimedia (fotos y videos) (De Ugarte,
2007).
Para el presente estudio se consideraron dos aplicaciones en
particular, Grupos y Causas, que se caracterizan por reflejar en
algunos casos el uso de esta herramienta social como un medio
de generación de ciberactivismo.
Grupos
Los Grupos en Facebook constituyen unidades sociales que se
forman gracias a la existencia de gustos e intereses comunes tales 136 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
como música, hobbies, entretenimiento y otras. Estas agrupaciones
se organizan en diversas categorías y tipos temáticos, por
ejemplo:
• Grupo : “¡No más Femicidios en Chile!”
• Categoría : “Interés Común”
• Tipo : “Creencias y Causas”
Muchas veces existe también una tendencia a que estas asociaciones
canalicen inquietudes sociales, como pudo observarse.
Funcionamiento de los Grupos en Facebook
De acuerdo a lo observado, el funcionamiento de los Grupos
en este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que
permiten determinar si existirá una jerarquía más tajante o relativa.
Cuestión que derivará de los roles de los miembros, de las
reglas del grupo, de qué funcionalidades incluirá, quiénes podrán
gestionar los contenidos y quiénes podrán tener acceso.
Con respecto al primero de estos mecanismos es necesario
explicar que existen dos tipos básicos de personas en un Grupo de
Facebook: el Administrador y los Miembros Comunes. Los
Administradores poseen ámbitos de decisión y acción que los
demás integrantes no tienen o tienen de manera limitada.
Existen dos tipos de Administradores, uno de los cuales es la
persona que crea el grupo y que llamaremos Administrador
Creador y aquel que con autorización del primero se convierte en
Administrador y que llamaremos Administrador Designado. El
Administrador Creador es el que tiene un mayor ámbito de decisión.
Fundamentalmente por ser el creador, será quien en primer
lugar tomará las decisiones relativas a qué características tendrá
el grupo.
Ambos tipos de administradores podrán tomar decisiones
con respecto a qué miembros pueden y no pueden ser parte del
grupo (dependiendo de los mecanismos de acceso de que se
hablará más adelante), cuáles serán los reglamentos y también
expulsar a quienes no los sigan. Dependiendo de esto y de las
decisiones que haya tomado el Administrador Creador con respecto
a los mecanismos de participación pública y de gestión
de contenidos, la jerarquía del grupo será más relativa o más
tajante.

Ecos de la Comunicación > 137
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Las funcionalidades que tendrá el grupo dependerán de las
opciones “Habilitar el Muro”, “Habilitar el foro de debate”,
“Mostrar eventos relacionados” y “Mostrar grupos relacionados”.
De estas opciones las primeras dos aludirán a la participación
pública en el ámbito interno del grupo y las dos últimas a la participación
pública del grupo como entidad social en ámbitos
externos.
Respecto a los mecanismos de gestión de contenidos, es posible
establecer privilegios administrativos para la publicación de
“Fotos”, “Videos” y “Elementos Publicados (Artículos)”.
Finalmente, el mecanismo relacionado con la mayor o menor
libertad para asociarse al grupo dependerá de si se determinó que
este fuera 1.– abierto, es decir, que “cualquier persona puede
unirse e invitar a otras personas. Cualquiera puede ver la información
y el contenido del grupo”; 2.– privado: “para que un
nuevo miembro se una a un grupo, los administradores deberán
aprobar su solicitud. Cualquiera puede ver la descripción del
grupo, pero solo los miembros pueden ver el muro, el foro de
debate y las fotos”; ó 3.– secreto, de manera que “El grupo no
aparecerá como resultado de una búsqueda ni en los perfiles de
sus miembros. Solo se aceptan nuevos miembros por invitación,
y solo los miembros pueden ver la información y contenido del
grupo” (http://www.facebook.com/groups/create.php?customize&amp;
gid=61436607024).
Causas
De acuerdo a lo observado, las Causas en Facebook constituyen
acciones sociales en que varias personas se unen para conseguir
un objetivo común. Estas son por excelencia un instrumento
de canalización de inquietudes, necesidades y descontento social.
Acciones que se organizan en diversas categorías y tipos temáticos,
por ejemplo:
• Causa :“En Concepción el ferrocarril debe ser soterrado”
• Categoría :“Promociónes Públicas”
• Tipo :“Chile”
Las Causas son también coordinadoras de ayuda. Por esto,
permiten recolectar donaciones, lo que las diferencia, entre otras
características, de los Grupos.

138 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
Funcionamiento de las Causas en Facebook
Según pudo establecerse, el funcionamiento de las Causas en
este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que permiten
“reclutar” personas, determinar cuál será la misión de la
Causa, las posiciones o afirmaciones que la respaldan, cuál será
el alcance geográfico de la misma y qué institución será la
“Beneficiaria” de las Donaciones.
Con respecto al primero de estos mecanismos, existen cuatro
formas básicas de Reclutar a las personas para una causa. La primera
de estas deriva de la creación de la Causa y se denomina
“make a pledge”.
En esta modalidad el Administrador Creador de la Causa invita
a todos sus contactos de manera que poco a poco esta se expanda.
Cuando el administrador se vale del “make a pledge” para
reclutar personas, significa que se compromete a invitar a todos
sus contactos.
La segunda manera en que se puede reclutar personas es
mediante la invitación directa de un miembro de esta causa. La
tercera manera de reclutar miembros es a partir de los miembros
que llegan y adhieren a la causa por lo que buscarán que esta
resulte. Finalmente, la cuarta forma de reclutar personas para una
causa es invitar directamente a los usuarios de Causas y Grupos
afines.
De lo anterior deriva que en las Causas es posible diferenciar
entre reclutadores y reclutados. Aun cuando existe esta diferencia
no es tajante pues prácticamente todos los miembros de una
Causa podrán desempeñar ambos papeles. La única excepción
será el Administrador Creador de la causa. Este, a diferencia del
Administrador del Grupo, cumplirá un papel fundamentalmente
de reclutamiento.
El planteamiento de la misión es fundamental para conocer
los objetivos de la Causa, qué resultados busca su creador y a
quiénes busca favorecer. Las posiciones reflejarán la misión a la
vez que le otorgan mayor fuerza argumental. Estas consisten en
afirmaciones que buscan llamar la atención de más personas para
aumentar el número de reclutados. Ejemplos de posiciones son:
“los conductores deberían respetar al peatón”, “el pasaje de estudiante
debería ser gratis”, etc.
El alcance geográfico de la Causa dependerá de la opción “A
qué región afecta su Causa” en que es posible escoger entre 3
ámbitos básicos: “Global”, “Estados Unidos”, “Canadá” y un Ecos de la Comunicación > 139
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Ámbito múltiple que representa a los demás países del mundo
incluidos en la Red de Facebook.
El mecanismo relacionado con la Institución “Beneficiaria”,
permite determinar qué institución recibirá las donaciones que se
logren. Existen cuatro clases de instituciones, “Nonprofits listed
under Political Campaigns”, “Specific nonprofit”, “Support a 2008
presidential campaign” y “Canadian charity”. Finalmente, existe
una opción que permite no elegir alternativas y que en este caso se
denomina “Skip this Step” (http://apps.facebook.com/causes/causes/
new?m=4b3b2e26).
Métodos
Basado en una investigación descriptiva ex post facto de dos
meses de duración llevada a cabo a partir de mayo del año 2008,
usando observación participante y una pauta de cotejo para recolectar
los datos, este artículo analiza “Grupos” y “Causas” en
Facebook con un alcance nacional y local del Gran Concepción.
La investigación buscó describir por medio de este análisis el uso
de la red social Facebook como vehículo de apoyo a movilizaciones
y reivindicaciones sociales.
La población de interés fueron los grupos y causas de la red
social Facebook, remitidos a la Red Chile (incluyendo temas de
interés nacional) y del Gran Concepción.
Se realizó un muestreo sistemático no probabilístico, donde se
seleccionaron los 10 grupos y 10 causas con mayor número de
adherentes, tanto en la Red Chile como aquellos grupos y causas
relacionadas con la ciudad de Concepción y sus alrededores. A partir
de esta muestra se utilizó una pauta de cotejo secundaria para
relacionar grupos y causas menores, denominados “hermanos”, que
comparten temas en común con estas causas principales.
Para el análisis de los datos se realizó un resumen de las causas
principales de tal forma de extraer la información de descripción
de los datos básicos de cada grupo y posteriormente poder
agruparlos por tema de interés. En esta instancia se separaron los
grupos y causas de “interés social” de aquellas consideradas “triviales”,
por no representar necesariamente un interés mayor para
la ciudadanía.
De estos datos resumidos se realizarán búsquedas de grupos y
causas en Facebook, relacionadas con las detectadas como las
más populares. De esta forma, es posible detectar causas y gru140 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
pos asociados a aquellas definidas como más influyentes por la
cantidad de usuarios que poseen.
Resultados
La presente investigación permitió conocer las características
de las redes sociales en Internet, identificar y valorar las herramientas
y potencialidades de Facebook y, por último, analizar
con la utilización específica de dos herramientas de dicha plataforma,
en dos ámbitos geográficos del país. Permitió además
comprender el papel que la ética hacker del trabajo y la lógica de
la abundancia, producto de las redes distribuidas, han tenido en el
desarrollo del ciberactivismo en Chile y cómo se ha traducido en
instancias de protesta con características de ciberactivismo.
El estudio de los Grupos y Causas de Facebook permitió también
vislumbrar como existe una fuerte canalización del descontento
social en distintos temas que acompañan los resultados de
este proyecto. Llama la atención cómo las personas se agrupan en
torno a esta herramienta social para cambiar las situaciones que,
a su juicio, no están bien y que es necesario poner en la agenda
pública.
De los temas recogidos los más importantes, a nivel nacional,
fueron los relativos al transporte, violencia de género extrema,
ayuda social y medioambiente. Finalmente, para concluir es posible
decir que hay una importante presencia de temas contingentes
en los Grupos y Causas de Facebook. Aparentemente, las razones
que motivan esto dicen relación con la importante penetración
de los SRS en Chile.
Sobre los grupos
Los grupos se constituyen principalmente como espacios de
reunión social virtual de quienes son parte de alguna institución
y/o agrupación con raíces offline, espacios que permiten compartir
opiniones, gustos y hobbies. En general, presentan la horizontalidad
característica de las redes distribuidas, salvo algunos
casos en que el administrador maneja mayores prerrogativas (por
ejemplo, grupos privados o secretos).
Dentro de los tipos de grupos anteriormente mencionados se
encontraron algunos reunidos en torno a temas que se pueden Ecos de la Comunicación > 141
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
considerar relevantes o irrelevantes, destacando entre los primeros
las temáticas contingentes y aquellas de más largo plazo,
como por ejemplo, transporte, política y violencia de género
extrema, entre otros. Como contraparte, existen agrupaciones que
comparten su afinidad por tópicos irrelevantes, tales como: el
equipo de fútbol de la Universidad de Chile, la propuesta de la
elefanta Fresia como Miss Facebook, etc.
Aun cuando en un principio se pensó que los grupos más
populares se constituirían como meros espacios de reunión social
sustentados en asuntos triviales, prácticamente se equiparó el
número de grupos con temas relevantes (9) con aquellos relacionados
con temas triviales (11).
Entre los grupos relevantes se encontró un número importante
de temas con características de ciberactivismo: violencia de
género extrema (Ámbito Chile), política (Ámbito Chile), malas
prácticas sociales (Ámbito Chile), Delincuencia (Ámbito Chile),
aborto (Ámbito Chile) y transporte (Ámbito Gran Concepción).
Sobre las causas
Las causas se caracterizan por constituir acciones que la
mayor parte de las veces persiguen objetivos relevantes y de alto
impacto social. Por lo general, estas acciones buscan aglutinar
cada vez a mayor número de adherentes, de manera de ejercer
mayor presión social y constituir una fuerza de cambio. Para esto
las causas, en general, sugieren prácticas deseables para las personas
que las integran, herramientas necesarias para realizar gestos
que evidencien su adherencia y permitan presionar a quien
corresponda para lograr sus objetivos.
La fuerte presencia de temas relevantes y contingentes en las
causas da cuenta de la importancia de estas como espacios de participación
y opinión de las personas, y refleja una sociedad opinante
que busca cambiar las cosas para el beneficio de la
mayoría.
Estas características innatas las convierten no solo en los
espacios ideales para protestar, sino también en el soporte por
excelencia del ciberactivismo.
No obstante lo dicho, algunas causas no presentaron características
de ciberactivismo. Esto ocurrió por la ausencia de objetivos
claros de alto impacto social y falta de entrega de
herramientas de protesta, a la manera de la ética hacker.

Leer publicación .

 

Blogging can be a release from all the structural pressures corroding the creative impulse in academic writing.


Blogging can be a release from all the structural pressures corroding the creative impulse in academic writing..

Mark Carrigan untangles the mixture of creativity and routine when academics sit down to convey complex thoughts. Waiting for the organic moment of inspiration when deadlines loom can be unreliable. By making blogging his main vehicle for intellectual exploration, he was free to explore a form of creative expression that he found intensely liberating. Is consistent writing a matter of attentiveness to moments of inspiration or is it also about cultivating the conditions necessary for this attentiveness?

Credit: Tyler Nienhouse (CC BY)

How do you find time to write? I’ve become fascinated by this question in recent months. Implicit within it is an understanding of ‘writing’ which I’m coming to see as deeply problematic. It treats the creative activity of writing as a matter of temporal budgeting. But how much time does writing take? It obviously depends on what we mean by ‘writing’. According to the typing test I just took, my typing speed is 120 words per minute, which is pretty fast in population terms but not exceptionable for someone who has been touch typing for a long time. At this rate I could type an 80,000 word thesis in around 11 hours. Except I obviously can’t and not just because of the debilitating RSI that would no doubt ensue. In the touch typing test I’m transcribing from on screen text into an on screen text box. In my writing I’m creating something new. So what does that act of creation require? At its best, it relies on inspiration:

The notion of revelation – in the sense that suddenly, with ineffable assuredness and subtlety, something becomes visible, audible, something that shakes you to the core and bowls you over – provides a simple description of the facts of the matter. You hear, you don’t search; you take, you don’t ask who is giving; like a flash of lightening a thought flares up, with necessity, with no hesitation as to its form – I never had any choice.

– Friedrich Nietzsche, Ecce Hommo, Pg 68 (Duncan Large translation)

I feel like this sometimes when blogging. In the past I’ve described it as thinking-through-writingAs I put it last summerthere’s a certain experience of immediacy and urgency in writing which has always been one of my most valued creative experiences: when an inchoate idea is at the forefront of your mind and the process of rendering and externalising it feels like one of the most natural (and important) things in the world. But this only seems to happen if I blog immediately. I grasp at the ‘feel of an idea’ and immediately begin to try and elaborate upon it, drawing out the form incipient within it (or less pretentiously: I put it into words straight away).

This is when blogging is really fun. It’s also fast. When in the habit of doing this, I often find I can write a 1000+ word post in 30-45 minutes. But it’s the role of the habit here that I don’t entirely understand. Partly I think it’s a matter of routine. There’s something about immediately grasping an idea and giving it form which will tend to engender the experience of inspiration. Hearing and taking, rather than searching and asking. So perhaps it’s getting into the routine of responding to ideas in this way as and when you encounter them.

Last summer my enthusiasm for blogging suddenly and surprisingly deepened. I say ‘surprising’ because I’ve been blogging in one guise or another for over a decade. But I’d always seen it as a useful and interesting diversion, whereas I suddenly found it began to matter to me as a form of creative expression that I found intensely liberating, as I began to acclimatise myself to pursuing a career in the academy after an experiment in full time web editing that made me realise that being anything other than a sociologist would bore me in the medium or long term. Blogging was a release from all the structural pressures corroding the creative impulse that had led me to wonder if I actually did want to be an academic. Embracing the lack of constraint attached to this blog (for me) and making it my main vehicle for intellectual exploration, which I guess it had been becoming anyway, helped me make my peace with the jumping through hoops that a modern academic career unavoidably entails. If I can write whatever the hell I want here then I come to feel better about subjugating what I want to write to instrumental considerations elsewhere.

In terms of more formal writing I’m an archetypal binge writer. Until recently, I’ve tended not to write for weeks at a time and then write flat out for one or two days. For a brief period of time I become utterly engrossed by what I’m writing. This absolute immersion in the task at hand tends to eliminate any propensity to self-censorship and I usually find I can write a great deal, often articulating new ideas and drawing out new connections, in a very short space of time. This worked hand-in-hand with a technique I picked up from a Bertrand Russell book years ago:

My own belief is that a conscious thought can be planted into the unconscious if a sufficient amount of vigour and intensity is put into it. most of the unconscious consists of what were once highly emotional conscious thoughts, which have now become buried. It is possible to do this process of burying deliberately, and in this way, the unconscious can be led to do a lot of useful work. I have found, for example, that if I have to write upon some rather difficult topic the best plan is to think about it with very great intensity – the greatest intensity of which I am capable – for a few hours or days, and at the end of that time give orders, so to speak, that the work is to proceed underground. After some months I return consciously to the topic and find that the work has been done. Before I had discovered his technique, I used to to spend the intervening months worrying because I was making no progress: I arrived at the solution none the sooner for this worry, and the intervening months were wasted, whereas now I can devote them to other pursuits.

– Bertrand Russell, The Conquest of Happiness, Pg 49-50

So until recently I’d found writing largely unproblematic. I read, I blogged, I talked and every now and again a few thousand words would pour out of my brain in a way that was often quite enjoyable. Deadlines helped but they weren’t essential to this. The problem began when the process of trying to squeeze too much into the rest of my working life (particularly a full time job, commuting from the midlands to london and setting up a training business) led to the rapid disintegration of this comfortable, albeit occasionally manic, routine of creative production. I made very little progress on my PhD for six months and struggled to get back into a writing groove, not least of all because I had to deal with my masses of data, which in a way I’m still not back into. Binge writing is unreliable: it’s a little scary how much time can elapse before you realise that you’ve not had a serious session of writing for a long time.

It’s because of this PhD delay, as well as my impending deadline, that I’ve been trying to force myself into a daily writing routine. Frankly, I hate it. It makes me self-critical about the intellectual content of my writing in a way I have never been before. Largely because I previously edited my work but didn’t assess it. I’d read it through, note points that needed developing or consider ones that should be removed. But these considerations were post hoc and practical, immediately feeding into the next stage or the next project, rather than leading me to say “this is shit” to myself. Forcing myself to sit down and write for a set amount of time every day completely takes the fun out of it. It leads me to try and write when the ideas aren’t ready to come out. The only occasional experience of inspiration I’ve had in this period has been when I’m working intensively, over and above the daily goal, to meet a deadline I’ve agreed with my supervisor.

So I can see that I’ve bounced from one writing extreme to the other. A complete draft of my PhD is days away (if that). I’ve then got a bit of work to turn a complete draft into a finished draft. After that I want to find some middle ground between my unreliably organic binge writing and this stultifying imperative to sit down and write every single day. But I’m not sure where that middle ground is. It involves inspiration. But does it involve habit? Or is what I’ve been thinking of as ‘habit’ actually a matter of attentiveness, recognising the potential emergence of inspiration and responding to in a way which gives it maximal expression? Perhaps it’s also a matter of cultivating the conditions necessary for this attentiveness? But what are they?

Edit to add: this post was an example of the experience I’m talking about. I’ve had these thoughts spilling around in my head all day. So when I sat down to articulate them, it took well under an hour. Whereas if I sit down for my ‘minimum of two hours daily work on my PhD’ it could easily take me twice as long to write half as much.

This piece originally appeared on The Sociological Imagination and is reposted with permission.

Note: This article gives the views of the author, and not the position of the Impact of Social Science blog, nor of the London School of Economics. Please review our Comments Policy if you have any concerns on posting a comment below.

About the Author

Mark Carrigan is a sociologist and academic technologist based at the University of Warwick. He edits the Sociological Imagination and co-convenes the BSA Digital Sociology and BSA Realism and Social Research groups. He is a research associate at the LSE’s Public Policy Group and was formerly managing editor of the LSE’s British Politics and Policy Blog. His research interests include sociological theory, methodology, biographical methods, longitudinal qualitative research, asexuality, sexual culture and digital sociology.

March 6th, 2014|Academic communication

Traducción Google

Un blog puede ser una liberación de todas las presiones estructurales que corroen el impulso creativo en la escritura académica ..

Marcos Carrigan desenreda la mezcla de la creatividad y la rutina cuando los académicos se sientan a transmitir pensamientos complejos. Esperando el momento de inspiración orgánica cuando los plazos telar puede ser poco fiable . Al hacer blogging su principal vehículo para la exploración intelectual , era libre para explorar una forma de expresión creativa que encontró intensamente liberador. ¿Es la escritura consistente cuestión de la atención a los momentos de inspiración o es también sobre el cultivo de las condiciones necesarias para esta atención ?

Crédito: Tyler Nienhouse (CC BY)

¿Cómo encuentra tiempo para escribir ? Me he vuelto fascinados por esta cuestión en los últimos meses . Implícito en su interior es la comprensión de la “escritura” que vengo a ver tan profundamente problemática. Se trata de la actividad creativa de la escritura como una cuestión de presupuesto temporal. Pero ¿cuánto tiempo toma la escritura ? Obviamente depende de lo que entendemos por “escribir” . De acuerdo con la prueba de mecanografía Acabo de tomar , mi velocidad de escritura es de 120 palabras por minuto , lo cual es bastante rápido en términos de población , pero no exceptionable para alguien que ha sido a usar el teclado durante mucho tiempo. A este ritmo yo podría escribir una tesis de 80.000 palabras en alrededor de 11 horas . Excepto que , obviamente, no es y no puede sólo por el RSI debilitante que sin duda producirán. En la prueba de mecanografía al tacto que estoy transcribiendo desde el texto de la pantalla en un cuadro de texto de la pantalla en . En mi forma de escribir que estoy creando algo nuevo. Entonces, ¿qué ese acto de creación requiere ? En su mejor momento , se basa en la inspiración :

La noción de la revelación – en el sentido de que, de repente , con aplomo inefable y sutileza , algo que se hace visible, audible, algo que te sacude hasta la médula y que en cuencos – ofrece una descripción sencilla de los hechos del asunto. Se oye , no busques ; le llevará , no pides que está dando , como un destello de un rayo un pensamiento se enciende, con necesidad, sin vacilación en cuanto a su forma – nunca he tenido otra opción.

– Friedrich Nietzsche , Ecce Hommo , Pg. 68 (Duncan Large traducción)

Me siento así a veces, cuando los blogs. En el pasado yo he descrito como el pensamiento a través de la escritura . Como dije el verano pasado : hay una cierta experiencia de la inmediatez y la urgencia por escrito que ha sido siempre una de mis experiencias creativas más valoradas : cuando una idea incipiente está a la vanguardia de su mente y el proceso de la representación y la externalización que se siente una de las cosas más naturales ( y más importantes ) en el mundo. Pero esto sólo parece ocurrir si I blog inmediatamente. Agarro a la «sensación de una idea ‘ y comenzar de inmediato para tratar de elaborar sobre ella , sacando la forma incipiente dentro de ella (o menos pretenciosamente : lo pongo en palabras de inmediato ) .

Esto es cuando el blog es muy divertido. También es rápido. Cuando está en el hábito de hacer esto , a menudo me encuentro con que puedo escribir un post 1000 + palabra en 30-45 minutos . Pero es el papel de la costumbre aquí que no entiendo del todo . Parcialmente creo que es una cuestión de rutina. Hay algo en capte inmediatamente una idea y darle forma que tenderá a generar la experiencia de la inspiración. Al escuchar y recibir, en lugar de buscar y preguntar. Así que tal vez se está haciendo en la rutina de dar respuesta a las ideas de esta manera como y cuando usted los encuentra .

El verano pasado, mi entusiasmo por los blogs de repente y sorprendentemente profunda . Digo ‘ sorprendente ‘ porque he estado blogueando en una forma u otra por más de una década. Pero yo siempre lo había visto como una distracción útil e interesante , mientras que de repente me encontré con que comenzó a importar a mí como una forma de expresión creativa que me pareció sumamente liberador , cuando comencé a aclimatarse a mí mismo para seguir una carrera en la academia después de un experimento en la edición web a tiempo completo que me hizo darme cuenta de que ser más que un sociólogo que nada me iba a aburrir en el mediano o largo plazo. Blogging es una liberación de todas las presiones estructurales que corroen el impulso creativo que me había llevado a preguntarse si realmente quería ser un académico . Abrazando la falta de restricción adjunta a este blog ( para mí) y lo que es mi principal vehículo para la exploración intelectual , lo que supongo que había sido cada vez de todos modos, me ayudó a hacer las paces con el salto a través de aros que una carrera académica moderna conlleva inevitablemente . Si puedo escribir lo que yo quiera aquí, entonces yo vengo a sentirse mejor acerca de subyugar lo que quiero escribir en consideraciones instrumentales en otros lugares.

En términos de escritura más formal que soy un escritor arquetípica borrachera . Hasta hace poco , he tendido a no escribir durante semanas a la vez y luego escribir toda máquina durante uno o dos días. Durante un breve período de tiempo me vuelvo completamente absorto por lo que estoy escribiendo . Esta inmersión absoluta en la tarea en cuestión tiende a eliminar cualquier tendencia a la autocensura y que suelo encontrar que puedo escribir mucho, a menudo articular nuevas ideas y extraer nuevas conexiones , en un espacio muy corto de tiempo. Este trabajó mano a mano con una técnica que aprendí de hace un libro de Bertrand Russell año :

Mi propia creencia es que un pensamiento consciente puede ser plantado en el inconsciente , si una cantidad suficiente de vigor e intensidad se pone en él . la mayor parte del inconsciente consiste en lo que antes eran los pensamientos conscientes altamente emocionales, que ahora se han convertido enterrado. Es posible hacer este proceso de enterrar deliberadamente , y de esta manera , el inconsciente puede ser inducido a hacer un montón de trabajo útil. He encontrado , por ejemplo, que si tengo que escribir sobre algún tema bastante difícil el mejor plan es para pensar en ello con gran intensidad – la mayor intensidad de la que soy capaz – por unas horas o días, y en el final de ese tiempo que dan órdenes , por así decirlo , que el trabajo es proceder subterráneo. Después de algunos meses vuelvo consciente con el tema y parece que el trabajo se ha hecho . Antes de haber descubierto su técnica , solía pasar los meses intermedios preocuparse porque estaba haciendo ningún progreso : llegué a la solución de ninguno cuanto antes de esta preocupación, y los meses intermedios fueron en vano , mientras que ahora puedo dedicarme a otra persecuciones .

– Bertrand Russell, La conquista de la felicidad , Pg. 49-50

Así que hasta hace poco había encontrado escrito en gran parte sin problemas . Leí , escribió en su blog , hablé y de vez en cuando unos pocos miles de palabras que derramaría de mi cerebro de una manera que era a menudo bastante agradable. Plazos ayudaron pero no eran esenciales para esto. El problema comenzó cuando el proceso de tratar de exprimir demasiado en el resto de mi vida laboral (sobre todo un trabajo a tiempo completo, los desplazamientos de la región central de Londres y la creación de un negocio de entrenamiento ) condujo a la rápida desintegración de este cómodo , aunque de vez en cuando maníaco , la rutina de la producción creativa. Hice muy poco progreso en mi tesis doctoral durante seis meses y luché para volver a una ranura por escrito, no en último lugar porque tenía que ocuparme de mis grandes cantidades de datos , lo que de una manera que todavía no soy nuevo en . Escritura excesivo de alcohol es poco fiable : es un poco de miedo de cuánto tiempo puede transcurrir antes de que te das cuenta de que usted no ha tenido un grave período de sesiones de la escritura por un largo tiempo .

Es debido a este retraso PhD, así como mi fecha límite inminente , que he estado tratando de obligarme a una rutina diaria de escritura. Francamente , lo odio. Me hace autocrítica sobre el contenido intelectual de mi forma de escribir de una manera que nunca he estado antes. Debido en gran parte he editado previamente mi trabajo , pero no lo evaluó . Había leído a través de, puntos de la nota que había que desarrollar o considero los que deben ser eliminados . Sin embargo, estas consideraciones eran post hoc y práctica, de inmediato la alimentación en la etapa siguiente o el próximo proyecto , en lugar de que me lleva a decir “esto es una mierda ” a mí mismo. Obligándome a sentarme a escribir por una cantidad fija de tiempo cada día toma por completo la diversión fuera de él . Esto me lleva a tratar de escribir cuando las ideas no están listos para salir. La única experiencia ocasional de la inspiración que he tenido en este periodo ha sido cuando estoy trabajando intensamente , por encima de la meta diaria , para cumplir un plazo He acordado con mi supervisor.

Así que puedo ver que he rebotado de un extremo por escrito a la otra . Un proyecto completo de mi doctorado es día de distancia ( si eso) . Entonces tengo un poco de trabajo para convertir un proyecto completo en un proyecto acabado. Después de eso quiero encontrar un término medio entre mi poco fiable escritura compulsiva orgánica y esta embrutecedora imprescindible para sentarse y escribir todos los días. Pero no estoy seguro de donde ese punto intermedio es . Se trata de la inspiración. Pero qué consiste hábito? ¿O es lo que he estado pensando en como “hábito” en realidad una cuestión de la atención, el reconocimiento de la posible aparición de la inspiración y de responder en una manera que le da la máxima expresión ? Tal vez es también una cuestión de cultivar las condiciones necesarias para esta atención ? Pero, ¿qué son?

Editar para agregar : este post es un ejemplo de la experiencia que estoy hablando . He tenido estos pensamientos se derrame en mi cabeza todo el día. Así que cuando me senté a articularlos , se tardó menos de una hora . Mientras que si me siento para mi ‘ mínimo de dos horas de trabajo diario en mi tesis doctoral que fácilmente podría llevarme el doble de tiempo para escribir la mitad.

Esta pieza apareció originalmente en La imaginación sociológica y es publicado con permiso.

Nota: En este artículo se da a las opiniones del autor, y no la posición del impacto del blog de Ciencias Sociales , ni de la London School of Economics. Por favor revise nuestra Política de comentarios si usted tiene alguna preocupación sobre la publicación de un comentario más abajo.

Sobre el autor

Marcos Carrigan es un sociólogo y técnico académico basado en la Universidad de Warwick. Edita la imaginación sociológica y co- convoca el Realismo BSA digital Sociología y BSA y grupos de investigación social . Él es un investigador asociado en el Grupo de Política Pública de la LSE y fue anteriormente jefe de redacción de la LSE británico Política y Política de Blog . Sus intereses de investigación incluyen la teoría sociológica , la metodología, métodos biográficos , la investigación cualitativa longitudinal , la asexualidad , la cultura sexual y la sociología digital.

06 de marzo 2014 | Comunicación Académica

 

Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales


Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales
Emerging logic in collective action and collaborative research practices: notes for an Anthropology with and for social movements

RESUMEN
Este artículo es una reflexión sobre la relación entre la Antropología y el estudio de los movimientos sociales. En primer lugar, presento la aparición de lógicas y prácticas emergentes en el campo de la acción colectiva, nuevos protagonismos sociales cuyas características difieren de la imagen clásica de un actor político organizado. Después paso a explicar las razones por las que considero que la Antropología está mejor preparada para captar este tipo de procesos que los enfoques hoy dominantes en el estudio de los movimientos sociales, ya que la el trabajo de campo etnográfico permite aprehender estas dinámicas emergentes según se están construyendo y desplegando. Y finalmente planteo las discusiones epistemológicas y metodológicas que me llevan a defender la etnografía colaborativa -investigar junto y con los movimientos sociales y no sobre los movimientos sociales- como la aproximación que, a la vez que nos sirve para producir conocimiento en torno a estas experiencias emergentes, permite que nuestros proyectos resulten relevantes para los sujetos con quienes trabajamos.
ABSTRACT
This work analyses the relationship between Anthropology and the study of social movements. First I introduce the emergence of new types of logic and practices in the field of collective action, which sharply differ from our previous images of organized political actors. Then I explain why Anthropology is particularly suitable to grasp these types of processes, much more so that the dominant approaches in Social Movement Studies, since ethnographic fieldwork enables us to apprehend emerging dynamics as they are being built and deployed. I conclude the article by bringing collaborative anthropology into the discussion, emphasizing the epistemological and methodological features that make this proposal appropriate for implementing research projects simultaneously relevant for the academia as well as for the subjects and social movements that we are working with.
PALABRAS CLAVE
antropología colaborativa | movimientos sociales | compañeros epistémicos | reflexividad | acción colectiva emergente
KEYWORDS
collaborative Anthropology | social movements | epistemic partners | reflexivity | emerging collective action

Introducción

Estamos asistiendo en los últimos años a transformaciones profundas en las lógicas y prácticas de la acción colectiva. Emergen nuevos protagonismos sociales a partir de la diversificación y redefinición de los sujetos, espacios y demandas políticas (Norris 2002), así como de las formas organizativas, los discursos y los repertorios de acción que orientan y expresan la (re)invención de unos movimientos sociales que no se ajustan ya -si es que alguna vez lo hicieron- al modelo clásico de entidades unitarias y homogéneas claramente delimitadas. Hoy nos encontramos más bien ante estructuras reticulares complejas y áltamente heterogéneas, cuyos contornos se muestran imprecisos, desordenados y cambiantes; entramados y circuitos de solidaridad que difieren profundamente de la imagen de un actor político organizado (Diani 2003, Mendiola 2003). No hablaríamos, por lo tanto, de totalidades cerradas sino de una topología compleja de redes enredadas, constelaciones dinámicas de prácticas, afectos, herramientas y sentidos compartidos, cuyo carácter abierto -poroso, indefinido, discontinuo- no se entiende como un obstáculo para la acción colectiva, sino como uno de los elementos constitutivos de las formas de pensar, imaginar y hacer otra política hoy.

Este carácter difuso no remite únicamente a la forma o la estructura de estas experiencias novedosas, también sus criterios de pertenencia están poco codificados; su propuesta no pasa ya por (re)crear identidades colectivas fuertes ni por proponer posicionamientos ideológicos muy marcados, al considerase que en lugar de facilitar la construcción de movimiento estos acaban convirtiéndose en un obstáculo para la acción colectiva (1), sino que se busca (aprender a) intervenir políticamente -producir ideas y vínculo social, trabajar en conexión con otros y otras- sin que para ello haya que pensar igual: experimentar la cooperación entre diferentes sin negar las diferencias, hacer proliferar las prácticas organizativas sin centralizarlas, sentirse y saberse parte de procesos comunes sin construir para ello identificaciones rígidas. Estaríamos así ante lógicas de afinidad, “formas de coordinación de singularidades que constituyen sumas que no totalizan sus propios elementos” (Lazzarato 2006: 65). Y desde estas premisas se está abriendo paso un modelo de acción colectiva que podríamos denominar post-identitaria y post-ideológica, siempre que entendamos que estas categorías no remiten a una propuesta post-política o antipolítica, sino al deseo compartido de producir colectivamente otra política, donde la diversidad no es tomada como problema sino como punto de partida, horizonte y desafío. De este modo, en el marco de la sociedad red la gramática de las luchas (el conflicto social) se despliega cada vez más en términos de complejidad, afinidad, conexión y cooperación entre singularidades, una situación que nos lleva a tener que problematizar la idea de un ‘nosotros’ claramente diferenciado como precondición necesaria para la acción (Mcdonald 2002, Chesters y Welsh 2006, Flesher 2010).

Se trata de un panorama novedoso que aún estamos aprendiendo a nombrar; redes difusas que conforman una ecología de interrelaciones complejas y cambiantes (Holmes 2006: 92), y que se componen desde la construcción de vínculos -políticos y afectivos- que deben producirse y reproducirse, cuidarse y tejerse en la materialidad y en la inmanencia de las prácticas y luchas cotidianas. Estaríamos aquí ante un desplazamiento fundamental. No hablamos ya de una arquitectura de los grandes diseños o relatos políticos que se despliegan en planes ideales (ingeniería social, saberes expertos, teorías de vanguardia); sino que estamos, en su lugar, ante una concepción de la política como artesanía (Osterweil y Chesters 2007), una experimentación abierta y siempre en construcción donde el encuentro y las prácticas no derivan ya, como he dicho antes, de los corpus ideológicos o las identidades fuertes, sino de articularse en torno a problemas y malestares sociales compartidos y concretos que se expresan y se viven en ese ámbito cotidiano. Es importante insistir en esta idea: si lo cotidiano es el plano espacio/temporal central para la reproducción de las relaciones sociales capitalistas y para la vivencia de sus consecuencias más concretas -hoy, por ejemplo, la experiencia encarnada de la precariedad- parece lógico entonces que se convierta también en el campo privilegiado de las luchas, las resistencias y los proyectos colectivos de (re)invención de otras maneras de vivir y convivir. Estamos así ante una política de la vida cotidiana, un marco que debería ser también, por lo tanto, el plano en el que despleguemos nuestras investigaciones.

Un buen ejemplo de estas dinámicas emergentes que vengo señalando son las manifestaciones celebradas el 15 de mayo de 2011, y los sucesos de las semanas y meses posteriores (Castells 2012, Taibo 2011 y 2012, Cruells e Ibarra 2013, Calle 2013) (2), que denominaré como el acontecimiento/movimiento 15M. En esta línea, Fernández-Savater nos proponía pensar dicha experiencia en clave de “identidades no identitarias” (Fernández-Savater 2012: 678) y como “movimientos sociales que no son movimientos sociales” (Fernández-Savater 2012: 669). Reflexionando en clave de continuidades y discontinuidades, podríamos decir que estos elementos -estas formas novedosas de imaginar y reinventar la política desde abajo- ya estaban presentes, ya estaban siendo pensados y puestos a trabajar en diversos proyectos que venían experimentando en los últimos años en torno a las formas de hacer y a la redefinición de los dispositivos y las prácticas, pero se trataba de procesos aún muy minoritarios (3); y será en el contexto del acontecimiento/movimiento 15M cuando se expresen de manera multitudinaria. El 15M materializaba muchas de esas intuiciones políticas, pero lo hacía a una escala, un ritmo y una velocidad mucho más amplias; lo que había sido minoritario, devenía en las calles y plazas el sentido común compartido por muchos y muchas: la auto-organización, la producción de una política que no pase por la ideología o la identidad, la problematización de los malestares cotidianos, los espacios de encuentro entre diferentes, etcétera. De hecho estas ideas atravesaban el manifiesto de convocatoria de la movilización del 15 de mayo de 2011, que alejándose de los discursos militantes al uso, decía:

“Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos. Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros. Por la indefensión del ciudadano de a pie.

Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor” (Democracia Real Ya! 2011) (4).

Y fue este tipo de planteamiento el que produjo la interpelación masiva que posibilitó la apertura de un nuevo escenario en aquellas semanas, una interrupción inesperada de la normalidad que abría nuevas posibilidades para el pensamiento y la acción, y que situaba en el centro del debate preguntas y opciones que no estaban dadas de antemano. En ese sentido, es importante destacar que el acontecimiento/movimiento 15M sucedió por afuera de los movimientos sociales organizados y de los circuitos activistas tradicionales, pasó por otro(s) lado(s), hablándonos así de esas formas emergentes de la acción colectiva que se constituyen como un espacio de cualquiera (Fernández-Savater 2012: 678). Como hemos visto, desde su inicio la convocatoria para la movilización remitía con fuerza a un imaginario y un lenguaje muy inclusivos, y presuponía así la posibilidad de una comunidad abierta; los lemas que circulaban eran transversales, llamaban a muchos y muchas e invitaban a producir colectivamente esa otra política. Potencialmente cualquiera podía sentirse interpelado por una protesta contra el bajo perfil de la democracia española: una ley electoral discutible, altos niveles de corrupción, poca transparencia, ausencia de canales de participación, etc.; y también cualquiera podía sentir que había que dar alguna respuesta a la creciente precarización de nuestras vidas, y en ese sentido incidía en esa idea de dar prioridad a los problemas concretos y cotidianos, sentidos en primera persona, por encima de los planteamientos de corte más ideológico e identitario. Y esto es algo que hemos podido ver también en las diversas mareas contra los recortes presupuestarios y de derechos en educación, sanidad, etc., así como en la experiencia de la Plataforma de Afectados/as por la Hipoteca, que en la actualidad es tal vez el proyecto más sólido y con mayor capacidad de incidencia; son dinámicas de intervención más específicas que el acontecimiento/movimiento 15M pero que funcionaban desde esas mismas lógicas emergentes (la política como artesanía). Y nuestras investigaciones, nuestras preguntas y maneras de analizar no pueden permanecer ajenas a estos cambios.

¿Cómo mirar? Hacia una antropología de los movimientos sociales

En este marco de transformación de las lógicas y las prácticas de la acción colectiva es importante plantearnos algunos interrogantes. No es fácil pensar ni comprender estos procesos emergentes a partir de las categorías e imágenes que hasta ahora nos permitían reconocer a los movimientos sociales, ya que “la constitución actual de lo común no pasa por ninguna de las figuras de lo común que están instaladas en nuestro imaginario” (Pelbart 2009: 12). ¿Están sucediendo cosas que no vemos -no podemos ver- con los instrumentos, categorías y preguntas de que disponemos?, ¿nos sirven los mapas que tenemos para aproximarnos a fenómenos que implican una ruptura -una asimetría- con lo ya conocido? Si esa otra política de los movimientos sociales no está vinculada a una ideología o a una identidad compartidas a priori, entonces ¿cómo se construyen, cómo se tejen y se sostienen los vínculos que hacen posible la acción colectiva?, ¿cómo toman cuerpo esa otra política y esos otros protagonismos sociales que actúan desde y hacia la heterogeneidad? ¿Qué instrumentos, qué herramientas de análisis necesitamos para dar cuenta de procesos abiertos, de lógicas en movimiento, de configuraciones cambiantes?, y ¿cómo afecta esto al trabajo de campo y a las lógicas de representación?, ¿cómo organizar las imágenes, los discursos, las metáforas que expresan la complejidad de estos fenómenos?, ¿cómo aprehender -sin cosificarlas- sus características, sus innovaciones y continuidades?

Mi propuesta en este artículo es que los estudios hegemónicos sobre movimientos sociales presentan cierta rigidez a la hora de captar estos procesos que están en construcción. La aparición de lo que Melucci definía críticamente como un “mercado académico mundial en el campo de la investigación sobre movimientos sociales” (Melucci 1989: 195) (5) provocó que la producción de conocimiento en este área gire ahora, mayoritariamente, en torno a los problemas, discusiones y preguntas internas de la propia subdisciplina, imponiendo así las categorías analíticas del propio campo sobre los sujetos investigados, en una lógica autorreferencial que ha provocado que los estudiossobremovimientos sociales hayan perdido en gran medida su capacidad de diálogo con los movimientos sociales (Cox y Flesher 2009, Croteau et al. 2005).

Esto no siempre fue así. En su origen, el proceso de elaboración y acumulación teórica y empírica que posibilitó el surgimiento del estudio de los movimientos sociales como subdisciplina se produjo -en el ámbito norteamericano, que devendría eventualmente hegemónico- en el contexto marcado por las luchas sociales de las décadas de 1960 y 1970, el movimiento por los derechos civiles, feminista, estudiantil, o el movimiento anti-imperialista y contra la guerra de Vietnam, cuando académicos y académicas que tenían fuertes vínculos con estos procesos, o que eran directamente activistas, desafiaron las interpretaciones que en ese momento eran dominantes en el análisis de la acción colectiva. Ésta se entendía principalmente como la expresión de conductas irracionales y anómicas, lo que despolitizaba por completo su carácter y su sentido, y fue gracias a este gran impulso colectivo que pudo comenzar a analizarse desde una mirada que subrayaba el papel de los movimientos como agentes centrales en la transformación social y política de nuestras sociedades. Por ejemplo Doug McAdam, una de las figuras clave en el desarrollo de estos estudios, contaba así su propia experiencia:

“Mi primera exposición al estudio académico de los movimientos sociales tuvo lugar en 1971 cuando, para mi sorpresa, el profesor de la clase de Psicopatología dedicó varias semanas a la discusión de este tema. Digo ‘sorpresa’ porque, como participante activo en el movimiento anti-guerra, ciertamente fue una noticia saber que mi implicación en la lucha era debida a una mezcla de patología personal y desorganización social. Pero esos fueron, reflejando las teorías dominantes en aquel momento, los dos factores que se subrayaron en el curso.” (McAdam 2003: 281) (6).

El cambio que se produjo en ese contexto de efervescencia política y social fue extraordinario, e hizo posible abrir nuevos horizontes y programas de investigación. Sin embargo, mi sensación es que más allá de lo logrado -que es mucho- en este proceso de institucionalización y profesionalización los estudios sobre movimientos sociales han ido perdiendo progresivamente esa relación intensa entre academia y activismo que sí estaba presente en su origen, generándose así un distanciamiento creciente que ha bloqueado la posibilidad de elaborar preguntas compartidas (Bevington y Dixon 2005, Meyer 2005, Goodwin y Hetland 2009). Así por ejemplo, Richard Flacks afirmaba que

 ”Era posible imaginar, si estabas implicado en el campo de los estudios sobre movimientos sociales, que tus clases, tu asesoramiento y tu participación directa, así como tus esfuerzos de investigación, podían tener alguna relevancia para las prácticas y los puntos de vista de los activistas políticos. En algún punto a lo largo del camino, sin embargo, esa promesa de relevancia retrocedió (se esfumó) y una definición de objetivos mucho más ‘profesional’ y ‘disciplinaria’ pasó a primer plano” (Flacks 2004: 136) (7).

De este modo, dicha subdisciplina se fue transformando en una ciencia sedentaria, auto-referencial, que no se interesa ya por acompañar aquello que de movimiento tienen los movimientos, y que convierte en objetos a los sujetos con quienes trabaja, a los que trata como materia prima para su propia reproducción (8). Y en ese sentido, la inercia de su aparataje conceptual y teórico -que circula y se reproduce en las revistas y conferencias académicas especializadas- es en cierto modo un obstáculo para percibir y analizar dinámicas que están emergiendo.

¿Qué puede aportar en este contexto la antropología? Cartografiar lo emergente implica focalizar la mirada en los procesos según se producen y se despliegan, y para eso hay que situarse al interior de esas redes de relaciones, escuchar los discursos, conocer las prácticas, percibir la textura, el ritmo y las tonalidades de esas tramas de sentido que se construyen colectivamente. Y eso se logra a través de la inserción en el tiempo y el espacio de lo cotidiano que caracteriza al trabajo de campo etnográfico, donde como investigadores o investigadoras observamos qué sucede, escuchamos, preguntamos, sentimos, dialogamos y participamos en mayor o menor medida (9). La combinación metódica entre lo diacrónico y lo sincrónico, la atención privilegiada al proceso y a lo relacional, a lo micro-político, a esa (re)producción y transformación de los vínculos y los sentidos compartidos, es lo que va a hacer posible acercarnos a la multidimensionalidad inherente a estas experiencias reticulares y difusas; y ahí la etnografía es clave porque nos invita a mirar de manera diferente, prestando mayor atención a la contingencia, la diversidad, el dinamismo y la complejidad de los factores que se (re)combinan de maneras inesperadas. De este modo, por su carácter de disciplina indisciplinada (Comaroff 2010), y por el enorme potencial que tienen sus técnicas de producción de conocimiento para abrir nuevos horizontes de investigación y percibir lo que está por llegar, lo que está naciendo, la antropología puede jugar un papel fundamental a la hora de detectar y analizar este tipo de procesos emergentes (Hannerz 2010).

Por otro lado, he señalado cómo estas redes se conforman como entramados heterogéneos, abiertos, compuestos por una multiplicidad de niveles y cuya topología no viene dada de antemano. En este sentido, Latour afirmaba que ante este tipo de procesos donde los límites no están claramente definidos y donde las dimensiones a considerar fluctúan, la tarea del investigador o investigadora no sería imponer a priori algún tipo de orden, limitando la forma, el tamaño o el carácter de las conexiones, sino “seguir a los propios actores” (Latour 2005: 12), es decir, que sean los propios sujetos -los y las integrantes de los movimientos sociales en este caso- quienes tracen la particular geografía variable de su campo. Y aquí de nuevo la etnografía se nos muestra como una herramienta extremadamente útil, ya que no pretende sobre-codificar los discursos de los sujetos desde las categorías disciplinares, sino abrir el espacio necesario para que sean esos sujetos quienes definan el sentido (los sentidos) de sus prácticas, y propongan, desplieguen y ordenen sus propios conceptos, análisis y mapas de relaciones (Auyero y Joseph 2007, Hammersley y Atkinson 1994, Schatz 2009).

Además, y como último punto, la antropología aporta también su preocupación particular por los elementos culturales, y esto es especialmente importante si entendemos que uno de los planos fundamentales de acción de los movimientos sociales es (re)nombrar el mundo de maneras alternativas, creando y resignificando códigos e imaginarios -relatos, ideas, mitos, figuras- y ampliando así el campo de lo posible y lo pensable. Las redes subterráneas de movimientos sociales funcionan como espacios de experiencia y experimentación en los que, “se plantean nuevos problemas y preguntas, y en los que se inventan y ensayan nuevas respuestas” (Melucci 1989: 208) (10), y operan por lo tanto como “laboratorios de innovación cultural” (McAdam 1994: 55), activando un trabajo cotidiano en torno a las representaciones sociales, a la producción simbólica y a los procesos y dispositivos de subjetivación, que aparecen hoy como un ámbito clave de intervención para la acción colectiva (Escobar y Osterweil 2009).

Por todo esto, la antropología sería un enfoque privilegiado para aproximarnos a este tipo de dinámicas emergentes. Sin embargo, y a pesar de las características que acabo de mencionar, la Antropología -en comparación con la Sociología, la Historiografía o la Ciencia Política- ha tenido hasta ahora un papel bastante limitado en este campo de análisis. Hace más de dos décadas, Arturo Escobar lamentaba en un texto ya clásico la invisibilidad de los movimientos sociales en la antropología, afirmando que la investigación de algo tan heterogéneo y complejo como los movimientos sociales contemporáneos suponía de hecho un desafío que podía ayudar a profundizar la autocrítica de la disciplina, teniendo implicaciones importantes para el trabajo de campo y para la dimensión política de la escritura etnográfica, es decir, para quién escribimos y cómo; y planteando así cuestionamientos epistemológicos y metodológicos que podían ser muy fructíferos en términos de cruces innovadores entre teoría y práctica, conocimiento y acción (Escobar 1992: 419). Y más adelante, Javier Auyero (2005: 122) insistía en esta ausencia, destacando que hay mucha reconstrucción pos facto de la protesta pero que la producción de etnografía in situ sigue siendo escasa.

Esta invisibilidad, que por supuesto nunca fue completa, parecería no obstante estar cambiando a lo largo de la última década, y con mayor intensidad aún al calor de los movimientos sociales que han surgido en los últimos años. Así, por citar algunos ejemplos, puede destacarse la creación de una red de investigadores e investigadoras en antropología de los movimientos sociales dentro de la European Association of Social Anthropologists (11); la presencia creciente de esta temática en congresos de antropología, y la publicación de manuales específicos como el caso de Nash (2005), Grimberg, Macedo y Manzano (2011), o Juris y Khasnabish (2013); la edición del monográfico “Etnografías de la indignación” coordinado en 2013 por Fernández de Rota y Diz en la Revista de Antropología Experimental(12); los múltiples materiales de la carpeta “Occupy, Anthropology, and the 2011 Global Uprisings”, publicada por Cultural Anthropology en 2012 (13); los trabajos de Estalella y Corsín en torno al 15M en el proyecto Prototyping (14); así como algunos de los artículos editados por la revista Collaborative Anthropologies(15), o los presentados por el Berkeley Journal of Sociology en su foro “Understanding the Occupy Movement: Perspectives from the Social Sciences” (16). Creo que este breve recuento nos da una idea de cómo los investigadores e investigadoras parecen estar buscándose desde la necesidad y el deseo de debatir sobre intereses y problemáticas compartidas.

Un paso más allá. La dimensión colaborativa: de la relación sujeto/objeto de investigación a un diálogo de reflexividades

Sin embargo, y junto a estos elementos que vengo subrayando, creo que es importante dar un paso más allá en el análisis de las formas emergentes de la acción colectiva (17). Si no hay un trabajo epistemológico fuerte que oriente explícitamente nuestros diseños metodológicos en otra dirección, es probable que acabemos practicando por defecto etnografía sobre los movimientos sociales, y en ese caso estaremos dejando sin problematizar -y por lo tanto, reproduciremos- la asimetría y la subordinación que componen y atraviesan la relación sujeto/objeto de investigación (18). Para evitar que esto suceda es clave situar las preguntas ¿para qué? y ¿para quién? en el centro de nuestros proyectos; y en ese sentido Escobar (2008) enfatizaba la importancia de desarrollar nuestros trabajos pensando junto y con los movimientos sociales, tomando como punto de partida sus localizaciones epistémicas y políticas, y no únicamente los intereses académicos o disciplinarios. Es central además reconocer el papel de los movimientos sociales como productores de conocimiento, en un contexto en el que para muchas experiencias la producción y sistematización de saberes -situados, encarnados, creados colectivamente, surgidos en y desde las prácticas- no se piensan como un complemento o como un momento separado de la política, no son propuestas que tengan sentido aisladas: el pensamiento colectivo, la investigación militante, la experimentación política y la producción de movimiento son entendidos y vividos como hilos de un mismo tejido (Casas-Cortés, Osterweil y Powell 2008, Santucho 2012).

Ese gesto que nos propone Escobar permitiría articular investigaciones que, además de para la academia, fueran útiles para los sujetos con quienes trabajamos. Esta afirmación no esconde ningún proyecto normativo: la relevancia no puede definirse por fuera de cada situación específica, y debe ser negociada y definida colectivamente por los diferentes actores implicados; pero sería deseable que cada investigador o investigadora tuviera presente -sin dogmatismos, pero con honestidad- las cuestiones de para qué y para quién sirven los proyectos que desarrollamos. Y me estoy refiriendo aquí a la relevancia de la investigación como proceso, y no únicamente como resultado, que es como se piensa habitualmente: un texto-herramienta (o de un conjunto de ellos) que da a conocer una experiencia, que visibiliza prácticas, y genera o alimenta debates relevantes para los y las activistas. Y todo eso es necesario, pero lo que me interesa pensar -como pregunta fuerte- es cómo lograr que la investigación sea útil como proceso, y no únicamente como producto final, un gesto que nos obliga a discutir, negociar y articular intereses y definiciones que sean -al menos parcialmente- compartidos en relación al diseño y al desarrollo de la investigación. En mi opinión hacer posible este modelo de relevancia, darle cuerpo, pasa necesariamente por afirmar la reflexividad de los grupos con quienes trabajamos, e intentar que nuestras investigaciones se conecten y se recombinen de un modo creativo y productivo con sus propias conversaciones. No se trataría de “enseñar” nada al movimiento desde una posición de “experto”, sino que, como señalaba Juris, “el conocimiento etnográfico producido de manera colaborativa busca facilitar procesos de (auto)reflexión activista que ya están en marcha en relación a los objetivos, las tácticas, las estrategias o las formas organizativas de un movimiento” (Juris 2007: 165) (19); y en ese marco la tarea del investigador o la investigadora es acompañar -aprender acompañando y siendo acompañado/a-, abriendo un espacio de reflexividad dialógica y co-análisis.

Esto conlleva diversos desplazamientos. El primero es pasar de una relación de investigación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, donde se toma como punto de partida la condición de productores de conocimiento de los grupos con quienes trabajamos; como señalaban Holmes y Marcus.

“Dentro de las comunidades epistémicas que buscamos explorar, nuestros sujetos son perfectamente capaces de hacer magníficas etnografías en sus propios idiomas. En los términos de sus propios discursos situados, la función descriptiva básica de la etnografía es muy probable que ya se esté ejerciendo. A modo de artefactos, libros y memorias emergen cada día desde el interior de las mismas, por así decirlo, y explican con gran agudeza crítica cómo los procesos, instituciones y organizaciones contemporáneas más complejas y estratégicas operan y tienen sus propias culturas. No son necesarios los antropólogos para añadir ‘crítica’, orden moral o un significado superior a dichos relatos. (…) nosotros debemos, por lo tanto, reaprender nuestro método a partir de nuestros sujetos tomados como compañeros epistémicos, desde la evaluación cuidadosa de cómo ellos se involucran intelectualmente con nuestro mundo y nuestro tiempo.” (Holmes y Marcus 2008: 84) (20).

En este sentido, y como segundo desplazamiento, no estamos ya ante la categoría clásica del informante, el nativo o la nativa que proveen de información al experto, que será quien realice el análisis complejo que ellos y ellas supuestamente no podrían hacer; sino ante un escenario poblado por actores hiper-reflexivos, compañeros/as epistémicos/as, cuyas prácticas están atravesadas por el mismo ethos experimental que las del investigador, y que ponen en juego y despliegan lo que Holmes y Marcus han denominado como para-etnografía.

“Para nosotros, la figura del para-etnógrafo cambia fundamentalmente las reglas de juego de la colaboración, así como la mediación de ideas y sensibilidades englobadas por y en el intercambio etnográfico. No nos interesa la colaboración como una ‘división del trabajo’ entre los investigadores o investigadoras que controlan el diseño de un proyecto, ni como la base para combinar saberes expertos académicos o como un gesto hacia la interdisciplinariedad canónica. La idea es, de nuevo, integrar completamente la agudeza analítica y las percepciones de nuestros sujetos para definir las temáticas que se ponen en juego en nuestros proyectos, así como los medios a través de los cuales vamos a explorarlas” (Holmes y Marcus 2008: 86) (21).

No estaríamos por lo tanto ante el imaginario de la investigación etnográfica como caza o captura del que hablaba Malinowski, sino ante una lógica de cooperación, pensada en clave de un caminar compartido (22). Una idea que se ha venido planteando desde diferentes escenarios: la conexión entre diversos elementos de la Investigación Acción Participativa y la antropología (Greenwood 2000), las propuestas de la sociopraxis (Villasante 2006), la etnografía doblemente reflexiva (Gunther Dietz 2011), o los aportes de la antropología feminista y las metodologías decoloniales son algunos de los enfoques y herramientas que nos permiten acercarnos a ese horizonte colaborativo que vengo señalando, y cuyas principales características voy a detallar a continuación.

En primer lugar, las propuestas colaborativas implican repensar/resignificar la práctica de colaboración -que es por definición inherente a la etnografía- para situarla deliberada y explícitamente como la columna vertebral que oriente y dé sentido al diseño de todas y cada una de las fases de la investigación: desde la formulación del proyecto hasta el trabajo de campo, el análisis y la escritura, poniendo en discusión con los sujetos con quienes trabajamos las representaciones que serán elaboradas a partir de los datos producidos (Lassiter 2005: 132). La colaboración se entiende, por lo tanto, como producción conjunta e implica idealmente un proceso continuo de diálogo, ensayo y (re)negociación de una agenda compartida y de los objetivos -no siempre coincidentes- de los diferentes actores.

En este sentido, situar las prácticas colaborativas como eje del proceso de investigación modifica profundamente el carácter del trabajo de campo, que pasa de ser un espacio/tiempo de producción o recolección de datos, anterior y separado del momento del análisis, a ser un espacio/tiempo en el que se despliegan dinámicas colectivas (talleres, cartografías, etc.) de co-teorización y co-conceptualización (Vasco 2002, Rappaport 2007 y 2008) que serán los que den lugar a la producción de conocimiento. Por eso no tiene sentido hablar, como sí hacen otras propuestas, de una fase posterior de devolución del análisis elaborado por el investigador/experto, sino que nos estamos situando en otro plano, en una lógica de la investigación como artesanía, en la que lo importante es pensar juntos y juntas: abrir espirales de “acción-reflexión-acción” en las que la reflexión colectiva sobre la práctica vaya construyendo nuevas reflexividades y posibilidades de acción más creativas. Un escenario, por lo tanto, en el que es central el cuidado del proceso, y donde nuestra tarea como investigadores e investigadoras es situarnos en clave de transducción, entendiendo que el análisis es compartido y que ésa es justamente la mayor riqueza de estos proyectos.

Es fundamental señalar, además, que al abrir espacios y tiempos de codecisión en el diseño y análisis de la investigación, la etnografía colaborativa desestabiliza la asimetría de poder (la violencia simbólica) implícita en la relación sujeto investigador/objeto investigado, estableciendo una situación en la que “para que los sujetos de la investigación tengan un grado adicional de control real, el investigador o investigadora tendrán que delegar una parte significativa de su propio control” (Hale 2008: 15) (23).

Y creo que es importante entender esta pérdida de control más como una oportunidad que como un problema; se trata de una propuesta desde la complejidad, sin garantías, experimental y que no está -no puede estar- exenta de tensiones (Leyva y Speed 2008), pero que nos permite situar con fuerza la cuestión de la relevancia (la utilidad para las personas con quienes trabajamos) en el centro del proyecto, a la vez que producimos análisis académicos más ricos y profundos al acceder a planos de acción a los que resultaría difícil llegar desde otras aproximaciones. Cuanto más puedan apropiarse del proyecto los sujetos con quienes trabajamos, aunque sea parcialmente, más rico va a ser el análisis compartido, y mayores nuestras opciones de observar -en su producción material y concreta- los procesos de construcción y redefinición colectiva de las categorías, los sentidos y las nociones comunes sobre las que se asienta y se despliega la acción colectiva. Entiendo que esa pérdida de control deja al investigador o investigadora en una posición ambigua, en algún lugar indefinido -entremedias- de la academia y de los movimientos, y que habitar y sostener esa situación puede activar tensiones que son difíciles de gestionar. Realizar un trabajo que resulte creíble y sólido en los dos ámbitos, el académico y el de los movimientos sociales, es tal vez la más destacada y hay un riesgo evidente en intentar mantener esta doble lealtad: acabar por no hacer bien ninguna de las dos cosas, no cumplir con las expectativas, las demandas ni los criterios de aceptación y validación de estos dos ámbitos. Pero a la vez insisto en que esa incomodidad y esa ambigüedad pueden abrirnos posibilidades inesperadas si somos capaces -junto y con los sujetos con quienes trabajamos- de aprender a habitar creativamente esa tensión e intentamos declinarla de manera productiva (Hale 2008: 23).

En este sentido, Rappaport (2008: 23) planteaba una serie de condiciones ideales para la realización de una etnografía colaborativa: en primer lugar, el compromiso de sostener un diálogo a largo plazo, lo que no siempre es posible; en segundo lugar, un grado significativo de confianza entre las partes que generalmente nace de una relación construida durante años; y como tercer factor, la presencia de un grupo de interlocutores que puedan asumir y liderar el proceso de co-teorización. Fuera del cuerpo de su artículo, como una nota al final del texto, la autora presentaba una cuarta condición, afirmando que afrontará mejor el reto de la investigación colaborativa quien ya sepa cómo hacer una buena etnografía. No obstante, tiene que quedar bien claro que el trabajo colaborativo no debe entenderse como la “nueva manera correcta” de hacer etnografía (Field 2008: 42); simplemente es una lógica y una herramienta, o combinación de herramientas, que se adaptan mejor a cierto tipo de situaciones de investigación y que pueden responder mejor a determinadas preguntas, pero no es una receta. Ni siquiera hay una única forma de hacer etnografía colaborativa; hay etnografías colaborativas en plural, y en cada caso habrá que buscar las estrategias específicas que mejor se adapten al contexto particular. Lo fundamental es mantener en el centro de nuestras investigaciones el cuestionamiento sobre los modos de producción y validación del conocimiento: para qué y para quién se produce, cómo se produce, y cuáles son los criterios para considerar un determinado saber como legítimo (o como ilegítimo, no importante, desechable), y desplegar las estrategias metodológicas que nos permitan abrir otros horizontes para y desde nuestros proyectos.

Conclusiones

El objetivo de las propuestas colaborativas, apoyándose en ese desplazamiento central que supone pasar de una relación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, es romper con las asimetrías propias de las situaciones de investigación, desbordar las lógicas disciplinarias auto-referenciales y lograr que nuestros proyectos sean útiles y relevantes para las personas con las que trabajamos. Insisto en que estas propuestas no van a ser aplicables a todas las situaciones de investigación, pero considero que en el caso concreto del estudio de la acción colectiva son sin duda una herramienta de gran valor.

Frente a la inercia auto-referencial de los estudios sobre movimientos sociales, pensar y producir conocimiento junto y con los movimientos sociales demanda reconstruir espacios de diálogo y colaboración, y situar en el centro de la investigación los temas y las preguntas que emerjan de dicho diálogo. Es obvio que ambas dimensiones son distintas, academia y movimientos sociales no son lo mismo y no tienen porqué serlo, pero sin duda es posible articular procesos de escucha y conversaciones que permitan crear proyectos parcialmente compartidos. Estaríamos participando así en ese reto epistemológico y metodológico para la antropología que, como decía Escobar más arriba, remite a la dimensión política de la escritura etnográfica: para quién y cómo escribimos.

Por otro lado, quiero reiterar que situar la relevancia en el centro de nuestros proyectos, intentar que sean útiles para la gente con la que estamos trabajando, y hacer una etnografía de calidad, que pueda aportar respuestas y -sobre todo- preguntas inteligentes, no son incompatibles. No hay que elegir entre estas dos opciones. Todo lo contrario; pensar junto y con las personas que están dando cuerpo a esos nuevos protagonismos sociales es la mejor manera posible de alcanzar una comprensión más rica de estos fenómenos. Si nuestras propuestas están integradas dentro de las dinámicas internas de los movimientos, eso nos permitirá participar en situaciones de discusión y análisis colectivo que multiplicarán la riqueza y la complejidad de nuestras investigaciones. Tomarse en serio el carácter de compañeros epistémicos de las personas con las que trabajamos implica poner en el centro los momentos en los que ellos y ellas reflexionan colectivamente sobre sus propias categorías de sentido, y en los que las redefinen y resignifican. En unas redes y experiencias donde la reflexión conjunta sobre la práctica política es entendida en sí misma como una práctica política, estos encuentros son un contexto de máximo interés para comprender la reinvención de la acción colectiva, ya que es ahí donde se reactivan los procesos de experimentación en torno a las formas de hacer. Ése es el laboratorio donde se tejen las lógicas y los dispositivos emergentes: conversaciones, relaciones, conflictos y decisiones en las que se elaboran y se ponen en circulación categorías -formas de percibir y nombrar el mundo- que intentan catalizar la movilización y que son centrales para entender cómo ésta toma forma, se hace visible y va cambiando. Un proceso siempre en transformación mediante el que los movimientos construyen sentido. Ahí es donde tenemos que situarnos escuchando, acompañando y aprendiendo, en esa reflexividad creativa y compartida, en esa lógica de la artesanía de la política y de la investigación. Es ahí también donde seremos capaces de plantear preguntas con las que no solo la academia, sino también los y las protagonistas de estas experiencias, agentes reflexivos en permanente redefinición, quieran seguir caminando.

Hemos visto como el modelo dominante en el estudio de la acción colectiva ha ido perdiendo esta conexión, y al hacerlo ha profundizado las asimetrías que he tratado de problematizar en estas páginas: sujeto/objeto, teoría/práctica, saberes expertos/saberes cotidianos, etc. Hemos destacado también lo que la antropología puede aportar a este campo de análisis, y sabemos además que está empezando a hacerlo con mayor intensidad; como he mencionado proliferan los espacios de encuentro y la producción de textos en este sentido, y justamente por eso estamos en el mejor momento para replantear la discusión sobre las lógicas y prácticas colaborativas de investigación. Perder cierto grado de control sobre los proyectos en los que nos implicamos no solo no es un problema, sino que nos sitúa ante una oportunidad extraordinaria: imaginemos una etnografía sobre las formas emergentes de acción colectiva que resultara desbordada -llevada más allá de sus propios límites epistemológicos y metodológicos- por esas mismas prácticas emergentes de acción colectiva, ¿qué más podríamos pedir como investigadores e investigadoras?


Notas

1. Me refiero obviamente a estas formas emergentes de la acción colectiva; para otros actores y otro tipo de reivindicaciones las identidades fuertes siguen siendo fundamentales. Por poner un ejemplo cercano, tan solo hay que pensar en los diferentes proyectos de carácter nacionalista que están en disputa en el estado español, para los que la cuestión identitaria es absolutamente clave. Esto no invalida mis argumentos, sino que remite a la imposibilidad de explicar la heterogeneidad de los movimientos sociales desde una perspectiva o teoría unitaria (Santos 2001: 180).

2. Ver el trabajo de Fernández-Savater en http://blogs.publico.es/fueradelugar/tag/apuntes-de-acampadasol y http://www.eldiario.es/interferencias/ficcion-politica-15-M_6_71452864.html. Así como los materiales producidos por el programa Sociedad Civil y Comunicación de la UOC http://civilsc.net; y el grupo de investigación DatAnalysis15M http://datanalysis15m.wordpress.com.

3. Es el caso de V de Vivienda, o de la red de Oficinas de Derechos Sociales. Sin embargo, y por señalar antecedentes en un sentido más amplio, creo que es importante destacar el papel jugado por el despliegue del movimiento global, que marcó un punto de no retorno en relación a la primacía de las formas de organización en red, horizontales, flexibles, descentralizadas y sin una estructura ni un sujeto político (ni una ideología ni una identidad cerradas) que pudieran sobre-codificar los procesos de coordinación autónoma de las iniciativas que daban vida a ese heterogéneo movimiento de movimientos (Wainwright et al. 2007). Por otro lado, junto a las semejanzas hay también diferencias notables; el movimiento global tenía un carácter eminentemente nómada, los y las militantes se desplazaban de un lugar a otro del planeta señalando los centros políticos, económicos y militares de la gobernanza transnacional -las cumbres del G8, el Banco Mundial, el FMI, la OTAN, la OMC, la UE, etc.- o para asistir a los encuentros del propio movimiento: el Foro Social Mundial o los múltiples foros regionales. Por el contrario, en el ciclo actual las protestas están claramente territorializadas, y retoman además como objetivo prioritario de intervención las instituciones y los actores estatales y locales; esto no quiere decir que no haya referencias a otros niveles, como vemos en los países del sur de Europa en relación a las medidas adoptadas por el BCE, la Comisión Europea y el FMI, pero cada una de las luchas -la llamada Primavera Árabe, o las protestas de distinta intensidad en Islandia, Portugal, Grecia, México, Senegal, Turquía, Reino Unido, Israel, España, Estados Unidos o Brasil- respondían a la especificidad de sus propias coordenadas estatales (eso no impide, por otro lado, que se reconozcan a sí mismas como parte de una ola global más amplia, en cuyo interior las influencias son obvias y circulan -a través principalmente de las redes sociales- con gran rapidez de unas experiencias a otras).

4. Consultar el manifiesto completo de Democracia Real Ya! en http://www.democraciarealya.es/manifiesto-comun

5. En inglés en el original, traducción propia.

6. En inglés en el original, traducción propia.

7. En inglés en el original, traducción propia.

8. Las principales revistas en lengua inglesa en el campo de estudio de los movimientos sociales siguen esta pauta, en especial Mobilization, fundada en 1996, y considerada como la más importante en este ámbito. La excepción a la regla es la revista Interface: a journal for and about social movements, activa desde 2009 y que nace con el objetivo explícito de romper con esa auto-referencialidad disciplinaria; ver http://www.interfacejournal.net/who-we-are/

9. Esto no debería entenderse como una defensa de las fronteras disciplinares; considero que toda investigación en ciencias sociales debe ser transdisciplinar. Es únicamente un llamamiento a desestabilizar las posiciones hegemónicas en el estudio de la acción colectiva, y un intento de mostrar lo que la antropología podría aportar en ese proceso.

10. En inglés en el original, traducción propia.

11. Más recientemente, se constituyó el grupo temático Antropología y Movimientos Sociales, dentro del Instituto Madrileño de Antropología, que en marzo de 2013 organizó el seminario “Entre la participación y la reflexividad: antropología y movimientos sociales”, con contenidos similares a los que intento poner en discusión en este artículo. Ver http://antropologiaymovimientossociales.wordpress.com/2013/03/03/entre-la-participacion-y-la-reflexividad-antropologia-y-movimientos-sociales/

12. Ver http://www.ujaen.es/huesped/rae/

13. Ver http://culanth.org/fieldsights/63-occupy-anthropology-and-the-2011-global-uprisings

14. Ver http://www.prototyping.es/tag/15m.

15. Ver http://muse.jhu.edu/journals/collaborative_anthropologies/toc/cla.1.html

16. http://bjsonline.org/2011/12/understanding-the-occupy-movement-perspectives-from-the-social-sciences/

17. Estas reflexiones surgen a partir del trabajo de campo realizado durante mi tesis doctoral, actualmente en fase de escritura, y que ha consistido en una aproximación etnográfica a la red de Oficinas de Derechos Sociales (ODSs), creada en la segunda mitad de la década del 2000, pero que tenía su origen al interior de redes y comunidades de activismo que compartían una amplia trayectoria previa de proyectos comunes en torno a la precariedad, a la cuestión de las migraciones y el régimen de fronteras, y a la experimentación en torno a las formas de hacer política desde los movimientos sociales. A nivel metodológico, el trabajo de campo de la investigación se desarrolló en 10 nodos de la red situados en Málaga, Zaragoza, Terrassa, Sevilla, Pamplona/Iruña, Barcelona y Madrid; y se basó en: los materiales elaborados por los y las integrantes de la red (informes internos, correos electrónicos, textos de reflexión, etc.); episodios de observación participante en múltiples contextos; una primera fase de entrevistas en profundidad realizadas en los distintos nodos; y por último, y aquí es donde tomaba forma la dimensión colaborativa, en una segunda fase de talleres de discusión y análisis colectivo, diseñados y elaborados (tanto a nivel metodológico como de contenidos) junto y con los y las activistas de la red a partir de los materiales producidos en la primera fase de trabajo de campo. Sobre investigaciones desarrolladas desde la etnografía colaborativa, ver también los trabajos de Leyva y Speed (2008), Vasco (2002), y el proyecto InterSaberes coordinado por Gunther Dietz en la Universidad Veracruzana, Mexico, http://www.intersaberes.org/

18. De hecho, el giro producido en el estudio de la acción colectiva hacia propuestas más dinámicas y relacionales ha hecho que un número creciente de autores y autoras reconozca y enfatice la importancia de la etnografía en el estudio de los movimientos sociales, debido a su capacidad para brindar acceso a los procesos políticos según se despliegan (McAdam 2003, McAdam, Tarrow y Tilly 2008), pero incluso cuando se comparte la herramienta el uso que se hace de la misma y la lógica desde la que se emplea son muy diferentes. Ni los objetivos, ni las preguntas ni las preocupaciones son coincidentes, y ésa es la razón por la que me parece importante alejarse de las orientaciones dominantes en el estudio de los movimientos sociales.

19. En inglés en el original, traducción propia.

20. En inglés en el original, traducción propia.

21. En inglés en el original, traducción propia.

22. Fueron los grupos estudiados por la antropología quienes, cansados ya de ser pensados y tratados como objetos, y de ver negada su capacidad y su legitimidad para construir sus propios relatos sobre sí mismos, empezaron a cuestionar de manera insistente el derecho (¿tú quién eres y por qué vienes a investigarme?) y las intenciones (¿para qué, para quién y cómo vas a hacerlo?) de los investigadores e investigadoras, exigiendo un mayor control tanto del proceso de construcción como del contenido de las representaciones que la antropología elaboraba en torno a sus formas de vida. Esta ‘rebelión’ de los sujetos subalternos/subalternizados, en la que tuvieron un papel fundamental las luchas anticoloniales y feministas, ya desde la década de 1960, ejerció un impacto incuestionable sobre la disciplina, problematizando y desestabilizando la autoridad -los discursos de verdad- de la antropología, y exigiendo la articulación de relaciones y prácticas más igualitarias, recíprocas y negociadas, diálogos compartidos (no exentos de conflictos, como toda relación social) frente a una antropología tradicionalmente extractiva y colonial. Este conjunto de críticas y debates se fue desarrollando tanto fuera como dentro de la academia, debido por un lado al empuje de esos movimientos, que lograban crear o conquistar espacios contrahegemónicos al interior de la universidad, y por otro al compromiso de científicos y científicas sociales que rechazaban la hegemonía de un canon que consideraban eurocéntrico, colonial y patriarcal. La combinación de estos factores impulsó la reflexión y experimentación en torno a metodologías que pudieran desbordar o revertir la división entre teoría y práctica, sujeto y objeto de investigación, etc.

23. En inglés en el original, traducción propia.


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2009 Filosofía de la deserción. Nihilismo, locura y comunidad. Buenos Aires, Tinta Limón.

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2007 Reflections on Fieldwork in Morocco. Berkeley, University of California Press.

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2008 “Beyond Participant Observation: Collaborative Ethnography as Theoretical Innovation”, Collaborative Anthropologies, Volume 1: 1-31.

Santos, Boaventura de Sousa
2001 “Los nuevos movimientos sociales”, Observatorio Social de América Latina nº 5: 177-184.

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2012 “Reinterpretar el mundo entero (entrevista)”, en Alberto Arribas (y otros) (eds.), Tentativas, contagios, desbordes. Territorios del pensamiento. Granada, Editorial Universidad de Granada: 107-132.

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Taibo, Carlos
2011 Nada será como antes: sobre el movimiento 15-M. Madrid, Libros de la Catarata.
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2002 Entre selva y páramo: viviendo y pensando la lucha india. Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

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2006 Desbordes Creativos. Estilos y estrategias para la transformación social. Madrid, La Catarata.

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2004 Nociones comunes. Experiencias y ensayos entre investigación y militancia. Madrid, Traficantes de Sueños.

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2007 Networked Politics: Rethinking political organisation in an age of movements and networks. Amsterdam, Transnational Institute.
http://www.tni.org/archives/reports_newpol_networkedpolitics

 

 

 

eL BLOGGING…vertiente moderna de los Diarios intimos


El blogging es una vertiente de los Diarios de Viaje, los Diarios de Vida , las caras y relatos de Viajeros, que en la era digital nos permite recoger la mirada desde fuera acerca de nuestras costumbres, paisajes, personas…

Un ejemplo es este párrafo del blog

Saturday: Breakfast at Mario’s was yummy! And it was the first day of spring although it was raining in Santiago! Lame! I couldn’t go for a run. Yikes! And Mario was sharing stories with us. Basically he met Amanda’s Dad in a jail during the 1970′s. Many Chileans rose up against the military dictatorship and were tortured for years in jail. Eventually, Mario and Amanda’s  Dad were exiled to the US. It is interesting because Mario openly talks about his experience whereas Amanda’s Dad has never been able to open up. PSD is still strongly effecting him after 40+ years. So cruel. Anyways, it was hard to imagine Amanda’s feelings during these talks because everything Mario was explaining to us also happened to her father. Mario is certainly a hero and lives for human rights. He is still fighting! He is also really good friends with the Chilean President and her mother because he saw their father be electrified to death. The government blames his death on a heart-attack, but Mario and his friends are going to testify on Tuesday. Very intense. Despite the heavy topics, we had a wonderful time together and I really hope to see him again. We might stay there on Thursday night before our trip to San Pedro de Atacama.

 

nicolewilson0527

It is Sunday morning and I am going to write a little bit before I head out for a run. 

This week! Has been extraordinary! Lots of learning and lots of fun!

I got home on Tuesday night from Buenos Aires. Definitely lots of traveling, but well-worth it. Ceci came to the airport with us even though it was way out of her way! So cute. When I got home, I went to my chilean friend Kevin’s house for a BBQ/ party. There were more gringos than chileans. Classic! 

Wed: Día de la Independencia! Chile’s Independence Day. Unlike the US, Chile has 5 full days off for Independence week. Pretty crazy! The 18th is definitely the most important day. My family had a really fun BBQ with my host brother and sister and their significant others. I invited Brandan over! The food was totally delicious. My mom bought enough food…

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