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Las formas breves en Internet. Twitter y aforismos


  • “¿Gracias a Twitter, reviven los aforismos?” – Las formas breves en Internet
  • “Is Aphorism Reviving Thanks To Twitter?” – Short Forms on the Internet
DOI: 10.5354/0719-4862.2015.37442

Resumen

El presente trabajo trata sobre la influencia de Internet en el aforismo contemporáneo de habla hispana, preguntándose de qué manera las características de este suponen una adecuación con los medios digitales. Plantea la cuestión en términos de calidad artística y folclórica de las formas breves en la Red y de sus grados de interactividad e intermedialidad, refiriéndose tanto a microtextos de autores consagrados en el género como a creaciones breves de escritores o usuarios poco conocidos o, simplemente, desconocidos. Como se mostrará, las manifestaciones del aforismo en Internet dan un ejemplo de cómo la digitalización contribuye a deconstruir el concepto occidental moderno de literatura, no solo fragmentando, pluralizando y democratizando la autoría, sino también acercando lo culto a lo popular y la escritura a la tradición oral.

Palabras Claves

aforismo; medios sociales; interacción/interactividad; e-folklore; intermedialidad

Abstract

The article deals with the influence of the internet on contemporary aphorism in the Spanish language by asking how the characteristics of this genre show its adaptation to digital media. Based on micro texts created by both amateurs and known writers or users it answers this question in terms of the artistic and folk quality of short forms on the internet as well as their degree of interactivity and intermediality. As we will see, manifestations of aphorism on the web give an example of how digitalization contributes to deconstruct the modern Western concept of literature. This is not only done by fragmenting, pluralizing and democratizing authorship but also by connecting learned to popular culture and written to oral forms.

Keywords

aphorism; social media; interaction/interactivity; e-folklore; intermediality

1. ARTÍCULOS

“¿Gracias a Twitter, reviven

los aforismos?” – Las formas breves

en Internet

Miriam Lay Brander

Universität Konstanz, Alemania

miriam.lay-brander@uni-konstanz.de

Resumen: El presente trabajo trata sobre la influencia de Internet en el aforismo contemporáneo de habla hispana, preguntándose de qué manera las características de este suponen una adecuación con los medios digitales. Plantea la cuestión en términos de calidad artística y folclórica de las formas breves en la Red y de sus grados de interactividad e intermedialidad, refiriéndose tanto a microtextos de autores consagrados en el género como a creaciones breves de escritores o usuarios poco conocidos o, simplemente, desconocidos. Como se mostrará, las manifestaciones del aforismo en Internet dan un ejemplo de cómo la digitalización contribuye a deconstruir el concepto occidental moderno de literatura, no solo fragmentando, pluralizando y democratizando la autoría, sino también acercando lo culto a lo popular y la escritura a la tradición oral.

Palabras clave: aforismo, medios sociales, interacción/interactividad, e-folklore, intermedialidad.

“Is Aphorism Reviving Thanks To Twitter?” – Short Forms on the Internet

Abstract: The article deals with the influence of the internet on contemporary aphorism in the Spanish language by asking how the characteristics of this genre show its adaptation to digital media. Based on micro texts created by both amateurs and known writers or users it answers this question in terms of the artistic and folk quality of short forms on the internet as well as their degree of interactivity and intermediality. As we will see, manifestations of aphorism on the web give an example of how digitalization contributes to deconstruct the modern Western concept of literature. This is not only done by fragmenting, pluralizing and democratizing authorship but also by connecting learned to popular culture and written to oral forms.

Keywords: aphorism, social media, interaction/interactivity, e-folklore, intermediality.

De aparición antigua, el aforismo se ha convertido en las últimas dos décadas en un género de moda en diversas literaturas, y especialmente en el ámbito hispánico. El género también se propaga en Internet, canal alternativo para autores y editores al que el aforismo se adapta con mucha comodidad. Sobre todo, los así llamados medios sociales (social media) favorecen la difusión del aforismo, así como su transformación. Aparece en particular en los servicios de mensajería pública e instantánea consagrados a la brevedad y en los que Twitter sin duda es el líder destacado. Sin embargo, la tuiteratura (Moreno et al.) solo es uno de los medios digitales que favorece la difusión de aforismos conocidos o nuevos, de expertos y amateurs en el género. En las revistas y periódicos electrónicos, los blogs y páginas web personales, las redes sociales libres como Facebook o Diaspora* y hasta en Youtube se publican aforismos así como debates sobre el género, sin olvidar las ediciones electrónicas de libros de aforismos o de poesía visual de tipo aforístico. Además, en el ámbito hispanohablante, sitios como aforismos.net, proverbia.net o misfrases.com reúnen aforismos, proverbios, citas y frases célebres ordenadas por autores y temáticas. Algunos de esos sitios ofrecen una frase del día que se actualiza automáticamente y que el lector puede incluir en su propia web o blog. Si los servicios como el sitio portugués citador.pt reúnen categorías como citaciones, poemas y rimas, ensayos breves, proverbios, adivinanzas disponibles por temas, autores y palabras clave, otros sitios invitan a citar frases célebres (wikiquote) o a crear sus propios aforismos (elmalpensante.com/aforismos).

Finalmente, cabe precisar que la amplia difusión del aforismo en la Red viene acompañada por un creciente aparato teórico-crítico propagado a través de bitácoras, revistas digitales especializadas así como de suplementos culturales de las ediciones electrónicas de periódicos. Lo que Emilie Delafosse (72) constata con respecto al microrrelato, también puede aplicarse al aforismo: la creciente presencia y la divulgación por Internet de los aportes de los estudiosos sobre el aforismo contribuyen considerablemente a la popularidad del género.

Lo que todos esos textos tienen en común, a pesar de sus diferentes entornos y condiciones materiales-retóricas, es que su efimeralidad y su socialidad están mediadas por el lenguaje escrito. Teniendo en cuenta la fusión del texto e imagen en la Red, el presente artículo además extiende la perspectiva hacia los aforismos publicados en colecciones electrónicas de poesía visual contemporánea, lo cual permite trazar el desarrollo del aforismo hasta géneros que trascienden la escritura y muestran que el potencial transgenérico del aforismo se ve aumentado por la Red.

Aforismo y nanoblogueo

“Del aforismo al tuit” (Etxenike) o “Gracias a Twitter, reviven los aforismos” (Coronel): tanto los titulares en los suplementos culturales de los periódicos como los tuits mismos1 proclaman la continuidad entre el género cultivado por Marco Aurelio, La Rochefoucauld o Cioran y los textos breves de máximo 140 caracteres publicados en ese servicio de nanoblogueo. Sin embargo, no todos los 65 millones de textos que cada día se vuelcan en Twitter pueden considerarse aforismos. El hecho de que las noticias breves compartan una característica esencial –la brevedad– con este género no alcanza para vincular los tuits con la tradición de sentencias cultas, que dice remontarse a los teoremas medicinales de Hipócrates y lograr su plenitud en el ámbito de los moralistas franceses. Por ejemplo, con respecto a las protestas estudiantiles iniciadas el año 2012 en Chile, en Twitter se publicaron frases como las expuestas en las figuras 1-4.

 

Figuras 1-4. Tuits publicados en las etiquetas #Chile y #estudiantes

Las primeras dos frases difícilmente se pueden calificar de aforismos. Mientras que el primero relata un mero hecho, el segundo articula una opinión muy subjetiva sobre este. En cambio, las dos últimas frases sí se pueden reconocer como aforismos. Aunque se refieren indirectamente al hecho de las protestas estudiantiles, son observaciones que podrían aplicarse a una serie infinita de otras situaciones. He aquí nuestra definición del aforismo (género que, desde siempre, se ha mostrado esquivo a las definiciones): se trata de un enunciado conciso que resume una serie de experiencias y observaciones particulares2. Comprendido de esta manera, el aforismo es un género transversal que puede inserirse o participar en una serie de tipos discursivos y mediales. De ahí el eclecticismo del corpus que está en la base de este estudio, que va desde el proverbio popular hasta el aforismo elaborado, de la cita hasta la creación propia, de la publicación de aforismos en revistas literarias electrónicas hasta su aparición en los medios sociales como Twitter. Al mismo tiempo, esta definición permite constatar fácilmente que, en contra de muchas afirmaciones que equiparan el tuit con este género, los aforismos son bastante raros en relación con la totalidad de los mensajes que aparecen en los servicios de nanoblogueo. Pues, en general, los 140 caracteres no se utilizan para compartir verdades hasta cierto grado generalizadas, sino, en su mayor parte, para indicar hechos concretos y articular opiniones personales muchas veces superficiales y poco ingeniosas. Enunciar una opinión de manera breve no debe ser confundido con efectuar un acto de pensamiento. La estricta limitación de la expresión no es capaz, como quiere el blogger Antonio Moreno, de convertir “la habitual práctica del tuit en un ejercicio para agudizar el ingenio” (Moreno). Eso sí, cada tuit comparte un rasgo esencial con el aforismo: señala más allá de sí mismo. Mientras que el aforismo remite a la serie de experiencias u observaciones que él mismo resume, el tuit remite a contenidos más amplios dentro de un espacio tanto real como virtual. Luis Mora Vicente lo formula de la siguiente manera en un tuit colgado el día 30 de septiembre de 2010:

[Metatwitter, 3] No hablo de pensamientos de 140 caracteres, por cuanto sus enlaces remiten a otros contenidos más anchos (cit. en Mora 195).

Lo planteado anteriormente, también se aplica a las citas de aforismos ajenos muy comunes en los servicios de nanoblogueo. Usuarios que se llaman a sí mismos “Soy poesía” (https://twitter.com/soy_poesia) o “Aforismos” (https://twitter.com/aforysmos) coleccionan frases agudas de personajes célebres. El límite de caracteres que fija Twitter facilita las citas, las que a su vez permiten la apropiación legal de sabidurías articuladas por líderes políticos, religiosos o artistas. Quien cita un aforismo o una frase, en la mayoría de los casos no lleva a cabo un acto creador, sino que expresa su punto de vista con palabras ajenas. Estas las comparte no solo para comunicar su opinión, sino porque supone que también engloba los puntos de vista de sus seguidores y otros lectores potenciales. Así, la cita no solo comprende la propia experiencia u observación del usuario, sino que le sirve para formular una observación general capaz de incluir opiniones de otros usuarios.

Aunque, por consiguiente, haya que tener cuidado con la equiparación de los mensajes de nanoblogueo con el aforismo, lo que sí se puede decir es que los servicios como Twitter favorecen la creación y difusión de aforismos. Por ejemplo, gracias al afán de citar, Gabriel García Márquez, sobre todo conocido por sus novelas, parece convertirse en aforista el día de su muerte en Twitter. El 17 de abril de 2014, así como en los días que siguen a la fecha en que murió el escritor colombiano, son numerosos los tuits que citan sus frases célebres. Entre las más frecuentes destacan:

Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor.

No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió.

Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía.

No hay medicina que cure lo que cura la felicidad.

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.

Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse.

En la recontextualización de frases de las novelas de García Márquez, hay un alto grado de involucramiento y (re)creación por parte de los usuarios. La plataforma de nanoblogueo facilita una reescritura de los textos de autores conocidos por parte del lector, quien añade a la frase leída su propio sentido, refiriéndola en este caso a la muerte de García Márquez. Además, es la descontextualización y el reenmarcamiento de estas frases lo que las convierte en aforismos. Los usuarios de los servicios de nanoblogueo, al apropiarse de una frase leída en la obra de un novelista o de una cita de esta frase por otra persona (apropiación de una apropiación), la transforman en frase independiente que, siendo retuiteada una y otra vez, puede llegar a adquirir un carácter proverbial.

El deseo de rendir homenaje a García Márquez también inspira a algunos usuarios a escribir sus propios aforismos (Figuras 5-7).

Figuras 5-7. Aforismos tuiteros publicados en la etiqueta #GabrielGarciaMarquez en los días que siguen a la muerte del autor

Sin embargo, son escasos los ejemplos donde los usuarios se convierten en aforistas. La facilidad de publicar un tuit tiende a disminuir tanto la aplicabilidad general como la calidad estética de las frases. A pesar de ello, las condiciones genéricas del aforismo –concisión y abstracción generalizadora– se ven potenciadas por las especificaciones del nanoblogueo. Así, las normas de Twitter han contribuido a la creación de un nuevo género literario llamado aforismo tuitero: escritores como Francisco Hinojosa (twitter.com/panchohinojosah), Elena Poniatowska (twitter.com/Eponiatowska) y Juan Villoro (twitter.com/JuanVilloro56), traductor del aforista alemán Georg Lichtenberg, aprovechan Twitter como medio de difusión de sus aforismos3. Pero también se abren paso autores nuevos y se afirman como aforistas sin el soporte de intermediarios. Gracias a Internet, inmediatamente, los jóvenes aforistas alcanzan una gran cantidad de potenciales lectores. El argentino Lucas Worcel, por ejemplo, ganó 7.000 seguidores bajo el seudónimo Korochi (twitter.com/korochi) gracias a sus aforismos, los cuales han sido comparados por sus lectores con las greguerías de Ramón Gómez de la Serna (Fraguas). Tales ejemplos pueden considerarse pruebas de la idea acerca de que Twitter ha insuflado nueva vida al aforismo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que al mismo tiempo que el género florece en los medios sociales, se multiplican las ediciones de libros de aforismos. Por su parte, el editor José Luis Gallero confiere la presente popularidad del aforismo, más allá de Internet, a su estado híbrido entre “filosofía, poesía y pensamiento moral”, lo que permite al lector un acceso al texto desde varias dimensiones de su vida (Fraguas). Además, el aforismo tuitero rompe con la soberbia del género: “El autor de aforismos quiere ofrecer una verdad cerrada en forma de apotegma. Twitter nos permite evitar esa solemnidad y ensayar o ensayarnos” (Fraguas), afirma Villoro. También se puede argumentar que el género del aforismo responde al gusto por la brevedad, que en nuestros tiempos se debe a una creciente aceleración de la comunicación influenciada por los medios electrónicos. En este sentido, el aforismo reconcilia la creación literaria y el pensamiento filosófico y moral con los requerimientos de la velocidad del mundo actual en que cada vez menos personas se toman el tiempo para leer una obra extensa. Esta idea de la lectura como pérdida del tiempo resuena en uno de los aforismos que el poeta Don Paterson publicó en la revista electrónica Letras Libres:

El aforismo es una breve pérdida de tiempo. El poema es una completa pérdida de tiempo. La novela es una monumental pérdida de tiempo (Don Paterson).

En otras palabras, “los aforismos parecen la vía ideal para alcanzar honduras filosóficas sin quemarse las pestañas” (Fraguas).

El aforismo entre soledad y práctica social colectiva

Gracias a los espacios electrónicos donde se crean, citan y comentan aforismos, el género antaño cultivado en la soledad se ha transformado en práctica colectiva. Ese carácter comunitario del aforismo no es una novedad. En el entorno de los moralistas franceses del siglo XVII, considerado por algunos teóricos como la cuna del aforismo literario moderno (Helmich; Fricke), escribir, leer y discutir sobre aforismos formaba parte de un juego social que Norbert Elias describió como “arte cortesano de la observación de los hombres”.

Este arte cortesano de la observación de los hombres está tanto más próximo de la realidad, cuanto que nunca se orienta a considerar al individuo por sí solo, como una esencia que recibe primariamente desde su interior, sus leyes y rasgos esenciales. Se contempla más bien dentro del mundo cortesano al individuo siempre en su imbricación social, como hombres en su relación con otros. Aun en esto se muestra la total vinculación social de los cortesanos (142).

Tal integración social del cortesano siempre preocupado por su posición dentro de la jerarquía del prestigio de la corte, requería de formas de descripción de los hombres que entrenaran la capacidad de observación tanto de sí mismo como de los demás. Aparte de las memorias, las colecciones de cartas y ciertos tipos de poesía, el aforismo formaba parte de los géneros correspondientes a las necesidades de la sociedad cortesana, ya que se originaba directamente en la conversación social. Por lo tanto, el aforismo no nace del placer de la actividad intelectual a la que el aforista se dedica a solas, sino de una necesidad social.

Mientras que Elias considera el aforismo parte de la comunicación cortesana, Isabelle Chariatte lo sitúa en los salones literarios que permitían a la nobleza cultivar sus actividades intelectuales en la lejanía de las presiones sociales de la corte. Pero también, en ese contexto, el aforismo nace de la interacción entre autores y lectores: “Estamos lejos del mito romántico del escritor solitario, retirado del mundo, inspirado del más allá y meditando sobre la existencia” (67).

A lo largo del siglo XVIII, el aforismo empieza a desprenderse del contexto social de la corte y los salones literarios. Sébastien Roch Nicolas Chamfort escribe sus máximas sin vinculación con la sociedad de los salones. Desde un punto de vista epistemológico, separa al hombre de su entorno cortesano y lo entrega a sí mismo (Jeanson 106-107). Esta soledad se convertirá en el siglo XIX en condición sociológica del aforista. Caracterizando al aforismo como “tan sociable como una piedra”, el novelista y filósofo francés Maurice Blanchot lo identifica como género del aislamiento por excelencia. Probablemente fue el Romanticismo que, glorificando la soledad como condición para que el espíritu se despliegue independientemente, contribuyó decisivamente al aislamiento social del aforista. Maximiliano de Habsburgo, entonces futuro emperador de México, lo formula de la siguiente manera en algunos aforismos que forman parte de sus Memorias publicadas en 1869 en México:

En la soledad es donde el alma alcanza pensamientos sublimes (225).

En la soledad se tiene ocasión de conocerse a sí mismo; punto al que jamás se llega en medio de la agitación del mundo (227).

En la soledad desaparecen las pequeñas preocupaciones, el pensamiento toma una dirección más elevada, y se mueve en un círculo más vasto y más libre (227).

Maximiliano puede ser considerado el precursor de una tradición aforística mexicana que se produce alrededor del Ateneo de la Juventud, fundado en 19094. Mientras que para Maximiliano el aislamiento culto constituía la base para una actitud razonable, Julio Torri, en su colección de aforismos y reflexiones, lo condena al terreno de la insociabilidad y la misantropía:

El solitario se alimenta de sí mismo, a sí mismo destruye. Su paisaje es siempre él mismo, su universo lleno está de sí mismo. Cuando viaja o frecuenta otros hombres inteligentes, tendrá que hacer muchas rectificaciones a sus juicios, ideas y percepciones, errores que proceden del vicio mental que se llama soledad y que ha estorbado el sano y libre desarrollo de su entendimiento, anquilosándolo en un monólogo infecundo. El romanticismo preconiza y exalta la soledad, pero el siglo XVIII, más sabio, ensalzaba la sociabilidad, “flor de la civilización”. Del romanticismo data una desproporcionada estimación del yo respecto de los demás. El romántico es a veces un actor genial en un teatro vacío. Él solo llena y rebasa el grande escenario que es el mundo. A menudo antójesenos el romanticismo como una galería de grandes insociables, grandes huraños, grandes egoístas, grandes solitarios (86).

Aunque Torri condena la soledad del escritor, esta desempeña cierto papel en la vida de los ateneístas, no con respecto al ideal solitario romántico, sino como un aislamiento intelectual condicionado por circunstancias extrínsecas. Después de que Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña hubieran salido del país, a Torri y otros escritores que habían escrito su obra bajo la tutela de Reyes los rodeaba una soledad que los convirtió en “desterrados en su propio país” (Zaitzeff 752) y que contribuía al hecho de que sus obras ocuparan un lugar marginal dentro de la literatura mexicana.

La soledad, tanto en el sentido de marginalidad como en el de la producción solitaria, es sintomática para una gran parte del aforismo moderno latinoamericano. Así, aforistas como el colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994) o el brasileño Murilo Mendes (1901-1975) consideran la soledad como precondición para el conocimiento. Mendes escribe en su colección de aforismos O discípulo de Emaús (1944) lo siguiente: “A saudade é uma lei espiritual – abstracão do espaço e do tempo” (826). De esta manera, relaciona la soledad erudita con una de las características formales más destacadas del aforismo. La soledad del aforista constituye la condición espiritual para el rasgo formal de aislamiento espacio-temporal que caracteriza al aforismo. Este tipo de soledad erudita encuentra su máxima encarnación en Gómez Dávila, cuyo libro de aforismos Escolios a un texto implícito, en alemán apareció bajo el título Einsamkeiten (soledades). La actitud solitaria de Gómez Dávila se expresa no solo en el hecho de que no entablara relaciones con otros escritores latinoamericanos, sino también en aforismos como el siguiente:

Canónigo obscurantista del viejo capítulo metropolitano de Santa Fe, agria beata bogotana, rudo hacendado sabanero, somos de la misma ralea. Con mis actuales compatriotas solo comparto pasaporte (385).

A lo cual Julieta Lomelí Balver responde en su blog: “Nicolás Gómez Dávila, si estuviera vivo seguro hubiese encontrado algún amigo interesante en las redes sociales, con quien compartir más allá que el pasaporte”.

El retiro de algunos aforistas se ve menos extremo en el caso de los escritores que, si bien es cierto, no participan en la empresa literaria de su tiempo, sí publican sus aforismos en revistas literarias y culturales. Aunque impidan así la recepción amplia de sus textos breves, por lo menos los hacen circular dentro de ciertas redes intelectuales. Una parte de los aforismos de Reyes, por ejemplo, se publicaron en periódicos y revistas (63), así como los Membretes de Oliverio Girondo, que en su gran parte aparecieron en la revista Martín Fierro. En las revistas vanguardistas el aforismo encuentra un nuevo entorno social, aunque restringido a un grupo determinado de escritores. De esta manera, se recupera en parte el carácter de práctica colectiva del aforismo, carácter que este género había perdido durante el Romanticismo. Sin embargo, los vanguardistas cultivan el aforismo no por necesidad social o por el placer de la observación de los hombres, sino más bien como campo de experimentación en busca de nuevas formas literarias. En la era digital, las revistas –ahora en parte electrónicas– siguen siendo un foro en el que los escritores todavía menos conocidos publican sus frases breves. Tal es el caso de la revista mexicana Letras Libres, heredera de la tradición y el espíritu de la revista Vuelta fundada por Octavio Paz, quien igualmente formaba parte de los aforistas del Ateneo5. Dado que en México hasta el día de hoy los círculos artísticos son bastante cerrados (Urrero 46), las revistas electrónicas facilitan el acceso de autores que todavía no forman parte de ellos. En otros países latinoamericanos también se van creando espacios virtuales que incluyen al amateur en la creación artística. Así, la versión electrónica de la revista colombiana El Malpensante reserva un espacio accesible por todos para la publicación de aforismos, creando así un marco artístico en el que se integran procesos sociales. En este sentido, no solo la recepción, sino también la producción del aforismo se abre hacia la colectividad.

Interacción e interactividad

La soledad en el sentido de la desconexión entre el autor y el lector no solo es una condición del aforismo literario moderno, sino del texto escrito en general. Desde el punto de vista científico del flujo de información, el texto escrito no permite ninguna respuesta directa de parte del lector. Así, la escritura tiene un efecto catalizador sobre la soledad, ya que, según el sociólogo alemán Niklas Luhmann, hace posible la comunicación sin interacción (Assmann 14). Desde una perspectiva tecnocrítica, la computadora no repara esta desconexión, ya que solo puede ofrecer un simulacro de interactividad sin un verdadero intercambio de información. Además, los tecnófilos olvidan lo que los tecnoescépticos enfatizan: que el texto impreso también funciona como vehículo comunicativo con cierto grado de interactividad. Sin embargo, esta comunicación en la mayoría de los casos queda implícita. Como nos ha enseñado la estética de la recepción (Robert Jauss y Wolfgang Iser, principalmente), el lector participa en la constitución de sentido del texto, pero solo una muy pequeña parte de los lectores toman la pluma para escribir una respuesta explícita en la forma de una reseña, crítica o una carta al director de un periódico o una revista. Así, lo nuevo del ciberespacio no consiste en la interacción entre el autor y el lector, sino en que esta interacción se vuelve mucho más rápida, frecuente y hasta simultánea. Asistimos en la Red a una aceleración de los procesos de intercambio de roles, mediante los que el lector se vuelve también escritor.

En los medios digitales, emisor y receptor se encuentran en un espacio virtual común: están conectados por las mismas máquinas y herramientas, escriben y leen al mismo tiempo una textura fragmentaria y dispersa por todo el mundo (Idensen 143). Texto, lector y escritor, mundo y sociedad constituyen en su conjunto una red rizomática, la que abre un nuevo espacio para procesos de intercambio textual, discursivo y conversacional (Idensen 155). La sensación de los usuarios de estar presentes en el lugar virtual que constituye esta red crece en la medida en que la experiencia en un contexto de comunicación mediado por el ordenador es interactiva (Lacabanne 147). En este lugar accesible desde todos los lugares, el origen temporal de un texto pierde su importancia. En Internet coexisten todos los textos, independientemente del momento cuando ingresaron en la memoria colectiva, como muestra el ejemplo de las citas de frases célebres de Gabriel García Márquez en Twitter.

En las ciencias de la comunicación se distinguen básicamente dos tipos de interactividad, por un lado, una que se refiere a las posibilidades de comunicación instantánea a distancia entre personas mediante los aparatos electrónicos y, por otra, la que concierne a los grados de control que el usuario puede ejercer en un proceso de comunicación dentro de posibilidades preestablecidas por el diseñador de un programa informático (Lacabanne). El primer tipo, también designado como interacción, tiene relevancia sobre todo para la comunicación entre personas, el segundo, para la conexión entre personas y aparatos.

En la base de esas dos vertientes podemos describir más detalladamente los grados y tipos de interacción o interactividad de las prácticas de buscar, leer, citar, escribir y comentar aforismos en Internet.

a. La interacción entre emisor(es) y receptor(es)

Un primer nivel de interacción consiste en las experiencias de lectura y categorías genéricas compartidas por el escritor y el lector. A través de la perspectiva abierta por la estética de la recepción se ha divulgado la idea de que cada autor también es un lector, en la medida en que escribe ante las expectativas formadas desde su experiencia lectora. Se trata de una interacción mínima que no excede el grado de interacción tradicional entre el autor de un texto impreso y su lector. Concierne, por ejemplo, a los libros electrónicos de aforismos sin opción de calificación o comentario por parte del lector. Estos tocan un segundo aspecto de igual manera característico de los medios masivos de comunicación tradicionales: la comunicación de una vía (one-way communication, Bretz).

Otras apariencias del aforismo en Internet trascienden en un primer paso el modelo de comunicación al que los géneros breves eran sometidos antes de la existencia de los nuevos medios: ofrecen la posibilidad de reaccionar a los aforismos publicados. Este tipo de “comunicación reactiva” (responsive communication, Bretz) se puede dividir en dos opciones: una implícita que permite al usuario compartir, por ejemplo, un enlace en su página de Facebook o en Twitter (elmalpensante.com), incluyendo un widget que se actualiza automáticamente cada día en su blog o página web (aforismos.net). La segunda opción reactiva consiste en la posibilidad de responder explícitamente a un aforismo y calificarlo escogiendo entre una señal de conformidad o disconformidad (elmalpensante.com), o crear un comentario en Facebook, Twitter, Google+, o también en un espacio que se abre bajo el aforismo tras haber hecho clic en el botón “comentar” (citador.pt, elmalpensante.com).

En un tercer nivel, la comunicación por aforismos en el espacio virtual se vuelve completamente interactiva (fully interactive communication, Bretz). En Twitter, los aforismos constituyen elementos de un discurso común multilateral, en el que A publica un aforismo, B (C, D…) responde a este, A tiene la posibilidad de responder a B (C, D…), etc. En el caso de este tipo de comunicación, se crea un entorno caracterizado por una sensación de lugar y que acerca el aforismo tuitero a los antiguos salones literarios. Así, el aforismo se beneficia del surgimiento de nuevas comunidades de carácter virtual, en una sociedad occidental en la que el sentido mismo de comunidad está en crisis (Cleger). Sin embargo, en los “salones virtuales” falta el componente de la oralidad inmediata. Aunque se constituya “un sentimiento de reunión pública” (Escandell Montiel 120), no todos los participantes están presentes al mismo tiempo y las conversaciones no están necesariamente vinculadas (Lessig 55, cit. por Escandell Montiel 120). En cambio, todas las informaciones son visibles para todos al mismo tiempo. Esta simultaneidad está estrechamente vinculada con la translocalidad de la Red que permite el acceso a informaciones de todos los tiempos desde todos los lugares. Por lo tanto, ya no es solamente decisión del autor lo que comparte en un cierto momento, sino que los usuarios pueden elegir los textos que quieren leer.

b. Interactividad entre usuario y programa electrónico

El danés Jens Jensen define la interactividad como “una medida de la capacidad potencial del medio para dejar al usuario ejercer una influencia en el contenido y/o en la forma de la comunicación mediatizada” (trad. por Lacabanne 144). En este sentido, los aforismos publicados en Internet se sitúan por lo menos en tres niveles de interactividad.

El primer nivel, el que Jensen llama interactividad de transición (transmissional interactivity), permite al usuario elegir “de un flujo de información en un medio unidireccional” (Lacabanne 145). Las páginas donde aparecen los aforismos contienen otros hiperenlaces, que llevan al usuario a otros textos. Un ejemplo serían las colecciones de aforismos y proverbios en Internet, donde el usuario puede escoger –además de enlaces publicitarios parpadeantes– entre diferentes categorías genéricas (citaciones, poemas y rimas, ensayos breves, proverbios, adivinanzas), así como entre temas, autores y palabras clave. En este caso, la actividad del usuario consiste en la exploración, es decir, en la selección de enlaces para determinar la próxima etapa de lectura, lo que le permite crear conexiones intertextuales y actualizar “el diálogo virtual entre los textos” (Delafosse 74).

Un segundo nivel, llamado por Jensen “interactividad de consulta” (consultational interactivity), entra en vigor cuando, en el tipo de páginas mencionado, el usuario puede plantear preguntas al sistema insertando palabras clave para obtener ciertos resultados de búsqueda.

El tercer nivel de interactividad consiste, finalmente, en que el usuario puede introducir contenidos propios citando (wikiquote.org, africultures.com) o creando (elmalpensante.com, Facebook, Twitter, blogs) aforismos él mismo y así codiseñar los contenidos del programa. Vemos que, desde el punto de vista de las ciencias comunicativas, la diferencia entre citar y crear aforismos no desempeña un papel primordial, ya que ambos se sitúan en el nivel más alto de la interactividad. Ambas opciones de interactividad tienden a convertir al lector de aforismos en línea en cocreador (Delafosse 75). De esta manera, las posiciones del autor y el lector se entremezclan más allá de lo que supone la estética de la recepción. En la Red, el lector no solo participa en la construcción de sentido de un texto, sino que está implicado en el proceso mismo de su producción. Los textos o corpus textuales se transforman mediante pequeños pasos, lo que deriva en un tipo de autoría que ya no puede ser atribuida de manera exclusiva a un individuo: se fragmenta y se colectiviza al mismo tiempo.

Figura 8. Encuadre de la página de aforismos de la revista electrónica

El Malpensante. (http://www.elmalpensante.com/aforismos, 19.03.2015)

La generalización de la autoría: formas breves y “e-folklore”

Los proyectos participativos, los que se localizan en el tercer nivel de interactividad, en principio están abiertos a todo usuario. No obstante, se mantiene la atribución de la autoría y la separación de los aportes individuales. Son iniciados por un individuo o un grupo de personas que determina el marco y controla los procesos, cuando por ejemplo la programación determina la estructura de las contribuciones.

Así, tales proyectos, en parte, siguen obedeciendo a los principios de la cultura libresca (Heibach 171). Sin embargo, las formas de colectividad creativa que encontramos en Twitter o en los espacios donde se pueden citar y crear aforismos libremente, burlan el modelo de autoría del libro. No entran en vigor los criterios artísticos que permiten a un autor la publicación de un libro mientras que a otro la niegan. El derecho a la autoría artística se convierte en bien común. Algunos jóvenes escritores aprovechan esta generalización de la autoría “como medio de experimentación literaria para hacer epigrama, poemínimo, microverso, poetuit, haikú, microcuento, aforismo, etcétera” (Moreno et al.). Otros, que carecen de creatividad propia, se transforman en aforistas citando a otros autores. Como comenta Margo Glantz:

Y no solo eso, tuitear constituye un gran desafío, permite caer de bruces en el narcisismo flagrante sin que los parámetros tradicionales de modestia nos ruboricen. Se puede publicitarse [sic] de manera desvergonzada y lícita; difundir, como si fueran aforismos, textos de nuestros escritores favoritos; lograr que el tuitero se convierta en un poeta japonés: ¿quién que es quién no intenta ser ingenioso, transgresor y pergeñar con 140 caracteres (con espacios) maravillosos haikus?

La generalización de la autoría de formas breves en la Red no solo concierne a las creaciones que se pueden calificar de artísticas. Aparte de la difusión de poesía propia o ajena, los medios sociales como Twitter permiten una reacción inmediata a nuevos fenómenos, problemas o acontecimientos, reacción que ya no queda reservada solo para los periodistas o críticos de cultura. Todo individuo que sepa escribir y que tenga acceso a Internet puede articular su opinión sobre asuntos políticos, sociales y culturales. Este tipo de intercambio de opiniones personales tiende a crear un nuevo género de folclore escrito, oral y visual que ha sido llamado “e-folklore” (Krawczyk-Wasilewska 248) o “netlore” (Frank)6.

Para los folcloristas tradicionales, el folclore refleja sistemas de valores, normas y estereotipos aceptados por un cierto grupo social, que se articulan en creencias, ritos, costumbres y géneros como los cantos y cuentos populares, proverbios, etc. Para los antropólogos culturales, el folclore, como parte de una cultura simbólica, revela las actitudes y cosmovisiones cotidianas de grupos sociales. En este segundo sentido, los medios sociales se revelan como una abundante fuente donde es posible observar un pensamiento cotidiano compartido por grupos de usuarios por medio de chistes, leyendas urbanas, fotografías modificadas, noticias falsas, declaraciones de prensa, parodias de canciones, poemas, publicidad política y comercial, caricaturas (animadas), películas breves efímeras (Frank 7) y citas o aforismos.

Ambas tendencias folclóricas, los sistemas de valores relativamente duraderos y las manifestaciones de un pensamiento cotidiano efímero, están presentes en la Red en forma de aforismos y proverbios. La primera tendencia sobre todo se manifiesta en las colecciones electrónicas de frases breves. Estas, sobre todo cuando están ordenadas por países, prolongan las colecciones de literatura oral (cuentos, fábulas, leyendas, proverbios, refranes, adivinanzas, preceptos, etc.) elaboradas por etnógrafos, administradores coloniales, maestros y misioneros a partir de finales del siglo XIX en las excolonias españolas, francesas y belgas (Lay Brander, “Transferts de ‘sagesse noire’” 81-92). Este afán de coleccionar proverbios de una comunidad nacional o social se ha mantenido hasta hoy, tanto en forma de libros como en forma digital. Lo que distingue las colecciones de frases breves en Internet de un Refranero Mexicano o de colecciones como Provérbios brasileiros y Contes, dictons, proverbes et devinettes du Cameroun et du Togo es la preponderancia del idioma sobre el origen nacional, étnico o genérico7. Así, una cita de Oscar Wilde traducida al español se encuentra al mismo nivel que un proverbio africano y por pocos clics se llega desde un aforismo del escritor español Wagenberg a una sabiduría confuciana. No es un secreto que además de borrar los límites entre naciones y grupos sociales creando un espacio virtual transnacional, la Red deconstruye las jerarquías establecidas por el canon. Mientras que el refrán formaba y sigue formando parte del habla popular –en http://www.aforismos.com los refranes son clasificados como “Máximas del acervo popular”–, el aforismo científico o literario se cultivaba exclusivamente en los círculos cultos: en los salones literarios, en las redes intelectuales o en los círculos de amigos más íntimos de algunos aforistas. En las colecciones electrónicas de microtextos coexisten en un mismo sitio las citas literarias con los refranes, las frases cultas con los dichos populares. Solo cuenta la capacidad de esos microtextos de adicionar experiencias y observaciones particulares más allá del tiempo y del espacio en que fueron creadas8. Así, las colecciones electrónicas de aforismos confirman el hecho de que Internet borra el límite entre oralidad y escritura establecido en el siglo XIX, cuando la literatura occidental se había formado como sistema social independiente. El hipertexto da sacudidas al concepto occidental tradicional de literatura no solo fragmentando, pluralizando y democratizando la autoría, sino también acercando lo culto a lo popular y la escritura a la tradición oral.

En cuanto al segundo fenómeno del folclore electrónico, sobre todo manifiesto en la circulación de citas y en la publicación y reenvío de microtextos en los medios sociales, da información acerca de las preocupaciones cotidianas de un gran público. Ninguna pieza de folclore se sigue transmitiendo si no expresa un punto de vista compartido. Así, la frase “Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía” de Gabriel García Márquez se ha tuiteado más de 500 veces entre el 19 de enero y el 19 de marzo de 2015. En cambio, la frase “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor trabajo que el periodismo”, igualmente de García Márquez, solo se encuentra en un solo mensaje dentro del mismo período. Mientras que la segunda frase solo articula el punto de vista de un cierto grupo profesional, dentro del que probablemente no todos estarían de acuerdo con esta afirmación, la primera parece expresar preocupaciones ampliamente compartidas: el miedo a la soledad y a la ausencia de amor o erotismo. El hecho de que este aforismo toca algunas de las necesidades humanas más básicas (comunidad e intimidad), asegura su alta presencia en el mundo virtual.

Citados de memoria, como ocurre en el caso de “Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía”, algunos fragmentos circulan y se transforman hasta perderse en el anonimato. En este sentido, también se acercan al material folclórico cuyo origen ya no es verificable (Zaid). Como medio de difusión ilimitada, Internet contribuye a borrar el origen escrito de una serie de frases, así como el hecho de que muchas veces formaban parte de una obra más amplia. Así, nace en la Red un nuevo género de folclore que ya no corre de boca en boca, sino de post en post.

Multimedialidad e intermedialidad del aforismo en la Red

Además de facilitar la difusión de los aforismos, la Red promueve las formas multimediales del aforismo, es decir, su presentación en combinación con otros medios (visuales, indexicales, auditivos)9. Los aforismos ilustrados en videos y publicados en Youtube proporcionan un ejemplo10. Refiriéndose a la mera coexistencia de diferentes medios, la multimedialidad no tiene efectos transformadores sobre el aforismo: los aforismos citados o ilustrados en Youtube mantienen el orden secuencial del lenguaje y así se pueden entender perfectamente sin los medios que los rodean. En cambio, la intermedialidad ha sido descrita en términos de “fusión conceptual”, que se lleva a cabo cuando los diferentes medios se entremezclan hasta que ya no se pueden distinguir (Higgins 52-53). Esta fusión de diferentes medios, a diferencia de la multimedialidad, provoca un efecto de transformación (Heibach 94-95): los medios digitales favorecen el entrelazamiento del lenguaje con otros signos y así promueven la creación de nuevos géneros que se desprenden de un marco meramente literario. Para algunos críticos, la literatura digital sigue refiriéndose principalmente al “hipertexto”, el que se considera como un nuevo género literario que se ha adaptado a los requerimientos del medio mostrando características como el uso de frases y acápites más cortos y construcciones fragmentarias o no-lineales En los últimos años, sin embargo, el concepto de literatura digital se ha convertido en un recipiente que contiene una gama amplia de géneros, tales como: la poesía concreta kinética, las instalaciones interactivas, las novelas blog, etc. (Goicoechea 187).

El aforismo, por su naturaleza corta y fragmentaria, se corresponde perfectamente con las imposiciones del medio digital. Si Fernando Clemot explica la correlación entre el microrrelato y la Red “por el hecho de que ‘brevedad e inmediatez son características definitorias’ en ambas formas de expresión” (Delafosse 72), esto también es correcto en cuanto al aforismo. Este, cabe precisarlo, no solo se asocia fácilmente con los espacios hipertextuales, sino también con los géneros no discursivos. Ejemplo de ello son algunas obras de poesía visual que se han publicado en Internet y que comparten los rasgos principales del aforismo, las cuales resumen una serie de experiencias u observaciones particulares en un fragmento no solo textual, sino texto-visual (figuras 9 y 10). En el primer fragmento (figura 9), se combinan palabras sueltas, que permiten varias versiones de un aforismo (“Arte es lo que tú digas” o “Es arte porque tú lo digas”), con improntas de unos labios en movimiento. En el segundo ejemplo (figura 10), es la frase “No hay nada más peligroso que una mente cerrada”, la que “cae” en un paraguas puesto al revés. Sin entrar en los detalles de una interpretación de estas piezas de poesía visual, salta a la vista que el orden lineal del aforismo se disuelve sin que este pierda su agudeza.

Figura 9. Poesía visual mexicana 2/23
(http://www.poesiavisualmexicana.com.mx/volumen2.html, 19.03.2015)

Figura 10. Poesía visual mexicana 5/48
(http://www.poesiavisualmexicana.com.mx/volumen5.html, 19.03.2015)

El aforismo y la poesía visual provienen de tradiciones artísticas distintas, cuyos puntos de intersección cada vez más frecuentes, desde mi perspectiva, aún no han sido tematizados por la crítica. Además, el “aforismo visual”, por así llamarlo, no tiene su origen en Internet. Muchas piezas de poesía visual fueron presentadas en libros y exposiciones antes de ser publicadas de nuevo en páginas de Internet11. Sin embargo, la Red les ha otorgado una nueva vida tanto a la poesía concreta (Goldsmith 61-62) como al aforismo. Por lo tanto, no es de extrañar que estos dos géneros se fusionen sin problemas en este nuevo entorno privilegiado para ambos. Además hay que reconocer que la Red, por sus capacidades multimediales, constituye un espacio predilecto para la representación de obras intermediales. Por tanto, el carácter transgenérico y texto-visual del aforismo se ve potenciado en Internet. La presencia en la web no solo facilita la intermedialidad dentro de una obra, sino también la vinculación de obras provenientes de diferentes tradiciones artísticas con la ayuda de enlaces. Por ejemplo, en enero de 2004 se publicó en la versión electrónica de Letras Libres un ensayo de Gabriel Zaid titulado “Citas y aforismos”, que hace referencia a la obra Citas y aforismos 2112 (Figura 11) publicada en 2003 por Manuel Monroy en la misma revista. Sin ser el texto de Zaid un comentario crítico de la obra de Monroy, el hecho de enlazar las dos páginas y retomar parte del título de la obra de Monroy junto con insertarla en el texto, es una manera de vincular los géneros del aforismo y la poesía visual.

Aunque la obra de Monroy en principio no fue creada para su publicación digital, su inserción en el ciberespacio permite un diálogo entre ella y otras formas de expresión digitales. Lo que distingue este intercambio entre autores y obras en las revistas electrónicas del diálogo que se sostiene entre varios autores en las revistas impresas, es su vínculo por enlaces, cuestión que crea una relación dinámica e inmediata entre diferentes obras discursivas y artísticas, situándolas en un mismo espacio abierto y virtual. El espacio cerrado de la página impresa se abre a un espacio infinito compuesto de una red de “relacionalidades” potencialmente ilimitadas.

Conclusión

Las posibilidades y requerimientos que conllevan los medios digitales reviven o potencian ciertas características que el aforismo tenía en el pasado, al mismo tiempo que tienden a deconstruir o transformar otras. Ofreciendo nuevas formas de interacción, los medios sociales reaniman el carácter de recepción comunitaria que el aforismo tenía en el entorno cortesano del siglo XVII y XVIII en Francia y el que había perdido durante el Romanticismo. Por su brevedad, el aforismo fomenta la comunicación rápida e inmediata al mismo tiempo que, por su grado de abstracción, es capaz de englobar las opiniones de varios e, incluso, de una cantidad ilimitada de usuarios. En el último caso, el aforismo se convierte en un género de folclore electrónico, que transmite tanto un saber tradicional como las preocupaciones cotidianas de un gran público. Este fenómeno de e-folklore va de la mano de una fragmentación, pluralización y democratización de la autoría, que ya no queda reservada solamente al aforista-poeta, también presente en la web. Además, las posibilidades multimediales e intermediales de la Red potencian la transgeneridad y transmedialidad del aforismo, es decir, su capacidad de conectarse o fusionarse con otros tipos discursivos, artísticos o mediales y así libera al aforismo de la relación firme que contrajo con la escritura durante el siglo XIX. En suma, las manifestaciones del aforismo en Internet dan un ejemplo de cómo la digitalización contribuye a derribar las fortalezas del sistema moderno en el que se enmarca la literatura occidental, abriendo paso a un sistema dinámico e intermedial del género, que engloba espacios transociales y transculturales.

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Recepción: 06.04.2015 Aceptación: 14.05.2015

1 Para citar solo algunos ejemplos muy recientes: “twitter es un gran centro de aforismos, 140 caracteres para expresar una idea me parece genial y desafiante…” (20.02.15); “En 1860 Muere Manuel Carpio, poeta, político y médico, escribió aforismos, estilo de escritura que ahora renace en Twitter” (11.02.15), (faltas de ortografía en el original); “Arthur Schnitzler y Robert Musil no parecían en su día muy partidarios de los tuits, antes denominados ‘aforismos’” (09.02.15). Para citar solo algunos ejemplos muy recientes: “twitter es un gran centro de aforismos, 140 caracteres para expresar una idea me parece genial y desafiante…” (https://twitter.com/ezequielgiova/status/568649665194930176); “En 1860 Muere Manuel Carpio, poeta, político y médico, escribió aforismos, estilo de escritura que ahora renace en Twitter” (https://twitter.com/PRDLegislatura/status/565582262868385792, faltas de ortografía en el original); “Arthur Schnitzler y Robert Musil no parecían en su día muy partidarios de los tuits, antes denominados ‘aforismos’”(https://twitter.com/quintanapaz/status/564911987512340480).

2 Optamos por una definición básica basada en la que André Jolles ofrece de la locución, la que incluye una pluralidad de variaciones (máxima, sentencia, refrán, proverbio, apotegma, entre otros) de un género que, desde siempre, se ha mostrado difícil de definir (Jolles).

3 Estos autores figuran en la lista de “15 escritores hispanoamericanos para seguir en twitter” publicada en la revista electrónica Arcadia.

4 Al grupo le unía su admiración por la literatura europea, que adaptó a un contexto genuinamente latinoamericano. Una de las características más importantes de las obras del grupo es su afinidad con la perfección estilística que se articulaba en las formas breves como el aforismo, el ensayo breve y el poema en prosa. “Estos géneros –a veces híbridos– les permitían captar el germen de una idea sin tener que desarrollarla o agotarla, lo cual corresponde exactamente a su exigente concepto del arte. La brevedad, la concisión, la sugerencia, apuntan hacia un lenguaje que se podría llamar generacional” (Zaitzeff 755).

5 Por ejemplo, en febrero de 2015, se publicaron en esta revista veintinueve aforismos del poeta y músico escocés Don Paterson.

6 Mientras que el e-folklore incluye también formas de expresión orales (aunque sean puestas por escrito), “netlore”, según Frank, carece de oralidad: “Netlore, then, is not oral, it is not communicated face-to-face, is not passed from generation to generation and does not exhibit much variation” (9).

7 No obstante, algunas colecciones de proverbios ya anticipan este aspecto transnacional, sobre todo cuando, como en el caso de África, las fronteras lingüísticas no coinciden con las fronteras nacionales. Además, existe una serie de antologías de aforismos que reúnen fragmentos en diferentes lenguas traducidos al español.

8 Tampoco importa si se trata de un fragmento que se desprendió de una obra más amplia o de una obra en sí misma.

9 No hay que olvidar que el aforismo digital, como cada texto electrónico, es intrínsecamente intermedial por su materialidad técnica, siendo al mismo tiempo interfaz y programación (Goicoechea 200).

10 Así, se han realizado en pantalla aforismos de Pablo Picasso (www.youtube.com/watch?v=MFZXcmOJFIg, 13.03.15) y del director Robert Bresson (www.youtube.com/watch?v=723UQ2W7yQU, 13.03.15).

11 Eso también ocurre, por ejemplo, con los artefactos de Nicanor Parra, publicados en el sitio de la Universidad de Chile dedicado al autor (http://www.nicanorparra.uchile.cl/index.html).

Social TV en Chile: Hábitos y tendencias


VTR
Facultad Comunicaciones UC – TrenDigital
Social TV en Chile: Hábitos y tendencias
Investigador Daniel Halpern
Medimos el ruido social y analizamos por primera vez este fenómeno en Chile

Social TV en Chile: Hábitos y tendencias
Este reporte tiene como principal objetivo dimensionar el fenómeno de Social TV en nuestro país. Por Social TV entendemos la influencia que ejerce en las conductas televisivas la interacción social que se produce entre usuarios a través de dispositivos móbiles y redes sociales, así como contenidos online generados por otros usuarios. Para estudiar este fenómeno se realizó una encuesta online a 2.705 usuarios de internet.
La primera área del estudio concluyó que hoy el 74,5% de los usuarios con acceso a Internet están más de la mitad del tiempo que están despiertos frente a una pantalla. Esto ha creado una nueva realidad en la que gran parte de los usuarios interactúan con distintas tecnologías, lo que permite que fenómenos como el de Social TV puedan desarrollarse.

2 de cada 3 usuarios online han comentado sobre TV en las redes sociales. Dentro de los principales géneros en los que han comentado destacan las películas con un 40,3%, las noticias con un 38,7% y las series con un 38,4%.
Mientras un 38,9% de los hombres ha comentado sobre deportes, el 19,6% de las mujeres lo ha hecho, pero ellas comentan mucho más sobre teleseries (25,7%) que los hombres (10,3%).
En las razones por las que comentarían también se encontraron diferencias significativas: mientras el 9,9% de los hombres comentaría una escena de sexo, sólo el 4% de las mujeres lo haría.
68,9%
Cuando aparece algo interesante que les gustaría compartir
Resumen ejecutivo
Comentan TV
Un alto porcentaje de usuarios hoy comentan sobre lo que ven en TV
Se influencian
Al leer lo que otros usuarios comentan y han cambiado el canal según comentarios
Nunca comentaría
Programas de farándula, es el contenido que tiene el rechazo más alto
65,1%
37,9%
69,8%
Resumen Ejecutivo
Las tres principales razones por la que los usuarios comentan en programas
62%
Cuando detectan un error o una información falsa
47,1%
Cuando ven un chascarro o equivocación
Redes sociales y TV
Principales diferencias entre géneros

01
Multipantallas
El fenómeno de Social TV no puede entenderse sin explorar primero el uso simultáneo de pantallas
02
Perfil usuarios
Luego se describió el perfil del usuario para revisar si el uso de las pantallas es complementario
03
Redes y TV
Al ver que el teléfono y computador se complementan con la TV, se midió el uso de redes
05
Hábitos y tendencias
Finalmente se determinaron las principales tendencias de este fenómeno
04
Social TV
Luego se cuantificó el fenómeno de Social TV al ver que los usuarios comentaban sobre TV
Lógica detrás del estudio
Resumen ejecutivo

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LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR


Revista Divergencia ISSN: 0719-2398

N°2 / Año 1 / julio diciembre 2012 / pp 111-123

LA “MEMORIA HISTÓRICA” COMO FUENTE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA. NUEVAS PERSPECTIVAS PARA EL ESTUDIO DE LOS MOVIMIENTOS SOCIOPOLÍTICOS POPULARES DURANTE EL PERÍODO DE LA UNIDAD POPULAR

 

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Cristian Suazo Albornoz

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de Concepción, Chile. Correo electrónico: cristisuazo@udec.cl

RESUMEN:

El presente artículo tiene como principal objetivo justificar sistemáticamente la importancia que posee la “memoria histórica” –en tanto recurso historiográfico– para la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopolíticos populares durante el período de la Unidad Popular. Para el cumplimiento de tal propósito, serán considerados los aportes de diversos historiadores que han profundizado –y debatido– sobre la potencialidad de esta fuente histórica, articulando estas contribuciones a una sistematización que integra los siguientes criterios analíticos: significado, características, y función/funcionalidad. Con esta propuesta se pretende posicionar científicamente a la “memoria historia” en el necesario proceso contra hegemónico de reconstrucción del pasado de las clases subalternas en nuestro país, especialmente, sus experiencias de movilización social y política durante la “vía chilena de transición al socialismo”.

Palabras clave: Memoria histórica – movimientos sociopolíticos – sujetos históricos – clases subalternas – recurso historiográfico.

ABSTRACT:

The main purpose of this article is to justify systematically the importance that the ”historical memory” has – among historiographic resources– for the reconstruction of the history of popular socio-politic movements during the ”Unidad Popular” period. In order to achieve the purpose, it will be considered several historians’ contributions, who have gone further in –and discused– the potential of this historical source, articulating these contributions to a systematization which integrates the following analytic criteria: meaning, characteristics, and function/functionality. Through this proposal, it is expected to set scientifically the ”historical memory” in the necessary counter-hegemonic process of reconstruction of the past subaltern classes in our country, specifically their experiences in social and political movements during the ”Chilean way of transition to socialism”.

Keywords: Historical memory – sociopolitic movements – historical subjects – subaltern classes – historiographic resources.

Recibido: 17 de septiembre de 2012

Aprobado: 11 de diciembre de 2012

Cristian Suazo Albornoz

I. INTRODUCCIÓN

Si revisamos y analizamos profundamente la mayoría de los estudios sobre el pe­riodo de la Unidad Popular, nos daremos cuenta que a nivel general existe una ausencia considerable de conocimiento sobre la historia de los sectores populares, especialmente acerca de aquellos movimientos sociopolíticos que formaron signi­ficativamente parte de la compleja dinámica social del periodo. Si bien existe una extensa producción bibliográfica con respecto a la experiencia de la Unidad Popular, los intentos para tratar de reconstruir la experiencia de los sujetos histó­ricos subalternos que protagonizaron muchos de sus acontecimientos son escasos, y en consecuencia, la historia de los diversos movimientos sociales de la época a lo largo y ancho del país (movimiento obrero, movimiento de pobladores, movimiento campesino –chileno y Mapuche–, entre otros) ha sido estudiada débilmente –incluso omitida en muchos casos– por la ciencia histórica.

A la hora de reflexionar sobre las causas de esta situación y problematizar la carencia de conocimiento histórico, emerge inevitablemente la siguiente pregunta: ¿por qué existen omisiones con respecto a la historia de los movimientos sociales populares en la mayoría de los estudios sobre la Unidad Popular? Es curioso el hecho de que a pesar de la vasta producción bibliográfica sobre este periodo exista poca referencia a los movimientos sociopolíticos generados por los sectores populares, los cuales innegablemente fueron sujetos históricos protagonistas de la “vía chilena al socialismo”. En este sentido –siguiendo los planteamientos de Mario Garcés y Sebastián Leiva– afirmamos que las omisiones se deben principalmente a la perspectiva utilizada por gran parte de los autores (periodistas, sociólogos, políticos, historiadores, etc.) para observar y analizar el periodo en cuestión:

La tendencia de la mayoría de los estudios ha sido, hasta ahora, constituir en objeto de análisis casi exclusivamente a los actores políticos ‘formales’, es decir, los partidos políticos, las temáticas vinculadas a ellos (progra­mas, tácticas, alianzas) y los ámbitos donde estos concentraban su accio­nar (sobre todo los diversos espacios del aparato estatal). (2004, p. 3).

De acuerdo con lo expresado, se otorga poca importancia a los sectores populares y los movimientos sociales durante el periodo de la Unidad Popular, recibiendo un débil tratamiento en las investigaciones sobre la historia reciente y omitiendo el protagonismo político que asumieron en los acontecimientos. Es más, la gran mayoría de las investigaciones orientan su análisis hacia lo que ocurrió dentro del sistema político de partidos, priorizando únicamente la política institucionalizada en el Estado. Desde este enfoque reduccionista la historia de la UP se limita al sistema político, los partidos y el Estado, existiendo –por tanto– una invisibilización de los sectores populares y de los movimientos sociopolíticos en que éstos estuvieron invo­lucrados (2004, p. 3).

Existen algunos trabajos que forman parte de la excepción y escapan de cierta

manera a la regla general, pero no es nuestra intención ni tampoco el objetivo del presente artículo profundizar en cada una de ellos (Gaudichaud, 2004; Cancino, 1988; Garcés, 2000; Winn, 2004), sino más bien, reconocer la carencia de investi­gaciones referente a los movimientos sociales durante la Unidad Popular, y demos­trar cómo la memoria histórica representa un recurso historiográfico significativo e indispensable para superar esta situación. Porque tal como señala Hugo Cancino, “el rescate de esta memoria colectiva es parte fundamental de la reconstrucción de la historia del movimiento popular chileno”. (1988, p. 12)

II. MEMORIA HISTÓRICA E HISTORIOGRAFÍA

La “memoria histórica” representa un valioso recurso historiográfico para la recons­trucción de una experiencia histórica determinada, a través de la cual el historiador se relaciona con aquella parte del pasado colectivo que se propone redescubrir y dotar de sentido histórico para construir conocimiento. Teniendo en cuenta esta apreciación, consideramos necesario sistematizar el análisis con respecto a la “me­moria histórica”, con el propósito de profundizar tanto en los argumentos de su utili­dad historiográfica, como en su relación concreta con los grupos sociales populares. Por lo tanto, para justificar la importancia de la “memoria histórica” se realizará la estructuración del análisis en base a tres aspectos: significado, características y función/funcionalidad.

1. Significado

Profundizando en su contenido, la “memoria histórica” representa un conjunto de recuerdos y recreaciones del pasado que forman parte de los “hechos vividos” o experiencias significativas del sujeto histórico protagonista o testigo de los hechos que se pretenden reconstruir. Por consiguiente, la síntesis resultante de esta relación con el pasado se convierte en fuente de información significativa para el historia­dor, quien la procesa cognitivamente para incluirla de forma rigurosa en un relato histórico. “Se trata de una narración construida desde el presente, con fines de in­terpretación del pasado a partir de criterios normativos y valorativos, seleccionan­do por su significación los recuerdos de hechos vividos o recibidos por transmisión social” (Erice, 2008, p. 2).

Desde este punto de vista, la “memoria histórica” se convierte en un pilar fun­damental de cualquier intento por reconstruir la historia de las clases populares durante la UP, ya que, a juicio de Sergio Grez, “la memoria constituye una cantera valiosísima de donde podemos extraer material para el trabajo historiográfico, sobre todo para aproximarnos a las percepciones que tienen las personas y grupos sobre ciertos hechos y el significado que ellos mismos les atribuyen” (2010, pp. 31- 32). Por tal motivo es imprescindible considerar las percepciones de los sujetos his­tóricos populares sobre los hechos experimentados en dicho periodo, además del significado que ellos mismos le otorgan a su participación en los acontecimientos.

A partir de lo mencionado anteriormente, la “memoria histórica” representa una materia prima para la historiografía, es decir, una fuente que complementa y enri­quece la labor del historiador. En palabras de Mario Garcés:

(…) la memoria, crecientemente, está siendo reconocida por los historia­dores como una nueva ‘fuente’ para sus estudios y elaboraciones sobre el pasado, es decir, una vía que hace posible acceder al pasado de un modo nuevo –con sus propias aportaciones y límites– en especial para conocer del pasado de grupos sociales populares o subordinados que dejan pocos o no dejan testimonios escritos (documentos) de su experien­cia histórica. (2002, p. 12)

En este sentido la “memoria histórica” posibilita al investigador relacionarse con aspectos subjetivos como las visiones, los discursos y las expectativas de los pro­tagonistas, así como también con las percepciones acerca de su participación en la dinámica social del periodo, a las cuales difícilmente podría acceder de otra manera (Rosemberg y Rosende, 2009, pp. 42-44).

En su estudio sobre la importancia de la memoria colectiva para los historiado­res, Peter Burke plantea que aquella debe ser entendida desde dos perspectivas distintas, en primer lugar, como una fuente histórica sometida a su debido proceso de contrastación con las otras fuentes, y en segundo lugar, como un fenómeno pro­piamente histórico que debe ser rigurosamente analizado debido a la flexibilidad y selectividad del recuerdo. Ahora bien, en concordancia con la problemática his­toriográfica que estamos planteando, entendemos la “memoria histórica” desde el primer enfoque propuesto por el investigador británico, afirmando que los his­toriadores deben “estudiarla como fuente histórica para llegar a una crítica de la fiabilidad del recuerdo en la línea de la crítica tradicional de los documentos históricos” (2011, p. 69).

La “memoria histórica” al ser estudiada como fuente favorece el acceso –por medio de los sujetos históricos– a los acontecimientos que intentamos rescatar desde olvi­do, pero siempre teniendo en cuenta las limitaciones que se nos pueden presentar. Esto último es muy importante desde el punto de vista metodológico, ya que la “memoria histórica” –en cuanto fuente de información– debe cumplir requisitos al igual que todas las demás, cuyos requerimientos más importantes son los siguientes: “identificación como fuente idónea, contrastación, contextualización temporal, rela­tivización, objetivación y construcción de un discurso metodológicamente fundamen­tado” (Aróstegui, 2004, p. 165).

Finalmente para concluir con el significado que le estamos atribuyendo a la “me­moria histórica” como una fuente disponible para el historiador, es decir, como una herramienta de investigación (un medio, y no un fin), destacamos la necesidad de recurrir a todas las fuentes posibles para contribuir a la reconstrucción historiográfica de un determinado fenómeno histórico. Porque, como lo establecen Mario Garcés y Sebastián Leiva, “el mayor desafío del historiador es aprender de cada una de sus fuentes, reconociendo su naturaleza, su carácter, sus alcances y sus lími­tes” (2005, p. 6).

2. Características

La subjetividad es una de las principales características de la “memoria histórica”, ya que se encuentra inherentemente vinculada con la experiencia humana y el recuerdo. No obstante, este aspecto no le resta veracidad ni fiabilidad desde el punto de vista científico, ya que toda fuente histórica presenta elementos subjetivos impregnados por sus propios autores y/o instituciones, además, “nadie puede ase­gurar que los documentos escritos –a los cuales rinde culto la historia tradicional– no hayan sido manipulados, escritos ex profeso, o no den cuenta de la subjetividad de sus autores” (Garcés y Leiva, 2005, p. 6).

Como segundo atributo reconocemos el carácter político de la “memoria histórica”, cuya presencia en la problemática que estamos desarrollando es innegable, ya que se encuentra vinculada directamente con un proyecto político de transformación so­cial impulsado también “desde abajo” por medio de la movilización popular, y en la que se vieron involucrados además los partidos políticos. En este sentido, cobra mucha relevancia lo planteado por Mario Garcés al expresar que “la memoria en Chile es política, además, porque se relaciona con los proyectos históricos que organizaron la lucha social y política del siglo XX” (2002, p.8). Sin embargo, es necesario profundizar aún más en el carácter político de la “memoria histórica”, ya que no es tal por el simple hecho de estar vinculada con proyectos políticos de tendencia revolucionaria, sino que más específicamente aún, estas experiencias se encuentran “depositadas” en sujetos históricos que fueron a su vez protagonistas y militantes de una revolución y –consecuentemente– víctimas de una brutal represión militar. Así, la “memoria histórica” es política porque se materializa históricamente en los protagonistas de los cambios sociales y políticos acontecidos durante el pe­riodo de la Unidad Popular, que posteriormente fueron víctimas de los ataques de la dictadura militar pinochetista. Ahora bien, la victimización de los sujetos históricos por sí sola no permite dimensionar políticamente –y en su cabalidad– la militancia que desarrollaron en el periodo, contrariamente, “si junto a la víctima se reconoce al militante y se elabora el significado de sus militancias, en el contexto de luchas por el cambio social, probablemente se enriquezca la memoria y con ella las lectu­ras que hacemos del pasado” (Garcés y Leiva, 2005, p. 20).

Finalmente, y como tercera característica de la “memoria histórica”, destacamos su dinamismo en el proceso de recreación y reconstrucción de experiencias. Esta movi­lidad consiste en la circulación de recuerdos que forman parte activa en el proceso dinámico de recreación de experiencias por parte de los protagonistas. El carácter dinámico de la “memoria histórica” ha sido descrito y desarrollado por Gabriel Salazar, indicando que:

(…) no es una memoria estática o congelada, sino dinámica, que se re­vuelve en la subjetividad de los individuos y en la inter-subjetividad de los grupos afectados por el sistema fáctico, que busca su salida lateral, su reconstitución colectiva para, una vez consolidada en lo ancho, inicie un movimiento hacia lo alto, contra la memoria oficial, y para reconquistar no sólo la ‘memoria pública’, sino también –sobre todo– la legitimidad del sistema social (o sea, su reconstrucción histórica). (2002, p. 9)

Es importante señalar –y añadir– que el carácter dinámico de la “memoria históri­ca” tiene un origen empírico, es decir, este movimiento profundo de recreaciones se fundamenta concretamente en la experiencia misma, la cual se encuentra deposita­da, en forma de recuerdos, en las memorias de los militantes-protagonistas de los movimientos sociales del periodo.

3. Función/funcionalidad

La “memoria histórica” también es significativamente útil para la reconstrucción del movimiento popular durante la UP a partir de esta dualidad que estamos plan­teando: función/funcionalidad. Esta doble dimensión analítica, que pudiese ser una, se explica porque la “memoria histórica”, por un lado posee una función por sí sola de acuerdo a su propia naturaleza, y por el otro, responde a distintos requerimien­tos y propuestas, ya sea desde la misma disciplina histórica como también de la sociedad en general, es decir, es funcional a intereses sociopolíticos externos a su propia naturaleza.

Antes de comenzar a reflexionar sobre la función de la “memoria histórica”, quere­mos dar a conocer una idea expuesta por Peter Burke que consideramos fundamen­tal tener en cuenta para continuar con el análisis: “Una de las funciones más impor­tantes del historiador es la de recordador” (2011, p. 85). Esta frase que parece tan simple y lógica, es fundamental para nuestro análisis, debido a que precisamente en esta función del historiador propuesta por Burke –la de recordador– se inserta la función específica de la “memoria histórica” que consiste en recrear y reconstruir las experiencias de vida a partir de los recuerdos almacenados en los sujetos que fueron protagonistas de determinados fenómenos históricos. En suma, para cumplir la función de recordador, el historiador indispensablemente debe hacerlo recu­rriendo a la “memoria histórica” (por lo menos en investigaciones sobre historia reciente, como la que hemos propuesto).

Al profundizar aún más en esta función reconstructora del pasado, nos encontramos con un fenómeno asociado indiscutiblemente a este rol de la “memoria histórica”, el cual consiste específicamente en una “resignificación del pasado”, cuyas propie­dades y atribuciones la transforman en una función de esta fuente de información. Existe una relación directa entre memoria y resignificación, en el sentido de que esta última se desenvuelve como función de aquella, ya que:

cuando hablamos de memoria estamos refiriéndonos no a la evoca­ción objetiva de lo que aconteció, sino más bien a la reconstrucción que, desde el presente, se hace en un momento determinado de acuerdo a unos intereses concretos. Estaríamos, en consecuencia, ante un constructo social de significados, por tanto, cambiantes en el tiempo. La memoria, en este sentido, es siempre una memoria historizada, una resignificación del pasado. (Azkarate, 2007, p. 1)

Así, al contribuir en la reconstrucción histórica de los movimientos sociopolíticos populares durante “la vía chilena al socialismo”, a partir de las experiencias depo­sitadas en las memorias de sus militantes, simultáneamente estamos descubriendo el significado histórico de sus manifestaciones e injerencias en la estructura de clases del periodo, es decir, preservando en el tiempo y rescatando desde el olvido el sentido y valor histórico que aquellos idearios sociopolíticos –plasmados en proyec­tos histórico-revolucionarios– representaban.

Las funciones que presenta la “memoria histórica” –recreación y resignificación del pasado– aportan significativamente en la comprensión y reconstrucción histórica de la movilización social impulsada “desde abajo” por las clases populares durante el gobierno de Salvador Allende. Pero también es de gran importancia, para tales propósitos, el carácter funcional que presenta esta fuente historiográfica, es decir, su capacidad para responder a funciones externamente determinadas, ya sea des­de la disciplina historiográfica misma como desde el ámbito sociopolítico.

La “memoria histórica” es funcional a dos fenómenos de mucha importancia en la actualidad de la disciplina historiográfica, nos referimos a la “batalla de la memoria” y la “historización de la experiencia”. La primera ha sido desarrollada principalmente por María Angélica Illanes, quien plantea el surgimiento y desen­cadenamiento de esta “batalla de la memoria” desde una perspectiva historio­gráfica, pero que es consecuencia directa de la represión ejercida por la acción de las armas sobre los sujetos históricos que intentaron llevar adelante un proyecto histórico de profunda transformación social en el periodo de la Unidad Popular. Así, la “batalla de la memoria” consiste en una:

(…) batalla necesaria, cuya dialéctica confrontacional tiene el poder de romper la parálisis traumática provocada por la acción de las armas, posibilitando la restitución del habla de los ciudadanos, re-escribiendo su texto oprimido, especialmente cuando estas armas han violado brutal­mente su cuerpo. (2002, p. 12).

Cuando la historiadora menciona que esta “batalla de la memoria” hace posible la restitución del habla de los ciudadanos y la re-escritura de su texto oprimido, comprendemos la importancia de la función que cumple la “memoria histórica”, ya que precisamente es a través de la re-escritura crítica de ésta, que podemos con­tribuir en la reconstrucción del proyecto histórico que representaba el movimiento social del pueblo organizado a comienzos de la década de 1970 y que fue poste­118 Revista Divergencia / ISSN: 0719-2398 N°2 / Año 1 / julio diciembre 2012 / pp 111-124 Cristian Suazo Albornoz riormente aniquilado por represión militar pinochetista. Por tanto, la reconstrucción de estos hechos se circunscribe necesariamente en esta “batalla de la memoria”, que “al mismo tiempo que realiza el acto de la re-escritura de la memoria, debe dar a conocer las claves de su trama, abrir el debate acerca de su contenido, rea­brir el proceso de su historicidad” (2002, p. 12). De esta forma, la “batalla de la memoria” adquiere mucho valor para el propósito de estudiar los acontecimientos vinculados a la compleja dinámica de agitación social durante la UP, y reconstituir sistemáticamente su historia, ya que esta “lucha” supone una re-escritura del pro­yecto histórico que representaban esos “muertos”, superando el olvido y la “amne­sia historicista”,

(…) porque, si no se enseña ese proyecto, si no se le re-escribe, si no se debate crítica y abiertamente en torno al ideario social y político que esos textos y esos cuerpos mutilados representaban, la batalla cultural no tiene sentido ni significación futura. (2002, p. 16)

Por consiguiente, junto a esos nombres y cuerpos, es importante rescatar del olvi­do también el proyecto histórico político que encarnaban, adquiriendo así mucha relevancia la relación histórica entre este proyecto de transformación radical de la estructura de clases y el consiguiente genocidio que negó e impidió su completa realización.

En segundo lugar, la “memoria histórica” es funcional al fenómeno conocido como “historización de la experiencia”, propuesta historiográfica desarrollada princi­palmente por Julio Aróstegui y que se basa en una objetivación de la memoria, proceso que implica racionalizar la memoria previamente a su inclusión en una narrativa historiográfica y convertirla en historia. Por lo tanto la historización de la experiencia finalmente es una historización de la memoria, ya que según Aróstegui “para que la memoria trascienda sus limitaciones y sea el punto de partida de una historia, es preciso que se opere el fenómeno de su historización, o, lo que es lo mismo, de la historización de la experiencia” (2004, p. 165). Es de esta manera que podemos percatarnos de la importancia que adquiere la “memoria histórica” en este proceso, ya que el recuerdo es determinante para historizar la experiencia en el sentido de hacer presente lo pasado. Asimismo, “(…) la historización, a través de la memoria, «integra» al individuo particular en la experiencia social, colectiva, de la historia (…)” (2004, p. 184), por lo que el sujeto comprende que sus expe­riencias de vida forman sistémicamente parte de un contexto histórico más amplio.

Lo anterior permite advertir la existencia de una directa relación entre memoria e historicidad, sin la cual sería imposible desarrollar esta “historización de la ex­periencia”. Esta vinculación es fundamental porque la historicidad impregna de sentido a las experiencias depositadas en las memorias de los sujetos históricos, transformándose en una “(…) atribución humana que da sentido a la «vuelta sobre el pasado» para comprenderle como un presente, para comprender el pasado como un «presente que fue»” (2004, p. 171), configurando a dichas experiencias como aspectos históricamente reales. De esta forma, historizar la experiencia, y porlo tanto la memoria, implica someterla a un análisis histórico crítico, vinculándola simultáneamente a los acontecimientos que se pretenden reconstituir.

Si bien la “memoria histórica” es funcional a fenómenos pertenecientes a la discipli­na historiográfica, también lo es a aquellos de carácter socio-político, específica­mente a los procesos de transformación social y de disputa por el poder. El recono­cido historiador medievalista Jacques Le Goff aporta con importantes reflexiones sobre el carácter funcional de la “memoria histórica”, expresando lo siguiente:

La memoria colectiva ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas. Los olvidos, los silencios de la historia son reveladores de estos mecanismos de manipulación de la memoria colectiva.(1991, p. 134)

En este sentido la “memoria histórica” no es percibida ni compartida de la misma manera por todos los grupos sociales, es decir, no se configura homogéneamente en la sociedad, sino que responde a intereses tanto de los grupos dominantes como de los grupos dominados o en condición de subalternidad. Desde la perspectiva dominante, a través de diversos métodos y mecanismos se intenta manipular la memoria colectiva, específicamente aquellos recuerdos, experiencias y representa­ciones de fenómenos históricos que implicaron transformaciones sociales y políticas. Lo anterior mantiene un nexo con el carácter instrumental de la “memoria histórica”, debido fundamentalmente a que ésta representa un mecanismo e instrumento de poder funcional al dominio del recuerdo y de la tradición, es decir, a la manipula­ción de la memoria social en beneficio del conservadurismo. La preocupación por el dominio de la memoria, vinculada a la ya referida lucha por el poder, responde a la necesidad de mantener el status quo por parte de los sectores hegemónicos, quienes procuran proteger sus intereses históricos y su posición en la estructura social-clasista a partir de la manipulación de la “memoria histórica”, sobre todo de aquellos fenómenos que representaron una amenaza a dichos intereses. Ahora, el hecho de interesarse por la instrumentalización de la “memoria histórica”, ya sea manipulándola o manteniéndola en el olvido, es producto de la importancia que ésta representa en la lucha por la conservación del poder, porque como justamente sostiene Francisco Rodríguez: “La representación del pasado modeliza el presente y el futuro” (2001, p. 3), lo que permite a los grupos dominantes configurar el tipo de sociedad que sea correspondiente con sus respectivos intereses.

Por el contrario, para los sectores populares el hecho de preocuparse por sus “me­morias históricas” responde a la necesidad de rescatar del olvido las experiencias que contribuyeron en la configuración de sus propias identidades, las cuales se ven amenazadas y perturbadas por esta “ausencia de memoria colectiva”. Fenómeno conocido también como “amnesia historicista”, que según Patricio Quiroga constitu­ye “(…) una grave perturbación que en la medida que se extiende a la memoria colectiva perturbará la identidad colectiva” (1997, p. 140). Porque los recuerdos ylos conocimientos que los protagonistas poseen depositados en su “memoria histó­rica” en forma de experiencias, forman parte también de su constructo identitario, tanto a nivel individual como colectivo. En este sentido, y relacionada con el objeto de estudio que hemos propuesto, la “memoria histórica” de los grupos populares es funcional al esfuerzo por vencer y superar el olvido, el ocultamiento y la “amnesia historicista” de las experiencias de organización y lucha en Chile durante el perio­do señalado, los cuales –inherentemente– forman parte de la identidad colectiva de los mencionados sujetos históricos. De lo contrario, Sergio Grez advierte que “aquellos grupos carentes de una sólida memoria colectiva corren peligro de des-construirse, perder su fisonomía, diluir sus identidades en modelos propuestos por actores más fuertes y pujantes”(2008, p. 3), quienes mediante la política y el so­porte de la “historia oficial” procuran silenciar y olvidar las experiencias históricas de las luchas sociales y políticas de los sectores populares.

De este modo, reconstruir historiográficamente fenómenos históricos de esta índole, interrogando y recordando el pasado, involucra necesariamente un proceso de profundización y ruptura de hegemonías, es decir, una confrontación dialéctica por el recuerdo entre la memoria y la desmemoria.

Enfrentar el pasado es desnudar el poder que ya ha construido su relato narrándonos todo a todos. Por tanto es evidente que resistir es un impe­rativo, una forma válida de ejercer memoria contra-hegemónica, más aún cuando, como lúcidamente lo señala Benjamin, para los oprimidos su historia es un permanente estado de excepción. (Castro, 2009, p. 35).

Finalmente, para culminar con el análisis acerca de la utilidad que la “memoria histórica” representa en la reconstrucción de la historia de los movimientos sociopo­líticos durante el periodo señalado –proceso innegablemente dialéctico y contra hegemónico–, dejamos expresada una excelente reflexión desarrollada por Jacques Le Goff:

La memoria, a la que atañe la historia, que a su vez la alimenta, apun­ta a salvar el pasado sólo para servir al presente y al futuro. Se debe actuar de modo que la memoria colectiva sirva a la liberación, y no a la servidumbre de los hombres. (1991, p. 183).

III.CONCLUSIONES

Mediante un análisis sistemático hemos dado a conocer la importancia que posee la “memoria histórica” en el –necesario– proceso de reconstrucción histórica de las clases y grupos populares durante la UP, particularmente, de las diversas expre­siones colectivas que dotaron de dinamismo social y político a la denominada “vía chilena de transición al socialismo”. La omisión de los movimientos sociopolíticos populares en los análisis e investigaciones sobre este proceso, estimula la invisibi­lización de los sujetos históricos que protagonizaron las transformaciones sociales del periodo, generando de esta manera una “historia sin sujetos”. Al respecto, el excelente historiador Sergio Grez plantea lo siguiente:

(…) no se puede olvidar la historia plurisecular de pobreza, marginación, opresión y explotación de las grandes mayorías, que no es posible ocul­tar el estado de permanente desgarramiento de la nación, la profunda escisión entre sus componentes sociales, étnicos y culturales; que no se puede evacuar del análisis la reiterada historia de frustraciones popu­lares, promesas no cumplidas y esperanzas siempre postergadas que llevaron a muchos a tratar de “tomarse el cielo por asalto” a fines de los 60 y comienzos de los 70. (2008, p. 3)

Para redescubrir este pasado colectivo mediante la disciplina historiográfica, es ne­cesaria la consideración de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

Aróstegui, J. (2004). La historia vivida. Sobre la historia del presente. Madrid: Alianza Editorial.

Azkarate, A. (2007). Memoria y Resignificación. Apuntes desde la gestión del patrimonio cultural. Consulta 18 de Agosto de 2012: http://www. fundacionfernandobuesa.com/pdf/20070718_ponencia_a_azkarate.pdf

Burke, P. (2011). Formas de historia cultural. Madrid: Alianza Editorial.

Cancino, H. (1988). Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo, 1970-1973. Dinamarca: Aarhus University Press.

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de las diversas memorias colectivas de los sujetos históricos involucrados. Por tanto, y evitando cualquier tendencia excesivamente subjetivista, estimamos que las experiencias de los que protagonizaron aquellos acontecimien­tos –depositadas en forma de recuerdos– representan fuentes de información signi­ficativamente útiles para comprender la dinámica del periodo en cuestión. De esta forma, la “memoria histórica” permite aproximarnos a aquellos elementos subjeti­vos que difícilmente de otra manera podríamos acceder, sobre todo si se trata de clases sociales que –producto de una represión dictatorial– no dejaron testimonios escritos de sus experiencias revolucionarias.

Romper con la hegemonía del olvido implica una confrontación dialéctica con la “historia oficial”, que intenta situar la política única y exclusivamente en el aparato estatal, desconociendo que los sujetos históricos populares durante la UP también protagonizaron –“desde abajo”– fenómenos políticos de transformación social. Precisamente, en este proceso contrahegemónico de reconstrucción del pasado, la memoria histórica ocupa un lugar fundamental, siendo cada vez más reconocida por los historiadores como una fuente histórica.

BIBLIOGRAFÍA

Aróstegui, J. (2004). La historia vivida. Sobre la historia del presente. Madrid: Alianza Editorial.

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Burke, P. (2011). Formas de historia cultural. Madrid: Alianza Editorial.

Cancino, H. (1988). Chile: La problemática del poder popular en el proceso de la vía chilena al socialismo, 1970-1973. Dinamarca: Aarhus University Press.

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Redes Sociales como herramientas de ciberactivismo: el caso de los grupos de Facebook en Chile y el Gran Concepción (2009)


Extraido de http://t.co/MTjxhzp3Pf

Resumen
El presente trabajo da a conocer los resultados de un estudio
que relacionó el uso de dos aplicaciones del Sitio de Redes
Sociales Facebook.com como vehículos de ciberactivismo.
Analizando Grupos y Causas de dicha plataforma se logró un primer
acercamiento a cómo las personas utilizan estas herramientas
en el país con fines de movilización.
Esta investigación, asimismo, quiso establecer variables que
permitan predecir –según las características de los temas encontrados
en Grupos y Causas– cuales de ellos son más susceptibles
de constituir ciberactivismo.
Entre sus principales resultados cuenta que se comprobó que
las Redes Sociales en Internet son principalmente una amplificación
de nuestro círculo social más inmediato, reforzando lazos ya
existentes, más que crear otros nuevos. Además, se caracterizan
por su naturaleza estructural anárquica y horizontal, y la falta de
control sobre los millones de nodos que forman esta red permite
su organización de forma distribuida y sin mayores controles ni
acaparamientos de información, lo que posibilita una gran robustez
del flujo de comunicaciones, un mayor acceso a la información
y una menor capacidad para limitar dicho acceso.
Abstract
This work presents the results of a study that compared the
use of two applications of the Social Networks Site (SNS)
Facebook.com as cyberactivism vehicles. Analyzing Groups and
* Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
UCSC.
** Periodista, licenciado
en Comunicación Social,
profesor de la Escuela de
Periodismo de la Universidad
Católica de la
Santísima Concepción
(UCSC).
*** Doctor en Comunicación
Pública, académico
de la Universidad
Santo Tomás, Sede
Concepción.
Palabras clave:
Sitios de Redes Sociales,
Facebook, ciberactivismo.
Keywords:
Social Network Sites,
Facebook, cyberactivism.
Redes Sociales como herramientas
de ciberactivismo: el caso de los grupos
de Facebook en Chile y el Gran
Concepción (2009)
Sótero Suazo Vejares*
Javier Martínez Ortiz**
Álvaro Patricio Elgueta Ruiz***

08/06/11

Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
Causes of that plataform – along the Chile Network and the Gran
Concepción related topics – it reached a first approach to how the
people use this online tools with activism objectives.
In addition, this research wanted to stablish variables that
allow predict – by the type of the topics found in Groups and
Causes – which of them may constitute cyberactivism.
In it main results, it proves that the Internet’s Social Networks
are mainly an amplification of our nearest social circle, this is,
empowering existent friendship ties, more than create new ones.
Furthermore, it characterizes by its anarchic and horizontal structure,
and the lack of control over million of nodes that created the
network allows a distributed organization and without the control
structures nor information hoarding, enabling a strong communication
flow, issue that finally represents a bigger access into the
information and a smaller capacity to limit that access.
La penetración en Chile de nuevas herramientas de comunicación
computacionalmente mediadas, uno de cuyos mayores referente
son los llamados Sitios de Redes Sociales (SRS), está
teniendo gran impacto en el surgimiento de nuevas esferas de participación
ciudadana e intercambio social.
Este fenómeno hoy en auge se venía anunciando desde principios
de 2000 dada la explosiva aparición y expansión de la blogósfera nacional
(compuesta por los llamados blogs o bitácoras personales en Internet
y también por la gran masificación que experimentaron los fotolog o
páginas de fotografías personales); sitios de intercambio de contenidos
multimedia como You Tube (videos); Flickr (fotos); My Space, sitio
para reunirse con amigos y compartir contenidos multimedia (fotos y
videos); y sitios de difusión personal de audio, como Podcaster.
Las cifras mundiales reflejan un notable crecimiento con datos
sorprendentes. Para el caso nacional, el tercer informe Generación
2.0: Radiografía de los nuevos usuarios, informa que Chile es el
país con mayor número de fotologs del mundo, con 2 millones 896
mil 332 usuarios para fines de 2007. Otra estadística importante es
la gran participación porcentual de chilenos en Internet, contando
con 326 usuarios por cada mil, siendo esta la mayor de Sudamérica.
Facebook –una herramienta diseñada para encontrar amigos,
relacionarse con cercanos y familiares, y compartir contenidos
multimedia– no ha sido la excepción a estas tendencias. Desde
febrero de 2008, la presencia de Chile en Facebook ha tenido el
mayor crecimiento a nivel mundial, al experimentar un alza de
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
2.197 %, que en cifras duras se traduce a pasar de 106.960 usuarios
en febrero a 2.456.480 usuarios en agosto de ese año.
Actualmente Chile, con alrededor de 3 millones de usuarios
(según la herramienta de avisaje de Facebook) supera en número
de inscritos a todos los países sudamericanos, incluyendo
Colombia que lideró esta cifra hasta hace poco tiempo.
Tomando en cuenta estos antecedentes, la investigación desarrollada
buscó lograr un primer acercamiento a algunos usos de
Facebook, tomando como referencia dos aplicaciones: Groups
(grupos) y Causes (causas).
El presente trabajo se centra en determinar si estas aplicaciones
sirven como vehículo de ciberactivismo, en el ámbito geográfico
Chile y Gran Concepción1. Por ello, se entendió como cibertactivismo
a aquellos conflictos y manifestaciones sociales evidenciados
por medios de protestas masivas autoconvocadas (mediante
Internet u otras TIC’s), sin liderazgo definido y que ponen a disposición
de las personas prácticas sugeridas que permiten manifestar
oposición o descontento frente a alguna situación en particular.
Se plantearon las siguientes preguntas de investigación: 1)
¿Cuáles son las características de las redes sociales en Internet?;
2) ¿Cómo se aprovechan estas características para generar activismo
social en Internet?; 3)¿Qué herramientas entrega
Facebook para el desarrollo de iniciativas de activismo social?;
4) ¿Cómo se usan esas herramientas en la Red Chile de Facebook
y, más específicamente, cuál es su utilización en iniciativas de
activismo social en el Gran Concepción?; y 5) ¿Existe correlación
entre los temas tratados a nivel de Chile y Gran Concepción?
Además, se buscó determinar cuál de estas dos aplicaciones sirven
mejor al propósito del ciberactivismo, como también averiguar
si esta plataforma sirve para canalizar el descontento social y establecer
una agenda independiente, hasta cierto punto, de los tradicionales
medios de comunicación. Finalmente, el presente trabajo
buscó identificar los temas más relevantes para las personas en el
país, dependiendo de su presencia en ambos ámbitos geográficos.
Discusión Teórica
Sitios de Redes Sociales
La evolución de las herramientas online ha permitido cada
vez más establecer sistemas de comunicación computacional-
1 Área metropolitana
que incluye las comunas
de Concepción,
Chiguayante, Hualqui,
Penco, Tomé, Hualpén,
Talcahuano, San Pedro
de la Paz, Coronel y
Lota.

126 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
mente mediados, dedicados principalmente a la creación y mantención
de redes interpersonales. Este es el caso de los SRS, que
Boyd y Ellison los definen como:
servicios basados en la web que permiten a los individuos construir
un perfil público o semipúblico, dentro de un sistema limitado, articular
una lista de otros usuarios con quienes comparten una conexión,
y ver y atravesar su lista de conexiones y aquellas hechas por
otros dentro del sistema. La naturaleza y nomenclatura de estas conexiones
puede variar de sitio a sitio (Boyd & Ellison, 2007: 211).
Ambas autoras hacen, además, la diferencia entre Sitios de
Redes Sociales (Social Network Sites) y Sitios de Creación de
Redes Sociales (Social Networking Sites). Aunque estos términos
son usados comúnmente como sinónimos por el público general,
el término Networking
enfatiza el inicio de relaciones, a menudo entre extraños… la creación
de Redes o Networking (aunque) es posible en estos sitios, no
es la práctica primaria en muchos de ellos, ni lo que los diferencia de
otras formas de comunicación mediada computacionalmente. (Boyd
& Ellison, 2007: 211).
En relación a lo anterior, es importante considerar que por
pertenecer a un área del conocimiento con grandes posibilidades
de desarrollo, el término Social Network(ing) Sites aún
genera discusión. En este sentido, las principales críticas apuntan
a su amplitud y falta de especificidad y a la ausencia de una
diferencia sustantiva entre sitios de naturalezas similares, pero
que contendrían notorias diferencias. Según Beer: “Aunque es
claro que hay en gran parte superposición entre categorías relacionadas
con cómo estos diversos tipos de sitios están organizados
y la información que contienen –aspectos comunes como
etiquetado, perfiles, y creación de amistades ilustran la complejidad
de las similitudes y diferencias entre este tipo de
sitios” (Beer, 2008).
A pesar de esta acusada amplitud, existen una serie de teorías
que sustentan la idea de Boyd y Ellison, en cuanto a que las redes
generadas van direccionadas desde el offline hacia el online y no
al revés. Ver por ejemplo Stefanone y Jang (2007) y Ellison,
Steinfeld y Lampe (2007), entre otros. Por esto la presente investigación
sustentó la primera teoría.

Ecos de la Comunicación > 127
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Molecularización social
La molecularización social de los individuos consiste en la
colectivización de los movimientos individuales, es decir, que las
personas se mueven según los movimientos de un grupo determinado
al que pertenecen.
En el caso de la molecularización social, esta ocurre principalmente
por el momentum social que mantiene unidos a los grupos.
Este momentum2 será más grande cuando existen más
personas que incitan a los demás al movimiento.
Así lo confirma el estudio de Humphreys (2007) acerca del
“Dodgeball”, un sistema móvil de localización de amistades que
permite la ubicación de los demás miembros de un grupo, en el
entorno urbano. Este sistema informa a los amigos dentro de una
red personal, acerca del lugar en que se encontrarán uno o más de
sus amigos de manera que las personas se mueven y experimentan
la ciudad de manera conjunta.
Mecanismo que permite una comunicación indirecta acerca
de lugares públicos por parte de los participantes, lo que significa
que la gente no tiene que comunicarse sobre los lugares de reunión
en donde estará el grupo, sino que solo hace falta que
indirectamente el sistema alerte a los miembros inscritos sobre un
nuevo lugar de reunión en que se encuentran uno o más miembros
de su grupo particular de amistades.
En cuanto al “momentum” social que hace que los individuos
se sientan llamados a este movimiento conjunto, los testimonios
recogidos por este estudio sugieren que la existencia de esta
característica, también llamada efecto red, aumentará de forma
directamente proporcional a la cantidad de miembros reunidos en
determinado lugar (De Ugarte, 2007). Muchos de estos informantes
manifestaban que mientras más eran las personas que se registraban
en un lugar, mayor era la necesidad que surgía de reunirse
con ellas, entendiendo que podían estarse perdiendo un gran
evento.
Cómo se forman y en qué consisten las Redes Sociales
Según De Ugarte las redes sociales siempre han existido.
Consisten en la creación de vínculos entre las personas para cumplir
distintos fines, esto sobre una arquitectura o forma de interconexión,
que determinará la forma de las interacciones y
2 Concepto tomado
de la Física, que significa
impulso que provoca
el movimiento de un
cuerpo.

128 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
posibilidades de la red en que estas se sustentan (De Ugarte,
2007).
Las redes sociales se forman conjuntamente con la socialización,
a partir del establecimiento de lazos entre las personas.
Estos lazos aumentarán como consecuencia del efecto red, junto
con los anteriormente sostenidos por quienes los establecen, permiten
un crecimiento exponencial del tamaño y alcance de las
redes de cada uno, generando así una lógica de la abundancia.
Para De Ugarte
el ejemplo típico de efecto red es el teléfono o el fax. Siempre se
cuenta que para el tercer usuario de la red telefónica, acceder a la red
suponía poder hablar con dos personas. Pero para el cuarto, poder
hacerlo con tres… y así sucesivamente. El efecto red hace que cuantos
más miembros tiene la red de usuarios más valor tiene para un no
miembro pertenecer a ella… (Ibid).
De la misma manera, cualquier persona que se integre a esta
red no generará un cambio sustancial en los beneficios de los
demás integrantes de la misma.
Topologías de red, arquitectura de la información
y distribución del poder en las redes sociales
Otro concepto fundamental para la comprensión del fenómeno
de las redes sociales es el de topologías de red, que corresponden
a las formas en que se interconectan los nodos de una red,
resultando así tres formas posibles. “Estas tres disposiciones describen
tres formas completamente distintas de organizar una red:
centralizada, descentralizada y distribuida” (De Ugarte, 2007).
Mientras el flujo de información depende de solamente un nodo
en la red centralizada, en la red descentralizada la información está
jerarquizada por varios nodos, es decir, pequeños centros múltiples
por los que pasa la información antes de llegar a destino.
Aun cuando la red descentralizada es más eficiente que la
centralizada, no permite la óptima comunicación entre los nodos
puesto que cualquier conexión entre dos nodos tiene que pasar
por un intermediario.
Según De Ugarte, las redes centralizadas y descentralizadas
son vestigio de antiguas estructuras de poder y control que al
menos en la red están quedando en el pasado.

Ecos de la Comunicación > 129
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
El eslogan Ciberpunk español de principios de los 90 que
reza:
Tras toda arquitectura informacional se esconde una estructura de
poder”, es uno de los primeros signos del cambio que ya está empezando
a materializarse. Este cambio surge primeramente como “una
reacción a la concentración del poder y la disminución de los derechos
personales a través de la monopolización y acaparamiento de
las nuevas tecnologías, sobre todo aquellas de carácter informático
(Ciberpunk.org, 2008).
El nacimiento de la anarquía informacional que representan
las Redes Distribuidas es la manifestación de este proceso social
en que se transforma la manera en que circula la información,
esto porque este tipo de red permite la comunicación entre cualquiera
de los nodos que la integran, sin intervenciones de terceros
ni jerarquías, generando mediante una estructura
verdaderamente horizontal el empoderamiento mayor de todos
sus participantes.
Una red que no posee filtros ni censura y en la cual las antiguas
estructuras del poder no pueden restringir el acceso, permite
el surgimiento de nuevas formas de distribución del poder, con
mayores posibilidades de participación y una serie de ventajas
derivadas de la estructura distribuida.
Entre estas se cuentan la generación abundante de contenidos,
una mayor estabilidad y eficiencia de las interacciones que ocurren
en el sistema, mejoras sustanciales en cuanto a seguridad y
capacidad de recuperación de los datos ante cualquier emergencia.
Esto se debe a que, si en las redes centralizada y descentralizada
la información se encuentra presente solo en uno o varios
centros, respectivamente; en la red distribuida se encuentra presente
en todas partes, haciendo –en consecuencia– que la pérdida
de información sea más difícil.
Cultura Ciberpunk v/s Descentralización de la red
Internet como génesis de las ciberculturas actuales
El surgimiento del movimiento Ciberpunk como reacción a la
concentración tecnológica se manifestó de diversas formas. Una
de las más destacables fue la creación en 1989 del documento
identidad de ciberpunk.org, que estableció una serie de principios 130 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
e ideas fuerza sobre las que crecerá el movimiento Ciberpunk
español.
El documento en sus sucesivas versiones –Berlín (1994),
Madrid (2002), Larnaca (2004) y Tamarán (2005)– defiende la
apertura de las nuevas tecnologías, mediante el uso de diversas
herramientas que permitieran la participación, interacción y el
flujo ininterrumpido de información sin trabas ni acaparamientos.
Actualmente, este movimiento defiende la autogestión de contenidos
como la principal forma de oponerse a la concentración tecnológica
y a la mediatización de Internet. La Blogósfera surge como
la realización de este paradigma, al pasar por alto la mediatización
y convertirse en el primer medio distribuido (Ciberpunk.org, 2008).
Otra manifestación de esta cultura fue el nacimiento de la
Fundación Frontera Electrónica, también conocida como EFF,
fundada en 1990 por Mitch Kapor, John Perry Barlow y John
Gilmore. Desde su nacimiento EFF ha interpuesto una serie de
acciones legales en contra del Estado y de privados que intentan
coartar la libertad de los individuos en el ciberespacio de manera
de sentar precedentes legales que impidan acciones de esta naturaleza
en el futuro (EFF, 2008).
La Declaración de Independencia del Ciberespacio, escrita en
1996 por John Perry Barlow, contiene los principios fundamentales
que defiende esta institución. El ex letrista del grupo Grateful
Dead, declara que este es un lugar de la mente humana, en donde
los Estados y las antiguas estructuras de poder son irrelevantes,
impotentes y no tienen legitimidad alguna (Barlow, 1996).
En contraste a esta cultura, el fuerte impulso hacia la estructuración
de Internet desde una lógica descentralizada3, se ha
manifestado en la comercialización y mediatización del llamado
ciberespacio, además del uso de redes sociales para usos corporativos
y de trabajo (Wellman, 1996; Haythornthwaite, 2005).
Mientras la comercialización ha convertido Internet en un
nuevo “mercado”, la mediatización ha audiovisualizado la red,
convirtiéndola en un medio tradicional.
El enfrentamiento de la visión descentralizadora y la visión
distribuidora es la base sobre la que han nacido las ciberculturas.
Esto se debe a que la presencia de ambas en el llamado
ciberespacio, ha permitido lograr una síntesis de maneras de
hacer y formas de interpretar que se instala entre la comercialización
y la lógica de la abundancia de las redes distribuidas,
y entre la audiovisualización de Internet y la autogestión hipertextual
de contenidos.
3 Ver Topologías de
red, arquitectura de la
información y distribución
del poder en las
redes sociales.

Ecos de la Comunicación > 131
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Mientras que para algunos autores las ciberculturas consisten
meramente en digitalizaciones de la producción cultural ya existente
(Contreras, 2003; Figueroa, 1997), para otros las ciberculturas
son metaculturas que incluyen a las culturas analógicas que
las originan y además las reorganizan (Galindo, 2003).
Para este trabajo, sin embargo, la definición más adecuada es
la de Ricard Faura que define las ciberculturas como “conjuntos
de técnicas, de maneras de hacer, de maneras de ser, de valores,
de representaciones que están relacionadas con la extensión del
Ciberespacio” (Faura, 2000).
En consecuencia, las ciberculturas presentan diversas características.
A saber: 1) Surgen como comunidades en las cuales
existe un nuevo concepto de libertad asociado a la posibilidad
de compartir con otros miembros de la comunidad los beneficios
obtenidos por este medio; 2) Se constituyen como espacios
virtuales de reunión, que permiten compartir sin necesidad de
contar con espacios físicos; 3) Tienen lenguajes especializados
que permiten el reconocimiento mutuo de los integrantes de una
comunidad y diferenciar a los más experimentados de los principiantes;
4) Presentan posibilidades diversas de comercialización;
5) Integran visiones comercializadoras, mediatizadoras y
distribuidoras de entender el ciberespacio; 6) Incluyen organizaciones
e individuos que sustentan las éticas hacker y protestante
del trabajo; y 7) Ayudan a la gestión de organizaciones
descentralizadas.
Tres ejemplos de ciberculturas, como síntesis de distintas
visiones del desarrollo de Internet, son las comunidades de software
libre, la blogósfera (como medio distribuido/institucional),
y los Sitios de Redes Sociales, entendidos como herramientas de
socialización y soportes comerciales e institucionales.
Rol de la ética hacker en el Ciberactivismo
Llegados a este punto se hace totalmente necesario entender 132 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
cuando hablamos de la ética del hacker? ¿por qué representa una
nueva visión?
Para responder estas interrogantes primero es necesario tomar
conciencia de la ética que ha perdurado hasta la época actual. En
particular nos referiremos a la ética protestante del trabajo, que
incluso en nuestros días sigue siendo un referente en la mayor
parte de las ocupaciones humanas, como un paradigma convenientemente
inamovible.
El concepto de ética protestante tuvo su origen en un ensayo
de Max Weber llamado La ética protestante y el espíritu del capitalismo
(1904-1905), que describe la forma en que la noción del
trabajo como deber se halla en el centro de la cultura capitalista
del siglo XVII (Himanen, 2002).
La ética hacker del trabajo plantea un enfrentamiento a esta
posición. El hacker no entiende el trabajo como una obligación
puesto que se dedica a hacer algo que le gusta y apasiona. Al no
ser una obligación, no está sujeto a horarios de trabajo, sino que
por el contrario trabaja cuando le parece sin dejar de lado el ocio.
Según Himanen, para el hacker el objetivo de todo su trabajo
es el reconocimiento de los pares. La idea principal que subyace
a esta ética es entonces que el fruto del trabajo debe ser un bien
de uso social: “La ética originaria del hacker programador de
ordenadores hacía hincapié en lo abierto, el libre acceso”
(Himanen, 2002).
Una vez asimilada la situación actual de quiebre y cambio
social, ¿Qué relación puede haber entre redes distribuidas, ética
hacker del trabajo y todos los temas anteriores? La respuesta es el
ciberactivismo. Este consiste en la convocatoria de múltiples
agentes que se coordinan de forma espontánea en la red, lo que
permite que los conflictos sean multicanal, es decir, que se desarrollen
en distintos frentes (De Ugarte, 2007).
En consecuencia, basados en la ética hacker y en las redes distribuidas,
se generaron y pusieron herramientas tecnológicas al
servicio de las personas.
Para De Ugarte, gracias a esto, se ha dado génesis a un cambio
que posiblemente reordenará el eje del poder.
Para los efectos de este estudio se utilizará la definición de De
Ugarte, según la cual el ciberactivismo presenta las siguientes
características:
i. Un discurso que plantea un empoderamiento de las personas
y que no impone jerarquías.

Ecos de la Comunicación > 133
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
ii. El establecimiento de rangos de conducta que producen
estilos de vida, que permite una mayor identificación entre
las personas. Esta generación de identidad será en definitiva
el aglutinante de una red, que al facilitar el intercambio
entre pares desconocidos sin mediación de un centro, presentará
características distribuidas y por tanto será más
robusta.
iii.La generación de herramientas que hagan posible la visibilización
de un cambio a partir de las personas. En otras
palabras, poner a disposición de las personas herramientas
que les permitan mostrar su disenso.
iv. La visibilidad de las herramientas tiene que ser de tal
forma, que permita que mediante pequeños gestos las
personas puedan identificarse en otros como ellos culminando
de esta manera la estrategia de empoderamiento
de las mismas.
Ciberactivismo en Chile
En Chile, dos han sido los hechos más notorios de ciberactivismo.
El primero de estos casos fue Mi primer PC… pero de verdad
(MPPCDV). Aun cuando esta campaña se generó de forma
espontánea en el ciberespacio, alcanzó niveles nunca antes vistos
de participación que sorprendieron incluso a sus involuntarios
precursores.
Esta iniciativa se originó para protestar en contra de las falencias
del plan del gobierno de Ricardo Lagos: “Mi primer PC”,
que buscaba disminuir la brecha tecnológica que afectaba a los
sectores más pobres de la población, al proveer computadores
personales a un menor costo.
Para los bloggeros chilenos el plan presentaba una serie de
problemas, entre los que se contaban (Sandoval, 2005):
1) La disponibilidad en el mercado de PC’s más económicos o de
igual costo que los de la campaña, a veces incluso con mayores prestaciones,
2) Licencias de software que encarecían innecesariamente
el precio de los equipos, existiendo la opción del software libre, 3)
Existían en el mercado opciones más económicas de hardware con el
mismo rendimiento (implementación del procesador más caro existiendo
la posibilidad de obtener el mismo resultado con otro más
barato), 4) El alto costo relativo de la conectividad de Internet en
Chile y la falta de medidas para solucionar este problema, y 5) La
cómo es que las redes distribuidas generan cambios en la mentalidad
de las personas, cómo la molecularización social desencadena
nuevas formas de asociación que derivan en movimientos
sociales. En definitiva, cómo es que una ética diferente, apasionada
y no forzada por el deber emerge para hacer cambios.
El hacker, personaje incomprendido en nuestra sociedad, es la
encarnación de esta nueva ética. Entonces ¿a qué nos referimos 134 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
delegación irresponsable del financiamiento a grandes tiendas de
departamentos, lo que encareció e infló ficticiamente los costos.
“Ante las debilidades del plan, surgieron voces disidentes que fueron
agitadas principalmente por tres personas: Christian Leal, periodista
de tecnologías; Alberto Contreras, diseñador y; Claudio Bustos, psicólogo.
Estos tres bloggeros articularon de forma impensada lo que
más tarde sería la exitosa campaña Mi primer PC… pero de verdad.
La campaña buscó, en principio, juntar 2500 firmas para luego
enviar una carta al entonces presidente Ricardo Lagos. Sin embargo,
la sorpresa de estos tres bloggeros fue grande cuando solo en 48
horas lograron reunir 3860 firmas. La carta que finalmente llegó a la
Moneda en formato CD, tenía más de 14.000 firmas. Ese día fue el
primero en que estos bloggeros se veían en persona” (Ibid).
El segundo caso ocurrió luego de una intervención del senador
chileno Alejandro Navarro, quién habría pedido explicaciones
acerca de un documento al que tuvo acceso (Leal, 2007).
Dicho documento era el acuerdo marco de cooperación entre el
Ministerio de Economía y Microsoft, celebrado sin conocimiento
de la opinión pública en mayo de 2007.
El acuerdo escrito en el confuso lenguaje típico de los contratos
de licencia de la compañía, incluía una serie de polémicos
puntos, de los cuales los más criticados fueron los referentes a
“Domicilio Digital” y “Municipio digital”.
En este sentido, las principales críticas apuntaron a la revelación
de información personal sin autorización de los involucrados, la
intromisión y posible intervención de la empresa en diversas áreas
del aparato público y el desmedro de las posibilidades de desarrollo
de una industria nacional del software (Prieto, 2007; Leal, 2007;
Liberación Digital, 2007; Hollman, 2007). A estas críticas se sumaron
las referentes a la falta de transparencia y la adolescencia de un
estudio o una licitación que avalara a Microsoft como la mejor
opción” (Leal, 2007), el compromiso de recursos del Estado justificados
de manera pobre y poco precisa (Leal, 2007; Liberación
Digital, 2007), y la promoción de la empresa por parte del Estado
(Prieto, 2007; Leal, 2007; Hollman, 2007).
Las reacciones ante el acuerdo no se hicieron esperar. “Lo que
con MPPCDV tardó 1 semana en gatillarse –reacción en cadena,
atención de los medios y declaraciones de los involucrados– esta
vez se generó en menos de 48 horas, con cada vez más personas
participando y expresando sus puntos de vista” (Leal, 2007).
Surgieron diversas formas de protesta en la blogósfera, algunas
más elaboradas y/o auspiciadas que otras. Distintos bloggeros Ecos de la Comunicación > 135
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
acusaron los puntos débiles del acuerdo y demostraron gran
indignación por el golpe que este acuerdo representaba para la
libertad de elegir de los chilenos/nas.
Se creó, además, una campaña para reunir firmas en contra del
acuerdo y surgió un movimiento llamado “liberacióndigital.org”
que además de juntar firmas intentó llevar esta campaña más allá
del ciberespacio.
El movimiento buscó desde sus comienzos defender la interoperatividad,
la libertad de elegir el software que cada uno quisiese
usar, el uso de software libre y la posibilidad de que se genere
una industria nacional de software (Liberación Digital, 2007).
Facebook: Características del sistema
Facebook es un sitio de redes sociales que permite a sus
usuarios
presentarse a si mismos en un perfil online, acumular “amigos” quienes
pueden publicar comentarios en las páginas de cada uno, y ver
los perfiles de otros. Los miembros también pueden unirse a grupos
virtuales basados en intereses comunes, ver qué clases tienen en
común, aprender los hobbies de cada uno, intereses, gustos musicales,
y el estatus de las relaciones románticas a través del perfil
(Ellison, Steinfeld & Lampe; 2007).
Esta herramienta incluye diversos servicios que articulan la
interacción social de los usuarios, que consisten en una serie de
aplicaciones que cumplen diversas funciones, entre las que se
cuentan los juegos, los test, las encuestas y las herramientas de
gestión de elementos multimedia (fotos y videos) (De Ugarte,
2007).
Para el presente estudio se consideraron dos aplicaciones en
particular, Grupos y Causas, que se caracterizan por reflejar en
algunos casos el uso de esta herramienta social como un medio
de generación de ciberactivismo.
Grupos
Los Grupos en Facebook constituyen unidades sociales que se
forman gracias a la existencia de gustos e intereses comunes tales 136 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
como música, hobbies, entretenimiento y otras. Estas agrupaciones
se organizan en diversas categorías y tipos temáticos, por
ejemplo:
• Grupo : “¡No más Femicidios en Chile!”
• Categoría : “Interés Común”
• Tipo : “Creencias y Causas”
Muchas veces existe también una tendencia a que estas asociaciones
canalicen inquietudes sociales, como pudo observarse.
Funcionamiento de los Grupos en Facebook
De acuerdo a lo observado, el funcionamiento de los Grupos
en este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que
permiten determinar si existirá una jerarquía más tajante o relativa.
Cuestión que derivará de los roles de los miembros, de las
reglas del grupo, de qué funcionalidades incluirá, quiénes podrán
gestionar los contenidos y quiénes podrán tener acceso.
Con respecto al primero de estos mecanismos es necesario
explicar que existen dos tipos básicos de personas en un Grupo de
Facebook: el Administrador y los Miembros Comunes. Los
Administradores poseen ámbitos de decisión y acción que los
demás integrantes no tienen o tienen de manera limitada.
Existen dos tipos de Administradores, uno de los cuales es la
persona que crea el grupo y que llamaremos Administrador
Creador y aquel que con autorización del primero se convierte en
Administrador y que llamaremos Administrador Designado. El
Administrador Creador es el que tiene un mayor ámbito de decisión.
Fundamentalmente por ser el creador, será quien en primer
lugar tomará las decisiones relativas a qué características tendrá
el grupo.
Ambos tipos de administradores podrán tomar decisiones
con respecto a qué miembros pueden y no pueden ser parte del
grupo (dependiendo de los mecanismos de acceso de que se
hablará más adelante), cuáles serán los reglamentos y también
expulsar a quienes no los sigan. Dependiendo de esto y de las
decisiones que haya tomado el Administrador Creador con respecto
a los mecanismos de participación pública y de gestión
de contenidos, la jerarquía del grupo será más relativa o más
tajante.

Ecos de la Comunicación > 137
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Las funcionalidades que tendrá el grupo dependerán de las
opciones “Habilitar el Muro”, “Habilitar el foro de debate”,
“Mostrar eventos relacionados” y “Mostrar grupos relacionados”.
De estas opciones las primeras dos aludirán a la participación
pública en el ámbito interno del grupo y las dos últimas a la participación
pública del grupo como entidad social en ámbitos
externos.
Respecto a los mecanismos de gestión de contenidos, es posible
establecer privilegios administrativos para la publicación de
“Fotos”, “Videos” y “Elementos Publicados (Artículos)”.
Finalmente, el mecanismo relacionado con la mayor o menor
libertad para asociarse al grupo dependerá de si se determinó que
este fuera 1.– abierto, es decir, que “cualquier persona puede
unirse e invitar a otras personas. Cualquiera puede ver la información
y el contenido del grupo”; 2.– privado: “para que un
nuevo miembro se una a un grupo, los administradores deberán
aprobar su solicitud. Cualquiera puede ver la descripción del
grupo, pero solo los miembros pueden ver el muro, el foro de
debate y las fotos”; ó 3.– secreto, de manera que “El grupo no
aparecerá como resultado de una búsqueda ni en los perfiles de
sus miembros. Solo se aceptan nuevos miembros por invitación,
y solo los miembros pueden ver la información y contenido del
grupo” (http://www.facebook.com/groups/create.php?customize&amp;
gid=61436607024).
Causas
De acuerdo a lo observado, las Causas en Facebook constituyen
acciones sociales en que varias personas se unen para conseguir
un objetivo común. Estas son por excelencia un instrumento
de canalización de inquietudes, necesidades y descontento social.
Acciones que se organizan en diversas categorías y tipos temáticos,
por ejemplo:
• Causa :“En Concepción el ferrocarril debe ser soterrado”
• Categoría :“Promociónes Públicas”
• Tipo :“Chile”
Las Causas son también coordinadoras de ayuda. Por esto,
permiten recolectar donaciones, lo que las diferencia, entre otras
características, de los Grupos.

138 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
Funcionamiento de las Causas en Facebook
Según pudo establecerse, el funcionamiento de las Causas en
este SRS se caracteriza por incluir distintos mecanismos que permiten
“reclutar” personas, determinar cuál será la misión de la
Causa, las posiciones o afirmaciones que la respaldan, cuál será
el alcance geográfico de la misma y qué institución será la
“Beneficiaria” de las Donaciones.
Con respecto al primero de estos mecanismos, existen cuatro
formas básicas de Reclutar a las personas para una causa. La primera
de estas deriva de la creación de la Causa y se denomina
“make a pledge”.
En esta modalidad el Administrador Creador de la Causa invita
a todos sus contactos de manera que poco a poco esta se expanda.
Cuando el administrador se vale del “make a pledge” para
reclutar personas, significa que se compromete a invitar a todos
sus contactos.
La segunda manera en que se puede reclutar personas es
mediante la invitación directa de un miembro de esta causa. La
tercera manera de reclutar miembros es a partir de los miembros
que llegan y adhieren a la causa por lo que buscarán que esta
resulte. Finalmente, la cuarta forma de reclutar personas para una
causa es invitar directamente a los usuarios de Causas y Grupos
afines.
De lo anterior deriva que en las Causas es posible diferenciar
entre reclutadores y reclutados. Aun cuando existe esta diferencia
no es tajante pues prácticamente todos los miembros de una
Causa podrán desempeñar ambos papeles. La única excepción
será el Administrador Creador de la causa. Este, a diferencia del
Administrador del Grupo, cumplirá un papel fundamentalmente
de reclutamiento.
El planteamiento de la misión es fundamental para conocer
los objetivos de la Causa, qué resultados busca su creador y a
quiénes busca favorecer. Las posiciones reflejarán la misión a la
vez que le otorgan mayor fuerza argumental. Estas consisten en
afirmaciones que buscan llamar la atención de más personas para
aumentar el número de reclutados. Ejemplos de posiciones son:
“los conductores deberían respetar al peatón”, “el pasaje de estudiante
debería ser gratis”, etc.
El alcance geográfico de la Causa dependerá de la opción “A
qué región afecta su Causa” en que es posible escoger entre 3
ámbitos básicos: “Global”, “Estados Unidos”, “Canadá” y un Ecos de la Comunicación > 139
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
Ámbito múltiple que representa a los demás países del mundo
incluidos en la Red de Facebook.
El mecanismo relacionado con la Institución “Beneficiaria”,
permite determinar qué institución recibirá las donaciones que se
logren. Existen cuatro clases de instituciones, “Nonprofits listed
under Political Campaigns”, “Specific nonprofit”, “Support a 2008
presidential campaign” y “Canadian charity”. Finalmente, existe
una opción que permite no elegir alternativas y que en este caso se
denomina “Skip this Step” (http://apps.facebook.com/causes/causes/
new?m=4b3b2e26).
Métodos
Basado en una investigación descriptiva ex post facto de dos
meses de duración llevada a cabo a partir de mayo del año 2008,
usando observación participante y una pauta de cotejo para recolectar
los datos, este artículo analiza “Grupos” y “Causas” en
Facebook con un alcance nacional y local del Gran Concepción.
La investigación buscó describir por medio de este análisis el uso
de la red social Facebook como vehículo de apoyo a movilizaciones
y reivindicaciones sociales.
La población de interés fueron los grupos y causas de la red
social Facebook, remitidos a la Red Chile (incluyendo temas de
interés nacional) y del Gran Concepción.
Se realizó un muestreo sistemático no probabilístico, donde se
seleccionaron los 10 grupos y 10 causas con mayor número de
adherentes, tanto en la Red Chile como aquellos grupos y causas
relacionadas con la ciudad de Concepción y sus alrededores. A partir
de esta muestra se utilizó una pauta de cotejo secundaria para
relacionar grupos y causas menores, denominados “hermanos”, que
comparten temas en común con estas causas principales.
Para el análisis de los datos se realizó un resumen de las causas
principales de tal forma de extraer la información de descripción
de los datos básicos de cada grupo y posteriormente poder
agruparlos por tema de interés. En esta instancia se separaron los
grupos y causas de “interés social” de aquellas consideradas “triviales”,
por no representar necesariamente un interés mayor para
la ciudadanía.
De estos datos resumidos se realizarán búsquedas de grupos y
causas en Facebook, relacionadas con las detectadas como las
más populares. De esta forma, es posible detectar causas y gru140 <Ecos de la Comunicación
Sótero Suazo Vejares – Javier Martínez Ortiz – Álvaro Patricio Elgueta Ruiz
pos asociados a aquellas definidas como más influyentes por la
cantidad de usuarios que poseen.
Resultados
La presente investigación permitió conocer las características
de las redes sociales en Internet, identificar y valorar las herramientas
y potencialidades de Facebook y, por último, analizar
con la utilización específica de dos herramientas de dicha plataforma,
en dos ámbitos geográficos del país. Permitió además
comprender el papel que la ética hacker del trabajo y la lógica de
la abundancia, producto de las redes distribuidas, han tenido en el
desarrollo del ciberactivismo en Chile y cómo se ha traducido en
instancias de protesta con características de ciberactivismo.
El estudio de los Grupos y Causas de Facebook permitió también
vislumbrar como existe una fuerte canalización del descontento
social en distintos temas que acompañan los resultados de
este proyecto. Llama la atención cómo las personas se agrupan en
torno a esta herramienta social para cambiar las situaciones que,
a su juicio, no están bien y que es necesario poner en la agenda
pública.
De los temas recogidos los más importantes, a nivel nacional,
fueron los relativos al transporte, violencia de género extrema,
ayuda social y medioambiente. Finalmente, para concluir es posible
decir que hay una importante presencia de temas contingentes
en los Grupos y Causas de Facebook. Aparentemente, las razones
que motivan esto dicen relación con la importante penetración
de los SRS en Chile.
Sobre los grupos
Los grupos se constituyen principalmente como espacios de
reunión social virtual de quienes son parte de alguna institución
y/o agrupación con raíces offline, espacios que permiten compartir
opiniones, gustos y hobbies. En general, presentan la horizontalidad
característica de las redes distribuidas, salvo algunos
casos en que el administrador maneja mayores prerrogativas (por
ejemplo, grupos privados o secretos).
Dentro de los tipos de grupos anteriormente mencionados se
encontraron algunos reunidos en torno a temas que se pueden Ecos de la Comunicación > 141
Redes sociales como herramientas de ciberactivismo…
considerar relevantes o irrelevantes, destacando entre los primeros
las temáticas contingentes y aquellas de más largo plazo,
como por ejemplo, transporte, política y violencia de género
extrema, entre otros. Como contraparte, existen agrupaciones que
comparten su afinidad por tópicos irrelevantes, tales como: el
equipo de fútbol de la Universidad de Chile, la propuesta de la
elefanta Fresia como Miss Facebook, etc.
Aun cuando en un principio se pensó que los grupos más
populares se constituirían como meros espacios de reunión social
sustentados en asuntos triviales, prácticamente se equiparó el
número de grupos con temas relevantes (9) con aquellos relacionados
con temas triviales (11).
Entre los grupos relevantes se encontró un número importante
de temas con características de ciberactivismo: violencia de
género extrema (Ámbito Chile), política (Ámbito Chile), malas
prácticas sociales (Ámbito Chile), Delincuencia (Ámbito Chile),
aborto (Ámbito Chile) y transporte (Ámbito Gran Concepción).
Sobre las causas
Las causas se caracterizan por constituir acciones que la
mayor parte de las veces persiguen objetivos relevantes y de alto
impacto social. Por lo general, estas acciones buscan aglutinar
cada vez a mayor número de adherentes, de manera de ejercer
mayor presión social y constituir una fuerza de cambio. Para esto
las causas, en general, sugieren prácticas deseables para las personas
que las integran, herramientas necesarias para realizar gestos
que evidencien su adherencia y permitan presionar a quien
corresponda para lograr sus objetivos.
La fuerte presencia de temas relevantes y contingentes en las
causas da cuenta de la importancia de estas como espacios de participación
y opinión de las personas, y refleja una sociedad opinante
que busca cambiar las cosas para el beneficio de la
mayoría.
Estas características innatas las convierten no solo en los
espacios ideales para protestar, sino también en el soporte por
excelencia del ciberactivismo.
No obstante lo dicho, algunas causas no presentaron características
de ciberactivismo. Esto ocurrió por la ausencia de objetivos
claros de alto impacto social y falta de entrega de
herramientas de protesta, a la manera de la ética hacker.

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Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales


Lógicas emergentes de acción colectiva y prácticas colaborativas de investigación. Apuntes para una Antropología junto y con los movimientos sociales
Emerging logic in collective action and collaborative research practices: notes for an Anthropology with and for social movements

RESUMEN
Este artículo es una reflexión sobre la relación entre la Antropología y el estudio de los movimientos sociales. En primer lugar, presento la aparición de lógicas y prácticas emergentes en el campo de la acción colectiva, nuevos protagonismos sociales cuyas características difieren de la imagen clásica de un actor político organizado. Después paso a explicar las razones por las que considero que la Antropología está mejor preparada para captar este tipo de procesos que los enfoques hoy dominantes en el estudio de los movimientos sociales, ya que la el trabajo de campo etnográfico permite aprehender estas dinámicas emergentes según se están construyendo y desplegando. Y finalmente planteo las discusiones epistemológicas y metodológicas que me llevan a defender la etnografía colaborativa -investigar junto y con los movimientos sociales y no sobre los movimientos sociales- como la aproximación que, a la vez que nos sirve para producir conocimiento en torno a estas experiencias emergentes, permite que nuestros proyectos resulten relevantes para los sujetos con quienes trabajamos.
ABSTRACT
This work analyses the relationship between Anthropology and the study of social movements. First I introduce the emergence of new types of logic and practices in the field of collective action, which sharply differ from our previous images of organized political actors. Then I explain why Anthropology is particularly suitable to grasp these types of processes, much more so that the dominant approaches in Social Movement Studies, since ethnographic fieldwork enables us to apprehend emerging dynamics as they are being built and deployed. I conclude the article by bringing collaborative anthropology into the discussion, emphasizing the epistemological and methodological features that make this proposal appropriate for implementing research projects simultaneously relevant for the academia as well as for the subjects and social movements that we are working with.
PALABRAS CLAVE
antropología colaborativa | movimientos sociales | compañeros epistémicos | reflexividad | acción colectiva emergente
KEYWORDS
collaborative Anthropology | social movements | epistemic partners | reflexivity | emerging collective action

Introducción

Estamos asistiendo en los últimos años a transformaciones profundas en las lógicas y prácticas de la acción colectiva. Emergen nuevos protagonismos sociales a partir de la diversificación y redefinición de los sujetos, espacios y demandas políticas (Norris 2002), así como de las formas organizativas, los discursos y los repertorios de acción que orientan y expresan la (re)invención de unos movimientos sociales que no se ajustan ya -si es que alguna vez lo hicieron- al modelo clásico de entidades unitarias y homogéneas claramente delimitadas. Hoy nos encontramos más bien ante estructuras reticulares complejas y áltamente heterogéneas, cuyos contornos se muestran imprecisos, desordenados y cambiantes; entramados y circuitos de solidaridad que difieren profundamente de la imagen de un actor político organizado (Diani 2003, Mendiola 2003). No hablaríamos, por lo tanto, de totalidades cerradas sino de una topología compleja de redes enredadas, constelaciones dinámicas de prácticas, afectos, herramientas y sentidos compartidos, cuyo carácter abierto -poroso, indefinido, discontinuo- no se entiende como un obstáculo para la acción colectiva, sino como uno de los elementos constitutivos de las formas de pensar, imaginar y hacer otra política hoy.

Este carácter difuso no remite únicamente a la forma o la estructura de estas experiencias novedosas, también sus criterios de pertenencia están poco codificados; su propuesta no pasa ya por (re)crear identidades colectivas fuertes ni por proponer posicionamientos ideológicos muy marcados, al considerase que en lugar de facilitar la construcción de movimiento estos acaban convirtiéndose en un obstáculo para la acción colectiva (1), sino que se busca (aprender a) intervenir políticamente -producir ideas y vínculo social, trabajar en conexión con otros y otras- sin que para ello haya que pensar igual: experimentar la cooperación entre diferentes sin negar las diferencias, hacer proliferar las prácticas organizativas sin centralizarlas, sentirse y saberse parte de procesos comunes sin construir para ello identificaciones rígidas. Estaríamos así ante lógicas de afinidad, “formas de coordinación de singularidades que constituyen sumas que no totalizan sus propios elementos” (Lazzarato 2006: 65). Y desde estas premisas se está abriendo paso un modelo de acción colectiva que podríamos denominar post-identitaria y post-ideológica, siempre que entendamos que estas categorías no remiten a una propuesta post-política o antipolítica, sino al deseo compartido de producir colectivamente otra política, donde la diversidad no es tomada como problema sino como punto de partida, horizonte y desafío. De este modo, en el marco de la sociedad red la gramática de las luchas (el conflicto social) se despliega cada vez más en términos de complejidad, afinidad, conexión y cooperación entre singularidades, una situación que nos lleva a tener que problematizar la idea de un ‘nosotros’ claramente diferenciado como precondición necesaria para la acción (Mcdonald 2002, Chesters y Welsh 2006, Flesher 2010).

Se trata de un panorama novedoso que aún estamos aprendiendo a nombrar; redes difusas que conforman una ecología de interrelaciones complejas y cambiantes (Holmes 2006: 92), y que se componen desde la construcción de vínculos -políticos y afectivos- que deben producirse y reproducirse, cuidarse y tejerse en la materialidad y en la inmanencia de las prácticas y luchas cotidianas. Estaríamos aquí ante un desplazamiento fundamental. No hablamos ya de una arquitectura de los grandes diseños o relatos políticos que se despliegan en planes ideales (ingeniería social, saberes expertos, teorías de vanguardia); sino que estamos, en su lugar, ante una concepción de la política como artesanía (Osterweil y Chesters 2007), una experimentación abierta y siempre en construcción donde el encuentro y las prácticas no derivan ya, como he dicho antes, de los corpus ideológicos o las identidades fuertes, sino de articularse en torno a problemas y malestares sociales compartidos y concretos que se expresan y se viven en ese ámbito cotidiano. Es importante insistir en esta idea: si lo cotidiano es el plano espacio/temporal central para la reproducción de las relaciones sociales capitalistas y para la vivencia de sus consecuencias más concretas -hoy, por ejemplo, la experiencia encarnada de la precariedad- parece lógico entonces que se convierta también en el campo privilegiado de las luchas, las resistencias y los proyectos colectivos de (re)invención de otras maneras de vivir y convivir. Estamos así ante una política de la vida cotidiana, un marco que debería ser también, por lo tanto, el plano en el que despleguemos nuestras investigaciones.

Un buen ejemplo de estas dinámicas emergentes que vengo señalando son las manifestaciones celebradas el 15 de mayo de 2011, y los sucesos de las semanas y meses posteriores (Castells 2012, Taibo 2011 y 2012, Cruells e Ibarra 2013, Calle 2013) (2), que denominaré como el acontecimiento/movimiento 15M. En esta línea, Fernández-Savater nos proponía pensar dicha experiencia en clave de “identidades no identitarias” (Fernández-Savater 2012: 678) y como “movimientos sociales que no son movimientos sociales” (Fernández-Savater 2012: 669). Reflexionando en clave de continuidades y discontinuidades, podríamos decir que estos elementos -estas formas novedosas de imaginar y reinventar la política desde abajo- ya estaban presentes, ya estaban siendo pensados y puestos a trabajar en diversos proyectos que venían experimentando en los últimos años en torno a las formas de hacer y a la redefinición de los dispositivos y las prácticas, pero se trataba de procesos aún muy minoritarios (3); y será en el contexto del acontecimiento/movimiento 15M cuando se expresen de manera multitudinaria. El 15M materializaba muchas de esas intuiciones políticas, pero lo hacía a una escala, un ritmo y una velocidad mucho más amplias; lo que había sido minoritario, devenía en las calles y plazas el sentido común compartido por muchos y muchas: la auto-organización, la producción de una política que no pase por la ideología o la identidad, la problematización de los malestares cotidianos, los espacios de encuentro entre diferentes, etcétera. De hecho estas ideas atravesaban el manifiesto de convocatoria de la movilización del 15 de mayo de 2011, que alejándose de los discursos militantes al uso, decía:

“Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos. Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros. Por la indefensión del ciudadano de a pie.

Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor” (Democracia Real Ya! 2011) (4).

Y fue este tipo de planteamiento el que produjo la interpelación masiva que posibilitó la apertura de un nuevo escenario en aquellas semanas, una interrupción inesperada de la normalidad que abría nuevas posibilidades para el pensamiento y la acción, y que situaba en el centro del debate preguntas y opciones que no estaban dadas de antemano. En ese sentido, es importante destacar que el acontecimiento/movimiento 15M sucedió por afuera de los movimientos sociales organizados y de los circuitos activistas tradicionales, pasó por otro(s) lado(s), hablándonos así de esas formas emergentes de la acción colectiva que se constituyen como un espacio de cualquiera (Fernández-Savater 2012: 678). Como hemos visto, desde su inicio la convocatoria para la movilización remitía con fuerza a un imaginario y un lenguaje muy inclusivos, y presuponía así la posibilidad de una comunidad abierta; los lemas que circulaban eran transversales, llamaban a muchos y muchas e invitaban a producir colectivamente esa otra política. Potencialmente cualquiera podía sentirse interpelado por una protesta contra el bajo perfil de la democracia española: una ley electoral discutible, altos niveles de corrupción, poca transparencia, ausencia de canales de participación, etc.; y también cualquiera podía sentir que había que dar alguna respuesta a la creciente precarización de nuestras vidas, y en ese sentido incidía en esa idea de dar prioridad a los problemas concretos y cotidianos, sentidos en primera persona, por encima de los planteamientos de corte más ideológico e identitario. Y esto es algo que hemos podido ver también en las diversas mareas contra los recortes presupuestarios y de derechos en educación, sanidad, etc., así como en la experiencia de la Plataforma de Afectados/as por la Hipoteca, que en la actualidad es tal vez el proyecto más sólido y con mayor capacidad de incidencia; son dinámicas de intervención más específicas que el acontecimiento/movimiento 15M pero que funcionaban desde esas mismas lógicas emergentes (la política como artesanía). Y nuestras investigaciones, nuestras preguntas y maneras de analizar no pueden permanecer ajenas a estos cambios.

¿Cómo mirar? Hacia una antropología de los movimientos sociales

En este marco de transformación de las lógicas y las prácticas de la acción colectiva es importante plantearnos algunos interrogantes. No es fácil pensar ni comprender estos procesos emergentes a partir de las categorías e imágenes que hasta ahora nos permitían reconocer a los movimientos sociales, ya que “la constitución actual de lo común no pasa por ninguna de las figuras de lo común que están instaladas en nuestro imaginario” (Pelbart 2009: 12). ¿Están sucediendo cosas que no vemos -no podemos ver- con los instrumentos, categorías y preguntas de que disponemos?, ¿nos sirven los mapas que tenemos para aproximarnos a fenómenos que implican una ruptura -una asimetría- con lo ya conocido? Si esa otra política de los movimientos sociales no está vinculada a una ideología o a una identidad compartidas a priori, entonces ¿cómo se construyen, cómo se tejen y se sostienen los vínculos que hacen posible la acción colectiva?, ¿cómo toman cuerpo esa otra política y esos otros protagonismos sociales que actúan desde y hacia la heterogeneidad? ¿Qué instrumentos, qué herramientas de análisis necesitamos para dar cuenta de procesos abiertos, de lógicas en movimiento, de configuraciones cambiantes?, y ¿cómo afecta esto al trabajo de campo y a las lógicas de representación?, ¿cómo organizar las imágenes, los discursos, las metáforas que expresan la complejidad de estos fenómenos?, ¿cómo aprehender -sin cosificarlas- sus características, sus innovaciones y continuidades?

Mi propuesta en este artículo es que los estudios hegemónicos sobre movimientos sociales presentan cierta rigidez a la hora de captar estos procesos que están en construcción. La aparición de lo que Melucci definía críticamente como un “mercado académico mundial en el campo de la investigación sobre movimientos sociales” (Melucci 1989: 195) (5) provocó que la producción de conocimiento en este área gire ahora, mayoritariamente, en torno a los problemas, discusiones y preguntas internas de la propia subdisciplina, imponiendo así las categorías analíticas del propio campo sobre los sujetos investigados, en una lógica autorreferencial que ha provocado que los estudiossobremovimientos sociales hayan perdido en gran medida su capacidad de diálogo con los movimientos sociales (Cox y Flesher 2009, Croteau et al. 2005).

Esto no siempre fue así. En su origen, el proceso de elaboración y acumulación teórica y empírica que posibilitó el surgimiento del estudio de los movimientos sociales como subdisciplina se produjo -en el ámbito norteamericano, que devendría eventualmente hegemónico- en el contexto marcado por las luchas sociales de las décadas de 1960 y 1970, el movimiento por los derechos civiles, feminista, estudiantil, o el movimiento anti-imperialista y contra la guerra de Vietnam, cuando académicos y académicas que tenían fuertes vínculos con estos procesos, o que eran directamente activistas, desafiaron las interpretaciones que en ese momento eran dominantes en el análisis de la acción colectiva. Ésta se entendía principalmente como la expresión de conductas irracionales y anómicas, lo que despolitizaba por completo su carácter y su sentido, y fue gracias a este gran impulso colectivo que pudo comenzar a analizarse desde una mirada que subrayaba el papel de los movimientos como agentes centrales en la transformación social y política de nuestras sociedades. Por ejemplo Doug McAdam, una de las figuras clave en el desarrollo de estos estudios, contaba así su propia experiencia:

“Mi primera exposición al estudio académico de los movimientos sociales tuvo lugar en 1971 cuando, para mi sorpresa, el profesor de la clase de Psicopatología dedicó varias semanas a la discusión de este tema. Digo ‘sorpresa’ porque, como participante activo en el movimiento anti-guerra, ciertamente fue una noticia saber que mi implicación en la lucha era debida a una mezcla de patología personal y desorganización social. Pero esos fueron, reflejando las teorías dominantes en aquel momento, los dos factores que se subrayaron en el curso.” (McAdam 2003: 281) (6).

El cambio que se produjo en ese contexto de efervescencia política y social fue extraordinario, e hizo posible abrir nuevos horizontes y programas de investigación. Sin embargo, mi sensación es que más allá de lo logrado -que es mucho- en este proceso de institucionalización y profesionalización los estudios sobre movimientos sociales han ido perdiendo progresivamente esa relación intensa entre academia y activismo que sí estaba presente en su origen, generándose así un distanciamiento creciente que ha bloqueado la posibilidad de elaborar preguntas compartidas (Bevington y Dixon 2005, Meyer 2005, Goodwin y Hetland 2009). Así por ejemplo, Richard Flacks afirmaba que

 ”Era posible imaginar, si estabas implicado en el campo de los estudios sobre movimientos sociales, que tus clases, tu asesoramiento y tu participación directa, así como tus esfuerzos de investigación, podían tener alguna relevancia para las prácticas y los puntos de vista de los activistas políticos. En algún punto a lo largo del camino, sin embargo, esa promesa de relevancia retrocedió (se esfumó) y una definición de objetivos mucho más ‘profesional’ y ‘disciplinaria’ pasó a primer plano” (Flacks 2004: 136) (7).

De este modo, dicha subdisciplina se fue transformando en una ciencia sedentaria, auto-referencial, que no se interesa ya por acompañar aquello que de movimiento tienen los movimientos, y que convierte en objetos a los sujetos con quienes trabaja, a los que trata como materia prima para su propia reproducción (8). Y en ese sentido, la inercia de su aparataje conceptual y teórico -que circula y se reproduce en las revistas y conferencias académicas especializadas- es en cierto modo un obstáculo para percibir y analizar dinámicas que están emergiendo.

¿Qué puede aportar en este contexto la antropología? Cartografiar lo emergente implica focalizar la mirada en los procesos según se producen y se despliegan, y para eso hay que situarse al interior de esas redes de relaciones, escuchar los discursos, conocer las prácticas, percibir la textura, el ritmo y las tonalidades de esas tramas de sentido que se construyen colectivamente. Y eso se logra a través de la inserción en el tiempo y el espacio de lo cotidiano que caracteriza al trabajo de campo etnográfico, donde como investigadores o investigadoras observamos qué sucede, escuchamos, preguntamos, sentimos, dialogamos y participamos en mayor o menor medida (9). La combinación metódica entre lo diacrónico y lo sincrónico, la atención privilegiada al proceso y a lo relacional, a lo micro-político, a esa (re)producción y transformación de los vínculos y los sentidos compartidos, es lo que va a hacer posible acercarnos a la multidimensionalidad inherente a estas experiencias reticulares y difusas; y ahí la etnografía es clave porque nos invita a mirar de manera diferente, prestando mayor atención a la contingencia, la diversidad, el dinamismo y la complejidad de los factores que se (re)combinan de maneras inesperadas. De este modo, por su carácter de disciplina indisciplinada (Comaroff 2010), y por el enorme potencial que tienen sus técnicas de producción de conocimiento para abrir nuevos horizontes de investigación y percibir lo que está por llegar, lo que está naciendo, la antropología puede jugar un papel fundamental a la hora de detectar y analizar este tipo de procesos emergentes (Hannerz 2010).

Por otro lado, he señalado cómo estas redes se conforman como entramados heterogéneos, abiertos, compuestos por una multiplicidad de niveles y cuya topología no viene dada de antemano. En este sentido, Latour afirmaba que ante este tipo de procesos donde los límites no están claramente definidos y donde las dimensiones a considerar fluctúan, la tarea del investigador o investigadora no sería imponer a priori algún tipo de orden, limitando la forma, el tamaño o el carácter de las conexiones, sino “seguir a los propios actores” (Latour 2005: 12), es decir, que sean los propios sujetos -los y las integrantes de los movimientos sociales en este caso- quienes tracen la particular geografía variable de su campo. Y aquí de nuevo la etnografía se nos muestra como una herramienta extremadamente útil, ya que no pretende sobre-codificar los discursos de los sujetos desde las categorías disciplinares, sino abrir el espacio necesario para que sean esos sujetos quienes definan el sentido (los sentidos) de sus prácticas, y propongan, desplieguen y ordenen sus propios conceptos, análisis y mapas de relaciones (Auyero y Joseph 2007, Hammersley y Atkinson 1994, Schatz 2009).

Además, y como último punto, la antropología aporta también su preocupación particular por los elementos culturales, y esto es especialmente importante si entendemos que uno de los planos fundamentales de acción de los movimientos sociales es (re)nombrar el mundo de maneras alternativas, creando y resignificando códigos e imaginarios -relatos, ideas, mitos, figuras- y ampliando así el campo de lo posible y lo pensable. Las redes subterráneas de movimientos sociales funcionan como espacios de experiencia y experimentación en los que, “se plantean nuevos problemas y preguntas, y en los que se inventan y ensayan nuevas respuestas” (Melucci 1989: 208) (10), y operan por lo tanto como “laboratorios de innovación cultural” (McAdam 1994: 55), activando un trabajo cotidiano en torno a las representaciones sociales, a la producción simbólica y a los procesos y dispositivos de subjetivación, que aparecen hoy como un ámbito clave de intervención para la acción colectiva (Escobar y Osterweil 2009).

Por todo esto, la antropología sería un enfoque privilegiado para aproximarnos a este tipo de dinámicas emergentes. Sin embargo, y a pesar de las características que acabo de mencionar, la Antropología -en comparación con la Sociología, la Historiografía o la Ciencia Política- ha tenido hasta ahora un papel bastante limitado en este campo de análisis. Hace más de dos décadas, Arturo Escobar lamentaba en un texto ya clásico la invisibilidad de los movimientos sociales en la antropología, afirmando que la investigación de algo tan heterogéneo y complejo como los movimientos sociales contemporáneos suponía de hecho un desafío que podía ayudar a profundizar la autocrítica de la disciplina, teniendo implicaciones importantes para el trabajo de campo y para la dimensión política de la escritura etnográfica, es decir, para quién escribimos y cómo; y planteando así cuestionamientos epistemológicos y metodológicos que podían ser muy fructíferos en términos de cruces innovadores entre teoría y práctica, conocimiento y acción (Escobar 1992: 419). Y más adelante, Javier Auyero (2005: 122) insistía en esta ausencia, destacando que hay mucha reconstrucción pos facto de la protesta pero que la producción de etnografía in situ sigue siendo escasa.

Esta invisibilidad, que por supuesto nunca fue completa, parecería no obstante estar cambiando a lo largo de la última década, y con mayor intensidad aún al calor de los movimientos sociales que han surgido en los últimos años. Así, por citar algunos ejemplos, puede destacarse la creación de una red de investigadores e investigadoras en antropología de los movimientos sociales dentro de la European Association of Social Anthropologists (11); la presencia creciente de esta temática en congresos de antropología, y la publicación de manuales específicos como el caso de Nash (2005), Grimberg, Macedo y Manzano (2011), o Juris y Khasnabish (2013); la edición del monográfico “Etnografías de la indignación” coordinado en 2013 por Fernández de Rota y Diz en la Revista de Antropología Experimental(12); los múltiples materiales de la carpeta “Occupy, Anthropology, and the 2011 Global Uprisings”, publicada por Cultural Anthropology en 2012 (13); los trabajos de Estalella y Corsín en torno al 15M en el proyecto Prototyping (14); así como algunos de los artículos editados por la revista Collaborative Anthropologies(15), o los presentados por el Berkeley Journal of Sociology en su foro “Understanding the Occupy Movement: Perspectives from the Social Sciences” (16). Creo que este breve recuento nos da una idea de cómo los investigadores e investigadoras parecen estar buscándose desde la necesidad y el deseo de debatir sobre intereses y problemáticas compartidas.

Un paso más allá. La dimensión colaborativa: de la relación sujeto/objeto de investigación a un diálogo de reflexividades

Sin embargo, y junto a estos elementos que vengo subrayando, creo que es importante dar un paso más allá en el análisis de las formas emergentes de la acción colectiva (17). Si no hay un trabajo epistemológico fuerte que oriente explícitamente nuestros diseños metodológicos en otra dirección, es probable que acabemos practicando por defecto etnografía sobre los movimientos sociales, y en ese caso estaremos dejando sin problematizar -y por lo tanto, reproduciremos- la asimetría y la subordinación que componen y atraviesan la relación sujeto/objeto de investigación (18). Para evitar que esto suceda es clave situar las preguntas ¿para qué? y ¿para quién? en el centro de nuestros proyectos; y en ese sentido Escobar (2008) enfatizaba la importancia de desarrollar nuestros trabajos pensando junto y con los movimientos sociales, tomando como punto de partida sus localizaciones epistémicas y políticas, y no únicamente los intereses académicos o disciplinarios. Es central además reconocer el papel de los movimientos sociales como productores de conocimiento, en un contexto en el que para muchas experiencias la producción y sistematización de saberes -situados, encarnados, creados colectivamente, surgidos en y desde las prácticas- no se piensan como un complemento o como un momento separado de la política, no son propuestas que tengan sentido aisladas: el pensamiento colectivo, la investigación militante, la experimentación política y la producción de movimiento son entendidos y vividos como hilos de un mismo tejido (Casas-Cortés, Osterweil y Powell 2008, Santucho 2012).

Ese gesto que nos propone Escobar permitiría articular investigaciones que, además de para la academia, fueran útiles para los sujetos con quienes trabajamos. Esta afirmación no esconde ningún proyecto normativo: la relevancia no puede definirse por fuera de cada situación específica, y debe ser negociada y definida colectivamente por los diferentes actores implicados; pero sería deseable que cada investigador o investigadora tuviera presente -sin dogmatismos, pero con honestidad- las cuestiones de para qué y para quién sirven los proyectos que desarrollamos. Y me estoy refiriendo aquí a la relevancia de la investigación como proceso, y no únicamente como resultado, que es como se piensa habitualmente: un texto-herramienta (o de un conjunto de ellos) que da a conocer una experiencia, que visibiliza prácticas, y genera o alimenta debates relevantes para los y las activistas. Y todo eso es necesario, pero lo que me interesa pensar -como pregunta fuerte- es cómo lograr que la investigación sea útil como proceso, y no únicamente como producto final, un gesto que nos obliga a discutir, negociar y articular intereses y definiciones que sean -al menos parcialmente- compartidos en relación al diseño y al desarrollo de la investigación. En mi opinión hacer posible este modelo de relevancia, darle cuerpo, pasa necesariamente por afirmar la reflexividad de los grupos con quienes trabajamos, e intentar que nuestras investigaciones se conecten y se recombinen de un modo creativo y productivo con sus propias conversaciones. No se trataría de “enseñar” nada al movimiento desde una posición de “experto”, sino que, como señalaba Juris, “el conocimiento etnográfico producido de manera colaborativa busca facilitar procesos de (auto)reflexión activista que ya están en marcha en relación a los objetivos, las tácticas, las estrategias o las formas organizativas de un movimiento” (Juris 2007: 165) (19); y en ese marco la tarea del investigador o la investigadora es acompañar -aprender acompañando y siendo acompañado/a-, abriendo un espacio de reflexividad dialógica y co-análisis.

Esto conlleva diversos desplazamientos. El primero es pasar de una relación de investigación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, donde se toma como punto de partida la condición de productores de conocimiento de los grupos con quienes trabajamos; como señalaban Holmes y Marcus.

“Dentro de las comunidades epistémicas que buscamos explorar, nuestros sujetos son perfectamente capaces de hacer magníficas etnografías en sus propios idiomas. En los términos de sus propios discursos situados, la función descriptiva básica de la etnografía es muy probable que ya se esté ejerciendo. A modo de artefactos, libros y memorias emergen cada día desde el interior de las mismas, por así decirlo, y explican con gran agudeza crítica cómo los procesos, instituciones y organizaciones contemporáneas más complejas y estratégicas operan y tienen sus propias culturas. No son necesarios los antropólogos para añadir ‘crítica’, orden moral o un significado superior a dichos relatos. (…) nosotros debemos, por lo tanto, reaprender nuestro método a partir de nuestros sujetos tomados como compañeros epistémicos, desde la evaluación cuidadosa de cómo ellos se involucran intelectualmente con nuestro mundo y nuestro tiempo.” (Holmes y Marcus 2008: 84) (20).

En este sentido, y como segundo desplazamiento, no estamos ya ante la categoría clásica del informante, el nativo o la nativa que proveen de información al experto, que será quien realice el análisis complejo que ellos y ellas supuestamente no podrían hacer; sino ante un escenario poblado por actores hiper-reflexivos, compañeros/as epistémicos/as, cuyas prácticas están atravesadas por el mismo ethos experimental que las del investigador, y que ponen en juego y despliegan lo que Holmes y Marcus han denominado como para-etnografía.

“Para nosotros, la figura del para-etnógrafo cambia fundamentalmente las reglas de juego de la colaboración, así como la mediación de ideas y sensibilidades englobadas por y en el intercambio etnográfico. No nos interesa la colaboración como una ‘división del trabajo’ entre los investigadores o investigadoras que controlan el diseño de un proyecto, ni como la base para combinar saberes expertos académicos o como un gesto hacia la interdisciplinariedad canónica. La idea es, de nuevo, integrar completamente la agudeza analítica y las percepciones de nuestros sujetos para definir las temáticas que se ponen en juego en nuestros proyectos, así como los medios a través de los cuales vamos a explorarlas” (Holmes y Marcus 2008: 86) (21).

No estaríamos por lo tanto ante el imaginario de la investigación etnográfica como caza o captura del que hablaba Malinowski, sino ante una lógica de cooperación, pensada en clave de un caminar compartido (22). Una idea que se ha venido planteando desde diferentes escenarios: la conexión entre diversos elementos de la Investigación Acción Participativa y la antropología (Greenwood 2000), las propuestas de la sociopraxis (Villasante 2006), la etnografía doblemente reflexiva (Gunther Dietz 2011), o los aportes de la antropología feminista y las metodologías decoloniales son algunos de los enfoques y herramientas que nos permiten acercarnos a ese horizonte colaborativo que vengo señalando, y cuyas principales características voy a detallar a continuación.

En primer lugar, las propuestas colaborativas implican repensar/resignificar la práctica de colaboración -que es por definición inherente a la etnografía- para situarla deliberada y explícitamente como la columna vertebral que oriente y dé sentido al diseño de todas y cada una de las fases de la investigación: desde la formulación del proyecto hasta el trabajo de campo, el análisis y la escritura, poniendo en discusión con los sujetos con quienes trabajamos las representaciones que serán elaboradas a partir de los datos producidos (Lassiter 2005: 132). La colaboración se entiende, por lo tanto, como producción conjunta e implica idealmente un proceso continuo de diálogo, ensayo y (re)negociación de una agenda compartida y de los objetivos -no siempre coincidentes- de los diferentes actores.

En este sentido, situar las prácticas colaborativas como eje del proceso de investigación modifica profundamente el carácter del trabajo de campo, que pasa de ser un espacio/tiempo de producción o recolección de datos, anterior y separado del momento del análisis, a ser un espacio/tiempo en el que se despliegan dinámicas colectivas (talleres, cartografías, etc.) de co-teorización y co-conceptualización (Vasco 2002, Rappaport 2007 y 2008) que serán los que den lugar a la producción de conocimiento. Por eso no tiene sentido hablar, como sí hacen otras propuestas, de una fase posterior de devolución del análisis elaborado por el investigador/experto, sino que nos estamos situando en otro plano, en una lógica de la investigación como artesanía, en la que lo importante es pensar juntos y juntas: abrir espirales de “acción-reflexión-acción” en las que la reflexión colectiva sobre la práctica vaya construyendo nuevas reflexividades y posibilidades de acción más creativas. Un escenario, por lo tanto, en el que es central el cuidado del proceso, y donde nuestra tarea como investigadores e investigadoras es situarnos en clave de transducción, entendiendo que el análisis es compartido y que ésa es justamente la mayor riqueza de estos proyectos.

Es fundamental señalar, además, que al abrir espacios y tiempos de codecisión en el diseño y análisis de la investigación, la etnografía colaborativa desestabiliza la asimetría de poder (la violencia simbólica) implícita en la relación sujeto investigador/objeto investigado, estableciendo una situación en la que “para que los sujetos de la investigación tengan un grado adicional de control real, el investigador o investigadora tendrán que delegar una parte significativa de su propio control” (Hale 2008: 15) (23).

Y creo que es importante entender esta pérdida de control más como una oportunidad que como un problema; se trata de una propuesta desde la complejidad, sin garantías, experimental y que no está -no puede estar- exenta de tensiones (Leyva y Speed 2008), pero que nos permite situar con fuerza la cuestión de la relevancia (la utilidad para las personas con quienes trabajamos) en el centro del proyecto, a la vez que producimos análisis académicos más ricos y profundos al acceder a planos de acción a los que resultaría difícil llegar desde otras aproximaciones. Cuanto más puedan apropiarse del proyecto los sujetos con quienes trabajamos, aunque sea parcialmente, más rico va a ser el análisis compartido, y mayores nuestras opciones de observar -en su producción material y concreta- los procesos de construcción y redefinición colectiva de las categorías, los sentidos y las nociones comunes sobre las que se asienta y se despliega la acción colectiva. Entiendo que esa pérdida de control deja al investigador o investigadora en una posición ambigua, en algún lugar indefinido -entremedias- de la academia y de los movimientos, y que habitar y sostener esa situación puede activar tensiones que son difíciles de gestionar. Realizar un trabajo que resulte creíble y sólido en los dos ámbitos, el académico y el de los movimientos sociales, es tal vez la más destacada y hay un riesgo evidente en intentar mantener esta doble lealtad: acabar por no hacer bien ninguna de las dos cosas, no cumplir con las expectativas, las demandas ni los criterios de aceptación y validación de estos dos ámbitos. Pero a la vez insisto en que esa incomodidad y esa ambigüedad pueden abrirnos posibilidades inesperadas si somos capaces -junto y con los sujetos con quienes trabajamos- de aprender a habitar creativamente esa tensión e intentamos declinarla de manera productiva (Hale 2008: 23).

En este sentido, Rappaport (2008: 23) planteaba una serie de condiciones ideales para la realización de una etnografía colaborativa: en primer lugar, el compromiso de sostener un diálogo a largo plazo, lo que no siempre es posible; en segundo lugar, un grado significativo de confianza entre las partes que generalmente nace de una relación construida durante años; y como tercer factor, la presencia de un grupo de interlocutores que puedan asumir y liderar el proceso de co-teorización. Fuera del cuerpo de su artículo, como una nota al final del texto, la autora presentaba una cuarta condición, afirmando que afrontará mejor el reto de la investigación colaborativa quien ya sepa cómo hacer una buena etnografía. No obstante, tiene que quedar bien claro que el trabajo colaborativo no debe entenderse como la “nueva manera correcta” de hacer etnografía (Field 2008: 42); simplemente es una lógica y una herramienta, o combinación de herramientas, que se adaptan mejor a cierto tipo de situaciones de investigación y que pueden responder mejor a determinadas preguntas, pero no es una receta. Ni siquiera hay una única forma de hacer etnografía colaborativa; hay etnografías colaborativas en plural, y en cada caso habrá que buscar las estrategias específicas que mejor se adapten al contexto particular. Lo fundamental es mantener en el centro de nuestras investigaciones el cuestionamiento sobre los modos de producción y validación del conocimiento: para qué y para quién se produce, cómo se produce, y cuáles son los criterios para considerar un determinado saber como legítimo (o como ilegítimo, no importante, desechable), y desplegar las estrategias metodológicas que nos permitan abrir otros horizontes para y desde nuestros proyectos.

Conclusiones

El objetivo de las propuestas colaborativas, apoyándose en ese desplazamiento central que supone pasar de una relación sujeto/objeto a una relación entre sujetos en proceso, es romper con las asimetrías propias de las situaciones de investigación, desbordar las lógicas disciplinarias auto-referenciales y lograr que nuestros proyectos sean útiles y relevantes para las personas con las que trabajamos. Insisto en que estas propuestas no van a ser aplicables a todas las situaciones de investigación, pero considero que en el caso concreto del estudio de la acción colectiva son sin duda una herramienta de gran valor.

Frente a la inercia auto-referencial de los estudios sobre movimientos sociales, pensar y producir conocimiento junto y con los movimientos sociales demanda reconstruir espacios de diálogo y colaboración, y situar en el centro de la investigación los temas y las preguntas que emerjan de dicho diálogo. Es obvio que ambas dimensiones son distintas, academia y movimientos sociales no son lo mismo y no tienen porqué serlo, pero sin duda es posible articular procesos de escucha y conversaciones que permitan crear proyectos parcialmente compartidos. Estaríamos participando así en ese reto epistemológico y metodológico para la antropología que, como decía Escobar más arriba, remite a la dimensión política de la escritura etnográfica: para quién y cómo escribimos.

Por otro lado, quiero reiterar que situar la relevancia en el centro de nuestros proyectos, intentar que sean útiles para la gente con la que estamos trabajando, y hacer una etnografía de calidad, que pueda aportar respuestas y -sobre todo- preguntas inteligentes, no son incompatibles. No hay que elegir entre estas dos opciones. Todo lo contrario; pensar junto y con las personas que están dando cuerpo a esos nuevos protagonismos sociales es la mejor manera posible de alcanzar una comprensión más rica de estos fenómenos. Si nuestras propuestas están integradas dentro de las dinámicas internas de los movimientos, eso nos permitirá participar en situaciones de discusión y análisis colectivo que multiplicarán la riqueza y la complejidad de nuestras investigaciones. Tomarse en serio el carácter de compañeros epistémicos de las personas con las que trabajamos implica poner en el centro los momentos en los que ellos y ellas reflexionan colectivamente sobre sus propias categorías de sentido, y en los que las redefinen y resignifican. En unas redes y experiencias donde la reflexión conjunta sobre la práctica política es entendida en sí misma como una práctica política, estos encuentros son un contexto de máximo interés para comprender la reinvención de la acción colectiva, ya que es ahí donde se reactivan los procesos de experimentación en torno a las formas de hacer. Ése es el laboratorio donde se tejen las lógicas y los dispositivos emergentes: conversaciones, relaciones, conflictos y decisiones en las que se elaboran y se ponen en circulación categorías -formas de percibir y nombrar el mundo- que intentan catalizar la movilización y que son centrales para entender cómo ésta toma forma, se hace visible y va cambiando. Un proceso siempre en transformación mediante el que los movimientos construyen sentido. Ahí es donde tenemos que situarnos escuchando, acompañando y aprendiendo, en esa reflexividad creativa y compartida, en esa lógica de la artesanía de la política y de la investigación. Es ahí también donde seremos capaces de plantear preguntas con las que no solo la academia, sino también los y las protagonistas de estas experiencias, agentes reflexivos en permanente redefinición, quieran seguir caminando.

Hemos visto como el modelo dominante en el estudio de la acción colectiva ha ido perdiendo esta conexión, y al hacerlo ha profundizado las asimetrías que he tratado de problematizar en estas páginas: sujeto/objeto, teoría/práctica, saberes expertos/saberes cotidianos, etc. Hemos destacado también lo que la antropología puede aportar a este campo de análisis, y sabemos además que está empezando a hacerlo con mayor intensidad; como he mencionado proliferan los espacios de encuentro y la producción de textos en este sentido, y justamente por eso estamos en el mejor momento para replantear la discusión sobre las lógicas y prácticas colaborativas de investigación. Perder cierto grado de control sobre los proyectos en los que nos implicamos no solo no es un problema, sino que nos sitúa ante una oportunidad extraordinaria: imaginemos una etnografía sobre las formas emergentes de acción colectiva que resultara desbordada -llevada más allá de sus propios límites epistemológicos y metodológicos- por esas mismas prácticas emergentes de acción colectiva, ¿qué más podríamos pedir como investigadores e investigadoras?


Notas

1. Me refiero obviamente a estas formas emergentes de la acción colectiva; para otros actores y otro tipo de reivindicaciones las identidades fuertes siguen siendo fundamentales. Por poner un ejemplo cercano, tan solo hay que pensar en los diferentes proyectos de carácter nacionalista que están en disputa en el estado español, para los que la cuestión identitaria es absolutamente clave. Esto no invalida mis argumentos, sino que remite a la imposibilidad de explicar la heterogeneidad de los movimientos sociales desde una perspectiva o teoría unitaria (Santos 2001: 180).

2. Ver el trabajo de Fernández-Savater en http://blogs.publico.es/fueradelugar/tag/apuntes-de-acampadasol y http://www.eldiario.es/interferencias/ficcion-politica-15-M_6_71452864.html. Así como los materiales producidos por el programa Sociedad Civil y Comunicación de la UOC http://civilsc.net; y el grupo de investigación DatAnalysis15M http://datanalysis15m.wordpress.com.

3. Es el caso de V de Vivienda, o de la red de Oficinas de Derechos Sociales. Sin embargo, y por señalar antecedentes en un sentido más amplio, creo que es importante destacar el papel jugado por el despliegue del movimiento global, que marcó un punto de no retorno en relación a la primacía de las formas de organización en red, horizontales, flexibles, descentralizadas y sin una estructura ni un sujeto político (ni una ideología ni una identidad cerradas) que pudieran sobre-codificar los procesos de coordinación autónoma de las iniciativas que daban vida a ese heterogéneo movimiento de movimientos (Wainwright et al. 2007). Por otro lado, junto a las semejanzas hay también diferencias notables; el movimiento global tenía un carácter eminentemente nómada, los y las militantes se desplazaban de un lugar a otro del planeta señalando los centros políticos, económicos y militares de la gobernanza transnacional -las cumbres del G8, el Banco Mundial, el FMI, la OTAN, la OMC, la UE, etc.- o para asistir a los encuentros del propio movimiento: el Foro Social Mundial o los múltiples foros regionales. Por el contrario, en el ciclo actual las protestas están claramente territorializadas, y retoman además como objetivo prioritario de intervención las instituciones y los actores estatales y locales; esto no quiere decir que no haya referencias a otros niveles, como vemos en los países del sur de Europa en relación a las medidas adoptadas por el BCE, la Comisión Europea y el FMI, pero cada una de las luchas -la llamada Primavera Árabe, o las protestas de distinta intensidad en Islandia, Portugal, Grecia, México, Senegal, Turquía, Reino Unido, Israel, España, Estados Unidos o Brasil- respondían a la especificidad de sus propias coordenadas estatales (eso no impide, por otro lado, que se reconozcan a sí mismas como parte de una ola global más amplia, en cuyo interior las influencias son obvias y circulan -a través principalmente de las redes sociales- con gran rapidez de unas experiencias a otras).

4. Consultar el manifiesto completo de Democracia Real Ya! en http://www.democraciarealya.es/manifiesto-comun

5. En inglés en el original, traducción propia.

6. En inglés en el original, traducción propia.

7. En inglés en el original, traducción propia.

8. Las principales revistas en lengua inglesa en el campo de estudio de los movimientos sociales siguen esta pauta, en especial Mobilization, fundada en 1996, y considerada como la más importante en este ámbito. La excepción a la regla es la revista Interface: a journal for and about social movements, activa desde 2009 y que nace con el objetivo explícito de romper con esa auto-referencialidad disciplinaria; ver http://www.interfacejournal.net/who-we-are/

9. Esto no debería entenderse como una defensa de las fronteras disciplinares; considero que toda investigación en ciencias sociales debe ser transdisciplinar. Es únicamente un llamamiento a desestabilizar las posiciones hegemónicas en el estudio de la acción colectiva, y un intento de mostrar lo que la antropología podría aportar en ese proceso.

10. En inglés en el original, traducción propia.

11. Más recientemente, se constituyó el grupo temático Antropología y Movimientos Sociales, dentro del Instituto Madrileño de Antropología, que en marzo de 2013 organizó el seminario “Entre la participación y la reflexividad: antropología y movimientos sociales”, con contenidos similares a los que intento poner en discusión en este artículo. Ver http://antropologiaymovimientossociales.wordpress.com/2013/03/03/entre-la-participacion-y-la-reflexividad-antropologia-y-movimientos-sociales/

12. Ver http://www.ujaen.es/huesped/rae/

13. Ver http://culanth.org/fieldsights/63-occupy-anthropology-and-the-2011-global-uprisings

14. Ver http://www.prototyping.es/tag/15m.

15. Ver http://muse.jhu.edu/journals/collaborative_anthropologies/toc/cla.1.html

16. http://bjsonline.org/2011/12/understanding-the-occupy-movement-perspectives-from-the-social-sciences/

17. Estas reflexiones surgen a partir del trabajo de campo realizado durante mi tesis doctoral, actualmente en fase de escritura, y que ha consistido en una aproximación etnográfica a la red de Oficinas de Derechos Sociales (ODSs), creada en la segunda mitad de la década del 2000, pero que tenía su origen al interior de redes y comunidades de activismo que compartían una amplia trayectoria previa de proyectos comunes en torno a la precariedad, a la cuestión de las migraciones y el régimen de fronteras, y a la experimentación en torno a las formas de hacer política desde los movimientos sociales. A nivel metodológico, el trabajo de campo de la investigación se desarrolló en 10 nodos de la red situados en Málaga, Zaragoza, Terrassa, Sevilla, Pamplona/Iruña, Barcelona y Madrid; y se basó en: los materiales elaborados por los y las integrantes de la red (informes internos, correos electrónicos, textos de reflexión, etc.); episodios de observación participante en múltiples contextos; una primera fase de entrevistas en profundidad realizadas en los distintos nodos; y por último, y aquí es donde tomaba forma la dimensión colaborativa, en una segunda fase de talleres de discusión y análisis colectivo, diseñados y elaborados (tanto a nivel metodológico como de contenidos) junto y con los y las activistas de la red a partir de los materiales producidos en la primera fase de trabajo de campo. Sobre investigaciones desarrolladas desde la etnografía colaborativa, ver también los trabajos de Leyva y Speed (2008), Vasco (2002), y el proyecto InterSaberes coordinado por Gunther Dietz en la Universidad Veracruzana, Mexico, http://www.intersaberes.org/

18. De hecho, el giro producido en el estudio de la acción colectiva hacia propuestas más dinámicas y relacionales ha hecho que un número creciente de autores y autoras reconozca y enfatice la importancia de la etnografía en el estudio de los movimientos sociales, debido a su capacidad para brindar acceso a los procesos políticos según se despliegan (McAdam 2003, McAdam, Tarrow y Tilly 2008), pero incluso cuando se comparte la herramienta el uso que se hace de la misma y la lógica desde la que se emplea son muy diferentes. Ni los objetivos, ni las preguntas ni las preocupaciones son coincidentes, y ésa es la razón por la que me parece importante alejarse de las orientaciones dominantes en el estudio de los movimientos sociales.

19. En inglés en el original, traducción propia.

20. En inglés en el original, traducción propia.

21. En inglés en el original, traducción propia.

22. Fueron los grupos estudiados por la antropología quienes, cansados ya de ser pensados y tratados como objetos, y de ver negada su capacidad y su legitimidad para construir sus propios relatos sobre sí mismos, empezaron a cuestionar de manera insistente el derecho (¿tú quién eres y por qué vienes a investigarme?) y las intenciones (¿para qué, para quién y cómo vas a hacerlo?) de los investigadores e investigadoras, exigiendo un mayor control tanto del proceso de construcción como del contenido de las representaciones que la antropología elaboraba en torno a sus formas de vida. Esta ‘rebelión’ de los sujetos subalternos/subalternizados, en la que tuvieron un papel fundamental las luchas anticoloniales y feministas, ya desde la década de 1960, ejerció un impacto incuestionable sobre la disciplina, problematizando y desestabilizando la autoridad -los discursos de verdad- de la antropología, y exigiendo la articulación de relaciones y prácticas más igualitarias, recíprocas y negociadas, diálogos compartidos (no exentos de conflictos, como toda relación social) frente a una antropología tradicionalmente extractiva y colonial. Este conjunto de críticas y debates se fue desarrollando tanto fuera como dentro de la academia, debido por un lado al empuje de esos movimientos, que lograban crear o conquistar espacios contrahegemónicos al interior de la universidad, y por otro al compromiso de científicos y científicas sociales que rechazaban la hegemonía de un canon que consideraban eurocéntrico, colonial y patriarcal. La combinación de estos factores impulsó la reflexión y experimentación en torno a metodologías que pudieran desbordar o revertir la división entre teoría y práctica, sujeto y objeto de investigación, etc.

23. En inglés en el original, traducción propia.


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Mujeres del Siglo XX.Mamá pudo votar cuando ya era cinco veces madre. 1952


Historia de la mujer en Chile. La conquista de sus derechos políticos en el siglo XX (1900-1952).

por Adolfo Pardo
Artículo publicado el 01/05/2001

Durante los 50 primeros años del siglo XX, el aspecto más destacable de la historia de la mujer chilena corresponde a la llamada «emancipación femenina» entendida como el proceso —aún inconcluso— del progresivo ingreso de la mujer al mundo del trabajo, de la cultura y a una participación cada vez más activa en política. Y la superación de su rol tradicional en el hogar.

A principios del siglo XX la mujer estaba relegada a un discreto segundo plano. Cuando contraía matrimonio, quedaba bajo la potestad del marido y si trabajaba no tenía derecho a disponer de su salario.

SABER ES PODER
Con algunas excepciones en el siglo XIX, en 1913 aparecen en Chile los primeros movimientos femeninos organizados: clubes y asociaciones de mujeres que buscaron mejorar la situación de la mujer y democratizar la sociedad. Una de las principales razones que explican este «despertar» sería la toma de conciencia, por parte de un número creciente de mujeres, de las limitaciones impuestas a su educación, por lo menos entre los estratos medios. Aunque el 6 de febrero de 1877 se dictó el famoso Decreto Amunátegui (firmado por el entonces Ministro de Instrucción Pública, Miguel Luis Amunátegui, bajo la presidencia de Anibal Pinto), que otorgó a la mujer el derecho a ingresar a la Universidad, en la práctica la educación continuó, por una cuestión de hábitos y costumbres, reservada a los varones. Sólo entre las clases acomodadas la mujer podía tomar lecciones de música, leer a los poetas greco latinos y alguna novela francesa de carácter romántico y educativo. Para su formación normal debía aprender «labores de mano y los buenos modales de una dama», como preparación para el matrimonio. También, y como parte de la formación religiosa, debía conocer el Catecismo y las vidas ejemplares de los santos. La mujer de escasos recursos no tenía otro acceso a la cultura que la vía oral, ni más conocimientos que la sabiduría popular. Aunque Chile aparece como pionero en cuanto a la formación de mujeres profesionales —en 1887 se titularon de médicos Eloísa Díaz Insunza y Ernestina Pérez Barahona, las primeras de Chile e Hispanoamérica—, la verdad es que éstas no eran bien miradas y se ejercía una evidente presión psicológica sobre ellas. Escribir o traducir un libro en esos años era inadmisible para una mujer. En efecto se las sancionaba por el simple acto de leer o estudiar.

LA GRAN GUERRA DE 1914
Este conflicto de proporciones continentales y repercusiones mundiales provocó en Europa el ingreso masivo e involuntario de la mujer al mundo del trabajo. Durante e inmediatamente después de la guerra, con la mayoría de los hombres en el frente, prisioneros o lisiados y muchos de ellos muertos, las mujeres debieron hacerse cargo de la industria, incluso bélica, y de la administración pública, entre otras muchas tareas. Esta situación, inédita en la historia, modificó definitivamente el rol femenino. La mujer demostró su capacidad y se produjo un debate mundial respecto a la situación de ésta ante la ley. Y la obtención de un título profesional, así como la mujer trabajando fuera del hogar, comenzó a verse con mayor normalidad.

RECABARREN Y LOS CENTROS FEMENINOS
Las primeras organizaciones de mujeres en Chile fueron los Centros Femeninos. Se forman en 1913 en Iquique, Antofagasta y las principales oficinas salitreras. En la zona se habían concentrado muchas familias obreras y comenzaba a desarrollarse el sindicalismo chileno, con Luis Emilio Recabarren a la cabeza. Recabarren, fundador (Iquique, 1912) del Partido Obrero Socialista, siempre alentó la «emancipación femenina». Pensaba que a la mujer era necesario «educarla, librarla del fanatismo religioso y de la opresión masculina». En su periódico «El Despertar de los Trabajadores», dedicó numerosas páginas a las «nuevas ideas de la liberación femenina» y a las actividades de las sufragistas inglesas, quiénes consiguieron, en Inglaterra, el voto para las mujeres mayores de 30 años en 1918 y la completa igualdad electoral en 1928.

BELEN DE ZARRAGA
Pero quizás no hubieran prosperado estos Centros Femeninos en el Norte sin el aliento de la española Belén de Zárraga. Fogosa oradora feminista, anarquista, libre pensadora y anticlerical, quien visitó Chile en 1913, ofreciendo conferencias en Santiago, Valparaíso, Antofagasta e Iquique. Para graficar sus puntos de vista, en una de sus charlas Zárraga señaló que «en un concilio del siglo VI se sometió a discusión si la mujer tenía alma. Y sólo por dos votos a favor quedó resuelta esta duda». El primer directorio del «Centro Femenino Belén de Zárraga» de Iquique, lo conformaron: Teresa Flores, Juana A. de Guzmán, Nieves P. de Alcalde, Luisa de Zavala, María Castro, Pabla R. de Aceituno, Ilia Gaete, Adela de Lafferte, Margarita Zamora, Rosario B. de Barnes y Rebeca Barnes. La labor de estos Centros Femeninos se desarrolló entre los años 1913 y 1915, decayendo después, junto con la explotación salitrera. Hacia 1921 se fundaron en Iquique la «Federación Unión Obrera Femenina» y el «Consejo Federal Femenino», anarco sindicalista la primera y socialista el segundo. En lo sucesivo, surgen en Santiago las principales iniciativas en favor de la mujer.

LAS SEÑORAS Y LA LECTURA
En 1915 —para «charlar, leer, beber una taza de té, celebrar de vez en cuando una fiesta social y cambiar sanos y serenos propósitos domésticos»— las damas católicas de la aristocracia santiaguina forman el Club Social de Señoras, agrupación que se distingue de las numerosas instituciones benéficas del siglo XIX por sus fines culturales. Su fundadora fue Delia Matte de Izquierdo. El Club de Señoras expresaba la inquietud de las mujeres de los sectores más acomodados que veían con alarma aparecer —entre los estratos medios— mujeres profesionales, que en número creciente se incorporaban a la educación y a la cultura. Inés Echeverría, una de sus miembros —quien escribía en La Nación con el pseudónimo de Iris—, señala: «para nuestra sorpresa han aparecido mujeres perfectamente educadas, con títulos profesionales, mientras nosotras apenas conocemos los Misterios del Rosario… Tememos que si la ignorancia de nuestra clase se mantiene dos generaciones más, nuestros nietos caerán al pueblo y viceversa».

LA ESCLAVITUD DE LA MUJER
Participa del Club de Señoras Martina Barros —una de las primeras intelectuales chilenas— quién traduce, con el título de «La Esclavitud de la mujer», «The subjection of women», del filósofo inglés John Stuart Mill. En sus memoria M. Barros apunta:«Mis compañeras me miraban con frialdad… y las señoras con la desconfianza con que se mira a una niña peligrosa». No sólo los hombres rechazaban la «emancipación de la mujer». La mayoría de las mujeres pensaba de igual manera, de acuerdo con la mentalidad de la época. En principio el Club de Señoras buscaba exclusivamente progresos culturales para la aristocracia, sin embargo hacen suyos ideales democráticos y por su influencia, en 1917, la fracción más joven del Partido Conservador presenta al Congreso Nacional el primer proyecto de ley para dar derechos de ciudadanía a las mujeres.

CIRCULO DE LECTURA
Ese mismo año, pero entre las mujeres laicas de las capas medias, con inspiración en los «Readings Clubs» de Estados Unidos, se forma el Círculo de Lectura. En su fundación y directiva aparece Amanda Labarca, gran escritora y educadora. Militante Radical. Labarca, quién dirige el periódico del círculo, «Acción Femenina», fue la primera latinoamericana en ejercer una cátedra universitaria e impulsará, en 1932, la creación del Liceo Experimental Manuel de Salas. Se la considera una gran precursora del movimiento femenino en Chile.

CONSEJO NACIONAL DE MUJERES
Del Círculo de Lectura se desprende, en 1919, el Consejo Nacional de Mujeres. Participan Amanda Labarca y Celinda Reyes. Tres años después presentan un proyecto sobre derechos civiles, políticos y jurídicos e inician gestiones que culminarán el año 1925 con el Decreto Ley conocido como Ley Maza (por el senador José Maza), que restringe en el Código Civil las atribuciones de la patria potestad de los padres, en favor de las madres; se habilita a las mujeres para servir de testigos y se autoriza a las casadas para administrar los frutos de su trabajo. Fueron apoyadas por Pedro Aguirre Cerda y Arturo Alessandri, entonces Presidente de la República. En el ámbito obrero, en 1917 se crea el Consejo Federal Femenino (al interior de la Gran Federación Obrera de Chile). Su objetivo: «mejoramiento cultural y acción mancomunada de trabajadoras». Hacia 1920 reaparece con el nombre de Gran Federación Femenina de Chile.

PARTIDOS POLITICOS FEMENINOS
El año 1922 se crea el Partido Cívico Femenino (PCF). Participan Ester La Rivera de Sanhueza, fundadora y primera presidenta, Elvira de Vergara, Berta Recabarren, Graciela Mandujano y Graciela Lacoste. Radicales, laicas o de un catolicismo moderado. Editan la revista «Acción Femenina» durante 14 años, alcanzando a tirar 10.000 ejemplares. Se expresan con singular discreción: «el feminismo no desea violencias. La mujer moderna no pide nada injusto ni abusivo. Queremos que se conozca a la mujer como algo más que un objeto de lujo y placer…». El Partido Cívico Femenino plantea el voto femenino subordinado a la educación cívica. «Primero educar y luego decidir». Trabajan, entre otros objetivos, por el voto municipal, a modo de «ensayo – aprendizaje».

En rigor, la Constitución vigente desde 1833 no excluía el voto femenino, pero cuando en 1875 algunas mujeres en San Felipe y La Serena acudieron a votar en las elecciones presidenciales no pudieron hacerlo. Y en 1884 se dictó una nueva Ley de Elecciones que, en su artículo 40, prohibía expresamente el voto femenino.

Hacia 1924 aparece el Partido Demócrata Femenino. Participan Celinda Arregui, E. Brady, G. Barrios, Rebeca Varas y otras. El Partido presenta a la Junta Militar de Luis Altamirano un proyecto para modificar la Ley Electoral. La Convención de la Juventud Católica Femenina, realizada en Santiago en 1922 y el Congreso Panamericano de Mujeres, celebrado en esta misma capital el mismo año, también solicitaron los derechos políticos de la mujer. A principios de 1925, el Partido Demócrata Femenino, presentó otro proyecto de Ley Electoral a la Junta de Emilio Bello Codesido, «suprimiendo la palabra varones y dejando ciudadanos chilenos». Luego piden la participación de mujeres en la Comisión Consultiva de la Asamblea Constituyente que elaboraría la nueva constitución, conocida posteriormente como la Constitución del 25.

EL VOTO MUNICIPAL 1926-1946
Durante esta etapa se conjugan tres tipos de organizaciones femeninas. Siguen desarrollándose numerosas agrupaciones benéficas, culturales, religiosas, deportivas y laborales, como el Consejo Femenino de la Defensa Civil, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, para organizar la población ante un «inminente ataque al territorio nacional». El Comité de Ayuda a las Democracias, que hace colectas y campañas en favor de los países aliados. Y el Comité de Mujeres pro Ayuda y Defensa de los Ferroviarios, en el año 1936, con ocasión de una gran huelga de ese gremio. Un segundo tipo de organización buscaba la plenitud de los derechos civiles y políticos para la mujer. Por último, comienzan a formarse las ramas femeninas de los partidos políticos.

UNION FEMENINA DE CHILE
A fines de 1927, con ocasión de las celebraciones del cincuentenario del Decreto Amunátegui, se funda en Valparaíso la Unión Femenina de Chile. Trabajan hasta 1938 por reivindicaciones civiles y políticas, entre muchas otras tareas. Fue una organización de elite —constituida fundamentalmente por mujeres profesionales— que influyó en la opinión pública de ese puerto, sobre todo a través de su periódico homónimo y de su dirigente, Graciela Lacoste.

COMITE NACIONAL PRO DERECHOS DE LA MUJER
Este comité se forma en 1933 por iniciativa de Felisa Vergara, Amanda Labarca y Elena Doll, para participar en la discusión sobre la Ley de Sufragio Municipal. Luego de un período de silencio resurge en 1941, para «activar la aprobación por las Cámaras del proyecto de ley sobre el voto femenino».

ASOCIACION NACIONAL DE MUJERES UNIVERSITARIAS
En agosto de 1931 se fundó esta organización para extender las oportunidades culturales, económicas, cívicas y sociales de la mujer. Su presidenta fue una de las primeras médicos de Chile, Ernestina Pérez. Participan Amanda Labarca, Elena Caffarena, Irma Salas y Elena Hott.

EL DERECHO A VOTO MUNICIPAL
En 1934, durante el segundo gobierno de Arturo Alessandri, se dicta la Ley 5.357 que otorga a la mujer derecho a elegir y a ser elegida en los comicios municipales. Y el 7 de abril de 1935 participan por primera vez en una elección. Se presentan 98 candidatas, siendo elegidas 26. Sin embargo, condicionadas por su rol doméstico, proporcionalmente pocas mujeres se interesaron en participar.

EL MENCH
De gran trascendencia en la historia de la luchas femeninas en Chile, el 11 de mayo de 1935 se crea el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, MEMCH, con presencia a lo largo de todo el país. En 1940 contaba 42 comités locales de Arica a Valdivia. A través del periódico «La Mujer Nueva» y en múltiples reuniones públicas el MEMCH se pronuncia por la protección de la madre y defensa de la niñez; por que la mujer pueda ocupar cualquier cargo rentado e igualar los salarios con el hombre. La sociedad chilena todavía mantenía la opinión de que el trabajo remunerado en la mujer era accidental, semiclandestino y generalmente se aceptaba para que «ella pudiera ayudarse en sus gastos». El MEMCH aboga también por la defensa del régimen democrático y por la paz. Asimismo propiciaron la «emancipación biológica», es decir, contra la maternidad obligada, proponiendo la divulgación estatal de métodos anticonceptivos. Plantean los temas del aborto clandestino, de la prostitución, de la madre soltera, el divorcio legal, etc. La prensa tradicional llama a«no dejarse sorprender: se trata de comunistas que están contra la familia, la moral y la naturaleza y que persiguen objetivos disparatados y absurdos».
En 1938 llega a la presidencia de la República Pedro Aguirre Cerda, gran defensor de los derechos femeninos.

DISCUSION EN EL CONGRESO DEL VOTO FEMENINO
En 1941, en un mensaje dirigido a la cámara de diputados, el Presidente, electo con apoyo femenino, afirma: «La Constitución Política del Estado dispone que son ciudadanos con derecho a sufragio los chilenos que hayan cumplido 21 años de edad, sepan leer y escribir y estén inscritos en los registros electorales. (…) comprende, sin lugar a dudas, a los individuos de ambos sexos». Finalmente Aguirre Cerda presentó un proyecto de Ley Electoral, redactado por Elena Caffarena y Flor Heredia, que otorgaba el voto a la mujer. En 1944 se realiza en Santiago el Primer Congreso Nacional de Mujeres. Una de sus principales consecuencias fue la creación de laFederación Chilena de Instituciones Femeninas, FECHIF, la cual emprende una gran campaña por los derechos políticos. Preside Amanda Labarca. En abril de 1945 se realiza un foro con presencia de diversas organizaciones políticas, sociales y culturales, además de destacadas personalidades. Y en junio la FECHIF presenta al Senado un proyecto de ley sobre el voto femenino, con la firma de senadores de todas las tendencias. Desde las primeras incursiones femeninas en elecciones municipales, queda en evidencia que la mujer debía acceder a la totalidad de sus derechos políticos, pero aún tendrían que pasar otros cuatro años para que la cuestión fuera discutida a fondo. Entre tanto muere en ejercicio de sus funciones Pedro Aguirre Cerda.

El 15 de noviembre de 1945 Gabriela Mistral obtiene el premio Nobel de literatura.
El mismo año, Horacio Walker, senador conservador, expresa que «… el sufragio ha sido ejercido sólo por el 8,4 por ciento de la población del país, bases políticas estrechas que urge ampliar (…) es indispensable incorporar a la mujer a la ciudadanía política, que contribuye al 51 por ciento de la población chilena…» Por otra parte, desde 1924 (Conferencia Panamericana) Chile había aceptado recomendaciones internacionales sobre los derechos políticos de la mujer. En 1946 el senador liberal José Maza adhirió a esta causa, planteando, entre otros argumentos, la necesidad de poner al día nuestra legislación con respecto a las democracias del mundo. Salvador Allende, entonces senador socialista, manifestó que en su partido era normal considerar a la mujer con los mismos derechos que al hombre. Rudecindo Ortega, senador radical, también se pronunció favorablemente. El trabajo que las organizaciones femeninas habían emprendido en 1913 comenzaban a fructiferar.

LAS MUJERES ALCANZAN EL DERECHO A VOTO
En las elecciones municipales de 1947 Julieta Campusano es elegida Regidora por Santiago. En 1948 se suma a la acción el Partido Femenino Chileno, segundo partido femenino de la historia chilena, que llegó a contar 27 mil integrantes. Este año se dicta la Ley de Defensa de la Democracia, llamada «Ley Maldita», que pone fuera de la ley al Partido Comunista. Se constituye el Comité Unido Pro-Voto Femenino para iniciar una campaña nacional para apresurar el despacho del proyecto de ley sobre el voto femenino. Preside el Comité Aída Yávar y lo integran la FECHIF, Acción Católica Femenina, el MEMCH, el Partido Femenino, delegadas de todos los partidos políticos, mujeres independientes y comités de estudiantes universitarias. Cora Carreño, representante de las universitarias dice: «Queremos hacer sentir a los señores congresales que tras el movimiento hay un espíritu fuerte, una voluntad inquebrantable para conseguir, hoy, la plenitud de nuestro pensamiento y acción políticos…» La Cámara de Diputados demora dos años la discusión del proyecto, a pesar de que el Presidente González Videla urgía su despacho, tanto para cumplir con el compromiso adquirido con la mujeres durante su campaña, como el compromiso de la Estado chileno con Naciones Unidas, en el sentido de no discriminar por diferencias sexuales.

La FECHIF lanza la consigna QUEREMOS VOTAR EN LAS PROXIMAS ELECCIONES.
En Valparaíso se celebra el II Congreso Nacional de Mujeres, presidido por Amanda Labarca. Durante la sesión de clausura una mujer que había trabajado durante la campaña de González Videla, acusa al presidente de traicionar al pueblo. González Videla amenaza con «sacar a los soldados». La FECHIF expulsa de sus filas al Partido Comunista. Y el MEMCH se retira de la Federación.

Pese a la crisis al interior del movimiento, en 1948 se realiza una asamblea nacional de dirigentes de las diversas organizaciones femeninas, de la que surge el Comando Unido Nacional Pro-Voto Femenino, que realiza foros y propaganda. El 15 de diciembre de 1948 la Cámara de Diputados despacha el proyecto para su último trámite en el Senado. Las mujeres asistentes, en tribunas y galerías, aplauden y entonan de pie la Canción Nacional.

El 21 de diciembre el Senado acoge el proyecto con todas las modificaciones hechas por la Cámara. Por fin el 8 de enero de 1949 el Presidente Gabriel González Videla estampó su firma en el texto que concedía la plenitud de derechos políticos a la mujer. Con este motivo se realizó una gala en el Teatro Municipal, con la participación del Presidente González Videla, de su esposa Rosa Markmann, ministros, parlamentarios, dirigentes de la FECHIF y gran cantidad de público. Flor Heredia, Elena Caffarena y otras destacadas dirigentes son excluidas. Culminaban así 50 años de luchas femeninas.

En 1950 la radical Inés Enríquez es elegida diputada por Concepción, convirtiéndose así en la primera parlamentaria chilena. Y dos años después, en 1952, las mujeres participan por primera vez en la historia de Chile en una elección presidencial.
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ALGUNAS DE LAS MUJERES MAS DESTACADAS DURANTE ESTE PERIODO
ACUÑA, Justicia: Primera mujer chilena ingeniera (1919).
ARGOMEDO, Aurora: Educadora, llamó a las mujeres de Valparaíso a celebrar el cincuentenario del decreto Amunátegui (1927).
ARREGUI, Celinda: Integrante del Círculo de Lectura, Partido Demócrata Femenino y organizadora del Congreso Panamericano de Mujeres (1922).
ASTICA, María: Participó activamente en las charlas-foro realizadas en el Salón de Honor de la Universidad de Chile para presionar al parlamento por la aprobación del voto para la mujer (1946).
BAHAMONDE, Arsenia: Una de las fundadoras de la Unión Femenina de Chile de Valparaíso (1928).
BARROS DE ORREGO, Martina: Una de nuestras primeras intelectuales. Participa en el Club de Señoras.
BUDINIC, Margot: Secretaria de prensa y propaganda de la FECHIF.
CAFFARENA, Elena: Abogada, fundadora y vicepresidenta de la Asociación de mujeres universitarias (1931). Fundadora y primera secretaria general del MEMCH (1935-1941). Fundadora y vicepresidenta de FECHIF.
CAMPUSANO, Julieta: Dirigente comunista. Electa regidora por Santiago en 1947. Secretaria de publicaciones de la FECHIF.
CARR BRICEÑO, Julieta: Una de las fundadoras de la Unión femenina de Chile de Valparaíso (1928). CID, Cora: Presidenta de la Asamblea nacional de mujeres de Chile, se presentó como candidata en las elecciones municipales de 1941.
DE LA CRUZ, María: Candidata a las elecciones senatoriales de 1950. Máxima dirigente del Partido Femenino Chileno (1946-1953). Jugó un papel destacado en la campaña presidencial de Carlos Ibáñez del Campo (1952). Primera senadora de la República (1953).
DEL CANTO, María Teresa: Ministra de Educación en el gobierno de Carlos Iáñez del Campo (1952-1958).
DIAZ, Eloísa: Junto a Ernestina Pérez, se recibió de médico en 1887, siendo ambas las primeras en toda Iberoamérica.
DOLL, Elena: Una de las fundadoras del Comité nacional pro-derechos de la mujer (1935). Presentada y elegida en las elecciones municipales de 1935, 1938 y 1941.
EDWARDS, Adela: Miembra de la Acción Nacional de Mujeres de Chile, elegida regidora en las elecciones municipales de 1935.
ENRIQUEZ, Inés: Primera parlamentaria chilena. Elegida diputada por Concepción en 1950.
FIGUEROA, Ana: Profesora, Presidenta Nacional de la FECHIF en 1949.
HEREDIA, Flor: Junto a Elena Caffarena redactó un proyecto de ley sobre el voto femenino, presentado a Pedro Aguirre Cerda.
LABARCA, Amanda: Profesora, fundadora del Círculo de Lectura (1915). Integrante de la FECHIF (1944) y presidenta de la institución. Fundadora del Comité Nacional pro Derechos de la Mujer (1933). Vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias (*).
Embajadora de Chile ante la ONU durante el gobierno de Gabriel González Videla (1946).
LACOSTE, Graciela: Fundadora y presidenta de la Unión Femenina de Chile de Valparaíso (1928).
MANDUJANO, Graciela: Integrante del Partido Cívico Femenino. Secretaria General del MEMCH (1944-45). Secretaria de asuntos internacionales de la FECHIF.
MARKMANN, Rosa: Bajo su auspicio se fundó la Asociación de dueñas de casa (1947), institución gubernamental que presidió. «Primera dama» en el gobierno de González Videla.
MISTRAL, Gabriela: Premio Nobel de literatura.
OLGUIN, Adriana: Ministra de Justicia en el gobierno de González Videla.
PARRA, Violeta: Muy destacada folklorista.
PEREZ, Ernestina: Junto a Eloisa Díaz, primera médico de Chile y de Iberoamérica, recibida en 1887. Presidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias.
POBLETE, Olga: Profesora y Secretaria General del MEMCH.
RIEDEL, Dora: Primera arquitecta chilena (1930).
ROJAS, Elcira: Presidenta del Partido Cívico Femenino.
SCHNAKE, Graciela: Primera alcaldesa de Santiago, nombrada en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda.
TAGLE, Victoria: Primera agrónoma chilena (1922).
VERGARA, Felisa: Militante y dirigenta socialista. Fundadora del Comité Nacional pro Derechos de la Mujer (1933).
YAVAR, Aída: Presidió el Comité Unido Pro Voto Femenino (1947).
(*) Amanda Labarca decía que en el siglo XIX, en Chile se había afirmado que: «Es posible que la mujer, siendo una criatura de Dios, tenga igual que el hombre un cerebro inteligente».
© Adolfo Pardo, Santiago, Chile, 2001.

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La transmisión de la memoria familiar. Recomposiciones y apropiaciones de la memoria


Recomposiciones y apropiaciones de la memoria  

Estudio sociológico sobre un grupo de exiliados chilenos en Paris, entre octubre de 1998 y marzo de 2000

 

Fanny Jedlicki, doctorante en sociologia en la faculdad Paris VII – URMIS

(Unidad de Investigacion Sobre Las Migraciones y la Sociedad).

Con la indispensable ayuda para la traducción de Natalia Lavalle.

 

 

El 16 de octubre de 1998 quedará grabado en la memoria de todos los chilenos, especialmente en la de aquellos que aún viven en los países donde se refugiaron después del golpe militar de 1973. Se trata justamente de la recuperación de esta memoria en el “caso Pinochet” y de la movilización activa realizada por los ex-refugiados y sus hijos. Y son éstos últimos, los que con su presencia y compromiso asumen la lucha contra la impunidad de Pinochet, quedando en evidencia la relación con la memoria familiar del exilio.

El problema de la memoria es el tema central en esta investigación[3]. Esta es tratada como un proceso dinámico en constante reelaboración. A pesar de que la memoria del exilio chileno se haya forjado en un contexto dramático, impregnado de sufrimientos y que se encuentre polarizada entre el peso traumático del pasado y la necesidad del olvido, es una memoria que no está capturada al pasado[4]. Al contrario, la memoria es definitivamente un acto del presente, porque está inscrita en el tiempo y el espacio. Es lo que manifiesta San Agustín y reivindicado por Maurice Halbwachs: “recordar no es revivir, sino reconstruir un pasado a partir de los marcos sociales del presente”[5].

La transmisión de la memoria familiar, en un país que no es el de los padres, se inscribe claramente en un proceso de recomposición. Los hijos de los refugiados, socializados en Francia y pertenecientes a una generación socio-histórica diferente a la de sus padres, no reciben directamente los contenidos de la memoria paterna. Por el contrario, ellos realizan un “bricolage”[6].

De esta manera, concurrimos, durante el “caso Pinochet”, a un verdadero regreso de la memoria para los ex-refugiados chilenos y a una redefinición de ésta en el caso de sus hijos,  quienes al participar en una movilización activa, buscan apropiarse de su herencia familiar.

  • ·         La memoria en tensión

Los graves atropellos a los derechos humanos cometidos por el régimen militar chileno[7], tienden a ser ocultados en Chile, donde las leyes de impunidad y de silencio contribuyen a la “mala memoria” del país, según lo expresa el escritor chileno Marco Antonio de la Parra. La memoria colectiva es negada, especialmente la de las víctimas, lo que hace imposible la simbolización de la muerte y dificulta el trabajo de duelo. El dolor permanece omnipresente, una herida que el tiempo no puede cicatrizar, pues la memoria pareciere estar paralizada en un tiempo suspendido fuera de las leyes naturales, donde los ausentes están eterna y profundamente presentes[8].

Las víctimas, del sistema represivo, son  negadas, olvidadas e ilegítimas. Por tanto, los refugiados chilenos, en la mayoría de los casos, llevan sobre sus espaldas el peso de la culpabilidad, e incluso en un comienzo se sienten responsables de la derrota.

Esta culpabilidad se exacerba por su misma condición de sobrevivientes. Los que lograron sobrevivir a las torturas, a los campos de concentración, en relación con los millares de compañeros que murieron en estos lugares, se sienten culpables de estar vivos entre los muertos[9], culpables además de haber hablado bajo la tortura.

También se sienten culpables de permanecer aún en Francia, a pesar de haber jurado, a si mismos, volver lo más pronto posible a Chile para reconstruir la democracia que, hoy en día, se construye sin ellos. Este sentimiento, durante los viajes que realizan los exiliados chilenos al país, se ve sustentado por reacciones de rechazo de parte de sus propios compatriotas, quienes los tratan de traidores, cobardes o privilegiados. De haber disfrutado un “exilio dorado” en los desarrollados países europeos.

Para mitigar estos sentimientos los refugiados chilenos tan pronto llegan a Francia, se arrojan a un militantismo frenético contra la dictadura, prefiriendo, de esta forma, “dejar a un lado” las duras experiencias que acaban de padecer[10]. Así es como el silencio envuelve los sufrimientos de cada cual, rechazando los recuerdos dolorosos, reprimiendo los traumas, sin por eso olvidarlos.

De hecho, ¿cómo olvidar lo inolvidable? La memoria de la violencia se desliza por los resquicios de la vida diaria, lista a reaparecer a raíz de una broma, o de un encuentro con las autoridades policiales francesas, enfrentando esa moda que visten sus propios hijos, de uniformes color kaki y botas negras. Y el recuerdo no es sólo evocación de hechos anteriores, sino, a su vez, es también  un retorno físico a violentas emociones. La memoria se inscribe en el cuerpo mismo, cuerpo que ha sido martirizado, manifestándose por dolores violentos de cabeza, intestinales, trastornos de sueño y otros. Todo ello, expresiones somáticas que traen el recuerdo de los sufrimientos pasados. Sin embargo, si “hablar es imposible”, “callarse está prohibido”[11] y un verdadero “deber de memoria”, como dice Primo Levi,* se impone a los exiliados.

La memoria del exilio chileno se debate entre varias tensiones opuestas…está “adormecida” dicen hoy día, estos hombres y mujeres que se quedaron en Francia, tironeados entre su país de origen y el de asilo, la existencia que allí reconstruyeron, la pertenencia de sus hijos a esta sociedad de la que no quieren separarse. Existe al mismo tiempo, un Chile lejano que ellos aman y odian a la vez, y que sublimado por el exilio sufrido, se les impone como su único y verdadero lugar de pertenencia: Amalia, 50 años, exiliada en Cuba en el año1974 y retornada a Chile en 1986, habla del exilio como “una división interna que ha dejado su corazón y su alma en Chile“.

Cuando el “caso Pinochet” comienza, los refugiados chilenos de Francia[12] se encuentran en una fase particular de su trayectoria: el post-exilio. Después de 20 o 25 años que han  vividos en este país, ellos han experimentado una cierta aculturación, o sea han “bricolado” las diferentes piezas de las dos estructuras socio-culturales, cuyo recorrido ha permitido tender un puente entre las dos sociedades, reinyectando sentido y coherencia a las trayectorias quebradas por el golpe de Estado en 1973. Por una parte, sus elecciones profesionales y políticas lo reflejan. Por otra, sus viajes a Chile les permiten reanudar los lazos familiares, así como también poder medir la amplitud de los cambios negativos observados en el país, y valorar, entonces,  las garantías cívicas y sociales del  Estado francés. Sin embargo, la nostalgia, doloroso corolario del exilio y el desgarro permanente se impone  por una situación disociada (“entre-deux”), caracterizada por un regreso deseado, pero postergado constantemente donde el presente, pasado y futuro se entrelazan al dolor de una memoria en carne viva, polarizada entre el sufrimiento privado de los recuerdos, la culpabilidad y la inhibición colectiva. Esta situación es lo que el “caso Pinochet” viene a conmover.

El caso Pinochet y el regreso de la memoria

  • La victoria de los vencidos : la inversión de los roles

Aquellos que, por mucho tiempo, fueron aplastados por la altanería insultante del ex-dictador, que todos creían intocable, vuelven a la escena internacional y aparecen como los protagonistas de una lucha ejemplar[13]. De vencidos, responsables de la derrota, los ex-refugiados se ven asimismo como los vencedores, los héroes de la historia contemporánea chilena. La justicia internacional, al designar oficialmente al responsable de la muerte de sus compañeros, reconoce su historia, mientras que sus viejos sufrimientos, por largos períodos,  ahogados por la negación del Estado chileno y por represión propia, se convierten en la herramienta de la caída de Pinochet. Es justamente su condición de víctima lo que, en Europa, le atribuye a los exiliados un poder jurídico activo, lo que permite que, hoy, sean ellos quienes hagan temblar al ex-dictador.

“Por primera vez sentimos que servía para algo. Que no sólo habíamos recibido golpes sino que podíamos hacer que lo vivido sirviera para algo! […] Nos dimos cuenta que habíamos vivido cosas de las que, a menudo, no habíamos hablado y, entonces, este pasado seguía siendo algo que no podía ser reivindicado, y en ese momento nos dimos cuenta que nuestros testimonios tenían una suerte de poder muy importante y que con todo esto podíamos hacer algo! Antes esto no servía para nada, bueno, ibas a Amnistía Internacional y contabas, presentabas tu testimonio que terminaba en un informe anual perdido por ahí… y entonces, tuvimos la sensación de tener un arma entre las manos, un arma con la cual podíamos golpear. Claudia, 50 años, exiliada en Francia desde los años 70, ex-presa política.

De esta manera, la inversión de la correlación de fuerzas, la nueva distribución de responsabilidades, el vigor simbólico que toma la reivindicación del estatus de víctima, conllevan un cambio radical de la relación que los refugiados tenían con la memoria. Esta pasa del estado de memoria reprimida, al de rememoración consciente y reivindicada por la palabra tomada públicamente.     

Además, son los exiliados los que se quedaron en Francia, después del referéndum, quienes retoman la bandera de lo que les parece ser la verdadera batalla contra la dictadura,  en vez de participar en la reconstrucción de la democracia chilena, De hecho, la actitud del actual Gobierno chileno les parece más que ambigua, revelando la distancia teñida de desconfianza que tienen frente a la democracia chilena[14]. El entonces Ministro de Relaciones Exteriores chileno, Juan Miguel Insulza solicita el regreso de Pinochet a Chile, dónde asegura que será juzgado. Pero los exiliados desconfían del aparato legislativo chileno, que ha garantizado una impunidad (casi) perfecta a los represores y además, no depositan grandes expectativas en la Concertación. Para ellos, se trata de una “manipulación vergonzosa“, cuyo objetivo es  proteger al ex-dictador. Los exiliados creen que sólo su acción militante desde el exilio, junto a la acción jurídica de los Estados europeos, puede llegar a  encaminar un verdadero proceso judicial contra Pinochet.

Por tanto, los exiliados van a involucrarse honesta (entera? ) y frenéticamente en una larga movilización para exigir el juzgamiento del ex-dictador en Europa y para “luchar contra su impunidad“. Las formas que toma esta movilización, así como las prácticas que en ella se desarrollan, son realmente “exhumadas” desde el pasado.

  • ·         El regreso estructural de la memoria

Las consignas, las pancartas, los discursos pronunciados durante las numerosas reuniones, incluso las divisiones que fortalecen las redes comunitarias que se han reformado, hasta la evolución de éstas ultimas, recuerdan de hecho las experiencias fundamentales que los refugiados han conocido: la Unidad Popular y los comienzos del exilio. El pasado reaparece, el grupo revive, a través del uso de los antiguos gestos, palabras y  prácticas, sus estructuras intrínsecas, ofreciendo a la memoria colectiva del exilio chileno una nueva etapa de elaboración[15].

Durante la movilización contra Pinochet, el acontecimiento fundador[16] que constituye la Unidad Popular está de regreso. En las manifestaciones surgen algunos cánticos (“Venceremos”, entre otros), como un eco del pasado y la figura de Allende, quién parece representar una verdadera divinidad tutelar, es invocada permanentemente: su rostro invade las pancartas y reina sobre los manifestantes, así como en el living de muchas casas de exiliados.

Los tres años de la experiencia socialista chilena han sido vividos por sus militantes y simpatizantes como un período eufórico, en el que, animados por un fuerte entusiasmo revolucionario y por la certeza de estar participando activamente en la elaboración de una Sociedad Nueva y de un Hombre Nuevo, sentían que estaban construyendo la historia, una historia en la que las trayectorias personales parecían abrazar las de la Nación. Se trata de un período de referencia y también de un período mítico, con el cual algunos siguen soñando[17]. Este mito[18] de un período que hoy no sabríamos comprender sin su fin trágico y sangriento, descarga, retrospectivamente, un gran peso sobre estos tres años. La gran mayoría de los exiliados percibe esta etapa histórica como una época feliz e ideal, intocable, cuya imagen ha sido sublimada por la distancia y la nostalgia propias del exilio.

El grupo va a encontrar, a través de las divisiones que lo alientan, sus viejas estructuras. Inherentes a la acción política o a las tensiones entre grupos ideológicamente divergentes, estos conflictos importantes que agitan la red y que afectan su capacidad movilizadora, recuerdan de manera pertinente las dificultades que la Unidad Popular tenía para federar las corrientes políticas que la componían, y las batallas ideológicas que dividían fuertemente a sus militantes. Estas divisiones continuaron en el exilio, viviendo tensiones exacerbadas por la derrota, por el inmovilismo político, tanto en Chile como en las redes sociales y políticas reconstituidas en el exilio. Estas harían estallar rápidamente la aparente unidad que la comunidad había encontrado al llegar al país de acogida. De la misma manera, las divisiones provocadas por el “caso Pinochet”, despiertan viejos rencores, provocan rabia, después de los felices reencuentros de las primeras semanas de movilización. Luego, las asociaciones de carácter cultural y social toman el relevo, consagrando la primacía de la afirmación del “entre-soi” sobre la acción política, lo que recuerda la evolución de las interacciones colectivas de los refugiados chilenos durante las diferentes etapas de sus exilios.

Estos modos de reagrupamiento y diferenciación estructuran la escena política de los exiliados chilenos, y conforman el nexo entre pasado y presente, permitiendo la reactivación de la memoria colectiva del exilio.

  • ·        El “entre-soi” y la figura del exiliado

A pesar del aspecto ejemplificador de este caso, cuyas acciones han sido valoradas tanto por los medios de comunicación y, pese a la solidaridad que la sociedad francesa ha tenido para con los refugiados chilenos, la movilización, sigue siendo esencialmente un hecho de éstos últimos. Los “franceses” están ausentes de este movimiento: si bien, a veces, se solicita su apoyo (firmas de adhesión, ayuda económica, etc.), su presencia efectiva en las manifestaciones es muy rara. Estas presentan un carácter marcadamente comunitario: las consignas, los volantes y las conversaciones que se establecen entre los miembros conocidos, son mayoritariamente en español, con exclusión de los no chilenos, aun cuando sean amigos de muchos años. En este contexto, el  proyecto, de formar una comisión latinoamericana integrada además por argentinos y haitianos, es abandonado al cabo de algunos meses.

Por tanto,  los desafíos de esta movilización se relacionan con el cuidado y la conservación de una identidad reencontrada, conducida por un colectivo encerrado en si mismo y que se reactiva constantemente, a partir de los reencuentros comunitarios, expresados en  manifestaciones y  fiestas. Son los momentos de vuelta a sus raíces, a su identidad. Los refugiados chilenos encuentran en la militancia, en el “être-ensemble”, (conjunto o colectivo?) una identidad valorizada que se había alterado progresivamente desde el golpe de Estado. El exiliado chileno encarnaba, de hecho, en la Francia de los años 70, heredera de las ideas del ‘68 y en el umbral de su crisis económica, al representante de un movimiento revolucionario con el cual los militantes franceses podían identificarse: el exiliado chileno era una verdadera figura heroica.

Los beneficios que en términos de identidad, ofrecía esta imagen de héroe, no eran menores para los refugiados chilenos; beneficios que reaparecen a partir del “caso Pinochet” Los refugiados recuerdan y, por fin, recuerdan en voz alta.[19]

  • ·         La resolución de los conflictos memoriales

Al ser designado un culpable oficial, el “caso Pinochet” aminora la culpabilidad de la derrota. Al fin, el deber de memoria puede cumplirse e impulsa a tomar la palabra públicamente: efectivamente, la responsabilidad que se le impone a los sobrevivientes de atestiguar por aquellos que ya no están, les permite superar las dificultades que los llevaron a sumergirse en los recuerdos traumáticos. Se trata casi de una reparación, hablando y recordando no sólo por aquellos que ya no están, sino también  por ellos mismos.

La palabra del sufrimiento, finalmente liberada, puede circular entre las redes comunitarias y permitir la reconstrucción colectiva del sentido de estas trayectorias, vividas, esencialmente en sus aspectos más siniestros, de modo individual. El sistema  represivo y sobre todo el de la tortura, tenían como objetivo la destrucción del ser, aislándolo de todas sus redes y marcándolo para siempre cuando “hablaba” bajo el dolor despiadado, transformándolo, literalmente, en una “ bestia que grita” (“bête hurlante”), habiendo asesinado al ser social y moral antes de destrozar al ser físico[20]: el sistema ha abolido el sentido. El silencio y la inhibición, la culpabilidad exacerbada por la condena sin apelación de los partidos políticos clandestinos de aquel que “cantaba“. Todo ello dejaba, a cada uno de los refugiados, aplastado bajo una pesada carga individual. A través de los testimonios y las querellas, estos reencuentran asimismo la huella de algunos detenidos-desaparecidos que creían haber sido los últimos en ver, reconstruyendo la cadena de responsabilidades de su desaparición. Esto les permite deshacerse, parcialmente, de la culpabilidad. 

Cuando Pinochet  fue arrestado… entonces le encontré un sentido a mi historia. Antes se trataba de algo individual, completamente individual, que me tocaba a mi, y que yo guardaba porque era mi historia, mi problema individual y que no estaba ligado a algo que pudiera hacer avanzar las cosas y es justo cuando Pinochet fue detenido […] que yo hice la conexión entre mi historia y ésta… y en esta historia había todo un espacio para volver a lo que significaba pertenecer a un  movimiento (colectivo ?)  y no sólo individualmente como víctima.”  Marcela, 46 años, exiliada en Francia en 1973, ex-presa política.

De esta forma, el “caso Pinochet” permite a los exiliados   retomar en sus manos un destino sufrido desde 1973, cuando fueron empujados a la clandestinidad, a los campos de tortura, de concentración y detención, a las embajadas y consulados en países lejanos, con sus hogares para refugiados. En fin, cuando fueron forzados a una existencia no deseada, pero que han sido capaces de construir. Si durante años, su capacidad de acción a nivel político, laboral, etc., estuvo parcialmente anestesiada, ahora la reafirman y se la reapropian. El “caso Pinochet” tiene un valor reparador para los refugiados: la lucha del exilio en el exilio les devuelve sentido a su presencia en Francia.

Por ultimo, el duelo de las experiencias trágicas es posible. Los muertos y los nombres de los detenidos-desaparecidos son nombrados una y otra vez, sus fotos son publicadas en los diarios, afiches y carteles, que los manifestantes enarbolan, gritando que sus compañeros están “presentes ahora y siempre“. Estos actos son, también, el lugar de expresión de ritos de duelo, simbolizados por centenares de cruces plantadas en maceteros y puestas en la calle, por los minutos de silencio, por las velas protegidas del viento y por ese ataúd que queman de rabia cuando Pinochet regresa a Chile en marzo del 2000. Todos estos símbolos funerarios, representan “armas”,  de impacto sobre la opinión pública, así como formas de “enterrar a los muertos“. Asimismo, el “caso Pinochet” le permite a las víctimas de la dictadura realizar una catarsis.

Tuvimos la suerte de haber podido hacer una terapia colectiva con el “caso Pinochet” […] porque todos teníamos a nuestros muertos en los afiches, los muertos, los detenidos-desaparecidos, habíamos puesto un manto sobre nuestras cabezas, y decíamos, bueno esto hay que olvidarlo. Pero era una manera de poder seguir viviendo. Y entonces pasó algo que permitió abrir eso y todos estaban felices! […] Pudimos enterrar de una vez a todos los muertos […] Si no enterraste a tus muertos no puedes vivir, porque si no dejas a tus muertos en el pasado, el presente es inestable y el futuro también. […] Además, cuando viviste la derrota y sientes que no puedes cambiar nada de esto, con todos estos muertos y desaparecidos sobre el lomo, todo el tiempo…esto te apaga, vives con un peso.” Juan, 60 años, exiliado en Francia en 1974.

Las virtudes liberadoras del “caso Pinochet” sobre la memoria reprimida van a actuar también en el seno de las familias y van a trasformar el marco de la transmisión de la memoria.

El caso Pinochet y los hijos de los exiliados

  • Los fantasmas de la memoria

La memoria familiar, marcada por el sello de las terribles experiencias vividas, ha sido transmitida, durante mucho tiempo, de manera velada, a través de sus silencios aceptados y de sus “fantasmas” atormentando a los hijos. Los exiliados chilenos, enfrentados a sus recuerdos en tensión, no le cuentan a sus hijos, con facilidad, lo que les sucedió. El horror parece aún más difícil de verbalizar con ellos. De esta manera, la memoria se transmite generalmente por fragmentos, con sus omisiones, sus mentiras a veces, y  sus momentos de revelación en otros[21].

Los hijos respetan estos silencios y zonas oscuras de la memoria y, en ocasiones, hasta las apoyan, pues no quieren aumentar el dolor de los padres ni enfrentarse ellos mismos al horror. Los silencios, sin embargo, son pesados, dejando a la imaginación y a los fantasmas llenar los vacíos de una memoria que se vuelve, incluso, más terrible e inaccesible a toda obra de apaciguamiento y de elaboración[22].

No obstante, los hijos de los refugiados cuentan con trazos de memoria extra-familiares: se trata de los miembros de la comunidad chilena. Estos “tíos y tías” de la migración. Son personas referentes en la medida en que han recorrido los mismos periplos que sus padres. En Francia, también, existe toda una literatura y filmografía sobre la historia contemporánea de Chile que los hijos suelen consultar. Algunos de ellos elaboran parcialmente imágenes y representaciones de la biografía paterna. Por ultimo, sea cual fuere el grado de transmisión, todos los hijos expresan esta extraña impresión “de haber sabido siempre” sin que fueran necesarias las palabras.

Mas allá de los silencios, de las palabras, la transmisión de la memoria traumática se realiza clandestinamente y pareciera ocurrir (haber?), en los hijos de refugiados, un “hacerse cargo de los conflictos, de los traumas psíquicos que pertenecen a la realidad vivida por los padres”[23]. Escenas de violencia, llenas de tanques de combate, de fusiles y de llamas, en las cuales los padres o ellos son los actores, invaden las pesadillas de los hijos que construyen un teatro imaginario traumático[24]. Así, muchos de ellos se debaten entre estas imágenes de dolor y odio contra los represores chilenos, un odio mezclado con miedo que se amplía a todo organismo militar y de seguridad (sea este chileno, francés o de cualquier nacionalidad).

Algunos hijos desean protegerse del sufrimiento activado por la memoria e intentan distanciarse de ella, declarando que “son sus fantasmas y no los míos“. Gabriela, 22 años, llegó a Francia en 1980 con su madre después de haber sido las dos detenidas en Chile. Pero la memoria y el sufrimiento están presentes y, a veces, son asumidos y reivindicados por los hijos. Su relación con la memoria es entonces ambivalente.

  • De los sentimientos ambivalentes

Los hijos de los refugiados tienen una relación ambivalente con Chile, país de ensueño, cuya imagen se ve alterada por la nostalgia y las narraciones magnificadas de los padres, donde “las naranjas son del tamaño de los melones“: los hijos han elaborado la representación de una tierra originaria, “tierra de los colores del Edén”, un hipotético refugio. Pero este paraíso representa, también, un paisaje de sufrimiento graficado por las imágenes en blanco y negro de los bombardeos sobre la Moneda. Un lugar de injusticia en el que reina la impunidad y la negación oficial, situación que resulta más intolerable para estos jóvenes, que para sus mismos padres, ya que fueron   educados en los cursos de “educación cívica” de la escuela republicana francesa.

Durante los viajes que algunos de ellos realizan a Chile,  toman conciencia de los lazos contradictorios que los unen a este país, donde vive una familia desconocida e idealizada por la distancia, y con la cual las relaciones son generalmente una decepción :

Antes yo me hacia ideas, idealizaba, fantaseaba…allá he visto. [la familia] sigue siendo por mucho tiempo, algo lejano, imaginario, y de repente…ya era casi demasiado tarde cuando yo fui…mis tíos y mi familia son casi unos extraños, aunque los conozca.” Isabel, 28 años, llegó con sus padres a Francia en 1976.

El primer viaje que se realiza, a menudo, durante el verano austral y que corresponde al invierno europeo, es el viaje de la alegría, del descubrimiento. Los siguientes suelen ser los  viajes de la desilusión. Las imágenes elaboradas durante la niñez se encuentran con la realidad de las poblaciones, con una sociedad chilena dividida y, la mayor parte del tiempo, silenciosa sobre su historia contemporánea. 

Esta ambivalencia de sentimientos se relaciona también con la militancia de los padres. Algunos de sus hijos se sienten un poco aplastados por estos héroes míticos que sus padres creen ser. Ellos, que han participado en un gran movimiento social y político, en un momento que caracterizan, como de gran libertad y solidaridad social, que han recorrido y sobrevivido a tantas experiencias difíciles, “luchando por sus ideas”, representan para sus hijos, figuras ejemplares. Las narraciones heroicas de sus padres, así como la imagen positiva del refugiado latinoamericano que tienen las sociedades de acogida en Europa, permiten construir una cierta mistificación de la Unidad Popular y de los acontecimientos del golpe y post-golpe. Estos personajes, modelos a seguir, parecen ser aplastantes: los hijos piensan que jamás conocerán situaciones similares y que nunca podrán “pasar su prueba” como si las experiencias extremas de la generación anterior, obstruyeran  su realización personal.

Sin embargo, los hijos reivindican orgullosamente la herencia ideológica de estos ex-militantes, muchos de los cuales siguen estando activos. Esta transmisión se refiere más a los valores fundamentales de una sensibilidad de izquierda, que a los de ideologías más puras. Todo lo anterior, lleva a los hijos a comprometerse en diferentes luchas; por ejemplo, los sin-papeles, la defensa de la escuela pública, la ecología, entre otras. De hecho, hijos y padres pertenecen a dos generaciones socio-históricas socializadas en épocas y espacios muy distintos, y ambas tienen no sólo una visión política diferente, sino contrastada. Los padres son definidos por sus hijos como “idealistas y utópicos”, y no se reivindican como marxistas revolucionarios. Los hijos, a su vez, son llamados “cartesianos y racionalistas” por sus progenitores. En la trasmisión hay una reinterpretación, y una verdadera apropiación de una herencia política que, al mismo tiempo, es profundamente estructurante[25]. Esta reinterpretación de la memoria de la familia se expresará en las formas y en las significaciones del compromiso de los jóvenes durante la movilización contra Pinochet.

De este modo, durante el “caso Pinochet”, los hijos van a descubrir, a veces, a través de la prensa o de la televisión, los testimonios de sus padres. Así, muchas discusiones surgidas en las familias, a raíz del evento, despiertan su interés por esta historia: ya no dudan en interrogar a los padres y en consultar los múltiples documentos escritos y audiovisuales que abundan en los medios, para llenar los espacios vacíos de la memoria. Durante las manifestaciones, los hijos aprenden también a “conocer y reconocer” a sus progenitores en los rostros de los manifestantes, cuyas expresiones les parecían, hasta ese momento, exclusivamente paternas.

De hecho, los hijos de refugiados se unen a las manifestaciones organizadas por las redes comunitarias. Para sus padres, la participación masiva en ellas, representa “un maravilloso regalo”. Esos padres, desde muchos años, temían que uno de los corolarios coercitivos del exilio significara que sus hijos se convirtieran en “francesitos que han olvidado y que no se interesan por Chile”. Al tomar conciencia que, pese a los silencios, se han transmitido sentimientos de pertenencia y un fuerte nexo con su historia. En un principio, la presencia de estos “cabros”[26] era más bien una manera de apoyar solidariamente a sus padres, considerados entonces los verdaderos actores del asunto; pero se produce una transformación, gracias a un núcleo de hijos de refugiados entre 15 y  40 personas que, durante todo el conflicto al no poder siempre entenderse con “sus mayores”, se organizan  convirtiéndose en una fuerza autónoma de potenciación del movimiento. Rechazando así el “entre-soi” protector de sus padres, hartos de las incesantes discordias que, según ellos, debilitaban la movilización y no pudiendo concebir, en Paris, al final del siglo XX, la presencia de esas reliquias de la Unidad Popular (“tienen 25 años y 40.000 kilómetros de atraso” !), los hijos de refugiados intentan ampliar la movilización a la sociedad en la que viven. Estos franco-chilenos desarrollan, de esta manera, una lucha más ejemplar que la de los “viejos”, es decir, extraterritorial, creando una asociación[27] junto a  jóvenes de otras nacionalidades. Dirigen sus acciones de protesta, reflexión e información a la población francesa, en sus universidades, colegios, lugares de trabajo, etc. Su solidaridad concreta con otros movimientos, tales como los sin-papeles, confirma el carácter ejemplar de su lucha. Sin embargo, los jóvenes no dejan de construir,  también, un espacio de “entre-soi” en el que las trayectorias, los cuestionamientos de identidad, los vacíos de la memoria individual  encuentran, por fin, un eco colectivo. Además, desarrollan un proyecto de investigación histórica sobre la represión militar chilena, iniciativas socio-culturales (conciertos, fiestas, presentaciones de documentales, apadrinamiento de un hogar de menores en Chile, y otros.), redefiniendo prácticas y valores portadoras de identidad.

De tal manera, el idioma que usan, el “frañol” (una mezcla de francés y de castellano), es tanto un marcador de identidad, así como la huella de una acción transformadora de la doble herencia cultural. De hecho, el idioma está impregnado de la relación que los hijos de exiliados tejen con la historia paterna y la tierra originaria. “El individuo que habla es “actuado por las palabras” (Jean-Paul Sartre) que enuncia, en el sentido que con las palabras establece relaciones con las cosas, los eventos y las situaciones.”[28] Y el lenguaje reinventado que usan los hijos de refugiados, pasando con facilidad de una lengua a la otra, creando nuevas palabras (afrancesadas o chilenizadas), nuevas expresiones, los distingue de los dos grupos de referencia: ni franceses ni chilenos,  proclamándose herederos de una doble cultura.

Sin embargo, todos ellos afirman que el “caso Pinochet” les permitió “reanudar la identidad chilena“, las manifestaciones, fiestas y reuniones en  las cuales participan. Son un espacio de recreación de una atmósfera socio-cultural propia del exilio chileno. El español que se habla, la música latina que se escucha, la salsa que se baila y el vino que se toma, el olor del pan amasado que se disfruta, son, efectivamente, varios de los soportes de la identidad. “Me sentí chilena ante todo, no me sentía francesa pa’nada“, dice Valeria, 21 años, hija de exiliados, llegados a Francia en 1974, quien evoca, al mismo tiempo, su “desgarradora doble identidad“:

En Chile soy francesa, pero en Francia soy chilena. […] Está claro, tengo una cultura francesa, pero no puedo ser francesa. No puedo ser chilena tampoco, pero me siento más chilena que francesa.” 

  • De las estrategias de identidad (identitarias) a la apropiación

La identidad, como la memoria, es un concepto dinámico, y la cuestión revela menos de la noción de herencia que de la noción de uso. Los hijos de refugiados elaboran  verdaderas estrategias de identidad[29], “bricolando” las dos culturas y los sentimientos ambivalentes que tienen hacia la historia paterna.

Así, si algunos jóvenes se identifican con sus padres y con la generación del exilio, se autodenominan “exiliados” aunque hayan nacido en Francia, otros, se vinculan más con el   espacio nacional y deciden, por ejemplo, “volver” a Chile aunque sus padres se queden en Francia. Finalmente, son varios los que afirman y resaltan una identidad que califican como chilena, aunque nunca hayan pisado Chile. Hay que precisar que la figura del exiliado, sobre valorizado, brilla sobre los jóvenes: hijos de héroes, hijos de un mundo exótico realzado por la moda latina en Europa, por los estereotipos de la “picante salsera” y del “latin-lover”. Esta etiqueta de identidad les aporta beneficios secundarios. Alfonso, 21 años, hijo de exiliados chilenos llegados a Francia en 1976, vive en una localidad de la periferia parisina y es constantemente sometido a controles de identidad por la policía, a raíz de su “look de joven de banlieue”, sospechoso de ser “árabe o chino”. Alfonso revierte esta estigmatización[30], auto- proclamándose chileno y apoyando esta identidad con prácticas lingüísticas, festivas y deportivas para que ésta sea significativa tanto para él como para los demás.

Otros jóvenes le confieren a esta situación socio-cultural mixta, un carácter positivo: se dicen dotados de una cultura francesa, pública, que   requiere de la razón, de la ciencia y de los valores democráticos, pero también de una herencia chilena. Este último pertenece a la esfera familiar y se inclinaría mas bien hacia los sentimientos, los sentidos y las relaciones humanas percibidas como ricas y cálidas: estos jóvenes estarían constituidos por “lo mejor del espíritu francés y de la naturaleza chilena“. Estas dos herencias adquiridas, complementarias, se mezclan entonces, y algunos de los hijos de la migración evitan todo conflicto de identidad,  declarando ser, simplemente, “ciudadanos del mundo“.

El “caso Pinochet” revaloriza la figura del exiliado chileno. Durante el caso, los hijos se sienten y se definen chilenos, aunque al interior del grupo comunitario se diferencien de sus mayores: renegociada, la identidad problemática es, entonces, resuelta en el grupo de pares. Juntos, los hijos de refugiados se sienten y se definen como hijos del exilio, como el “fruto de todo eso“, pequeños chileno-franceses o franco-chilenos, nacidos de lo político, a caballo de la migración.

De esta forma,  toman sentido las historias familiares que los han conformado en lo que son hoy día. La memoria, despersonalizada, puede inscribirse en un movimiento colectivo de redefinición de los sentimientos de pertenencia y de los lazos que con ella existen, volviéndose historia, una historia en la que ellos tienen el sentimiento de participar. Su fuerte compromiso en la movilización es una afirmación de esto, una reafirmación, vista por los padres y por el entorno como una afiliación voluntaria a esta historia y de la que se apropian según sus dobles referentes socio-culturales. 

A lo largo del “caso Pinochet”, el teatro imaginario se vuelve real. La transmisión efectiva de la memoria familiar que entra en juego y la acción colectiva permiten que los hijos habiten este teatro. Actores a cien por ciento de la movilización y progresivamente reconocidos y respetados por sus mayores, los hijos “crecen” y retoman la bandera de la militancia familiar, viviendo a su turno, un formidable movimiento social. Es justamente la apropiación de la memoria colectiva y familiar lo que puede constituir al sujeto, un sujeto libre, actuando sobre el presente[31] y no invadido o aplastado por su pasado ni por su herencia.

Así, como las imágenes de un calidoscopio se hacen y deshacen indefinidamente, dibujando nuevas formas y figuras, conservando siempre los mismos materiales, podemos representarnos el objeto memoria. Fluida, en constante cambio pese a su carga traumática, la memoria del exilio chileno evoluciona en el tiempo, marcada por los distintos acontecimientos que tiene lugar tanto en la comunidad como en las familias y en los corazones, unida por los lazos comunitarios, también cambiantes. De esta manera, el “caso Pinochet” ha venido a efectuar un giro de 180 grados sobre la situación del “entre-deux” vivida por los refugiados chilenos en su fase de post-exilio, y a cuestionar profundamente las relaciones atormentadas que estos mantenían con la memoria colectiva y familiar del exilio y de la violencia. El “caso Pinochet” actúa en esto como una crisis reveladora, disparadora y cristalizadora[32], revelando hasta que punto la memoria es un proceso dinámico en constante movimiento de composición, descomposición y recomposición. z 


[1] Expresión  que se relaciona con el « affaire Dreyfus » (que pasó en Francia al principio del siglo XX), es decir como un evento tanto jurídico, que mediático, que social, que político y que dividió la sociedad chilena como lo hizo l’affaire Dreyfus con la francesa…

[2] En este período, fueron realizadas dos investigaciones acerca de la construcción social de la memoria y de su transmisión en el seno familiar. Las personas entrevistadas pertenecen a 20 familias de refugiados en París y las ubico socialmente en la clase media, por su capital cultural, económico y social. Estas personas, que eran mayoritariamente estudiantes universitarios y militantes de la izquierda revolucionaria chilena, dejaron su país en la década del 70. Los integrantes de las parejas, de origen chileno, fueron entrevistadas individualmente, así como sus hijos que en ese momento tenían entre 17 y 30 años y que cursaban sus estudios superiores o ejercían un trabajo en puestos de responsabilidad.

[3] Fanny Jedlicki, Mémoires d’exil : quels héritages ? Trajectoires familiales de réfugiés chiliens, de l’Unité Populaire à l’affaire Pinochet, tesis de “maîtrise” de Etnologia, Universidad Paris V-la Sorbonne, 1999 ; Les mosaïques de la mémoire. Mémoires et violences de l’exil chilien. Tesis de DEA (pre-doctorado) de Sociologia, Universidad Paris VII-URMIS, 2000.

[4] Marie-Claire Lavabre, Le fil rouge. Sociologie de la mémoire communiste. Presse de la FNSP, Paris, 1994.

[5] Maurice Halbwachs, Les cadres sociaux de la mémoire, Albin Michel, Paris (primera edición 1925), 1994, p. 329.

[6] Concepto desarrollado por Levi-Strauss y Roger Bastide que aluden a la acción, intelectual y simbólica, de los actores sociales, para articular los distintos elementos (por ejemplo, de dos culturas). El término francés “bricolage” tiene una buena traducción en la metáfora del patchwork.

[7] Al final de la dictadura, se cuentan aproximadamente 4 000 asesinatos políticos, cerca de 2 000 detenidos-desaparecidos y entre 300 000 y 400 000 detenciones y casos de tortura.

[8] Antonia Garcia Castro, La mémoire des survivants et la révolte des ombres. Présences du phénomène de disparition dans la société chilienne (1973-1995),tesis de “maîtrise” IEP-Paris, 1995.

[9] Este sentimiento es uno de los objetivos de la represión : el sistema de la tortura necesita sobrevivientes, que puedan atestiguar el horror frente a los miembros de la sociedad, para que ellos adivinen, sin realmente saberlo, qué le pasa a los opositores. Es uno de los medios con los que se construye un verdadero Estado de terror.

[10] Ana Vásquez ; Ana-Maria Araujo, Exils latino-americains : la malédiction d’Ulysse, CIEMI-L’Harmattan, 1988.

[11] Jorge Semprún ; Elie Wiesel, Se taire est impossible, Ed. Mille et Une Nuits, 1995, p. 17.

[12] Pese a la dificultad de contabilizar el número exacto de exiliados se estima que, entre 1973 y 1989, unos  500.000 a un millón de chilenos, aproximadamente, han abandonado voluntariamente su país. Según la embajada de Chile en Paris, entre 10. 000 y 15. 000 chilenos habrían residido en Francia en este período. Estos refugiados provienen, en su mayoría, de la clase media chilena, con un alto nivel de educación. Sin embargo, pese a la heterogeneidad social existente en esta comunidad, de acuerdo a los datos conocidos por esta embajada, entre el 30 y el 40% de esta población habría vuelto a Chile.

* Citar a primo Levi

[13] La orden de detención internacional librada por el juez Garzón habla en términos de “crímenes de lesa humanidad”; estas palabras, si bien son abandonadas por los jueces, son ampliamente retomadas por los medios de comunicación masiva durante todo el caso.

[14] Evidentemente no es mi intención juzgar la (re)construcción de la democracia chilena, que puede ser comprendida históricamente. Seguramente Francia tiene una historia diferente y ahora es justamente desde este país, en el que los refugiados han cambiado y adquirido, durante el exilio, otros códigos de análisis y otras expectativas (sociales, económicas, culturales y políticas), que éstos evalúan la situación chilena.   

[15] Roger Bastide, “Mémoire collective et sociologie du bricolage”, L’Année sociologique, vol. 21, 1970.

[16] Paul Ricoeur, Evènement et sens, en L’Espace et le temps. Actes du XXIIeme Congrès de l’Association des sociétés de philosophies de langue française(Dijon, 29-31 août 1988), Vrin, 1990, p.19. 

[17] Un grupo de exiliados chilenos participa en las elecciones presidenciales chilenas de 1999, pensando contar con el apoyo de la población (este apoyo se demostraría prácticamente inexistente). Gracias al rol que habían jugado durante el “caso Pinochet”. Hasta continúan soñando con una sociedad chilena inspirada en la Unidad Popular.

[18] De hecho, frente a la ausencia de una Historia científica, oficial y reconocida como tal, es el mito, con acentos siempre legendarios, que toma su lugar. 

[19] Las identidades etnicas, de hecho, se construyen siempre en la interacción : Fredrik Barth, “Les groupes ethniques et leurs frontières” (trad. al francés, 1ª edición en ingles 1969), en Poutignat Ph. Y Streiff-Fenart J., Théories de l’ethnicité, Paris, 1995, pp.203-249.

[20] Véronique Nahoum-Grappe, “L’usage politique de la cruauté : l’épuration ethnique (ex-Yougoslavie, 1991-1995)”, pp. 275-323, en Françoise Héritier (dir.),De la violence, Odile Jacob, Paris, 1996, p.282.

[21] Esto no es una ley general; durante la investigación he encontrado casos extremos, en los que pudo haber un casi total ocultamiento de la historia paterna o, al contrario, una intensa participación de los hijos en la historia de sus padres.

[22] Vincent de Gaulejac, L’histoire en héritage. Roman familial et trajectoire sociale, Desclée de Brouwer, 1999.

[23] Martine Ulriksen-Vignar, “La transmission de l’horreur » en Jeanine Puget (dir.), Violence d’état et psychanalyse, Bordas, Paris, 1989, p. 124.

[24] Las experiencias traumáticas son reales en los hijos de los sobrevivientes, a pesar de que no hayan vivido realmente las causas de dicho traumatismo en Nathalie Zadje, Souffle sur tous ces morts et qu’ils vivent ! La transmission du traumatisme chez les enfants de survivants de l’extermination nazie, Ed. La Pensée Sauvage, 1993, pp. 87-88.

[25] Anne Muxel-Douaire, “Chronique familiale de deux héritages politiques et religieux”, en Cahiers internationaux de sociologie, vol. 82, PUF, 1986.

[26] “Cabros y viejos” son las denominaciones con las que las dos principales generaciones que han protagonizado esta lucha, se llamaban una a otra.

[27] L’A MICRO, el nombre de la asociación, hace referencia a lo micro como a algo chico, en contraste con los adultos ; hace referencia también al MICRO-fono como símbolo de la palabra tomada públicamente por este grupo y a las micros de Santiago, lo que le confiere, por un lado, un carácter mas chileno en relación a los dos primeros términos existentes en francés y significando lo mismo, y por otro simbolizando la “subida al camino del compromiso”.

[28] Augustin Barbara, Les couples mixtes, Bayard, 1993, p.207.

[29] Camille Camilleri ; Joseph Kastersztein el all.Stratégies identitaires, PUF, Paris, 1997.

[30] Isabel Taboada-Leonetti, “Stratégies identitaires et minorités : le point de vue du sociologue”, en C ; Camilleri et all., idem, pp.68-69. Hay que decir que los jóvenes franceses de origen magrebi que habitan los barrios populares de Francia son victimas de un fuerte racismo institucional y social, siendo identificados como delincuentes.

[31] Jacques Hassoun, Les contrebandiers de la mémoire, Syros, Paris, 1994.

[32] Edgar Morin, “Principes d’une sociologie du présent”, en La rumeur d’Orléans, Seuil, 1969.

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