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CONVERSATORIOS

LAS IDEAS,  LAS PERSPECTIVAS Y LOS ENFOQUES QUE APLICAMOS A NUESTRO TRABAJO, SE NUTREN DEL INTERCAMBIO CON DISTINTAS PERSONAS DE NUESTRO ENTORNO VIRTUAL Y CON QUIENES HABITAN NUESTRO HÁBITAT COTIDIANO. 
Apuntes “popurrí” entorno la epistemología, medios y cultura contemporánea. Pensando desde Internet, masculinidades y subjetividades.

Autor: Devanir da Silva Concha (U. de Chile)

Antropólogo Social freelance y docente universitario

d.dasilva75@gmail.com

Resumen

Voy a partir de una coyuntura individual pero que expresa, creo, una coyuntura mayor de la cual soy síntoma.

Primero, la precariedad laboral que, en conjunto con la noción de masculinidad, conlleva a pensar temas como la (no) proveeduría, al no poder cumplirla, genera efectos en otros/as.

Segundo, desde la persistencia de un modo de pensar desde la academia que no lleva a cuestionar los parámetros de esa cientificidad sobrevalorada y menospreciar las humanidades para entender el quehacer del mismo ser humano, y en el contexto histórico (contemporaneidad) que tales eventos ocurren.

En definitiva, me incluiré como sujeto dentro de la reflexión en torno a las temáticas propuestas, y no externalizaré el pensar sobre una realidad concreta como suele hacerse en los escritos académicos.

Desde el escritorio, con el pie en el coche – meciendo a mi hijo – y las manos en el teclado, me propongo reflexionar sobre una dimensión paradojal, en varios sentidos. El hecho de ser varón heterosexual, en temas de género desde el inicio de mi carrera precaria Internet devino en un espacio cotidiano y un modo de vinculación al mundo. Este panorama condujo a pensarme en varios frentes, en función, por un lado, de mantenerme activo en torno el ejercicio de la disciplina a pesar de la precariedad laboral, y en tanto sujeto de género, como padre, hijo y pareja. Todo esto en un contexto – que no es novedad por cierto – en disputa sobre desde donde se produce el conocimiento.

Ser varón heterosexual, padre, precariedad laboral, situado mucho tiempo frente al computador genera, por lo menos en mí, cierta preocupación en torno cómo y la visibilidad de la producción de conocimiento y la confección de nuevos nudos epistemológicos, específicamente  en torno a las tres temáticas que están expresadas en el título de este texto.

Hoy en la actualidad académica, ni menos en los debates en los medios, no se hace la pregunta: ¿Desde dónde se produce el conocimiento? ¿Desde la periferia o desde los centros hegemónicos? Y frente a la cual se elaborará, desde mi lugar, una respuesta no convencional. Se buscará, en esto, comprender la relación entre la construcción de la Otredad, dentro de la antropología, y desde los estudios de masculinidad/es y su potencial relación con la virtualidad, cada vez más presente en las relaciones sociales y subjetividades de la contemporaneidad.

En este texto queremos permitirnos cruzar ejes de debates como son los estudios de masculinidades con la virtualidad e Internet y, además, relacionarlo con el debate epistemológico para abrir reflexión de cómo se hace disciplina – antropológica por cierto – en un contexto como Chile – que apunta a cuestionar el funcionamiento y pensamiento de un espacio ya legitimado e institucionalizado.

El status quo académico implementa elementos que no permiten validar nuevas preguntas ni visibilizar “nuevos” nudos (virtualidad y/o internet) en función de cómo el fenómeno y el concepto de cultura se aleja de los parámetros validados de la antropología de hoy. Este hecho marca un inicio de otro ciclo de la vida disciplinaria en función de pensar el lugar desde donde se conoce el mundo.

Es más, hoy en Chile no se reconoce, creo, que “la antropología misma, lejos de ser un paradigma tradicional, también se encuentra en plena metamorfosis y en medio de una transformación metodológica y textual” (Jameson, F 2016). De cierta manera, la institucionalización es también el no reconocimiento explícito  – y omisión – de mirar ciertos procesos culturales vitales para comprender la contemporaneidad. Trataremos entonces en este texto de ir viendo cómo y porqué debiera darse la conjugación entre masculinidades, virtualidad y subjetividad para, finalmente, plantear la necesidad de abrir una línea de investigación o generar un nudo de debate, si se quiere, para pensar desde la antropología más allá del Otro exotizado, del noble salvaje.

Entrando en materia

Ciertamente, hay en el campo de las humanidades – y mal llamadas “ciencias” sociales – una tendencia a, desde la corriente contra-hegemónica, validar el conocimiento desde la periferia y del sujeto subalterno como lugar conocimiento legítimo per sey lo cual no se cuestiona aquí pero que también omite otra necesidad- no menos importante, creo-, y que es estudiar al opresor, burgués o hegemonía.

Esta se omite porque ya estaría, equivocadamente, configurado ese objeto de estudio. Se dice, mediante parte de la literatura académica, que “ya sabemos en qué consiste (el enemigo) por tanto no es necesario abordarlo”, y esto ocurre tanto en la perspectiva de género como en el debate del concepto de clase. Las corrientes– y posturas disciplinarias – que ha planteado estudiar el oprimido son varias (desde los 70 en adelante) y todas tienen en común algunos elementos, entre los cuales se encuentra: la ciencia no es neutra (masculina) y que es necesario visibilizar el sujeto negado, abyecto y/o subalterno (afro, mujer, etc.)

El debate de las subalternidades tiende a continuar con tal premisa, que tampoco está equivocada, pero que omite estudiar al hegemónico/opresor (¿a?) La producción de la subalternidad se constituye, con el tiempo, también en hegemónico; estudiar la subalternidad es mirar la consecuencia de la hegemonía pero no necesariamente, y de ahí el “error”,la producción (quienes, cómo y dónde) de esa subalternidad. Se hace necesario estudiar al opresor/hegemónico para revelar sus contradicciones internas y llevarlo a una implosión ulterior, lo cual no solo tiene que ver con lo ontológico de lo hegemónico sino la visibilidad de la misma.

La llamada antropología crítica, como tantos otras movidas epistémicas de los 60 y 70, del siglo pasado, siguen la premisa de salirse de la colonialidad, material y mental, que seguía presente, invisibilizada, en el quehacer de la antropología. “La práctica antropológica emerge como una relación de conocimiento entre el mundo Occidental y no-Occidental, donde el primero estudiaba al segundo como objeto de conocimiento (‘el Otro´)”, pero hoy ese Otro ya dejó de ser tal y el conocimiento también tiene fuerte énfasis en no solo en el no-occidental sino el mundo desde donde proviene el occidental.

Y en ese mundo el Internet es un objeto cultural que estará, creo, plenamente justificado de convertirse en objeto de estudio por argumentos que trataremos de ir exponiendo en esta reflexión.

Estamos no solo hablando de cambios del “allá-afuera” sino también del “aquí-adentro” (Scholte citado por Wright en Experiencia, intersubjetividad, y existencia. Hacia una teoría-práctica de la etnografía. Pablo G. Wright) y la pregunta por el “aquí-adentro” es particularmente molesta y develadora porque apunta pensar el modo de producción de conocimiento desde la antropología.

Primero que nada estamos situados en un escenario en donde estamos mirando es una sociedad de consumo, de subjetividades, de políticas identitarias específicas– movimientos sociales incluidos- que posee una memoria corta, impulsada por la (sobre) presencia de los medios de comunicación masiva (Augé, Canclinietc).

Como sabemos muy bien el consumo no solo es de elementos tangibles sino también de elementos simbólicos, consumimos identidad y pertenencia y hacemos actos performativos de ello, incluyendo en el dominio de lo académico. Se consume pertenencia, por via de Internet, a una clase y a una comunidad determinada mediante ciertos actos validantes de tal pertenencia. Y la conformación de comunidades de un modo (válido) pensar epistemológico es justamente eso.

Se establecen ghettos académicos en donde si no piensas como las vacas sagradas, y/o cualquier otra ramificación de sus argumentos “científicos”, resulta que eres vedado del ingreso a esos espacios, mediante herramientas públicas y transparentes. No se dice pero se sabe. Entonces, ¿cómo hacer academia desde ese diálogo verdaderamente – valga la redundancia – dialogante si los que están validados excluyen a los no validados?

Entonces, un primer punto aquí es señalar que en la actual discursividad académica se han configurado dos posturas, hegemónico y contra-hegemónico, que resultan ser producto de una interrelación epistémica y que no permite visualizar una salida, real y escritural. La postura hegemónica anula su propio sesgo, declarándose universal, mientras que la mirada contra-hegemónica produce (o habla desde) un idealismo, crea el sujeto subalterno en función del sujeto enemigo: el burgués, empresario, etc. Esto abre la pregunta central aquí:¿Podemos pensar una identidad cultural particular (sea nuestro objeto de estudio – masculinidad/es – o nosotros mismos como antropólogos/as) sin configurar un enemigo – un Goliat – en el proceso? 

¿El estructuralismo tenía razón cuando decía que las relaciones sociales, y simbólicas, no pueden sino estar configuradas desde el binarismo? Este binarismo es necesario, al parecer, para gestar una acción social – pero sola como reacción -, y que debería estar en función de la comprensión del escenario social y sus agentes, o sea de la realidad social circundante y no su propia validación endógena/teórica.

Este texto tiene cuatro partes/capítulos que se interrelacionan de manera dialéctica en función de la pregunta central mencionada anteriormente. Primero, abordaremos las masculinidades como campo de estudio, como ámbito de trabajo y como espacio vivencial.  Segundo, cómo esto se puede pensar desde la noción de la construcción de una Otredad alternativa. Tercero, ¿podemos apropiarnos, l@santropolog@s, de un medio para acceder a relatos e interacciones dado que la tradición epistemológica, y el peso disciplinario, está en otro lugar?

Porque, y de ahí el cuarto punto, la virtualidad es un espacio en donde encontramos las subjetividades y el campo de producción del modo de ver la realidad social, e incidir en cómo se piensa una realidad off-line constituye no sólo una tarea académica sino también como una tarea política de apelar a la cultura.

Masculinidades

Más que describir o explicar el campo de los estudios de masculinidades aquí nos interesa señalar que estos mantienen la mirada externalizada[1] de las disciplinas sociales  – por lo menos fecha del cambio de siglo/milenio – y con pretensiones científicas, como todo campo académico con un “Otro”externalizado y no desde su complejidad. Este no pretende desmerecer ni menoscabar a lo realizado sino solamente hacer una apreciación y diagnóstico sobre lo obrado/realizado hasta el cambio de siglo/milenio que comienza a generar –en ciertos hitos de la política internacional – una nueva entrada al tema de género y masculinidades.Además, hoy, con esto es posible pensar a los varones, en tanto colectivo, para reconfigurar y visibilizar la noción de masculinidad, desde ese lugar hegemónico,como esa noción falsa de una “neutralidad”. Y ese trabajo debería partir desde el paradigma de la semejanza más que desde el paradigma de la diferencia. Y este último punto, epistemológico, lo iremos abordando a medida que vayamos avanzando.

La actualidad epistemológica – desde el postestructuralismo, estudios culturales y el llamado pensamiento crítico en adelante –se piensa la identidad, cultura y sociedad (aparte de que sea pensado en negativo) desde la noción de la diferencia como mecanismo central de la constitución de un Yo, social o individual. Se ha sobrevalorado esa noción, en tanto forma pero no contenido, del mecanismo identitario en desmedro de una parte que no tiene un rol menor en ese proceso de constitución: la semejanza.

¿Estamos, los académicos/as y no académicos, condicionados para estar pensando la identidad solo desde la diferencia sin tomar en consideración de cómo funciona la semejanza como mecanismo de la identidad?

Suele, la semejanza, ser visto y comprendido como un mecanismo de anulación del sujeto y de la individualidad y de lo cual resulta una convergencia entre el individualismo liberal y la noción de individuo desde la perspectiva post-estructuralista o lacaniana. Estas dos posturas, junto con estudios culturales, mantienen una mirada sobre el sujeto cultural desde el paradigma de la diferencia (desde la negatividad) como eje. La apuesta, desde mi perspectiva de los estudios de masculinidades – pero no reducido a este campo – es poner el énfasis sobre el mecanismo de la semejanza y preguntarse sobre cómo se constituye la identidad masculina desde ese punto. En este contexto pensar no solo en los sujetos masculinos o bio-hombres, sino quienes quieren ser hombres[2]. Lxs transexuales sxn una posibilidad para (re)pensar/vivir/sentir la masculinidad/es.

La noción de qué debemos mirar podría ser resumida en el NosOtros, en la cual podemos apreciar tanto la noción de alutinadora (Nosotros) como la noción de contraste con los nosOtros(en negrita). Lo escribo juntos no solo por un juego visual o escritural sino también para que el lector/a pueda apreciar la relación que debe estar en debate permanente entre el Yo-Otro, y que resulta mucho más fructífero plantear una línea de debate en función de la semejanza (Nosotros) más que identificar la diferencia como modo – exclusivo – de vinculación con el Otrx. Esto se no se plantea en la actualidad de los estudios de género y activismo sino es que de manera muy tímida en el mejor de los casos.

Se escribe muchos sobre la puerta (la crisis de la masculinidad) pero lo que me interesa para abrir una ventana a otro campo: masculinidad/es, virtualidad y epistemología. Hay una moda de ser crítica a algo pero se focaliza en el hecho de serlo pero no sobre qué temática ni el nudo puesto en escena. Es una regla – en el campo (pseudo)académico – implícita que debemos ser críticos per se. Entonces, plantear el uso del concepto o noción de la semejanza sería – según cierta mirada – como agraciarse y afiliarse a una postura conservadora. Nada puede estar más lejos de lo que quiero hacer o decir.

Porque plantea pensar la noción de la semejanza desde dos entradas. Primero, los varones – sujetos masculinos o bio-hombres – nos construimos en relación a una imagen social de lo masculino, por lo cual es un punto de partida distinto a las mujeres o lo femenino, y en función de ese contenido (no estructura) de “ser masculino”. Debemos hacer un ejercicio de distinción desde la vivencia de la semejanza con esa imagen masculina, y no partimos desde el contraste con un cuerpo sino en semejanza de este. Y, segundo, desde donde construimos a otro sujeto masculino (por ejemplo en la paternidad) y dependemos de las figuras masculinas disponibles, subjetiva y socialmente, para constituir esa identidad desde la condición intra-genérica. Este planea una posición de partida muy distinta al feminismo(s)[3].

En términos de masculinidades podemos ver que no solo, como plantea RW Connell, las masculinidades locales pueden servir como alternativas tácticas para enfrentar las hegemonías sino también las que se despliegan en los espacios validados pueden servir como apuntalar nuevos procesos de re-significación no sólo de las mismas masculinidades sino cómo miramos los investigadores/as diferentes instancias sociales.

Las masculinidades, siguiendo en el planteamiento de RW Connell, se influencian recíprocamente. Eso mismo lo podemos apreciar en mi artículo inédito “Nadie se mete con mis pirgüines” * donde más que plantear que hay un nuevo – mágicamente – discurso igualitario en los varones es que los varones debaten intra genéricamente sobre aspectos de su vivencia y se interpelan (a favor del uso del anticonceptivo masculino hormonal) entre ellos.

Entonces, ¿Cómo aproximarnos a las masculinidades? ¿Desde un afuera del mismo? No, desde los propios sentidos del mismo y acciones internas del determinado colectivo – en este caso los hombres- y también por medios novedosos como Internet. Y actuando – como antropolog@s – desde un extrañamiento de lo familiar para poder visualizar la naturalización de los elementos que son “propios” de una grupalidad humana como son los “hombres”.

 

La Otredad: ¿desde dónde hablamos?

Hay varios ejercicios conceptuales – en el campo de las ciencias sociales y humanas – para  idealizar el Otro, sea este el indígena u otro, con la racionalidad cartesiana pero que solo sirve – aparentemente – para señalar, de un modo u otro, la validez de la propia argumentación. Somos todos – académicos y sujetos sociales- responsables de cómo “dibujamos” al otro en nuestras configuraciones del mundo en que vivimos porque la alteridad está en quién ve y no destinatario de esa mirada. Y eso tiene que ver con que permite visibilizar y solicitar al lector – al tercer ausente[4] – la validez de la propia visión.

El anclaje desde lo “científico”, o también lo ético-político, es una de estas modalidades discursivas que evita meterse en el mar de las subjetividades de Internet porque diluye cualquier intento de anclar la propia explicación como un punto fijo para mover el mundo[5].  Más que nunca, en una era de licuefacción, una comunidad específica (académica en este caso) se ancla en un punto arquimédico (lo científico o lo ético-político) que permite(ante un tercero) una acción justificada en/ante el mundo[6]. Y esto ocurre tanto para a la disciplina académica como para el sujeto cultural, con su anclaje desde, por ejemplo, una religión o de mecanismos parecidos a lo religioso.Hay paradigmas que legitiman un modo de ver el mundo y estas operan como puertas de entradas a ciertas comunidades epistémicas.

Desde esa configuración, me hago la pregunta: ¿se podrá edificar  una Otredad de una manera socialmente certera, con la vigencia de la pretensión cientificista, aun con toda la herencia epistémica de Feyerabend y la crítica post-estructuralista? Dado que creo que la respuesta es no, queda como pregunta consiguiente entonces: ¿Cómo pensamos entonces la Otredad o, más bien, como me gusta señalar, el NosOtros?

En la disciplina antropológica, tradicionalmente, la configuración del Otro – mediante la descripción, colonial por cierto, del Otro-, se hace basándose en la premisa de hacer familiar lo extraño. Desde Malinowski en adelante, pasando por Benedict Levi-Strauss[7], Mary Douglas y otr@s, se basa en esa premisa. Sin embargo, desde el interpretativismo y postmodernismo en la antropología se abre la posibilidad, en sus distintas versiones, pensar y enunciar el Otro desde el extrañamiento de lo familiar.Esto dado que el sujeto investigado ya no es solamente el extraño (a la cultura occidental) ni el salvaje sino el vecino o incluso el mismo antropólogo.Tal como lo plantea Gustavo Lins Da Matta[8], en Constructores de Otredad, este mismo proceso es propuesto como una nueva forma de enfrentar la construcción del Otro.

La ventana de Internet y la virtualidad permite una acercarnos a una cotidianidad discursiva y comportamental de los sujetos en la red. Víctor Turner y la propuesta de la antropología (experiencia y reflexividad) apunta a la propia experiencia dislocada, para desde ese lugar generar conocimiento igual que Walter Benjamin hace mediante la noción de choque.

Para entender la estructura de algo es necesario hacer un desvío. Parece simple pero no necesariamente esto significa lo mismo para tod@s. Depende de qué definimos, epocalmente hablando, como estructura,e incluso dentro de una misma época, dependemos de cómo diferentes personas definen la noción estructura, elemento que – a su vez – condiciona la vivencia concreta de las personas. Esa tarea no resulta simple ni directa en establecer pero es lo que nos estaríamos proponiendo para colectivizar un nuevo hacer que, paradojalmente, ya está en curso.

El mirar el fenómeno social siempre es posterior a su emergencia real y concreta. Y la propuesta de mirar de esta manera se enmarca dentro de un contexto de cambio paradigmático en las ciencias sociales, y antropología en particular. Ciertamente, estamos conscientes de que nos encontramos en el proceso que Kuhn plantea como la revolución científica (que sería sintomático de la época) y los procesos cambios de paradigmas epistemológicos que eso conlleva.

Uno de los aspectos de este cambio de paradigma epistemológicos podríamos señalar lo siguiente. Se ha investigado la subalternidad, producto de una preferencia desde el postestructuralismo y estudios culturales, y ha dejado un vacío al no investigar al empresariado, sin disfraces ni ropa de oveja, o también al hombre llamado “machista”, todos sujetos del centro hegemónico y no de la periferia. Operamos – dentro de la antropología u otra disciplina similar-  en la elección de nuestro objeto de estudio, con las etiquetas sociales y con lo políticamente correcto pero que no apunta a necesariamente mirar al centro (cultural, económico, etc.) que produce sujetos marginales. Aquí una interpelación a la praxis epistemológica que tiene que ver con configuración del objeto de estudio legítimo pero que deja fuera del debate lo importante: el sujeto productor – el hegemónico – de Otredades marginales. Es éticamente necesario hablar del subalterno – o del sin voz – pero también es políticamente necesario hablar de quienes están produciendo tal marginalidad.

Rosana Guber plantea y argumenta a favor del trabajo de campo clásico en antropología y mantiene la hipótesis de la experiencia próxima como modo de hacer inteligible la realidad social. Sin embargo, la apuesta aquí es proponer pensar el trabajo de terreno – en lo virtual –  como des-estructurante, tanto como experiencia personal como disciplina profesional,pensar y vivenciar el trabajo de terreno de manera alternativa y comenzar a imaginarse una nueva forma a que concurren la interacción y ocurren las dinámicas sociales online.

Hay resistencia a considerar esta línea de trabajo (lo virtual) como válida en la antropología, y especialmente en Chile. Lo más cercano a esto sería la línea de la antropología visual, en la Academia Humanismo Cristiano, que ha logrado prestigio pero siempre enmarcado dentro del trabajo tradicional (desde interpretativismo y trabajo de terreno clásico) en la actualidad. Y es la intención trastocar ese sentido metodológico implícito, que Reynoso plantea, en su introducción del libro “El surgimiento de la postmodernidad en la antropología”,con la “etnografía experimental” como uno de los campos centrales en donde se está cuestionando ciertos elementos clásicos disciplinarios. La etnografía experimental, dice él, “se caracteriza por una redefinición de las prácticas, o por lo menos de las formas en que la praxis del trabajo quedan plasmadas en las monografías etnográficas”. (Reynoso, C. 2005, página 28). Entiendo que la redefinición de las prácticas tiene que ver con cómo pensamos la antropología y por tanto el abordaje de lo virtual queda interpelado por la forma tradicional de hacer etnografía, y negado como una posibilidad de repensar la disciplina.

La opción (epistemológica) dialógica podría pensarse como una aproximación válida para comprender los chats, foros y comentarios de noticias, blogs etc.Surge la pregunta: ¿Con quienes dialogamos en este espacio público-discreto? Pero también, es necesario pensar y plantear preguntas: ¿Cómo pensamos el cuerpo del antropólogo en este trabajo?Ya no es ese cuerpo dispuesto para el servicio militar, tal como lo rechazaba en su momento también Claude Leví-Strauss en la Introducción a Tristes Trópicos, sino ese cuerpo que volvería estar detrás del escritorio y que se propone vincularse de manera “no física” con un otro discreto detrás de una pantalla, quizás escondiendo muchos elementos pero que también impiden las relaciones concretas o vis-a-vis. Muchos elementos que permite entender no sólo las relaciones o estructuras sociales, conceptos ansiosos de una solidez no existente, pero también la ansiedad de la vinculación humana, espuria y – al parecer – tan necesaria.

La antropología urbana es un ejemplo del proceso, histórico y sobrepuesto a la emergencia de Internet, del extrañamiento de lo familiar que, junto a los estudios culturales, permite la sociedad occidental mirar sus propios elementos y fenómenos culturales. En este sentido, la virtualidad es el espacio el cual podemos hacer el ejercicio de extrañar lo familiar para evidenciar lo evidente.Hace tiempo que la noción de cotidianidad, en las ciencias sociales, es un objeto de estudio pero que escasamente se vincula con la noción de la virtualidad por motivos que todavía no me son evidentes.

Lo virtual y la tecnología, materialidad de lo virtual, muchas veces son demonizadas dado el potencial efecto que tendría sobre las personas y eso implica un grado de esencialización y no se habla del aspecto del uso, cultural por cierto, de esa materialidad (dispositivos) que hoy son tan cotidianos. Entonces, más de que demonizar y señalar la necesidad de desconexión (off-line) es (permitirnos) levantar preguntas como: ¿Implica esto (la virtualización) un ensimismamiento del antropolog@? Por que implica mirar la mundialización de lo subjetivo y preguntarse: ¿Se genera, en la consciencia disciplinaria, una disolución del modo tradicional de pensar y hacer al Otr@?Porque hace rato que el “noble salvaje” murió, pero seguimos –l@scientistas sociales – buscando ese idealismo (que también se da en el debate de género) como modo de representar el sujeto y nos colocamos los lentes de la tipológica simplista ante la heterogeneidad de la cultura. Ciertos fenómenos, como los movimientos sociales, son modos de configurar cierta acción identitaria centrípeta, mientras que otros fenómenos sociales configuran acciones que generan flujos expansivos y de apertura. Estos son coexistentes pero afectan de manera diferenciada la cultura a niveles local, regional y global.

La complejidad es pensar, tanto desde el antropólogo/a como sujetos culturales – de manera paralela-, y reflexionar sobre cómo la práctica investigativa se desarrolla en vivo y en directo, sin tiempos literalmente de reflexividad[9]. Permitiría reconocer no solo la mera utilidad pedagógica sino también abriría la posibilidad, creo, de realizar una aproximación integral a la labor investigativa en la vida concreta del Otro y llegar a comprender la acción de registro y transmisión (formato de soporte y modo de registro) y las implicancias, epistemológicas, metodológicas e incluso político-éticas, de ello.

Uno de los aspectos clave son los ritmos investigativos, que condiciona el quehacer antropológico, u cualquier otro. El tiempo del viaje, de las entrevistas, de las observaciones, de los procesos sociales de contexto y de las reflexiones personales – una vez “en casa” – en torno lo experimentado en terreno, etc. Todos estos son los pasos enmarcadas en la lógica (lineal) tradicional pero estos pasos, en la actualidad, están sobrepuesto y trastocado en muchos casos. Esa pretendida linealidad, de la modernidad se podría decir, está modificada hoy por temas de legitimidad. Ahora bien, si pensamos esto mismo en el campo del trabajo etnográfico virtual ¿en que se traduce? Esos tiempos y ritmos investigativos de qué manera discurren, ocurren y transcurren? Y todo eso más allá del Otro exotizado, hoy en la sociedad informacional se desvanecela necesidad de contraponerse a ese Otro exotizado: el otro salvaje, un ser que ya vive en otro tiempo.

La virtualidad implica o permite cambiar(se) de posición para mirar y ,por decir, chocar con la propia cotidianidad que escurre con tanta normalidad. Pero también implica, salirse de la misma inmersión cuando resulta ser natural e des-problematizada por parte del observador/a en la red.En eso está el binomio de on-line y off-line como modo de entender la permanencia y distancia con lo investigado. También tiene que ver con la temporalidad que hoy está en plena transformación. El presente etnográfico, en Johannes Fabian, se refiere a cómo la antropología ha uniformado el ritmo a la sociedad retratada, usualmente “tradicional”. Y en el caso de la propia sociedad del antropólogo, mediatizada y virtualizada, ese presente etnográfico es cualitativamente distinto al clásico presente etnográfico porque no nos referimos al sentido escritural sino en términos de la distancia entre lo vivido y lo escrito de esa vivencia.

Virtualidad

Usualmente se plantea que lo virtual desde lo negativo.Sin embargo, esto es cuestionable en la medida que Internet es un producto humano, que es un megáfono de lo social y de lo subjetivo. Porque “con lo virtual no se trata de sustituir lo real sino representarlo y, con ello representar a nosotros mismos, en ponernos en condición de comprendernos mejor”, dado que lo virtual y sus mundos “son fieles espejos de nuestro progreso (más bien proceso diría yo) interior”. (Queau, Philippe. Pág. 44) Entonces, es necesario que la antropología aprenda y ejerza un saber-hacer y desplazarse en ese proceso virtual para configurar otro ángulo de acercamiento a la cultura y su dimensión práctica y simbólica.

¿Por qué concentrarse en lo virtual? Es porque “los mundos virtuales equivalen a una verdadera revolución copernicana. Antes girábamos alrededor de las imágenes, ahora vamos a girar dentro de ellas”…Ahora “las penetramos, nos mezclamos con ellas y nos arrastramos hacia sus vértigos y sus potencias”. (Queau, Philippe. Introducción. 1995) Quizás no resulta en una revolución en términos del tipo tradicional (Revolución Francesa o marchas de obreros en Inglaterra Industrial) pero implica un cambio cualitativo del modo en que vivimos y concebimos la vida cotidiana. No afecta a TODAS las personas en el mundo pero implica a una gran parte de la humanidad y hay que mirar dentro – y también en quienes no acceden a ella – del mundo virtual.

La penetración de Internet en Chile es una de las mayores  en América Latina ** y esto nos debería dar pie para pensar varias tensiones, siendo una de ellas de que los antropólogos/as hemos sido reticentes, en Chile, de explicitar tal inmersión en nuevos temas quizás por motivo paradojal: por ser demasiado subjetivo. La disciplina anda demasiado, creo, preocupada de ser tildada de ser poco científica al ocuparse de tal fenómeno u objeto de estudio como Internet o la virtualidad. ¿Pesa tanto lo científico para estar evadiendo algo como Internet? Creo que buscar legitimidad en lo cuantitativo para argumentar a favor de un campo o tema es algo que no debiera ser tan pertinente.

Pero a contrario de las creencias que sostienen eso, creo que“lo virtual nos obliga a renunciar al apoyo de las apariencias de nuestra percepción”…”Nos exige una atención más organizada. Lo virtual nos obliga a volver a ser cazadores, a perseguir lo real en el bosque de los símbolos…” (Queau, Philippe. Pág. 44) Lo cual nos obliga entonces a movernos, epistemológica y metodológicamente en la antropología, y en eso se contrapone al establecimiento del lugar de prestigio, de estatus de la universidad, etc , dado que es una discriminación a favor de un modo de producción de conocimiento que favorece la inmovilidad, rigidez y estatus quo de una forma de producir conocimiento y que omite/desvaloriza otras formas.

Entonces, ¿Cómo pensar la virtualidad, primero, en el modo de conocimiento de la antropología y, segundo, su rol en la construcción de la alteridad globalizada? Esta pregunta va tanto para pensar como los sujetos hacen de sí la imagen de Otro como para pensar la configuración de la labor antropológica. Hoy no están siendo explicitado las prácticas investigativas – excepto por la validada y científica – y su relación con la tecnología, y seguimos presentándonos (antropólogos/as) ante el mundo como “científico”, “experto” y “prestigiosos” en los medios, porque ese campo, la Otredad cotidiana, demanda una voz que diga una verdad sobre su realidad. Entonces, nosotros actuamos hoy como constructores de una Otredad que muchas veces siquiera existe. No el indígena ni la tribu urbana sino solamente nosotros mismos, nos enfrentamos a una radicalización de lo subjetivo al sumergirnos en ese mar de voces codificadas online. Muchos plantean que no debemos meternos dado que no hay una pauta (previa) ¿pero desde cuándo se ha dejado de avanzar porque no hay un instructivo que dice cómo debemos hacer las cosas? Representar al Otro sigue siendo un ejercicio escritural (hoy desde el extrañamiento de lo familiar) y hay poco foco de debate, epistemológica y metodológicamente, entorno la práctica investigativa propiamente tal, y menos desde la virtualidad. Se hace necesario insistir sobre la pertinencia de como aproximarnos al sujeto/objeto subjetivamente globalizado, y pensarlo en el mundo off-line y on-line.

Internet es, todavía, un medio (audio) visual y debemos comenzar a pensar cómo se configura la relación social dentro del espacio virtual. Esto es necesario a medida que “las imágenes virtuales plantean de una nueva manera nueva las antiquísimas cuestiones sobre la naturaleza de nuestra relación con lo real” (Queau, Philippe. Introducción. 1995) Esa visualidad transita entre el mundo virtual y el mundo fuera de esa virtualidad pero ese canal de acceso es, tal como lo plantea GuyDebord en la “Sociedad de espectáculos”, una inmersión en un mundo paralelo al “real”.

La relación y vinculación on-line y off-line que nos permite pensar situaciones y los movimientos entre estas dimensiones y cómo están afectando las relaciones humanas y como los sujetos configuran la cosmovisión de su entorno social. Y esto también tiene vinculación no solo con el sujeto estudiado, sino también con el sujeto estudioso: nosotros,l@santropólog@s.

Se hace cada vez más corta la distancia del Yo-investigador/a con el Yo-Investigado, dado el positivismo, que nos pone – nuevamente – ante la pregunta: ¿Cómo podemos pensar el quehacer investigativo en un contexto como Internet? Y en términos no solo de trasladar el quehacer investigativo tradicional en el espacio virtual sino repensarlo, de manera sustancial, en relación al trabajo de campo tradicional. No deberíamos pensar esta situación como crisis sino como un proceso de transformación hacia un modo distinto de vincularnos, epistémica y metodológicamente, con un quehacer específico.

Una de las preguntas centrales o que debieran ser centrales es: ¿de qué manera se (re)configura el hacer etnografía en el espacio de la virtualidad? Nociones como reflexividad, escritura, interacción, alteridad, extrañamiento, etc., están siendo puesta en debate con la pregunta. Se podría señalar largamente autores y autoras, debatir respecto al campo disciplinario etc., pero si no pensamos en cómo abrir espacios en el Chile contemporáneo – en donde ya existen variados debates públicos y en los medios respecto a la virtualidad – no hay igual preocupación desde una escuela antropológica en particular por estos temas, ni tampoco como línea de investigación puesta en escena de los congresos nacionales.

Internet es también, ese sentido también una disposición generacional de los mismos académicos chilenos. Y los prejuicios de Internet o la virtualidad no es la realidad social sino es lo que se plasma como objeto excluido de la investigación social. Ya en 1993 Philip Queau dice que Internet se va popularizar (masificar)  muy rápido y ahora con posterioridad, en 2016 podemos decir que eso está en pleno proceso pero todavía, en Chile, no es objeto de investigación ni de debate en función de la disciplina y su influencia en el quehacer investigativo. Esto es insistir en convertir el propio campo y la disciplina como campo investigativo. ¿Pero quién investiga a sí mismo? Al parecer solo se investiga a la externalidad pero no la propia disciplina ni su quehacer. ¿Qué impide plasmar tal pregunta a nivel público?

¿Será que plantear tal pregunta quita la seguridad y el prestigio que tiene la disciplina (lo poco que pueda tener hoy) en función de sociedad en donde se inserta.?

Todo lo que se dice y hace, Internet también, tal como lo plantea Marc Augé en su libro ¿Por qué vivimos?, es necesario no solamente revisar lo que se dice y acciona sino también debatir sobre los grandes silencios en la masividad abrumadora de mensajes. Esto es un elemento no menor en la propuesta de sumergirse en Internet a medida que la investigación de este espacio se ve arrastrada por las voluntades y voces incorpóreas, con distancia física, que lleva a la subjetividad por recovecos que no están señalados ni tiene  rumbo fijo. Pero quizás también esa es justamente la opción de proponer – a la propia disciplina – una experiencia abierta no condicionada por ciertos preceptos, prejuicios y certezas que condicionan la experiencia antes de siquiera empezar.

Subjetividad/es

¿Qué es lo que vamos a investigar en lo virtual? La subjetividad, tanto en su versión singular (el sujeto), como en su versión plural (la masa). La modernidad, y por tanto la ciudad, introduce el sujeto a la vivencia en la masa, aquella que amenaza la existencia en la unicidad y singularidad del sujeto particular. Vean la película de Charlie Chaplin “Tiempos Modernos”, en su primera escena – después del reloj – para poder aproximarnos lo que la modernidad (tradicional, mecánica) plantea como vivencia para el sujeto.

La masa, siguiendo a EliasCanetti, es una configuración subjetivante de la contemporaneidad y se arma en distintas formas, desde si son rápidas-lentas, abierta-cerrada, hasta las más visible-invisible. De esto, siguiendo el autor, hay 5 tipos de masas básicas: Acoso, fuga, prohibición, reversión y festiva. Más que explicitar estas mi interés es aquí plantear cómo pensar la masa en relación al trabajo etnográfico en el espacio virtual. Ya trabajar con la masa es difícil per se pero inmiscuir en la masa “surfeante” en Internet plantea varios interrogantes que estamos tratando de poner en debate o explicitar aquí.

Es bastante “fácil” pensar la noción de masas en sus términos físicos concretos (marchas, ocupación, etc.) y en donde el desplazamiento de cuerpos es pensar respecto al modo en cómo estamos interactuando, en sociedad. Desde las disciplinas humanas vemos estas masas, no siempre desde la apuesta de Elias Canetti pero ahí están. Me atrevería a pensar que la experiencia de participar en una masa la tenemos todos, otra cosa es si la tenemos concientizada. Y en relación a la antropología mi pregunta es: ¿Cómo, en tanto disciplina, nos pensamos en esta situación de abordaje y si, específicamente, podemos pensar la masa “invisible” como modo de abordar la cultura.? Si bien la masa, y los individuos en esta,  usan máscaras sociales la pregunta central, para mí, es si la virtualidad nos otorgaría un acceso diferente – al trabajo tradicional etnográfico en terreno – a esa subjetividad y a esa masa, fuere cual fuere sus características según Canetti.

En esa masa hay hombres que se vinculan con la noción de “movimiento social” – desplegado en el espacio público – en donde se reitera, por lo menos en parte, ciertas nociones de masculinidad hegemónica en términos de que nos “ocupamos” de ciertos espacios físicos y sociales en función y desde nuestra identidad de género, y no desde la posición de clase. ¿Cuáles son? Y ¿reconocemos los varones esto? Siguiendo a ciertas experiencias y voces de compañeras diría que no lo hacemos. Un ejemplo de esto es la interpelación que hicieron las javierinas a compañeros, en las actuales movilizaciones estudiantiles.

Una de las dificultades fundamentales es justamente cómo los varones nos pensamos en tanto sujetos de género. Esta posibilidad está condicionada y  cimentada sobre una premisa distinta: el paradigma de la semejanza y no de la diferencia, paradigma usado para pensar desde y para las mujeres.

Ciertamente, la dimensión de género es mucho más que hombres y mujeres, porque la experiencia humana es más amplia que un binarismo simbólico que rige la vida social, eso lo sabemos desde la entrada de postestructuralismo y tercera ola del feminismo. Toda la literatura, e incluso la vida social están basadas en la configuración, tal como lo plantea Badinter, de que la masculinidad se define desde la diferencia, o la negación, con lo femenino o lo abyecto como lo plantea Kristeva. Pero por muy de acuerdo que estoy con Badinter y Kristeva me pregunto: ¿Cómo pensamos la masculinidad desde el paradigma de la semejanza? No creo que la pregunta sea obsoleta porque el feminismo haya planteado, teóricamente, la pregunta y por tanto está superada la semejanza porque el mecanismo identitario funciona también con la semejanza pero no se aprecia la reflexión en torno a este eje, específicamente, en torno a las masculinidades pero que me atrevo decir que también se aprecia en otras temáticas también.

Esto es invalidado mediante el argumento “cheque en blanco”señalando que se refuerza la masculinidad hegemónica ya que se hace un “club de toby”. La semajanza, como eje de debate, no solamente reforzaría una identidad y status quo sino permite insertarse en un lugar desde el cual se configura una identidad determinada. Se mira los sujetos alternativos dentro de una hegemonía y por tanto la diferencia deviene en el eje sobre el cual se configura la comprensión de los sujetos masculinos que no obedecen a la norma hegemónica. Pero esto sitúa fuera de los marcos de comprensión de las masculinidades al hablar de los subalternos y marginales pero no se sitúa en los mecanismos de producción de la masculinidad hegemónica porque – y de ahí la falacia – es ahí donde podemos identificar los modos de reproducción y no solo visibilizar los subalternos sino develar las estructuras que producen cierta masculinidad.

Las mujeres configuraron su lugar, y cierto desde un lugar subalterno, el feminismo como modalidad de ver el mundo, y si los varones queremos ver el mundo desde el feminismo, alternativa asumida o no, tenemos que resignificar la vivencia masculina también desde la semejanza.

Epílogo

¿Cómo pensar entonces la identidad cultural, desde el paradigma de la semejanza (y no de la diferencia), de los varones en un espacio, socio-virtual, como Internet? Ciertamente, en términos de mecanismos culturales, siempre dispondremos de la diferencia como mecanismo, incluso cognitivo, para pensar – desde la praxis – nuestra identidad, sea cual sea el colectivo humano al cual nos referimos. Esto lo planteo tanto en términos de Internet, como en función de la reflexión de la identidad, específicamente de género y en sujetos masculinos. En clave de Roberto Lins, iniciemos la descotidianizacion del mundo que nos rodea (lo virtual en este caso), pero no para creernos los rebeldes ni los revolucionarios que empuñan la rabia acumulada a la burguesía acomodada sino desarmar la propia conciencia y práctica en función de la noción del sujeto, y entre ello también la noción de masculinidad hegemónica.

Hemos revisado la masculinidad, virtualidad, la otredad y subjetividades como un nudo de temáticas no abordada en la actualidad. El modo de pensar las masculinidades, Otredad, virtualidad siguen siendo validadas desde lo científico offline que niega – bajo el argumento de la patologización y/o red de mentiras – a pensar al sujeto y cultura expresada en el mundo online.

 

 

Bibliografía

*https://www.academia.edu/11629535/Nadie_se_mete_con_mis_pirg%C3%BCines

**http://www.pulso.cl/noticia/empresa—mercado/empresa/2016/04/11-82778-9-chile-acorta-brecha-de-penetracion-de-internet-con-paises-desarrollados.shtmlhttp://www.pulso.cl/noticia/empresa—mercado/empresa/2016/04/11-82778-9-chile-acorta-brecha-de-penetracion-de-internet-con-paises-desarrollados.shtml

  • Canetti, Elias. “Masa y Poder”Muchnik Editores Barcelona-España 1981
  • Da Matta, Gustavo L. “Descotidianizar. Extrañamiento y conciencia práctica, un ensayo sobre la perspectiva antropológica” en “Constructores de Otredad” de  Mauricio Boivin Ana Rosato Victoria Arribas. Buenos Aires : Antropofagia, 2004.
  • Fabian, Johannes. “Time and theOtherHowanthropologymakesitsobject”. Columbia UniversityGuber, Rosana. “Salvaje Metropolitano”Paidos 2004 1era edición.
  • “Etnografía. Método, campo y reflexividad”. Grupo editorial Norma 2001
  • Jameson, Frederic. “Estudios Culturales”Gedisa, Buenos Aires. 2016
  • Queau, Philippe“Lo virtual. Virtudes y Vertidos”Paidos 1995
  • Reynoso, Carlos. Capitulo “Introducción” en “Surgimiento de la antropología posmoderna”. GedisaPress, 1983
  • Pablo G. “Experiencia, intersubjetividad, y existencia. Hacia una teoría-práctica de la etnografía”. Revista RUNA, Vol. 27, no 1. 2016
  • Gustavo Lins Ribeiro    Descotidianizar. Extrañamiento y conciencia práctica, un ensayo

 

[1] En términos escriturales se mantiene la noción de lo externalizado, científico, y quienes escriben de esos varones como expertos, también invisibilizando los aportes de las feministas al tema.

[2] Algunos argumentaría, con justa razón, que el feminismo de 3era Ola, anularía esta posibilidad pero eso está condicionado por el hecho de que quienes estamos observando y no sobre quienes 0bservan.

[3] Aquí hay un punto no menor en donde podría argumentarse que la obsolescencia del concepto de cuerpo, con el feminismo de la tercera ola, es un hecho pero eso – constatación teórica – poco tiene relación con el modo que los sujetos masculinos viven un construyen desde una noción de semejanza. La mayoría de sujetos no están inserto en el debate conceptual sobre género ni puede orientarse mínimamente porque no es un tema de conversación, aun cuando sabemos que nos gustaría que así fuere.

[4] Esta noción tiene que ver con que en el dialogo social conversamos con tercer personaje  que no está presente en la interacción misma o en el dialogo físico entre, mínimamente, dos personas. Pero este tercer ausente, paradojalmente, valida todo lo que se dice.

[5] “Dadme un punto fijo y moveré el mundo” dijo Arquímedes pero que también es válido para pensar el modus operandi de la epistemología en la actualidad como esa estructura de prestigio que valida la rigidez y no la movilidad conceptual.

[6] La película “La tribu Krippendorf con Richard Dryfuss en una ilustración de lo que estoy tratando de plantear aquí.

[7] Como no recordar la instroducción al libro tristes trópicos y la referencia al trabajo en terreno.

[8]http://iidypca.homestead.com/FundamentosAntropologia/Lins_Ribeiro_Descotidianizar.pdf

[9] Hoy el tiempo de pensar y escribir son prácticamente momentos que van en paralelo y no uno detrás del otro. La vertiginosidad interpela a la capacidad de pensar mientras navegamos la ola del fenómeno, lo tecnológico y virtual. Y si la experiencia próxima y reflexividad (en su modo tradicional) no están a la altura de las circunstancias entonces no se podrá hacer un aporte en el comprender este fenómeno y época en que estamos situados.


12 comentarios

  1. AnaMaria dice:

    Es muy instructivo leer esta página!!!!!!! el conocimiento sin fronteras, de tiempo o de espacio, y el mágico resultado del registro de procesos de pensamiento, que me ha enseñado esta mañana del 10 de julio de 2016…Pregunta¨sigue vigente la autora?
    ,

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  2. tech dice:

    Usually, I don’t leave a remark, but you’re writing is great.

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  3. Yolanda.Alvarez dice:

    gracias.Adriana .muy buen trabajo adelante con toda la fuerza de la historia .proivido olvidar !!!

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  4. OTILIA MADERA dice:

    LOS QUIJOTES TIENEN QUE SEGUIR PELEANDO CON LOS MOLINOS DE VIENTO. FUERZA AMIGA.

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  5. Claudio Aguilera Mercado dice:

    Adriana: Comprendo el malestar y para muchos dolor de aquello sufrido en los años 70 y 80; como así mismo de los inocentes que suelen pagar los platos rotos. Un físico dijo: Que toda acción conlleva una reacción igual y opuesta. Digo esto porque el equilibrio de la mente, al igual que las ciencias; se basan en el análisis sin prejuicios. Lo que haces es muy bueno, sin dudas, pero que no te anime el revanchismo o perderás perspectivas. Mi nombre es Claudio Aguilera Mercado y te conocí en el M.N.de H.N. como estudiante de Museología, tercera promoción. También luche por lo justo, obtener un cargo y no lo conseguí a pesar de ser el Presidente de los Téc. Museólogos y creador del primer libro de Técnicas a nivel mundial -malo, tal vez, pero fue el primer intento- hoy hay dos más. Me gusta eso de la antropología virtual, sin dudas que tiene futuro.

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    • CLAUDIO,ante nada te pido disculpas por lo tardío de la respuesta,que se debió a un error muy común, como lo es tener demasiados espacios virtuales, además de redes sociales, lo que llevó a desatender estos comentarios. Te agradezco mucho tu opinión y el recordar los tiempos en el MNHN,mi primera casa donde aprendí con maestros muy queridos y pude conocer personas muy valiosas entre los estudiantes de museologia.
      Afortunadamente lo malo que me tocó vivir se compensa con todo lo bello y bueno,así es que lejos de mí los revanchismos que solo están a la mano de quien tiene poder para ejercerlos, y de quienes toman los hechos históricos como algo personal, que no es mi caso.Aunque no olvido ni perdono,ello no define mi perspectiva al reflexionar,analizar y pretendo ejercer la antropología virtual como una metodología que abre múltiples posibilidades. Lamento lo que me cuentas acerca del cargo que merecidamente te correspondía y espero que en este tiempo que tarde en leer tu mensaje las cosas hayan cambiado favorablemente.Espero saber de ti y de los otros museologos que estudiaron en el MNHN.
      Con gran afecto
      Adriana,

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  6. Adriana Goñi Godoy dice:

    Estimados:

    Desde hace algún tiempo recibo una lista de H-D, que me ha enriquecido de muchas maneras.

    Soy arqueóloga, licenciada en antropología en la Universidad de Chile, Santiago, y pertenezco a esa generación y ese proceso en que o hacías ciencia social o no hacías nada.

    Vale decir, tanto el ejercicio de la arqueología, la antropología, la historia, sociología y otras diciplinas afines estaban insertas en un prósito común a quienes eramos jovenes y otros menos jóvenes.

    Muchos de nosotros usabamos como categorías de análisis, con los métodos y técnicas correspondientes, al materialismo histórico, y fuímos cercenados, expulsados y silenciados y durante más de diecisiete años no hubo discusión ni debate posible en el país.

    Nuestra gente exiliada en diversos países, que después de una prolongada desvinculación con centros académicos, organizaciones y jóvenes de Chile llegó con nuevas visiones y perspectivas que tardíamente comenzaron a debatirse.

    Surgieron los “neo” y las “renovaciones”, producto de diferentes experiencias sociales en los países de exilio, y como resultante, hoy , a mi entender, hay líneas de trabajo y pensamiento divergentes y corrientes historiográficas y de ciencias sociales que disputan el pasado,presente y futuro.

    Esto es un tanto simplista, pero quiero plantear, como cientista social,( y una vez estudiante de historia y arqueóloga y antropóloga) que mientras no exista claridad acerca del rol que debemos cumplir en tanto generadores del cambio social,no solo registradores de estos, en el seno de los protagonistas de los cambios, seremos eruditos intelectuales encerrados en la famosa “burbuja” que por estos lados alegan quienes nada supieron….

    Estamos trabajando Memoria Histórica (100 Años de la Masacre de Santa María de Iquique); memoria colectiva para transmitir a hijos y nietos lo que sucede cuando el poder de facto desplaza a la voluntad expresa de un pueblo; memoria de migrantes de hoy y ayer, que en este y otroas países latinoamericanos somos todos salvo los Pueblos Originarios.

    El trabajo de identidad étnica, de género, de clase, todo es Historia. Y Antropología.

    Un saludo caluroso para todos.

    Adriana Goñi
    Lic. Antropología/arqueología
    Memoria y Derechos Humanos
    Santiago
    Chile

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  7. Te ruego dejar tu contacto. Tu facebook, tu Twitter, tu Skype , MSN, link a tu página, radio,documental…TODOS TUS ESPACIOS EN LA WEB.

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