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MASCULINIDADES. HOMBRES EN LA WEB.


MASCULINIDADES. HOMBRES EN LA WEB.

 

Masculinidades y juegos online/de rol

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Aparece claramente la posibilidad de los distintos formatos identitarios y el personaje cyborg o sujeto andrógeno que queda fuera de la categorización cultural en binomios y que nos complica en tanto sujetos que categorizamos la realidad social/externa.

Uno de los elementos que he vivido y que creo que es uno de los espacios en donde se juega la dimensión de género es en los juegos online/de rol y de primera persona. El mundo “gamer” en realidad tiene dos aspectos vinculados con la masculinidad que son interesantes a medida que nos permite adentrarnos en cómo opera la construcción de identidad y los procesos de concebirse como sujeto masculino.

Primero, ser gamer es una subcategoría del ser nerd, algo rebelde sí, pero igual está dentro de ser nerd. Más bien introvertido, no ser parte del grupo popular, tener otros intereses y hobbys de lo “normal”. Es un intento por ser “habilidoso” en algo, destacarse en contraposición a esa otra identidad masculina, del popular, del deportista u otro.

Y segundo, que la habilidad de jugar se deviene en una posibilidad de actualizar un precepto masculino en otro campo que no sea el deporte y/o en el campo de lo intelectual.

En mi propia experiencia de videojuegos recuerdo haberme insertado en una pequeña comunidad de “tarreo” en Barrio Brasil allá por el 2001 que me dio un insight sobre esto, desde una dimensión externa al juego propiamente tal, y otra más interna. La forma en que jugamos los varones y los juegos que elegimos los varones es lo que caracterizaría la mirada externa pero esto tiene una lectura simple y superficial y lo que nos interesaría mirar son las dinámicas más intersticias que tensionan y fraguan las formas más “puras” en que se expresa el género masculino en el ámbito de los juegos online o computacionales. Y desde la mirada más interna, o segunda dimensión, estaría la posibilidad de tener personaje o posibildad de identidades virtuales.

En el mundo online entra en escena la posibilidad de construir/revelar (acting out) los deseos y ser, por ejemplo, un personaje femenino en el mundo alterno. Posibilita un pensar(se) libremente desde la noción de género en lo público. En el caso de Chile, uno de los acting out colectivos que tuvo el chileno promedio fue el evento Tunick, pero este ámbito permite algo más cotidiano y no necesariamente confiarse en hitos tan esporádicos como ese. Pocos estudios o reflexiones de género han habido sobre el tema de género y juegos de computador pero este por lo menos nos introduce en el tema y este otro sirve para consierar lo/s sujeto/s masculino/s.

Podemos entonces rescatar de que si bien en ese mundo también se vuelcan los estereotipos, pero también es un lugar de posibilidades – dado su carácter semipublico – a partir de las fisuras discursivas y de praxis social en/de la masculinidad hegemónica, y inmiscuirse en los sentidos que ahí se establecen para crear e imaginar otros.

Este texto nos muestra algo sobre como opera uno de los personajes femeninos más destacados dentro de los juegos, Lara Croft. Jugar – metafóricamente – con los formatos de género que no nos permitimos en el mundo social “real” es lo que otorga los juegos online/offline. El contexto de la postmodernidad/globalización ha desafiados los limites tradicionales/binomios de hombre/maquina, hombre/mujer etc. Entonces la posibilidad que ofrece Internet, para un (bio)hombre de ser o tener un personaje femenino y, por otro lado, que una (bio)mujer pueda hacer “cosas de hombre medieval” como violar, matar, desmembrar es interesante a medida que la virtualidad permite que sujetos del mundo “real” puedan actuar hegemónicamente/marginalmente/intersticialmente mediante su alterego virtual.

Esto nos coloca frente a un escenario sobre género y masculinidades que pone interesantes desafíos en como pensamos género y virtualidad/realidad, tanto académicamente hablando como en la vida cotidiana. Aparece claramente la posibilidad de los distintos formatos identitarios y el personaje cyborg o sujeto andrógeno que queda fuera de la categorización cultural en binomios y que nos complica en tanto sujetos que categorizamos la realidad social/externa. Hoy, como para el futuro, la pregunta – desde la dimensión de género – es: ¿Es tan distinguible la virtualidad v/s la realidad? Creo que surge una posibilidad en esta dimensión de revisar(nos) de manera más intimo/publico que finalmente puede destrabar el nudo impide una sinceridad/solidaridad de género real, base para la praxis y equidad de género.

El porqué, cuando y cómo de ‘Los grupos de toma de conciencia’. ¿CÓMO CREAR UN GRUPO DE HOMBRES PROFEMINISTAS?


¿CÓMO CREAR UN GRUPO DE HOMBRES PROFEMINISTAS?

 
De http://heterodoxia.wordpress.com/%C2%BFcomo-crear-un-grupo-de-hombres/

 Un grupo, como un “Scalextris” no sirve para todo, pero es una herramienta muy adecuada para conseguir experiencias personales muy importantes en el proceso de revisión de nuestro machismo adquirido.

Os recomendamos que visitéis el enlace a la web de Chema Espada, donde dispone de algunos textos importantes para comprender mejor el porqué, cuando y cómo de ‘Los grupos de toma de conciencia’. También teneis aqui unbrico-consejos para hombres recios que quieren ser igualitarios. En este caso, Chema ha traducido y revisado­ una breve guí­a, extraí­da de la página de la “Red Europea de Hombres Profeministas”, en la que se explica algunas cuestiones sobre cómo crear un grupo de hombres de profeminismo. Un grupo, como un “Scalextris” no sirve para todo, pero es una herramienta muy adecuada para conseguir experiencias personales muy importantes en el proceso de revisión de nuestro machismo adquirido. No existen recetas pero experiencias anteriores nos pueden enseñar sobre posibles errores. Afortunadamente han existido múltiples grupos de hombres en nuestro Estado desde los 80, que nos ha legado cierto poso sobre cómo se avanza en el camino del anti-sexismo.

Si estoy interesado por el feminismo: ¿Tengo que formar o participar en un “grupo de toma de conciencia” de hombres?

No existe nada que diga que sea absolutamente necesario formar parte en un “grupo de hombres” para poder implicarse en el profeminismo masculino, pero de la experiencia de movilización de las últimas décadas se extrae que los grupos de hombres son una de las mejores formas que tienen los hombres para comenzar a implicarse en el profeminismo.

Crear un grupo sin saber para qué o por qué no tiene mucho sentido. Sin embargo muchos hombres que se han acercado al feminismo han sentido la necesidad de discutir sobre sus vivencias y los problemas de la masculinidad, y lo han hecho tanto con otros hombres como con mujeres. Mientras muchas mujeres han reflexionado sobre los problemas que han generado en sus vidas los mandatos y modelos de género, son todaví­a muy pocos hombres los que han reflexionado sobre los problemas que nos causan los modelos imperantes de masculinidad. Se puede reflexionar leyendo libros, conversando con familiares, amigos y amigas, compañeros de estudios y de trabajo. Una forma muy útil para reflexionar sobre nuestras vidas es hacerlo en grupo, compartiendo con otros hombres nuestras vivencias e intentando construir unas relaciones diferentes con los compañeros de grupo.

Cuando ciertos hombres han sentido la necesidad de organizarse para apoyar decididamente las luchas feministas generalmente han tenido dificultades para saber qué podí­an hacer y cómo. Los modelos de organización especí­fica de hombres interesados por el feminismo que hemos tenido comunmente al alcance, han sido los grupos de hombres de toma de conciencia. Fueron las feministas las que nos señalaron el camino ya que aprendimos el valor que los grupos tenían para introducir cambios sociales, a partir de la experiencia de organización de las mujeres y de sus vivencias.

¿Qué se hace en estos grupos?

Bueno, pues se conversa entre varones y se intercambian palabras, cuidados, comida, experiencias. Digamos que se reflexiona en grupo sobre nuestras vivencias como tíos, partiendo generalmente de nuestras vidas cotidianas, problemas, frustraciones, etc. En realidad los temas y acciones nunca están cerrados, pero más que hablar por mover la boca, los “grupos de hombres” han pretendido ser una experiencia diferente donde romper con los problemas de comunicación que se dan entre varones, un lugar donde experimentar unas nuevas relaciones en las que superar la homofobia (odio a la homosexualidad) y donde explorar los malestares que nos ha producido unos modelos de ser hombres terriblemente dañinos y obligatorios. Es por eso que muchos grupos han servido como grupos de auto-ayuda, con un alto valor terapéutico, aunque no fuera este su fin primordial (que generalmente es la toma de conciencia y la reflexión para la acción polí­tica). Los grupos de toma de conciencia de hombres han sido una de las respuestas más comunes a los desafí­os del feminismo, aunque pensamos que existen muchas más respuestas que debemos y podemos dar.
¿Cómo creamos un grupo de hombres?

No existe una formula mágica para crear un grupo. El grupo surge entre gente que mantiene algún tipo de ví­nculo. En España, los grupos generalmente han estado formados por gente que tenía experiencia en trabajo asociativo y/o político, o han surgido desde talleres de un tipo más terapéutico. Cualquiera puede crear un grupo, no tienes más que proponérselo a las personas con las que te gustaría compartir una serie de encuentros periódicos y a las que pienses le podrí­a interesar reflexionar sobre lo que significa ser hombre aquí y ahora.

Se podría, por ejemplo, comenzar hablando por uno mismo, de la propia vida, creando un clima de confianza y respeto que permita que surja una relación de intimidad entre varones. Así podemos comenzar a experimentar nuevas formas de relacionarse con otros hombres, ya que uno de los graves problemas que suele estar presente entre los hombres son los problemas de comunicación a los que lleva nuestro miedo a comportarnos de una forma que pueda ser vista por otros como poco masculina. Generalmente se nos ha enseñado a competir, a valorar y valorarnos como hombres mediante pruebas que demuestren nuestra habilidad, autocontrol y arrojo.

Sí­, pero ¿qué pasos concretos hay que dar?

Por lo menos son necesarias tres personas para formar un grupo. Muchos hombres no se atreven a comenzar a hablar personalmente con otros hombres o dudan indefinidamente. Lo mejor que se puede hacer es comentarlo a la gente que te rodea, a amigos, a amigos de amigos… simplemente iniciar el primer movimiento. Puede tardar un poco pero no es difícil encontrar gente interesada.

Una vez que el lugar y fecha ha sido fijada para el primer encuentro y todos están reunidos, se descuelga el teléfono, se apagan los móviles (para no ser interrumpidos), se asegura uno que los niños están atendidos, etc. Entonces se puede comenzar… . ¿El lugar? Agradable y que favorezca la comunicación. Una cafeterí­a í­ntima y relajada, la casa de alguna persona, algún local de asociación, si hace buen tiempo algún parque o paraje que no disperse y en el que uno no sea molestado

¿Y quién empieza a hablar? ¿De qué hablamos?

Cada grupo para poder funcionar mínimamente necesita organizar sus propias normas. No existen recetas de cómo organizar y dirigir los encuentros, pero hay algunos consejos importantes que pueden favorecer un buen clima de comunicación y entendimiento:

Es mejor hablar por ti, y usar la primera persona singular. Demasiados varones tendemos a pensar que los sabemos todo y a hablar por otros. También tenemos dificultades para hablar de nosotros mismos, especialmente de nuestras emociones y vivencias í­ntimas, especialmente aquellas que muestran nuestra vulnerabilidad y/o vergüenza, y que podemos esconder con demasiada frecuencia. Es interesante probar a expresarlas y escuchar a otros hombres hablar desde sus experiencias sin tener que medirse.

Todo el mundo debe poder expresarse, ya sea hablando o permaneciendo en silencio. Los silencios no son embarazosos. Hay múltiples técnicas de dinámicas de grupos para ayudar que todos hablen pero participar es mucho más que hablar. Hay gente que prefiere escuchar, que trae unos dulces o unas bebidas, otros que no paran de hablar, etc. Aprende a escuchar a los otros, incluyendo sus silencios.

Procura no hablar sobre otra gente que está ausente, puede que estés traicionando su confianza. En cualquier caso lo importante son los que están. No queremos hablar sobre los hombres en abstracto, ni evitar la vergüenza que nos puede producir aceptar que algo nos ocurre a nosotros y no a un amigo o a un vecino imaginario. Sin embargo hablar de uno implica la posibilidad de ser capaz de hablar sobre las propias dificultades con ‘él’ o ‘ella’.

Todos los presentes deben garantizar la confidencialidad para posibilitar la confianza y el intercambio.

Ten además en cuenta que la gente no está ahí para pasar el veredicto del grupo. El grupo no es la sede de un partido… cada individuo reproduce a su manera las relaciones de dominación con las mujeres, y la rivalidad y la guerra entre los hombres. Afortunadamente nadie es perfecto. No se trata de saber quién es más profeminista, cuando ni siquiera se comprende como la propia vida está marcada por los mandatos de la masculinidad.

Evita la grandiosidad en los proyectos en su comienzo. Resulta más fácil desilusionarse ante dificultades que se desconoce que pudieran surgir. Los hombres se han acostumbrado a responder a los desafí­os mediante la acción. No se puede cambiar mediante una suerte de voluntad y determinación personal como nos han enseñado a pensar. Frena el carro y tómatelo con calma para disfrutar del tiempo que estáis juntos. Si te ha gustado, trata de repetir estas experiencias.

¿Qué tipo de feminismo apoyamos?

Esta es una buena pregunta. El feminismo no es un cuerpo de teorí­a unitario ni un movimiento unificado. En los viejos tiempos alguna gente hablaba sobre feminismos liberal, socialista y radical. En España se ha hablado mucho del feminismo ilustrado de la igualdad y del feminismo de la diferencia. Algunas hablan del feminismo de la diversidad como una superación de los problemas de ambos. Y en los últimos años han surgido con fuerza los feminismos negro y postcolonial, lésbico y queer, postestructuralista y postmoderno, y muchos más. Los profeministas compartimos esta diversidad, nos apoyamos o nos vemos influidos por las diferentes ramas del feminismo. Y claro, esta diversidad se hace patente en nuestras acciones, escritos y teorí­a.

El grupo tampoco es una varita mágica. Tomad tiempo, intercambiad textos, artículos, videos, música…, asistid a alguna conferencia. Charlad con las mujeres y contactad con otros grupos similares, intercambiad vuestras experiencias y discusiones. Las redes de hombres profeministas pueden ayudar en este sentido. Ten en cuenta que las feministas llevan más tiempo que nosotros reflexionando sobre problemas que están í­ntimamente relacionados con los nuestros.

Debes estar preparado para aceptar momentos reconfortantes, pero también para aceptar las crí­ticas de otros y para tratarlos como una fuente de enriquecimiento personal, y como una fuente para el cambio en tus relaciones. El debate y el conflicto forman parte del crecimiento tanto como expresar el aprecio y el cariño.

¿Deberí­amos beber y comer juntos?

Puede ser muy reconfortante encontrar gente con la que compartes experiencias y puntos de vista. Lo de intercambiar cenas es una forma interesante de entrenar el cuidado entre varones. Pero no hace falta demostrar las dotes domésticas y culinarias para demostrar lo mucho que se ha cambiado. Por otro lado hay gente que prefiere charlar en un ambiente relajado con comida y bebida, otros prefieren concentrarse más. No hay reglas. Cada grupo lo hace como más le apetece. El objetivo no es crear una agrupación de hombres amargados, ni tampoco un club culinario… algunos comen, otros no.

Los grupos de hombres son reconfortantes dado el daño que se ha infringido a muchos hombres, y son importantes para apoyarse en entornos muy agresivos contra aquellos hombres que se niegan a cumplir con mucho de lo que se espera de ellos como varones. Para algunos varones puede que se conviertan entonces en un refugio. Pero quedarse con la autoadulación (“comeflores”) puede que ayude poco a cambiar y es muy injusto con las mujeres que están pidiéndonos nuestra colaboración para construir unas relaciones más igualitarias.

¿Cada cuanto tiempo?

Algunos grupos se reúnen una vez al mes, otros dos o más veces. Lo importante es comprender que lo masculino no se puede “deconstruir” en dos o tres sesiones. Los aprendizajes y cambios más interesantes se producen en procesos más o menos largos. Intenta no pretender saberlo todo después de unos pocos primeros encuentros.

¿Qué temas deberí­an aflorar?

Los grupos suelen comenzar habitualmente con las experiencias personales de sus miembros y seleccionan un tema por sesión: la paternidad, la sexualidad, las relaciones entre los hombres, las relaciones con las mujeres, los placeres, el ejército, la homofobia, la violencia, las luchas (guerras) entre los hombres y nosotros mismos, cómo se puede ayudar al feminismo, la escuela, la amistad, las relaciones íntimas. Los temas pueden ser muy amplios… hay grupos que prefieren partir de la lectura de algún texto, otros prefieren comenzar por hacer que la gente se conozcan más entre sí­, así­ se puede crear un clima de confianza en el que afloren con más facilidad los temas más dolorosos y urgentes, que suelen avergonzar y ser fácilmente postergados. Empezar por presentarse, expresar qué ha llevado a cada cual a la reunión y cuáles son sus expectativas, es también una buena forma de comenzar.

Pero es importante no comenzar desde cero. Por ejemplo, antes de un primer encuentro el grupo puede hacer circular textos y artículos, no para que sirvan como una Biblia sino para comenzar a familiarizarse con el pensamiento de otros hombres y de mujeres que han reflexionado sobre las relaciones de género, y para que las lecturas ayuden a ir creando cierto vocabulario común.

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